CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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viernes, 27 de abril de 2018

GLOSARIO DE LA MACARRONEA DE JUAN DE VERGARA Y SU AÑADIDO ESPÚREO (F-O)



Famelicus, adj.: “famélico”.
Nom.sing.: fāmēlīcus Spur. 9
Voz latina mal escandida (lat. fămēlĭcus), o tomada directamente del vulgar ‘famélico’.
Faxa, sust.: “La cinta con que se ciñe y rodea el cuerpo, especialmente en los niños, que se la ponen con muchas vueltas para asegurar las mantillas que les sirven de vestidura y abrigo (Aut. s.v. ‘faxa’)”.
Ac.pl.: fāxas Bald. 30
Fortaleza, sust.: “fortaleza (fortificación)”.
Ac.pl.: fortălĕzas Bald. 82

Ganare, v.: “ganar”.
Pto.perf.: gănāuit Spur. 14
Garduñare, v.: “garduñar, rapiñar”.
Inf.pte.: gardūñare Bald. 82
Restituimos de acuerdo con Paz garduñare frente al gardunare de M2. La grafía correspondiente a la sonante nasal palatal se encuentra en otros macarronismos de Bald. como pañaletos (cf.s.v.), y no es necesario entenderlo como un macarronismo gráfico que elimine la grafía vulgar. Contra esta argumentación puede esgrimirse la lección de M1, gardunnare, que puede encarnar un esfuerzo normalizante, dentro de parámetros gráficos latinos, por representar el fonema palatal extraño al sistema fonológico latino que quedaba oculto tras una posible lectura gardunare del arquetipo del que derivan M1 y M2. Esto no asegura, por supuesto, que fuera la lectura original ni que representase el usus scribendi del autor.
Gatus, sust.: “gato”.
Nom.sing.: gātus Bald. 84
Folengo emplea el cuasihomólogo gattus , ital. “gatto” con coincidencia de sede métrica (cf. ap.f. y glosario ed. Zaggia s.v.)
Grande, sust.: “grande (miembro de la alta nobleza)”.
Gen.pl.: grandōrum Spur. 3
Macarronismo semántico (cf. lat. grandis, e, adj.: “grande”) con declinación heteróclita (cf. ed. Zaggia, pp. 697-698).
Gridare, v.: “gritar”.
p.pte.nom..sing.: grīdans Bald. 71
Préstamo lingüístico macarrónico con coincidencia de sede métrica que presenta la primera sílaba anceps (cf. ap.f. y glosario ed. Zaggia s.v.).
Gritus, sust.: “grito”.
Ac.pl.: grītos Bald. 76
Gualdrapa, sust.: “El paramento que se pone sobre la silla y ancas de la mula, o en el cavallo de la brida, para que el lodo no salpique al que va cavallero o el polvo no le ofenda ni el sudor del cavallo o los pelos [...] (Cov. s.v. ‘gualdrapa’)”.
Abl.pl.: gualdrāpis Bald. 23
Sobre la cantidad larga de los diptongos vulgares en Folengo cf. ed. Zaggia p. 671.
Guerra, sust.: “guerra”.
Abl.pl.: guērris Spur. 25

Habere, v.: “haber”.
Inf.pte.: hābēre Bald. 34
Voz empleada en su uso impersonal vulgar y no en el latino (cf. hăbēre, “tener”).
Hermanus, sust.: “hermano”.
Nom.sing.: hermānus Bald. 29

Jubon, sing.: “Es vestido justo y ceñido, que se pone sobre la camisa y se ataca con las calças (Cov. s.v. ‘jubón’)”.
Ac.sing.: jŭbōnem Bald. 51

Lança, sust.: “lanza”.
Abl.sing.: lança Spur. 6
Latinus, sust.: “latino (latín)”.
Ac.sing.: lătīnum Bald. 93
La insólita glosa marginal de Paz, que supondría la existencia de un tercer manuscrito desconocido, habla de una primera lección en abl., latino, que fue luego sustituida por el ac., probablemente para responder a la transitividad del fingendo latino. Estamos aquí stricto sensu ante lo que Paoli llama “macarronismo semántico”.
Leuantare, v.: “ [...] imputar y atribuir falsamente a alguno lo que no ha dicho o executado (Aut. s.v. ‘levantar’)”.
p.pte.nom.sing.: lĕuantans Bald. 82
Lochus, sust.: “loco”.
Nom.pl.: lōchi Bald. 41
El empleo del dígrafo ‘ch’ puede deberse al deseo de diferenciación respecto al lat. locus, i “lugar”, o al de señalar gráficamente, como en italiano, el carácter velar del fonema. Sea como sea, la solución de M2 es ciertamente más lograda que el extravagante logui de M1.
Lorettus, sust.: “embudo”.
Abl.sing.: lŏretto Spur. 18
Préstamo lingüístico macarrónico con coincidencia de sede métrica (cf. ap.f.). Este calco aparece en sendas ocasiones en Baldus P y T. Esta única atestiguación hace aún más llamativo su carácter de préstamo. Sobre este macarronismo mantuano cf. S. ISELLA BRUSAMOLINO, “Saggio di un Glossario folenguiano”, Atti Convegno 1980, p. 148 s.v. ‘loretto’ y M. CHIESA, Teofilo Folengo..., p. 155.

Mama, sust.: “mama, mamá”.
Ac.sing.: māmam Bald. 32
Mamare, v.: “mamar”.
Inf.pte.: māmāre Bald. 29
Mamarron, sust.: “mamarrón, gorrón”.
Voc.: mămărron Bald. 27
La lectura de M2 mamorron no resulta registrada, frente al mamarron de M1, que recoge Corom. s.v. ‘mama’ en la forma mamarón con el sentido de ‘gorrón’. Refuerza esta interpretación el hecho de que nos hallemos ante la evocación fónica de un macarronismo folenguiano con coincidencia de sede métrica (cf. ap.f.). La voz macaron tiene el sentido de ‘necio, zafio’. Se encuentra aquí un caso de desinencia cero, por asimilación a un sust. de la 3ª declinación en –n. El ictus que recae en la última sílaba resuelve el problema de la discordancia de la acentuación entre sustantivo latino paroxítono y español oxítono.
Mamolus, sust.: “mamolo”.
Ac.sing.: mămŏlum Bald. 35
La forma *mamolo parece una masculinización arbitraria de mamola, que proviene “probablemente de mamóla = la mamó. Significaría primitivamente ‘ha caído en un engaño’” (cf. Corom. s.v. ‘mama’).
Manare, v.: “manar”.
Pto.perf..: mănāuit Bald. 62
Palabra latina escandida erróneamente (cf. mānare), o tomada directamente del vulgar, y por tanto macarrónica.
Mandare, v.: “mandar (enviar)”.
Pte.ind.: mandat Bald. 76
Macarronismo semántico (cf. lat. mandare, “encargar, confiar”).
Manta, sust.: “manta”.
Ac.sing.: mantam Spur. 10
Mantillae, sust.pl.: “ciertas piezas quadradas de bayeta u otra tela, en que se envuelven y abrigan las criaturas pequeñas (Aut. s.v. ‘mantillas’)”.
Ac.pl.: mantīllas Bald. 30
Matare, v.: “matar”.
Gerund.abl.sing.: mātandŏ Spur. 16
Maxime, adv.: “máxime”.
Adv.: māxĭmĕ Bald. 25
Cabe una triple interpretación: palabra latina mal escandida intencionalmente (cf. maxĭmē), palabra latina o vulgar (cf. máxime) a la que se aplica la licencia prosódica macarrónica que consiste en la abreviación de la desinencia del adv., o bien palabra latina o vulgar adaptada libremente al ritmo dactílico. La dificultad prosódica de esta forma lleva sin duda a M1 a corregir en maximi. Existe calco textual folenguiano (cf.ap. f.).
Mentira, sust.: “mentira”.
Ac.pl.: mentīras Bald. 6
Metere, v.: “meter”.
Pte.subj.: (se) mĕtat Bald. 7
Minjare, v.: “comer”.
Pto.impf.ind.: mīnjābănt Spur. 11
Macarronismo procedente del catalán occidental ‘minjar’. “En fecha más moderna –con posterioridad al siglo XIV-, el cat. menjar [cat. arcaico u oc. manjar ‘comer’] (cat. Occid. minjar), en su función verbal, ha vuelto a extenderse por dialectos del Este y O. Hispánicos: arag. minchar, berciano minchar (G. Rey), gall. manxar ‘comer’. Es notable, sin embargo, este empleo verbal, casi inaudito en la lengua antigua, pues lo único que hallamos fuera de Cataluña y del área transpirenaica es el uso sustantivado, tan abundante desde luego en las antiguas fuentes gallegoportuguesas como en las castellanas” (cf. Corom. s.v. ‘manjar’). En una recopilación de refranes de diversas zonas de España Hernán Núñez (Refranes o proverbios en romance, Salamanca, 1555) aparecen las formas verbales menja (n. 16, 72), menjaré (n. 27), és menjat (n. 56), menjaria (n. 80), y una vez, como sustantivo, minjar (n. 42), junto a manjar (n. 81). Reproducimos la numeración de LOURDES MARTÍNEZ CASILLAS, "Refranes en lengua catalana en el refranero de Hernán Núñez", en J. M. MAESTRE MAESTRE - J. PASCUAL BAREA (coordd.), Humanismo y pervivencia del mundo clásico. Actas del I Simposio sobre humanismo y pervivencia del mundo clásico (Alcaniz, 8 al 11 de mayo de 1990), Cádiz 1993, I. 2, pp. 617-619.
Mirare, v.: “mirar”.
Pte.ind.: mīrat Bald. 55
Existe el homólogo folenguiano mīrare (cf. glosario ed. Zaggia s.v.). La primera sílaba es larga si se entiende previamente un alargamiento en arsis de ōrĕ (cf. ‘agraffare’).

Obispatus, sust.: “obispado”.
Ac.pl.: ōbĭspătos Bald. 20
Ruptura de la ley de posición por adaptación al ritmo dactílico.
Oreja, sust.: “oreja”.
Abl.sing.: ŏrēja Bald. 42 ac.pl.: ōrējăs Spur. 2


sábado, 4 de octubre de 2014

LA REDACCIÓN TOSCOLANENSE DE LAS MACARRONEAS FOLENGUIANAS (V)




Ha llamado notablemente la atención de la crítica folenguiana el profuso cuerpo de glosas al texto, rasgo inconfundible de esta redacción. Estas glosas, ya presentes in nuce en la red. P, aparecen en esta segunda, como indica Isella Brusamolino, estructuradas con autonomía de microtextos1. Ettore Bonora dedicaba un apartado de su monografía sobre las macarroneas folenguianas al estudio de tales glosas. El crítico relaciona su desarrollo con la conciencia de las múltiples posibilidades del lenguaje macarrónico: "enriqueciendo mucho las notas marginales, Folengo no sólo ofrecía al lector el más precioso instrumento para la lectura no fácil de sus textos, sino que, haciéndose comentador de sí mismo, ponía más al descubierto las tendencias diversas, y, no obstante, convergentes de su vena de escritor: del juego intelectual e ingenioso a la intuición de un fondo expresivo más virginal y potente"2. A continuación establece Bonora una tipología: las glosas son, a veces, defensas del estilo, y, sobre todo, de sus licencias prosódicas, o constituyen explicaciones de formaciones lingüísticas. Las glosas, sobre todo en este último tipo, se presentan como una prolongación de la comicidad del texto. Este rasgo se observa palmariamente en las que reconstruyen etimologías ficticias, como la de castigalatro "cáñamo" (cf. Baldus T IV 240: "canevazzus latine; castigalatro macaronice: ex ipso enim fiunt soghetti quibus ladri castigantur"), en las que presentan falsos reclamos a autoridades inventadas o clásicas, cristianas, árabes y humanistas (cf. Baldus T IV 229: "Nota, ut ait Servius, quod gens differt a brigata, nam gens intelligitur de maribus et foeminis simul, brigata vero tantum de masculis, quasi gens bragata, quae portat bragas. A in i vertitur, testatur etiam Diodorus"), y en las que acumulan sinónimos cómicamente transfigurados (cf. Baldus T IV 265: "reverentia latine; inchinus graece; cortesia caldee; bonavita hebraice; bombracton diabolice")3. Tal aparato de glosas permitirá a Bonora descubrir en Folengo una vocación de filólogo4.

Zaggia caracteriza la red. T como una fase transgresiva y extremista, de macarrónico 'flameante': "el autor amplifica enormemente cualquier punta de contenido y de estilo, inserta digresiones de todo tipo a lo largo del hilo narrativo del poema, introduce más incisivamente en la objetividad relativamente desapegada de la narración los humores y resentimientos y las ideas de su propia personalidad, y, sobre todo, centrifuga y extremiza en todas direcciones los recursos expresivos del macarrónico (luego muy atenuados en las sucesivas redacciones)"5. Silvia Isella consiente en definir la red. T como 'experimental' desde un punto de vista lingüístico, pues Folengo pone a prueba en ella todos sus recursos, profundizando en las ricas potencialidades expresivas del dialecto6.

Esta segunda redacción fue la más conocida, leída y editada hasta el siglo XX, a pesar, como resalta Zaggia, de su pequeño formato editorial y de haber pasado al Índice7. A la editio princeps de 1521 siguieron 8 ediciones, aparecidas entre 1522 y 1692, todas ellas descriptae de la primera8. Las llamadas edd. Teranza (1768-1771) y Portioli (1882-1883), primeras tentativas de una labor editorial sobre las macarroneas folenguianas, ostentan gravísimos defectos, como su carácter contaminatorio y la supresión del aparato de glosas9. A partir de De Sanctis, y sobre todo de los estudios de Alessandro Luzio (1889), quedó relegada, en la consideración de la crítica, como fase intermedia en una evolución que hace de la cuarta y última redacción, la Vigaso Cocaio, la más madura y, consiguientemente, la preferida por la crítica de nuestro siglo10. Esta es la razón de su relegamiento editorial, subsanado en parte con la edición crítica de la Zanitonella, la Moschaea y el Libellus epistolarum et epigrammatum por parte de Massimo Zaggia, cuya labor como editor constituye uno de los logros fundamentales de la filología folenguiana11.





1 cf. S. ISELLA, "Superficie grafica...", p. 196.
2 Cf. E. BONORA, o.c., p. 48
3 cf. ib., pp. 48-53.
4 cf. E. BONORA, "Il mondo contadino...", p. 76. Lazzerini sitúa las glosas en una tradición escolar (cf. "Aux origines...", p. 26), y señala que el uso de notarios y abogados de glosar con frases del vulgar las fórmulas de los documentos legales, que genera un uso burlesco, constituye el antecedente más remoto de las (pseudo)glosas de sermones y macarroneas (cf. "Da quell'arzillo pulpito...", p. 121). Silvia Isella incide en sus implicaciones lingüísticas: "sea esa reflexión [de las glosas] auténtica o, la mayor parte de las veces, paródica, revela, en todo caso, una conciencia muy sensible a las contraposiciones más "fuertes" de códigos lingüísticos diversos, e incluso a oposiciones más difuminadas, pero no menos significativas en el orden de la fonética y el léxico. [...] Se dan casos de oposiciones lexicales (tomadas de campos lingüísticos contiguos, dialectales principalmente, pero disimulados bajo nombres de lenguas 'otras') del tipo: 1) brenta chaldaice, zerla hebraice, mastellus arabice, soium latine; 2) truffare: decipere. Soiare, calefare, trepare, berteggiare, bertonare, tosare; 3) tortelli graece, casoncelli latine, rafiol hebraice -donde el juego sinonímico es una suerte de catálogo de 'possibilia' dentro de los que Folengo realiza su elección, a menudo exclusiva, y otras veces variable de zona a zona del texto. Y se dan, en cuanto a las oposiciones fonéticas, casos del tipo: lasenam mantuanice, sieam bressanice (variantes diatópicas del lat. AXILLA dentro del código dialecto) o la que opone el toscano al lat. y / o dialecto: chetus florentine quietus, giuro scribitur toscaniter, zuro macaroniter, iuro latiniter; megium toscaniter, medium latine; primaias Florentini dicunt primas sicut et denaium, notaium, rasoium; fonzus macaronice, fungus latine; giusum, zosum, deorsum sintéticamente alineados en su triple oposición" (cf. "Superficie grafica...", p. 196).
5 Cf. M. ZAGGIA, "Breve percorso...", p. 90.
6 Cf. S. ISELLA, "Superficie grafica...", pp. 195-196.
7 Cf. M. ZAGGIA, o.c., p. 90. Prueba de ello es su presencia en todas las grandes bibliotecas italianas y europeas. Sobre su inclusión en el índice de 1596 nisi repurgatum fuerit, y en los sucesivos hasta 1900 cf. A. MOMIGLIANO, "La critica...", p. 186 n. 2. Para explicar las razones de su éxito la crítica ha adelantado razones a veces contradictorias. Así, Alessandro Luzio (cf. Maccheronee, II, p. 370 cit. por F. Márquez, o.c., p. 316 n. 71) atribuye la preferencia por esta red. a un carácter más inocuo, en su opinión, desde el punto de vista religioso. Con este juicio viene a coincidir Carlo Cordié (cf. "Il linguaggio...", p. 72 n.1), quien explica su fama por "su vivacidad y una menor gravedad de apuntes satíricos". Por el contrario, Ettore Bonora dará cuenta de la predilección de los lectores por la red. T con "las divagaciones y entretenimientos que en la edición del '21 se mostraban de manera más descubierta no sólo en las alusiones a menudo recurrentes a la historia religiosa y civil del siglo XVI, sino en la lengua misma, que, menos acoplada, y anotada con chispeantes glosas marginales, descubría además intenciones parodizantes y caricaturescas" (cf. Le Maccheronee..., pp. 96-97). Más recientemente, Lucia Lazzerini (cf. "Merlin Cocai in Provenza (echi folenghiani in Antonio Arena)", Atti Convegno 1991, pp. 373-377) ha caracterizado la red. T como "la más agitada por inquietudes religiosas, por fermentos polémicos y tentaciones heterodoxas, luego enromadas o suprimidas" (p. 376), lo que explica su rápido éxito europeo en el círculo cosmopolita de los intelectuales de inspiración evangélica, a comenzar, probablemente, por el propio Erasmo, en cuyos colloquia descubre Lazzerini influencias de tal redacción.
8 Cf. ed. Zaggia, p. 562, donde se las numera de T2 a T9.
9 Cf. ed. Zaggia, p. 563.
10 Cf. L. CURTI, "Vigaso Cocaio"..., p. 119. Bernardi Perini señaló cómo la revaloración de la Vigaso Cocaio, sustancial conquista crítica, se convirtió en un factor paradójicamente negativo en la edición de textos folenguianos, al haber enterrado editorialmente a las otras redd., en particular la Toscolanense, que había dominado, prepotentemente pero no sin motivo, de los siglos XVI a XIX (cf. "Folengo edito e inedito...", p. 78). Zaggia, (cf. "Breve percorso...", pp. 91-92) tras restar validez a la perspectiva de estudiar las diversas redd. con el fin de elegir la más lograda, sin intentar reconocer en ellas las diversas poéticas operantes cada vez, y sus resultados artísticos, niega que el artista de la red. T sea inferior al de las sucesivas: "es simplemente, o mejor, radicalmente diferente, es un escritor que tiene una idea del macarrónico mucho más exuberante, transgresiva y extremista de la que la reemplazará más tarde [...] Personalmente, diré que el Folengo de la Toscolanense me parece el Folengo más potentemente original e interesante, y creo que un conocimiento del Folengo sin la Toscolanese es un conocimiento menos que mediano".

11 Zaggia basa su edición crítica en la colación de 25 ejemplares de la editio princeps, clasificados de Tia a Tiz. El errata-corrige del fascículo 2M permite al editor organizar los ejemplares en cuatro familias (de la a a la d), organizadas de menor a mayor corrección textual (el estudio de las tablas de variantes y correspondencias que ofrece Zaggia entre las familias y los ejemplares que las representan, nos permite deducir que T3 es descripta del ejemplar clasificado como Tix (Biblioteca Angelica de Roma [signatura Rari I. I. I]), perteneciente a la familia a y dotado del fascículo 2M [cf. A. NUOVO, "L'edizione...", pp. 392, 396], aunque en T3 sólo se reproduce del fasc. 2M la Tabula Facetiarum). Zaggia distingue, asimismo, dos fases en la edición del texto y en la intervención del autor en la imprensión. En una primera fase, Paganino inicia la impresión basándose en una copia suministrada por el marqués de Mantua -de lo que da cuenta el propio impresor en su carta del fasc. 2M y que ha sido sobradamente documentado-. Con este antígrafo no autorizado se imprimen la Zan. y los trece primeros libros del Baldus. De su gran incorrección es testimonio el errata-corrige. En una segunda fase, Folengo remite al impresor el manuscrito autógrafo, retoca su obra y redacta el errata-corrige no sólo con las correcciones al texto, sino también con glosas y variantes de autor. Zaggia divide esta segunda fase en dos partes: una primera (2a), en que la revisión del autor se produce después de la impresión (hasta Baldus T XXV 558, la última corrección del errata-corrige), y otra (2b), en la que la revisión se produce durante la impresión, y que le permite a Folengo introducir variantes en los folios en curso de impresión (cf. ed. Zaggia, pp. 563-588).

viernes, 5 de octubre de 2012

EL VULGAR TOSCANO EN EL MACARRONEO



Menos estudiado incluso que el elemento dialectal ha sido el vulgar toscano localizable en el macarroneo. Difícilmente calibrable para quienes reducen el híbrido macarrónico a un problema de oposición estilístico-ideológica entre latín y dialecto, es prácticamente dejado pasar in silentio, reducido a un elemento menor de contrapunto paródico.

Sabido es que Pietro Bembo propuso en sus Prose della volgar lingua de 1525 el toscano literario de Petrarca (para la poesía) y Boccaccio (para la prosa) como solución, vencedora a la postre, a la ‘cuestión de la lengua vulgar’. El hecho de que el veneciano Bembo fuera al mismo tiempo el campeón reconocido del humanismo ciceroniano no debe parecer contradictorio, dice Luca Curti, ya que estamos en ambos casos ante la defensa de lenguas ‘muertas’: Petrarca y Boccaccio constituían modelos lingüísticamente homogéneos (frente al plurilingüísmo de Dante, que queda excluído del canon bembesco), pero, sobre todo, “prescritos, acabados, inmodificables”1. Esta normalización lingüística realizada sobre textos escritos tenía graves e inmediatas consecuencias: la propia lengua florentina (la viva, presente y futura) volvía a ser un dialecto, al igual que, y con mayor razón, todas las demás hablas italianas, independientemente del peso que tuvieran o hubiesen tenido.

Aparentemente, pues, el macarroneo (un latinus grossus relleno de vulgarismos y dialectalismos) se colocaba en una perspectiva diametralmente opuesta a la de Bembo, tanto en cuanto latinista ‘ciceroniano’ como en cuanto normativista ‘vulgar’. Mario Pozzi ha expresado claramente la idea del macarroneo folenguiano como fenómeno de resistencia a la normalización toscana: Folengo, reivindicador de todos los lenguajes en la Apologetica de la red. Toscolanense, consigue, gracias a la extrema ductilidad de su instrumento lingüístico, crear una auténtica “literatura latina moderna”2. Pero estos planteamientos difícilmente pueden dar cuenta de la producción vulgar de Folengo, y de hechos como el afán del grassus poeta por ingresar en la Accademia degli Intronati de Siena, donde buscaba, como dice Gianfranco Folena3, reconocimiento a su experiencia literaria toscana. Observa Curti por otra parte que la suerte del macarróneo quedaba ligada al resultado de la pugna entre latín y vulgar por la primacía como lengua de uso culto. La victoria final del vulgar literario privó de vitalidad a la literatura macarrónica y aisló a Folengo en su propia grandeza. Y es esta elección por un vulgar ‘alto’, ‘muerto’ y normalizado un indicio bastante claro de que la operación macarrónica no se realizaba contra la línea representada por Bembo: “Indiferentes (al menos en cuanto macarrónicos) a la cuestión de la lengua vulgar, nuestros autores se encontraban, aunque en posición excéntrica, sobre la línea latina de Bembo: línea derrotada, pero coherente con la que impuso, a su vez, a todos, desde el s. XVI en adelante, la imitación de la lengua trecentista de Petrarca y Boccaccio”4.

Bruno Migliorini ha rastreado palabras del toscano literario en las macarróneas folenguianas, algunas de ellas delatadas por fenómenos fonéticos extraños a los dialectos septentrionales o por glosas explicativas5. Más recientemente, Silvia Isella Brusamolino ha insistido en la necesidad de prestar más atención al componente vulgar de impronta literaria toscana, y a su función en los niveles fonéticos y gráficos del macarróneo6. Massimo Zaggia ha llamado, asimismo, la atención sobre la importante presencia de un componente lingüístico toscano al menos al nivel de las redd. C y V. Las palabras de admiración que emplea Folengo hacia la lengua toscana y su literatura7 obligan, según Zaggia, a replantearse la posición de Folengo hacia la línea toscanizante propuesta por Bembo en 1525 y pronto vencedora: "una posición que no parece sin más ni más polémica o alternativa, sino simplemente autónoma, como la de quien se siente sustancialmente fuera de ese cauce lingüístico y literario (el vínculo, en todo caso, es mayor con la producción en latín). La posición de Folengo parece más bien la de un irreductible individualista que se arroga el derecho de representar en solitario una lengua autónoma, formada por una sabia mezcla de latín y vulgar, este último acogido en diferentes variedades, y principalmente en la más acreditada literariamente"8.







1 Cf. L. CURTI, o.c., p. 143
2 Cf. M. POZZI, o.c., p. 214
3 Cf. G. FOLENA, “Il linguaggio del ‘Caos’”, Atti Convegno 1977, p. 240
4 Cf. L. CURTI, o.c., p. 167
5 Cf. B. MIGLIORINI, o.c., pp. 93-94
6 Cf. S. ISELLA BRUSAMOLINO, “Superficie grafica e strati linguistici nel Baldus del Folengo: un esempio”, Atti Convegno 1991, pp. 195-203
7 Zaggia reproduce una carta de Folengo situada al final de la red. C firmada con el pseudónimo de Nicolò Costanti, llamado -con apodo típico de académico literario- 'el Avinagrado (lo Scorrucciato)', y que reaparece retocada en la red. V atribuida a "Vigaso Cocaio", donde se expresa en este sentido. Transcribimos el fragmento en cuestión: "Era pur cosa sconvenevole ch'una opera così bella, così vaga, così piacevole, come è questa, si perdesse, e forse era maggior danno che se anticamente si fusse perduto Vergilio, o ne' nostri tempi Dante e 'l Petrarca; perché non altro d'haver perduto Vergilio ne seguiva che la perdita d'un buon poeta in una lingua, la quale rimaneva in molti altri, che ben la parlavano, e meglio vi scrivevano; così dico di questi scrittori de la lingua thosca, la quale non è però altro ch'una lingua sola, e da altri belli ingegni, come ogni dì si vede, con loro scritture adornata. Ma perdersi questo (o Dio, che danno incredibile!), si perdeva un bellissimo e ingegnosissimo autore di molte lingue insieme, perché in questa è tessuta la latina, intarsiata la toscana, messa a fregi quella de'macharoni; e che più, che la francese, la spagnola, la todesca e infino a quella de' furfanti vi può fare un fioretto e havervi il loco suo" (cf. M. ZAGGIA, "Breve percorso attraverso le quattro redazioni delle macaronee folenghiane", Atti Convegno 1991, p. 98).
8 Cf. M. ZAGGIA, o.c., p. 99.


domingo, 22 de julio de 2012

LA PISTA DIALECTAL EN MERLÍN COCAYO



Más compleja resulta la pista dialectal en el mantuano Folengo: señala Silvia Isella Brusamolino que emplea no un solo dialecto, sino una pluralidad de hablas municipales, aunque prevalezcan aquellas de un área claramente identificable como Lombardía oriental, y específicamente la mantuana. Otras voces de un ámbito más amplio, generalmente lombardo o emiliano, están en Folengo porque son “también” mantuanas. En opinión de la estudiosa italiana existe en Folengo una voluntad municipal: si el público privilegiado es el mantuano (y junto a él el bresciano), no queda excluído, empero, uno más vasto que no va, de todos modos, más allá del área padano-véneta1.

Ha sido Giuseppe Billanovich el que ha dado las razones biográficas de esta amplitud de elección dialectal en Folengo2. Éste, nacido en Mantua en 1491 hijo de un notario, entró como novicio en 1508 en el monasterio bresciano de Santa Eufemia, donde profesó un año después. Ciudadano de Mantua por nacimiento y de Brescia por su profesión monástica, su pertenencia a la congregación benedictina del Monte Casino lo convirtió en ciudadano de Italia, pues a través de la enorme red de la congregación Folengo fue transferido periódicamente, como cualquier otro de sus compañeros, de monasterio en monasterio: de Santa Eufemia a San Benedetto Po en Mantua, a Santa María del Monte en Cesena, a Santa María en Pomposa; y también –después que él y Giambattista, su hermano carnal y en religión, hubieran acabado de vagar fuera de la congregación como peregrinos a lo largo de casi toda Italia- a San Martino delle Scale en Palermo, y de allí al límite septentrional del dominio de San Marco, en el priorado, dependiente de San Benedetto Po, de Santa Croce en Campese, donde lo tomó la muerte en 1544. Fue así la compacta congregación, dice Billanovich, la que proporcionó a Folengo los dos componentes capitales para un poeta macarrónico: “una perfecta academia, especialmente en la notable escuela de San Benedetto Po, de cultura latina y griega y la inmersión total, a través de las gestiones agrarias de la congregación que ejercía como subcellerarius, en la vida rústica, en contacto continuo e inmediato con hombres y animales”3.

Esta amplitud de elección dialectal en Folengo es intencionalmente manejada y delimitada por razones estilísticas, como ya señalara Ettore Bonora en su clásico de 1956. Del mismo famoso texto de la Apologetica de la red. T de la que deducía una defensa folenguiana de todas las lenguas “con un tono paradójicamente polémico”4 extraía Bonora “el principio de una poética que buscaba la asimilación en el personalísimo lenguaje de cuantos elementos conservaran la impronta de lo característico y lo expresivo”5. De este modo rechazaba la sobrevaloración que hacía Alessandro Luzio del papel del dialecto bresciano en el macarroneo folenguiano, casi en pie de igualdad con el mantuano. Aun concediendo su presencia en notas marginales de la red. T: “Tracagnum mantuanice, trusum bressanice, trambaium graece, truncum latine” (Baldus T II 499); “Cagasanguis veroniace, beroldus mantuanice, zamborgninus bressanice, sanguanazzus communiter” (id. V 506); “Brodeccus bressanice, brodicus mantuanice, foedus latine, malnettus vulgariter” (id. XIV 119), etc., llamaba Bonora la atención sobre dos hechos: “en la mayor parte de las glosas el término bresciano es registrado con otros de distinta procedencia por la acostumbrada complacencia en las variaciones, y las glosas en sí representan, más que momentos de inspiración poética, divertimentos filológicos en los que hasta el recochineo y la complacencia en las mixtificaciones tienen su parte”6. No es la experiencia que pudiera tener el autor de tal o cual dialecto la que determina su presencia en el macarroneo, sino el colorido que pudieran añadir a un lenguaje marcado por una expresividad, “fundada sobre lo característico y lo pintoresco”,7 que se extremiza en la red. T. Así, el bresciano, en cuanto dialecto lombardo, fue usado como un color que reforzaba y variaba el elemento dialectal mantuano8. Aun así, no pocos brescianismos pertenecen también a otros dialectos lombardos, como el cremonés y el milanés. La búsqueda de un aumento de lo pintoresco en la red. T lleva a Folengo a servirse de formas anticuadas del propio mantuano, y de notas de color procedentes de otros dialectos septentrionales como el cremonés, milanés y bergamasco, de otras regiones italianas, e incluso de lenguas extranjeras, como el francés, el español, el alemán y voces balcánicas. Concluye Bonora que el respeto por el realismo lingüístico que refleja personajes y ambientes “es menos importante que el placer de inventar y colorear extravagantemente las palabras cuando el poeta se ha cerciorado de la originalidad de su lengua”9.







1 Cf. S. ISELLA BRUSAMOLINO, o.c., p. 131
2 Cf. G. BILLANOVICH, “Spiritualità e cultura nei monasteri bresciani e Teofilo Folengo monaco a Brescia”, Atti Convegno 1980, pp. 33-40
3 Cf. G. BILLANOVICH, o.c., p. 39
4 Cf. E. BONORA, Retorica e invenzione..., pp. 81-82. Se reproduce un texto en el que Merlín Cocayo responde a las críticas de un hipotético lector sobre su uso de palabras mantuanas o brescianas incomprensibles para otros. Merlín dice que al igual que todos no entienden el griego o el hebreo no debe extrañar que no se entiendan estos dialectos: “[...] dicet aliquis: Vocabula fingis, o Merline, quibus patria tua solet uti tantummodo; exempli gratia: “doniare puellas”, “cimare”, “tracagnum”, et cetera, quae tantum aut mantuanice aut bressanice possunt intellegi. Respondeo quod veluti non omnes aut graecum aut hebraeum aut arabicum aut chaldaeum aut denique latinum simul intelligunt, ita nil mirum si cuncti mantuanicum aut florentinicum aut bergamascum aut todescum aut sguizzarum aut scarpacinum aut spazzacaminum minime sciunt pariter intelligere. Ut quid ordinantur commentatores ac linguarum interpretes? Ut quid translatores? Proculdubio causa splanandi linguarum incognoventiam”. Bonora relaciona este texto con un juicio del filósofo Pomponazzi, contemporáneo de Folengo y famoso por sus lecciones universitarias híbridas, donde sí se afirma expresamente la identidad de valor de todas las lenguas (cf. ib., p. 82 n.1). Esta afirmación e silentio deducida de tal texto (“con tono paradossalmente polemico” decía en su libro de 1956 [p.80]) le sirve a Bonora para situar en un mismo plano de igualdad a todos los componentes del macarroneo.
 
5 Cf. E. BONORA, Le maccheronee..., p. 80
6 Cf. ib., p. 81
7 Cf. ib., p. 83
8 Con esta tesis vendrá a coincidir G. TONNA, “La cosiddetta “brescianità” del Folengo”, Atti Convegno 1977, pp. 144-152
9 Cf. E. BONORA, o.c., p. 87. Señalará posteriormente Bonora que fue su sensibilidad de artista la que llevó a Folengo a advertir que el mantuano no es un dialecto lombardo sino emiliano (cf. “Folengo e il mondo contadino”, Retorica e invenzione. Studi sulla letteratura italiana del Rinascimento, Rizzoli, Roma 1970[ 1968], pp. 76-77).

sábado, 14 de julio de 2012

DIFICULTADES EN EL ESTUDIO DEL ELEMENTO DIALECTAL DEL MACARRONEO



El elemento vulgar ha sido menos caracterizado que el latino, dada su variedad y dificultad intrínseca: Tras pasar revista al desolador panorama editorial folenguiano, Giorgio Bernardi Perini reconocía en 1977 que si el balance era decididamente negativo, “es también verdad que hacerse editor de Folengo es arriesgado más allá de todo lo expresable; hacerse, pues, editor de todo Folengo es inimaginable. Haya por eso uno o más italianistas que se ocupen de las obras italianas, uno o más latinistas de las obras latinas, uno o más folenguistas de las obras macarrónicas: donde “folenguista” hace referencia a un tipo de filólogo muy especial, que debe reunir competencias diferentes y a veces antitéticas: de filólogo clásico, humanista y moderno, y que pueda cimentar este coacervo de requisitos con una segura dosis de dialectología septentrional, especialmente mantuana. Si a tal identikit corresponde hoy una figura realmente existente, francamente no sabré decirlo”1. Poco después, el estudioso húngaro Miklós Fogarasi señalaba el insuficiente e impreciso estudio del componente vulgar literario toscano y vulgar dialectal en las dos obras capitales sobre la lengua macarrónica de finales de los años cincuenta: Il latino maccheronico de Ugo Enrico Paoli, y Le Maccheronee di Teofilo Folengo de Ettore Bonora. Situación esta que no fue subsanada después, pese a la meritoria labor de Bruno Migliorini, el único que quizás se ha ocupado principalmente de los elementos lexicales vulgares del macarroneo folenguiano2. Fogarasi da una explicación parcial al fenómeno en la carencia de diccionarios y glosarios adecuados de los dialectos septentrionales de la primera mitad del siglo XVI, remontando la mayoría de los existentes al siglo XIX3. Es, pues, evidente que un estudio sistemático del macarroneo necesita de un glosario razonado, sobre todo de los términos dialectales, como señala Massimo Zaggia4. Esta labor fue iniciada a finales de los años setenta por Silvia Isella Brusamolino en un proyecto de Glossario dialettale folenghiano extendido a todo el Baldus en su cuarta redacción5.

El empleo de determinado dialecto depende fundamental aunque no únicamente de la localización geógrafica del autor en el complejo mapa lingüístico de la península hermana. En Padua, como es sabido, surge la poesía macarrónica canónica de manos de Tifi Odasi, paduano de origen bergamasco, cuya Macaronea conoció amplia fortuna editorial entre 1490 y 1520 aproximadamente6. En ambiente paduano se desarrollan también la Tosontea de un tal Corrado (un breve texto macarrónico aparentemente independiente de la obrita odasiana, y quizás incluso anterior, conocido en un solo manuscrito)7, y el más tardío y anónimo Nobile Vigonce opus.8 Sin salir del ámbito véneto se encuentra la Virgiliana, compuesta en 1492 y publicada no mucho después, debida a un Fosa cremonés, probablemente el fraile servita Evangelista Fossa9. De reciente descubrimiento en un manuscrito londinense es una Macharonea medicinalis de ambientación veneciana, que constituye el más extenso de los textos prefolenguianos (1029 vv., dividida en dos partes, una datada en 1498, y la otra el 20 de diciembre de 1509) y es atribuible al médico parmesano Gian Giacomo Bartolotti10. Fuera del Véneto destaca un texto de Bassano Mantovano (mantuano –mantovano- probablemente sólo de origen o de sobrenombre, dado que su obra no se refiere a Mantua, si no, al menos en su parte macarrónica, al Piamonte), la Macharonea contra Savoynos, datable en 149111. A Bassano respondió Giovan Giorgio Alione, natural de Asti, localidad del Piamonte, en Macarronea contra macarroneam Bassani.12






1 Cf. G. BERNARDI PERINI, “Folengo edito e inedito. Situazione e prospettive”, Atti Convegno 1977, p. 82
2 Cf. M. FOGARASI, o.c., pp. 396-397. y  B. MIGLIORINI, “Sul linguaggio maccheronico del Folengo” Lingua d’oggi e di ieri, Sciascia, Caltanissetta-Roma 1973, artículo este aparecido ya en 1968 con el título de “Aspetti rusticani del linguaggio maccheronico del Folengo” en AA.VV. , Atti del Convegno sul tema: La poesia rusticana nel Rinascimento (Roma, 10-13 ottobre 1968), Roma 1969 (Accademia Nazionale dei Lincei, Problemi attuali di scienza e di cultura, 129).
3 Cf. M. FOGARASI, o.c., p. 397
4 Cf. T. FOLENGO, Macaronee minori..., p. 689 (A partir de ahora ed. Zaggia). El editor expone someramente los rasgos más característicos de los dialectos septentrionales en oposición a los del toscano, particularmente en relación con los fenómenos que aparecen con más frecuencia en el macarroneo folenguiano (pp. 694-696)
5 Cf. S. ISELLA BRUSAMOLINO, “Saggio di un Glossario folenghiano”, Atti Convegno 1980, p. 131
6 cf. ed. Zaggia, p. 6 n. 3; I. PACCAGNELLA, Le macaronee..., pp. 35-61. Fija su fecha de composición entre 1484 y 1490 (p. 47)
7 Paccagnella (p. 40) fija su fecha de composición entre 1484 y 1489. Se trata, igual que el Nobile Vigonze opus de una sátira dirigida contra un personaje universitario real caracterizado por su arribismo.
8 Fue impresa en 1502, y Paccagnella sitúa su fecha de composición entre 1490 y 1494 (p. 47), y tiende a atribuirlo al mismo autor de la Tosontea basándose en razones cronológicas, estructurales y prosódicas (pp. 55-60). G. PADOAN, “Alcune considerazioni sulla “scuola” maccheronica padovana”, Atti Convegno 1977, p. 296 consideraba en el Nobile Vigonze opus la existencia de elementos caricaturescos corales ausentes de la Tosontea, así como diferencias de cultura, estructura y predilecciones estilísticas que desautorizaban la tesis de la autoría única.
9 Frente a la identificación de Fossa con el también poeta cremonés Matteo Fossa adelantada por G. ZANNONI, I precursori di Merlin Cocai. Studi e ricerche, Città di Castello 1888 pp. 56-62, cf.: L. LAZZERINI, “Per latinos grossos...”, p. 254 n. 2; G. PADOAN, o.c., pp. 298-299; M. L. LIPPI, “Evangelista Fossa. Note biografiche e problemi attributivi”, Lettere italiane, XXXIV, 1982, pp. 55-73.
10 Cf.: W. SCHUPBACH, “Doctor Parma’s medicinal macaronic: poem by Bartolotti, pictures by Giorgone and Titian”, Journal of the Warburg and Courtauld Institutes, XLI, 1978, pp. 147-191, 350
11 La obra se conserva en dos manuscritos. Sobre ella cf. L. CURTI, “Il testo completo “Contra Savoynos” di Bassano Mantovano e due macaronee prefolenghiane inedite in un nuovo manuscrito”, Rivista di letteratura italiana, I, 1983, pp. 139-153
12 Fue escrita no mucho después de 1499 y publicada en 1521.Cf.: la repetidamente citada edición, con introducción, notas y glosario de Mario Chiesa.