CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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sábado, 5 de octubre de 2019

LAS MACARRONEAS DE LEPANTO




F. Gherardi y G. Coli, "Historia de la batalla de Lepanto"



1. Las justas poéticas de Salamanca en conmemoración de la victoria de Lepanto y el nacimiento del príncipe Fernando.

1. 1. Carácter y motivo.

En la biblioteca de la Real Academia de la Historia se conserva un ms. signado *E-65=9-27-3, copia de otro, el ms. D-206, que no se puede consultar por su mal estado1. Éste ms. contiene la miscelánea poética de Fr. Tomás Pinelo, del Orden Seráfico de San Francisco, oriundo de Portugal e hijo del Doctor Pinelo, profesor de Cánones en Salamanca2. En ella Pinelo describe unas justas celebradas en 1571 en Salamanca por la victoria de Lepanto y el nacimiento del príncipe Fernando.

Como señala José López de Toro en su obra Los poetas de Lepanto: “en el año 1571, tenían lugar dos acontecimientos de importancia excepcional para el pueblo español, la victoria de Lepanto3, lograda gracias al valor de don Juan de Austria el día 7 de octubre, y el nacimiento, en 4 de diciembre, del Príncipe don Fernando, hijo de Felipe II y de doña Juana de Austria, hija del Emperador Maximiliano. La Universidad de Salamanca, por medio de su Rector, don Diego de Castilla, quiso que nadie se le adelantase a festejar estas efemérides, y a toda prisa convocó un certamen literario, del cual nos ha dejado relación completa en su manuscrito Fr. Tomás Pinelo. Afortunadamente para nosotros, no sólo incluye en él las composiciones premiadas, sino que detalla minuciosamente las condiciones de los trabajos, la calidad y el número de los premios, la fecha de entrega de las composiciones, el lugar en donde habían de ser depositadas, y los componentes del jurado calificador”4.

Para López de Toro, el mérito principal de la Universidad salmanticense estuvo en que “hizo una aportación única en su género en la poética de Lepanto, como fueron las dos composiciones en estilo macarrónico –una de M. Martínez y otra de Juan Scribano (sic)- que se presentaron al último tema de la convocatoria”.

Dicho tema advertía que si “algún macarrón” quería “cantar con gruesas Camenas” la victoria del de Austria obtendría como premio la Disparatorum tabula de mille figuris5:

Et Macharon si fors grossis cantare Camoenis6 concupit Austriaci palmam, sibi praemia poscet Disparatorum tabulam de mille figuris.

El inmediato cierre de la convocatoria señalaba que todas las composiciones –latinas, españolas y macarrónicas- debían ser enviadas por duplicado, con el nombre del autor y sin él, a la casa de don Diego del Castillo la víspera de Santa Lucía, cuya festividad se celebra el 13 de diciembre7.

Además del rector actuarían como jueces nada menos que Fr. Luis de León y el M. Salinas8:

Carmina scripta binis exemplaribus altero auctoris nomine indicato, sine nomine altero, ad D. D. Diegui domum pridie D. Luciae mittantur.
Adjunxit sibi judices D. Diego doctiss. Magistros F. Ludovicum Leonem et M. Salinas.

2. Las macarroneas lepantinas.

Observa atinadamente F. Márquez Villanueva que “la afortunada conservación del códice de este certamen es testimonio firme de la reconocida popularidad de la poesía macarrónica en los medios universitarios, admitida a codearse oficialmente con el latín y el romance en esta clase de lides”9. A casi cuarenta años vista de la epístola del Dr. Sánchez, las macarroneas lepantinas son un precioso testimonio de la madurez alcanzada en el cultivo de tal tipo de composiciones, aparte de serlo de su popularidad. Nos ofrecen, además, la oportunidad excepcional de confrontar dos composiciones prácticamente isócronas y homotemáticas, no en la época de primeros tanteos de la macarronea española, como ocurría con Bald. y Spur., sino en una fase que podríamos clasificar de 'clasicismo' macarrónico. La comparación de ambos poemas permitirá comprobar la homologación de ciertos recursos del macarroneo literario que se volverán normativos, salvo excepciones, en la siguiente centuria.


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1 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, Los poetas de Lepanto, Madrid 1950, p. 176 y J.F.ALCINA, Repertorio..., p. 112.
2 Cf. ib., pp. 176-177.
3 La importancia histórica de la victoria obtenida por la armada de la Liga Santa formada por España, Venecia, Génova y los Estados Pontificios a las órdenes de Juan de Austria sobre la escuadra otomana radica, más que en sus consecuencias militares inmediatas, en la confianza devuelta a los cristianos, y en el hecho de poner fin al mito de la imbatibilidad del imperio turco, que se había expandido por Occidente de modo casi imparable desde mediados del siglo anterior.
4 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., p. 178. Todos estos detalles son reproducidos y parafraseados en pp. 178-179.
5 López de Toro apunta la posibilidad de que esta obra fuera los disparates de Juan del Encina (cf. o.c., p. 179 n. 116).
6 Cf. ib., p. 180. La expresión “grossis cantare Camoenis” es un calco textual de la propositio del Baldus (cf. FOL. Baldus T I 1-2: “Phantasia mihi quaedam phantastica venit, / Historiam Baldi grossis cantare Camoenis”). Síntoma revelador e invitación, al mismo tiempo, a la emulación folenguiana.
7 Observa López de Toro que, dado que el príncipe don Fernando nació el 4 de diciembre, los aspirantes contaban con un “plazo perentorio de ocho días” (o.c., p. 179). Juan F. Alcina da erróneamente como fecha de celebración de la Justa el año 1574 (o.c. p. 72 y 112).
8 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., p. 179. F. Márquez Villanueva identifica este M. Salinas con el maestro Francisco Salinas (cf. Teofilo..., p. 275).

9 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., p. 275

viernes, 21 de septiembre de 2018

LA MACARRONEA DE FRANCISCO PACHECO: Tradición textual





Imagen: incipit del manuscrito H de la Hispanic Society of America.





1. Las fuentes manuscritas conocidas hasta mediados de la primera década del s. XXI.

El poema macarrónico, inédito, atribuido a Francisco Pacheco nos ha sido transmitido en varios manuscritos del s. XVI. Macarronea del Licençiado / Pacheco hecha el año / de sesenta y cinco es el título que figura en la primera copia conocida del poema (B), recogida en el vol. 180 (Varios, 21; ff. 363r-391v) de la llamada “Fernán Núñez Collection”, una muy amplia colección de manuscritos españoles, sobre todo del siglo XVI y XVII, que forma parte desde 1984 de la Bancroft Library de la University of California at Berkeley. J. I. Díez Fernández reveló su existencia en 19971.

La primera mención a la obra la hace Kristeller, cuando recoge la siguiente referencia de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia (BRAH, Madrid): “Francisco Pacheco, poema maccaronicum, in two books, 22-4-75. Now 9 / 4129”2. Pero, como indicaba J. F. Alcina3, lo único que queda en la actualidad es un notación en el índice donde se lee: “Francisci Pacieci poetae hispalensis poema maccaronicum in duos libros divisum. Es un poema satírico y obsceno”, y al margen “Falta”. Estimaba el profesor Pozuelo que podría ser el mismo poema de la Bancroft Library en otra versión4.
El descubrimiento de un segundo manuscrito (Z) de la obra por parte de Juan Montero y José Solís de los Santos5 confirmó la hipótesis de la existencia de otras fuentes manuscritas de la macarronea. Dicha copia se encuentra en la Biblioteca Francisco de Zabálburu, en Madrid. La macarronea ocupa el documento 5 (ff. 74r al 81r) del códice ms. 245 del fondo Altamira de dicha biblioteca. Aparece registrada en el índice como: “Macarronea de Francisco Pacheco a Francisco Sánchez. Copia del siglo XVI. 1586. 9 fols. Humanística cursiva”. El folio 73 ofrece algunas noticias sobre el autor y su obra, así como la fecha de “-1586-”, fecha de la copia, como bien demuestran Montero y Solís. Tras colacionar ambos manuscritos señalan éstos leves divergencias textuales entre Z y B (copia menos cuidadosa y carente del aparato de glosas marginales de la primera), y deducen que ambas copias proceden de un mismo apógrafo o, por el momento, arquetipo, y que “dicho apógrafo puede ser la copia perdida de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, sobre todo para Z, que distingue claramente la obra en dos libros, pero no hay seguridad de que esta copia perdida sea la de Zabálburu6”.

2. Descubrimiento del manuscrito de la biblioteca de la Real Academia de la Historia dado por desaparecido.

Tras la publicación de mi citado artículo en Calamus Renascens 8 (2007), descubrí en el Iter Italicum, vol. V, col. 324-325, entre los manuscritos no catalogados (uncatalogued) de la biblioteca de la Hispanic Society of America7 en Nueva York una referencia a una copia manuscrita de la Macarronea de Pacheco del siglo XVI, desconocida para la crítica hasta la fecha:

Uncatalogued (Pacheco). cart. XVI. Fols. 219-226. Marginal notes.
f. 219. F. P. Hispalensis poeta ad lectorem huius operis excusatio, a poem, inc. Plus adamate mihi. 219. Incipit opus, a poem, inc. Ridiculae Musae furfantis numina vulgi. 223v. Lib. secundus. 226v. In Macharoneam Francisci Patiechi Hispalensis argumentum.

La escueta noticia del Iter Italicum me hizo pensar en una copia distinta, sin duda, del ms. B (diferente en su título, y carente de argumentos y escolios), y coincidente en su excusatio inicial, y su división en libros, así como en la existencia de glosas marginales con el ms. Z; también coincidía con éste en la existencia de argumentos, exactamente con la misma denominación, aunque su transposición tras el explicit del poema, distinta, pues, de su disposición en el del ms. Z, donde aparece (f. 73v) tras una nota aclaratoria inicial del copista (f. 73r) y su datación (ausentes también del nuevo manuscrito), y la advertencia al lector (f. 74v: Fr. P.8 Hispalensis Poetae ad / lectorem huius operis excusatio) me dieron en conjeturar que no se trataba de un mero apógrafo del ms. Z.

Tras realizar las pertinentes gestiones y conseguir una copia (en pdf) de dicho ms. (al que llamaré a partir de ahora H) pude realizar ciertas constataciones sobre la peculiaridad de dicho ms.

Por una parte, la cubierta sin numerar del cartapacio contiene la leyenda siguiente escrita a lápiz y de mano distinta y posterior a la del copista: “Francisco Pacheco- / vease la nota – uno debe devolverse a la Academia-", y en el ángulo inferior izquierdo se lee la signatura: “B3717”, de mano distinta y posterior a la del escoliasta9. Dicho ms., numerado del 219r al 226v, está escrito en letra cursiva humanística, de mano distinta a la del ms. Z, de unos 44 a 46 renglones por folio, tirados y sin llamada de folio a folio, dotados, a su vez, de apostillas marginales de la misma mano. Respecto a la nota que se menciona en la cubierta, ésta aparece en el margen superior izquierdo del f. 219r de la misma mano que la advertencia en cubierta, y reza del modo siguiente:

Esta “Macarronea” de Franc.co / Pacheco es, sin duda, la misma / que se hallaba antes en el / tomo III, fól. 219-226 de / las Misceláneas en fól. del / Marqués de Montealegre, / marqués de Villaumbrosa, / cuya coleccion existe actualm.te / en la Bibliot. de la Acad. / [de l]a Historia. Vease el Mus. / eo o Biblioteca selecta del / Excmo. Sr. Don Pedro Nuñez / [d]e Guzman, marqués de / Montealegre, y de Quintana, / conde de Villaumbrosa, / por el licenciado Don Joseph / Maldonado y Pardo. fol. 168.

La obra aludida por el anónimo escoliasta es Museo o Biblioteca selecta del Excmo. Señor Don Pedro Núñez de Guzmán, marqués de Montealegre y de Quintana, conde de Villaumbrosa, escrita por Joseph Maldonado y Pardo, y publicado en 1677 en Madrid, por Juan de Paredes. El marqués de Montealegre fue un eminente bibliófilo, que reunió una de las bibliotecas más nutridas del siglo XVII español. Maldonado redactó, pues, un catálogo de ésta, que fue profusamente citado posteriormente por Antonio Rodríguez Moñino en su estudio "La colección de manuscritos del Marqués de Montealegre (1677)", en Boletín de la RAH, Madrid (1950-1951), tomos 126-128. Rodríguez Moñino señala que dichos fondos formaban parte de la colección "Salazar y Castro"10 de la Biblioteca de la Academia de la Historia en Madrid, y que fueron objeto de pillaje por parte de desaprensivos que vendieron parte de estas obras a bibliotecas extranjeras.

La precisa referencia del escolio del ms. de la macarronea de Pacheco viene a coincidir, efectivamente, con la noticia de Kristeller y de J. F. Alcina11, y permite identificar fehacientemente el ms. de la biblioteca de la Hispanic Society of America con el presuntamente sustraído de la Academia de la Historia de Madrid; es cierto, por otra parte, que de la admonición del escoliasta para que se devolviera uno a la Academia (la de Historia, evidentemente, cosa que, por otra parte, es notorio que no se hizo), puede deducirse la existencia de un duplicado del que no se tienen más noticias.

En cuanto al aspecto textual, el ms. presenta lecturas que lo alinean, en su mayoría, con las del ms. Z, frente al muy incorrecto ms. B, aunque también ocurre en ocasiones viceversa, dada la deliberada, en mi opinión, labor de contaminatio y emendatio del copista del ms. Z; ofrece, asimismo, lecturas propias que lo hacen, en la mayoría de casos, preferible para el editor. Resulta, pues, el más fiable de los mss. conocidos hasta el momento. En cuanto al aparato de glosas marginales, presenta escolios ausentes del ms. Z (aunque es más frecuente el caso de las glosas sólo conservadas en el ms. Z), y un pequeño número que sólo se ha transmitido en el ms. H.

3. Conclusiones de la recensio de las fuentes manuscritas.


Tras la preceptiva collatio de las tres fuentes manuscritas conocidas al presente, los denominados mss. B, H, y Z, puede establecerse una primera división clara entre el ms. B y los otros dos, como provenientes de dos subarquetipos distintos, basándose en una serie de evidencias. En primer lugar, el ms. B es el único que presenta un título explícito, e incluso es el único que señala expresamente el año de presunta composición del poema (Macarronea del Licençiado / Pacheco hecha el año / de sesenta y cinco); cierto es que ofrece también una división en dos libros aunque queda enmascarada por su distinta expresión (la segunda parte se denomina Pars Macharroneae / De Potentia amoris). En segundo lugar, puede señalarse la absoluta falta de los argumentos a los libros y la glosas marginales que salpican los mss. H-Z. Finalmente, en lo tocante al aspecto textual, el texto presenta numerosas corruptelas, de modo que sus lecciones son sólo preferibles a las de los dos otros mss, en 9 v., mientras que deben ser preteridas frente a las del resto de mss. en 268vv; por ende, el ms. B omite 6vv. de los otros mss. (150, 405, 408, 434, 539), y ofrece, a su vez, un verso (237), ausente de H y Z, y sospechoso de haber sido interpolado.

El ms. B, pues, representa una rama de una tradición distinta a la de los mss. H y Z. De los numerosos apógrafos que se hicieron del autógrafo o autógrafos de Pacheco la tradición textual que encarna B es una, evidentemente, mucho más descuidada e imperfecta, lo cual demuestra, indirectamente, la intensa difusión manuscrita que conoció la macarronea de Pacheco; no hay, sin embargo, en B, aparte quizás del señalado v. 237, pruebas de transmisión horizontal, que complica la emendatio en la tradición más fiable de los mss. H y Z.


La afirmación de que los mss. H y Z constituyen dos ramas distintas emanantes de un mismo subarquetipo está fundada en un grupo de indicios. Primeramente, ambos mss. presentan sendos argumentos a cada uno de los libros, aunque el ms. Z los coloca antes de la excusatio, y el ms. H tras el explicit (In Macharroneam Francisci Paciechi / Hispalensis argumentum ms. Z; Liber Primus In Macharroneam Francisci Patiechi Hispalensis Argumentum ms. H; Liber secundus ms. Z; Lib, 2. ms. H). Los primeros 24 versos constituyen un prólogo o exordio de intención exculpatoria en dísticos elegíacos (bajo el título F(r). P. Hispalensis poetae ad / lectorem huius operis excusatio en los mss. H y Z), de reminiscencias folenguianas, y los restantes 612, que forman el cuerpo de la obra, se presentan bajo la forma de hexámetros dactílicos tras el epígrafe INCIPIT OPVS, que sí aparece también en el ms. B. Es, asimismo, característico de estos mss. el abundoso cuerpo de escolios de variado tipo que ya analizamos aquí; por el contrario, la distribución de glosas en uno y otro resulta distinta; así, el ms. H ofrece 27 menos que el ms. Z, que, a su vez, carece de 9 escolios sí supervivientes en H. Por otro lado, el ms. Z ofrece una nota de realia, obra del copista, en la cubierta del ms., en la que se fecha también la copia:

Francisco Sanchez fue vn gramatico muy arrogante y sober / bio catredatico de S miguel al tiempo que Pacheco escriuio esta / macharronea y con quien el estaba muy mal, muestralo bien en las / muchas veces que le maltrata. Este hizo en la muerte de / vn alcalde de la Audiencia de Seuilla vn epigramma que empeça / ba: quam sint res hominum fragiles, quam mente caduca, etc / el qual epigramma mete aquí algunas veçes Pacheco burlan / do del principalmente todo este verso entero y en otra parte / donde dize: Moçaraues Mussae dicentes jura popelo, y por / que deçia el grammatico en el epigramma que hirio la muerte / a aquel Alcalde dicentem jura popelo sobre lo qual hizo / en otra parte Pacheco vn disthico que deçia

Carmine qui curto dicit Hispalim, esse Popellum
quid Mançanillam dixerit ille suam?

Porque era el Fran.co Sanchez natural de vna aldea de / Seuilla que se llama Manzanilla, en La Satira lo / refriega tambien asperamente debaxo del nombre del Padre de Gerundios, auiso desto porque se entienda con mas gusto -1586-

Esta nota revela en el copista un espíritu de editor, que se hace, asimismo, patente en una reveladora subscriptio:

finis Huius / bien pudiera corregir algunos versos adulterados / por culpa de los que han trasladado y que ban en esta obrilla / pero seria vn atrebimiento grande y digno de solo el / autor della y ansi correran, Pero se dezir aun / que es este traslado el mas çercano al original de quan / tos agora ay holgaria que pareciesse alla lo que ello es / que a mi voto es incomparable en este genero de Seuilla / 7 de Marzo

En ella, pues, el amanuense advierte de la existencia de otros mss., y de su labor de collatio (se dezir aun / que es este traslado el mas çercano al original de quan / tos agora ay), que se demuestra por añadidura por los alii mencionados en la glosa al v. 497.
Por otra parte, su afirmación de que no ha corregido los versos, bien pudiera sonar a excusatio non petita; lo cierto es que tal labor no fue siempre feliz, y, así, en 72vv. las lecciones de los otros mss., el B, deterior, y el H, optimus, le son preferibles. A demostrar el hecho de la contaminatio del ms. Z -sin excluir correcciones ope ingenii del propio copista-, se añade el hecho de que en los 74vv. en que las lecciones de H son preferibles a las de B y Z, éstos ofrecen lecturas distintas entre sí en 44vv.; y, viceversa, en los 13vv. en que surgen lectiones meliores del ms. Z frente a H y Z, éstos ofrecen versiones diferentes entre sí en 7vv.
En conclusión, la transmisión horizontal del ms. Z permite considerarlo un codex mixtus, en el que destaca el designio del copista de usar la libertad propia del editor para ofrecer un texto lo más acabado y perfecto posible. Esta intervención del copista-editor podría rastrearse en el corpus de escolios de los mss. H y Z, que los opone al ms. B, que carece de éstos. De tal suerte, de las 27 glosas que sólo se dan en Z, algunas podrían deberse al amanuenense, como aquellas que sirven para identificar algunos personajes del poema con su referente real (vv. 281, 324, 328, 429), o constituyen glosas de realia (vv. 164, 526 -parcialmente-, y 632 -las dos últimas redactadas en castellano); por el contrario, de las 9 glosas exclusivas de H ninguna tiene el carácter de las que se acaban de analizar en el ms. Z.
Debe decirse, empero, que de la glosa al v. 497 se deduce que el copista del ms. H tuvo a la vista otros mss.; sin embargo, parece demostrar una mayor fidelidad a un apógrafo único, a lo que puede que no sea ajeno el hecho de que los argumentos a los libros aparezcan al final del ms., demostrando, pues, una práctica ajena a la marcadamente editorial de la del copista del ms.Z.


4. Criterios de edición.


He intentado mantener, en lo posible, el usus scribendi coincidente de los 3 mss., todos del siglo XVI, de acuerdo a los siguientes criterios:
-Conservo la v al inicio de palabra, tanto en posición vocálica como consonántica, y el uso de u en interior, tanto en posición vocálica como consonántica, usus generalizado en los mss. Z y B, y más vacilante en el ms. H.
-Hay una tendencia a la prótesis con e ante s inicial en el ms. H, que he conservado en la medida que no estorba a la correcta escansión de los versos que permita las lecciones aprotéticas del resto de mss.
-Elimino la j ramista, que no es sistemática, por otra parte, en el conjunto de los mss., en las palabras latinas para resaltar más su valor fonético en los macarronismos.
-Resuelvo las abreviaturas, que son menos abundosas en el ms. H.











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1 J. Ignacio Díez Fernández, ‘Textos literarios españoles en la Fernán Núñez Collection (Bancroft Library. Berkeley)’, DICENDA, Cuadernos de Filología Hispánica, 15 (1997), 139-182 (p. 181).
2 P. O. Kristeller, Iter Italicum, vol. IV, col. 513b (Londres-Leiden, 1989).
3 J. F. Alcina Rovira, Repertorio de la poesía latina del Renacimiento en España (Salamanca: Universidad de Salamanca, 1995), p. 134.
4 Bartolomé Pozuelo Calero, (2004), p. XCV-XCVI.
5 Juan Montero y José Solís de los Santos, ‘La macarronea sevillana del licenciado Francisco Pacheco’, en Pedro M. Piñero Ramírez (ed.), DEJAR HABLAR A LOS TEXTOS. Homenaje a Francisco Márquez Villanueva, Sevilla: Universidad de Sevilla, 2005)Tomo I, 639-666. Los autores denominan B al manuscrito de la Bancroft Library, y Z al ms. de la biblioteca Zabálburu.
6 J. Montero y J. Solís, ‘La macarronea’, p. 646-648.
7La biblioteca de la Hispanic society of America fue creada por el magnate, erudito y mecenas Archer Milton Hungtinton (1870-1955), quien realizó numerosas compras de libros y manuscritos antiguos en España, por su propia iniciativa o con la ayuda del librero alemán Hiersemann (catalogador posterior de parte de la Biblioteca), entre ellas, la de la biblioteca del marqués de Jerez de los Caballeros en 1902, considerada la más rica en libros y manuscritos antiguos españoles después de la de la Biblioteca Nacional cf. John O'Neill, “La Biblioteca de la Hispanic Society of America desde su creación hasta nuestros días” http://www.cervantes.es/imagenes/File/biblioteca/o_neill_john_hispanic_society.pdf.
8 El ms. H ofrece la lectura F. P.
9 Informa el Iter Italicum, vol. V, col. 316, de que los mss. de la citada biblioteca están dividida en tres grupos: el primero formado por los mss. adquiridos por Hiersemann en Leipzig, cuya signatura comienza con las siglas HC; las signaturas del segundo grupo empiezan por la letra B, seguida de un número de serie, y el tercer grupo recibe el nombre de Uncatalogued (en el que entraba el ms. de Pachecho), ordenados alfabéticamente por autores o títulos. No obstante, Kristeller informaba de que parte de los mss. más antiguos estaba siendo examinado y catalogado por el prof. Charles Faulhaber con signaturas que principiaban por B. Quizás radique en este hecho la explicación de esta signatura añadida.
10Más recientemente, María Victoria Alberola Fioravanti en su Guía de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Real Academia de la Historia, 1995, p. 83, recuerda que la colección de manuscritos del marqués de Montealegre entró en dicha Biblioteca con la colección "Salazar y Castro", ya que formaba parte de ella, constando de 22 vols. en 4º y 48 vols. en folio, con el carácter de fondo misceláneo de documentos del siglo XVI y XVII.
11cf. supra 1.

sábado, 7 de febrero de 2015

ELUCIDACIÓN DE LA AUTORÍA Y DATACIÓN DE LA MACARRONEA DE JUAN DE VERGARA





En el ms. 3662 de la B.N., f. 18, copiado en el siglo XVIII, se lee sobre el título del poema una anotación que reza: “Poema Latino Macarronico sacado de copia del origin.l de Juan de Vergara”. Este es el argumento de orden externo que permite atribuir la epístola macarrónica al humanista toledano, aparte del hecho secundario de que vaya colocada por el copista tras la Callioperria (ff. 3-15), que presenta como explicit otra anotación del mismo tenor y de la misma mano: “Sacose esta Copia por otra hecha por el origin.l que es todo de mano de Juan de Vergara”. Curiosamente, esta anotación no aparece en el otro manuscrito en que fue copiada la Callioperria, el ms. 18668-53 (s. XVII), que sin duda pertenece a la misma familia.

El primero en basar la autoría de Vergara en estas anotaciones es Adolfo Bonilla y San Martín, primero en “Clarorum Hispaniensium Epistolae ineditae”, Rev. Hisp., VIII, Paris 1901, pp. 187-188, y luego en “Un manuscrito de la Biblioteca Nacional Matritense con versos de Juan de Vergara”, Anales de la literatura española (años 1900-1904), Madrid 1904, pp. 172-174. Su fijación es aceptada sucesivamente por Eugenio Mele1, José López de Toro2, Juan Gil3, Antonio Torres-Alcalá4 y Juan Francisco Alcina5. No obstante, el primer editor de la epístola macarrónica, Antonio Paz y Melia, Sales Españolas ó Agudezas del Ingenio Nacional, (segunda serie), Madrid, 1902, pp. 391-394, hace el siguiente comentario: “La primera [composición del género llamado macarrónico]se escribió después de las Comunidades, probablemente por algún flamenco de la Casa del Emperador, á juzgar por el altanero desdén con que pinta á los desgarrapizados capitanes y soldados españoles”. Torres-Alcalá, que es el único que da muestras de conocer esta edición, considera esta afirmación como un error de Paz6. Pero ante este hecho sólo cabe exponer dos explicaciones: o bien Paz despreció sin más la anotación que indicaba la autoría de Vergara, lo que resulta harto difícil de entender, o bien su atribución de autoría y otras divergencias textuales respecto al ms. 3662 tienen su razón de ser en que Paz realiza su edición sobre una copia anónima distinta a la de dicho ms., que procede así de un arquetipo independiente.

Ciertamente de un arquetipo distinto procede la versión recogida en la miscelánea de Alvar Gómez, B.N. 8625, f. 35-37. La primera noticia sobre esta versión, anterior en el tiempo a la del ms. 3662, se debe a Antonio Alvar Esquerra7. Su título añade un nuevo elemento de confusión en la fijación de la autoría del poema: “Incerti authoris macarronea / Ad Dominum Baldum Zingar suus capellanus”. Pero el mismo carácter del texto, plagado de emendationes arbitrarias respecto al del ms. 3662 y cerrado por un añadido de 32 versos claramente espúreos, puede colocarlo al final de una cadena de circulación (y “evolución”) manuscrita, donde algunos eslabones han alterado libremente el texto y perdido conciencia de su origen. La reducción del título respecto al del ms. 3662 es un síntoma evidente de esta transformación despreocupada de un poema que parece haber circulado con cierta amplitud en su forma manuscrita. El hecho de que figure en una miscelánea de Alvar Gómez de Castro, gran amigo de Juan de Vergara8, no es argumento decisivo en contra, ya que este ms., según Antonio Alvar: “no parece, en su mayor parte, escrito por Alvar Gómez; la letra es muy clara y muy limpia con poquísimas correcciones”9.

Sea como fuere, debe señalarse que el único argumento objetivo que existe para atribuir la Callioperria y el Bald. a Juan de Vergara son las anotaciones del ms. 3662, ya que hemos constatado para la Callioperria la existencia de un ms. de la misma familia carente de la anotación, y para Bald. la existencia de dos arquetipos que no dan atribución de autor. No son estos, empero, argumentos de peso para rechazar la autoría de Juan de Vergara, dada la calidad del ms. 3662, y lo aventurado que sería atribuir al copista la invención caprichosa -e injustificada- de tal autoría.


El primero en adelantar una datación cronológica más o menos concreta de Bald. fue López de Toro: “La cronología, en su punto de arranque, no puede ser anterior a 1517 porque en el poema se nos habla de la sangre que corrió en Castilla a causa del levantamiento de los Comuneros. Si se tienen en cuenta las angustias que, como un cerco de hierro, rodearon a Vergara, durante su proceso y después de él, no hay posibilidad moral de admitir le quedaran arrestos para entretenimientos de esta naturaleza. Hay, por tanto, que suponer fuera compuesto el poema entre los años 1517 y aproximadamente 1532, que es precisamente el período de mayor agitación contra las rapiñas de los extranjeros residentes en España y los desmanes de los españoles extranjerizados que pretendían recoger pesca abundante en aquel río revuelto de la nación”10.

Juan Gil reduce considerablemente la cronología de López de Toro: “[...] queda fuera de toda duda, no obstante, que la composición nació al calor de la derrota de las Comunidades, y no en ese vago plazo (1517-1532) que proponía el primer editor, por no haber advertido que Vergara apostrofa a la Junta en v. 91-92:

Sed si non illam perdisses, Juncta, batallam,
O quot señores pro seruis, Juncta, teneres!

Este amargo desahogo sólo se comprende a raíz de la guerra civil [...]”11.

Por la mismas fechas, Antonio Torres-Alcalá ofrece una interpretación harto diferente. Afirma que en el período anterior a su tragedia Vergara, intelectual, serio y erudito, protegidos por los poderosos, no deja traslucir en sus escritos “el amargo estado de ánimo en que este poema fue compuesto”12. Por tanto, “lo último que de él se podía esperar es la amarga sátira de este poema, o la parodia de una lengua (el latín humanista) de la que él era el más genuino cultivador en España”13. Se aparta así de la propuesta cronológica de López de Toro dando un giro sorprendente:

“En primer lugar, no creo, como López de Toro, que sea respuesta a una supuesta carta (in responsione cujusdam epigrammatis nuper ad se missi a predicto circunspecto domino), porque el remitente de tal carta, que es, naturalmente, el mismo al que va dirigido el poema, es “Dominus Baldus”, también conocido como “Zingar” en las islas de “California” y expertísimo en el “arte de la Macarronea”, es decir, una convención paródica al estilo de el Baldus de Folengo, cuyo compañero en dicha obra es Zingar y en unas islas que son también paródicas, es decir, la California del Amadís. No existe, por lo tanto, tal carta, y hay que fijarse bien en este título, porque es, a mi juicio, lo único de intencionalidad estrictamente paródica que hay en el poema. El resto es más sátira que parodia. Tal carta a Vergara es, por lo tanto, un recurso literario (como más tarde sería “Cide Hamete” para Cervantes) para desahogar su espíritu amargado y desilusionado con los viciosos embates de la Inquisición, en cuyas cárceles (1533-1535) fue escrita. Y, así, una vez más, difiero con la opinión de López de Toro, según el cual:

Si se tiene en cuenta las angustias que, como cerco de hierro, rodearon a Vergara durante su proceso y después de él, no hay posibilidad moral de admitir le quedaran arrestos para entretenimientos de esa naturaleza.

Precisamente por tales premisas es por lo que me inclino a pensar que este poema fue escrito en la prisión o como consecuencia de ella, pero no antes. Sería plausible la opinión de este crítico si Vergara hubiera escrito dicho poema como entretenimiento o diversión, más que como desahogo de un alma torturada por la injusticia. Nada, sin embargo, hay en el poema que indique lo primero, porque todo él rebosa de una visión amarga de la vida del imperio. Hay, además, un factor en todo esto que es necesario ponderar y que constituye la clave del poema. La lóbrega visión de intriga política, miseria social e hipocresía que el poema presenta, puede muy bien ser el resultado de la condición de converso de Vergara, que sale a relucir durante su juicio, cuya sentencia contra él de que “hereticó y apostató”, a pesar de estar en nombre e posesion de christiano, adquiría matiz especial [...]”14.

La negación que hace Torres-Alcalá del carácter epistolar del poema resulta injustificada y está basada en una mala lectura de la dedicatoria. El crítico confunde destinatario y remitente en una sola persona. Evidentemente, “dominus Baldus” no puede ser “Zingar” al mismo tiempo, como una mínima observación gramatical de texto deja ver. “Zingar” (nom.) es el remitente de la epístola dirigida “al señor Baldo” (ad Dominum Baldum). “Dominus Baldus” no es conocido como “Zingar” en las islas de “California” sino Baldo. He aquí una traducción más correcta: “Al señor Baldo Caxconinacio / “maestro del arte macarrónica” / nombrado en las islas californias / Zingar, su capellán y picapedrero, / en respuesta de cierto epigrama / recién recibido de dicho circunspecto señor”. El título corresponde, pues, al menos desde el punto de vista formal, a una respuesta epistolar. Por otra parte, Torres-Alcalá afirma que el título responde a una convención paródica, aunque no explica qué es lo que se pretende parodiar.

Su afirmación de que el poema fue escrito durante su prisión o después de ella, choca con el carácter de actualidad que asumen los sucesos relacionados con las Comunidades que se refieren en el poema. Prueba de ello, aparte de la invocación a la Junta que menciona Juan Gil, es el constante empleo del pte. de indicativo –no ciertamente histórico- en el poema ¿Por qué además remitirse con tanta precisión a hechos ya tan alejados de las angustias carcelarias de Vergara? Según Torres-Alcalá es la condición de converso del autor lo que determina su visión negativa de la situación social y política. Es esta interpretación “progresista” la que lleva al crítico a construirse una imagen simplificadora del humanista “intelectual, serio y erudito”, del que lo último que se podía esperar era una parodia del latín humanista en forma de composición macarrónica. Aparte del hecho de que sea muy discutible el hecho de que el macarroneo sea una tal parodia, como se ha visto, tal imagen de humanista está en flagrante contradicción con la personalidad del mayor cultivador de la macarronea, el monje benedictino Teófilo Folengo, refinado humanista autor, como sabemos, de obras latinas y vulgares.

Si se acepta la atribución tradicional del poema a Juan de Vergara, se puede establecer con Márquez Villanueva y Juan Gil un término post quem en febrero de 1522, coincidente con el aplastamiento definitivo de la revuelta de las Comunidades. Más problemático resulta el problema del término ante quem.

Sabemos que Vergara estuvo fuera de España entre 1520 y 1522, precisamente el período de efervescencia de las Comunidades. Sabemos también que, apenas desembarcado en la Península con la Corte el 16 de julio de 1522, había venido a buscar en Alcalá un poco de descanso. Allí los complutenses le sondearon sobre la posibilidad de ocupar alguna de las cátedras dejadas vacantes por la muerte de Nebrija (2 de julio de 1522), tras fracasar las negociaciones para traer de Salamanca al Comendador Griego y a Hernando Alonso de Herrera15. Esto ocurrió a partir de la segunda quincena de julio, como se deduce de A. H. N., Universidad de Alcalá, lib. 3 f, fol. 112 rº, 14 de julio de 1522: poder al rector y consiliarios para asignar salario al Comendador Hernán Núñez y al Maestro Hernando de Herrera. En el verso del mismo folio se precisa que estos dos maestros residen en Salamanca y que se trata de hacerlos regresar a Alcalá16. Vergara no aceptó; sugirió, en cambio, para la cátedra de retórica el nombre de Luis Vives, encargándose él de transmitirle las ofertas de la Universidad. Estas gestiones las realiza ya Vergara en la Corte, en Valladolid, en septiembre de 1522, como se plasma en A. Bonilla, Clarorum..., pp. 73-74 (carta de Vergara a Vives, Valladolid, 6 de septiembre de 1522) y pp. 86-87 (mensaje de la Universidad a Vives)17. Vergara regresa a Alcalá durante el otoño de 1523, y puede pasar el invierno en estudioso retiro. El nuevo Arzobispo de Toledo, Don Alonso de Fonseca (31 de diciembre de 1523), reclama al humanista Vergara como secretario. Éste se resiste, pero una carta del rey lo llama a Burgos donde reside la Corte desde la primavera. Vergara parte para Burgos el 10 de marzo de 1524, y allí queda cogido18.

Es lógico pensar que, dado el carácter de contemporaneidad y actualidad con que se presentan los hechos expuestos en el poema (las reivindicaciones de méritos supuestos ante Carlos V por parte de ciertos grandes personajes en la sofocación de la revuelta de los comuneros), éste fuera compuesto en la fecha más cercana posible al fin del conflicto (3 de febrero de 1522), y sobre todo de la fecha del desembarco de la Corte de Carlos V en España (16 de julio de 1522), ya que a partir de este momento las demandas ante el rey debieron arreciar.

La actuación favorable de la mayor parte de la nobleza al partido real en el levantamiento comunero no fue desinteresada, como señala Joseph Pérez. Los Grandes no entraron en la lucha para defender el poder real, sino para salvar sus dominios, y tener una nueva oportunidad de enriquecerse. El rey, consciente del peligro de una posible alianza entre los Grandes y la Junta, movidos aquéllos por sus deseos de garantizar la integridad de sus dominios, “garantizó a la alta nobleza, indecisa a tomar partido por las posibles represalias de los rebeldes, la reparación de todos los gastos y quebrantos sufridos en sus propiedades, promesa que seguía siendo válida en caso de que se produjera un acuerdo entre la corona y los comuneros. Esta actitud sirvió para afirmar los lazos entre los nobles y el rey. Contribuyeron con el dinero necesario y aportaron soldados y armas para formar un ejército que finalmente se puso en marcha el 5 de diciembre [de 1520], después de haber retrasado el momento durante el mayor tiempo posible”19.Efectivamente, El Perdón otorgado por el Rey el 1 de noviembre de 1522 reservaba los derechos de la corona y de los particulares a obtener reparación e indemnización de los daños sufridos durante la revolución20. Hubo cientos de procesos de este tipo, lo cual significaba cantidades enormes21. Fueron, pues, proféticas las palabras de la Comunidad de Valladolid en carta al cardenal Adriano el 30 de enero de 1521: “[...] Verán vuestras señorías al presente por experiencia que los Grandes que ahora ajuntan gente en este disimulado servicio le contarán (sic) tanta suma de dineros que casi no basta a pagarlo con el resto de su reino, y verán que los pueblos, sirviendo lealmente, procurando acrecentamiento de su estado y corona real, se contentarán con que sus majestades conocerán que no quisieron sus propios intereses sino sólo el servicio común de su reino y rey”22.

Resulta, entonces, plausible situar la composición del poema entre el otoño-invierno de 1523 o en los dos primeros meses de 1524, antes de que agobiaran a Vergara sus múltiples ocupaciones como secretario del Primado, en una etapa de ociosidad que coincide con la plena actualidad de los sucesos aludidos en el poema. Existe otro argumento complementario de índole textual que puede reforzar esta tesis. En la composición de Vergara aparece, con relativa frecuencia, una serie de préstamos lingüísticos de las macarroneas folenguianas, que está practicamente ausente de las posteriores composiciones del género en España. Casi todos estos calcos textuales se encuentran, lo que resulta más sorprendente, en coincidencia de sede métrica con el original. Además, ciertos calcos con coincidencia de sede métrica aparecen una sola vez en las macarroneas folenguianas. Todo esto evidencia en Vergara un conocimiento directo de la obra de Folengo e inmediatamente anterior, sino simultáneo, a la composición del poema. Tales calcos podían proceder de la primera redacción de las macarróneas folenguianas, la llamada redacción Paganini (red. P), cuya editio princeps data de 1517, o bien de la segunda, la red. Toscolanense (red. T), cuya editio princeps está fechada el 5 de enero de 1521. Una serie de argumentos que ilustraremos en nuestro estudio del macarroneo y glosario nos demuestra que la redacción empleada por Vergara fue la T. Así, podemos afirmar que Vergara deja prácticamente la lectura de su tomo folenguiano para escribir su poema, o bien lo tiene delante para rebuscar en él los macarronismos que le han parecido más expresivos en su reciente lectura.





Ilustración: supuesto retrato de Juan de Vergara, vía internet.




1 Cf. E. MELE, “Lope de Vega, Merlin Cocaio e Luciano”, GSLI, CXII, 1938, p.325 n.3
2 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., p. 403. Casi diez años antes, el mismo López de Toro en su obra Los poetas de Lepanto, Madrid 1950 malentendía las notas de autoría de la Callioperria (a la que consideraba además poema macarrónico escrito bajo el nombre, real o ficticio, de Tricio Nugerio), y por extensión la de Bald (que da como anónimo), afirmando que el ms. 3662 era “copia de otro, escrito todo de mano de nuestro humanista Juan de Vergara, conforme a la advertencia del copista moderno” (p. 193), y que, por tanto, “la escritura de mano de Juan de Vergara no permite una atribución a este autor sin exponerse a cualquier paso en falso” (p. 195).
3 Cf. J. GIL, “Interpretaciones latinas”, Habis, 15, 1984, p. 194
4 Cf. A. TORRES-ALCALÁ, Verbi Gratia: los escritores macarrónicos en España, J. Porrúa Turanzas, Madrid 1984, p. 90
5 Cf. J. F. ALCINA, o.c., p. 133
6 Cf. A. TORRES-ALCALÁ, o.c., p. 113 n.100.
7 Cf. A. ALVAR, Acercamiento a la poesía de Alvar Gómez de Castro, I, Madrid, 1980, p. 351.
8 Cf. A. ALVAR, o.c., pp. 57-59
9 Cf. ib., p. 348
10 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., pp. 405-406. Corrige así su infundada afirmación de 1950 de que Bald. era contemporáneo de las macarroneas lepantinas de 1571 (cf. o.c., p. 194).
11 Cf. J. GIL, o.c., p. 195. Márquez Villanueva coincidía en considerarlo poco posterior a 1521 por la alusión a la batalla de Villalar (cf. o.c., p. 272).
12 Cf. A. TORRES-ALCALÁ, o.c., p. 90
13 Cf. ib., p. 91
14 Cf. A. TORRES-ALCALÁ, o.c., pp. 91-92
15 Cf. M. BATAILLON, o.c., p. 158
16 Cf. ib., p. 158 n.13
17 Cf. ib., p. 158 n. 14
18 Cf. ib., p. 160
19 Cf. J. PÉREZ, Los comuneros, Historia 16, Madrid 1989, p. 123
20 Cf. ib., p. 90
21 Cf. ib., p. 91

22 Cf. ib., p. 124