CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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viernes, 18 de mayo de 2018

LA EPÍSTOLA MACARRÓNICA DEL DR. DIEGO SÁNCHEZ: Traducción (III)


Cuando vuelven de escuelas1 por lodos del atolladero,               35
Pasmados llevando los pies y pasmadas también sus narices,
¿De qué, si Zéfiro desencadena sañudo su viento,
De qué la capa vale por cara y orejas,
Y rodear del pupilo a la par el pescuezo canijo,
Cuando el soplo del viento se cuela en el sayo y la capa,           40
Sobre todo si corta resulta, corta y raída?
Después que dio el reloj la hora más deseada,
Y luego que el despensero golpea en el tajadero,
He aquí que saltar verás, escaleras angostas abajo,
A los hambrientos al punto; en bullicio todos ansían                  45
Junto del bachiller tomar el asiento primero,
Pues las primicias del brodio se dan al que está en cabecera;
Y a continuación aparece la escudilla segunda,
Que toma de la olla la grosura y lo caliente,
Si no de la carne, sí por lo menos del cabo de vela.                   50
En cambio, los que se sientan más lejos, y esperan comida,
A éstos agua sola y frío insufrible
Y las piltrafas dan con el hueso desnudo.
¿Quién soportará manteles cortos y cochambrosos?
¿Quién podrá siempre limpias tener sus manos y barbas           55
De la costra de grasa del brodio el fin de semana?













1 Probablemente Sánchez se describe a sí y a sus compañeros volviendo de las clases de las cátedras de Prima, que se impartían usualmente a las 7 y media de la mañana. Un plan de 1684 proponía trasladarlas a las 9 de la mañana, pues había "pocos amigos de madrugar al ser Salamanca un lugar tan frío" (cf. R. L. KAGAN, o.c., p. 271 n. 69). Sigue una descripción de la comida en casa del bachiller pupilero (cf. glosario s.u. 'tajaderus', 'brodius', 'olla'). La 'olla', como señala Rodríguez-San Pedro, "constituía el guiso más común y tradicional de la comida diaria en toda la Península, tanto en mesas de hidalgos como de villanos, aunque con variantes, pudiendo adquirir matizaciones desde un caldo miserable hasta la opulencia barroca de la olla podrida. Estas matizaciones también se dieron en los pupilajes. Observamos que a lo largo de 40 años [1590-1630] la dieta permanece inalterada, señal de fidelidad a los gustos y permanencia y sujección a la costumbre" (cf. o.c., p. 200). El pupilaje de Sánchez se parece más, desgraciadamente, al descrito por Guzmán de Alfarache, en el que "el pan era duro, la olla se hinchaba de gordo de tocino, el caldo era aguado, la fruta limitada y podrida, el queso transparente, los garbanzos pocos, las sardinas rancias y raquíticas, los huevos viejos, el carnero abultado de huesos, las aceitunas agrias, los ayunos muchos, los almuerzos pocos, el guisado descuidado y el hambre la suficiente como para tener cada pupilo su despensa particular de primeros auxilios" (cf. ib. p. 199).

sábado, 19 de marzo de 2016

RETRATO DE LA VIDA ESTUDIANTIL SALMANTINA EN LA EPÍSTOLA MACARRÓNICA DEL DR. SÁNCHEZ




Señala Richard L. Kagan que no resultaba caro matricularse en una universidad en los siglos XVI y XVII: "Se exigía el pago de una cuota, pero era tan pequeña -sólo 4 o 5 mrs. al año- que estaba al alcance de la mayoría de los que sabían leer y escribir. Sin embargo, los costes aumentaban rápidamente, cuando se trataba de vivir en una ciudad universitaria [...]"1. Las modalidades de alojamiento en la Salamanca del Quinientos eran diversas: algunos estudiantes -los menos- eran vecinos de la ciudad o tenían familiares o amigos en ella; otros vivían en conventos o colegios como miembros de alguna comunidad religiosa o seglar; otros se encontraban como pupilos bajo el techo y tutela de un graduado universitario, generalmente bachiller; otros moraban en casa alquilada en forma de "república de estudiantes" o "compañía", pagando "pro rata" y atendidos por sus criados o algún ama de gobierno contratada; otros se alojaban en posadas y mesones como camaristas estrictos, o en gobernaciones como camaristas por aposento y servicio (guiso de comida, lavado de ropa, arreglo y limpieza de aposentos, etc.); otros finalmente, alquilaban una casa individual para vivir con sus criados, ayo o ama de gobierno2.

El hecho de que Sánchez emplee dos veces la palabra pupilus (vv. 29, 39) en el sentido arriba expresado para referirse a sus compañeros (cf. glosario s. u. 'pupilus'), y que se presente como huésped de una casa regentada por un bachiller nos da a entender que el joven Sánchez se alojó en un pupilaje, cuyo carácter ha definido certeramente Rodríguez-San Pedro: "Desde 1538 la Universidad de Salamanca se preocupó de regular minuciosamente un tipo de hospedaje de estudiantes con carácter educativo-paternal, en el que a un bachiller se le confía la tutela de un cierto número de estudiantes que viven en su casa, con los cuales realiza funciones de padre y maestro, responsabilizándose de sus estudios, crianza, alimentación, religiosidad, moralidad y costumbres. A través del examen previo del solicitante de pupilaje, ciertos minuciosos estatutos y visitas anuales de supervisión, la Universidad realiza un estricto control de este tipo de hospedaje, y por ello de todas las esferas de la vida de sus ocupantes. Administrar, regir, corregir y gobernar serán las funciones asignadas al pupilero según un modelo del que el propio pupilero debe ser el ejemplo a los ojos de los estudiantes [...]"3. Señala Rodríguez-San Pedro que el número de los pupilajes existentes en Salamanca se movió siempre en torno a la quincena, y que los pupilos residentes en cada casa, con edades comprendidas entre los 15 y 23 años, no alcanzaba nunca la decena4. Era, pues, un tipo de hospedaje minoritario, que, a pesar de las diferentes categorías y precios de los pupilajes, estaba destinado a un grupo social de calidad y asentado económicamente5. La familia de Diego Sánchez pertenecía, así, a la minoría que podía permitirse tal gasto, y que comprendía a la nobleza, sobre todo a la gran clase de los hidalgos, a los funcionarios del gobierno, a los militares, a los profesionales liberales, a la pequeña pero rica clase mercantil, y a los miembros más ricos de la clase obrera6. El libertinaje y la violencia característicos de la vida estudiantil de antes de mediados del siglo XVII, así como la tutela ceñida del pupilaje y sus privilegiadas condiciones para dedicar tiempo al estudio desentendiéndose de las preocupaciones materiales hacían que muchos padres lo vieran como una inversión óptima7. Rodríguez-San Pedro concluye su estudio sobre los pupilajes salmantinos entre 1590 y 1630 indicando que el ambiente general, dentro de un amplio abanico de posibilidades, era sobrio, y que la alimentación, que representaba un alto porcentaje de los costes era la propia de un grupo asentado y privilegiado8.

No obstante, dentro del amplio espectro de posibilidades señalado había también lugar para la picaresca y el abuso. En los libros de Visitas de Pupilajes del Archivo Universitario de Salamanca se recogen quejas de pupilos sobre la escasez y mala calidad de la comida, la suciedad de las casas, el agua poca y turbia, la ropa mal lavada y la cicatería de los pupileros con las velas9. Por otra parte, los testimonios literarios concuerdan en ofrecer una visión negativa y caricaturesca de la vivencia pupilar: "Don Quijote hablará de la "estrecheza" de los pupilajes. El Guzmán de Alfarache de "la limitada y sutil ración" y de que "todo era tan limitado, tan poco y mal guisado como para estudiantes y en pupilaje". No mencionaremos los ayunos expresionistas del licenciado Cabra, pero sí aquella declaración del dr. Andrés Laguna sobre las numerosas lavativas de caldo de acelgas y mercuriales, aderezado de sal y orines para "los infelices vientres de aquellos pupilos infortunados, que jamás se vieron llenos sino de viandas pestilenciales"10.

"¡Ojalá loco y mudo me vuelva!" (v. 25: perturber grauiter stupens!) exclama el dr. Sánchez ante la tesitura de tener que recordar los lances de su vida de estudiante en Salamanca. Habla de sufrimientos, hambre y frío como característicos del pupilo (v. 29), así como de los engaños y sisas que debe soportar (v. 30). En medio de constantes disputas, la "sarnosa cuadrilla" y "furtivo linaje" debe apañárselas ratoneando en la despensa (vv. 31-32). Para huir del frío los pupilos deben refugiarse en la cocina en medio de un humo malsano (vv. 33-34), y a la hora de la comida, han de apresurarse para quedar lo más cerca posible del bachiller pupilero, el primero en ser servido, pues a los que quedan más lejos sólo les toca piltrafa y huesos (vv. 42-43). Hambre y suciedad es su compañía hasta la noche (vv. 54-60), en la que son comidos por pulgas, chinches y piojos bajo sábanas sucias y viejas que se rompen a las primeras de cambio (vv. 61-72). Pero el colmo de la desgracia acaece cuando se acaba el escaso dinero; entonces, uno, desengañado, entra en un convento; otro se marcha a Italia para culminar su infortunio; y otro, finalmente, desesperando ante la negativa paterna a socorrerle, se suicida (vv. 73-91). Sánchez considera, por tanto, como un mérito evidente haber podido sobrevivir, incluso físicamente, a tales y tantas penalidades en su camino al doctorado (vv. 92-94). La parte autobiográfica de epist. tiene como objeto el mostrar a su influyente destinatario la historia de un hombre que, partiendo de circunstancias desventajosas y hasta dramáticas, ha conseguido ascender en la escala académica y social, sin que le haya importado servirse para ello de artimañas picarescas -implícitas pero bien conocidas por el corresponsal-; y es ese mismo esfuerzo de medro social no siempre lícito el que basta para justificar, ante sí mismo y su corresponsal, su actuación contra el concejo local, que pretende menoscabar su nueva posición en la sociedad tan penosamente conseguida haciéndole pagar impuestos y privándole así de la característica básica de la nobleza (vv. 93-95). En consonancia con ello, el dr. Sánchez le pide a su antiguo condiscípulo que actúe en su favor ante instancias jurídicas superiores, recurriendo, si es preciso, a la mentira (vv. 118-120).

Su autobiografismo sitúa a epist. dentro de la moda testifical que, como afirma Lázaro Carreter11, se desarrolla en esta época en la literatura española, y de la que serán exponentes posteriores, en el formato autobiográfico, el "Cingar" del Baldo castellano12 (1542), y el Lazarillo (1554), aunque es con éste con el que epist. muestra mayores concomitancias -lo que no quiere decir que haya que suponer la menor influencia directa. El hispanista Bernhard König indicaba que el autor del Lazarillo había tomado su idea de contar la vida del protagonista en primera persona a un personaje más elevado en la escala social (al que se dirige genéricamente como Vuestra merced), del "Cingar" castellano, el único modelo con que podía contar en la literatura conocida del tiempo para confeccionar una biografía desde el nacimiento del personaje. Ésta era, en su opinión, una prueba decisiva para señalar la dependencia del Lazarillo del "Cingar", aunque advertía que en el Lazarillo la autobiografía tiene carácter epistolar, y en el "Cingar" carácter oral, como reminiscencia del contexto de narración oral que era propio de la primitiva épica (el Cíngar del Baldo hispano cuenta su vida a un grupo de caballeros oyentes)13. La macarronea de Sánchez tiene también forma epistolar, aunque el destinatario está bien identificado, claro está, por ser un personaje real, pero comparte con el del Lazarillo la preeminencia social sobre el escritor. El recuento de la vida de Sánchez no comienza, ciertamente, por el nacimiento ni por la infancia, aunque presenta un importante rasgo en común: las peripecias vitales del protagonista, contra lo que ocurre con "Cingar" y Guzmán de Alfarache, son consecuencia de las circunstancias externas, que llevan, tanto al dr. Sánchez como al pregonero de Toledo, a espabilar y asegurarse su sustento y una posición social honorable mediantes prácticas contrarias a la moral, que se plasman en el caso del Lazarillo en la forma de deshonra consentida. Lejos de avergonzarse de ellas, el real dr. Sánchez -pronto convertido en ejemplo literario mediante la transmisión manuscrita y la propia forma poética de su epístola-, y el imaginario Lazarillo se muestran orgullosos del rumbo que han dado a sus vidas venciendo incontables penalidades. Así se expresa claramente Lazarillo en su prólogo a petición de su corresponsal: "Y pues vuestra merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso, parecióme no tomarle por el medio, sino del principio, por que se tenga entera noticia de mi persona. Y también por que consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando salieron a buen puerto". Los corresponsales de ambos comparten, en fin, esta visión del mundo falta de escrúpulos morales, pues no tendría sentido, en tal caso, la sinceridad con que se les escribe; esto se hace más evidente en el caso de Francisco de Vargas, que no debería sentirse ofendido porque su amigo le pidiera una ayuda que fuera contra la verdad si era preciso.

Podemos concluir afirmando que la macarronea del dr. Sánchez se presenta como un curioso precedente -salvando las evidentes distancias-, de la técnica narrativa autobiográfica consagrada en la primera narración novelesca europea.



Ilustración: aula Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca (vía Internet)


1 Cf. R. L. KAGAN, o.c., p. 234.
2 Cf. A. M. CARABIAS, o.c., p. 308 y L. E. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO BEZARES, "Pupilajes, gobernaciones y casas de estudiantes en Salamanca (1590-1630)", Studia Historica, I, nº3, 1983, p. 201.
3 Cf. L. E. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, o.c., pp. 187-188. La necesidad de tal reglamentación minuciosa y severa fue, tal vez, propiciada por abusos como los que narra Sánchez en su epístola.
4 Cf. ib., pp. 188-190.
5 Cf. ib., p. 190.
6 Cf. R. L. KAGAN, o.c., pp. 236-237. Señala T. Santander que a partir de 1571 aumentó considerablemente el número de escolares procedentes de la diócesis de Jaén, que antes solían acudir a la Universidad de Baeza (cf. o.c., p. 58). Tal afluencia debía, por tanto, existir con anterioridad aunque en menor medida, de lo que es ejemplo el joven Diego Sánchez.
7 Cf. L. E. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, o.c., p. 190. El mismo autor cita un fragmento del Guzmán de Alfarache en que éste expone las razones por las que eligió un pupilaje para residir en Alcalá ("Con esto quedaba libre de todo género de cuidado. No me lo daba la comida ni el buscarla o proveerla, quedaba libre para sólo mi negocio y todo en todo"), a pesar del aparente incoveniente de tener que convivir con muchachos ("Híceme pupilo, teniendo por mejor tropellar con el qué dirán de ver a un jayán como yo, con tantas barbas como la mujer de Peñaranda, metido entre muchachos. Consolábame que también había entre nosotros algunos casi como yo y estábamos mezclados como garbanzos y chochos").
8 Cf. ib., p. 207.
9 Cf. ib., pp. 193-194. Kagan refiere abusos similares en pupilajes de Alcalá de Henares (cf. o.c., pp. 235-236).
10 Testimonios citados por Rodríguez-San Pedro, o.c., p. 193.
11 Cf. F. LÁZARO CARRETER, "¿Nueva luz...", p. 3.
12 Tal como fue versionado en Sevilla de forma anónima en 1542.

13 Cf. B. KÖNIG, "Margutte-Cingar...", pp. 303-304.

sábado, 13 de febrero de 2016

LOS ESTUDIOS DE MEDICINA EN EL SIGLO XVI Y EL CURSUS ACADÉMICO DEL DOCTOR DIEGO SÁNCHEZ




Quien deseara y tuviera posibilidades económicas, hacia el primer tercio del siglo XVI, para graduarse en medicina debía pasar una serie de pruebas y requisitos académicos. Era preciso, en primer lugar, superar una enseñanza secundaria que se llevaba a cabo en el "colegio" o "escuela de gramática", radicada en casi todos los municipios de más de 500 habitantes o en las facultades de gramática ligadas a las universidades. En tales escuelas la asignatura clave era la gramática latina, impartiéndose casi siempre por el texto escrito por Antonio de Nebrija a finales del siglo anterior. Tal formación latina no comenzaba normalmente antes de los ocho o nueve años, o al menos no antes de que el niño dominara los rudimentos básicos de la lectura y la escritura en la lengua materna, y su duración era de cuatro a seis años. La formación clerical, militar o vocacional llevaba, en numerosas ocasiones, a que el estudio del latín se iniciara en la adolescencia e incluso en la edad adulta. Esta larga, difícil y rigurosa educación, como señala Kagan, era obligatoria para los estudiantes que deseaban entrar en la Iglesia y proseguir estudios universitarios en una de las disciplinas superiores de abogacía, medicina, filosofía o teología1.

Una vez cumplidos estos estudios de Gramática y Latinidad, el aspirante a iniciar estudios universitarios debía realizar un examen previo acreditativo de haber superado los estudios elementales. Si lo superaba, podía acceder a las Facultades de Cánones, Leyes y Artes, pues para poder cursar Medicina o Teología, se exigía ser antes bachiller en la Facultad de Artes2. Para obtener tal grado eran necesarios tres cursos en Súmulas, Lógica Magna y Filosofía en dicha Facultad3. En Salamanca se exigía tener probados los cursos de Artes para poder cursar medicina, y tener el grado de bachiller en Artes para poder obtener el grado de bachiller en Medicina, estando terminantemente prohibido simultanear los estudios de Artes y Medicina4.

La constitución XVI de Martín V (1422) señalaba que para obtener el grado de bachiller en Medicina en Salamanca era preciso, como ya se ha dicho, ser bachiller en Artes, haber oído Medicina durante cuatro años o la mayor parte de ellos, y haber leído públicamente diez lecciones. El escolar, con dos testigos idóneos, tenía que acreditar ante el Rector sus cursos y lecciones. Hecha la probanza, el grado de bachiller lo confería un doctor o maestro, elegido por el escolar. La recepción del grado de bachiller tenía lugar en el General de la Facultad, después de responder públicamente sobre una determinada cuestión5. Este grado era el exigido para curar por el Tribunal del Protomedicato6 y bastaba para acceder a las cátedras.

La misma Constitución establecía que entre el grado de bachiller y la licenciatura en el Estudio salmantino tenían que mediar cuatro cursos de lectura y en cualquiera de dichos años realizar prácticas de Medicina durante cuatro meses. El bachiller aspirante a licenciado tenía que sustentar además públicamente varios actos, llamados repeticiones, presididos por el padrino. El grado de licenciado significaba tener licencia para hacerse doctor "quando quisiere e por bien tubiere". El grado de doctor era, pues, de pura ceremonia, y suponía gastos muy cuantiosos para el doctorando, que tenía que sufragar un costoso ceremonial, al alcance de muy pocos bolsillos, en el que figuraban banquetes, regalos y corridas de toros7.

Dentro del tono autobiográfico de epist., Diego Sánchez hace alusiones a su curriculum académico. Afirma, en primer lugar, haber salido "filósofo", "sofista" y "matemático" por la Universidad de Salamanca, lo que no es más que un modo perifrástico de referirse al grado de bachiller en Artes8 (vv. 8-9). Casi inmediatamente dice haber obtenido las insignias del doctorado en Lérida (v. 13). Hasta ahí nada anormal: podría sobreentenderse por obvia la obtención del grado de bachiller y licenciado en Medicina; el hecho de que marchara a Lérida para doctorarse puede explicarse por los cuantiosos gastos que suponía tal graduación en Salamanca. Tales traslados no resultaban, por otra parte, extraños en la época9. La sorpresa surge al consultar los datos existentes sobre Diego Sánchez en el Archivo Universitario de Salamanca. Entre los cinco escolares médicos con este nombre que recoge Teresa Santander en su recopilación10 (nn. 2896-2900), el único que puede necesariamente encajar con los datos del Archivo Municipal de Marchena es el número 2896 "SÁNCHEZ, Diego. Probó [20-IV-1532] todos sus cursos y lecciones en Medicina (Lib. 543 f. 8)"11. Resulta, con todo, inverosímil que se encontrara un año después en la villa sevillana ejerciendo la medicina con el título de doctor. Ciertamente, los cursos de lectura del licenciamiento eran fácilmente dispensados mediante un breve pontificio, pero aun así debía mediar el plazo de cuatro años exigido por las Constituciones12. Al hecho evidente de que no se mencione ningún grado de licenciamiento a nombre de Diego Sánchez en los libros de registros salmantinos debe anteponerse otro más revelador, y es que no figura en dichos libros que nuestro Diego Sánchez nº. 2896 obtuviera el grado de bachiller en Medicina en Salamanca. En tales casos, tras la preceptiva probanza de curso aparecía la fecha de consecución del grado y el nombre del doctor que lo otorgaba. Ejemplo de esto pueden ser los nn. 2901 "SÁNCHEZ, Francisco. Probó: 24-VII-[1535] todos sus cursos en Medicina y diez lecciones (Lib. 548 f. 130). Grado de Bachiller en Medicina: 28-VII-1535 con el Dr. Antonio de la Parra (Lib. 548 f. 130)" o el 2902 "SÁNCHEZ PUERTO CARRERO, Francisco: Natural de Alcántara. Probó: 21-VIII-[1538] todos sus cursos en Medicina y lecciones con un testimonio de Alcalá; grado de Bachiller en Medicina en Salamanca: 21-VIII-1538 con el Dr. Juan de Aguilera (Lib. 553 f. 100v)".

Pensamos que la situación de Sánchez es la misma a la que se aludió en el claustro pleno de la Universidad de Salamanca de 15 de febrero de 1560 en el que se propuso llevar a la Corte, entre otros asuntos, el de los que oían Cánones y Leyes al mismo tiempo "y en la Facultad de Medicina, adonde hay mas peligro, hacen lo mismo, oyen artes y medezina en un tiempo y hacen cursos de pratica y prueban en esta Universidad los cursos de artes y hazense bachilleres, y en el mismo tiempo prueban los cursos de medezina y pratica antel Provisor o Corregidor y vanse a otra Universidad a hazerse bachilleres en medezina, contra las Constituciones desta Universidad, porque no se le cuentan los cursos de medezina hasta que no son graduados en artes, y con esto se van a curar, no siendo dotos, ni pudiendo ser graduados [...]"13. Parece, así, evidente que Sánchez no pudo obtener el grado de bachiller en Salamanca por haber simultaneado los estudios de Artes con los de Medicina, y ésta es la razón de su marcha de la universidad salmantina. Otra cuestión es cómo consiguió el título de doctor.

Ya se ha señalado que los elevados costes de los títulos de las universidades de Alcalá, Salamanca y Valladolid llevaba a muchos a graduarse en una universidad "provincial" más barata14, a veces carente de cátedras de medicina: "Así, todos los años un cierto número de estudiantes superiores de Salamanca y Valladolid se trasladaba a Santiago de Compostela, universidad mucho más aislada. Y lo mismo sucedía en gran medida en Oñate. Esta universidad, además, convirtió en norma matricular a bachilleres de otras universidades un día y concederles títulos al siguiente. Y como parte sustancial de los ingresos de los profesores de Oñate provenía de las costas de graduación, siempre resultaba interesante tolerar estas prácticas. Hacia el siglo XVIII, se sabía que un cierto número de universidades entre ellas Oñate, Osuna, Irache y Almagro, vendía sus títulos"15. En la sinceridad implícita con que Diego Sánchez se dirige a su probable ex condiscípulo salta de su bachilleramiento en Artes a la búsqueda de las insignias del doctorado, motivo por el que se desplazó a Lérida. Parece indiscutible que, llegado allí, Sánchez presentó la probanza de sus cursos de medicina para graduarse en el Estudio leridano. Ignoramos cómo, pero sólo una práctica fraudulenta y fruto de la venalidad por parte de dicha universidad puede explicar la obtención del doctorado por parte de Sánchez en un plazo tan breve. Lérida era una de las universidades de la Corona de Aragón, junto con la de Huesca y Barcelona, fundada antes de 147416. Su Estudio de medicina le hacía la competencia al de Barcelona, y en ella se formaron médicos tan destacados como Pedro de Oleza y Rovira17. La razón de que allí recabara Sánchez, pudo, acaso, haberse dilucidado durante su época de estudiante salmantino: Hombre despierto, sin duda, y dotado de don de gentes, debió conseguir información satisfactoria al respecto entre los no pocos estudiantes catalano-aragoneses que se desplazaban a Salamanca para obtener el título de bachiller, y se incorporaban luego a las universidades de su tierra para obtener los grados superiores18. La falta de escrúpulos y el deseo de medrar presiden, pues, el cursus académico del joven Sánchez. La justificación de tal proceder se significa en la descripción que hace en epist. de su vida estudiantil en Salamanca.







Ilustración: placa sobre el dintel de la antigua facultad de medicina de la universidad de Salamanca



1 RICHARD L. KAGAN, Universidad y sociedad en la España moderna, Tecnos, 1981, pp. 74-75.
2 Cf. A. Mª. CARABIAS, o.c., p. 282. Utilizando estadísticas confeccionadas con datos de los registros de matrícula de la Universidad de Alcalá de 1550-51 en adelante, Kagan estudia la edad de los estudiantes quinientistas: "Los jóvenes menores de veinte años eran poco numerosos y los más comunes eran los de edades comprendidas entre los veinte y los treinta años, pero la edad mediana a la que los estudiantes se matriculaban por primera vez era de dieciocho años. [...] Las facultades profesionales superiores enseñaban a muchachos que eran algo mayores que los inscritos en artes, pero aquí también la edad mediana estaba en descenso. La edad mediana de los estudiantes de derecho canónico en Alcalá -desde los estudiantes de primer año hasta los de quinto- era de veinticuatro años en 1550, pero sólo de 18 en 1700, un salto de seis años en siglo y medio" (cf. o.c., p. 218).
3 Carabias Torres desgrana el plan de estudios de la facultad de artes salmantina, donde "se enseñaban solamente las ciencias filosóficas, de forma que el resto de las disciplinas que tradicionalmente componían el conjunto de las artes liberales se explicaban en cátedras independientes. Se leía a Pedro Hispano y sus "Summulae Logicales" en la cátedra de súmulas, texto tradicional que fue suplantado a lo largo del siglo XVI por los de Soto y Báñez, así como por los de Aristóteles, los propios para la enseñanza de la lógica. El catedrático de filosofía natural explicaba por los textos aristotélicos "De Coelo", "De Generatione", y "De anima" y por los de metafísica; el de filosofía moral la ética del estagirita, su política y su tratado de economía; en la cátedra de físicos, por la física aristotélica. Había también dos cátedras de prima de gramática, en las que se seguía a Laurencio Valla ("Elegantiae linguae latinae") y a un poeta latino que solía ser Séneca o Virgilio. Tres cátedras de griego, respectivamente para menores, medianos y mayores; y la controvertida cátedra de tres lenguas, dedicada al hebreo, caldeo y árabe, cuya enseñanza en Salamanca fue muy irregular. En la cátedra de astrología se explicaba la esfera armilar (instrumento astronómico habitual, que se describe como formado por varios arcos o anillos circulares de metal o madera que representan los de la esfera celeste y en cuyo centro se coloca una esfera más pequeña representando la tierra), la teoría de los planetas, el uso de las tablas astronómicas, el astrolabio, el almagesto de Ptolomeo y los epítomes de Copérnico [...] Por fin estaba la cátedra de música, en la que, según el plan de Covarrubias [1561], tenía que explicarse diariamente música práctica y especulativa" (cf. o.c., pp. 288-289).
4 Cf. TERESA SANTANDER RODRÍGUEZ, Escolares médicos en Salamanca (siglo XVI), Salamanca 1984, pp. 23-24.
5 Cf. ib., pp. 18-19, 23.
6 Esta institución creada por los Reyes Católicos en 1477 otorgaba la autorización necesaria para ejercer a los bachilleres médicos, por medio de la concesión de "cartas de examen, y aprobación y licencia", así como se ocupaba de la represión de quienes ejercían sin licencia. Sobre este tribunal y su evolución legal cf. L. S. GRANJEL, o.c., pp. 74-78.
7 Sobre los grados de licenciado y doctor y su ceremonial y gastos en Salamanca cf. T. SANTANDER, o.c., pp. 42-56. Mª Jesús Pérez Ibáñez (cf. El humanismo médico del siglo XVI en la Universidad de Salamanca, Universidad, Valladolid 1997, p. 39 n. 75) indica que de 6926 matriculados en Medicina en Salamanca a lo largo del siglo XVI sólo 1047 alcanzan el grado de Bachiller, el de Licenciado 116 y 40 el de Doctor.
8 Cf. supra n. 18.
9 Kagan (cf. o.c., p. 255) recoge el testimonio de Suárez de Figueroa, autor de principios del siglo XVII, que escribía: "El gasto de Salamanca en los grados es excesivo, y por eso los pobres huimos de él, nos vamos a lo barato". Ciertamente, "sólo unos cuantos conseguían los grados avanzados de licenciatura y doctorado. Su elevado coste era una de las razones para ello. En las universidades más pequeñas, una licenciatura o un doctorado en una de las facultades superiores costaba hasta 500 o 600 reales, debido a los gastos de matrícula y a los regalos, banquetes y desfiles que el graduado estaba obligado a ofrecer. Estos títulos costaban mucho más en Alcalá, Salamanca y Valladolid" (cf. ib., p. 245).
10 La obra citada de Santander "comprende una relación nominal de quienes durante el siglo XVI se matricularon, probaron sus cursos y se graduaron de Bachilleres, Licenciados y Doctores en la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca" (p. 11). La autora maneja, entre otra documentación, los libros de matrícula del Archivo Universitario salmantino, que remontan al curso 1546-47, y los libros de cursos y bachilleramientos, cuyo ejemplar más antiguo (lib. 541) conservado es del curso 1525-1527.
11 Cf. ib., p. 340. Los otros escolares con este nombre figuran como matriculados en medicina con posterioridad a 1552.
12 Cf. ib., p. 42.
13 Cit. por T. SANTANDER, o.c., p. 24.
14 Cf. supra n. 24.
15 Cf. R. L. KAGAN, o.c., p. 255.
16 Cf. ib., p. 107.
17 Cf. L. S. GRANJEL, o.c., pp. 20, 42.

18 V. DE LA FUENTE, Historia de las Universidades, II 145 (nota) cit. por T. SANTANDER, o.c., p. 58 n. 65 señalaba que los aragoneses de la cuenca del Ebro y las Comunidades propendían a ir a Alcalá, mientras que los del alto Aragón más bien a Salamanca.