CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

viernes, 7 de abril de 2017

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE BALDO: EL ENGAÑO DEL HÉROE (V, 1-121)





A Giorgio Bernardi Perini



A instigación de Tognazzo, el tirano de Mantua decide atraer al paladín a la ciudad con una añagaza.



Una vez más el rey mismo a sabios había llamado,
por un consejo tener de palacio en tácita parte,
y toman la decisión, atados por juramento,
de capturar al guerrero, si pueden, con fuerza o engaño.
No piensan en enviar la vil chusma de los esbirros,                          5
pues saben, y tienen por cierto, y habían probado a menudo
que con tres porrazos hacíalos picadillo.
¿Qué deciden entonces? Se busca el tirano un propio
entre los asistentes, que a cambio de una moneda
con las espaldas se oponga a bastones y zurriagazos.                      10
Éste a Baldo debe buscar, del senado una carta
mostrando, para que, vista la majestad del sigilo,
que espejo es de la libertad y de la justicia,
confíe, y la mosca caiga al final en la telaraña.
El correveidile, que se llamaba Spingarda, vestía                             15
todo como suele adornarse un mensajero:
cúbrese con un sombrerito, la fusta en la mano,
y el corto manto de fieltro, orlado aposta de fango;
la trompetilla a diestra, y una bizaza1 a la izquierda
le cuelga, y en una escuálida mula raudo cabalga.                            20
Pensando empero a menudo a dónde se arriesga con trolas,
es presa del pánico, tiembla como azogado, y entonces
arrepentido, querría no haberse metido en tal lío,
habiendo bien conocido, y bien probado antaño
cuán hábil es la mano de Baldo en zurrar la badana.                        25
Héte aquí que lo ve a lo lejos, teniendo entonces
de la traílla2 un perro, por entre el husmeo de bracos3;
y con sus camaradas, Falchetto, Cíngar y otros
ya corre una liebre, ya desaloja una zorra, e incluso
harto destripa los jabalíes dentados con chuzos.                              30 
Ya muerto de miedo, Spingarda calzones del todo llenara,
dáse, empero, ánimo, espuela picando a la mula.
Baldo lo ve, y ávido de novedades se para;
Cíngar entonces prepárase a robar el jamelgo.
Llegando el propio, desmonta de la mula al abrigo,                          35
mete la mano en la bolsa, y de entre mil otras la carta
saca, y besando el sigilo de cera, como es costumbre,
dála a Baldo, y finge querer proseguir su camino.
Baldo le dice: "¿de qué te viene una prisa tan grande?
Bebe al menos una vez, y refresca tu jaca".                                    40
Responde: "órdenes tengo de estar en Milán en tres horas.
Vuestra Merced su tenor, empero, lea completo;
esperaré un momento, si acaso queréis dar respuesta."
"De acuerdo", dice Baldo; lleva aparte a su gente,
a quienes lee un escrito así de emperifollado:                                 45
"Salve, guerrero, de nuestra ciudad toda y sola esperanza.
Ha poco sabemos (tras "ha poco", "ahora" y "ya mismo")
de los senadores y de la gente sagaz de San Marco4,
cómo dieciocho mil germanos ya preparados
tiene Can Mastino5, furioso y malvado tirano,                                  50
para hombres matar, y meter a saco las tierras,
o asolar las viviendas, y arder la mies en el campo.
Y porque socorro a San Marco con nuestra gente de armas
asaz hemos dado, hasta que fue tomada Verona,
donde Mastino delle Scale se enseñoreaba,                                    55
quien contra nosotros su cólera a desfogar se prepara.
Manda cuarenta banderas (que Dios a todos confunda);
quizás a saco nos metan antes que pasen tres días.
La decisión se ha tomado: conviene armar a la gente,
y a ti capitán elegido te hemos: Sordello a esta                             60
empresa te ensalza, sea que se precise dotar las
murallas con las bombardas, y con grandes bastiones,
y excavar trincheras, o ir prontamente a Bolonia,
y de bolonienses y de toda la gente de la Romaña
traer soldados, cuyo valor para ti es conocido6.                             65
Quieren, empero, que nada se sepa, pues los espías
mal de espiar en su arte progresan, si nada conocen.
Ven a nosotros, pues, apenas leas la carta,
mas solo, y calla el asunto, y no lo reveles a nadie".
Así de entrada, Baldo queda maravillado,                                     70
nada dice, y ráscase la cabeza pensando.
Cíngar, más que todos los viejos zorros astuto,
intuye en el acto un engaño, y que hay, piensa, gato encerrado.
Mira a Spingarda clavando sus ojos en toda su cara;
luego dice: "¡eh, tú! ¿en la ciudad que preparan?,                        75
¿qué hacen?". Spingarda, su miedo ocultando con disimulo,
así responde: "Nuestro Consejo prepara las armas,
y a toda prisa dase soldada a muchos infantes;
y ya bombardean a plena potencia el castillo de Goito7;
habéis oído quizás de mañana los cañonazos.                              80
De Riva di Trento8 ha bajado un hatajo tal de borrachos,
y han del monte Baldo9 las altas cumbres pasado.
Han atravesado el lago, a Salò finalmente llegando;
allí parte a tierra bajó, otra parte quedó en las naves.
La tierra es alfombra de armas, el lago, ciudades y el monte.        85
De aquí seis mil infantes queman cuanto encuentran;
cruzan, pues, el lago de Garda sin resistencia.
Llenaron barcas, llenaron chalanas, al par de gabarras,
y a éstos no les plantó batalla el fortín de Manerba10,
que, a fuerza de cañonazos, en torno de ella los tábanos             90
puede quitarse, pero ahora la vil ha dudado,
y llena de miedo, finge tener que hacer otras cosas;
y, aunque pudiera haber destruido la flota germana,
hízose la tonta, y se rascó la barriga.
Sirmión11 se hizo un ovillo cual cría de codornices,                      95
cuando oye del gavilán que resuenan los cascabeles;
y aunque tenga esta isla gruesos escollos,
su vil cagalera a Sirmión volviola gallofa.
Ni Desenzano, ni Rivoltella un tiro han pegado,
ni tampoco Pescheria12, madre del Mincio de Mantua.                100
Mohosas siguieron las baterías del fuerte en Monega13,
y no se enfrentó Padenghe14 con la belicosa mesnada,
y las murallas temblaron en hondo del viejo Lonato15.
Mas Solferino16, que es catapulta sobre alta montaña,
queriendo oponerse, audaz inconsciente, a los germanos,          105
Se arrepintió y pagó temeraria la pena debida.
Piedras abajo empezó la turba de los lugareños
a lanzar, porque los lansquenetes17 arriba no fueran.
Pasaron al fin a cuchillo a éstos, tan desdichados,
y como azufre prendió aquella tal plaza fuerte,                          110
que llamaremos aún rectamente como Solferino,
pues incendiada ardió igual que si fósforo18 fuera,
y grande fogata volviose para una magna llanura.
La renombrada Cavriana no hizo el menor movimiento.
Volta19 dispuso treinta barricas de buena garnacha,                  115
que a los tudescos mandó en la idea de emborracharlos,
y gracias a ésta calmó la furia del mar de tudescos.
La sola ciudad de Goito, do mora el noble Sordello,
no quiere en modo alguno dejar pasar a las tropas;
es más, dotada de buenos soldados, y de vituallas,                  120
de día y de noche fuego escupe, y bombazos arría".






1Alforja de cuero
2Cuerda o correa con que se lleva atado al perro a las cacerías, para soltarlo a su tiempo.
3Perro perdiguero, muy apreciado en la caza por su habilidad para seguir pistas.
4La República de Venecia.
5M. Chiesa considera que puede tratarse de Mastino II della Scala (1308-1351), señor de Verona desde 1329, que guerreó contra Venecia, aunque fue Mastino I el contemporáneo de Sordello.
6Señala Chiesa que los mercenarios romañolos eran muy reputados, especialmente los de Brisighella.
7Feudo de Sordello.
8Ciudad en la orilla septentrional del lago de Garda (Faccioli).
9Cordillera montañosa sobre la orilla oriental del Garda (Faccioli).
10Localidad al sur de Salò.
11Castillo y burgo sobre la península homónima, patria del poeta Catulo.
12Todos tres burgos ribereños del Garda; es, por otra parte, en Peschiera que el río Mincio toma su nombre.
13Burgo ribereño al sur de Salò.
14Burgo ribereño al norte de Desenzano.
15Burgo al sudoeste de Desenzano.
16Burgo al norte de Cavriana.
17Soldado de la infantería alemana.
18Quam Solpharinum merito chiamabimus ancum, / nam solpharini de more incensa brusavit.

19cf. I, 505




Imagen: Ferdinand Hodler, Le guerrier furieux.

domingo, 26 de marzo de 2017

GIORGIO BERNARDI PERINI. In memoriam.




El pasado 18 de febrero falleció de manera imprevista el insigne latinista Giorgio Bernardi Perini en Mantua a los 87 años de edad. Profesor emérito de la Universidad de Padua y expresidente de la Accademia Nazionale Virgiliana de Mantua, fue, asimismo, uno de los más grandes especialistas en Teófilo Folengo, el Vergilius macaronicus. Su pasión folenguiana le llevó a traducir la Zanitonella, a escribir numerosos estudios, y a fundar la asociación Amici di Merlin Cocai, en la que promovió la reedición facsímil de las obras macarrónicas folenguianas, así como la creación de la revista Quaderni Folenghiani, que dirigió durante mucho tiempo.
Mi relación epistolar con él comenzó en torno a 2002, aunque ya llevaba tiempo leyendo sus escritos para la elaboración de mi tesis sobre la poesía macarrónica en España. Me habían galvanizado sus palabras sobre la naturaleza del filólogo folenguista, escritas para el congreso folenguiano de 1977: 'folenghista' sta per una figura tutta speciale, che deve riunire competenze diverse e talora antitetiche: di filologo classico, umanistico, e moderno, e che possa cementare questo coacervo di requisiti con una sicura dose di dialettologia settentrionale, specialmente mantovana. Se a tale identikit corrisponda oggi come oggi una figura realmente esistente, francamente non saprei dire, lo que me permitió valorar más justamente ante mí mismo el alcance del trabajo que estaba yo realizando. Nunca podré agradecerle al maestro su amabilidad al permitirme publicar en los Quaderni Folenghiani en varias ocasiones, y al enviarme sus libros y artículos recientes, todo lo cual ha sido un verdadero refuerzo moral para el humilde filólogo folenguista que soy.
Lamento profundamente no haberlo conocido en persona; sólo pude hablar con él una vez por teléfono, a través del de otro querido amigo desaparecido, Silvano Bassi, en Verona, hace un par de años en la ocasión de la presentación de mi edición de la obra histórica de Torello Saraina, amablemente organizada por éste y por Otello Fabris, presidente de la asociación Amici di Merlin Cocai. Me sorprendió la fortaleza de su voz, y su ánimo, a pesar de encontrarse en una situación familiar delicada, por la enfermedad de su mujer.

Paz y gloria al maestro.

sábado, 24 de diciembre de 2016

ZAMBELLO Y TOGNAZZO (Baldus V, 4, 160-367)




Zambello entretanto ya era un hombre hecho y derecho.                   160
Zambello, nacido de Berto y de su madre Tontina1,
que era tenido como sangre y hermano de Baldo.
Él también mujer desposara, Lena de nombre,
y tío Tognazzo fue el instigador de tal casamiento.
Este Zambello más que una bocha2 era redondo,                               165
y agudo como la mano de almirez de la ajada;
todo cuanto ganaba con la azada y arado,
gastábalo Baldo en ventorros, y cuentas de la taberna.
Sin gastos mirar en la mesa, Baldo quiere cabritos,
coallas3, faisanes, presas de gavilanes y azores;                                170
Zambello, en cambio, ajo y fuertes cebollas apenas
come, y conténtase con lamer rara vez la escudilla.
Si fuera por Baldo, no dormiría siquiera de noche,
tras obligarlo a deslomarse de día en el campo.
Aquél, trabajando, de qué comer apenas tenía,                                  175
Baldo, remoloneando, la bolsa y dineros tenía.
El pobre hombre a alguien querría contar sus desdichas,
mas teme que el acostumbrado bastón las espaldas le mida,
que cada tarde su chepa probaba camino de casa.
Así pues, cierto día solo solito en el campo                                        180
él trabajaba con gran esfuerzo sobre sus judías.
Febo apuntaba apenas por las vicentinas montañas4,
y de comer el deseo ya atormentaba a Zambello,
que en su barriga ruido hacer a sus tripas vacías
siente, y por el estómago fuertes rugidos de hambre.                         185
Mas dado que ninguna alforja cuelga del olmo,
do haya al menos un cacho de pan mohoso o de queso,
mas dado que ninguna bota de vino aguado,
con el que pueda al menos mojar su boca reseca,
tira lejos la azada, y, desesperado, del hondo                                     190
del pecho suelta un suspiro por detrás y delante.
Rascando después la cabeza con diestra, y el culo con zurda
(el vientre saciar no pudiendo, sus uñas quiere ahítas),
farfulla entre dientes, en baja voz masculla palabras,
y barbotea igual que una olla de nabos hirviendo.                               195
Blasfema, su boca maldice, y dedica denuestos a Baldo;
de hecho, tiene el ombligo hundido hacia la espalda.
Sin ya poder más, al fin gritó tal a grandes voces:
"¡ay, a ver si revientas!, ¡ay, que el diablo te lleve!,
¡ay de mi estómago, ay de mi panza, ay de mis tripas!                        200
¿siempre así callaré?, ¿moriré así de hambre canina?,
¿me angustiaré, desdichado?, ¿ninguna ayuda me busco?,
¿qué desgracia mayor puede ahora acaecerme,
si, ¡puta mierda!, voy a contar a otros mis penas?
Sea; me machacará la espalda el tirano canalla.                                  205
¿No me la machacará, y sigue, empero, haciéndolo,
sólo teniendo ganas de algo decir de lo mío?
Encontraré finalmente quien me libre de cierto
de tantos desfallecimientos, putadas y desventuras.
¿A quién hallarás en fin? Ninguno se encuentra, te digo,                       210
nadie que quiera la vida jugarse contra los tiranos.
La horca hallarás que sea el final de los sinsabores.
¡Ay! A mí todos me apartan, todos a mí me rechazan;
porque llevo un gabán desgastado y remendado,
ninguna gorra cubre la mi cabeza tiñosa,                                             215
ningún calzón recubre mis posaderas desnudas,
y en fin, ni una calza barata lleva mi pierna,
en cambio, en mis rotos zapatos ventanas hallaron mis dedos;
en mi bolsa no hay ni una puta moneda,
con la que pueda comprar un mendrugo de pan hecho moho,                220
con la que el barbero quiera a mí los piojos cortarme,
que, de jabón privado, me atacan de día y de noche.
Asco doy al pueblo, la gente me toma a chacota,
soy el hazmerreír de los locos, y el vaina de nuestra Cipada.
No faltan hombres bien avisados que danme consejos,                          225
pero faltan quienes se dignen prestarme una ayudita.
Todos médicos son, pero su medicina la niegan;
todos amigos son, mas de amigo a su plato no tengo.
Soy rico, todos a dar la vida por mí están listos;
soy pobre, nadie a gastar un duro por mí está listo."                             230
Tal decía, cuando a lo lejos pasando a Tognazzo
ve oportunamente, para contarle sus penas.
Es éste el famoso anciano, padre de la patria, el Tognazzo
nacido en Cipada para el azote de sus malhechores.
Fue con frecuencia cónsul, y dictador de Cipada,                                   235
pues mañas se daba con las leyes senatoriales.
Quien fuera buscando de un Catón el consejo,
al punto se encaminaba a hablar al sabio Tognazzo.
Llevaba un birrete que usaban en tiempos de Maricastaña,
de cuyo pliegue cuelga un mogollón de escrituras.                                 240
Propio resulta de un cónsul llevar aquestos papeles,
de donde dáse a saber la ciencia de docta cabeza.
Recuerdo forma tal de birrete haberla a veces visto
de carnaval en las fiestas, y en tiempos de cuchufletas,
cuando máscaras pónense los bufones y memos.                                  245
De este birrete saca Tognazzo unas orejas,
tan llenas de mierda que mal bastaría un badil5 a limpiarlas.
Siempre tiene un moco colgando de sus narices,
de donde sale un olor que apesta como cagadero.
Le cae de los hombros giornea6 de terciopelo gastado,                          250
según la moda que usaba la gente de tiempos pasados.
Ésta apenas cubre las bragas en torno del culo.
Suele ponerse, como se usa, unas calzas abiertas,
y para tenerlas sujetas se sirve de dos imperdibles,
que cuando sopla el viento, descubre sus posaderas.                            255
Una escarcina7 en media vaina le cuelga a un lado,
con la que saca camisa a anguilas, y braga a las ranas.
Aunque tiene joroba, camina muy engallado,
y, caminando, lleva entrambos brazos en jarras,
por lo que parece una piñata8 de las de dos asas.                                 260
Y pavoneándose menea el trasero cual oca.
Hartas veces, empero, las bragas le hacen de guantes,
pues allí, cuando frío hace, calienta sus dedos.
A éste, pues, viendo, Zambello con ledo semblante
se acerca, corre deprisa, y grita: "¡Hola, Tognazzo!                               265
¡hola, Tognazzo! con vos deseo hablar un momento."
Aquél se da la vuelta con gravedad catoniana:
"¿Quién me llama?" -dice- "¡oh!, a ti, Zambello, buscaba;
ahora mismo objeto eras de mis pensamientos.
¿Qué ocurre? ¡te veo tan delgado, tan macilento!                                 270
¿aún comido no has?,¿aún no has bebido, Zambello?
Es de comer el momento, ¿dónde el carnero? ¡a verlo!"
"¡Ay!" -suspira Zambello- ¡ay, de mí, desdichado!
Pan no tengo, mira mi alforja del todo vacía,
vino no tengo, mira también mi bota vacía.                                         275
¡Oh, Dios, ojalá que así como yo comiesen el propio
Baldo y Berta, de mi hacienda devoradora!
¡Ah, cojones, con qué injusticias aquél me atormenta!
Con la autoridad ardo en deseos de hablar propiamente,
puede que ya no más me atribule aquel asesino.                                 280
Dame consejo: ¿hablaré?, ¿la cosa oportuna la encuentras?
Tognazzo, escupiendo su cólera y fuego por las narices,
responde:"¿oportuna la encuentro?,¿hablarás?, ¿y de mí solicitas
consejo que incluso tu propia azada habríate dado?
¡Oh, tontorrón, tontorrón!, pues loco estás de remate,                        285
¿Qué esperas aún, merluzo?, ¿qué?, ¿acaso el sustento,
acaso un bocado esperas de otra parte, bobazo?
No es uso, empero, de los hombres de ahora socorro
alguno prestar a los pobres, si premio no hay de por medio.
No obstante, habla en fin: ¿Qué hace aquel sinvergüenza?                  290
que sogas ciento merece, y un centenar de tenazas.
Di, amigo Zambello, habla, ¡venga!, no llores,
confía siempre tus pensamientos a viejos sagaces,
que pueden darte el consejo de su sapienza probada.
Sabes con cuán estrecho afecto estamos ligados,                               295
sabes que siempre te llevo pegado a mis entretelas."
Zambello replica: "tienes, Tognazzo, razón por entero.
Pero, sentémonos antes, te ruego, en esta umbría,
que no nos vea por malaventura aquél discurriendo,
y piense que despotricamos de sus malvadas empresas,                     300
y te caliente sin miramientos a bastonazos.
No lo digo por mí, que acostumbrado a tales
palos estoy, y tengo ya duras estas costillas."
Tognazzo arrugando los huecos de sus narices furiosos:
"¿Qué cuchicheas? -dice-, ¿acaso parezco un don nadie,                     305
y un cobardica a ti?, a mí la pujanza de Baldo
entera ni un mínimo pelo de barba podría arrancarme.
Tenga cuidado consigo, y donde sepa que paro
no ose sus pasos encaminar o volver la mirada.
Tal charlatán, aunque tenga la fama de a muchos cargarse,                310
digo, aunque tenga la fama de todo aplastar en bravatas,
a éste, empero, y otros parejos no estimo una higa.
Si no hay hechos y sólo palabras, en éstas me cago,
y digo que son cobardes los perros ladrando a la luna.
Estos matones llevan espadas ceñidas al flanco,                                315
mas justo cuando llega el momento de desenvainarlas,
oponen talones, y dan la espalda en vez de la cara.
Éstos adornan sus gorros con tremolante penacho,
que cubren un ojo, sea el derecho, o bien el izquierdo;
tajos cien les dan a sus calzas9 en torno a sus muslos,                       320
y llevan casacas de corta talla, y capas pequeñas10,
porque se vea sus piernas cubiertas de terciopelo,
y daga bresciana con un cordón de oro ligada.
Nada, empero, de pan hay que tengan dentro de casa.
Entran a veces en grupo en las tabernas los jaques,                           325
y con terrible estropicio asaltan pesados bocales,
y expugnan el vino griego a vasos, y el corso11 a garrafas.
De aquí, pues, de aquí tenemos aquellas sonoras
palabras de la bravata, como: "sagrada, la puta,
coño, reniego de dioses", y muchas y más de los jaques,                    330
las que pueden espanto dar incluso al cielo.
Ahora, esto lo dejo de lado, pero a aquellos
todos haré vaciar las tripas sin lavativas.
No te vengo con cuentos, sé lo que llevo en el pecho."
Zambello, rascándose la roña, de la que abunda,                               335
empieza: "¡Ay, Dios mío!, que muerto soy, Padre mío!
No tengo tiempo de darte cuenta de tantos manejos.
Esto solamente quiero decirte, que Baldo
nos hace morir de hambre a mí, mi mujer y mis hijos.
Siempre yo me mato a cavar, a hilar mi parienta,                              340
a pastorear la marrana los niños; ni azada, ni rueca,
ni puerca, empero, nos valen; todo Baldo devora,
todo Berta agarra para ella misma y sus hijos.
Cuando vuelvo a casa con brazos entumecidos,
pensando encontrar alguna cosa puesta de cena,                              345
primero las buenas tardes me da un bastón portanudos.
Sólo como patadas en panza, y puños maduros,
y la paciencia me presta una extraña cuchara,
pues el bellaco dame de palos hasta hartarse,
y con un garrote ayuda Berta a su marido.                                        350
¿Por qué -me dice- regresas a casa tan tempranito?"
Luego de nuevo me pegan, me descalabran, y aterran:
éstos mis víveres son, tal cena se me prepara,
y buen remedio no hallé de curar mis carnes menguadas.
Lena, viendo tantas ofensas, se araña con uñas                                 355
la jeta y sus trenzas, y golpes se da también en la panza.
Yo mismo duermo, igual que un mastín, encima de paja,
ése reposa con su esposa sobre mi lecho.
Ayuda, te ruego, y esclavo tuyo seré para siempre,
y un quesito de leche, y un pan hecho de mantequilla                        360
a cambio de este favor robaré para hacerte regalo."
Al cual Tognazzo responde: "Razón tienes toda, Zambello,
y una gran compasión por ti, pobrecito, yo siento.
Ahora esta encomienda déjamela a mí toda;
haré que aquél ladrón no te cause jamás más perjuicio."                    365
Tras esto decir, se va a la ciudad con harta presteza
Tognazzo, y torna de su azadón al trabajo Zambello.
















1Zambellus Berto natus et matre Tonella. "El nombre de la mujer de Berto y madre de Zambello es Dina (v. III, 63-4); aquí Tonella no es nombre propio, sino que está por "tonta", según un uso de la Italia septentrional" (Chiesa).
2Bola de madera de mediano tamaño usada en el juego de bochas.
3Codornices.
4Se trata de los montes Béricos, al nordeste de Mantua (Chiesa).
5Quas male sufficerent plenas nettare badilus. Paleta de hierro o de otro metal.
6Cascat de spallis frusti zorneia veluti. Término al que no encuentro una equivalencia exacta en español. Designa una sobrevesta amplia abierta por los lados con el fin de dejar ver la ropa que cubre; ya estaba en desuso a comienzos del siglo XVI (Chiesa).
7Espada corta y corva, a modo de alfanje.
8Especie de olla panzuda.
9Según la moda española de las calzas acuchilladas (Chiesa).
10También a la moda española.

11v. I 503 y 511

domingo, 16 de octubre de 2016

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE BALDO. LOS COMPAÑEROS DE BALDO: CÍNGAR Y FALCHETTO (Baldus V, 4, 81-146)




De Baldo el segundo de los compañeros llamábase Cíngar;
Cíngar escapahorcas, estafador y precito,
pícaro, aflojabolsas, siempre al engaño dispuesto.
Chupado de cara, mas puro músculo el cuerpo restante,
veloz en andar y en hablar, veloz en meterse a la obra,                         85
con la cabeza siempre descubierta y toda rapada.
Maestro en befas y bufas hacer, y engaños y burlas,
jugando con su expresión formaba miles de caras,
y bizqueando creaba los más variados mohínes.
Rara vez la verdad decía, y era mal guía;                                             90
pues a quien le preguntaba cuál era el camino correcto,
lo desviaba hacia las garras de sus camaradas.
Siempre llevaba consigo una especie de alforja,
que de ganzúas estaba llena y de sordas tenazas,
con las que de noche cerrada en las tiendas más abastecidas                95
entraba, cargando de género bueno a sus compinches.
Despoja altares de iglesia, y silencioso se mete
en los almacenes y en los gualdarropas de las sacristías.
¡Oh, cuántas veces revienta diestro aquella cajita,
de donde el cura saca la ofrenda de nuevas capillas,                            100
o más bien para comprarle vestidos a la criada.
Tres veces encarcelado al patíbulo había subido,                       
y sobre éste con el verdugo ya preparado,
y a punto de ser colgado, y la pata estirar en el aire,
siempre por Baldo armado, y de los suyos acompañado,                      105
era salvado y sacado a la fuerza de entre los esbirros.
Éste luego tornaba deprisa a su arte primera;
por la cual de nuevo lo capturaba el justicia, y a Mantua
entrando con cuerdas atado entre mil malandrines
de espontones1 mohosos armados y lanzas jinetas2,                           110
al punto reconocido, todo el pueblo y toda
la gente de los negocios a los cuatro vientos gritaba:
"Mira que viene el diablo, a nadie deja tranquilo;
como ladrón despojó los altares de san Francisco3,
el sinvergüenza lleva encima de sí mil condenas,                                115
robó a los frailes de san Cristóbal un cerdo partido
en dos, y de ocas en salazón alguna tinaja.
Frutas no deja en vergeles, ni berzas perdona a las huertas,
ni en los gallineros respeta gallinas, ni los capones.
Ha descalabrado un cura, y a un sacristán ha dejado                          120
molido a puñadas, quitándoles de continuo su yegua".
Así le insulta el populacho, más él para nada
atiende los gritos del vulgo con ademán impasible.
Y mientras lo llevan a la prisión, y la horca aparejan,
mientras se espera sin más que al ladrón cuelguen por la mañana,      125
de noche rompe cerrojos, y arranca del muro ladrillos,
hace en la cárcel un buco, y torna a robar los colmados.
Baldo siempre lo amó sobre todos sus camaradas,
pues su raza de la simiente formó de Margutte4.
¿En fin, qué diré de ti, Falchetto5 de la doble hechura,                        130
quien también por Baldo dar la vida juraras?
Diré, mas a muchos pareceré quizás mentiroso,
cuando diré lo que yo con mis propias gafas he visto.
Vi yo a Falchetto nacido con doble naturaleza,
porque hasta el culo aspecto de hombre tenía,                                  135
y desde allí a la cola forma de galgo se daba.
No sé, mi buen e ingenuo lector, si entiendes la cosa;
direlo con más claridad: comía con diente de hombre,
y con las tripas de un mastín lo comido cagaba;
por eso, un corredor velocísimo era, que incluso                                140
corzos cazaba, así como liebres, y ciervos huidizos.
Puesto que hombre y moloso6 era a partes iguales,
a éste muchos reyes, papas y grandes señores
querían tenerlo en sus propias cortes con grandes honores;
en el favor de reyes y papas cagándose en cambio,                           145
sólo con Baldo duerme, bebe, y toma alimento.






1Lanza rematada por una punta de hierro en forma de corazón.
2cf. v. 30
3Iglesia y monasterio de san Francisco, en la parte norte de la ciudad (Faccioli).
4Margutte es compañero de Morgante en la obra de Pulci.
5El propio Folengo en la red. T y el Chaos presenta a Pulicane, personaje de los Reali di Francia, medio hombre y medio perro, como antepasado de Falchetto (Chiesa).

6Raza de perro procedente de Molosia.