CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

martes, 8 de agosto de 2017

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE BALDO: Baldo capturado es llevado a presencia del tirano Gaioffo (V, 420-467)




Estaba patas arriba Mantua de tiempo por esa                               420
gran trapatiesta: el pueblo acude, y la hez de la plebe,
y no conociendo la causa, temblando, viene con armas.
Se jactan mientras de haber los esbirros vencido a Baldo,
y a las Señorías lo condujeron encadenado.
Dice entonces Gaioffo: "¡mal seas hallado, tunante!                        425
todas las cuerdas con que se arrastra una nave de Génova,
apenas fueron bastantes a doblegar tu violencia.
Este es ya el momento en que debes pagar el escote,
y justo es que dé de sí tu cuello en la horca."
No dígnase Baldo en darle ninguna respuesta al tirano,                   430
y el hombre magnánimo responder no desea al villano,
pero se reconcome en su corazón indignado.
Al punto, de sus heridas mana un gran lago de sangre,
y de esos mastuerzos ninguno allí con piedad se conmueve,
para ligar al menos sus venas ya faltas de sangre,                          435
y para llamar a algún cirujano experto en su ciencia.
En tanto, vuelve Tognazzo al sitio dando de voces,
descubierta la testa, sudando, maltrecho y su misma
joroba de friccionarse no deja, a palos medida.
Brama, y con sus enormes gritos rompe los techos;                        440
suplica que se le dé castigo en el acto al ribaldo,
y que al momento lo cuelguen del balcón más alzado,
por dar ejemplo con el ladronazo a otros ladrones.
Todos entonces están que revientan de risa sin freno,
viendo a un carcamal jorobado, y viejo cascado                              445
aparecer igual que, al representarse comedias,
muéstrase en los entreactos algo ridículo.
Ése se enjuga la frente con la camisa que cuelga,
y al muro pegado, se frota la espalda igual que un asnillo.
Cuidase, empero, de no acercarse mucho a Baldo.                          450
Pues teme que incluso encadenado se le abalance.
Manda el pretor entretanto que Baldo en lo más escondido
del gran torreón ligado sea de pies y de manos.
Así se llevan pues al desdichado que baja la vista,
al que circunda en redor y de cerca una selva de armas;                 455
pues seguro no tienen que capturar a tamaño
y tan importante hombre no ponga en pie a Cidapa,
y toda la población de Barbasso y la gente en Garolda1.
Más preocupa, empero, que la fuerza tenaz de Fracasso
levanta sospechas, quien todo el lugar de Poletto2 domina.              460
A Baldo, en fin, de la tierra en el centro, y Satán en el culo   
lo encierran, y ni de la luz del sol, ni lucerna un adarme
tiene, y tanta es la angostura de su mazmorra,
que no parece cárcel sino sepulcro podrido.
Allí gusanos, y sapos, ratones con escorpiones                                465
le hacen de compañeros, y juntos pasan la vida,
juntos se cambian razones, comen y duermen al tiempo.





1Burbassique omnes populos gentemque Garoldae. Pueblos al sudeste de Mantua (Faccioli).

2Suspecta est, cui tota subest campagna Poletti. Poletto es otro pueblo al sudeste de Mantua (Faccioli).

viernes, 7 de julio de 2017

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO": LA CAPTURA DE BALDO (V, 154-370)





Desafiando el peligro de una posible emboscada, Baldo se presenta en el palacio de Mantua, donde es atacado por una muchedumbre encabezada por Tognazzo. Desarmado y herido de lejos, resiste heroicamente hasta que, derribado a traición y agotado de sus heridas, es apresado.



Ya del paladín se acercaba la portentosa figura:
todos temblaron mientras de lejos venía el guerrero.                   155
Viene solo, seguido sólo de un paje menudo.
Sube ya los mil escalones del magno palacio,
y entra en una sala capaz de albergar mucha gente.
Ruido allí y tremebundo estruendo oídos atruenan,
pues allá se trataban todos los tejemanejes.                               160
La innúmera turba de los notarios trescientos ocupa
bancos, emborronando de tinta resmas1 y resmas.
Acusaciones, y "citación", su severa palabra,
redactan, y vacían las bolsas de aquellos ilusos
que, metiéndose en pleitos, esperan ganar el litigio;                   165
y nunca, empero, mitiga la fiebre de la esperanza.
Muchos asuntos aquí ventilan diversas escuadras:
venteros, judíos, y campesinos a fuerza traídos,
esbirros, y corredores, vistas2 y de los nobles
procuradores, a más de rufianes y de bagasas3.                         170
La silla del juez se ve rodeada por la turbamulta.
Los abogados a gritos quebrantan el alto techado,
nada más hacen que Imolas, Giasones, Bartolos y Porcos4
citar en cólera, y zaherirse con dardos verbales;
mil villanías se intercambian sin contemplaciones,                      175
pero no son flechas, ni arcabuces palabras,
pues más que nunca después de hablarse resultan amigos,
y mutuamente regálanse con opíparas cenas.
De los campesinos corren ujieres por las fianzas,
y bastonazos muchas veces reciben por prenda.                         180
Vense rústicos por la mañana sin las azadas
dando vueltas por toda la plaza con papelotes.
Fulano denuncia, zutano demanda, mengano es prendido.          
Forzados se ven a vaciar sus bolsas de pocos reales;
pues si no desembolsan, los mandan sin más a la cárcel.             185
Sólo se mueven aquí por aquello que llena la bolsa.
A todos apremia en verdad la pasión desmedida de lucro.
Llega Baldo, en quien de Reinaldo la ardida presencia
brillaba, e hizo temblar de arriba abajo el palacio.
Viera la entera ciudad de armados soldados repleta,                   190
lista para atraparle por meterse en la trampa,
o bien esperándolo para ponerse a sus órdenes.
En su interior desconfía, y mira mucho a los lados.
¡Ay! pues nocivas son las traiciones a los campeadores,
quienes filan derriban sin orden en un solo ataque,                    195
pero basta un traidor solo para vencerlos con trampas.
Igual que el león que fiero muerde jabatos y osos,
a veces lo mata el mínimo diente de la comadreja.
Había un hombre escondido tras una gruesa columna,
y vigilando a Baldo, la respiración contenía;                              200
de hecho así el tirano había urdido la trampa,
y un premio bastante grande habíale prometido.
Apenas había, pues, pasado Baldo la puerta,
hete que el traidorzuelo le iba detrás de puntillas,
como de noche el ladrón suele andar calzado de fieltro;            205
sobre la punta digo que de sus dedos andaba
doblado, y mientras con suma cautela de Baldo el costado
izquierdo rebasa, el puño ve de su espada mostrado,
y afuera saliendo, bien al alcance de las sus garras.
Presto, pues, estira la mano sin ser notado,                             210
y con la presteza con que un gato ratones atrapa,
así sacó la espada del interior de su vaina.
Pero la buena fortuna de los traidores es breve,
no dura mucho tiempo la suerte de los desleales.
Huyendo aquél cargado de un tamaño tesoro,                          215
mientras piensa que libre está de todo peligro,
hete que Baldo se pone a correr, y alcanza al ribaldo,
al que una patada da con tanta rabia en el culo,
que el mísero, en vuelo por una ventana por caso abierta,
cayó de cabeza de una altura de más de cien pasos,                220
y encima del empedrado quedó como una tortilla.
Mas este fin vergonzoso fue poco útil a Baldo,
pues al mismo tiempo perdió al esbirro y la espada5.
Entonces un seguacillo se lanza, y sacando una daga,
osa, el majareta, atacar a tamaño guerrero.                           225
Mas Baldo, saltando atrás, y luego adelante ligero,
le dio puñada tal a éste en la oreja derecha,
que todos los dientes cedieron de las entrambas mandíbulas,
y éste, cayendo redondo, rompióse la testa en el suelo.
En ese momento álzase en armas la turba bravosa,                230
al descubierto queda el engaño, y la estratagema,
gritan: "¡eh, venga!, ¡dale y para, en guardia, recula!
Al fin la corneja vieja presa ya está en el visco6;
cayó el ratón en la trampa; ¡quieto, carne de horca!
Quieto pues cual ladrón deseamos ponerte grilletes".             235
Así aullando se amontonan encima de Baldo
con trancas, viguetas, con los bastones, y con garrotes.
El desdichado Baldo ve que ayuda no tiene,
y no tiene siquiera por caso ni medio zurriago,
y bastonazos sin cuento recibe de aquella canalla.                 240
Así como puede, saltando de un lado y de otro, resiste,
y da tremebundas, mientras va por el aire, puñadas,
y baba sanguinolenta salió de su boca rabiosa.
Ya había volcado todos los bancos de los notarios,
y a muchos había cascado el molondro tirando tinteros.         245
Tognazzo, que ya al estrépito había aguzado el oído,
hete que por la puerta entra seguido de esbirros.
Al punto allí desenvainan mil espadas de vainas,
que silban en torno a Baldo, y al rededor lo circundan.
Mas él saltando fuera de un salto así se libera.                      250
Tognazzo, su escarcina7 empuñando, llega el primero,
y ataca el primero a Baldo, así gritando su boca:
"¡Quieto! Estás ahora donde nunca pensabas,
¡date preso, bandido!, ¡quieto, digo, ribaldo!,
¡ríndete a mí!, ¿de qué bravuconeas aún esta hora?              255
¡ríndete a mí!, si no, te tiro una estocada."
Baldo, tal escuchando, escupe negro veneno,
y se reconcome de cólera en su pecho indignado.
De un portador de vino se pone al lado entre tanto,
al que de un puñetazo tumba aturdido por tierra,                 260
y de sus manos toma con fuerza la barra de roble8;
con que sintiéndose asaz firme, salta adelante,
y con la mano izquierda calando celada en la frente,
y cofia9 de hierro a la que, ligera, cubría un birrete,
y con la diestra el bastón empuñando, espumante la boca,   265
a aquéllos de entorno empezó los moscones a espantarles.
Poco a poco se hace fuerte en cantón bien seguro:
igual que el oso lleno de garras cuando de muchos
canes corsos10 y lanzas jinetas11 se ve rodeado;
de pronto divisa anguloso rincón apto para defensa,            270
que por la fuerza toma, y allí, firme, garras filosas
blande, de modo que nunca se pueda desalojarlo;
así hace aquel guerrero curtido en batallas sin número,
al que, empero, a fuer de mosquetes y de ballestas
de lejos avizorando podrían haber liquidado,                       275
mas vivo quiérelo el Podestà12 a toda costa en sus manos,
porque cien muertes padezca al hondo de torre Predella13;
Tognazzo le grita: "¿Por qué todavía, tunante, resistes?
Mira que ya de la horca el lazo tienes al cuello.
Ni de Fracasso la fuerza, ni de Cíngar astucias                    280
pueden prestarte ayuda, ni todo el vigor de tu raza."
Así se expresa, y blande su daga con todo su empeño,
que no habría quitado la vida de un cuerpo de pulga.
Repélela Baldo, empero, con su bastón esgrimiendo.
Responde aquél, furibundo, a reveses y tornavirones;         285
mas Baldo que esgrima, como doctor en el arte, enseñaba,
mientras Tognazzo insiste en atacarlo en tal modo,
con el robusto bastón asestó un revés imponente,
y en cien pedazos voló hecha añicos su breve escarcina14;
por lo que Tognazzo dale la espalda en huida, mas Baldo    290
le limpia de polvo la chepa machacándole a palos.
El tal a gritos se desgañita: "¡ay!, ¡presto, ayuda!,
¡ay, mi cabeza!, ¡mis hombros!, ¡ay, que me muelen la espalda!"
Más en cólera, empero, Baldo a placer le apalea,
y en nada piensa que darle una tunda a Tognazzo no sea;  295
éste huye, y mientras quiere bajar la larga escalera,
entonces Baldo patada le da en su espalda gibosa,
por la que rueda aquel desgraciado al peldaño primero,
y de la sala hasta el fondo giró igual que una bocha15;
con tal caída rompiose del pecho la grande costilla.           300
Mas para que Baldo no huyera, seguíalo toda la gente,
a quien volviéndose ya, a dar bastonazos con ambas
manos se apresta; como cuando en tiempo de estío
llevando a la boca con harta frecuencia el villano la bota,
menea los brazos robustos, y vuelto así un forzudo,          305
saltar hace granos de las espigas de trigo batidas.
Allí quebranta hombros, sesos, brazos, y piernas,
y hace volar fragmentos de lanzas al elevado
artesonado áulico, "tic, tac" sonando su tranca.
En medio de aquéllos salta, hiere, embiste, derriba,          310
se gira en redor como rueda redonda de los molinos.
Mas viene escuadra de gente más grande de lo que se usaba,
de azagayas un bosque tira, y no cesa al guerrero
de, desarmado, lanzarle con gran barahunda venablos.
¡ay! ¿cuál puede ser el vigor en un cuerpo cansado?         315
Ya de escapar a Baldo esperanza poca quedaba;
la mente invicta, empero, no por ningún aunque grande
miedo de muerte sucumbe, con tal que la vida se embarque en
empresas dignas de ser celebradas con loas eternas.
Es lo adecuado al ladrón con razón dar el cuello a la soga, 320
eslo del batelero ahogarse, y ser pasto de peces,
eslo del mercader perder tras la bolsa la vida,
eslo de los prelados morir a diamante molido16,
eslo de los pordioseros volverse festín de piojos,
así también del soldado es honor y fama gloriosa              325
no corromperse en el juego y el vino, y con putas refeas,
si no por picas mil, o guerras, o alborotos,
cien, si tantas tiene, vidas dar por la gloria.
Mira de Baldo también de lanzas y espadas calado
su cuerpo, y a modo de un hontanar sus heridas un río     330
de sangre echan fuera; la cual derramada, el vigor a cansados
músculos ya desampara, y como candela que arde
poco a poco, al fin llegada al verde17 se apaga.
Cuanto, empero, agita su tranca, a uno desloma,
y de vez en cuando dos hombres (no digo bocales),          335
y sobre los muertos de mil moribundos hace una pila.
Seis horas y más en aquella guerra perseverara,
Baldo a quien más y más el valor con bravura espolea.
Huyen todos al fin de los golpes de su garrote,
y muchos perros a sus espaldas parece que tienen.          340
Sorprende que de un brazo tan duro la fuerza así tanto
intacto guardara el garrote con que afrontó la batalla;
pero igual que la cuerda se rompe de tanto estirarla,
así al final sucumbe la tranca a la harta fatiga.
Mientras el paladín poderoso sobre la cabeza                   345
a un gigantesco gañán golpea con todas sus fuerzas,
y lo despachurra al modo de un requesón tiernecito,
la maza saliole volando, ciento hecha pedazos.
En ese momento todos le asaltan, se agolpan, y a Baldo
ya desarmado, y ya de heridas doquiera cubierto             350
quieren cogerlo: cárganlo de cadenas y cuerdas,
y lo envuelven, taimados, en una maraña de nudos.
El rey apremia y muchos padres de los del senado
animan a los esbirros, gritando: "¡cogedlo con vida!,
¡con vida tenedlo!, ¡sea llevado a la cárcel con vida!,       355
¡con vida lo descuartizen!, ¡y al fin que lo quemen con vida!"
Baldo, empero, se enciende rojo de ira en su rostro,
y a nada atiende, y no otra cosa tiene en la mente,
sino romper con sus dientes y uñas cuerdas y lazos,
que ve infinitos tender en torno de su persona.               360
Al fin por una pierna lo agarran; de la manera
que los estableros intentan con mucho sudor a un caballo
terrible por sus mordiscos y coces tumbar boca arriba,
y los asistentes se pasan de mano en mano las cuerdas,
y el jaco cae supino, doquier fuertemente ligado,            365
y ya no puede más dar de coces el empecinado,
así a Baldo lo prenden; primero, con dolo por una
pierna por detrás, y por la otra presto, y al punto
le cargan hombros, brazos y pies de cadenas un ciento,
con las que lo ligan desde el cuello hasta los calcaños.    370











1Conjunto de veinte manos de papel.
2Sbirros, sensaros, daciaros nobiliumque. Empleado de aduanas a cuyo cargo está el control de las mercancías.
3Sollicitatores, rofianos atque bagassas. Prostituta.
4Nil nisi Iasones, Imolas et Bartola, Porcos. Enumeración de juristas: Giason del Maino (1435-1519), Alessandro da Imola (1424-1477), Bartolo da Sassoferrato (1313-1357) y Gian Cristoforo Porco (s. XV) (Chiesa).
5Zeugma con perdere: qui pariter sbirrum pariter quoque perdidit ensem.
6Ad vischium cornacchia vetus iam denique presa est. El visco es una masa para cazar pájaros.
7Véase IV, 256.
8Deque suis manibus mazzam de robore scarpat. Aquélla en la que se apoyaba el portador de vino al caminar, según Chiesa.
9Secretamque illam, quam finam bretta tegebat. Birrete almohadillado, a veces con armadura de hierro, que se llevaba debajo del yelmo.
10Famosos por su ferocidad (Chiesa).
11Véase IV, 30.
12Sed vivum in manibus vult illum omnino Potestas. El podestà era el nombre dado al primer magistrado en las ciudades del centro y norte de Italia.
13Véase II, 408.
14cf. supra v. 251
15Ac usque in fundum rigolavit more borella. La bocha es una bola de madera usada en el juego homónimo.
16Est praelatorum trito diamante necari. Véase II, 328.

17Paulatim ad virdum tandem arrivata stuatur. La base de las candelas se pintaba de verde (Chiesa).

domingo, 11 de junio de 2017

OTELLO FABRIS EN CÁDIZ





 Otello Fabris bajo una estatua del escritor gaditano Columela




Del miércoles 7 al sábado 10 de junio se ha encontrado en Cádiz, Otello Fabris, presidente de la Associazione Internazionale per gli Studi Folenghiani para promover la creación de un grupo de investigación sobre la poesía macarrónica europea y extraeuropea. De la parte española participará el Departamento de Filología Clásica de la Universidad de Cádiz, dirigido por el prof. D. José María Maestre Maestre, y la dirección científica de dicho grupo corresponderá al doctor D. José Miguel Domínguez Leal, quien esto escribe, antiguo discípulo de éste y socio senior de la Associazione Amici di Merlin Cocai, autor, asimismo, de la tesis doctoral inédita La poesía macarrónica en España, y de numerosas publicaciones sobre ésta y la influencia de Teófilo Folengo en España.
Durante su estancia en Cádiz, el sr. Fabris fue amablemente agasajado por el prof. Maestre, (en cuya compañía puede vérsele en las fotos siguientes), quien le reveló algunos de los secretos de la trimilenaria ciudad con su inagotable erudición.

































El conocimiento gastronómico de la ciudad tampoco fue descuidado, y tuvo su broche de oro con una cena en El Faro, el restaurante más reputado de la ciudad. Se intercambiaron obras publicadas por la Associazione Amici di Merlin Cocai y el Departamento de Filología Clásica de la Universidad de Cádiz, y se reafirmaron ambas partes en la voluntad de realizar coediciones de obras sobre la literatura macarrónica.











































Fue, por mi parte y la de mi mujer, Lola, un placer y un honor acoger en Cádiz a un amigo tan amable y querido como Otello, al que acompañamos a algunos rincones emblemáticos de la ciudad desde el punto de vista gastronómico y cultural, como el bar El cañón, el Café Royalty, la taberna La Sorpresa, el típico desayuno con churros en la Plaza de las Flores el yacimiento arqueológico Gadir, y de salazones, así como una visita al teatro romano de Cádiz y diversas iglesias. Fue especialmente emotivo para Otello poder pasar bajo las murallas que cruzó su admirado Pietro Querini en 1431.



viernes, 7 de abril de 2017

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE BALDO: EL ENGAÑO DEL HÉROE (V, 1-121)





A Giorgio Bernardi Perini



A instigación de Tognazzo, el tirano de Mantua decide atraer al paladín a la ciudad con una añagaza.



Una vez más el rey mismo a sabios había llamado,
por un consejo tener de palacio en tácita parte,
y toman la decisión, atados por juramento,
de capturar al guerrero, si pueden, con fuerza o engaño.
No piensan en enviar la vil chusma de los esbirros,                          5
pues saben, y tienen por cierto, y habían probado a menudo
que con tres porrazos hacíalos picadillo.
¿Qué deciden entonces? Se busca el tirano un propio
entre los asistentes, que a cambio de una moneda
con las espaldas se oponga a bastones y zurriagazos.                      10
Éste a Baldo debe buscar, del senado una carta
mostrando, para que, vista la majestad del sigilo,
que espejo es de la libertad y de la justicia,
confíe, y la mosca caiga al final en la telaraña.
El correveidile, que se llamaba Spingarda, vestía                             15
todo como suele adornarse un mensajero:
cúbrese con un sombrerito, la fusta en la mano,
y el corto manto de fieltro, orlado aposta de fango;
la trompetilla a diestra, y una bizaza1 a la izquierda
le cuelga, y en una escuálida mula raudo cabalga.                            20
Pensando empero a menudo a dónde se arriesga con trolas,
es presa del pánico, tiembla como azogado, y entonces
arrepentido, querría no haberse metido en tal lío,
habiendo bien conocido, y bien probado antaño
cuán hábil es la mano de Baldo en zurrar la badana.                        25
Héte aquí que lo ve a lo lejos, teniendo entonces
de la traílla2 un perro, por entre el husmeo de bracos3;
y con sus camaradas, Falchetto, Cíngar y otros
ya corre una liebre, ya desaloja una zorra, e incluso
harto destripa los jabalíes dentados con chuzos.                              30 
Ya muerto de miedo, Spingarda calzones del todo llenara,
dáse, empero, ánimo, espuela picando a la mula.
Baldo lo ve, y ávido de novedades se para;
Cíngar entonces prepárase a robar el jamelgo.
Llegando el propio, desmonta de la mula al abrigo,                          35
mete la mano en la bolsa, y de entre mil otras la carta
saca, y besando el sigilo de cera, como es costumbre,
dála a Baldo, y finge querer proseguir su camino.
Baldo le dice: "¿de qué te viene una prisa tan grande?
Bebe al menos una vez, y refresca tu jaca".                                    40
Responde: "órdenes tengo de estar en Milán en tres horas.
Vuestra Merced su tenor, empero, lea completo;
esperaré un momento, si acaso queréis dar respuesta."
"De acuerdo", dice Baldo; lleva aparte a su gente,
a quienes lee un escrito así de emperifollado:                                 45
"Salve, guerrero, de nuestra ciudad toda y sola esperanza.
Ha poco sabemos (tras "ha poco", "ahora" y "ya mismo")
de los senadores y de la gente sagaz de San Marco4,
cómo dieciocho mil germanos ya preparados
tiene Can Mastino5, furioso y malvado tirano,                                  50
para hombres matar, y meter a saco las tierras,
o asolar las viviendas, y arder la mies en el campo.
Y porque socorro a San Marco con nuestra gente de armas
asaz hemos dado, hasta que fue tomada Verona,
donde Mastino delle Scale se enseñoreaba,                                    55
quien contra nosotros su cólera a desfogar se prepara.
Manda cuarenta banderas (que Dios a todos confunda);
quizás a saco nos metan antes que pasen tres días.
La decisión se ha tomado: conviene armar a la gente,
y a ti capitán elegido te hemos: Sordello a esta                             60
empresa te ensalza, sea que se precise dotar las
murallas con las bombardas, y con grandes bastiones,
y excavar trincheras, o ir prontamente a Bolonia,
y de bolonienses y de toda la gente de la Romaña
traer soldados, cuyo valor para ti es conocido6.                             65
Quieren, empero, que nada se sepa, pues los espías
mal de espiar en su arte progresan, si nada conocen.
Ven a nosotros, pues, apenas leas la carta,
mas solo, y calla el asunto, y no lo reveles a nadie".
Así de entrada, Baldo queda maravillado,                                     70
nada dice, y ráscase la cabeza pensando.
Cíngar, más que todos los viejos zorros astuto,
intuye en el acto un engaño, y que hay, piensa, gato encerrado.
Mira a Spingarda clavando sus ojos en toda su cara;
luego dice: "¡eh, tú! ¿en la ciudad que preparan?,                        75
¿qué hacen?". Spingarda, su miedo ocultando con disimulo,
así responde: "Nuestro Consejo prepara las armas,
y a toda prisa dase soldada a muchos infantes;
y ya bombardean a plena potencia el castillo de Goito7;
habéis oído quizás de mañana los cañonazos.                              80
De Riva di Trento8 ha bajado un hatajo tal de borrachos,
y han del monte Baldo9 las altas cumbres pasado.
Han atravesado el lago, a Salò finalmente llegando;
allí parte a tierra bajó, otra parte quedó en las naves.
La tierra es alfombra de armas, el lago, ciudades y el monte.        85
De aquí seis mil infantes queman cuanto encuentran;
cruzan, pues, el lago de Garda sin resistencia.
Llenaron barcas, llenaron chalanas, al par de gabarras,
y a éstos no les plantó batalla el fortín de Manerba10,
que, a fuerza de cañonazos, en torno de ella los tábanos             90
puede quitarse, pero ahora la vil ha dudado,
y llena de miedo, finge tener que hacer otras cosas;
y, aunque pudiera haber destruido la flota germana,
hízose la tonta, y se rascó la barriga.
Sirmión11 se hizo un ovillo cual cría de codornices,                      95
cuando oye del gavilán que resuenan los cascabeles;
y aunque tenga esta isla gruesos escollos,
su vil cagalera a Sirmión volviola gallofa.
Ni Desenzano, ni Rivoltella un tiro han pegado,
ni tampoco Pescheria12, madre del Mincio de Mantua.                100
Mohosas siguieron las baterías del fuerte en Monega13,
y no se enfrentó Padenghe14 con la belicosa mesnada,
y las murallas temblaron en hondo del viejo Lonato15.
Mas Solferino16, que es catapulta sobre alta montaña,
queriendo oponerse, audaz inconsciente, a los germanos,          105
Se arrepintió y pagó temeraria la pena debida.
Piedras abajo empezó la turba de los lugareños
a lanzar, porque los lansquenetes17 arriba no fueran.
Pasaron al fin a cuchillo a éstos, tan desdichados,
y como azufre prendió aquella tal plaza fuerte,                          110
que llamaremos aún rectamente como Solferino,
pues incendiada ardió igual que si fósforo18 fuera,
y grande fogata volviose para una magna llanura.
La renombrada Cavriana no hizo el menor movimiento.
Volta19 dispuso treinta barricas de buena garnacha,                  115
que a los tudescos mandó en la idea de emborracharlos,
y gracias a ésta calmó la furia del mar de tudescos.
La sola ciudad de Goito, do mora el noble Sordello,
no quiere en modo alguno dejar pasar a las tropas;
es más, dotada de buenos soldados, y de vituallas,                  120
de día y de noche fuego escupe, y bombazos arría".






1Alforja de cuero
2Cuerda o correa con que se lleva atado al perro a las cacerías, para soltarlo a su tiempo.
3Perro perdiguero, muy apreciado en la caza por su habilidad para seguir pistas.
4La República de Venecia.
5M. Chiesa considera que puede tratarse de Mastino II della Scala (1308-1351), señor de Verona desde 1329, que guerreó contra Venecia, aunque fue Mastino I el contemporáneo de Sordello.
6Señala Chiesa que los mercenarios romañolos eran muy reputados, especialmente los de Brisighella.
7Feudo de Sordello.
8Ciudad en la orilla septentrional del lago de Garda (Faccioli).
9Cordillera montañosa sobre la orilla oriental del Garda (Faccioli).
10Localidad al sur de Salò.
11Castillo y burgo sobre la península homónima, patria del poeta Catulo.
12Todos tres burgos ribereños del Garda; es, por otra parte, en Peschiera que el río Mincio toma su nombre.
13Burgo ribereño al sur de Salò.
14Burgo ribereño al norte de Desenzano.
15Burgo al sudoeste de Desenzano.
16Burgo al norte de Cavriana.
17Soldado de la infantería alemana.
18Quam Solpharinum merito chiamabimus ancum, / nam solpharini de more incensa brusavit.

19cf. I, 505




Imagen: Ferdinand Hodler, Le guerrier furieux.