CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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sábado, 7 de julio de 2012

LA FUNCIÓN DEL LATÍN EN EL HÍBRIDO MACARRÓNICO (II)


Desdiciéndose de sus planteamientos anteriores, Cesare Segre afirma en el mismo año1 la imposibilidad de aplicar las concepciones de Bakhtin a la obra folenguiana, pues, aunque ciertamente latín y dialecto son las voces de ambientes y culturas distintas, por un lado, el desfase cronológico entre ambos quita a su choque parte de su potencial conflictivo social, y por otro, Folengo no aparece nunca como portavoz o defensor del mundo popular y su cultura2.

Folengo, en opinión de Segre, se mueve del terreno del latín al del dialecto, no viceversa. Considera que para ello basta reflexionar en las consecuencias de la función englobante y directiva que tiene el latín en el macarroneo folenguiano. Analizando estos versos elegidos al azar:

Nil fuit ad tantam nostra haec pancera feritam,
Saepe licet steterit schioppetti salda balottae
(Baldus V I, 229-230)

Nada valió la coraza nuestra en tan grande impacto,
Aunque aguantara a menudo de la escopeta las balas.

Segre señala que el ‘shock’ producido por términos como pancera, schioppetti y balottae es en cierto modo atenuado, además de por su entrada en el ritmo del hexámetro, por la participación en hipérbatos (“tantam nostra haec pancera”, “schioppetti salda balottae”), característicos del discurso poético latino. Ve, en suma, dos fases casi sincrónicas: una primera de sorpresa, y otra de homologación3.

Y eso no es todo, según Segre: “En los momentos de emoción o de arrebato polémico, Folengo no busca sus armas en el vulgar, sino en el latín. En estos casos, el dialecto no asume la función de desmistificar por dentro al latín; a lo más, es el contraste entre la elaboración del estilo y la rusticidad o la virulencia de los contenidos lo que sirve para desplegar la labor de ruptura”4. Entre los que considera infinitos ejemplos posibles, cita el mensaje mandado por Tognazzo a Berta con las anáforas ininterrumpidas de quantas, quantos y quot, en número de trece, “mimesi di alta lirica per una comica affettività”5:

“Tognazzus mandat tibi tantas, Berta, salutes,
Quantos in coelo video de sera lusores,
Quantas cuncta foram buttant boscamina foias,
Quantas Millanus bene grassas vendit ofellas,
Quantos per Venetum spendunt cannalia bezzos,
Quot sanctitates peregrinis Roma palesat,
Quot vermocanos mandat Valtropia Bressae,
Quantas tota stryas Piamonti patria brusat,
Quantas consumant fratrum refetoria tortas,
Quantos in Napoli gens buttat ubique naranzos,
Quantos Cipadae piccat provincia ladros,
Quotve solent guastas spetiari vendere cosas,
Quot ve ladri zaffi, navaroli, stirpsque gabellae,
Quotve molinari robbant, ostique rapinant”.
(Baldus V VII, 151-164).

“Tognazzo a ti te manda, Berta, tantos saludos,
cuantas luces contemplo en el cielo durante la noche,
cuantas hojas se ven nacer en todos los bosques,
cuantos grasientos hojaldres pone Milán a la venta,
cuantas monedas gastan los maleantes del Véneto,
cuantas santidades en Roma ve el peregrino,
cuantas las modorras que envía la Val Trompia a Brescia,
cuantas brujas quema cabal piamontesa la patria,
cuantas tortas consumen los refectorios de frailes,
cuantas naranjas en Nápoles tira la gente doquiera,
cuantos ladrones cuelga en su provincia Cipada,
cuantas cosas podridas suelen vender los drogueros,
cuantos ladrones hay entre esbirros, fleteros y fieles,
cuantos molineros y taberneros roban”.

Análogas consideraciones podrían hacerse para los apuntes de polémica religiosa. La estupenda tirada siguente sobre el pulular de frailes y órdenes monásticas:

Tunc quia promptus erat, fratazzos iudicat esse
Illos qui renegant tonsuram mille fiatas.
“Unde diavol”, ait, “tanti venere capuzzi?
Non nisi per mundum video portare capuzzos.
Quisque volat fieri frater, vult quisque capuzzum.
Postquam giocarunt nummos, borsamque vodarunt,
Postquam pane caret cophinus, vinoque barillus,
In fratres properant, datur his extemplo capuzzus.
Undique sunt isti fratres, istique capuzzi:
Qui sint nescimus, discernere nemo valebit
Tantas vestarum foggias, tantos ve colores.
Sunt pas turchini, pars nigri, parsque morelli,
Pars bianchi, ruffi, pars grisi, parsque bretini.
Ipsorum tanta est passim variatio fratrum,
Quod male discerno quid Christi, quis Macometti.
Quantae stant coelo stellae, foiamina sylvis,
Tantae sunt normae fratrum, tantique capuzzi.
Si per iter vado terrarum, cerno capuzzos.
Si per iter pelagi, non mancum cerno capuzzos. 
Guardo per armatos campos, ibi cerno capuzzos.
Sive forum subeo, seu barcam, sive tavernam,
Protinus ante oculos aliquem mihi cerno capuzzum.
Nil nisi per stradas video trottare capuzzos.
Nonne satis bastat sapientis regula Christi?
Horum fratorum [sic] cumulatio tanta fiebit,
Quod sine soldatis christianica terra manebit,
Non erit aequoreis qui remum ducat in undis,
Non qui martellet ferrum, qui tecta covertet,
Non qui per terras cridet: “Oh spazza caminum”,
Non qui scarparum tiret cum dente coramum,
Non qui substigans asinum pronuntiet ari,
Non qui ventrazzos ad flumina portet onustos,
Non qui verghezet lanam, gucchietque berettas,
Non qui bagnificet barbas molletque rasoros,
Non qui formentum masinet, robbetque farinam,
Non qui porcellos castret, conzetque lavezos,
Non qui sit sguatarus, sitque ostus, sitque fachinus.
Hoc genus est hominum, qui quando in claustra serantur,
Quando lavorandi sibi tota fatica levatur,
Buttatisque viam strazzis nova cappa covertat,
Quando parecchiatam possunt invadere mensam,
Ac implere uteri saccum de pane bufetto,
O patria o mores, nihil est poltronius orbi
Talibus unde venit cunctorum fezza malorum;
Unde bonae gentes, personaeque unde galantae,
Sanguine nassutae claro, lettrisque pienae,
Tot tolerant scornos, tot afannos, totque malhoras,
Ut sit earundem reverentia nulla capuzzis,
Ut sit nunc monachi, fratresque, bonique romiti
Facti pro culpa poltronum fabula mundi”.
(Baldus V VIII 472-521).

“Entonces porque era despierto, juzgan que han sido frailuchos
de aquellos que reniegan de la tonsura mil veces.
“De dónde diablos –dice- vinieron tantas capuchas?
Por el mundo llevar no veo más que capuchas.
Todos volando a frailes, todos desean capucha.
Después de jugarse los cuartos, después que vaciaron la bolsa,
Después que falta el pan en el cesto y el vino en la cuba,
Corren donde los frailes, y tienen al punto capucha.
De todas partes son estos frailes y estas capuchas:
Ignoro quiénes son, distinguir no habrá quién alcance
Tantos de vestir los modos, y tantos colores;
Parte azulados son, parte negros, parte violáceos,
Parte blancos, robines, grises, parte gorritos. 
Es tan grande la variedad de estos frailes doquiera,
Que mal distingo quién es de Cristo, quién de Mahoma.
Cuantas estrellas hay en el cielo y hojas en bosques,
Tantas son las reglas de frailes y tantas capuchas.
Si recorro senderos del mundo, veo capuchas;
Si las estelas del mar, continúo viendo capuchas.
Miro por campos de tropas, allí sigo viendo capuchas.
Si voy a la plaza, a una barca, o una taberna,
Antes que otra cosa veo alguna capucha.
Por las calles no veo afanarse más que capuchas
¿no hay bastante con la regla de Cristo maestro?
El cúmulo de estos frailes a ser llegará tan enorme,
Que sin soldados se quedará la tierra cristiana,
No habrá quién el remo gobierne por entre las ondas marinas,
No quien martille el hierro, ni los techos recubra,
No quien “deshollinador” por el barrio vaya gritando,
No quien con diente estire el cuero de los zapatos,
No quien “arre” diga al asno que lleva aguijando,
No quien al río cargue las cestas de la basura,
No quien abatane la lana, ni haga birretes,
No quien remoje las barbas, ni quien afile navajas,
No quien muela el trigo, y harina ajena se guarde,
No quien castre marranos, ni quien componga marmitas,
No quien sea pinche, ventero, o mozo de cuerda.
Este es un tipo de hombres que cuando se encierra en el claustro,
Y se les quita de trabajar cualquiera fatiga,
Cuando tiran harapos, y nueva capa les cubre,
Cuando a una mesa puesta pueden lanzarse,
Y de tierno pan llenarse el saco del vientre,
¡oh patria!¡oh costumbres! No hay nada más vil en el mundo
que éstos de los que proviene la hez de todos los males;
por eso las buenas gentes, por eso personas gentiles,
de noble sangre nacidas, y de ciencia colmadas,
tantos oprobios, tantos afanes y ayes soportan,
que cualquier reverencia han perdido por las capuchas,
que ahora los buenos monjes, frailes y recoletos
son la burla de todos por culpa de unos golfantes”.

basa su efectividad no en unos pocos términos despreciativos (“fratazzos” 472; “cunctorum fezza malorum” 515), sino más bien en el elenco de las actividades menos nobles de los frailes dentro de esquemas de alta retórica. Cita Segre como ejemplo las “apremiantes e irresistibles” series epifóricas de capuzzi, capuzzos, etc. al fin de los vv. 475-476, 479-480, 488, 494, 519, o más ampliamente cerno capuzzos o capuzzum 489-491, 493, y la serie anafórica de nueve non qui en los versos 499-507; el uso eficaz de las figuras de correlación (“tantas vestarum foggias, tantos ve colores” 482; “sunt pars turchini, pars nigri, parsque morelli”, etc. 483; “tantae sunt normae fratrum, tantique capuzzi” 488, etc.), que culmina idealmente en la maliciosa alternativa “quod male discerno quis Christi, quis Macometti” 486. Piensa Segre que lo macarrónico aquí no está más en la interferencia de lenguas, sino en emplear un ardor predicatorio en beneficio de una divertida burla y un vituperio despreocupado6.

Concluye Segre hablando de una fagocitación “lúdica” que no “paródica” del elemento rústico –lingüístico, temático, polémico, tonal- de parte de un discurso que en las formas se mantiene siempre a un alto nivel. En la base de esta operación está la confianza en la vitalidad del latín, considerado capaz de asimilar también temáticas difundidas en la contemporaneidad, y de extender su capacidad tonal a todos los ámbitos socio-culturales a través del robusto sendero de la burla. Observa Segre que mientras autores como Francesco Colonna o Camillo Scroffa buscaban adaptar un léxico o un gusto latinizante a un discurso en lengua o versos vulgares, Folengo utiliza el celebrado discurso latino como vehículo para un tesoro de léxico dialectal o divertidas onomatopeyas y para contenidos, más que realistas, expresionistas. “De este modo, Folengo se distancia tanto de un esfuerzo humanista de reactivación de la lengua y del mundo clásico, como de una aceptación del mundo popular emergente, y sobre todo de su lengua. Esta polaridad excluye una elección ideológica: el equilibrio obtenido es un juego de equilibrio. El cual exige, naturalmente, espectadores que lo aprecien y sepan disfrutar”7.






1 Cf. C. SEGRE, “Baldus, la fantasia e l’espressionismo”, Atti Convegno 1991, pp. 21-31
2 Cf. C. SEGRE, o.c., p. 21. Hace notar por contra los ecos de la tradicional “sátira contra el villano”.
3 Cf. C. SEGRE, o.c., p. 22
4 Cf. ib., p. 22
5 Cf. C. SEGRE, o.c., p. 22
6 Cf. C. SEGRE, o.c., p. 22
7 Cf. C. SEGRE, o.c., p. 26. Se pregunta a continuación por la identidad de estos espectadores, y opina que Folengo no parece querer definir un lector ideal, siempre dirigiéndose a un genérico lector, y que a la indefinición de los destinarios se contrapone la omnipresencia del poeta (p. 27). Bruno Migliorini (o.c., p. 77) señalaba cómo difícilmente habría persistido durante una treintena de años en la labor de revisión de su obra macarrónica si no hubiera contado con la adhesión de un público relativamente amplio (eclesiásticos, médicos, boticarios, notarios, hombres de leyes) y culto, capaz de apreciar, al menos, parte de sus alusiones clásicas: “[...] Quale sarà stato questo pubblico? Non certo di laici, urbani o rustici, ignari del latino, ma di persone in grado di gustare almeno alcune delle sue innumerevoli allusioni a Virgilio, a Ovidio, ad altri scrittori classici, e d’altra parte pronti a divertirsi a facezie non oscene ma spesso tutt’altro che castigate. Nelle molte peregrinazioni che don Teofilo compì nei due periodi della sua vita monastica, certo molti confratelli l’avranno sollecitato a legger loro dei brani della sua opera, e l’avran letta con gusto ecclesiastici, medici, speziali, notai, uomini di legge. Chi, se non una persona colta, capirebbe che Baldo s’incammina verso Mantova dove il Folengo dice “imo bianoream damatina caminat ad urbem” (III, v. 74)? Chi apprezzerebbe l’emistichio “veteres migrate fasoli” (Caos, ed. Renda, I. p. 261), se non la confrontasse mentalmente col virgiliano veteres migrate coloni?”. Para Miklós Fogarasi (o.c., p. 398) el tipo de público que menciona Migliorini, que no deja de coincidir paradójicamente con el practicante del latinus grossus, es la confirmación de su idea de que “la lingua maccheronica del Folengo è il superamento parodistico dell’umanesimo latino realizzato da un umanista latinamente colto. E come tale è una manifestazione di crisi. Sebbene la combinazione con la morfosintassi latina supponga un pubblico umanisticamente colto, eppure non è segno di un aristocraticismo linguistico ma un’apertura verso un pubblico nuovo”. Pero no es sólo el conocimiento de la morfosintaxis latina la que supone un público culto, sino, ante todo, el conocimiento de la poesía romana y sus normas, y la capacidad de apreciar ese “diálogo subterráneo con los clásicos” presente en la poesía macarrónica, y del que hablaba Mario Chiesa. Es esto lo que que provoca que las macarroneas de Folengo tengan su público más fiel, así como algunos imitadores, entre la élite cultural de distintos países europeos (En España, Juan de Vergara, Lope de Vega, Góngora, Cervantes, Rodrigo Caro, Tomás de Iriarte, Sánchez Barbero, etc.). Es la apreciación de esta relación autor-lectores lo que parece separar fundamentalmente las concepciones de Curti y el último Segre.

sábado, 30 de junio de 2012

LA FUNCIÓN DEL LATÍN EN EL HÍBRIDO MACARRÓNICO (I)


En cuanto a la función que desempeña el elemento latino en el híbrido macarrónico las opiniones han sido de lo más dispares. La idea de que la tradición latina entra con otras en la elaboración de un nuevo lenguaje artificial y literario con fines expresivos y contrapuntísticos unió, por ejemplo, a estudiosos tan notorios y con planteamientos de base tan diferentes como Bonora y Paoli. Pero la intención paródica al menos inicial que la mayoría de folenguistas1 ve en tal lenguaje ha dividido a la crítica en dos grupos antagónicos y excluyentes: por un lado, los que sostienen que el macarróneo es parodia del latín clásico y/o humanista (entre otros Momigliano, Bonora, y Paccagnella más recientemente) marcada por la deliberada inserción de elementos vulgares y dialectales, y llevada a término por autores cultos que se colocan, no obstante, en una línea antihumanista de defensa de lo dialectal; y por otro, los que sitúan (Paoli y Curti en solitario) en el origen de este lenguaje la parodia de la insuficiencia lingüística y literaria real que delatan las interferencias del vulgar y del dialecto, tal como era sentida en círculos imbuidos de la nueva cultura humanística.

Dentro del primer grupo la elaboración teórica más importante de los últimos años ha sido la de Ivano Paccagnella, que se sirve del concepto bakhtiniano de “abajamiento”, principio artístico esencial del llamado “realismo grotesco”, entendido como sistema de imágenes que Bakhtin atribuye a lo que llama “cultura cómica popular”. El abajamiento es definido como “la transferencia de todo lo que es elevado, espiritual, ideal y abstracto al plano material y corporal”, lo que implica una metáfora espacial y jerárquica y una bipolaridad extrema de los elementos a que se aplica. Paccagnella señala en la raíz del fenómeno macarrónico un intencional juego irónico contra ciertas expresiones del Humanismo, como la esclerosis académica de la cultura. Esta crítica es tanto más significativa desde el momento en que es dirigida desde el interior del mismo ambiente que es puesto en caricatura, y tanto más sutilmente destructiva cuanto más rebaja en el uso paródico el instrumento lingüístico mayormente perfeccionado por los humanistas3. La persecución de una línea de realismo corporal y grotesco con la apertura a elementos culturales y lingüísticos popularizantes y de extracción rústica, lleva a los macarrónicos paduanos a buscar un constante abajamiento por medio de la copresencia de niveles diversos y contradictorios, conseguida con el contacto estridente de elementos de patente origen dialectal con otros (lexemas, hemistiquios enteros o secuencias más amplias) de derivación clásica. Se crea, dice Paccagnella, una polaridad múltiple que comprende la oposición entre latín y vulgar (la persistencia de tradiciones medievales de baja cultura) de una parte, y de la otra, entre lengua y dialecto, dialecto y latín, latín clásico y latín macarronizado, en cuya polaridad el término latín “viene desnaturalizado por la extensión a zonas expresivas que le son extrañas y por la correlativa contaminación de sus materiales hereditarios”, en palabras de Segre. El macarrónico nace de esta ilícita expansión, y la oposición de dos registros distintos (latín y dialecto) pero intersecantes constituye su técnica peculiar, de la que proviene a su vez su vis comica. En la superposición que deriva de esta interferencia el latín viene a sufrir un redimensionamiento sustancial de su peso lingüístico, estilístico y cultural, quedando relegado al fondo con la función de elemento secundario de contrapunto paródico4. El filón académico-virgiliano es profanado por el contraste violento e inmediato con la realidad cotidiana, sobre todo en sus aspectos obscenos y escatológicos, y por la superposición del hexámetro al fondo lexical véneto5. Es, pues, el juego de contraste y contrapunto entre latín y vulgar lo que crea el declive estilístico y caracteriza la poesía macarrónica misma como hipérbole en negativo o hipóbole6.

Desde el otro lado, Luca Curti retoma y desarrolla las ideas que Paoli bocetó en su obra principal, Il latino maccheronico. Frente a la conocida visión de un macarrónico contestatario de Segre y Paccagnella, que lo lleva, según Mario Pozzi7, a ser uno de los máximos representantes de la oposición a la normalización toscana de Bembo, y que hace de Folengo un poeta dialectal según Ernesto Giacomo Parodi y Gianfranco Contini8, Curti llama la atención sobre el hecho de que ningún autor macarrónico, excepto Alione, ha escrito jamás en dialecto. Muy al contrario, todos, excepto el citado Alione9, escriben en latín humanísticamente “correcto”, y algunos en vulgar ‘toscano’. Este último hecho, junto a la inclinación de los macarrónicos a presentarse en público como autores de textos en latín “correcto”, hace a Curti dudar de las conclusiones de la tradición crítica que hace del macarrónico la otra vertiente del “desafío” antihumanista y antitoscano que representa la poesía dialectal de un Ruzzante10. Su incoherencia fundamental para Curti estriba en presentarnos unos autores “opuestos a la imposición del latín ‘correcto’ y del vulgar ‘toscano’, pero dispuestos a desarrollar en estas lenguas una parte importante (cuando no gran parte) de su obra; animosos defensores de los derechos de los dialectos, pero incapaces de escribir en ellos, entre todos, un solo texto autónomo”11.

Es el juego de personas literarias lo que permite a Curti explicar la función del latín en la mezcolanza macarrónica. El sustancial respeto por la prosodia y la métrica latina, y la presencia de calcos y guiños clásicos destinados a un público culto aseguran la firmeza de un cuadro formal “alto”, que es la huella distintiva de la primera persona macarrónica, el autor humanista que se duplica voluntariamente en una segunda persona, que representa a un latinista grossus y presuntuoso que su autor (el autor de la macarronea), expone a la burla de lectores virtualmente tan agudos como él. Así, el procedimiento de corrección progresivo de las macarroneas folenguianas no se realiza en el sentido de una caracterización dialectal más marcada, sino en el sentido contrario: “cuanto más firme es el cuadro formal ‘alto’ (cuanto más perceptible es la ‘primera persona’) tanto más sutil puede hacerse la desviación puesta en acto por la ‘segunda’”12.


1 Fuera de tal interpretación paródica quedan personalidades aisladas como la de Lucia Lazzerini, quien, como hemos visto, sitúa el origen del macarroneo en la tradición ininterrumpida del sermo humilis cristiano y relega a un papel secundario el elemento paródico, y como la de Cesare Federico Goffis. El veterano folenguista, que dedicó a Folengo su tesis de doctorado en 1935, defiende la heterodoxia religiosa de Teófilo y de su hermano carnal y en religión, Giambattista, a través del análisis de la obra de ambos en estudios como La poesia del Baldus, Genova 1950, L’eterodossia dei fratelli Folengo, Genova, s. a. pero 1950, respuesta a G. Billanovich en su biografía Tra don Teofilo Folengo e Merlin Cocaio, Napoli 1948, donde señalaba la sustancial adscripción de Folengo a la ortodoxia de la orden benedictina, y en los últimos años: “La contestazione religiosa e linguistica nei testi folenghiani”, Atti Convegno 1977, pp. 84-129; “Il macaronico folenghiano fra arte e contestazione”, Maia, XLIV, 1992, pp. 131-145; “Il dantismo eterodosso del “Baldus”, AA.VV., Miscellanea di studi danteschi in memoria di Silvio Pasquazi, 2 voll., Federico & Ardia, Napoli 1993, vol. I, pp. 407-422. Para Goffis la solución del problema religioso, aportando plena luz sobre sus motivos y pasiones, contribuye propiamente a la definición de la poética y de la poesía folenguiana. La parodia es, por tanto, una justificación insuficiente, y puede decirse que latín y dialecto son puestos en conflicto por motivos ideológicos. Folengo, que es un heterodoxo que pasa del erasmismo al luteranismo precozmente, eleva a dignidad literaria una lengua hablada en cierto modo, pues se remonta ésta al filón del hibridismo lingüístico espontáneo, tal como puede verse recogido en innumerables documentos del tardomedievo (crónicas, estatutos, los inventarios eclesiásticos que reproducen el lenguaje de las sacristías y de los monasterios). Goffis quiere mostrar la realidad de la base macarrónica en el lenguaje del vulgo ignorante vivida en los lugares de cultura. La obra de Folengo expresa: “una visión de la cultura como renuncia a lo abstracto, al platonismo y al aristotelismo, a la teología; reducción al pragmatismo de la vida evangélica, esto es, del vivir y actuar con fe sin intelectualismos, que se concretan en la constitución y acción de la Iglesia condenada” (cf. “Il macaronico...”, p. 144). El poeta no recurre al latín y al dialecto con fines paródicos o expresivos, sino para expresar su propia tensión innovadora y restauradora al tiempo: “[...] Folengo siente en el latín el rigor de la espiritualidad sublime, en el lenguaje más rústico la depresión de la inteligencia, la vida reducida a los instintos y a la picaresca, a lo soez” (cf. “La contestazione...”, p. 122).
3 Cf. I. PACCAGNELLA, Le Macaronee..., pp. 11-12
4 Cf. I. PACCAGNELLA, o.c., pp. 68-69.
5 Cf. ib., p. 70.
6 Cf. ib., o.c., p. 71.
7 Cf. M. POZZI, “Teofilo Folengo e le resistenze alla toscanizzazione letteraria”, Atti Convegno 1977, pp. 209-224.
8 Cf. E. G. PARODI, “Merlin Cocai e le ‘Maccheronee’ (1911), Poeti antichi e moderni, Firenze 1923, pp. 193-201 y G. CONTINI, “Introduzione alla ‘Cognizione del dolore’ (1963), Varianti e altra linguistica. Una raccolta di saggi (1938-1968), Torino 1970, pp. 601-619 cit. por L.CURTI, o.c., p.145 nn. 12-13
9 Alione es un macarrónico ‘de circunstancias’, que escribe su Macarronea “para responder adecuadamente (pudiendo, lo habría hecho “per le rime”) a la macarronea de Bassano Mantovano” (cf. L. CURTI, o.c., p. 147). A juicio de Momigliano, Alione “ignora, casi , el latín, y por eso se encuentra naturalmente bajo su pluma la expresión vulgar sin saber travestirla en latina, y fundirla en un lenguaje que no sea un embrollado batiburrillo de retales” (cf. A. MOMIGLIANO, “Le quattro redazioni della “Zanitonella””, GSLI, LXXIII, 1919, p. 8 cit. por M. CHIESA en GIOVAN GIORGIO ALIONE, Macarronea contra Macarroneam Bassani, Centro Studi Piemontesi, Torino 1982 (“Collana di testi e studi piemontesi”, n. s., 2) p. 23). A Alione le falta la experiencia humanista adecuada, y eso hace que su macarroneo sea “el menos creativo desde el punto de vista lingüístico; es, por el contrario, el de más difícil comprensión, especialmente porque es el que toca más directa y continuamente a tradiciones orales y marginales” (cf. M. CHIESA, o.c., p. 24).
10 Cf. I. PACCAGNELLA, Plurilinguismo..., pp. 80, 82-83
11 Cf. L. CURTI, o.c., p. 148
12 Cf. ib., p. 164

Imagen: Portada de la reproducción facsímil (1974) de Maccheronee di cinque poeti italiani del secolo XV (1864)

sábado, 16 de junio de 2012

MARIO CHIESA Y LA PRESENCIA DEL LATÍN MEDIEVAL EN EL MACARRONEO FOLENGUIANO



El latín manejado por los escritores macarrónicos depende básicamente de su competencia lingüística: así, para Paoli el “mísero” latín de los prefolenguianos “crecido sobre los bancos de la escuela y esclavo, a pesar de su extravagancia, del ciceronianismo y del virgilianismo enojosamente imperante en el más tardío Humanismo” se contrapone al de Folengo “gran creador de palabras latinas nuevas, el más atrevido continuador de la técnica de Plauto y de Apuleyo”1. En su afán de agotar las posibilidades expresivas de los sistemas lingüísticos que emplea en la construcción de su macarroneo, Folengo lleva al extremo todas las posibilidades de neologismos latinamente correctos, y en esta labor ha aprendido de Plauto, de Lucrecio, de Horacio, de Tertuliano, de San Agustín, en particular de los escritores tardíos del clasicismo, estudiosos también ellos de los poetas arcaicos y audaces en forjar un léxico nuevo, y más tarde de los humanistas, que, con su habilidad en derivar con señorial cautela el latín del latín, enriquecían continuamente la vieja lengua de formas no atestiguadas, pero dignas de la más austera latinidad. Tales neologismos correctos y formaciones nuevas, aunque regulares, se encuentran en Folengo más que en cualquier otro humanista2.

Anteriormente, Bonora había señalado la influencia capital de la tradición latina medieval en Folengo, debida a su formación monástica3:

[...] Folengo, más que sus contemporáneos de formación laica, tuvo presente el latín de los textos sagrados, de los predicadores, de las disputas de teología, en general el latín medieval, en el que seguramente, merced a atentas exploraciones, se podrán encontrar, en mayor número que ahora, modelos de formas lingüísticas introducidas por el poeta en su léxico.

Años más tarde, Mario Chiesa retomará en un celebrado artículo el estudio del latín medieval en el macarroneo folenguiano4. Para Chiesa resulta evidente que no son motivos religioso-devocionales ( ni siquiera polémicos) los que llevan a Folengo a abordar también esta tradición lingüística, sino una necesidad expresiva que pretende servirse de cualquier material lingüístico que sienta idóneo. Esta necesidad expresiva no se adapta a los límites de una escuela, sino que complica en una nueva unidad a diversas tradiciones5.

Paoli y Bonora habían observado cómo el macarrónico folenguiano, incluso en algunas formaciones suyas que parecen más innovadoras, retoma y lleva a su máximo desarrollo algunos hábitos lingüísticos de los humanistas, de los autores latinos arcaicos y de los arcaizantes. Pero señala Chiesa que los mismos usos lingüísticos están presentes en la tradición lingüística de la literatura cristiana –en el llamado “latín cristiano”- que en el siglo XVI era al menos conocida, si no familiar, a las personas de cultura. Así, los usos lingüísticos que los arcaizantes habían tomado de los arcaicos deben su difusión también a haber sido adoptados por la tradición del latín cristiano, que se caracteriza sobre todo por la formación de innumerables neologismos6.

Efectivamente, gran cantidad de neoformaciones y vulgarismos ya consagrados pasaron de la Biblia Itala a la Vulgata, a pesar del esfuerzo literario de san Jerónimo7; y a la renovación del latín medieval contribuyeron también los traductores escolásticos, que, optando por una traducción literal, recurrían a menudo a la transposición de vocablos, forjando nuevos términos abstractos y cargando de un significado nuevo puramente técnico a otros ya existentes8.

Resulta para Chiesa característico del latín cristiano preferir en general las tendencias de la lengua popular. Y todo esto, acentuado en el latín medieval, ha pasado a la lengua romance. De tal suerte, latín de la decadencia, latín cristiano y medieval, latín humanista, vulgar y dialecto, no obstante sus caracteres diferenciales, constituyen una fundamental unidad lingüística. Este hecho hace igualmente muy difícil, a veces imposible, distinguir cuál ha sido la influencia que ha determinado ciertas elecciones de Folengo; pero de otra parte, es una confirmación de cuánta ha sido la sagacidad filológica por la que, a pesar de beber en tradiciones diversas, no buscó conciliar sistemas excluyentes entre sí9.

Folengo se sirve de la libertad de la tradición medieval y humanística, llevándolas a su extremo desarrollo según “una idea de los medios y de los fines de la lengua opuesta a la idea de los clásicos latinos, no por una preconcebida intención caricaturesca, sino por una personal búsqueda de expresividad”, a decir de Bonora10.

Chiesa toma en consideración algunas típicos esquemas folenguianos de nuevas formaciones ya individualizados por Bonora11, y documenta su presencia y productividad en el latín cristiano y medieval12:

PALABRAS COMPUESTAS13. En el latín medieval son numerosos las nuevas palabras compuestas, que comienzan sobre todo por alm- (almificus, almipotens), alti-, celsi-, cuncti-, docti-, dulci-, etc. Por otra parte, compuestos con los prefijos con- y super- son frecuentes en la Vulgata, sobre todo en san Pablo (conregno, consenior, consepulti, superabundanter, superimpendor, supersubstantialis, etc.), y en San Agustín, ciu. (coapostolus, coaeternus, congaudere): y además numerosos compuestos en –ficare: deificare, clarificare, glorificare, iustificare, candificare. Folengo hace un amplio uso de compuestos incluso en sus textos no macarrónicos.

SUSTANTIVOS EN –atio.14 Este tipo de formaciones no es extraño al latín clásico, pero resulta novedosa la gran libertad y frecuencia con que lo emplea el latín cristiano y medieval. Numerosos ejemplos de ellos se encuentran en las antiguas versiones de la Biblia, en Tertuliano, en la Vulgata, en la Summa, en San Agustín, en los sermones de Barletta, etc.

SUSTANTIVOS EN –mentum y –men.15 El sufijo –mentum se había vuelto en latín tardío un simple sufijo nominal carente de sentido preciso. Abundan estas formaciones en las antiguas versiones de la Biblia, donde se emplean con frecuencia como equivalentes latinos de sustantivos neutros griegos. Se encuentran estas formaciones junto a sustantivos tradicionales con otros sufijos nominales, como coronamentum junto a corona, y odoramenta junto a odores. También el sufijo –men había resultado fecundo en la formaciones de nuevas palabras derivadas en el latín cristiano y medieval.

ADVERBIOS16. Aparecen nuevos adverbios en –ter en el latín medieval (como amariter, pleniter), además de formas adverbiales compuestas con preposiciones: alonge, deforis, deintus, depost, abante. En el siglo cuarto se había registrado un crecimiento particular de adverbios en –biliter (formación evitada hasta entonces) como: incomparabiliter, infatigabiliter, ineffabiliter, inseparabiliter.

SUFIJOS DE COMPARACIÓN APLICADOS A NOMBRES. Paoli17 había señalado que la extravagante invención macarrónica de formar el comparativo de un nombre propio: Hectorior, Orlandior, Sansonior, (Baldus V XI 20-21) o de un nombre común: manigoldior (ib. XVII 136), paladinior (ib. II 345), cortellior (ib. IX 211), se encuentra ya en Plauto y en el latín medieval. En el latín del Medievo aparecen también sufijos superlativos aplicados a nombres comunes con resultados como magistrissimus y discipulissimus; junto a formas comparativas como Nerone neronior, Codro codrior.

EL ADJETIVO POR EL COMPLEMENTO DEL NOMBRE18. El adjetivo calificativo ha sido empleado frecuentemente con este valor en el latín cristiano y medieval, inicialmente para sustituir al genitivus nominalis, y luego al genitivus obiecti. En la Vulgata, por ejemplo, junto a formas como triticeus panis, hordaceus panis, nerviceis funibus, baculus harundineus, mensura harundinea se encuentran formas aún más atrevidas como subcinericius panis (“pan cocido bajo las cenizas”), que reclama el folenguiano panescum cortellum)19.

LOS DIMINUTIVOS20. Los diminutivos, ya vivos en el sermo cotidianus (Plauto, Terencio) y explotados estilísticamente por los neoteroi, habían sido retomados por los poetas arcaizantes del periodo postclásico y posteriormente por el latín cristiano; en la Vulgata, Cantico, se encuentran: adolescentula, areola, fasciculus, lectulus, rivulus. En el latín medieval, y luego en las lenguas romances continúa la creación de diminutivos, aunque –dice Chiesa- tienden a perder su valor expresivo para sustituir simplemente al vocablo correspondiente. Folengo, insertándose en esta tradición, la renueva, escogiendo los diminutivos por su valor expresivo. Chiesa señala el uso obsesionante que hace de ellos una “meretricula” para seducir a Baldo:

-Mecum (si sapias) –dicebat- splendide barro,
mecum balneolos venies intrare paratos.
Vtere me liber, formosula, respice, quam sum.
Candidulas habeo genulas, rubeosque labrettos.
Fessulus es, nec ego minus exto lassula, mecum
Languidulos foveat tibi lectulus artus.
(Baldus V XXIII 676-81).

“Conmigo, si no eres tonto –decía-, soberbio guerrero,
Conmigo vas a entrar en bañitos ya preparados.
Haz de mí lo que quieras; ves que estoy buenecita.
Blanquitas mis mejillitas, y rojos mis labiecitos.
Estás cansadito, y yo no menos flojita; conmigo
Que una camita repare tus miembros agotaditos”.

Y en la T continuaba:

Est ibi floridulus vagulum prope flumen agellus,
In quo molliculus de fronde grabatulus extat.
Illic somniculus corpuscula nostra fovebit,
Illic blandidulos manus hos palpabit ocellos,
Illic dulciculas potes has pressare mamillas.
(Baldus XXI 775-79).

“Hay allí floridito campito do un río vivito,
en el que se encuentra blandito de frondas un camastrito.
Allí cuerpecitos nuestros repararán sueñecitos,
Allí palpará tu mano estos linditos ojitos,
Allí podrás coger estas mis sabrositas tetitas”.

A Chiesa aquí le parece evidente también el eco de la poesía humanista que, especialmente con Pontano, había como redescubierto el valor expresivo del diminutivo. En los Carmina pontanianos se encuentran casi todos los diminutivos usados por Folengo (salvo, naturalmente, los de extracción dialectal): balneola, basiolum, bellulus, blandulus, crudulus, dulciculus, fessulus, floridulus, hortulus, languidulus, lectulus, molliculus, somniculus, turgidulus, etc. Grabatulus, atestiguado en Apuleyo, es empleado por Petrarca, y estaba en la lengua culta del tiempo en la forma vulgar grabatolo.

Dentro de la tradición literaria cristiana la Vulgata se configura, pues, como la fuente principal para la mezcla lingüística y el juego de alusiones que es propio de la poesía culta de las Macaronee de Folengo21. También entra en ella la tradición de la Escolástica, las escuelas de Teología22, junto con la jerga monástica, y, desde luego, las ‘chanzas clericales’. Todas estas alusiones –concluye Chiesa-, reminiscencias, calcos y citas están perfectamente insertas en la mezcolanza macarrónica23.









1 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 137
2 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 60-61
3 Cf. E. BONORA, “L’incontro di tradizioni linguistiche nel maccheronico folenghiano”, o.c., p. 87
4 Cf. M. CHIESA, “La tradizione linguistica e letteraria cristiano-medievale nell “Macaronee””, Teofilo Folengo tra la cella e la piazza, Dell’Orso, Alessandria 1988, pp. 7-35. Publicada anteriormente como “La tradizione linguistica e letteraria cristiano-medievale nella “Maccheronee” del Folengo”, GSLI, CXLIX, 1972, pp. 48-86.
5 Cf. M. CHIESA, o.c., p.7
6 Cf. ib., p.8
7 Cf. ib., pp. 8-9
8 Cf. ib., p. 9
9 Cf. ib., p. 9
10 Cf. E. BONORA, Le Maccheronee..., p. 65 cit. por M. CHIESA, o.c., p. 9
11 Cf. E. BONORA, Le Maccheronee..., esp. cap. II: “Struttura e stile del maccheronico”.
12 Cf. M. CHIESA, o.c., pp. 9-14
13 Cf. E. BONORA, o.c., pp. 63-67
14 Cf. ib., pp. 56 ss.
15 Cf. ib., pp. 54 ss.
16 Cf. E. BONORA, o.c., pp. 59 ss.
17 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 144
18 Cf. E. BONORA, o.c., pp. 58 ss.
19 Cf. B. MIGLIORINI, o.c., p. 87
20 Cf. E. BONORA, o.c., pp. 60 ss.
21 Cf. M. CHIESA, o.c., pp. 15-18. Por ejemplo, “l’ espressione di umilità di S. Giovanni Battista –“ego non sum dignus ut solvam eius corrigiam calceamenti” [Ioann. I 27] – viene sfruttata a più riprese, ogni volta con diversa carica allusiva: “nonne es bastevolus mihi descalzare stivallos” (Zanitonella 991), “si non basto tibi frustos sgambare stivallos” (Zanitonella 995); Merlino stesso nella T si professava: “nec dignus sibi (cioè: “Tiphi Caroloque”) descalzare stivallos” (T Baldus XXV 591)”.
22 Dice Chiesa (pp. 18-20) que la costumbre monástica y de las escuelas de teología de citar frecuentemente la Biblia había dado origen a un uso jocoso, consistente en citar inoportunamente la Sagrada Escritura como sostén de afirmaciones chistosas. Por ejemplo, en el Baldus T XXI 460-462 se cuenta cómo llega un viejo prelado al paraíso, y llama a la puerta, pero “Nemo respondet, quia Nemo est ianitor illic. / Denique post longas batituras, ecce canutus / ianitor alter erat, quem Petrum nomine dicunt.” Y una glosa explicaba: “Nemo fuit vir portinator paradisi ut: “Ego claudo et nemo aperit””, que es referencia a Apoc. III 7: “Haec dicit Sanctus et Verus qui habet clavem David: qui aperit, et nemo claudit, claudit et nemo aperit”. Muchos juegos similares cayeron con la desaparición de las glosas en las redd. C y V, donde el juego lingüístico y un poco intelectual tenían mayor espacio.
23 Cf. M. CHIESA, o.c., p. 35