CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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viernes, 7 de julio de 2017

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO": LA CAPTURA DE BALDO (V, 154-370)





Desafiando el peligro de una posible emboscada, Baldo se presenta en el palacio de Mantua, donde es atacado por una muchedumbre encabezada por Tognazzo. Desarmado y herido de lejos, resiste heroicamente hasta que, derribado a traición y agotado de sus heridas, es apresado.



Ya del paladín se acercaba la portentosa figura:
todos temblaron mientras de lejos venía el guerrero.                   155
Viene solo, seguido sólo de un paje menudo.
Sube ya los mil escalones del magno palacio,
y entra en una sala capaz de albergar mucha gente.
Ruido allí y tremebundo estruendo oídos atruenan,
pues allá se trataban todos los tejemanejes.                               160
La innúmera turba de los notarios trescientos ocupa
bancos, emborronando de tinta resmas1 y resmas.
Acusaciones, y "citación", su severa palabra,
redactan, y vacían las bolsas de aquellos ilusos
que, metiéndose en pleitos, esperan ganar el litigio;                   165
y nunca, empero, mitiga la fiebre de la esperanza.
Muchos asuntos aquí ventilan diversas escuadras:
venteros, judíos, y campesinos a fuerza traídos,
esbirros, y corredores, vistas2 y de los nobles
procuradores, a más de rufianes y de bagasas3.                         170
La silla del juez se ve rodeada por la turbamulta.
Los abogados a gritos quebrantan el alto techado,
nada más hacen que Imolas, Giasones, Bartolos y Porcos4
citar en cólera, y zaherirse con dardos verbales;
mil villanías se intercambian sin contemplaciones,                      175
pero no son flechas, ni arcabuces palabras,
pues más que nunca después de hablarse resultan amigos,
y mutuamente regálanse con opíparas cenas.
De los campesinos corren ujieres por las fianzas,
y bastonazos muchas veces reciben por prenda.                         180
Vense rústicos por la mañana sin las azadas
dando vueltas por toda la plaza con papelotes.
Fulano denuncia, zutano demanda, mengano es prendido.          
Forzados se ven a vaciar sus bolsas de pocos reales;
pues si no desembolsan, los mandan sin más a la cárcel.             185
Sólo se mueven aquí por aquello que llena la bolsa.
A todos apremia en verdad la pasión desmedida de lucro.
Llega Baldo, en quien de Reinaldo la ardida presencia
brillaba, e hizo temblar de arriba abajo el palacio.
Viera la entera ciudad de armados soldados repleta,                   190
lista para atraparle por meterse en la trampa,
o bien esperándolo para ponerse a sus órdenes.
En su interior desconfía, y mira mucho a los lados.
¡Ay! pues nocivas son las traiciones a los campeadores,
quienes filan derriban sin orden en un solo ataque,                    195
pero basta un traidor solo para vencerlos con trampas.
Igual que el león que fiero muerde jabatos y osos,
a veces lo mata el mínimo diente de la comadreja.
Había un hombre escondido tras una gruesa columna,
y vigilando a Baldo, la respiración contenía;                              200
de hecho así el tirano había urdido la trampa,
y un premio bastante grande habíale prometido.
Apenas había, pues, pasado Baldo la puerta,
hete que el traidorzuelo le iba detrás de puntillas,
como de noche el ladrón suele andar calzado de fieltro;            205
sobre la punta digo que de sus dedos andaba
doblado, y mientras con suma cautela de Baldo el costado
izquierdo rebasa, el puño ve de su espada mostrado,
y afuera saliendo, bien al alcance de las sus garras.
Presto, pues, estira la mano sin ser notado,                             210
y con la presteza con que un gato ratones atrapa,
así sacó la espada del interior de su vaina.
Pero la buena fortuna de los traidores es breve,
no dura mucho tiempo la suerte de los desleales.
Huyendo aquél cargado de un tamaño tesoro,                          215
mientras piensa que libre está de todo peligro,
hete que Baldo se pone a correr, y alcanza al ribaldo,
al que una patada da con tanta rabia en el culo,
que el mísero, en vuelo por una ventana por caso abierta,
cayó de cabeza de una altura de más de cien pasos,                220
y encima del empedrado quedó como una tortilla.
Mas este fin vergonzoso fue poco útil a Baldo,
pues al mismo tiempo perdió al esbirro y la espada5.
Entonces un seguacillo se lanza, y sacando una daga,
osa, el majareta, atacar a tamaño guerrero.                           225
Mas Baldo, saltando atrás, y luego adelante ligero,
le dio puñada tal a éste en la oreja derecha,
que todos los dientes cedieron de las entrambas mandíbulas,
y éste, cayendo redondo, rompióse la testa en el suelo.
En ese momento álzase en armas la turba bravosa,                230
al descubierto queda el engaño, y la estratagema,
gritan: "¡eh, venga!, ¡dale y para, en guardia, recula!
Al fin la corneja vieja presa ya está en el visco6;
cayó el ratón en la trampa; ¡quieto, carne de horca!
Quieto pues cual ladrón deseamos ponerte grilletes".             235
Así aullando se amontonan encima de Baldo
con trancas, viguetas, con los bastones, y con garrotes.
El desdichado Baldo ve que ayuda no tiene,
y no tiene siquiera por caso ni medio zurriago,
y bastonazos sin cuento recibe de aquella canalla.                 240
Así como puede, saltando de un lado y de otro, resiste,
y da tremebundas, mientras va por el aire, puñadas,
y baba sanguinolenta salió de su boca rabiosa.
Ya había volcado todos los bancos de los notarios,
y a muchos había cascado el molondro tirando tinteros.         245
Tognazzo, que ya al estrépito había aguzado el oído,
hete que por la puerta entra seguido de esbirros.
Al punto allí desenvainan mil espadas de vainas,
que silban en torno a Baldo, y al rededor lo circundan.
Mas él saltando fuera de un salto así se libera.                      250
Tognazzo, su escarcina7 empuñando, llega el primero,
y ataca el primero a Baldo, así gritando su boca:
"¡Quieto! Estás ahora donde nunca pensabas,
¡date preso, bandido!, ¡quieto, digo, ribaldo!,
¡ríndete a mí!, ¿de qué bravuconeas aún esta hora?              255
¡ríndete a mí!, si no, te tiro una estocada."
Baldo, tal escuchando, escupe negro veneno,
y se reconcome de cólera en su pecho indignado.
De un portador de vino se pone al lado entre tanto,
al que de un puñetazo tumba aturdido por tierra,                 260
y de sus manos toma con fuerza la barra de roble8;
con que sintiéndose asaz firme, salta adelante,
y con la mano izquierda calando celada en la frente,
y cofia9 de hierro a la que, ligera, cubría un birrete,
y con la diestra el bastón empuñando, espumante la boca,   265
a aquéllos de entorno empezó los moscones a espantarles.
Poco a poco se hace fuerte en cantón bien seguro:
igual que el oso lleno de garras cuando de muchos
canes corsos10 y lanzas jinetas11 se ve rodeado;
de pronto divisa anguloso rincón apto para defensa,            270
que por la fuerza toma, y allí, firme, garras filosas
blande, de modo que nunca se pueda desalojarlo;
así hace aquel guerrero curtido en batallas sin número,
al que, empero, a fuer de mosquetes y de ballestas
de lejos avizorando podrían haber liquidado,                       275
mas vivo quiérelo el Podestà12 a toda costa en sus manos,
porque cien muertes padezca al hondo de torre Predella13;
Tognazzo le grita: "¿Por qué todavía, tunante, resistes?
Mira que ya de la horca el lazo tienes al cuello.
Ni de Fracasso la fuerza, ni de Cíngar astucias                    280
pueden prestarte ayuda, ni todo el vigor de tu raza."
Así se expresa, y blande su daga con todo su empeño,
que no habría quitado la vida de un cuerpo de pulga.
Repélela Baldo, empero, con su bastón esgrimiendo.
Responde aquél, furibundo, a reveses y tornavirones;         285
mas Baldo que esgrima, como doctor en el arte, enseñaba,
mientras Tognazzo insiste en atacarlo en tal modo,
con el robusto bastón asestó un revés imponente,
y en cien pedazos voló hecha añicos su breve escarcina14;
por lo que Tognazzo dale la espalda en huida, mas Baldo    290
le limpia de polvo la chepa machacándole a palos.
El tal a gritos se desgañita: "¡ay!, ¡presto, ayuda!,
¡ay, mi cabeza!, ¡mis hombros!, ¡ay, que me muelen la espalda!"
Más en cólera, empero, Baldo a placer le apalea,
y en nada piensa que darle una tunda a Tognazzo no sea;  295
éste huye, y mientras quiere bajar la larga escalera,
entonces Baldo patada le da en su espalda gibosa,
por la que rueda aquel desgraciado al peldaño primero,
y de la sala hasta el fondo giró igual que una bocha15;
con tal caída rompiose del pecho la grande costilla.           300
Mas para que Baldo no huyera, seguíalo toda la gente,
a quien volviéndose ya, a dar bastonazos con ambas
manos se apresta; como cuando en tiempo de estío
llevando a la boca con harta frecuencia el villano la bota,
menea los brazos robustos, y vuelto así un forzudo,          305
saltar hace granos de las espigas de trigo batidas.
Allí quebranta hombros, sesos, brazos, y piernas,
y hace volar fragmentos de lanzas al elevado
artesonado áulico, "tic, tac" sonando su tranca.
En medio de aquéllos salta, hiere, embiste, derriba,          310
se gira en redor como rueda redonda de los molinos.
Mas viene escuadra de gente más grande de lo que se usaba,
de azagayas un bosque tira, y no cesa al guerrero
de, desarmado, lanzarle con gran barahunda venablos.
¡ay! ¿cuál puede ser el vigor en un cuerpo cansado?         315
Ya de escapar a Baldo esperanza poca quedaba;
la mente invicta, empero, no por ningún aunque grande
miedo de muerte sucumbe, con tal que la vida se embarque en
empresas dignas de ser celebradas con loas eternas.
Es lo adecuado al ladrón con razón dar el cuello a la soga, 320
eslo del batelero ahogarse, y ser pasto de peces,
eslo del mercader perder tras la bolsa la vida,
eslo de los prelados morir a diamante molido16,
eslo de los pordioseros volverse festín de piojos,
así también del soldado es honor y fama gloriosa              325
no corromperse en el juego y el vino, y con putas refeas,
si no por picas mil, o guerras, o alborotos,
cien, si tantas tiene, vidas dar por la gloria.
Mira de Baldo también de lanzas y espadas calado
su cuerpo, y a modo de un hontanar sus heridas un río     330
de sangre echan fuera; la cual derramada, el vigor a cansados
músculos ya desampara, y como candela que arde
poco a poco, al fin llegada al verde17 se apaga.
Cuanto, empero, agita su tranca, a uno desloma,
y de vez en cuando dos hombres (no digo bocales),          335
y sobre los muertos de mil moribundos hace una pila.
Seis horas y más en aquella guerra perseverara,
Baldo a quien más y más el valor con bravura espolea.
Huyen todos al fin de los golpes de su garrote,
y muchos perros a sus espaldas parece que tienen.          340
Sorprende que de un brazo tan duro la fuerza así tanto
intacto guardara el garrote con que afrontó la batalla;
pero igual que la cuerda se rompe de tanto estirarla,
así al final sucumbe la tranca a la harta fatiga.
Mientras el paladín poderoso sobre la cabeza                   345
a un gigantesco gañán golpea con todas sus fuerzas,
y lo despachurra al modo de un requesón tiernecito,
la maza saliole volando, ciento hecha pedazos.
En ese momento todos le asaltan, se agolpan, y a Baldo
ya desarmado, y ya de heridas doquiera cubierto             350
quieren cogerlo: cárganlo de cadenas y cuerdas,
y lo envuelven, taimados, en una maraña de nudos.
El rey apremia y muchos padres de los del senado
animan a los esbirros, gritando: "¡cogedlo con vida!,
¡con vida tenedlo!, ¡sea llevado a la cárcel con vida!,       355
¡con vida lo descuartizen!, ¡y al fin que lo quemen con vida!"
Baldo, empero, se enciende rojo de ira en su rostro,
y a nada atiende, y no otra cosa tiene en la mente,
sino romper con sus dientes y uñas cuerdas y lazos,
que ve infinitos tender en torno de su persona.               360
Al fin por una pierna lo agarran; de la manera
que los estableros intentan con mucho sudor a un caballo
terrible por sus mordiscos y coces tumbar boca arriba,
y los asistentes se pasan de mano en mano las cuerdas,
y el jaco cae supino, doquier fuertemente ligado,            365
y ya no puede más dar de coces el empecinado,
así a Baldo lo prenden; primero, con dolo por una
pierna por detrás, y por la otra presto, y al punto
le cargan hombros, brazos y pies de cadenas un ciento,
con las que lo ligan desde el cuello hasta los calcaños.    370











1Conjunto de veinte manos de papel.
2Sbirros, sensaros, daciaros nobiliumque. Empleado de aduanas a cuyo cargo está el control de las mercancías.
3Sollicitatores, rofianos atque bagassas. Prostituta.
4Nil nisi Iasones, Imolas et Bartola, Porcos. Enumeración de juristas: Giason del Maino (1435-1519), Alessandro da Imola (1424-1477), Bartolo da Sassoferrato (1313-1357) y Gian Cristoforo Porco (s. XV) (Chiesa).
5Zeugma con perdere: qui pariter sbirrum pariter quoque perdidit ensem.
6Ad vischium cornacchia vetus iam denique presa est. El visco es una masa para cazar pájaros.
7Véase IV, 256.
8Deque suis manibus mazzam de robore scarpat. Aquélla en la que se apoyaba el portador de vino al caminar, según Chiesa.
9Secretamque illam, quam finam bretta tegebat. Birrete almohadillado, a veces con armadura de hierro, que se llevaba debajo del yelmo.
10Famosos por su ferocidad (Chiesa).
11Véase IV, 30.
12Sed vivum in manibus vult illum omnino Potestas. El podestà era el nombre dado al primer magistrado en las ciudades del centro y norte de Italia.
13Véase II, 408.
14cf. supra v. 251
15Ac usque in fundum rigolavit more borella. La bocha es una bola de madera usada en el juego homónimo.
16Est praelatorum trito diamante necari. Véase II, 328.

17Paulatim ad virdum tandem arrivata stuatur. La base de las candelas se pintaba de verde (Chiesa).

domingo, 25 de octubre de 2015

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO" DE TEÓFILO FOLENGO: Proprietas diuersarum urbium, 2, 96-130, "Carácter de varias ciudades (italianas)".




Da mucha lana Verona del esquilar sus ovejas1;
Brescia extrae el hierro de sus montes airosos;
la bergamasca montaña hombres engendra con bocio2;
Pavía a Milán llena hasta los topes de puerros y berzas;
Plasencia surte de queso todo rincón habitado;                                100
Parma produce gruesas scoce3 y gruesos melones;
trota todo caballo con espuela de Reggio;
Mantua alimenta a sus boneteros de carpas fangosas4;
judías de careta si quieres comer ve a Cremona,
A Crema ve si pasar deseas falsa moneda;                                      105
Bolonia engorda bueyes, y Ferrara las piernas5;
no hay en Módena gente sin la cabeza tronada6;
tantas moscas Apulia7, cuantas barcas Venecia;
quema el Piamonte todos los años mil hechizeras;
la tierra de Padua pare diablos que son campesinos8;                       110
Vincenza guerrera engendra gatos escurridizos9;
más para la horca que para la orza10 están en Chioggia;
tiene Rávena casas antiguas y viejas murallas;
puercos sin número sala Cervia11 por todo el mundo;
poco no ganas, ¡oh, Cesena! con el azufre;                                      115
pintura no hay mejor que de Faenza la loza;
gruesas anguilas saladas el valle da de Comacchio;
de los charlatanes tiene Florencia la primacia;
Roma no busca otra cosa que suculentos bocados;
tantos nobles en la ruina veo en Nápoles,                                        120
cuantos sirvientes ladrones le da la ladrona Calabria;
en Génova estira en punta las testas la comadrona12;
Siempre en Siena tuvieron su cuna bellas muchachas;
Milán hace oír un tic toc por cada rincón de sus calles,
mientras hierran correas y hacen boquete en la aguja;                     125
quienes cosen zapatos y suelas a las chancletas,
quienes ponen tejados o son deshollinadores,
son de Como, o bien de Novara son pueblerinos.
Cipada, pues, digna de ser con heroica bota13 cantada,
siempre abundó de existencias valiosas de sinvergüenzas.                130






1Comienza aquí una sección que en la red. T aparecía bajo la rúbrica Proprietas diuersarum Vrbium (2, 301-340), y que recoge un elenco de ciudades italianas con alusiones burlescas a su fama popular.
2Quizás referencia a Gioppino, máscara y marioneta bergamasca popular dotada de tres bocios.
3Melones de una especie muy apreciada (Chiesa).
4Este humilde oficio era asociado a la pobreza, y a la consiguiente incapacidad de acceder a una dieta rica y variada, lo cual abocaba al consumo de las asequibles carpas de los lagos del Mincio, poco apreciadas por su olor a fango (Chiesa).
5Faccioli y Chiesa se inclinan por considerar boves como referencia a los jóvenes indoctos del Estudio de Bolonia; y Chiesa, en el caso de Ferrara, recuerda el mote popular "Ferrarese gambe marze", que encuentra un refrendo en un paso de la red. T (5, 105) donde se hace referencia a los mosquitos que pican e hinchan las piernas de los paisanos.
6Según un dicho extendido entre las poblaciones vecinas los habitantes de Módena eran considerados lunáticos (Faccioli).
7Diversos motes populares presentaban a Apulia como tierra de moscas (Chiesa), y así Folengo sitúa en esta región la ciudad de las moscas (Mosch. 1, 38).
8"Quizás con alusión a la demoníaca malicia mostrada por los campesinos paduanos en las guerras" (Faccioli).
9Faccioli recuerda un dicho popular vicentino que representa a sus habitantes como "magnagati".
10La orza es el cabo con que se lleva a popa el car de la entena; los habitantes eran conocidos por su habilidad como marineros, pero también como ladrones, por lo que estaban destinados a la horca (Chiesa).
11Alusión a sus famosas salinas.
12A esta extraña costumbre de estirar la cabeza del recién nacido hace referencia también Folengo en la red. T 17, 175-179.

13El empleo de la bota en vez del coturno clásico es una muestra añadida de hipóbole paródica.

sábado, 3 de octubre de 2015

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO": Descriptio convivii, 1, 390-433




En tanto, cansado el sol se zambulle del mar en las ondas1,           390
habiendo dejado de su claridad impregnada a su hermana.
Prontamente, la cena real es aparejada,
donde el estrépito suena de mil culinarias faenas,
ábrese un portalón humeante en los muros pringosos,
cuyas jambas de sucia grasa sin fin goteaban.                               395
Dentro asaltan olores de asado y de cocido
a la nariz, por quienes se excita bien el apetito.
Hay más de cien pinches allí al mando de los cocineros;
quien trae leña, quien la corta, quien la reparte
bajo bronces calientes, peroles, y bajo sartenes.                            400
Hay quien degüella un cerdo, quien tira del cuello a los pollos,
quien los destripa, al tiempo que otro los despelleja,
quien los capones muertos despluma después del hervido,
quien las cabezas con la piel del ternero cocina,
quien los lechones apenas quitados del seno materno,                    405
pinchados unos a otros de las narices al culo,
ensarta y con aguja de lardear los enlarda.
El cocinero Gambón allí el arte glotona dirige,
dado al estudio de la gula, y a la biblia del gusto.
Él sólo es apto para enseñar desde cátedras doctas,                        410
y dar cualesquiera instrucciones a los mozos de la cocina,
y de vez en cuando en la espalda llevar el rodillo
y de la ajada la mano2 a chicos y pinches pringosos.
Hay quien a hígados recubiertos de red de redaños
vueltas da en crepitantes sartenes del lardo chirriante.                     415
Hay quien gelatina esparce de jengibre picante,
y quien le añade pimienta y la exquisita canela.
Uno riega anedones de una salsa amarilla,
y a la manera española los cubre de tiernas lasañas;
del espetón uno extrae faisanes admirablemente,                            420
no sin antes tocarlos por ver si están en su punto.
Cinco piedras de molino en sus agujeros3
no dejan de vueltas dar en giros vertiginosos:
do un gusto hay a almendras y a salsa a la pimienta.
Parte saca del horno un guisado de carne grasienta,                         425
y le espolvorea canela de venecianos saquitos4.
Otro extrae de la caldera capones cocidos,
que, puestos en el ancho fondo de grande bandeja,
rocía con gotas de agua de rosas y azúcar molido,
y encima de éstos les pone un hornillo5 lleno de brasas.                    430
¿Mas a qué fastidiar con tales chácharas largas?
Cena preparan con la que poder levantar a los muertos,
y hacerlos dejar sus tumbas con el féretro al culo.








Ilustración: Frans Snyders


1Comienza aquí una sección que en la red. T aparecía bajo la rúbrica descriptio convivii, y que se extendía a 87 versos. En la red. V se veía notablemente amplificada a 123. Francisco Márquez Villanueva consideró este episodio como "esquema sugeridor" de los banquetes de las bodas de Camacho de la segunda parte de El Quijote.
2Pistonemque iadae sguataris unctisque regazzis. Acarrean la mano del mortero (pistonem) para hacer la ajada (iadae), ahora como entonces, salsa de pan desleído en agua, ajos machacados y sal.
3Quinque masinantes petrae gremiique molarum. Paoli, citado por Chiesa, recuerda que en los molinos manuales de piedra había un hueco (gremium) en el que giraban las muelas (molae).
4Pistaque de Venetis striccat cynamoma sachettis. Una glosa al verso correspondiente de la red. T (quem peuero spargit Venetum striccando sachettum), indica Sachettum uenetum. Quia Venetiis venduntur, en referencia a Venecia como centro del comercio de especias.

5Caricum brasamine testum, para mantenerlos calientes.

sábado, 18 de julio de 2015

BALDO, Libro I, vv. 1-63




Introducción, y descripción del país de las Musas macarrónicas.



La fantasía1 a mí me vino más que fantástica
de la historia de Baldo2 cantar con grasientas3 Camenas,
ante la cuya fama altísona y nombre gallardo
tiembla la tierra, y de miedo se caga ahora el Infierno.
Antes, empero, vuestro favor invocar es preciso,                                 5
¡oh, las Musas fuente del macarrónico4 arte!
¿Acaso podrá del mar pasar mi góndola escollos,
si de vuestra ayuda no se ve protegida?
A mí ni Melpómene, ni Talía5 bobalicona,
ni Febo el guitarro rascando a mí me dicten de versos;                        10
pues cuando pienso en las dimensiones de mi barriga,
no del Parnaso la cháchara viene bien a mi gaita.
Sólo las Musas panzudas y las doctas hermanas,
Gosa, Comina, Maga, y Mafelina, Toña, Pedrala6
vengan la boca a llenar al poeta de macarrones7,                               15
y de polentas denle cinco u ocho bandejas.
Son las famosas diosas grasientas, ninfas untuosas,
cuya morada8, región y su territorio exclusivo
recóndito queda en cierto rincón remoto del mundo,
que aún no conoce de los españoles la carabela.                                 20
Magna álzase allá montaña hasta las botas de diosa Luna,
que si alguien compara con el Olimpo desmesurado,
colina tendrá que llamar al Olimpo mejor que montaña.
No del Cáucaso cuernos allí, ni el dorso marrueco9,
ni el monte Etna que sulfurosas llamas escupe,                                   25
ni allí la montaña de Bérgamo saca piedras redondas,
que ves girar en cuanto el molino muele la avena.
Nosotros allí de fresco, curado, y de semicurado
queso formados unos Alpes hemos pasado.
Creedme, porque lo juro, decir ni una sola mentira10                           30
podría, por los tesoros todos que esconde la tierra:
de allí a hondos valles corren ríos de brodio11,
que un lago de sopa producen, y un mar profundo de salsa.
Hechas aquí de relleno de tortas por miles ver puedes
ir y venir balsas, barcas, y bergantines veloces,                                  35
en los cuales las Musas manejan lazos y redes
de salchichas, en tripas de ternera cosidas,
pescando gnocchi, buñuelos y tomacelle12 doradas.
No es conocida13, empero, la tempestad en el lago,
que del cielo baña la bóveda con rudas olas;                                     40
no tan grande jaleo provocas, ¡oh, lago de Garda!
cuando los vientos aúllan en torno al hogar de Catulo14.
Costas hay allá de fresca y tierna manteca,
donde cien calderos llenan el cielo del humo
de casoncelli, de macarrones, y tagliatelle15.                                     45
Tales ninfas moran del alto monte la cima,
queso rallando sin pausa con ralladores calados.
Otras se ocupan de amasar tiernos gnocchi a mano,
que en masa compacta ruedan por entre el queso rallado,
y girando desde la cima del monte abajo,                                         50
vuélvense como cubas de las de gruesa panza.
¡Oh, cuán necesario resulta que den de sí las quijadas,
si alguien quiere llenarse la panza de tan grande gnocco!
Cortando otras la pasta, y unas cincuenta marmitas
llenar vieras de pappardelle16 y de grasientas lasagne.                        55
Y otras, si la sartén por el fuego harto vivo crepita,
de allí retiran los tizones y dan soplidos adentro,
pues del caldero por fuego tan grande desbórdase el brodio.
En suma, todas se ocupan de preparar su pitanza,
conque es posible ver humeantes mil chimeneas,                               60
y mil borbotean calderas de unas cadenas colgadas.
Aquí el mejor pescador fui del arte macarronesca,
aquí Mafelina de mí ha hecho un pancipoeta17.








Ilustración: xilografía aludida en nota 7 





1Phantasia mihi plus quam fantastica venit. La magna obra de Folengo se abre con una parodia de la protasis propia de la poesía épica grecorromana, compuesta de propositio (exposición del argumento) e invocatio a las Musas, presente también en la épica caballeresca como recuerda Mario Chiesa.
2Los 25 libros del poema contarán, efectivamente, las peripecias de Baldo, paladín neocarolingio, hijo natural de Baldovina, hija del rey de los francos, y de Guidón, caballero descendiente del legendario Reinaldo de Montalbán, uno de los doce Pares de Francia, desde su nacimiento hasta su particular descensus ad inferos. Recuérdese la libérrima adaptación del Baldus de la redacción Toscolanense que aparece en la primera parte del Quarto libro del esforçado cauallero Reynaldos de Montaluán, que trata de los grandes hechos del inuencible cauallero Baldo y las graciosas burlas de Cingar, sacado de las obras del Mago Palagrio en nuestro común castellano, (Sevilla, 01542) dentro de una casi desconocida serie caballeresca.
3Historiam Baldi grassis cantare Camoenis. La hipóbole, en expresión feliz de Ivano Paccagnella, se muestra elemento esencial de la parodia -que no irrisión- que ejecuta Folengo de sus modelos clásicos y caballerescos. De tal suerte rechaza a las gráciles Musas tradicionales para optar por otras de su cosecha, gruesas, bastas y llenas de pringue. Las Camenae eran el equivalente mitológico latino de las Musas griegas.
4El etymon del género procede del título de la obra de su iniciador, la Macaronea de Tifi Odasi (circa 01490), poema de unos 700 hexámetros, donde se cuenta de una macaronea secta paduana, dedicada al consumo desaforado de macaroni y a la frecuentación de putas de tres al cuarto.
5Musas, respectivamente, de la tragedia y de la comedia.
6"Los nombres de las Musas retoman nombres femeninos difundidos en Lombardía y especialmente en el territorio bresciano (L. Messedaglia, Vita e costume della Rinascenza in Merlin Cocai, pp. 48 y 91)" (Chiesa). A este autor recurrirán, como es de rigor, -y yo mismo hice cuando redactaba mi tesis doctoral- los edd. Faccioli y Chiesa para notas de realia concernientes a la vida popular coetánea a Folengo.
7Imbocare suum veniant macarone poêtam. Preferentemente en plural, los macaroni de Tifi o macarones de Folengo designaban -como indica Messedaglia-, no los maccheroni o macarrones napolitanos de hoy en día, pasta hueca o rellena de varias formas y tamaños, sino los gnocchi, de los que el propio Folengo da una receta al mismo tiempo que un programa poético en la Apologetica in sui excusationem de la redacción Toscolanense (01521). Como prueba definitiva de la indiferenciación de macaroni y gnocchi en Folengo, reproduce Luigi Messedaglia (o.c., p.176) una xilografia que aparece por primera vez en la red. T, donde Merlín aparece sentado sobre una cubeta, con una botella de vino en la zurda, y la diestra sobre el borde de una fuente llena de gruesos gnocchi: Zana, una de sus musas inspiradoras, le emboca un voluminoso gnocco, ensartado en un palito; Togna, otra musa macarrónica, toca la gaita.
8Del v. 18 al 63 se extiende una digresión en forma de descriptio del país de las Musas. Sobre este país de Cucaña “versión popular del mito humanista de la Edad de Oro (en España, La tierra de Jauja, según el paso de Lope de Rueda)” (cf. F. Márquez Villanueva, Fuentes litearias cervantinas, p. 291) y su identidad con el país de Bengodi descrito por Boccaccio, Decameron, VIII, 3: “et eravi una montagna tutta di formaggio parmigiano grattugiato, sopra la quale stavan genti che niuna altra cosa facevan che far maccheroni e raviuoli, e cuocergli in brodo di capponi, e poi gli gittavan quindi giú, e chi piú ne pigliava piú n'aveva” cf. L. Messedaglia, o.c., pp. 187 y 427-428 y G. Cocchiara, “Il paese di Cuccagna: l'evasione dalla realtà nella fantasia popolare”, Il paese di cuccagna e altri studi di folklore, Boringhieri, Torino, 01956.
9Non ibi Caucaseae cornae, non schena Marocchi. Referencias respectivas a los agudos picos de la cadena caucásica (Faccioli) y a la cadena del Atlas.
10Credite, quod giuro, neque solam dire bosiam. El macarronismo final de verso aparece en la macarronea de Juan de Vergara (ca. 01522) (Bald.),la primera española, y su añadido espurio (Spur.): Ac.pl.: bŭsīas Bald. 47, 55 ac.sing.: bŭsīam Spur. 17, tomado de la redacción Toscolanese. Este macarronismo ofrece una forma alternante: bŏsīa, la única presente en las macarroneas menores (cf. glosario ed. Zaggia s.v.), y la que predomina absolutamente en Baldus P(aganini) y T, salvo en una sola ocasión, Baldus T III 27: “vultis ego videam si vera est ista #busia#”, donde la variante es justificada en una glosa marginal: “ ‘busia’ et ‘bosia’, sicut ‘forca’ et ‘furca’, haec autoritas poetis conceditur ad maiorem carminum decorem”. Vergara ha optado por este hipermacarronismo por mor de una mayor expresividad. Este hecho puede asegurar también su dependencia textual de la red. T. El autor de Spur. toma esta lectura de Bald.
11Illic ad bassum currunt cava flumina brodae. Por su semejanza, traduzco el brodae folenguiano por el esp 'brodio' (sust.: “El caldo con algunos trozos de legumbres y sobras de la olla, que de ordinário se dá à los pobres en las porterías de los Monastérios y otras Comunidades. Viene del Italiano Brodo, que significa caldo. Algunos dicen Bódrio, pero se debe escribir Bródio por razón de su origen [...] También se toma vulgarmente por qualquier comida picada, y revuelta con otros ingredientes, quando no está bien guisada ni sazonada" (Diccionario de Autoridades. s.u. ‘brodio’). Dicho término es usado por Diego Sánchez en su Epístola Macarrónica (01533): Nam brodium primum ei datur qui est in cabecera (v. 47) y Quis poterit semper manus barbasque fricare / Per brodij grassam antiquam de tota semana? (vv. 55-56)

12Piscantes gnoccos, fritolas gialdasque tomaclas. Tomaclas (ac. pl.) (del lat. tomaculum) designa una "suerte de croquetas confeccionadas con hígado de cerdo y vísceras varias, huevos, queso y especies, sobre todo azafrán -de donde su color amarillo-, envueltas en redaño, y fritas" (Faccioli).
13Res tamen obscura est, quando lagus ille travaiat. La existencia de un calco ovidiano (OV. Met. 6, 319 -20: Res obscura quidem est ignobilitate uirorum, / mira tamen. Vidi praesens stagnumque locumque), me lleva a apartarme del sentido de las traducciones ofrecidas por Faccioli (Ma le faccende si mettono male quando quel lago è in tempesta) y Chiesa (È però una cosa tremenda quando quel lago è in tempesta).
14Quando cridant venti circum casamenta Catulli. El poeta Catulo poseía una villa en Sirmione, a la ribera del lago de Garda, en los Alpes italianos. Ciertas ruinas aún visibles son atribuidas tradicionalmente a tal villa.
15Plena casoncellis, macaronibus atque foiadis. Los casoncelli son un tipo de pasta rellena todavía común en Brescia (Faccioli), y la foiada es una especie de tagliatelle (Chiesa).
16Pampardis videas grassisque implere lasagnis. Pampardis, forma reducida de pappardelle o pampardelle, es un tipo de lasagna ancha (Faccioli).
17Hic me pancificum fecit Mafelina poëtam. El poeta se vuelve panzudo como las Musas bajo cuya advocación se coloca (cf v. 13). Se cierra así esta hipóbole programática, en la que el piadoso monje benedictino Teófilo Folengo, la primera persona macarrónica, en la afortunada expresión de Luca Curti, ofrece un retrato antifrástico de sí mismo gracias a su sosias macarrónico, Merlín Cocayo, la segunda persona macarrónica.