CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 6 de agosto de 2022

MACARRONEAS DEL SIGLO XVIII: El "poema macarronicum" de Merlinus sobre la entrada en la ciudad de Cádiz del Almirante de Castilla (I)


 

Imagen del Carnaval de Cádiz (años 80 del siglo XX) [Facebook]



2. 1. Peculiaridad de la composición.


Esta macarronea en 108 hexámetros supone una nueva aplicación, prácticamente contemporánea, del género poético macarrónico a la descripción de la entrada de un Grande en una ciudad, tal como vimos en el poema macarronicum del capítulo anterior. Pero en comparación de la desangelada crónica que constituyen PM1 y PM2, sorprende la robusta inspiración de corte expresionista de la presente composición, que subordina los elementos puramente narrativos a los artístico-cómicos.


El autor anónimo del poema utiliza el pseudónimo de Merlinus, que es parte del que utilizó Teófilo Folengo (Merlinus Cocaius) para firmar las diversas redacciones de sus macarroneas, y se proclama a sí mismo como princeps macarronicorum, ya sea por identificación total con el "verdadero" Merlinus, o por orgullosa autoafirmación de veterano poeta macarrónico, como se deduce de los dos primeros versos de la composición. Sea como sea, el poeta se coloca intencionalmente bajo la advocación merliniana, hecho del que dan cuenta una serie de rasgos estilísticos que analizaremos en 2. 4. 1. 7.


2. 2. Contenido y estructura.


El poema, como puede deducirse de su título, describe la festiva entrada del Almirante de Castilla en la ciudad de Cádiz (Merlini Macarronicorum principis poema macarronicum Magni Almirantis Castellae festivum ingressum in Civitatem Gades describens), aunque lejos de limitarse a este aspecto descriptivo, introduce elementos inesperados como un diálogo mitológico-burlesco. El poema, adopta, como PM1 y PM2 la estructura externa de un poema épico:


I. Exordio (vv. 1-8).


I.1.Invocatio (vv. 1-4). Se emplea una variatio de este tópico en la que el poeta cuenta cómo la Musa macarrónica, que le frequentó en el pasado, le dicta resoplando una mojiganga.


I. 2. Propositio (vv. 5-8). Se expone el tema de la obra que es, en clara parodia virgiliana, cantar al hombre (virum canam), acogido como un dios por la ciudad. El poeta pide atención al lector (v.8).


II. Narratio (vv. 9-108). Puede dividirse en cuatro bloques temáticos:


II. 1. Descripción de la comitiva del Almirante y del ruidoso recibimiento (vv. 9-36).


II. 1. 1. Chronographia o recurso a la hora mitológica (vv. 9-12). El poeta empleando una iunctura clásica (tempus erat quo), señala, mediante una jocosa alusión a las actividades de Apolo al comienzo de su recorrido diario, la alborada como el momento de la llegada del Almirante.


II. 1. 2. Descripción de la expectación y algarabía popular (vv. 13-16). Hay una doble parodia del símil épico para denotar el agolpamiento del populachus.


II. 1. 3. Descripción de la comitiva (vv. 17-26). La abre un grupo de arrieros fanfarrones (17-19), al que sigue el Gobernador escoltado de magnates de la villa (20-21); finalmente, aparece el Almirante, acompañado de los duques de Osuna y de Alburquerque, y del marqués de Priego (22-26).


II. 1. 4. Ruidosa bienvenida de cañones e instrumentos (vv. 27-36). Sólo los navíos franceses no se suman al recibimiento (35-36).


II. 2. Escena mitológica-burlesca (vv. 37-81).


II. 2. 1. Aparición y discurso de Hércules (vv. 37-56). Se presenta de improviso el mítico fundador de la ciudad y monta en cólera al verla en fiestas sin su conocimiento.


II. 2. 2. Réplica de Venus (vv. 56-61). La diosa informa a Hércules sobre la personalidad del Almirante, y le dice que mida sus ímpetus, si no quiere salir malparado.


II. 2. 3. Hércules expone desdeñosamente sus hazañas (vv. 62-71).


II. 2. 4. Nueva réplica de Venus (71-75), que tacha al Alcida de fanfarrón y mentiroso.


II. 2. 5. Hércules, mudo de furia, se dispone a golpear a Venus, pero se interpone inesperadamente el dios Neptuno (vv. 75-81).


II. 3. Descripción de los agasajos ofrecidos al Almirante (vv. 82-94), destacando los de un navío inglés al mando de Eylmer (87-91).


II. 4. Fin de la riña de los dioses (vv. 95-108). Conmovido por el espectáculo, Hércules pide perdón a Venus, y se suman dioses y ninfas a los ciudadanos para despedir al Almirante.


2. 3. Datación del poema.


2. 3. 1. Problemas de datación.


El poema del Merlín ha llegado a nosotros sólo a través de la edición de Antonio Paz y Meliá en sus Sales Españolas o Agudezas del ingenio nacional, (segunda serie), Madrid 1902, pp. 397-400. La información que da en la introducción p. XVI sobre el original son muy escuetas, aunque terminantes:


No he visto mencionada en las historias de Cádiz la entrada del Almirante que describe la poesía de Merlín. El original, impreso en dos hojas en 8º., es del siglo XVIII, y así, parece que ha de referirse al almirante D. Juan Tomás Enríquez de Cabrera1 que, además de aquél título, fue General de la mar en las costas de Andalucía hasta la segunda mitad del reinado de Carlos II, pasándose luego al bando austriaco.


Antonio Torres-Alcalá, por su parte, pone serios reparos a la datación de Paz y Meliá en su estudio sobre el poema (pp. 112-123):


Este poema presenta varios aspectos de crítica histórica nada fáciles de resolver. En primer lugar, es anónimo y, en segundo, la datación del manuscrito es frágilmente hipotética. Paz y Meliá, que ni menciona ni da detalles del mismo, afirma ser del XVIII. Ante la imposibilidad de consultarlo (pues tampoco aparece en ninguna reseña bibliográfica existente; ni la de Simón Díaz ni la de H. Seris) ni poderlo localizar, después de muchas horas de frustración entre plausibles manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid, no puedo confirmar ni negar la datación de Meliá. Por otra parte, los datos que suministra una crítica interna del texto con los hipotéticos de Paz y Meliá no parecen concordar ni son lo suficientemente claros para fechar los hechos en el siglo XVII (sic), como aquel cree2.


Para Torres-Alcalá la incógnita principal radica en aclarar en qué ocasión se encuentran congregada en Cádiz una escuadra franco-española, complicada por la presencia amistosa de un buque inglés3.


Para elucidar la presencia del elemento inglés, el más perturbador en su opinión, consulta la enciclopédica obra de W. Laird Clowes, The Royal Navy: A History, London 1897-1902, donde encuentra varios Aylmer que pueden corresponden con el Anglicus Eylmer nombrado en el poema (v. 88). El único candidato plausible resulta ser Lord Mathew Aylmer, Vicealmirante de la escuadra del Mediterráneo (1693-1708), y después Almirante (de 1709 en adelante). Torres-Alcalá recuerda, asimismo, que las relaciones entre España e Inglaterra eran buenas en la última década del siglo XVII, mientras Carlos II parecía decantarse por elegir un sucesor de la Casa de Austria. Frente al soberano francés Luis XIV se formó una coalición entre España, el Imperio, Holanda e Inglaterra desde 1688 hasta 1696, y en 1694 Cádiz llega a ser base marítima invernal para la Armada inglesa4.


Señala, pues, Torres-Alcalá la alta probabilidad de que Aylmer fondeara en Cádiz entre 1690-1699, años en que las relaciones entre España e Inglaterra eran amistosas. La presencia de una escuadra francesa y la identidad del Almirante de Castilla son, no obstante, puntos conflictivos para su hipótesis:


[...] El revés de esta teoría, en este caso, sería la presencia de la escuadra francesa en Cádiz al mismo tiempo. Si, como cree Paz y Meliá, el Almirante en este poema era don Juan Enríquez de Cabrera, que fue, además, general del mar en las costas andaluzas "hasta la segunda mitad del reinado de Carlos II", la teoría se complica aún más, porque la segunda mitad correspondería a partir de 1680, cuando la presencia de Aylmer no está documentada en el Mediterráneo, al menos, no con el rango de Vicealmirante. Lo que parecería probable en toda esta confusión histórica es que Aylmer estuviera en Cádiz entre los años citados y en misión diplomática ante la vacilante Corte de España, que se debatía irresoluta entre un Austria y un francés para la sucesión al trono. En algun de esos momentos de calma chicha, en la casi ininterrumpida guerra de finales del XVII, se podrían haber encontrado en Cádiz, en plan cortesano, los tres países beligerantes5.


En nuestra opinión, el Sr. Torres-Alcalá descuida en su análisis, que se centra en un personaje secundario, el esclarecimiento de la figura central del poema, el Almirante de Castilla, cayendo así en un error de fechas de Paz y Meliá sobre éste, y obvia el contexto histórico inmediato, la Guerra de Sucesión Española, hechos ambos que pueden ayudar a establecer límites históricos a la publicación del impreso.


2. 3. 2. D. Juan Tomás Enríquez de Cabrera (1646-1705), último Almirante de Castilla, y su papel en la Guerra de Sucesión Española.


Sobre este personaje, al que hemos encontrado, curiosamente, como protagonista del extenso poema crónica del capítulo anterior (cf. aquí 4. 1 n. 5), publicó una biografía Cesáreo Fernández Duro, secretario perpetuo de la Real Academia de la Historia, en 1902, aludida por Paz y Meliá (cf. supra, n. 1), y que era considerada todavía estimable por Antonio Domínguez Ortiz6. En ella nos basamos, principalmente, para aportar datos biográficos sobre el Almirante.


Recuerda Fernández Duro que la dignidad de Almirante mayor de Castilla fue creada por Fernando III después de la conquista de Sevilla en 1248, extendiendo luego sus honras y prerrogativas Alfonso X7.


Tenía residencia ordinaria en Sevilla, y tribunal privativo. Su autoridad era omnímoda sobre cuantos embarcasen en las armadas. Su jurisdicción en tierra se extendía hasta donde llegaran las aguas saladas en altas mareas, y tenía derecho a intervenir todas las mercancías que por mar fueran importadas o exportadas, perteneciéndole por derecho una parte8.


El cargo fue ejercido por los Enríquez desde 1405 (la institución se hace feudataria en esta casa con D. Fadrique Enríquez, 2º Almirante de su linaje y 1º conde de Melgar, que murió en 1473) hasta el número de 11, siendo el último D. Juan Tomás Enríquez de Cabrera, hijo del anterior Almirante (D. Juan Gaspar Enríquez de Cabrera, m. en 1691), quien falleció en Portugal en 17059.


D. Juan Tomás nació el 21 de diciembre de 1646. Su padre le cedió el título de conde de Melgar. De él cuenta Fernández Duro que "de aventajada estatura, de hermoso aspecto y elegante porte, muy luego se habló de su persona, mentándola en toda aventura ruidosa, de las que daban comidilla a los asiduos de los mentideros"10.


Tras firmar capitulaciones matrimoniales en el Puerto de Santa María en 1663, contrajo matrimonio con Doña Ana Catalina de la Cerda, hija del séptimo Duque de Medinaceli. Tras enviudar de ésta en 1697, contrajo segundas nupcias con Doña Catalina de la Cerda y Aragón, hija de D. Juan Francisco, octavo Duque de Medinaceli, y de Doña Catalina Antonia, Duquesa de Segorve y Cardona11.


Dentro de su actividad pública destaca su nombramiento en octubre de 1678 como Gobernador y Capitán General de Milán. Al empezar 1695 era Teniente General de las Andalucías y posesiones de África, al tiempo que Caballerizo mayor del Rey12.


En su calidad de Grande de primera clase se vio sin duda afectado por la instauración de la nueva dinastía borbónica en la persona de Felipe, duque de Anjou y nieto de Luis XIV y de María Teresa, hermana de Carlos II, el futuro Felipe V, que entró como rey en Madrid el 18 de febrero de 1701. Así lo había establecido en su testamento, poco antes de morir el 1 de noviembre de 1700, el último de los Austrias españoles, el desdichado Carlos II, optando como sucesor por un Borbón francés frente al candidato imperial, el archiduque Carlos, elección que era compartida por la mayor parte de la Corte madrileña y el Papado13.


Si puede decirse que el pueblo afrontó sin resistencia grandes sacrificios para sostener a los Borbones en una larga guerra que se prolongó hasta 1715, la alta nobleza castellana, en cambio, fue, en general, indiferente y en parte hostil a la nueva dinastía. Tal actitud estuvo provocada por el decaimiento de su influencia en el nuevo rey, que había sido decisiva en el reinado anterior14. El enfermo infeliz que fue toda su vida Carlos II se volvió en extremo dependiente primero de su madre, la reina regente, y luego de los sucesivos ministros y favoritos, Grandes de Castilla. De tal suerte, tras la muerte de don Juan de Austria, se produjo la privanza del duque de Medinaceli, luego la del conde de Oropesa (1685-1691), que en los últimos años tuvo que compartirla con otros altos personajes, como el condestable de Castilla y el mismo almirante15.


Pese al esfuerzo meritorio de algunos individuos como el duque de Medinaceli o el conde de Oropesa al final del reinado de Carlos II16, los Grandes aparecían en las postrimerías del siglo como una casta degenerada y estéril, y los Borbones vieron en ellos el principal obstáculo para una monarquía eficiente17. En 1703 el desalentado cardenal Portocarrero, arzobispo de Toledo, Primado de España y Regente del Reino en varios períodos sucesivos durante la ausencia de Felipe V, pintaba con los tintes más sombríos la avidez de cargos y la incompetencia y desinterés de la generalidad de esta clase por los asuntos públicos18. Su actitud, propia de rivales de escasa valía, provocaba el desprecio de la carismática princesa de los Ursinos, Camarera mayor de la Reina, o del infatigable Amelot, embajador de Francia y Primer Ministro de facto de Felipe V19.


El ataque directo dirigido por los consejeros franceses contra los privilegios de los Grandes, que se vieron apartados del gobierno efectivo, fue facilitado por el conservadurismo, la ineficacia y las disputas de los propios nobles, que desde el principio del reinado se habían dividido en facciones que cruzaban las líneas de los partidos austriaco o borbónico20.


El descontento de los Grandes de Castilla, incluso entre aquellos que habían apoyado inicialmente la nueva dinastía, provocó desde el comienzo del reinado una serie de defecciones. La más sonada de las que se produjeron en esta época fue, sin duda, la del almirante de Castilla. Su adhesión inicial a la causa borbónica, al ser el noble de linaje más eminente, fue muy bien recibida. Sin embargo, parece que se desilusionó rápidamente con la nueva Corte, y, hombre ambicioso, con el favor que alcanzaba el cardenal Portocarrero. El almirante sugirió que lo nombraran embajador en Francia. Portocarrero accedió, pero rebajando su sueldo de modo humillante. Ocultando su disgusto, el almirante pidió permiso para llevar sus bienes a París, y salió de Madrid el 13 de septiembre de 1702, con un séquito de trescientas personas, en ciento cincuenta carruajes, y equipaje en el que iban gran cantidad de joyas y pinturas. Se desvió de repente y huyó a Portugal, donde denunció al Gobierno borbónico. Las naciones de la Gran Alianza (Austria, Inglaterra y Holanda) acogieron con júbilo al almirante. A consejo suyo renunció el Emperador de Austria a los derechos a la Corona en su hijo el archiduque Carlos, y vino éste a Lisboa. Parece que participó activamente en la adhesión de Portugal a la Alianza en el verano de 1703, y que propuso también el plan de campaña. Fue nombrado general de la caballería del ejército coaligado. Acudiendo a la frontera por Estremoz para ordenar algunas disposiciones, falleció repentinamente el 29 de junio de 1705, antes de cumplir los cincuenta y nueve años de edad. Años más tarde, el 12 de enero de 1726 Felipe V firmó un decreto comunicando su resolución de no proveer más la dignidad de almirante de Castilla, vacante desde la muerte de D. Juan Tomás Enríquez de Cabrera21.


2. 3. 3. Conclusiones sobre la datación del poema.


Debemos distinguir en el establecimiento de la datación, siempre por lo demás hipotética, entre la fecha del suceso que se narra en la macarronea y la de su publicación como impreso.


Torres-Alcalá establece, como hemos visto, una fecha límite en 1699 para la presencia de Aylmer en el puerto de Cádiz. Esta fecha, no obstante, podría retrasarse hasta septiembre de 1701-desde noviembre de 1700 hasta abril de 1701 no hubo hostilidades de ninguna clase-, en la que las llamadas potencias marítimas (Inglaterra y Holanda) forman con Austria, enemiga dinástica de los Borbones, la Gran Alianza contra Francia y España, en temor de que se unieran las dos monarquías bajo la casa borbónica. Durante un año combatieron en Italia franceses y austriacos, y en mayo de 1702 las potencias de la Gran Alianza declaran la guerra a Francia y España22.


Jose Calvo Poyato refiere un curioso testimonio de la época sobre las lealtades del Almirante en este momento:


[...] También la defección del Almirante de Castilla, don Juan Tomás Enríquez de Cabrera, fue un asunto de impacto, rodeado de un cierto aire rocambolesco. Según un testimonio de la época, en 1701 un holandés llegó a Cádiz bajo el pretexto de efectuar una serie de negocios -aún no estaba cerrado el comercio con las Provincias Unidas-, pero su verdadero propósito era investigar el estado en que se encontraban las defensas peninsulares, así como los ánimos de la población respecto a la causa del archiduque Carlos de Austria. En cumplimiento de esta misión viajó a Madrid, donde se entrevistó con el Almirante, mostrándole éste un mapa donde se recogía la situación de las fortificaciones peninsulares. De la información recogida, el holandés sacó la conclusión de que el ataque a España debía producirse por Andalucia.

Esta anécdota tal vez no sea muy verosímil, pero a la postre el Almirante de Castilla huyó a Portugal, donde acató al archiduque como soberano, y el primer intento de desembarco de los aliados en la Península se produjo en la bahía gaditana23.


Para nosotros esta historia, aparte de señalar la presencia del Almirante en la Corte antes de septiembre de 1701, es indicativa de una temprana adscripción al partido austriaco, y de una patente francofobia, que se refleja en la actitud de las naves francesas fondeadas en el Cádiz de nuestra macarronea, que se niegan a disparar salvas en honor del Almirante (cf. vv. 35-36).


Es muy interesante observar, de cara a la fijación de un término post quem de la macarronea, el hecho de que los acompañantes del Almirante son prácticamente los mismos que los de su aparatosa entrada en Sevilla el 4 de febrero de 1700 (cf. supra 4. 1 n. 11-12). Efectivamente, nos volvemos a encontrar con el duque de Osuna y el marqués de Priego, al que se suma en este caso Francisco Fernández de la Cueva, duque de Alburquerque, todos ellos Grandes de primera clase24. La presencia del último de éstos podría explicarse por lazos familiares, ya que su esposa, Juana de la Cerda (1664-1724), era hermana de la madre del marqués de Priego, y de la segunda esposa del Almirante (cf. supra 4. 1 n. 11-12). Es probable, pues, que la entrada en Cádiz no estuviera muy alejada en el tiempo de la citada entrada en Sevilla.


En cuanto a la fecha de publicación del impreso, que Paz y Meliá fecha en el siglo XVIII, cabe dentro de lo posible admitir que se diera a comienzos de 1701, aunque a medida que transcurre el año se dificulta notablemente, y se vuelve francamente problemática a partir de septiembre con la creación en La Haya de la Santa Alianza, para volverse imposible desde agosto de 1702, cuando la ciudad de Cádiz, que había optado desde el primer momento por la causa borbónica, sufre sitio durante cuarenta días a cargo de una escuadra angloholandesa, a la que resistió heroicamente a pesar de la pobreza de medios25. Hacia la época que concluía este sitio se consumaba, asimismo, la defección del Almirante de Castilla. Ahora bien, sigue en pie el problema principal de elucidar los criterios que llevaron a Paz y Meliá a afirmar de una manera tan segura, y, al mismo tiempo, tan imprecisa la fecha de publicación del impreso. Así, surge la sospecha de pensar que este criterio consistiera simplemente en haberlo hallado entre otros legajos asignados imprecisamente a esta centuria. Como en el caso de su edición del poema macarrónico de Vergara y de la Pepinada de Sánchez Barbero, la cuestión queda en el aire, al no sernos nunca posible localizar, frustración que compartimos con el Sr. Torres-Alcalá, sus fuentes manuscritas o impresas de la Biblioteca Nacional, sobre cuya localización guarda siempre un irritante e incomprensible silencio. No obstante, aceptamos de modo convencional la datación de Paz y Melia, aunque con todas las reservas que se pueden suponer.


__________________________________________

1 En nota Paz y Meliá indica que "así lo cree el Sr. Fernández Duro, que hace tiempo se ocupa en recoger datos para la biografía de aquel personaje". El subrayado es nuestro.

2 Cf. A. TORRES-ALCALÁ, o.c., p. 113. Este autor cita abreviadamente como Mer. En nuestra edición utilizaremos la abreviatura Merl.

3 Cf. ib., p. 114

4 cf. ib. pp. 114-115

5 cf. ib. p. 115

6 cf. A. DOMÍNGUEZ ORTIZ, Sociedad y Estado en el siglo XVIII español, Ariel, Barcelona 1984 [1976], p. 41. La descripción bibliográfica de la obra de Fernández Duro fue hecha aquí 4. 1 n. 5.

7 Cf. C. FERNÁNDEZ DURO, o.c., p. 3

8 cf. ib. p. 4

9 cf. ib. pp. 5-6

10 cf. ib. p. 16

11 cf. ib. pp. 17, 51, y supra  4. 1. n. 12

12 cf. ib. p. 47

13 cf. HENRY KAMEN, La Guerra de Sucesión en España, 1700-1715, Grijalbo, Barcelona 1974, pp. 14-15, 19

14 cf. A. DOMÍNGUEZ ORTIZ, o.c., pp. 40-41.

15 Cf. Ib. p. 18; H. KAMEN, o.c., pp. 46.

16 Cf. A. DOMÍNGUEZ ORTIZ, o.c., p. 19

17 cf. H. KAMEN, o.c., p. 103

18 cf. ib. pp. 99-100; A. DOMÍNGUEZ ORTIZ, o.c., pp. 18-19.

19 Cf. H. KAMEN, o.c., pp. 102-105.

20 Cf. ib. pp. 104, 106.

21 Cf. ib. p. 108; C. FERNÁNDEZ DURO, o.c., pp. 66-96.

22 Cf. H. KAMEN, o.c., pp. 19-20; A. DOMÍNGUEZ ORTIZ, o.c., p. 25.

23 Cf. JOSÉ CALVO POYATO, La Guerra de Sucesión, Anaya, Madrid 1988, p. 27.

24 Así figuran en una lista de Grandes de 1707 cf. A. DOMÍNGUEZ ORTIZ, La sociedad española en el siglo XVII, T. I, CSIC, Universidad de Granada 1992, p. 360.

25 Cf. MANUEL BUSTOS RODRÍGUEZ, "La ciudad de Cádiz y su contribución militar a la guerra de Sucesión Española, 1704-1705", Anales de la Universidad de Cádiz, I 1984, pp. 139-140.




sábado, 30 de julio de 2022

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO" DE MERLÍN COCAYO: De cómo al desembarcar en una isla ignota, tras derrotar a los piratas, algunos compañeros de Baldo se pierden, y de lo que le acontece a Falchetto con la maga Pandraga (Baldus V, 17, 105-212)


 

Ilustración, como es habitual, de la redacción Toscolanense (1521) donde son diferentes los nombres de los antagonistas de Falchetto en este episodio.




Mientras tanto Cíngar busca a Falchetto y lo llama

insistentemente: silba, blasfema, jura, entra en cólera.

Baldo, pues, viendo que ninguno de ellos regresa,

penetra en el bosque, de una enorme tarja cubierto,

y ordena a Moschino guardar la galera de salteadores; 110

con quien se quedan Giuberto y el bufón de Boccalo;

estos tres a roncar comienzan, del sueño vencidos.

Siete, pues, compañeros, cuando juntos estarse

menester sería, y no alejarse del grupo,

hete que se dispersan, víctimas del destino.                  115

El Sol descendía poco a poco a otros parajes,

y a los antípodas con su fulgor el día llevaba.

La Luna mostrábanos sus cuernos fuera del agua,

y las gafas traía que había tomado a su hermano.

Falchetto siente que tiene en el vientre las tripas vacías, 120

y con su piel entero se comería un ternero.

Ha poco los compañeros de carne caprina se hincharan;

no tiene él de cantar la gana, rugiendo sus tripas:

se arrepintió de cantar el lobo, con hambre quedando1.

Por eso arrastrando las patas, de perro mastín a la guisa, 125

cuando de la carestía castiga la plaga a los rústicos,

ve a lo lejos una pequeña luz en la noche;

ordena a sus patas que lleven allí a su vientre famélico,

aunque éstas flaquéanle por debilidad ostensible.

Finalmente encuentra de dónde viene la lumbre; 130

era, pues, de ladrillos crudos una casucha;

en ésta sin llamar a la puerta y sin anunciarse

entra, y entrando empuña la espada y su rodela.

Encuentra a un hombre allí bromeando con una bagasa,

que desdeñosa desprecia del feo viejo los tientos. 135

Feo era el viejo, más que ninguno canalla,

con giba de delfín y azafrán el color de su rostro.

No quédale un diente que en las encías mantenga su puesto,

y su narizota gotea cual agua de un alambique.

A veces, empero, aquella tunanta al viejo celoso 140

da cuerda, y sus besos tolera babosos la embaucadora,

y con melifluas palabras enreda al cornudo la zorra,

y del hocico lo lleva como si búfalo fuera.

Ésta es la Pandraga malísima, a quien no supera

de las putas ninguna en ponerte los cuernos.      145

Por tanto, cuando a Falchetto sus miradas dirige,

rauda y veloz lo acoge con los brazos abiertos,

como suele en amor la esposa al marido añorado.

Ante tamaña amabilidad quedose pasmado,

el papanatas ignora qué trampas emplea la guarra. 150

"¡Favor, damisela -dice-, dad de comer al hambriento!

Ya son tres los días que tengo la panza vacía.

Os ruego, si compasión a bellas damas adorna,

dadme un mendrugo de pan, y de vos seré un esclavo."

Dale respuesta el viejo: "Tienes razones a miles; 155

trae, Pandraga, comida, socorre al infelice."

Ésta, graciosamente vestida de blanca basquiña,

se mueve, y con gesto, risa, y garbo propio de puta,

preparando el banquete, se afana por dondequiera.

No bien terminara de la mesa cargar de viandas, 160

que, sobre sus patas erguido2, Falchetto de un pan hace presa,

que como una píldora traga, sin tocarlo de dientes.

Después de éste, otros dos, luego tres, y nunca de cierto

tregua hubo hasta que siete hogazas cayeron.

De beber gana, empero, entonces aquél no tenía, 165

no obstante da asalto con rápido diente a una jofaina,

donde, cual pepitas de plata, miles de huesos

del valle de Josafat3 encuentra, al hambriento encomiables,

como pescuezos, patas, ventrículos de las gallinas.

Esto todo cómeselo Falchetto en silencio.             170

Al fin, saciado el vientre con no pocos bocados,

agarra con ambas manos, sin limpiarse el hocico,

una enorme botella, por más que de cuarto la vea.

Y el desdichado, sorbiendo un mejunje de vino opiado,

presto rueda por tierra en sueño profundo sumido, 175

y yace cuan largo era, como si muerto se hallara,

y varias nocturnas quimeras vuelan en su cabeza.

Ese viejo patán, de nombre Beltrazzo, se ríe y,

riendo, abre bien grande su boca privada de dientes,

pues se divierte, de Susana4 ese viejo malvado, 180

en atrapar forasteros gracias a su putona.

Éste en verdad estaba más loco que treinta caballos,

del envidiar retoño, y más que gallo celoso,

tan encoñado, tan del amor de su puta transido,

que parecía comérsela con la sola mirada.          185

si acaso en las mejillas o frente de la muchacha

una mosca posaba, y aquélla no la espantaba,

presto iba a quitarle la mosca adulterio temiendo;

y mientras lejos la manda, decía: "¡vete, diablo!

¿Macho la mosca es o hembra?¡maldita bellaca! 190

tú de cuernos -temo- me pones una cimera".

Tal cosas diciendo, a correr se ponía,

y coger con la mano la mosca o la pulga intentaba,

y entre sus patas buscaba del macho los atributos.

Él mismo, pues, de Falchetto los miembros cargó de cadenas, 195

no aceptando que tal faena la haga su dama,

por evitar que un amante dormido a la adúltera tome.

Ésta, de las necedades del bobo marido sabiendo,

ríe, y riendo hace entender al viejo tronado

que está en el pozo la luna y la estrella Diana5 se ahoga. 200

Cuando bromea la chica, Beltrazzo bromea con ella:

quien ama sin tino, cuando ríe la amada, se ríe,

y cuando llora, tontamente llora con ella.

Levantan, pues, una piedra, que oculta una negra caverna,

donde hacen bajar con larga cuerda a Falchetto; 205

luego, recolocada la piedra, cierran de cárcel

la boca, y nadie jamás encerrado en aquélla,

puede en liberarse pensar, y en ver luz del día.

Mientras con tales sucesos el mundo al revés se nos pone,

esto es, que entierren vivo a Falchetto, y Leonardo, 210

muerto por mujeriles manejos, no sea enterrado,

a éste volvamos y demos la oveja de pasto a los osos.


__________________________________

1cf. ESOPO, 75, "Fábula del lobo flautista y el cabrito".

2Recuérdese la naturaleza semicanina del caballero.

3Como recuerda Chiesa en el libro del profeta Ezequiel (cap. 37) se da la visión de un valle cubierto de huesos mondos.

4Referencia al episodio bíblico del libro de Daniel 13, donde dos viejos acosan a la joven Susana.

5Véspero, cf. I 553.


sábado, 23 de julio de 2022

MACARRONEAS DEL SIGLO XVIII: EL POEMA MACARRONICVM DE MERLINVS SOBRE LA ENTRADA DEL ALMIRANTE DE CASTILLA EN LA CIUDAD DE CÁDIZ, EL POEMA MACARRÓNICO INCLUIDO EN UNA MÁSCARA JOCO-SERIA SEVILLANA DE 1742, Y EL EPIGRAMA CANARIO DE QUIJADA.


 

1. La poesía macarrónica en el siglo XVIII.


1. 1. Características formales frente a las macarroneas precedentes.


Incluimos en este capítulo el estudio y edición de las macarroneas que hemos podido recopilar de esta centuria, con excepción de la metrificatio invectivalis de Tomás de Iriarte, a la que dedicamos el capítulo siguiente en gracia a sus particularidades.


Frente a la relativamente irregular producción del siglo anterior (cf. otios., Marq, Ignat., carm., PM1 y PM2), destaca en las producciones dieciochescas, coincidiendo con su carácter de poesía de circunstancias, la premeditada corrección formal, y, sobre todo, la alta conciencia que manifiestan los autores de las posibilidades expresivas y estéticas del lenguaje que manejan, que se hace principalmente patente en la composición de Merlinus y en la de Tomás de Iriarte. En estos dos poemas hay, asimismo, referencias intencionales y evidentes a la tradición folenguiana, ya convertida en clásico de obligada referencia. Estas dos tendencias de perfeccionamiento del instrumento lingüístico macarrónico y de afán anticuarista van de la mano en la muerte del género, que tendrá un esplendoroso cierre en la Pepinada de Sánchez Barbero (1812), el más folenguiano, sin duda, de los poemas macarrónicos españoles.


1. 2. Mojiganga y macarronea.


Es un hecho absolutamente novedoso el que las dos primeras macarroneas reseñadas en el título se presenten como mojiganga o como integrante de una de ellas (cf. v. 4 y 8 respectivamente). Esto representa un inesperado -y tardío- giro en la producción macarrónica hispana conocida, que entra así en relación con manifestaciones teatrales o parateatrales de origen plenamente barroco.


A la variada polisemia de la voz 'mojiganga' recogida por Corominas ('personaje típico de las mojigangas'; 'compañía teatral formada por nueve o diez actores'; 'mascarada grotesca y cabalgata de Carnaval'; 'farsa' (cf. Aut.s.u. 'mogiganga': "Fiesta pública que se hace con varios disfraces ridículos, enmascarados los hombres, especialmente en figuras de animales [...] Por alusión se llama qualquier cosa ridícula con que parece que alguno se burla de otro") hay que añadir el sentido de 'pieza teatral breve' como señala Javier Huerta Calvo. Añade este estudioso que "ya en el siglo XVII quedarán fijadas las dos acepciones más usuales de la palabra: como festejo carnavalesco y como pieza teatral breve"1.


No obstante, los límites entre mojiganga dramática y no dramática no estarán siempre claros, ya que el mismo Huerta Calvo cita un ejemplo de máscara hablada, "con lo cual se daban los dos tipos conocidos de mojiganga"2. A este tipo mixto pertenece sin duda la máscara joco-seria celebrada en Sevilla en 1742, en la que se incluye un poema macarrónico recitado por uno de los participantes, disfrazado del dios Príapo. Es esta presencia de personajes mitológicos adoptados en clave burlesca una de las características de las mojigangas3, que, junto al tono teatral implícito, lleva al autor de la composición sobre la entrada del Almirante en Cádiz a tildarla de mojiganga. Efectivamente, el poema contiene una escena mitológico-burlesca que consiste en un diálogo de corte lucianesco entre Hércules y Venus, divinidades íntimamente relacionadas con la capital gaditana. Cabe incluso la posibilidad de pensar que esta escena fuera la adaptación de otra real representada en una mojiganga callejera en la jornada de la visita del Almirante a Cádiz (cf. v. 86: "Vndique farsa pluit, repetitaque musica rodat"). Da que pensar, ciertamente, el hecho de que el autor de la composición gaditana presenta a su Musa macarrónica como "zumbática" (v. 4), y que el Príapo sevillano diga que viene zumbando a alborotar a Sevilla (v. 6), es decir, atribuyéndoseles a ambos el manejo de la zumba o cencerro grande característico de la pandorga o música muy ruidosa propia de las mojigangas.


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1 Cf. JAVIER HUERTA CALVO, Teatro breve de los siglos XVI y XVII, Taurus, Madrid 1985, pp. 59-60. La mojiganga teatral "tendrá la obligación de rememorar al espectador los aspectos plástico-visuales que acostumbraba a ver por las calles" (p. 64); PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA, Una fiesta sacramental barroca. Loa para el auto "Entremés de los instrumentos". Auto sacramental "La segunda esposa y triunfar muriendo". Mojiganga "De las visiones de la muerte", Edición de José María Díez Borque, Taurus, Madrid 1983, pp. 250-251.

2 Cf. JAVIER HUERTA CALVO, o.c., pp. 62-63.

3 Cf. ib. p. 62. En nuestro estudio sobre la macarronea de la máscara joco-seria de 1742 revisaremos más aspectos de la mojiganga callejera. (cf. infra 3. 2).


sábado, 9 de abril de 2022

GLOSARIO DEL "POEMA MACARRONICUM" DE 1700: Q-Z

 

Quarton, sust.: "cuartón (madero que resulta de aserrar longitudinalmente en cruz una pieza enteriza)".

Ac.pl.: quărtŏnes PM239

Ruptura de la ley de la posición y de la penúltima macarrónica.

Quebrare, v.: "quebrar".

Pto.perf.ind.: quebrārunt PM1212, 378

Quedare, v.: "quedar".

Pte.ind.: quĕdat PM194 quēdant PM2171 pto.perf.ind. quĕdāuit PM1155, 171, 193, 398 quĕdārunt PM1224, 324 pto.impf.ind. quĕdābat PM1387

Quitare, v.: "quitar".

Inf.pte.act.: quītāre PM1125


Rapare, v.: "rapar"

Pto.impf.ind.: răpābant PM198PM279

Rasgare, v.: "rasgar".

Pte.ind.: rasgant PM1121PM294

Rebosare, v.: "rebosar".

Pte.ind.: rĕbōsat PM172PM259

Recebimentum, sust.: "recibimiento".

Ac.sing.: rĕcĕbīmentum PM174PM261

Recibire, v.: "recibir".

Pte.subj.: rĕcībant PM177

Regalus, sust.: "regalo".

Ac.pl.: rĕgālos PM1156

Regocijus, sust.: "regocijo".

Dat.sing.: rĕgōcījo PM1380

Rejon / rexon, sust.: "rejón".

Abl.sing.: rējōne PM1306 rēxōne PM2161

Relumbrare, v.: "relumbrar".

Pto.impf.ind.: rĕlumbrābat PM1261

Rempujon, sust.: "rempujón".

Ac.pl.: rempūjōnes PM1120PM293

Es vulgarismo por 'empujón' (cf. Corom. s.u. 'empujar').

Repletus, adj.: "repleto".

Abl.sing.: rĕplēta PM1226PM2135 ac.pl. rĕplētas PM1103PM283

Repuius, sust.: "se llama assimismo una saetilla, vestida por la parte superior de plumas ó papel, para arrojarla derecha, y clavarla derecha (cf. Aut. s.u. 'repullo')".

Ac.pl.: rĕpūios PM1215

Resbalare, v.: "resbalar".

Gerund.abl.: resbālando PM1289

Restus, sust.: "resto".

Ac.sing.: restum PM1157

Integrante de un macarronismo de calco, echare restum "echar el resto" (cf. Aut. s.u. 'echar [el resto]': "en el juego donde hai envites, es envidar con todo el caudal que uno tiene delante, y de que hace su resto. Y por translación es obrar con toda resolución, haciendo quantos esfuerzos caben para lograr su intención").

Ricus, adj.: "rico".

Ac.pl.masc.: rīcos PM1156

Riquesa, sust.: "riqueza".

Ac.pl.: rīquēsas PM1260

Robare, v.: "robar".

Pto.impf.ind.: rŏbābat PM1367

Rociare, v.: "rociar".

Gerund.abl.: rŏcĭandŏ PM1271 pto.perf.ind. rŏcĭāuit PM1272

Rocin, sust.: "rocín".

Abl.sing.: rōcīne PM193 abl.pl. rōcīnibus PM1256

Rodare, v.: "rodar".

p.pte.nom.pl.n.: rŏdantia PM1140PM2110

Ropa, sust.: "ropa".

Gen.sing.: rōpae PM1136

Rostrus, sust.: "rostro".

Ac.sing.: rostrum PM1149PM2119 abl.sing. rostro PM124, 334PM222, 174

Macarronismo semántico cf. glosario mach-scrib s.u. 'rostrus'.

Ruidus, sust.: "ruido".

Nom.sing.: rŭīdus PM1148PM2118 ac.sing. rŭīdum PM1110, 138, 274PM289, 138


Sacudire, v.: "sacudir".

Inf.pte.act.: săcŭdīre PM1273, 277

Sala, sust.: "sala".

Ac.sing.: sālam PM1331 nom.pl.: sālae PM1172 ac.pl. sālas PM1176

Salire, v.: "salir".

Pte.ind.: sălĭunt PM1220 pto.perf.ind. sălĭēre PM1100, 236PM281 p.pte.nom.pl.masc. sălĭentes PM1327

Macarronismo semántico cf. glosario Bald-Spur s.u. 'sallire'.

Salua, sust.: "salva".

Ac.sing.: saluam PM192

Saraus, sust.: "junta de personas de estimación y gerarchía, para festejarse con instrumentos, y bailes cortesanos. Tomase por el mismo baile, ò danza entre muchos (cf. Aut. s.u. 'sarao')".

Ac.sing.: sărāum PM1395

Sargentus, sust.: "sargento".

Nom.sing.: sargentus PM193

Saya, sust.: "saya".

Ac.pl.: sāyas PM1202

Scritorium, sust.: "escritorio".

Nom.pl.: scrītōria PM1174

Segundus, adj.: "segundo".

Ac.sing.: sĕgundum PM1166

Señalare, v.: "señalar".

Gerund.abl.: sēñālandŏ PM129

Señorium, sust.: "señorío (dignidad de señor)".

Ac.pl.: sēñōrīa PM1346

Sequitus, sust.: "séquito".

Ac.sing.: sĕquĭtum PM1348

Serra, sust.: "sierra".

Ac.pl.: serras PM142PM241

Seruiguillus, sust.: "cerviguillo (parte exterior de la cerviz cuando ésta es gruesa y abultada)".

Ac.sing.: seruīguillum PM1216

Silla, sust.: "silla".

Nom.pl.: sillae PM1127PM2100, 138 ac.pl. sillas PM1241

Sitius, sust.: "sitio".

Nom.sing.: sĭtĭus PM1371 ac.sing. sĭtĭum PM139, 40, 386PM227, 38 ac.pl. sĭtĭos PM1278

Soga, sust.: "soga".

Ac.pl.: sŏgas PM141PM239 abl.sing. sŏgis PM148

Soldadus, sust.: "soldado".

Nom.pl.: soldādi PM190 gen.pl. soldādōrum PM1114

Sonidus, sust.: "sonido".

Ac.sing.: sŏnīdum PM137, 263

Soplare, v.: "valer tambien inspirar, ò sugerir algunas noticias, ò especies: y assi se dice, que sopla la Musa, &c. (cf. Aut. s.u. 'soplar')".

Pto.impf.ind.: soplābas PM1290PM2157 pte.imp. sopla PM113 inf.pte.act. soplāre PM111

Sors, sust.: "suerte (burla que el lidiador hace del toro)".

Ac.pl.: sortes PM1213, 319PM2166, 170

Macarronismo semántico cf. lat. sors, sortis "suerte (fortuna)".

Spejus, sust.: "espejo".

Nom.pl.: spēji PM1175

Studiante, sust.: "estudiante".

Nom. pl.: stŭdĭantes PM1168 gen.pl. stŭdĭantōrum PM183, 159PM270

Apunte de declinación heteróclita.

Sum(m)a, sust.: "suma".

Ac.sing.: sūmam PM129 summam PM227

Sustus, sust.: "susto".

Ac.sing.: sustum PM1316


Tabla, sust.: "tabla".

Ac.pl.: tablas PM141, 46, 49PM239, 43

Tabladus, sust.: "tablado".

Ac.pl.: tablādos PM145PM242 abl.pl. tablādis PM148, 136

Tambor, sust.: "tambor".

Nom.pl.: tambōres PM134, 37PM232, 35

Tapiz, sust.: "tapiz".

Nom.pl.: tăpīces PM1173

Tarde, sust.: "tarde".

Ac.sing.: tardem PM1226, 295PM2135 gen.sing. tardis PM170, 282, 365PM257, 66 abl.sing. tarde PM1403

Targeta, sust.: "tarja pequeña en sentido de escudo. Tomase regularmente por la que se saca en las fiestas públicas por rodela, en que va pintada la divisa, o empresa del Caballero (cf. Aut. s.u. 'tarjeta')".

Abl.sing.: targēta PM1160, 168

Temblare, v.: "temblar".

Pto.perf.ind.: temblāuit PM1117

Texadus, sust.: "tejado".

Abl.pl.: tēxādis PM1372

Tirare, v.: "tirar".

Pto.perf.ind.: tīrāuēre PM1266 p.p.ac.pl.fem. tīrātas PM1267 pto.impf.ind. tīrābat PM1376

Tocare, v.: "tocar".

Gerund.abl.: tŏcando PM1243

Tomare, v.: "tomar".

p.p.ac.sing.masc.: tŏmātum PM140PM238 pto.impf.ind. tŏmābant PM1285

toril, sust.: "toril".

Abl.sing.: tŏrīle PM1184

Torus, sust.: "toro".

Gen.pl.: tōrōrum PM128, 292 dat.pl. tōris PM1210, 391 abl.pl. tōris PM1185

Trabucus, sust.: "trabuco".

Abl.pl.: trăbūquis PM1159

Trage, sust.: "traje".

Abl.sing.: trāge PM1253PM2253

Trahere, v.: "traer".

Pte.ind.: trăhunt PM141 pto.perf.ind. traxit PM168

Macarronismo semántico cf. lat. trăhere "arrastrar, atraer, sacar".

Trance, sust.: "trance".

Ac.sing.: trancem PM1137PM2107

Tronidus, sust.: "lo mismo que trueno (cf. Aut. s.u. 'tronido')".

Abl.pl.: trŏnīdis PM1117

Tunante, sust.: "tunante".

Gen.pl.: tŭnantum PM185PM272


Unam (ad), loc.prep.: "a una".

Loc.prep.: ăd ūnam PM1115

Uñatem (ad), loc.prep.: "a uñate (juego infantil)".

Ac.sing.: ad ūñātem PM197

En Aut. uñate es 'acción de apretar con la uña', y en Zamora tiene el sentido de juego de niñas que se ejecuta impulsando con la uña un alfiler hasta cruzarlo con el contrario, término con el que Corominas relaciona el and. fuñate 'uñate, juego infantil' "si no me engaño, esta palabra curiosa sólo se emplea en la locución adverbial a uñate, tal como aparece ahí: "con tan duras carnes y estirado pellejo, que sobre él y en cualquier parte de tan gentil persona se podían matar pulgas a uñate cual sobre liso mármol" (Fulano, Zutano, Mengano, y Perengano, Cuentos y Chascarrillos Andaluces, ed. 1898, p. 116). Terminación singular: ésta y la procedencia andaluza del ej. si se tratara de una voz propia del Mediodía de España, podría sugerir un origen mozárabe (del suf.lat. -ATVM, o bien del plural fem. árabe -ât), pero como es suposición arriesgada (sobre todo contando que se emplea en Zamora), me inclino a creer en una aplicación del topónimo y apellido vasco Oñate (Uñ-), relacionado con uña por floreo verbal (cf. Corom. s.u. 'uña')".


Vaciari, v. dep.: "vaciarse".

Pto.impf.ind.: văcĭābātur PM1350

Varasus, sust.: "varazo".

Ac.pl.: vārāsos PM1192, 298 abl.pl. vārāsis PM1186

Venida, sust.: "venida".

Nom.sing.: vĕnīda PM1363 ac.sing. vĕnīdam PM112, 36PM28, 34

Venire, v.: "venir".

p.p.nom.sing.masc.: vĕnīdus PM120

Ventana, sust.: "ventana".

Abl.pl.: ventāna PM1372

Verde, sust.: "verde".

Abl.n.sing.: verdi PM1230 abl.fem.pl. verdis PM1229

Caso de declinación heteróclita.

Viage, sust.: "viaje".

Ac.sing.: vĭāgem PM121, 113, 409PM219

Visita, sust.: "visita".

Nom.sing.: vīsīta PM117 ac.sing. vīsītam PM125PM215, 23 ac.pl. vīsītas PM1343, 347, 400

Vista, sust.: "vista".

Ac.sing.: vistam PM1125, 199PM298, 134

Voluere, v.: "volver (regresar)".

Pte.ind.: voluunt PM1410

Macarronismo semántico cf. lat. voluĕre "hacer rodar, precipitar, derribar, rodar, hacer pasar, meditar, deslizarse, girar, caer, revolcarse, ser llevado de aquí para allá".

Votare, v.: "votar".

Pte.ind.: vōtat PM128PM226

Votum, sust.: "voto (sufragio)".

Gen.pl.: vōtōrum PM131PM229

Macarronismo semántico cf. lat. vōtum "voto (promesa), exvoto, voto (deseo)".

Vuscare, v.: "buscar".

Pto.impf.ind.: vuscābant PM1307


Zeda, sust.: "seda".

Gen.pl.: zēdārum PM1196 abl.pl. zēdis PM1171, 258

Zedula, sust.: "cédula".

Nom.sing.: zēdŭla PM175PM262