3. El epigrama macarrónico
del bachiller Pero Miguel (1610).
3. 1. Contexto histórico y
artístico: la fiesta y certamen literario celebrado en Sevilla en
conmemoración de la beatificación de Ignacio de Loyola.
A
comienzos de 1610 se celebra en Sevilla una fiesta y justa literaria
por la beatificación del fundador de la Compañía de Jesús,
ocurrida el 27 de julio del año anterior. Dio cuenta de ambas el
licenciado Francisco de Luque Fajardo en una Relacion
de la Fiesta que se hizo en Sevilla a la Beatificacion del Glorioso
S. IGNACIO fundador de la Compañía de IESVS,
Sevilla, 1610, obra que incluye el epigrama macarrónico en cuestión
(f. 14v.).
Tras la descripción de la
fiesta en sí, pasa Luque Fajardo a la del lugar y fecha donde se
desarrolló el certamen literario (f. 2v.- 3r.):
Aunque
por la primera publicacion del Cartel y sus leyes, quedaron los que
vuiessen de justar auisados y llamados para la solene Distribucion de
premios à dia señalado, ocho despues de celebrada la fiesta
principal de la casa Professa: y a lugar determinado, del patio de
Escuelas del Colegio de S. Ermenegildo; se dio nueuo auiso la vispera
en la noche con repique de sus campanas, y nueuos fuegos, mas y mas
luzidos que los del domingo antes. Amaneciò Domingo de la
Sexagesima,
adereçado el patio, que era de 100. pies largos en quadro, y sus
quatro corredores Ricamente adereçados, de los brocados de la
Ciudad, y otras telas, y sedas a dos ordenes; y assi mismo las
pilastras, que son veynte, con varios, y preciosos quadros sobre los
capiteles exteriores, y lo que ciñe todo el patio. A las dos
pilastras de en medio del corredor que esta arrimado a lo interior de
la casa, se leuantò vn tablado de medio estado de alto, bien capaz,
y a la vna pilastra, vn precioso dosel de brocado, realçado de
exquisita bordadura y dibuxo, en medio del qual se puso vna deuota
Imagen del Santo, adornada la guarnicion de varias labores, flores, y
ramilletes de seda, que con la flocadura del cielo, y con la çanefa
del dosel guardauan vna muy agradable proporcion. Debaxo de la
Imagen, sobre el tablado vna mesa cubierta de vn rico brocado, y
sobre este vn aparador de cinco gradillas ricamente cubiertas, por
las quales y en la mesa se dispusieron con orden y buena prospectiua
todos los premios señalados en el Cartel, y algunos otros, que de
nueuo se añidieron, como luego se dira, que con su muchedumbre,
variedad y riquezas, admirauan entretenian y aficionauan, començando
de los contadores y escritorillos, y subiendo por los quadros de
laminas, vasos de plata, hasta las demas menudencias, guantes,
rosarios, cuchillos, estuches, reloges, &c. Y en su contorno
colgados los cortes de telas y rasos. En correspondencia al otro lado
y pilastra se via otro ygual, y rico dosel de otro brocado, en cuyo
medio respondia a la primera Imagen vn curioso quadro, que en vna
graue y ingeniosa tarja, mostraua vnas armas, y sobre los penachos
del morrion arbolado vn resplandeciente estandarte con el nombre de
Iesus, con la letra IN HOC SIGNO VINCES. Y por orla, ARMA MILITIAE
NOSTRAE NON CARNALIA. Letras y diuisas no solo acomodadas a la vida y
profession del Santo, al principio y fin de su vida, y al instituto
de su sagrada Religion, mas tambien a proposito de la Iusta presente,
y certamen espiritual, que en el literario se representaua. La
guarnicion deste quadro curiosamente adereçada de sedas y flores. Y
en correspondencia a la mesa, vna Cathedra cubierta de vn tercipelo
(sic) carmesi ricamente bordado, y en este pendiente el Cartel del
certamen, listado de oro, de que luego se dira. El espacio entre los
dos doseles ocupava al justo el Estandarte, o Labaro de raso blanco
con letras de oro y armas de S. Ermenegildo, que al principio siruio
a la publicacion de la Iusta, con el Iesus resplandeciente sobre la
vrneta dorada, pendiente de sus cordones y borlas de carmesi,
hermosamente llenauan el claro del arco. Lleno ya aquel capacissimo
Theatro, patio, corredores altos, y sobre corredores descubiertos, de
innumerable gente, personas grauissimas de todas suertes, assi de
Audiencia, Iglesia y Nobleza, como de las Ordenes, a las dos de la
tarde los señores Marques Assistente y los demas Iueces salieron a
sus sillas, que sobre vna peana algo mas eminente que los demas
escaños les aguardauan, junto al tablado, frontero de la cathedra y
mesa de premios [...].
Daba
así comienzo la justa literaria. "En esta primera mitad del
siglo XVII, como señala D. Joaquín Pascual Barea, el cultivo de la
poesía latina fue quedando relegado cada vez más a los miembros de
órdenes religiosas, sobre todo, jesuitas, en cuyas escuelas se
enseñaba a versificar en latín y se celebraban certámenes poéticos
en los que las letras latinas seguían ocupando los lugares de honor.
En las fiestas que se celebraron en Sevilla por la beatificación de
San Ignacio en 1610, y por la Inmaculada Concepción de la Virgen en
1616, en las que también participó Rodrigo Caro, aparecen,
precediendo aún a los poemas castellanos, poemas heroicos,
epigramas, elegías, versos líricos, inscripciones, composiciones
artificiosas y burlescas, y algunos géneros extravagantes en latín,
obra sobre todo de licenciados, maestros y alumnos, muchos de ellos
los alumnos ingleses del Colegio Anglicano".
También conoció el certamen de 1610 otro ilustre participante en la
persona de Luis de Góngora y Argote.
Luque Fajardo en su Relación
ofrece una selección de todas estas composiciones.
3.
2. Autoría y contenido del epigrama.
El
epigrama de Pero Miguel aparece al final de un "memorial
epistólico" (ff. 13v. -14v.)
que dirige el autor a los miembros del jurado de la justa, y que
reproducimos a continuación. En la dedicatoria y texto precedente al
epigrama ofrece algunos datos personales. El "justador",
tras hacer algunos comentarios jocosos sobre el cartel del certamen,
se excusa de ofrecer una obra más ambiciosa por temor a criticas
gratuitas, y presenta en su lugar una "Epigramita, que tiene mil
sales, y lepores Poeticos":
MEMORIAL EPISTOLICO
Del Bachiller Pero Miguel.
A
los incorruptissimos e integrimos juezes, y mis señores
Observandissimos, el Bachiller Pero Miguel natural de la villa de
Alquife,
y Precetor
emerito en la villa de Burguillos,
Salutem plurimam dicit.
Si
valetis bene est. Ego quidem valeo.
Esto si, Señores mios, y lumbreras dessa Ciudad (y por parentesis
digo, que no me lo sufre el coraçon, y rebiento de pena) es saber, y
hablar, y començar con criança y erudicion epistolar, y con estilo
sintactico, canonico, armonico, y vrbano. Y no como el Cartel de essa
amplissima Ciudad, que, hablando con perdon, esta escatente de muchas
palabras exoticas, obsoletas, barbaras, grecanicas, y semigrecanicas,
hiulcas,
anomalas, y defectiuas. Por mis canas, y oficio, pues en toda esta
Betica soy decano de mi facultad, a cabo de quarenta y ocho años que
a que yo soy Angel en esta Santa piscina
de la veneranda Gramatica, sacando y sanando a mil ignorantes,
dolientes, desafuziados
de sus ignorancias solecas,
absurdas, barbaras, impropias. Por lo que toca (inquam)
a mi conciencia, en nombre de los estudiosos del arte de bien hablar,
protesto los daños, que a causado este Cartel en las bolsas,
obligando a algunos, a cabo de rato, a comprar al buen Ambrosio
Calepino,
o al dictionario del doctissimo Nebrisense:
y en la salud, causando dolores de cabeça, romadizos,
aprietos de sienes y pechos, por no entendello, y por porfiar a
entendello invita
Minerua:
y lo que peor es en las conciencias, dando ocassion de escandalo, y
murmuracion a flacos y a ignorantes. Yo mis señores, vt
ad rem nostram veniamus,
estaua determinado de componer para el primer Certamen,
de la soluta oracion, vna prosica, milagro de prosas, y vnico
prototipo de bien dezir, que sus treynta lineas fuessen mas sutiles y
famosas que las de Apeles,
y llevassen en pisto,
todo el incorrupto y ingenuo exercicio y variacion de Gerundios, el
vso de los Reciprocos, los primores de los Comparativos,
Superlativos, de los Pronombres primitivos, deriuatiuos, possesiuos,
de relatiuos, y de todos sus discrimines y de los desdichados Sui &
Suus, tan mal vsados, mal entendidos, y mal agradecidos del vulgo
indocto. Al fin señores, avian de ser treynta reglones otras tantas
perlas Orientales. Pero no me atreuo sin el seguro, de que no se aya
de permitir, que ningun adolescentulo se atreua a venirseme a las
barbas con quatro frasezitas Aldinas, que para mi son bernaldinas.
Entretanto embio esta Epigramita, que tiene mil sales, y lepores
Poeticos. No la hizo mejor el Venusino,
ni el Bilbilitano.
Especie de mi erudicion. El pensamiento a proposito del Santo y del
tiempo, fuego y frio, que es todo lo que se puede dessear.
Dic Pater Ignati, nostram
dissolue preguntam
Namque
potes, quamvis sit delicada satis.
Fuegus es, an frigus? si
fuegus, cur tua festa
Tam
rigido facitur tempore, tamque frio?
Si frigus, quare te fuegum
nomine clamant:
& dicunt toti, quod tua
llama quemat?
Et si fuegus eres, quoniam te
magna laguna
Cum
tanto eladae frigore cercat aquae?
Si frigus vere, quapropter
noctibus istis
Aire
cohetorum copia tanta volat?
Frigus es, & fuegus:
frigus quia nunc celebraris
Fuegus,
in aestatem nam tua festa cadit.
Valete
iterum atque iterum.
Y memoria señores, que el año a sido por aca esteril".
El
mismo autor señala cúal es el contenido del epigrama: "El
pensamiento a proposito del Santo y del tiempo, fuego y frio, que es
todo lo que se puede dessear". El poemita, que citaremos
abreviadamente como Ignat.,
consiste en una serie de preguntas en forma de contradicción
aparentemente insoluble, que son dirigidas al nuevo beato
inquiriéndolo sobre si su naturaleza es ígnea o frígida. Este
dilema está basado, por una parte, en la manipulación del nombre
'Ign-acio' que se presenta en relación con el lat. ignis
"fuego" (cf. v. 5: "te fuegum nomine clamant"), y
por otra, con el riguroso frío reinante en el febrero sevillano en
que se celebra el certamen literario en honor del fundador de la
Compañía (cf. v. 3-4). El autor maneja, pues, dos metáforas
continuadas, "fuego" y "frío", que devienen en
un poema conceptista, al modo de la poesía vernácula.
3.
3. Conceptismo sacro en la poesía neolatina de la Relación
de Luque Fajardo.
A
comienzos del siglo XVII, se produce un claro giro en este tipo de
poesía, como indica Pascual Barea:
En
las composiciones de esta época suelen faltar ya los motivos de
inspiración propios de la poesía latina humanista, aunque sus
autores hacen alarde de un creciente dominio de las técnicas de
versificación, tanto por lo que se refiere a la variedad de metros
como por la habilidad para componer todo tipo de poemas artificiosos,
como anagramas, centones, acrósticos múltiples, versos concordantes
y rapportati,
con eco, laberínticos, etc.
Esta evolución es paralela a
la que ocurre en la poesía en lengua española, por obra del llamado
'conceptismo', que domina en nuestra literatura ya a fines del siglo
XVI.
Antonio
Carreira distingue en el conceptismo dos significados, uno amplio y
otro restringido. En un sentido amplio, "conceptismo es el uso
de varios procedimientos retóricos que tratadistas italianos del XVI
englobaron en la denominación de concetti,
elementos externos que conferían elegancia y ornato al estilo. Al
mismo tiempo la palabra conservó un resto de su original significado
filosófico en la acepción de 'pensamiento profundo'".
Pero lo que era adorno en su origen, pasa pronto en España a
convertirse en centro y justificación de la composición poética,
"que, en muchos casos, vino a ser un discreteo insustancial, un
mero alarde de ingenio".
Gracián
fue el primero en estudiar los recursos formales de la poesía de su
época en su Arte
de ingenio. Tratado de la agudeza
(1642), luego ampliado en la Agudeza
y arte de ingenio
(1648). En su discurso II ofrece una definición de 'concepto',
entendido como "un acto de entendimiento que exprime la
correspondencia que se halla entre los objetos". Tal definición
es insatisfactora, apunta Carreira, "porque le faltan rasgos
esenciales deducidos más tarde: la correspondencia debe darse entre
varios elementos y ser aparente, recóndita ("misteriosa"),
por estar basada en una falsa analogía hecha efectiva, en los casos
de mayor agudeza, mediante una justificación explícita".
La técnica conceptista emplea diversos procedimientos para trazar
correspondencias entre elementos, como la comparación, el más
primitivo cronológica e ideológicamente, la alegoría, típicamente
medieval, y la metáfora, el más dificil y cronológicamente más
moderno en la literatura española.
A estos recursos conceptuales hay que añadir los de la agudeza
verbal, que, a diferencia del concepto, "no va tras el objeto,
sino tras su imagen lingüística. Y es en la palabra, en cualquiera
de sus dos caras -significante o significado- o en las dos a la vez,
en donde el poeta ejecuta sus ingeniosos volatines".
De tal suerte, en torno a 1600 proliferan hasta el paroxismo figuras
como la paronomasia, la inversión de letras (Roma-amor), juego de
palabras, calambur, disociación, dilogía y zeugma dilógico, no
sólo en la literatura profana, sino incluso en la poesía
religiosa.
Antonio
Carreira denomina como 'conceptismo sacro' la aplicación de los
recursos de éste a la literatura de tema religioso. Este estudioso
señala cómo a finales del siglo XVI abundan los libros en cuyo
título aparecen las palabras enigma,
problema, definición, concepto
y otras semejantes (juego,
jeroglíficos,
etc.). El más famoso de todos fue Conceptos
espirituales
(1600) del poeta segoviano Alonso de Ledesma (1562-1633), cuyas
ediciones en el siglo XVII superan en número a las del Quijote.
Explica Carreira que el común denominador de esta nueva poesía
devota y de las viejas composiciones vueltas 'a lo divino' "no
es la sustancia mística ni poética, sino más bien la tapinosis,
esa degradación de un objeto mediante figuras que rebajan su
dignidad y que suponen una corrupción del gusto hoy difícil de
imaginar en el mejor momento de nuestras letras".
Este
tipo de conceptismo trasluce meridianamente en las composiciones
neolatinas recogidas en la Relación
de Luque Fajardo, lo que no deja de ser otro síntoma de la derrota
lingüística y cultural del latín frente al vulgar, que es ya
evidente a comienzos del siglo XVII.
La analogía -o concepto- establecida entre el beato Ignacio y el
fuego mediante la derivación etimológica que vimos en el epigrama
macarrónico de Pero Miguel, es explotada hasta la extenuación
en otros poemas concurrentes al certamen literario (cf. ff. 3v., 5r.,
16v., 27r., 28r., 28v., 32v., 33r., 34r., 35r., 36r., 45r., 45v.,
47v.). Para tal fin se aprovecha incluso el nombre de pila del futuro
santo, 'Íñigo', que luego cambió en Ignacio (cf. f. 5r.: Beati
Ignatii Societatis Iesu ducis clarissimi triumphus,
vv. 136-139):
Sufficit
hos animis ignes, hos Ignigus ausus
Mentibus insinuat pauidis, et
cordia tenaci
Inconcussa fide, vanas
hominumque deorumque
Irridere minas, et inania
murmura monstrat.
E
incluso se juega con los dos nombres y la palabra 'fuego' en el mismo
verso, en una densa trama conceptual donde se nos dice que Íñigo
(Ignigus),
su nombre de bautismo, ardió (arsit)
después como Ignacio (Ignatius),
nombre adoptado, en el fuego de Dios (igne
Dei)
(cf. f. 32r.: D. Juan de Robles Ribadeneyra, De
S. Ignatio resipiscente,
vv. 26-27):
Ignigus
igne Dei sed postquam Ignatius arsit,
Deserit ima, superna petit...
La
metáfora ígnea surgida del nombre 'Ignacio' llega a ser
desarrollada, sin ser abandonada, en un anagrama que hace de IGNATIVS
un IGNIT VAS "arde el vaso". El epigrama en cuestión (cf.
ff. 45v.-46r.: Eduardo Hoprono, alumno anglicano, Anagramma XIIII
"IGNATIVS. IGNIT VAS") se abre afirmando que Loyola -nuevo
"vaso de elección"- es testimonio de que un vaso de
cerámica (vas
fictile)
mal podrá conservar divinos tesoros al ser en mil modos frágil y
rompible. El sañudo Marte -en alusión a la vida soldadesca de
Ignacio y las graves heridas sufridas en ella- rompe el vaso, y su
tesoro se pone en peligro:
Quòd
malè diuinas seruet vas fictile gazas,
Mille modis fragile, &
fissile mille modis,
Testis Loyola est. Saeuus vas
fictile Mauors
Frangit, & illius gaza
pericla subit.
Se
pregunta acto seguido el autor dónde ha sido recompuesto el vaso,
para tener la dureza del diamante siendo de cerámica. Esto no es de
extrañar, el vaso arde (vas
ignit),
es probado en el fuego, pues el pecho de Ignacio era un ardiente
horno de amor:
Ast
vbi compositum rursus vas fictile? Mirum
Fictile sit validum,
vimque adamantis habet.
Fictile? nec mirum, VAS
IGNIT; in igne probatur,
Ardescens fornax pectus amoris erat.
Al
igual que en el poema de Pero Miguel, hay otros que relacionan el
fuego metafórico de Ignacio con el concepto opuesto, el frío. Este
antítesis conceptual sirve para ilustrar la labor contrarreformista
del beato, que derrite con las llamas de la fe las nieves de la Osa
(Vrsa)
de la herejía, y con sus manos le quita las presas de sus garras
(cf. f. 27v.: Juan de Robles Ribadeneyra, Hymnus
pro S. Ignatio,
vv. 37-40):
O
quot expugnas animas rebelles!
Eripis praedas manibusque ab
vncis,
Quas niues flammis fidei
resoluis
Haeresis
Vrsae!
Esta
nieve, derretida ya en agua, desempeña un papel fundamental en
cierto número de composiciones (cf. ff. 34v., 36r., 36v., 37r.,
39v., 45r., 49r). Es especialmente notorio, por sus concomitancias
con el de Pero Miguel, el epigrama. I. "Ignatii gelido in stagno
ardentis, igneo vero globo tacti frigentis diuinum prodigium"
del licenciado Philipe de Mora (cf. f. 34v.), en el que al beato le
son atribuidas constantemente las naturalezas antitéticas de frío y
fuego por medio de preguntas. El título del epigrama ("divino
prodigio de Ignacio ardiente en fría laguna, pero helado al toque de
bola de fuego"), hace referencia a dos sucesos de la vida del
santo. En su etapa de soldado, Ignacio de Loyola resultó gravemente
herido en las piernas por una bala de cañón francesa cuando
participaba en la defensa de Pamplona, y es sabido que durante su
convalecencia, en la que estuvo a punto de "quedarse helado",
es decir, de morir, se sintió llamado a la vida religiosa. El
segundo episodio alude, como señala Salcedo Coronel (1644) en su
glosa al soneto que dedicó Góngora a este asunto y con el que
participó en la justa sevillana (cf. f. 49r.), a lo que
posteriormente "sucedió en París con un amigo suyo a quien
procuró muchas veces apartar con santas amonestaciones de la torpe
amistad que tenía con cierta mujer; y no habiéndolo podido
conseguir, teniendo noticia de que iba a verla a cierto lugarcillo
que estaba no lejos de la ciudad, se adelantó y en un estanque o
laguna que estaba cerca del camino por donde había de pasar, siendo
en medio del invierno, se metió desnudo hasta la garganta en el
agua; y cuando reconoció que llegaba el amigo, comenzó a darle
voces, diciendo: "¿adónde vas, miserable, no adviertes el
peligro que solicitas?"... El amigo... quedó absorto, admirando
su inmensa caridad, y volviendo atrás los pasos, avergonzado... se
abstuvo de aquella perniciosa comunicación".
El epigrama en sus dos primeros dísticos plantea las antítesis y su
causa, para que no se vuelvan enigmáticas:
Frigidus
in medio quondam fuit Ignigus igne,
Qui modò sit gelidâ
viuidus ignis aquâ.
Ignea dum femori massa est
impacta, refrixit:
Frigida dum stagni detinet
vnda, flagrat.
Ignacio se enfrió al contacto
de la masa de fuego (la bala de cañón) en su pierna, y ardió al
contacto del agua helada (la de la laguna parisina), porque la propia
naturaleza se encona por efecto de su contrario, de ahí que el fuego
caliente en el agua, y el agua hiele en el fuego. Así pues, Ignacio
era frío porque se heló ante el fuego que le lanzaron, y es fuego
porque su ardor se encendió en mitad de las aguas:
Scilicet
oppositis intenditur aemula virtus;
Hinc calet ignis aquis;
hinc gelat igne latex.
Frigus erat; quid ni iacto
frigesceret igne?
Flamma est; quid mediis ni
flagret ardor aquis?
Pereció finalmente el frío,
y sobrevive el fuego en las aguas. Observando que muchas piras se
avivan con la fina lluvia, el autor se pregunta cuán grande debió
ser la combustión (la caridad por su amigo) en el ardiente pecho de
Ignacio, para que una laguna le resultase igual que un llovizna:
Interiit
tandem frigus: viget ignis in vndis;
Plurimus exiguo gliscit vt
imbre rogus,
O amor Ignati! flammati
pectoris aestus
Quantus erat, stagnum cui
leuis imber erat?
Este fatigoso ejercicio de
agudeza resulta más descarnado y pedestre en la macarronea del
provecto bachiller, al centrarse exclusivamente en las antítesis de
fuego y frío, y al no dárseles a los elementos contrapuestos una
interpretación más trascendente, como en el anterior epigrama, en
el que el frío es símbolo de la vida profana, helada y muerta, de
Ignacio, y el fuego lo es de purificación y nueva vida dedicada al
amor. Pero Miguel emplea el episodio de la laguna helada (cf. vv.
7-8: "et si fuegus eres, quoniam te magna laguna / cum tanto
eladae frigore cercat aquae?"), aunque de modo mucho más
limitado, pues construye un acertijo, que pretende resolver como
ingeniosa síntesis en el dístico final: Ignacio es frío y fuego,
frío por desarrollarse el certamen sevillano en febrero, y fuego
porque su celebración (la de su beatificación) cae en verano (27 de
julio) (cf. vv. 11-12: "frigus es et fuegus: frigus quia nunc
celebraris / fuegus, in aestatem nam tua festa cadit").
Ciertamente,
este esfuerzo de ingenio a mayor gloria de sí mismo lleva a una
despreocupación por lo aptum.
Piénsese, por ejemplo, que lo que contrapone Philipe de Mora a la
ardiente caridad del santo es el frío de un vulgar rigor
mortis
inminente, y que lo que hace Pero Miguel es construir insulsos
equívocos en medio de una celebración de las virtudes heroicas del
nuevo beato. Uno de los ejemplos extremos lo constituye el epigrama
VIII De
confracto crure B. Ignatii
de Thomas Pigerio, alumno anglicano (cf. f. 44v.), que puede
definirse, en expresión de Antonio Carreira, como un "bárbaro
chiste de sacristía".
El autor pregunta por qué Ignacio no tomó el camino del cielo sino
después de quedarse cojo (a causa de sus heridas). La razón es
simple: el camino del cielo es tan estrecho que no se puede hollar
con los dos pies al mismo tiempo:
Dic
nobis, cur quàm claudus Loyola fuisset,
Ad caelum incêpit non
prius ire viam?
Scilicet, ad coelum tanta est
angustia callis,
In calli vt nequeat figere
vtrumque pedem.
_____________________________