CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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domingo, 31 de marzo de 2024

MI NUEVO ARTÍCULO, PUBLICADO EN "FOLENGO, IL BALDO PADANO. Studi per i 500 anni della Toscolanense (1521-2021) a cura di Otello Fabris""






Gracias al infatigable entusiasmo de Otello Fabris y la asociación que preside, la Associazione Internaziole per gli Studi Folenghiani AMICI DI MERLIN COCAI -de la que me honro en formar parte- ha aparecido un volumen colectivo para conmemorar el quingentésimo aniversario de la aparición de la segunda redacción de las macarroneas folenguianas, publicadas en Toscolano sul Garda -de ahí el nombre que le he dado la crítica- en 1521.

El título del volumen -que acabo de recibir- remite, por un lado, a Il Baldo padano, traducción inacabada de la redacción Toscolanense a cargo de Giuseppe Tonna, y, por otro, a un paralelismo con Dante que, como señala Otello Fabris en su prefacio a la obra ahora presentada, carece de fines polémicos: "Il titolo della raccolta può sembrare irriverente, inadeguato, provocatorio: ma in questo lavoro c'interessa non tanto misurare le stature di Dante e Folengo, ma le distanze straordinarie di due diverse e antitetiche visioni dell'Inferno, che in Folengo assumono aspetti inquietanti" (p. 8). Fabris, quien firma además varios textos, recuerda que también es el trigésimo aniversario de la fundación de la Asociacion a cargo del excelso filólogo Giorgio Bernardi Perini, y su benemérito esfuerzo por conservar y promover la memoria del Vergilius macaronicus.

El libro, profusa y bellamente ilustrado, se abre con un artículo de Teresa Tonna, hija del traductor aludido, y cuenta con otros de eminentes especialistas como Massimo Zaggia, inolvidable editor de las Macaronee minori folenguianas, quien ofrece aquí una edición crítica del libro VII de la red. Toscolanense. Una traducción de las prosas introductorias a tal obra presenta Stefano Tonietto. A otros aspectos de la redacción (literarios, bibliológicos, históricos) corresponden artículos del citado Otello Fabris, Carole Primot, Enea Pezzini, y Silvia Merigo.

Mi modesta contribución al volumen consiste en un artículo titulado Teofilo Folengo e la critica spagnola del Novecento, donde reviso "le ricerche sviluppate dalla critica spagnola del secolo scorso per ritrovare altre influenze folenghiane -soprattutto attraverso la redazione Toscolanense - nella letteratura vernacola". (p. 183), influencias que conciernen a José de Villaviciosa, El Lazarillo, y Cervantes. También en mi artículo se dan más noticias -correspondientes a la inquietud de Carlo Cordié expresada en 1950- sobre la visita del hermano del autor macarrónico, Giambattista Folengo, a España en 1556 como comisionado papal.

Agradezco, finalmente, a Otello Fabris y al resto de asociados su amabilidad para contar conmigo en este meritísimo libro, y a Otello también por su gentil corrección de mi texto en italiano. Quid contentandum nisi contentamus amigos?


domingo, 25 de octubre de 2015

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO" DE TEÓFILO FOLENGO: Proprietas diuersarum urbium, 2, 96-130, "Carácter de varias ciudades (italianas)".




Da mucha lana Verona del esquilar sus ovejas1;
Brescia extrae el hierro de sus montes airosos;
la bergamasca montaña hombres engendra con bocio2;
Pavía a Milán llena hasta los topes de puerros y berzas;
Plasencia surte de queso todo rincón habitado;                                100
Parma produce gruesas scoce3 y gruesos melones;
trota todo caballo con espuela de Reggio;
Mantua alimenta a sus boneteros de carpas fangosas4;
judías de careta si quieres comer ve a Cremona,
A Crema ve si pasar deseas falsa moneda;                                      105
Bolonia engorda bueyes, y Ferrara las piernas5;
no hay en Módena gente sin la cabeza tronada6;
tantas moscas Apulia7, cuantas barcas Venecia;
quema el Piamonte todos los años mil hechizeras;
la tierra de Padua pare diablos que son campesinos8;                       110
Vincenza guerrera engendra gatos escurridizos9;
más para la horca que para la orza10 están en Chioggia;
tiene Rávena casas antiguas y viejas murallas;
puercos sin número sala Cervia11 por todo el mundo;
poco no ganas, ¡oh, Cesena! con el azufre;                                      115
pintura no hay mejor que de Faenza la loza;
gruesas anguilas saladas el valle da de Comacchio;
de los charlatanes tiene Florencia la primacia;
Roma no busca otra cosa que suculentos bocados;
tantos nobles en la ruina veo en Nápoles,                                        120
cuantos sirvientes ladrones le da la ladrona Calabria;
en Génova estira en punta las testas la comadrona12;
Siempre en Siena tuvieron su cuna bellas muchachas;
Milán hace oír un tic toc por cada rincón de sus calles,
mientras hierran correas y hacen boquete en la aguja;                     125
quienes cosen zapatos y suelas a las chancletas,
quienes ponen tejados o son deshollinadores,
son de Como, o bien de Novara son pueblerinos.
Cipada, pues, digna de ser con heroica bota13 cantada,
siempre abundó de existencias valiosas de sinvergüenzas.                130






1Comienza aquí una sección que en la red. T aparecía bajo la rúbrica Proprietas diuersarum Vrbium (2, 301-340), y que recoge un elenco de ciudades italianas con alusiones burlescas a su fama popular.
2Quizás referencia a Gioppino, máscara y marioneta bergamasca popular dotada de tres bocios.
3Melones de una especie muy apreciada (Chiesa).
4Este humilde oficio era asociado a la pobreza, y a la consiguiente incapacidad de acceder a una dieta rica y variada, lo cual abocaba al consumo de las asequibles carpas de los lagos del Mincio, poco apreciadas por su olor a fango (Chiesa).
5Faccioli y Chiesa se inclinan por considerar boves como referencia a los jóvenes indoctos del Estudio de Bolonia; y Chiesa, en el caso de Ferrara, recuerda el mote popular "Ferrarese gambe marze", que encuentra un refrendo en un paso de la red. T (5, 105) donde se hace referencia a los mosquitos que pican e hinchan las piernas de los paisanos.
6Según un dicho extendido entre las poblaciones vecinas los habitantes de Módena eran considerados lunáticos (Faccioli).
7Diversos motes populares presentaban a Apulia como tierra de moscas (Chiesa), y así Folengo sitúa en esta región la ciudad de las moscas (Mosch. 1, 38).
8"Quizás con alusión a la demoníaca malicia mostrada por los campesinos paduanos en las guerras" (Faccioli).
9Faccioli recuerda un dicho popular vicentino que representa a sus habitantes como "magnagati".
10La orza es el cabo con que se lleva a popa el car de la entena; los habitantes eran conocidos por su habilidad como marineros, pero también como ladrones, por lo que estaban destinados a la horca (Chiesa).
11Alusión a sus famosas salinas.
12A esta extraña costumbre de estirar la cabeza del recién nacido hace referencia también Folengo en la red. T 17, 175-179.

13El empleo de la bota en vez del coturno clásico es una muestra añadida de hipóbole paródica.

sábado, 3 de octubre de 2015

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO": Descriptio convivii, 1, 390-433




En tanto, cansado el sol se zambulle del mar en las ondas1,           390
habiendo dejado de su claridad impregnada a su hermana.
Prontamente, la cena real es aparejada,
donde el estrépito suena de mil culinarias faenas,
ábrese un portalón humeante en los muros pringosos,
cuyas jambas de sucia grasa sin fin goteaban.                               395
Dentro asaltan olores de asado y de cocido
a la nariz, por quienes se excita bien el apetito.
Hay más de cien pinches allí al mando de los cocineros;
quien trae leña, quien la corta, quien la reparte
bajo bronces calientes, peroles, y bajo sartenes.                            400
Hay quien degüella un cerdo, quien tira del cuello a los pollos,
quien los destripa, al tiempo que otro los despelleja,
quien los capones muertos despluma después del hervido,
quien las cabezas con la piel del ternero cocina,
quien los lechones apenas quitados del seno materno,                    405
pinchados unos a otros de las narices al culo,
ensarta y con aguja de lardear los enlarda.
El cocinero Gambón allí el arte glotona dirige,
dado al estudio de la gula, y a la biblia del gusto.
Él sólo es apto para enseñar desde cátedras doctas,                        410
y dar cualesquiera instrucciones a los mozos de la cocina,
y de vez en cuando en la espalda llevar el rodillo
y de la ajada la mano2 a chicos y pinches pringosos.
Hay quien a hígados recubiertos de red de redaños
vueltas da en crepitantes sartenes del lardo chirriante.                     415
Hay quien gelatina esparce de jengibre picante,
y quien le añade pimienta y la exquisita canela.
Uno riega anedones de una salsa amarilla,
y a la manera española los cubre de tiernas lasañas;
del espetón uno extrae faisanes admirablemente,                            420
no sin antes tocarlos por ver si están en su punto.
Cinco piedras de molino en sus agujeros3
no dejan de vueltas dar en giros vertiginosos:
do un gusto hay a almendras y a salsa a la pimienta.
Parte saca del horno un guisado de carne grasienta,                         425
y le espolvorea canela de venecianos saquitos4.
Otro extrae de la caldera capones cocidos,
que, puestos en el ancho fondo de grande bandeja,
rocía con gotas de agua de rosas y azúcar molido,
y encima de éstos les pone un hornillo5 lleno de brasas.                    430
¿Mas a qué fastidiar con tales chácharas largas?
Cena preparan con la que poder levantar a los muertos,
y hacerlos dejar sus tumbas con el féretro al culo.








Ilustración: Frans Snyders


1Comienza aquí una sección que en la red. T aparecía bajo la rúbrica descriptio convivii, y que se extendía a 87 versos. En la red. V se veía notablemente amplificada a 123. Francisco Márquez Villanueva consideró este episodio como "esquema sugeridor" de los banquetes de las bodas de Camacho de la segunda parte de El Quijote.
2Pistonemque iadae sguataris unctisque regazzis. Acarrean la mano del mortero (pistonem) para hacer la ajada (iadae), ahora como entonces, salsa de pan desleído en agua, ajos machacados y sal.
3Quinque masinantes petrae gremiique molarum. Paoli, citado por Chiesa, recuerda que en los molinos manuales de piedra había un hueco (gremium) en el que giraban las muelas (molae).
4Pistaque de Venetis striccat cynamoma sachettis. Una glosa al verso correspondiente de la red. T (quem peuero spargit Venetum striccando sachettum), indica Sachettum uenetum. Quia Venetiis venduntur, en referencia a Venecia como centro del comercio de especias.

5Caricum brasamine testum, para mantenerlos calientes.

sábado, 29 de agosto de 2015

LA TRADICIÓN TEXTUAL DE LA PRIMERA MACARRONEA ESPAÑOLA




1. Manuscritos.


1. El manuscrito 3662 de la B.N.

Ya se ha hablado en parte de este manuscrito al tratar del tema de la autoría. Adolfo Bonilla y San Martín lo describió en 1904: “Entre los manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva uno signado Mss-3.662 (antes M-170), que contiene interesantes documentos. Es un tomo en folio, de hermosa letra del siglo XVIII, y se titula Copia de varios versos para la Real Bibliotheca. Mide 312 x 212 milímetros, y consta de 50 hojas. Los originales deben parar en Toledo”1.

El f. 2 recoge una advertencia preliminar a la Callioperria, que ocupa los ff. 3-15v. El poema macarrónico Bald. se presenta en los ff. 18-20, con un número de 93 versos. El ms. contiene además una serie de composiciones latinas de Juan de Verzosa, Juan Páez de Castro y Álvar Gómez de Castro.

El texto de Bald. presenta el conocido uso de ‘v’ al principio de palabra, tanto en posición vocálica como consonántica, y en el uso de ‘u’, en interior de palabra, tanto en posición vocálica como consonántica, características del siglo XVI.

La subscripción “Pr. Cerro” colocada al pie del folio primero hace deducir a José López de Toro que el autor de esta “bella copia” fue Justo del Cerro, a quien Cotarelo describe como “calígrafo escribiente de ejecutorías, títulos de grandeza, hidalguía y certificaciones, de quien dice Palomares en su Arte nueva (1776), pág. 109, que ‘siendo ya hombre que toca en la edad quincuagenaria, se ha aplicado tan de veras al estudio de todo género de caracteres, con tan continuas vigilias, que puede esperar el público alguna obra que ilustre el nobilísimo arte de escribir’”2. Los buenos oficios del copista quedan en evidencia si se compara la copia de la Callioperria del ms. 3662 con la previa del ms. 18668-53, que permite identificar a aquélla como de la misma familia que ésta.

Sobre el título de la copia de Bald. figura, como ya se ha comentado, la siguiente anotación: “Poema Latino Macarronico sacado de copia del originl. de Juan de Vergara”. Pero una serie de lecturas corruptas desautoriza a prestar crédito a la posibilidad de que estemos ante el apógrafo de una copia directa y fiel del original. Piénsese, por ejemplo, en Coraius por Cocaius (v.3), que es, como sabemos, parte del pseudónimo (Merlinus Cocaius) con que Folengo publica las redd. P y T de sus macarroneas. No resulta verosímil pensar en un error de Vergara, así como tampoco resulta lógico que se equivocara en la transcripción de macarronismos folenguianos que manejaba sin duda de primera mano (cf. v.15.: specauit por spiccauit; v.30: papellas por padellas; v.55: eborante por sborante; v.89: scanbientos por scambiettos, sgarrafet por agraffaset). Otras lecturas son simplemente absurdas si se las concibe salidas de la pluma del autor (cf. v. 28: set testam por sed tetam; v. 32: cabellis por labellis; v.33: in incontris por in nostris; v.61: hecho stili por hec hostili; v.73: junctum por junctam; v.87: fallit por sallit).

Ejemplos como los anteriores, así como las variantes de las otras dos fuentes localizadas, nos llevan a suponer que el antígrafo de que parte el copista Justo del Cerro no es ciertamente el arquetipo del que derivaría toda la tradición textual, sino un ramal de uno de los tres hipotéticos subarquetipos que configuran el stemma codicum del texto.

1. 2. La fuente manuscrita de la edición de Paz y Meliá (1902).

A pesar del criterio precientífico de Paz y Melia de no hacer ninguna descripción de su fuente manuscrita, puede afirmarse que se basa en un apógrafo procedente de un subarquetipo distinto al de M2, a pesar del alto grado de coincidencia que presenta con éste frente al manuscrito 8625. Esta hipótesis se sustenta en los siguientes hechos:

  1. El editor presenta el poema macarrónico como anónimo, lo que no sería posible si hubiera conocido la clara atribución de autoría de M2.
  2. Paz presenta algunas lecturas propias (cf.aparato crítico: e, fbis, 3, 10, 13, 15, 20, 22, 30, 31, 33, 37, 38, 40, 42, 65, 72, 73, 75, 78, 80, 90). De ellas parecen preferibles a las del resto de fuentes sólo cuatro (cf. f.: CIRCVNSPECTO; v. 3: ipse; v.37: fortasse, v.73: junctam), que tienen un claro carácter de emendatio (piénsese que la primera y segunda coinciden con una corrección de López de Toro sobre M2 desconociendo la edición de Paz, y que la última de ellas coincide con una corrección de Juan Gil, desconocedor, igualmente, de la edición de Paz y Melia). Del resto algunas pueden explicarse como corrección ope ingenii de un amanuense o del editor moderno –aunque éste no diga nada al respecto, al igual que López de Toro en ocasiones- (cf. e, 10, 15, 22, 31, 33, 40, 42, 65, 72, 75, 78, 80, 90), y el resto como posible corrupción de la transmisión manuscrita o como errata de imprenta. Se deduce, en todo caso, que el editor moderno maneja un único manuscrito, pues cuando conoce otros recoge sus variantes como en el caso de su edición de la Pepinada de Francisco Sánchez Barbero.
  3. Paz presenta algunas lecturas coincidentes con las del manuscrito 8625 en contra de M2 (cf. ap.cr.: 27, 28, 32, 50, 54, 82). La hipótesis de que ambas fuentes hayan coincidido independientemente en una labor de emendatio podría ser razonable en todos los casos, menos para el de michi (v. 54) frente al mihi de M2.
  4. Paz presenta una glosa marginal a la voz latinum del v. 93 que no existe ni en M2 ni en el ms. 8625, y que es de una mano distinta a la del autor del poema.

1. 3. El manuscrito 8625 de la Biblioteca Nacional.

El poema macarrónico Bald. aparece también recogido en la Miscelánea de Álvar Gómez B.N. 8625 ff. 35-37, del siglo XVI. La portada del ms., que denominaremos a partir de ahora M1, presenta la siguiente anotación: “Gomecij Miscelanea tomo 4 tiene 141 folios”. M1 ha sido descrito por I. Pepe y Antonio Alvar. El poema macarrónico presenta un título distinto y reducido respecto a M2 y Paz: “Incerti authoris Macarronea. Ad dň Baldũ Zingar suus Capellanus”, y un número mayor de versos, 121. M1 omite los vv. 29, 44, 72, y 83 de M2 y Paz, e interpola 32 vv. tras el explicit de M2 y Paz.

El texto presenta una adhesión total al uso ramista en el caso de ‘u’ vocálica e inicial de palabra, y sólo parcial en caso de ‘i’. La grafía ‘j’ es escrupulosamente respetada en los macarronismos.

Es conocida la historia de M1 gracias a diversos estudios. El humanista Álvar Gómez de Castro, contemporáneo y amigo de Juan de Vergara, aunque más joven, dice en su testamento lo siguiente sobre sus misceláneas: “otros libros de mano diversos y mocedades mías, por quanto son cosas sin emendar y de poca importancia, si yo no lo hubiere hecho, quiero que se rompan o se quemen [...] y asimismo otros tres o quatro de cartas mensageras”. En 1928 San Román afirma que parte o casi todos estos manuscritos son, indudablemente, los cuatro de la Biblioteca Nacional: Obras misceláneas, cartas, oraciones, poesías..., signs. 7.896-7 y 8.624-5, y los seis de la del Escorial Adnotationes varii argumenti, o adversaria, signs. K.III.26-31. G. De Andrés ha establecida con claridad el camino recorrido por las misceláneas de la B.N., que pasaron sucesivamente por las manos de Diego de Castilla, y Juan de Castilla, de quien las adquirió el Conde-duque de Olivares, por cuyo pariente el marqués de Heliche llegaron a El Escorial, y de ahí a la B.N. La profesora italiana I. Pepe describe con detalle y ratifica el carácter de autógrafos de estos cuatro manuscritos, ya señalado por Simón Díaz en 1972. Con esto concuerda Alvar Esquerra, y ofrece una amplia relación del contenidos de todas ellas3.

El texto de M1 presenta un importante número de lecturas propias frente a M2 y Paz ( cf. ap.cr.: título, 1bis, 2, 3ter, 4bis, 5, 6, 12, 13, 15, 18, 19, 21bis, 22, 23, 25, 27, 28, 30, 32, 34, 35, 36ter, 37bis, 3, 40bis, 41ter, 42, 43, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 55, 57, 58, 61bis, 62, 63bis, 65, 66, 67, 68bis, 69, 71, 73, 74, 76, 78, 79, 80bis, 81bis, 82bis, 84bis, 89bis, 90, 91, 92, 93). Sólo en tres casos resulta preferible la lectura de M1 al del resto de fuentes (cf. v.21: agenis; v.40: quoniam; v.61: hec hostili), y en los dos últimos casos coincide con correcciones de Juan Gil –que no conocía M1- propuestas al texto de M2 editado por López de Toro. Este hecho presenta claramente estas lecturas propias correctas de M1 como emendationes, probable característica asimismo del resto de lecturas propias, que delatan, en la inmensa mayoría de casos, su carácter arbitrario.

Es posible que M1 haya sufrido un proceso de contaminatio. Hace pensar esto la anotación marginal al despedaçauit del v.15, donde se lee: alias spadagauit. Tal hecho demuestra la existencia de otros manuscritos, y la posibilidad de que algún copista haya tenido más de una copia a la vista, posiblemente de la misma familia, en algún momento de la cadena de transmisión textual, lo que podría dar razón en algún modo de las peculiaridades de M1.

2. Ediciones de Bald.

5. 2. 1. La edición de Paz y Meliá (1902).

Paz y Meliá publica Bald. en la segunda serie de sus Sales Españolas ó Agudezas del Ingenio Nacional, Madrid 1902, pp. 391-394. Esta segunda serie estaba constituida por dieciséis composiciones escritas entre los siglos XVI a XVIII. Al final del tomo incluía tres poemas macarrónicos, Bald., un poema dedicado a una visita del Almirante de Castilla a Cádiz (s. XVIII [cf. cap. VIII]), y la Pepinada de Sánchez Barbero (s.XIX [cf. cap. X]). De todos indica en su “Advertencia” p. XVI la fuente en que basa su edición menos en el caso de Bald. La única escueta noticia que da de su fuente se encuentra en la portada de su edición al poema, al que titula “Poesía Macarrónica dirigida à Baldo”. Bajo tal título puede leerse: “(Siglo XVI. –Bibl. Nac. –Mss.)”. Ignoramos si Paz fijó la época del ms. de la B.N. que maneja por datos deducidos del mismo, o del contenido del poema. En todo caso, se muestra muy seguro cuando ofrece la datación de los otros poemas macarrónicos que publica. Si realmente el manuscrito en que basa su edición es del siglo XVI no se trata de M2 ni, mucho menos, de M1. No deja de ser lamentable, aparte de llamativo, el hecho de que ninguna de las fuentes que utiliza para la edición de los poemas macarrónicos estén localizables en la actualidad en la B.N.

La edición de Paz no presenta numeración de versos ni aparatos de fuentes ni crítico, aunque puede sospecharse de la intervención del editor. Existe una única anotación al texto ya mencionada (cf. v.93 latinum: “Al margen: Así está en el original; parece dijo antes latino, y después enmendó el autor latinum.”). Coincide con particularidades gráficas de M2, aunque regulariza la ‘v’ en posición consonántica, y la suprime en posición vocálica, de acuerdo con el uso ramista. Aparecen resueltas todas las abreviaturas y ‘e’ caudadas que existen en M2. Se registran algunos cortes en el continuum de versos que no se dan ni en M2 ni en M1.

La obra de Paz conoce una segunda edición de Ramón Paz en la BAE, t. 176, Madrid 1964. Bald. viene reproducido en la p. 351. Es una edición descripta de la de Paz, que sólo difiere de ésta en añadir una errata (cf. ap.cr. v. 78).

2. 2. La edición de López de Toro (1961).

Sobre M2 realiza su edición López de Toro (pp. 407-410), quien por otra parte no da muestras de conocer ni M1 ni la edición de Paz y Meliá de 1902. López de Toro afirma realizar una “transcripción íntegra con las aclaraciones que hemos estimado necesarias en las notas correspondientes”, aunque en ocasiones realiza correcciones sobre el texto de M2 sin advertir de ello (cf. ap.cr. v. 3, 6, 28, 33, 37, 40, 66), y desliza algunos errores propios (cf. apr.cr. v. 16, 17, 26, 47, 51). La mayoría de sus correcciones son de sentido común, pero otras no resultan aceptables (cf. apr. cr. v. 6, 33, 40, 89)4.
López de Toro conserva los usos gráficos de M2, aunque resuelve casi sistemáticamente sus abreviaturas y ‘e’ caudadas.

Partiendo de esta edición realiza Juan Gil algunas correcciones en “Interpretaciones latinas”, Habis, 15, 1984, pp. 194-197 (cf. apr. cr. v. 30, 32, 34, 40, 50, 61, 72, 73, 87). Juan Gil resuelve con brillantez algunos de los puntos oscuros de la transmisión textual, coincidiendo independientemente, como se ha señalado, con algunas lecturas de M1.

También en 1984, Antonio Torres-Alcalá publica el poema en su monografía sobre la macarronea ibérica, pp.169-172. El editor advierte en nota que transcribe “el texto de Paz y Meliá, editado en Sales españolas (Madrid, 1870), 351 (sic), contrastado con el de López de Toro. Sólo apunto las diferencias más importantes entre ambos textos”. Torres-Alcalá reproduce la reedición de la BAE, adoptando, sin criterio aparente, algunas lecturas de la ed. de López (cf. v. 15: specauit; v. 28: tetam; v. 30: qui vix) y rechazando otras. Ciertamente, el editor no “apunta” nada sobre su particular contaminatio, ni sobre las restantes lecturas divergentes de López respecto a Paz. Torres-Alcalá se limita a comentar algunas diferencias respecto a los criterios de puntuación adoptados por López y Paz.

3. Conclusiones de la collatio de las fuentes manuscritas e impresas.

Contamos con tres fuentes manuscritas: M1 (siglo XVI), el ms. en que Paz basa su edición (¿siglo XVI?), y M2 (s.XVIII). Existe gran semejanza entre la tradición de M2 y Paz, frente a M1, fuertemente alterado e interpolado, y sospechoso de contaminatio con al menos otro ms., probablemente de su misma familia. La mayor parte de las variantes propias de M1 frente a M2 y Paz son rechazables, pero, por otra parte, cuando M1 coincide con M2 contra Paz siempre es preferible a éste (cf. apr. cr. vv. 10, 13, 20, 22, 30, 31, 33, 38, 42, 75, 90). Por otro lado, las coincidencias de M1 con Paz, ya señaladas arriba en 5. 1. 2. c resultan muy sospechosas de corrección ope ingenii, aceptable en general (cf. apr. cr. vv. 27, 32, 50, 82), en la que las dos fuentes pueden haber confluido independientemente. Caso éste que es patente en el v. 32: labellis, lectura que restituye Juan Gil contra el cabellis de M2, sin conocer ni M1 ni Paz.

Estos cuatro hechos nos hacen contar con un ms. antiguo, M1, aunque muy alterado respecto al arquetipo, con otro de relativa antigüedad y más fiel al arquetipo, el manejado por Paz, aunque sospechoso de haber sido variamente corregido por sus copistas y/o su editor moderno, y un tercer ms. más reciente, M2, pero que parece menos alterado por la transmisión textual que sus congéneres –no se olvide además que es el único que nos transmite la autoría del poema-. A pesar de sus corruptelas evidentes (cf. 1. 1), la tradición que encarna M2 resultar más fiel al arquetipo en todos los aspectos, positivos y negativos, pues estas mismas lecturas corruptas resultan más fáciles de identificar aquí para el editor en su labor de emendatio que en los otros mss. Ciertamente, la comunidad de errores en las tres fuentes (cf. apr. cr.: vv. 33, 87) debe remitir al arquetipo.

Ha sido necesario recurrir a la emendatio en una serie de ocasiones en Bald. (cf. vv. 6, 33, 34, 56, 72, 89) y en Spur. (cf. vv. 22, 29), emendatio que ha debido basarse en la collatio con la red. T de las macarroneas folenguianas a la hora de restituir la forma correcta de los macarronismos folenguianos empleados en Bald (cf. vv. 15, 30, 55, 89) y en Spur. (cf. vv. 4, 18).

Tras la preceptiva eliminatio codicum descriptorum podemos reconstruir el siguiente stemma de Bald.:



                                       ω



α                                      β                                      γ


¿--------------M1               Paz                                     (s. XVI)


                                                                            M2 (s. XVIII).







1 Cf. A. BONILLA, "Un manuscrito de la Biblioteca Nacional Matritense con versos de Juan de Vergara", Anales de la literatura española (1900-1904), Madrid 1904, p. 172. Citaremos el ms. como M2.
2 Cf. COTARELO, "Diccionario biográfico y bibliográfico de calígrafos españoles", Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Madrid 1913, v. I, p. 216 nº. 228.
3 Cf. Mª. C. VAQUERO SERRANO, El maestro Álvar Gómez: biografía y prosa inédita, Toledo 1993, pp. 47-48.

4 En su obra Los poetas de Lepanto, Madrid 1950 reproducía algunos fragmentos de Bald. (pp. 194-195), introduciendo algunas caprichosas variantes (cf. a: Caxconvivacium; v. 7: latinam por latinus; v. 12: Barrigo por barrizo; v. 28: annis por anquis (es el único caso en que señala anquis como lectura del ms.).

domingo, 16 de agosto de 2015

PULCHRA EXHORTATIO CONTRA INSANIAM AMORIS, Baldus V, 1, 284-315




Como pudo a la postre sacar la voz de su pecho,
habló, y se afanaba por disuadirlo de una tamaña                                   285
locura, de razón recordándole muchos principios.
Primero, unía palabras que le mostraban la recta
vía y la errada, y los peligros mil de la vida;
pasa, luego, a mil ejemplos reconocidos,
bastantes a enternecer de Nerón crudelísimo el alma.                            290
pero quiere poner Sinibaldo puertas al campo1,
y sobre el hielo escribe bajo el tórrido Apolo.
"¡Ay, hermano! -dice- no causes tu propia ruïna2,
no te partas las piernas, no te rompas el cuello.
¿dónde tanto valor tuyo?, ¿dónde tu fama de bravo?                              295
¿dónde grandeza3 de ánimo, por la que el mundo te dice
guardián de justicia, luz de la guerra, escudo del juicio?,
¿quieres tantas cosas perder en un solo momento,
cuantas nunca pudo conquistar la gloria de Carlo4?
Tú, que gobernarías con saber todo el orbe,                                            300
soportas que te gobierne una mujercita, ella sola?
¡oh, que inmunda tacha para tu honor representa!
Deja, te ruego, esta manía, y recobra tu usada cordura;
que el hierro de la razón corte la infección mientras pueda.
Pon ante tus ojos de la malhadada Troya los fuegos,                              305
que del batallar de los griegos quedara tan demolida,
que nadie5 pudo ver intacto ni medio ladrillo.
¿Causa de esta ruina fue acaso el caballazo
en cuyo vientre vacuo acechaban los estradiotes6?
¡Quia!, de una sola puta fue el rostro picaroncillo,                                  310
en cuya trampa el famoso mariposón de cabrero,
aquel Parisito7, untado de brea en sus patas y alas,
cual suele el pájaro serlo por la habilidosa lechuza8,
hizo tan bella empresa, y bella majadería,
que resultó para su nación la postrera tormenta".                                    315





Ilustración: Biagio D'Antonio.


1La locución popular italiana que se reproduce en este verso "majar agua en un mortero" (Mortaro sed pistat aquam Sinibaldus in uno) resulta extraña si se la traduce literalmente, por lo que recurro a una equivalencia española; recurso que no estimo necesario para el verso siguiente (atque super ghiazzam scribit sub Apolline caldo), como ejemplo de esfuerzo inútil.
2En una glosa marginal de la red. T se señala al parlamento de Sinibaldo como pulchra exhortatio contra insaniam amoris. Así, emplea el ejemplo tradicional de la destrucción de Troya causada por Helena y París, tal como señala en propia glosa: Destructio Troiae Paridis et Helenae ca(usa).
3Est ubi grandilitas animi, qua diceris orbe. Grandilitas es otro eximio ejemplo de neoformación latina humanísitca destacado por la crítica italiana desde U. E. Paoli, ausente, asimismo, de la red. T: Est vbi temperies animi? Prudentia? Virtus?.
4Carlomagno. Es natural la referencia al monarca en cuyo torno gira el ciclo carolingio caballeresco al que pertenece Guidón en cuanto descendiente de Reinaldo de Montalbán.
5Cernere quod mezzum potuisset nemo quadrellum. En una glosa burlesca de la red. T presenta a nemo como nombre propio con evidentes referencias homéricas y bíblicas: Nemo [...] nomen proprium viri qui diuersas exercitauit artes. Primo fuit sbirrus. Nemo misit in eum manus [...] Seruus, Nemo potest duobus dominis seruire.
6In cuius buso capeletti ventre latebant? Los cappeletti (Folengo reduce la geminada por razones métricas) o stradiotti era una caballería de origen balcánico, en su mayor parte descendientes de los albaneses instalados en el Peloponeso en el siglo XIV, al servicio de la República de Venecia. Este anacronismo cómico está ausente de la red. T: In cuius buso Greci ventrone latebant?
7Referencia despreciativa (Parisettus) a Paris, el príncipe-pastor, hijo de Príamo.

8Ut solet osellus pegolarier arte civettae. La lechuza (civetta) era empleada en la cetrería para la caza de volatería.

sábado, 18 de julio de 2015

BALDO, Libro I, vv. 1-63




Introducción, y descripción del país de las Musas macarrónicas.



La fantasía1 a mí me vino más que fantástica
de la historia de Baldo2 cantar con grasientas3 Camenas,
ante la cuya fama altísona y nombre gallardo
tiembla la tierra, y de miedo se caga ahora el Infierno.
Antes, empero, vuestro favor invocar es preciso,                                 5
¡oh, las Musas fuente del macarrónico4 arte!
¿Acaso podrá del mar pasar mi góndola escollos,
si de vuestra ayuda no se ve protegida?
A mí ni Melpómene, ni Talía5 bobalicona,
ni Febo el guitarro rascando a mí me dicten de versos;                        10
pues cuando pienso en las dimensiones de mi barriga,
no del Parnaso la cháchara viene bien a mi gaita.
Sólo las Musas panzudas y las doctas hermanas,
Gosa, Comina, Maga, y Mafelina, Toña, Pedrala6
vengan la boca a llenar al poeta de macarrones7,                               15
y de polentas denle cinco u ocho bandejas.
Son las famosas diosas grasientas, ninfas untuosas,
cuya morada8, región y su territorio exclusivo
recóndito queda en cierto rincón remoto del mundo,
que aún no conoce de los españoles la carabela.                                 20
Magna álzase allá montaña hasta las botas de diosa Luna,
que si alguien compara con el Olimpo desmesurado,
colina tendrá que llamar al Olimpo mejor que montaña.
No del Cáucaso cuernos allí, ni el dorso marrueco9,
ni el monte Etna que sulfurosas llamas escupe,                                   25
ni allí la montaña de Bérgamo saca piedras redondas,
que ves girar en cuanto el molino muele la avena.
Nosotros allí de fresco, curado, y de semicurado
queso formados unos Alpes hemos pasado.
Creedme, porque lo juro, decir ni una sola mentira10                           30
podría, por los tesoros todos que esconde la tierra:
de allí a hondos valles corren ríos de brodio11,
que un lago de sopa producen, y un mar profundo de salsa.
Hechas aquí de relleno de tortas por miles ver puedes
ir y venir balsas, barcas, y bergantines veloces,                                  35
en los cuales las Musas manejan lazos y redes
de salchichas, en tripas de ternera cosidas,
pescando gnocchi, buñuelos y tomacelle12 doradas.
No es conocida13, empero, la tempestad en el lago,
que del cielo baña la bóveda con rudas olas;                                     40
no tan grande jaleo provocas, ¡oh, lago de Garda!
cuando los vientos aúllan en torno al hogar de Catulo14.
Costas hay allá de fresca y tierna manteca,
donde cien calderos llenan el cielo del humo
de casoncelli, de macarrones, y tagliatelle15.                                     45
Tales ninfas moran del alto monte la cima,
queso rallando sin pausa con ralladores calados.
Otras se ocupan de amasar tiernos gnocchi a mano,
que en masa compacta ruedan por entre el queso rallado,
y girando desde la cima del monte abajo,                                         50
vuélvense como cubas de las de gruesa panza.
¡Oh, cuán necesario resulta que den de sí las quijadas,
si alguien quiere llenarse la panza de tan grande gnocco!
Cortando otras la pasta, y unas cincuenta marmitas
llenar vieras de pappardelle16 y de grasientas lasagne.                        55
Y otras, si la sartén por el fuego harto vivo crepita,
de allí retiran los tizones y dan soplidos adentro,
pues del caldero por fuego tan grande desbórdase el brodio.
En suma, todas se ocupan de preparar su pitanza,
conque es posible ver humeantes mil chimeneas,                               60
y mil borbotean calderas de unas cadenas colgadas.
Aquí el mejor pescador fui del arte macarronesca,
aquí Mafelina de mí ha hecho un pancipoeta17.








Ilustración: xilografía aludida en nota 7 





1Phantasia mihi plus quam fantastica venit. La magna obra de Folengo se abre con una parodia de la protasis propia de la poesía épica grecorromana, compuesta de propositio (exposición del argumento) e invocatio a las Musas, presente también en la épica caballeresca como recuerda Mario Chiesa.
2Los 25 libros del poema contarán, efectivamente, las peripecias de Baldo, paladín neocarolingio, hijo natural de Baldovina, hija del rey de los francos, y de Guidón, caballero descendiente del legendario Reinaldo de Montalbán, uno de los doce Pares de Francia, desde su nacimiento hasta su particular descensus ad inferos. Recuérdese la libérrima adaptación del Baldus de la redacción Toscolanense que aparece en la primera parte del Quarto libro del esforçado cauallero Reynaldos de Montaluán, que trata de los grandes hechos del inuencible cauallero Baldo y las graciosas burlas de Cingar, sacado de las obras del Mago Palagrio en nuestro común castellano, (Sevilla, 01542) dentro de una casi desconocida serie caballeresca.
3Historiam Baldi grassis cantare Camoenis. La hipóbole, en expresión feliz de Ivano Paccagnella, se muestra elemento esencial de la parodia -que no irrisión- que ejecuta Folengo de sus modelos clásicos y caballerescos. De tal suerte rechaza a las gráciles Musas tradicionales para optar por otras de su cosecha, gruesas, bastas y llenas de pringue. Las Camenae eran el equivalente mitológico latino de las Musas griegas.
4El etymon del género procede del título de la obra de su iniciador, la Macaronea de Tifi Odasi (circa 01490), poema de unos 700 hexámetros, donde se cuenta de una macaronea secta paduana, dedicada al consumo desaforado de macaroni y a la frecuentación de putas de tres al cuarto.
5Musas, respectivamente, de la tragedia y de la comedia.
6"Los nombres de las Musas retoman nombres femeninos difundidos en Lombardía y especialmente en el territorio bresciano (L. Messedaglia, Vita e costume della Rinascenza in Merlin Cocai, pp. 48 y 91)" (Chiesa). A este autor recurrirán, como es de rigor, -y yo mismo hice cuando redactaba mi tesis doctoral- los edd. Faccioli y Chiesa para notas de realia concernientes a la vida popular coetánea a Folengo.
7Imbocare suum veniant macarone poêtam. Preferentemente en plural, los macaroni de Tifi o macarones de Folengo designaban -como indica Messedaglia-, no los maccheroni o macarrones napolitanos de hoy en día, pasta hueca o rellena de varias formas y tamaños, sino los gnocchi, de los que el propio Folengo da una receta al mismo tiempo que un programa poético en la Apologetica in sui excusationem de la redacción Toscolanense (01521). Como prueba definitiva de la indiferenciación de macaroni y gnocchi en Folengo, reproduce Luigi Messedaglia (o.c., p.176) una xilografia que aparece por primera vez en la red. T, donde Merlín aparece sentado sobre una cubeta, con una botella de vino en la zurda, y la diestra sobre el borde de una fuente llena de gruesos gnocchi: Zana, una de sus musas inspiradoras, le emboca un voluminoso gnocco, ensartado en un palito; Togna, otra musa macarrónica, toca la gaita.
8Del v. 18 al 63 se extiende una digresión en forma de descriptio del país de las Musas. Sobre este país de Cucaña “versión popular del mito humanista de la Edad de Oro (en España, La tierra de Jauja, según el paso de Lope de Rueda)” (cf. F. Márquez Villanueva, Fuentes litearias cervantinas, p. 291) y su identidad con el país de Bengodi descrito por Boccaccio, Decameron, VIII, 3: “et eravi una montagna tutta di formaggio parmigiano grattugiato, sopra la quale stavan genti che niuna altra cosa facevan che far maccheroni e raviuoli, e cuocergli in brodo di capponi, e poi gli gittavan quindi giú, e chi piú ne pigliava piú n'aveva” cf. L. Messedaglia, o.c., pp. 187 y 427-428 y G. Cocchiara, “Il paese di Cuccagna: l'evasione dalla realtà nella fantasia popolare”, Il paese di cuccagna e altri studi di folklore, Boringhieri, Torino, 01956.
9Non ibi Caucaseae cornae, non schena Marocchi. Referencias respectivas a los agudos picos de la cadena caucásica (Faccioli) y a la cadena del Atlas.
10Credite, quod giuro, neque solam dire bosiam. El macarronismo final de verso aparece en la macarronea de Juan de Vergara (ca. 01522) (Bald.),la primera española, y su añadido espurio (Spur.): Ac.pl.: bŭsīas Bald. 47, 55 ac.sing.: bŭsīam Spur. 17, tomado de la redacción Toscolanese. Este macarronismo ofrece una forma alternante: bŏsīa, la única presente en las macarroneas menores (cf. glosario ed. Zaggia s.v.), y la que predomina absolutamente en Baldus P(aganini) y T, salvo en una sola ocasión, Baldus T III 27: “vultis ego videam si vera est ista #busia#”, donde la variante es justificada en una glosa marginal: “ ‘busia’ et ‘bosia’, sicut ‘forca’ et ‘furca’, haec autoritas poetis conceditur ad maiorem carminum decorem”. Vergara ha optado por este hipermacarronismo por mor de una mayor expresividad. Este hecho puede asegurar también su dependencia textual de la red. T. El autor de Spur. toma esta lectura de Bald.
11Illic ad bassum currunt cava flumina brodae. Por su semejanza, traduzco el brodae folenguiano por el esp 'brodio' (sust.: “El caldo con algunos trozos de legumbres y sobras de la olla, que de ordinário se dá à los pobres en las porterías de los Monastérios y otras Comunidades. Viene del Italiano Brodo, que significa caldo. Algunos dicen Bódrio, pero se debe escribir Bródio por razón de su origen [...] También se toma vulgarmente por qualquier comida picada, y revuelta con otros ingredientes, quando no está bien guisada ni sazonada" (Diccionario de Autoridades. s.u. ‘brodio’). Dicho término es usado por Diego Sánchez en su Epístola Macarrónica (01533): Nam brodium primum ei datur qui est in cabecera (v. 47) y Quis poterit semper manus barbasque fricare / Per brodij grassam antiquam de tota semana? (vv. 55-56)

12Piscantes gnoccos, fritolas gialdasque tomaclas. Tomaclas (ac. pl.) (del lat. tomaculum) designa una "suerte de croquetas confeccionadas con hígado de cerdo y vísceras varias, huevos, queso y especies, sobre todo azafrán -de donde su color amarillo-, envueltas en redaño, y fritas" (Faccioli).
13Res tamen obscura est, quando lagus ille travaiat. La existencia de un calco ovidiano (OV. Met. 6, 319 -20: Res obscura quidem est ignobilitate uirorum, / mira tamen. Vidi praesens stagnumque locumque), me lleva a apartarme del sentido de las traducciones ofrecidas por Faccioli (Ma le faccende si mettono male quando quel lago è in tempesta) y Chiesa (È però una cosa tremenda quando quel lago è in tempesta).
14Quando cridant venti circum casamenta Catulli. El poeta Catulo poseía una villa en Sirmione, a la ribera del lago de Garda, en los Alpes italianos. Ciertas ruinas aún visibles son atribuidas tradicionalmente a tal villa.
15Plena casoncellis, macaronibus atque foiadis. Los casoncelli son un tipo de pasta rellena todavía común en Brescia (Faccioli), y la foiada es una especie de tagliatelle (Chiesa).
16Pampardis videas grassisque implere lasagnis. Pampardis, forma reducida de pappardelle o pampardelle, es un tipo de lasagna ancha (Faccioli).
17Hic me pancificum fecit Mafelina poëtam. El poeta se vuelve panzudo como las Musas bajo cuya advocación se coloca (cf v. 13). Se cierra así esta hipóbole programática, en la que el piadoso monje benedictino Teófilo Folengo, la primera persona macarrónica, en la afortunada expresión de Luca Curti, ofrece un retrato antifrástico de sí mismo gracias a su sosias macarrónico, Merlín Cocayo, la segunda persona macarrónica.