CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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sábado, 23 de diciembre de 2017

LA MACARRONEA DE JUAN MÉNDEZ NIETO: notas biográficas






Los datos que se conocen sobre la vida del médico Méndez Nieto provienen de su obra autobiográfica Discursos medicinales, como señala Luis S. Granjel1. En el inicio de esta obra, dedicada fundamentalmente a describir su experiencia facultativa, el anciano Méndez cuenta también su vida de escolar en Salamanca. Este comienzo in medias res oculta su lugar de nacimiento y noticias sobre sus orígenes (actitud que sería muy propia de un ‘cristiano nuevo’). No obstante, –indica Granjel- “por los datos que de Juan Méndez Nieto figuran en los libros de matrículas de la Universidad de Salamanca sabemos era portugués y nacido en la villa fronteriza de Miranda do Douro. Si en 1607, cuando puso rótulo a su obra, tenía, según confesión que en ella hace, setenta y seis años, puede deducirse nació en 1531”2.

Cuenta Méndez Nieto que tras graduarse como bachiller en Artes, quiso primero ser clérigo, y que, luego, comenzó estudios de leyes a instigación paterna; estudios que abandonó definitivamente en favor de los de Medicina. En los libros de matrícula del Estudio salmantino consta, efectivamente, en los cursos 1553-54 y 1554-55 un Juan Méndez3, bachiller artista (El Estatuto de la Universidad de Salamanca de 1538 exigía tal titulación para cursar medicina), como estudiante médico, así como en los de los cursos 1556-57 y 1558-59; finalmente, la matrícula del curso 1559-60 lo menciona con los títulos de bachiller artista y bachiller médico.

Considera Granjel que, aunque Méndez Nieto se autotitulara licenciado sólo debió poseer el grado académico de bachiller, que le capacitaba ya legalmente para ejercer la medicina, y hace referencia a Marcel Bataillon, quien “supone que la necesidad de cumplimentar la prueba de ‘limpieza de sangre’ y la muerte en 1557 de su principal valedor en la Universidad, el doctor Alderete, debieron truncar su carrera universitaria. En 1559 se halla Juan Méndez en Salamanca, según declaración suya, buscando “se hazer licenciado”, lo que no consta llegara a conseguir”4. Todos estos hechos son narrados en el Libro primero de sus Discursos medicinales, junto con las curaciones realizadas y las peripecias vividas en Arévalo, Toledo y Sevilla, no siempre verídicas5. De Sevilla, donde un matrimonio no acordado desata las iras de los familiares de la desposada y precipita los acontecimientos, pasa a las Indias de modo fraudulento a través de La Palma en un barco de vascongados franceses, pues éste era el recurso al que recurrían los portugueses y ‘cristianos nuevos’, a quienes estaba prohibido el acceso al Nuevo Mundo en los navíos de la flota de Indias.

El Libro segundo narra su estancia y actividad profesional en Santo Domingo, a donde llega el 26 de enero de 1562 junto a su esposa. Allí permanecerá hasta 1569, año en el que marcha con su mujer, hijos y criados a Cartagena de Indias ante las amenazas de una orden de expulsión del Nuevo Mundo y posibles enemistades profesionales.

Su vida en Cartagena de Indias, donde encontró definitivo acomodo, es narrada en el Libro tercero y último de Discursos medicinales. Es allí donde culmina su quehacer profesional, que le otorga una posición económica desahogada, escribe su obra, y termina su vida en fecha no determinada. Señala Granjel que, incluso en su ancianidad, “Juan Méndez conservó la afición juvenil a la música y la poesía; gustaba de los placeres de la comida […] Fue amigo de burlas y siempre mostró un talante que hace pensar en la vida alegre y despreocupada de los pícaros”6.










1 Cf. Juan Méndez Nieto, Discursos medicinales, Introducción, Luis S. Granjel; Descripción bibliográfica, Teresa Santander; Transcripción, Gregorio del Ser Quijano, Luis E. Rodríguez-San Pedro (Salamanca: Universidad, 1989), p. IX. Los datos biográficos que aportamos provienen de la Introducción del reputado especialista en la medicina española renacentista.
2 Cf. Méndez, Discursos, p. X.
3 En cursos posteriores al del 1546-1547 aparecía el nombre de Juan Méndez simultáneamente en las matrículas de estudiantes legistas y gramáticos (cf. ibidem, p. X).
4 cf. Méndez, Discursos, p. XII.
5 Granjel no tiene, en este aspecto una opinión tan negativa como M. Bataillon (cf. ‘Riesgo y ventura del ‘licenciado’ Juan Méndez Nieto’, Hispanic Review, XXXVII, 1 (1969), 23-60): “En su narración Méndez Nieto no puede negarse mezcló, con intención de ennoblecer el relato de su vida, hechos reales con sucesos que resulta difícil aceptar como ciertos, si bien en su conjunto no creo merezcan juicio tan absolutamente negativo como el formulado por Bataillon […] Si la superchería es admitida, cabe preguntarse sobre las razones que pudieron inducir a Juan Méndez Nieto, ya anciano, cuando no podía obtener de ello beneficios, forjar tales episodios y ofrecerlos como parte real de su existencia. Única respuesta plausible la depara suponer […] que al hacerlo buscaba, como en realidad es meta a la que se orienta la totalidad de lo expuesto en los Discursos medicinales, ofrecer una imagen magnificada de su personalidad médica, incorporando al relato de su actividad profesional, lo que cree hubo en ella de sobrehumano” (cf. Méndez, Discursos, p. XV, XIX).

6 Cf. Méndez, Discursos, p. XXIII.


Imagen: Vista de Miranda do Douro, villa natal de Méndez Nieto.

domingo, 1 de septiembre de 2013

DESCUBRIMIENTO DEL MANUSCRITO MACARRÓNICO DE LA BIBLIOTECA DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA DADO POR DESAPARECIDO



    Extracto del artículo "Las glosas macarrónicas folenguianas y su influencia en los escolios de la macarronea de Francisco Pacheco (1565)", que aparecerá en el próximo número de la revista Quaderni Folenghiani

    El poema macarrónico, inédito, atribuido a Francisco Pacheco nos ha sido transmitido, según se creía hasta hace poco, en dos manuscritos del s. XVI. Macarronea del Licençiado / Pacheco hecha el año / de sesenta y cinco es el título que figura en la primera copia conocida del poema, recogida en el vol. 180 (Varios, 21; ff. 363r-391v) de la llamada “Fernán Núñez Collection”, una muy amplia colección de manuscritos españoles, sobre todo del siglo XVI y XVII, que forma parte desde 1984 de la Bancroft Library de la University of California at Berkeley, y cuya existencia fue revelada por J. I. Díez Fernández en 1997.1

    La primera mención a la obra la hace Kristeller, cuando recoge la siguiente referencia de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia (BRAH, Madrid): “Francisco Pacheco, poema maccaronicum, in two books, 22-4-75. Now 9 / 4129”.2 Pero, como indicaba J. F. Alcina,3 lo único que queda en la actualidad es un notación en el índice donde se lee: “Francisci Pacieci poetae hispalensis poema maccaronicum in duos libros divisum. Es un poema satírico y obsceno”, y al margen “Falta”. Estimaba el profesor Pozuelo que podría ser el mismo poema de la Bancroft Library en otra versión.4

    El descubrimiento de un segundo manuscrito de la obra por parte de Juan Montero y José Solís de los Santos5 confirmó la hipótesis de la existencia de otras fuentes manuscritas de la macarronea. Dicha copia se encuentra en la Biblioteca Francisco de Zabálburu, en Madrid. La macarronea ocupa el documento 5 (ff. 74r al 81r) del códice ms. 245 del fondo Altamira de dicha biblioteca. Aparece registrada en el índice como: “Macarronea de Francisco Pacheco a Francisco Sánchez. Copia del siglo XVI. 1586. 9 fols. Humanística cursiva”. El folio 73 ofrece algunas noticias sobre el autor y su obra, así como la fecha de “-1586-”, fecha de la copia, como bien demuestran Montero y Solís. Tras colacionar ambos manuscritos señalan éstos leves divergencias textuales entre Z y B (copia menos cuidadosa y carente del aparato de glosas marginales de la primera), y deducen que ambas copias proceden de un mismo apógrafo o, por el momento, arquetipo, y que «dicho apógrafo puede ser la copia perdida de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, sobre todo para Z, que distingue claramente la obra en dos libros, pero no hay seguridad de que esta copia perdida sea la de Zabálburu".6

Descubrimiento del manuscrito dado por desaparecido en la biblioteca de la Real Academia de la Historia.

       Tras la publicación de mi citado artículo en Calamus Renascens 8 (2007), descubrí en el Iter Italicum, vol. V, col. 324-325, entre los manuscritos no catalogados (uncatalogued) de la biblioteca de la Hispanic Society of America7 en Nueva York una referencia a una copia manuscrita de la Macarronea de Pacheco del siglo XVI, desconocida para la crítica hasta la fecha:

Uncatalogued (Pacheco). cart. XVI. Fols. 219-226. Marginal notes.
f. 219. F. P. Hispalensis poeta ad lectorem huius operis excusatio, a poem, inc. Plus adamate mihi. 219. Incipit opus, a poem, inc. Ridiculae Musae furfantis numina vulgi. 223v. Lib. secundus. 226v. In Macharoneam Francisci Patiechi Hispalensis argumentum.

    La escueta noticia del Iter Italicum me hizo pensar en una copia distinta, sin duda, del ms. B (diferente en su título, y carente de argumentos y escolios), y coincidente en su excusatio inicial, y su división en libros, así como en la existencia de glosas marginales con el ms. Z; también coincidía con éste en la existencia de argumentos, exactamente con la misma denominación, aunque su transposición tras el explicit del poema, distinta, pues, de su disposición en el del ms. Z, donde aparece (f. 73v) tras una nota aclaratoria inicial del copista (f. 73r) y su datación (ausentes también del nuevo manuscrito), y la advertencia al lector (f. 74v: Fr. P.8 Hispalensis Poetae ad / lectorem huius operis excusatio) me dieron en conjeturar que no se trataba de un mero apógrafo del ms. Z.

    Tras realizar las pertinentes gestiones y conseguir una copia (en pdf) de dicho ms. (al que llamaré a partir de ahora H) pude realizar ciertas constataciones sobre la peculiaridad de dicho ms.

    Por una parte, la cubierta sin numerar del cartapacio contiene la leyenda siguiente escrita a lápiz y de mano distinta y posterior a la del copista: “Francisco Pacheco- / vease la nota – uno debe devolverse a la Academia-", y en el ángulo inferior izquierdo se lee la signatura: “B3717”, de mano distinta y posterior a la del escoliasta.9 Dicho ms., numerado del 219r al 226v, está escrito en letra cursiva humanística, de mano distinta a la del ms. Z, de unos 44 a 46 renglones por folio, tirados y sin llamada de folio a folio, dotados, a su vez, de apostillas marginales de la misma mano. Respecto a la nota que se menciona en la cubierta, ésta aparece en el margen superior izquierdo del f. 219r de la misma mano que la advertencia en cubierta, y reza del modo siguiente:

Esta “Macarronea” de Franc.co / Pacheco es, sin duda, la misma / que se hallaba antes en el / tomo III, fól. 219-226 de / las Misceláneas en fól. del / Marqués de Montealegre, / marqués de Villaumbrosa, / cuya coleccion existe actualm.te / en la Bibliot. de la Acad. / [de l]a Historia. Vease el Mus. / eo o Biblioteca selecta del / Excmo. Sr. Don Pedro Nuñez / [d]e Guzman, marqués de / Montealegre, y de Quintana, / conde de Villaumbrosa, / por el licenciado Don Joseph / Maldonado y Pardo. fol. 168.

    La obra aludida por el anónimo escoliasta es Museo o Biblioteca selecta del Excmo. Señor Don Pedro Núñez de Guzmán, marqués de Montealegre y de Quintana, conde de Villaumbrosa, escrita por Joseph Maldonado y Pardo, y publicado en 1677 en Madrid, por Juan de Paredes. El marqués de Montealegre fue un eminente bibliófilo, que reunió una de las bibliotecas más nutridas del siglo XVII español. Maldonado redactó, pues, un catálogo de ésta, que fue profusamente citado posteriormente por Antonio Rodríguez Moñino en su estudio La colección de manuscritos del Marqués de Montealegre (1677), en "Boletín de la RAH", Madrid (1950-1951), tomos 126-128. Rodríguez Moñino señala que dichos fondos formaban parte de la colección "Salazar y Castro"10 de la Biblioteca de la Academia de la Historia en Madrid, y que fueron objeto de pillaje por parte de desaprensivos que vendieron parte de estas obras a bibliotecas extranjeras.

    La precisa referencia del escolio del ms. de la macarronea de Pacheco viene a coincidir, efectivamente, con la noticia de Kristeller y de J. F. Alcina, y permite identificar fehacientemente el ms. de la biblioteca de la Hispanic Society of America con el presuntamente sustraído de la Academia de la Historia de Madrid; es cierto, por otra parte, que de la admonición del escoliasta para que se devolviera uno a la Academia (la de Historia, evidentemente, cosa que, por otra parte, es notorio que no se hizo), puede deducirse la existencia de un duplicado del que no se tienen más noticias.

    En cuanto al aspecto textual, el ms. presenta lecturas que lo alinean, en su mayoría, con las del ms. Z, frente al muy incorrecto ms. B, aunque también ocurre en ocasiones viceversa, dada la deliberada, en mi opinión, labor de contaminatio y emendatio del copista del ms. Z; ofrece, asimismo, lecturas propias que lo hacen, en la mayoría de casos, preferible para el editor. Resulta, pues, el más fiable de los mss. conocidos hasta el momento. En cuanto al aparato de glosas marginales, presenta escolios ausentes del ms. Z (aunque es más frecuente el caso de las glosas sólo conservadas en el ms. Z), y un pequeño número que sólo se ha transmitido en el ms. H.

1 J. I. DÍEZ, Textos literarios españoles en la Fernán Núñez Collection (Bancroft Library. Berkeley), «DICENDA, Cuadernos de Filología Hispánica», XV, 1997, pp. 139-182: 181.
2 P. KRISTELLER, Iter Italicum, Londres-Leiden, 1989, vol. IV, col. 513b.
3 J. F. ALCINA, Repertorio de la poesía latina del Renacimiento en España, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1995, p. 134.
4 B. POZUELO, El túmulo, p. XCV-XCVI.
5 J. MONTERO-J. SOLÍS, La macarronea, pp. 639-666. Los autores denominan B al manuscrito de la Bancroft Library, y Z al ms. de la biblioteca Zabálburu.
6 J. MONTERO-J. SOLÍS, La macarronea, p. 646-648.
7La biblioteca de la Hispanic society of America fue creada por el magnate, erudito y mecenas Archer Milton Hungtinton (1870-1955), quien realizó numerosas compras de libros y manuscritos antiguos en España, por su propia iniciativa o con la ayuda del librero alemán Hiersemann (catalogador posterior de parte de la Biblioteca), entre ellas, la de la biblioteca del marqués de Jerez de los Caballeros en 1902, considerada la más rica en libros y manuscritos antiguos españoles después de la de la Biblioteca Nacional cf. John O'Neill, “La Biblioteca de la Hispanic Society of America desde su creación hasta nuestros días” http://www.cervantes.es/imagenes/File/biblioteca/o_neill_john_hispanic_society.pdf.
8 El ms. H ofrece la lectura F. P.
9 Informa el Iter Italicum, vol. V, col. 316, de que los mss. de la citada biblioteca están dividida en tres grupos: el primero formado por los mss. adquiridos por Hiersemann en Leipzig, cuya signatura comienza con las siglas HC; las signaturas del segundo grupo empiezan por la letra B, seguida de un número de serie, y el tercer grupo recibe el nombre de Uncatalogued (en el que entraba el ms. de Pachecho), ordenados alfabéticamente por autores o títulos. No obstante, Kristeller informaba de que parte de los mss. más antiguos estaba siendo examinado y catalogado por el prof. Charles Faulhaber con signaturas que principiaban por B. Quizás radique en este hecho la explicación de esta signatura añadida.
10Más recientemente, María Victoria Alberola Fioravanti en su Guía de la Biblioteca de la Real Academia de la Historia, Real Academia de la Historia, 1995, p. 83, recuerda que la colección de manuscritos del marqués de Montealegre entró en dicha Biblioteca con la colección "Salazar y Castro", ya que formaba parte de ella, constando de 22 vols. en 4º y 48 vols. en folio, con el carácter de fondo misceláneo de documentos del siglo XVI y XVII.

sábado, 28 de enero de 2012

NUEVO ARTÍCULO PUBLICADO




Calamus Renascens, Revista de Humanismo y Tradición Clásica, publica en su nº 11, pp. 49-60, mi último artículo titulado "El poema macarrónico de Juan Méndez Nieto y su homenaje a la primera macarronea española". En este artículo estudio una macarronea que descubrí no hace mucho gracias al Dr. D. Juan Gil Fernández, obra de un médico de origen portugués que compuso este poemita de circunstancias en 11 dísticos elegíacos macarrónicos poco antes de 1552 en su época de estudiante en Salamanca, constituyéndose así como la tercera macarronea conocida en España tras el poema inaugural de Juan de Vergara (circa 1522), y la epístola macarrónica del también galeno salmantino Diego Sánchez (1533), todas tres transidas de espíritu goliárdico universitario. Ofrezco una breve nota bio-bibliográfica sobre su autor, la elucidación del lugar y fecha de composición de la obra, estudio de su transmisión y ediciones, así como una edición crítica, exposición de su estructura y contenido, y la constatación y estudio de un calco textual con coincidencia de sedes metrica de la citada macarronea de Juan de Vergara.

viernes, 4 de noviembre de 2011

LA POESÍA MACARRÓNICA EN ESPAÑA




Desde sus primeros balbuceos, la macarronea española se ajusta al modelo literario consagrado por Merlín Cocayo. Tal se manifiesta en la primera pieza del género en España, la epístola macarrónica del humanista Juan de Vergara, escrita en torno a 1522, donde son notables los calcos textuales folenguianos, testimonio de dependencia reverencial del modelo italiano, y el gusto por los extremismos léxicos.
También pertenece al género epistolar la siguiente macarronea conservada, aproximadamente posterior en un decenio (1533), escrita por el Dr. Diego Sánchez de Alcaudete, médico del Duque de Arcos en Marchena y autor de la obra de astronomía El coloquio del Sol (1576), al influyente Dr. D. Francisco de Vargas con motivo de pedirle que ejerciera su influencia en el Consejo Real y las Chancillerías para que el Concejo de Marchena (Sevilla) lo eliminara del padrón o censo de los pecheros o contribuyentes, pagadores del llamado “pecho”, del que estaban excluidos los hidalgos y caballeros. Sánchez recuerda las penalidades de su vida estudiantil en Salamanca (vv. 25-91); habla de sufrimientos, hambre y frío como característicos del pupilo (nombre dado al estudiante alojado en un pupilaje o casa de huéspedes regentada por un Bachiller), así como de los engaños y sisas que debe soportar (vv. 29-30: Et quot tormenta, fames frigusque pupili! / Quas tolerat sarnosa cohors sisasque dolosque! [¡Y cuántas del pupilo las penas, el hambre y el frío! / ¡Qué sisas y engaños tolera la sarnosa cuadrilla!]). Hambre y suciedad es su compañía hasta la noche (vv. 54-60), en la que son comidos por pulgas, chinches y piojos bajo sábanas sucias y viejas que se rompen a primeras de cambio (vv. 61-72):

In nocte, dum cuncta silent, dant membra soporem,

Et requiem quaeritant et reposare parumper.

Haec est prima quies miseris scholaribus aeui :

In colchonis, factis non fina sed lana pelote,

Quos de retacis pannorum ropauejerus

Implerit, recubant : pulgas chinchesque videbis

Soepius et in carne gordos mordere piojos.

Hic quebrantatus in foeda syndone iacet

Constructa ex stupa, et lota sine jabone,

Quam magis induerant costurae et mille remiendi;

Soepe solent pedes et manus concathenare,

Quam lacerant, scindens illam rimosa senectus

"De noche, mientras reina el silencio, se entregan al sueño ; / persiguen el descanso y reposar un momento. / Descansan así por fin los pobres alumnos de entonces; / en colchones, hechos no en fina lana sino en pelote, / que con unos retazos de paños el ropavejero / llenara, se recuestan; verás las pulgas y chinches / con mucha frecuencia, y morder en la carne los gordos piojos. / Cuál quebrantado yace bajo una sábana sucia, / sin jabón lavada y de estopa confeccionada, / a la que más recubrieran costuras y mil los remiendos; / acurrucar suelen pies y manos apretadamente, / y la desgarran, rota por una vejez cuarteada".

Pero el colmo de la desgracia acaece cuando se acaba el escaso dinero; entonces muchos se ven forzados a abandonar los estudios, y más de uno se ve llevado, incluso, a la desesperación y el suicidio (v. 91: Sola horca manet et desperatio sola [“sola la horca le aguarda, sola la desesperanza”]). La obra de Sánchez anticipa aquí los retratos expresionistas de pupilajes presentes en el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán y El Buscón de Quevedo.

Visto lo visto, Sánchez considera como un mérito evidente haber podido sobrevivir, incluso fisicamente, a tales y tantas penalidades en su camino al doctorado (vv. 92-95: Ergo qui sapiens et litteratus euadit, / tales et tantos semper pasando labores, / antequam veniat ad culmen doctoramenti, / cur non immunis dicetur atque hidalgus? [ “Por tanto, el que consigue acceder al saber y la ciencia / pasando siempre tales y tan grandes fatigas / antes de llegar al premio del doctoramiento, / ¿por qué no será declarado exento de cargas e hidalgo?]). La parte autobiográfica del poema tiene como objeto mostrar a su influyente destinatario y antiguo condiscípulo la historia de un hombre que, partiendo de circunstancias desventajosas y hasta dramáticas, ha conseguido ascender en la escala académica y social, sin que le haya importado servirse para ello de artimañas picarescas (su cursus académico resulta fraudulento). En consonancia con este mismo esfuerzo de medro social no siempre lícito, el Dr. Sánchez le pide a su antiguo amigo que actúe en su favor ante instancias jurídicas superiores, recurriendo, si es preciso, a la mentira (vv. 118-120: Porrige socorrum, foedoque subtrahe pecho, / aut allegando mentiras aut veritates: / iuste vel iniuste nolo pagare padronem [“Dame socorro, quítame el peso de un pecho humillante, / ya sea alegando mentiras, ya sea alegando verdades: / con justicia o sin ella pagar el padrón no deseo”]).
Su autobiografismo sitúa a la macarronea de Sánchez dentro de la moda testifical que, como afirma Lázaro Carreter, se desarrolla en esta época en la literatura española, y de la que será exponente posterior el Lazarillo de Tormes (1554), con el que la obra de Sánchez presenta ciertas concomitancias. Junto al mismo género epistolar con la figura del preeminente corresponsal, y lejos de avergonzarse de sus cabriolas morales, tanto el real Dr. Sánchez y como el imaginario Lazarillo se muestran orgullosos del rumbo que han dado a sus vidas venciendo incontables penalidades. La macarronea del Dr. Sánchez se presenta, pues, como un curioso precedente –salvando las evidentes distancias-, de la técnica narrativa autobiográfica consagrada en la primera narración novelesca europea.

A pesar del carácter práctico del texto, éste no está exento del cuidado formal, lo que, por otra parte, no debe considerarse paradójico. El autor emplea, así, aliteraciones efectistas combinadas con anáforas donde aprovecha las posibilidades que le ofrecen ambas lenguas (v. 14: heu! Quot arroyos, quot rupes atque barrancos). De esto son prueba las alternancias de formas latinas y sus correspondientes vulgares (cf. vv. 25-26: ...expeluzatus / horresco...; vv. 81-82: ...pagate / ...persoluere...). Hay que destacar la hábil disposición de los macarronismos, que son insertados en los contextos donde alcanzan mayor fuerza evocadora, connotados casi siempre negativamente. Véase el v. 73 (quoque magis doleas, iam imminente pobreza [“y para colmo de males, ya con la pobreza a las puertas”]), construido hasta la cesura principal sobre un calco clásico (Ovidio, Metamorfósis, 3, 448) , y que se cierra con un ablativo absoluto cuyo sujeto, que ocupa frontera versal, es un expresivo macarronismo, “pobreza”, que resume y anuncia el grueso de las desgracias de los condiscípulos del joven Diego Sánchez. Estas desventuras alcanzan su culminación y cierre lapidario en el verso 91 (sola horca manet, et desperatio sola), en el que convergen figuras como el quiasmo, cuya férrea arquitectura evoca el rigor de una sentencia, la epadaniplosis (sola...sola), que incide psicológicamente en el desamparo del infortunado estudiante, y el hysteron-proteron, que, trastocando el orden cronológico de las ideas, resalta el macarronismo “horca”, más efectivo aquí sin duda a efectos de expresividad que su correspondiente latino “furca”.

Existen, por otro lado, en el poema de Sánchez rasgos del conceptismo que eclosionará en la literatura vernácula hacia finales de siglo. Véase un ejemplo de retruécano en los vv. 69-70 ([syndone] constructa ex stupa et lota sine jabone / quam magis induerant costurae et mille remiendi), donde se nos habla de una sábana que no ha recibido las marcas del jabón de sastre, sino la de las costuras y mil remiendos; de calambur (cf. v. 90: extat praecipue ‘si necius’ aut sine litteris); de derivación (cf. v. 101: ...calles et callejuelas); y ejemplos de dilogía como en los vv. 111-112 (sed potius adsunt ciciones atque modorrae, / et putridae febres costatorumque dolores [“Sino que me asisten, por el contrario, ciciones, modorras, / fiebres malignas, y dolores en el costado” –es decir, pleuritis-), en los que se juega con un doble sentido de adsunt, ‘acompañar’ y ‘asistir (como defensa)’: frente a la incomprensión del concejo al doctor sólo le ‘asisten’ una serie de enfermedades, que son el objeto de su labor; dilogía existe también en el v. 118 donde se juega con una doble acepción de pecho, ‘parte del cuerpo humano’ y ‘tributo’.

Es, finalmente, notable la ausencia total de macarronismos y de calcos folenguianos. En poco menos de diez años, si el poema de Vergara fue escrito entre 1522 y 1524, la macarronea española ha alcanzado plena independencia de su modelo italiano, y su código lingüístico, el macarroneo, es manejado con gran seguridad y conciencia de sus posibilidades expresivas. La producción macarrónica española posterior se caracterizará, en líneas generales, por la búsqueda de la perfección formal y métrica.