CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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sábado, 16 de mayo de 2020

EL LENGUAJE MACARRÓNICO DE "OTIOSITAS VITANDA"





Ugo Enrico Paoli




3. 3. Estudio lingüístico.

El estudio lingüístico de la macarronea sui generis que constituye otios., ha de diferir necesariamente del de las otras estudiadas hasta ahora, y de las que veremos a continuación. Su advertida polimetría, que en ocasiones parece devenir en prosímetro, afectará sobre todo al estudio métrico.

3. 3. 1. El macarroneo de otios.

3. 3. 1. 1. El léxico macarrónico.

3. 3. 1. 1. 1. Macarronismos léxicos.

El autor de otios. emplea deliberadamente un cuerpo lexical mayoritariamente popular y familiar, no con el fin de crear un contraste expresionista con el elemento latino clásico, sino para hacer su obra más accesible y agradable a un público culto, pero más amplio que el puramente humanista. Este predominio del léxico familiar se plasma en la presencia de términos que no serán luego recogidos en los diccionarios contemporáneos y posteriores (alberqua, algargara, aluerjana, antoga, conmixturata, corpete, cucurucuat, culcosida, chirumanta, lubricano, mengalas, piernicorti, quartagis, de rendonem, tirriant, tramado), y de otros que tienen un marcado carácter dialectal (arronjat, delantari) y arcaizante (çerçen, girifaltibus, motilado, riçam). El registro de algunas voces en otios. (anafum, friso, patituertus) atrasa la 1ª documentación de éstas ofrecida por Corominas. El empleo de onomatopeyas tiene una clara inspiración folenguiana (cf. supra 3. 2. 1. 5). En el terreno de la grafía, el emblemista gaditano se muestra conservador, empleando formas tradicionales (biuas, pauellonibus, pauellone, peuetis), y algunas ni siquiera registradas (bolantes, villetem, haualoria). Cierta pedantería delata la grafía bruteschis, motivada probablemente por el origen italiano del vocablo.

No hay demasiadas novedades en la creación morfológica. En la morfología nominal predomina el tipo de latinización superficial que sustituye el sufijo genérico y / o numeral castellano por el casual latino, o bien lo superpone. Debe señalarse, sin embargo, un ejemplo de derivación latinizante (loçanico), y dos de alteración lexemática del mismo tipo (spinaca, spessa), y, sobre todo, los dos primeros ejemplos en la macarronea española de adverbios macarrónicos derivados del adjetivo vulgar (holgazane, moleste), y los tres primeros –sin constituir macarronismo semántico como el luminaria de mach. 97- de sustantivo vulgar macarronizado en género neutro (haualoria, jornalia, patia). Existen, asimismo, sendos ejemplos de neoformación macarrónica (colirrotae) y latina (paludinaribus). La morfología verbal es aún más conservadora: los tiempos más usuales (pte. de indicativo, gerundio y pte. de subjuntivo) se construyen sistemáticamente sobre la forma vulgar (atruenat, comiençant, cubret, cumplet, muestrant, colgando, guardando, siendo, compret, criet, parezcant, procedat), como se observa también en los pto. impf. de ind. (teniant, mirauant) y subj. (quisierat, llegassent). Sólo es de señalar el pte. de ind. latinizante parecit y el primer ejemplo de perfecto pasivo macarrónico (librati sunt).

3. 3. 1. 1. 2. Macarronismos morfológicos.

Se registra un error de concordancia (cf. otios. 43: relicto arbore por el correcto relicta arbore), y el uso del pronombre reflexivo sibi por el fórico eis (cf. otios. 343, 436), que aparece en Folengo, pero que está ya registrado en el latín medieval y humanista1. Ante su carácter aislado, no se puede hablar de errores morfológicos voluntarios.

3. 3. 1. 3. Macarronismos heteróclitos.

En otios. se da el primer ejemplo confirmado de macarronismo heteróclito de la macarronea española (ratonis [abl.pl.], ratones [ac.pl.]). Hay además apuntes de ésta en los abl.pl. chichonis, haraganis, peuetis; en el abl.sing. galeoto y posiblemente en el nom.pl. pobreti.

3. 3. 1. 1. 4. Macarronismos semánticos.

Hay que enumerar los casos de calles, casa, domesticos, manto, occasionem, piat, pico, se ponunt, procedat, remouente.

3. 3. 1. 1. 5. Macarronismos de calco.

Constituyen el aspecto más notable de creación macarrónica del poema. Ya en glosa a otios. 4 el autor confesaba que condicionaba la prosodia y métrica a la inclusión de refranes y proverbios. El emblemista, pues, se muestra especialmente inclinado a la creación de macarronismos de calco que reproducen expresiones castellanas (facere agrauium, dare alas, berengenalem intrare, facere camas, formare capillam, cauda inter crura, ganare de comere, lleuare compasem, facere cortesiam, tormentum garruchae, dare fee, facere iustitiam, manibus lauadis, mantus soplilli, metere in pelaza, facere mochilam, velare de noche, dare occasionem, dare osadiam, plus quam de passo, pro remate, intrare de rendonem, facere riçam, con la tuya salire, dare soplum). Es de notar la construcción morfológica de algunos de ellos, en los que operan principios opuestos. La locución adverbial de rendonem ‘de rendón’ parece responder a lo que Paoli llamaba “folenghiano deteriore”2, es decir, a la necesidad de latinizar de cualquier manera (normalmente con –m y –um cf. acasam ‘a casa’; assaium ‘assai’) construcciones vulgares, invariables en origen, que no se prestaban a ello. Pero el excesivo logicismo gramatical de Paoli no le dejaba ver que, tanto en Folengo como en otios., estas hipercaracterizaciones macarrónicas responden a un fin expresionista de carácter cómico. Confirma esta finalidad la tendencia opuesta, registrada en otios., a ceñirse lo más posible a la locución vulgar de origen como se manifiesta en ganare de comere y velare de noche, y que culmina en las construcciones mixtas con la tuya salire ‘salirte con la tuya’ y det fee ‘dé fé’. Algunos de estos macarronismos están construidos exclusivamente con latinismos (dedit alas ‘dio alas’ –incitar- [otios. 125]; cauda inter crura ‘con el rabo entre las piernas’ –corrido, mortificado- [otios. 325 con equivalente folenguiano cf. ap. de fuentes]; faciet iustitiam ‘hará justicia’ [otios. 274]).

3. 3. 1. 1. 6. Frecuencia de los macarronismos.

Como ya hemos tenido oportunidad de señalar en 3. 2. 1. 3 y 3. 2. 1. 4, la macarronea de otios. no se ajusta a la tradicional distribución de hexámetros macarrónicos y latinos, sino que introduce además deliberadamente hexámetros latinos relajados en su medida (cf. glosa a otios. 2: “ametri, id est, non omnino seruata mesura”), mixtos de latín y español, y versos enteramente españoles. Prescindiendo por el momento de su caracterización métrica, podemos establecer de cara al cálculo estadístico de los macarronismos una cuádruple clasificación: hexámetros latinos, macarrónicos, versos mixtos y españoles.

Los hexámetros latinos, correctos o no, suponen un número de 189 vv. que representa un 37, 45% del total.

Los hexámetros macarrónicos, correctos o no, ascienden a 260, que suponen el 51, 99% del total.

Los versos mixtos son 37, el 7, 37%, y los españoles 16, representando el 3, 18% del total.

Se puede destacar de esta estadística, por un lado, el importante número de versos íntegramente latinos, y, por otro, el escaso porcentaje de versos mixtos e hispanos (10, 55%) frente al cuerpo de versos latinos y propiamente macarrónicos que integran la macarronea canónica.

3. 3. 1. 1. 7. Función estilística de los macarronismos.

El latinus grossus fue un fenómeno de hibridismo histórico que actuó como fuente de inspiración lingüística para los primeros macarrónicos paduanos. En Folengo aparece asociado a la coquinaria latinitas a través de la imagen del rechoncho poeta Merlín Cocayo y sus Musas cocineras. Esta metáfora culinaria de derroche y vitalidad, es trasunto de la verbal y estilística, propia de un latinista grossus -tras el que se esconde el burlón humanista Folengo- que estima con desparpajo que su lenguaje degradado es digno de forjar hexámetros de cuño virgiliano. La imagen del enfermo empleada en otios. rompe con este programa literario. La perfección prosódico-métrica folenguiana, y los calcos clásicos, unidos a los macarronismos y los disparates morfológico-sintácticos provocaba el regocijo en el lector de formación humanista para el que estaban pensadas las macarroneas. Éste las contemplaba desde la tranquila superioridad de su conciencia filológica. Pero la imperfección técnica y el anárquico hibridismo de la macarronea gaditana obliga al lector a convertirse, prácticamente, en el erudito a la violeta ridiculizado por Aulo Gelio. Un obligado ejercicio de humildad que no carece, quizás inconscientemente y a pesar de la seriedad de conjunto, de cierto toque de tópica “guasa” gaditana.

Este efecto estilístico de confusión se manifiesta, como se ha dicho, en la irregular construcción del hexámetro, que será analizada en 3. 3. 1. 3, y en un hibridismo incontrolado producto de la “enfermedad” lingüística que supone otios., y que es ajeno a la esencia del macarroneo folenguiano. Tal hibridismo se patentiza en los versos que el emblemista llama ‘mixtos’. En éstos palabras o sintagmas españoles sin macarronizar se ven unidos en el mismo verso a palabras latinas y / o macarrónicas. La distribución de componentes se produce de dos maneras: o bien el verso aparece dividido en dos hemistiquios o en dos partes desiguales, una hispana y otra latino-macarrónica, o bien aparecen mezclados de forma caprichosa. En los versos con macarronismos, que tienden a conservar la distribución externa de ictus del hexámetro, se hace más claro cierto efecto de tránsito casi indistinguible de un código lingüístico a otro (español a latín y viceversa), que resulta muy apreciado por el autor. En alguno de los versos que se construyen a base de dos hemistiquios o partes desiguales (cf. otios. 38, 121, 160, 163, 177, 231, 301, 398, 438, 443) resulta ambigua la distinción de los componentes:

Y aíre delícadó, placidá corríente maréa (otios. 38)

En los otros se marcan más claramente las distancias:

Sín tua lícentiá consénsuque cérragerórum (otios. 121)

Pués que trabájaré faciúnt perítos in árte (otios. 160)

Y én gatésca léngua hablát furibúnde minándo (otios. 163)

cínco pies ál gató quesivísti nóstra tomándo (otios. 177)

si hábemús famém paném maüllándo pedímos (otios. 231)

éstrecha ý cortá, que apénas fémora cúbret (otios. 301)

tráë la séntentiá miserís mala múlta ratónis (otios. 398)

á huýr echándo celériter ád madriguéras (otios. 438)

qué luego déspachánt legátum Máximo Ióue (otios. 443)

En casi todos estos versos hay un macarronismo que actúa como una especie de palabra-puente entre los componentes lingüísticos (corriente, hablat, maüllando, echando, despachant). Es de notar el verso 163, que contiene un calco textual folenguiano con coincidencia de sede métrica (cf. ap. de fuentes), por lo que tiene de alejamiento consciente del modelo literario. En los versos propiamente mezclados el hibridismo, que se presenta como compulsivo, adquiere categoría artística al convertirse en un ejercicio de uariatio en un discurso de constante ida y vuelta:

Dónde sé suffrét, Dominé Vulcáne, que gáti (otios. 97)

Nón qui adobár sillás aut frústa iúngere láñis (otios. 152)

Piénsas quód potés hodié con la túya salíre (otios. 171)

Háec faciét iustitiám nobís, pues a nádie féfellit (otios. 274)

ádeo est hónestá que nón vidére se déxat (otios. 275)

nón qui dét fee de élla inuénitur úllus in áruis (otios. 276)

pró caligís lodó, pro cálceis lútea cóstra (otios. 305)

ét a rémpuxonés fuerçánt eos quaérere pórtam (otios. 324)

nám anima hóminís, nimís de la música gózat (otios. 468)

hóc datum ést illís, y en póco tiémpo se pónunt (otios. 486)

En los prefolenguianos de Padua existen ejemplos de inserción directa de monemas y sintagmas dialectales3:

Cógnoscít subitó quid fácit a céna cusínus (M 469)

Dá cagárolá possís moríre cagándo (V 263)

Ín bus ín babús docuít parláre per létra (T 89)

Círculus ét quum fít, non vúlt zentáze de sóto (T 123)

Híc vero áspicerés intránte in pórta brigáta (V 193)

Ómnes lássabánt illúm zanzáre a so muódo (V 234)

Nám, quum sís paupér, debés bassáre la tésta (T 60)

Á casa ét veniéns cepít voltáre lo rósto (T 83)

Quúm quid róbastí tribuátur cúlpa ale gáte (V 290)

Vínaque gózandó madidám sorbísse la térram (V 294)

Pero su fría y poco variada distribución evoca más que nada la torpeza del latinus grossus, y no alcanzan, desde luego, el carácter deliberadamente caótico que tienen en otios., incluso en los versos mixtos construidos a base de español y latín:

Sól cum occúparét quinós de Gémini grádus (otios. 26)

Ét solémne féstum anní seisciéntos y séxti (otios. 54)

Áut pará maéstro exámen vélle requíris? (otios. 95)

Érat occúpatá de bóte en bóte la cálle (otios. 130)

Híc posití sumús, a púra fuérça ligáti (otios. 191)

Quándo nó me cáto, armáta mánu me cápiunt (otios. 209)

A úna estáca júste vél injúste ligándo (otios. 210)

Y én dos pálabrás ponúnt sicut módo vidétis (otios. 212)

Álii cúm malleís ferrúm sobre júnque retúndunt (otios. 220)

Sín podér comérlas, neque íllas tángere mánu (otios. 223)

Ál ver dé los ójos ut núllus súmere quéat (otios. 224)

Quí sine málitiá sumús, sine sómbra de cúlpa (otios. 263)

Háec numquám loquitúr, nisi sít rogáta priméro (otios. 277)

Státim a émpellonés compéllunt squálidum íre (otios. 316)

Sí no té declarás, digitó compésce labéllum (otios. 384)

Y al primer encuentro murium primum cornu caeperunt (otios. 432)

Cáscaras dé nuezés por yélmos, pro láncea gérit (otios. 434)

Quám promíssit dáre, statím a la fústa priméra (otios. 450)

La presencia de estos versos mixtos, junto a los españoles, aunque escasa en número, influye grandemente, por su gran dispersión a lo largo del poema, en la construcción del discurso macarrónico, concretamente en el ordo uerborum, que resulta particularmente calcado del vulgar.

Existen, asimismo, algunos rasgos de juego estilístico con los macarronismos. Ejemplo de ello hay en la alternacia por uariatio de la forma latina y su equivalente vulgar (cf. otios. 174-175: “Castigum tua postulat insania, gate, / qualem atrevida talis locura meretur”), y en la alternancia, por idéntico motivo, del régimen de construcción del adj. similis (cf. otios. 237-238: “nos ita maltractant tormento rigido, potri [gen.] / simili, similique tormento [dat.] garruchae). El autor adapta también los macarronismos a las posibilidades combinatorias del fraseo latino (cf. otios. 322: “preguntare solet calças si compret agujae”; otios. 343: “atque piernicorti mixti sibi sunt auiones”).

3. 3. 1. 2. Sintáxis macarrónica.

No se detectan influencias apreciables de la sintáxis folenguiana, que serían quizás esperables en una obra que, a pesar de que se sitúa conscientemente al margen de los preceptos del ars macaronica, ha sufrido de una manera evidente su influjo, como señalamos en 3. 2. 1. 5. Paoli señalaba una serie de singularidades sintácticas en las macarroneas de Merlín Cocayo, como la supresión de la forma reflexiva, el libre uso del infinitivo (facere + inf.; infinitivo usado en correspondencia de un infinitivo italiano precedido de “a, di” [ ritrovat mangiare ‘ritrova a mangiare’; videre ruit ‘si precipita a vedere’]; infinitivo precedido de las preposiciones ad, pro, propter) y quod con valor consecutivo en indicativo o subjuntivo4.

El facere + inf. es un calco de la sintaxis vulgar, tanto italiana como española, y no necesita ser entendida como calco folenguiano. Aparece en otios. 145, 158, 168, 318, 325-326. Hay, por otra parte, infinitivos en otios. que corresponden a infinitivos castellanos precedidos de preposición bien con valor final (47, 49, 306), bien con valor de integrante de perífrasis verbal (33-34, 48) o suplemento (161, 240). Este uso, aunque se encuentra también en Folengo, es obligado si lo que se pretende es dar una pátina latina a la construcción sintáctica, como una especie de universal lingüístico macarrónico, y no reducible a mera imitación del modelo. Prueba de ello puede ser el doblete que se localiza en otios. 161 (comedere ganent) y 309 (ganet de comere), que responde a intereses estilísticos antitéticos. La sintaxis de otios., por tanto, se ajusta normalmente a la clásica latina, siendo notable la abundancia de construcciones de participio y de gerundio, por influencia muchas veces de la construcción sintáctica española.


____________________________________
1 Cf. ed. Zaggia p. 16 y U. E. PAOLI, o.c., p. 171
2  Véase aquí.
3 Tomamos estos ejemplos de I. PACCAGNELLA, Le Macaronee padovane. Tradizione e lingua, Antenore, Padua 1979, pp. 94-98. M, T y V son siglas, respectivamente, de la Macaronea de Odasi, de la Tosontea y el Nobile Vigonce opus, obras editadas críticamente por el estudioso italiano (p. 34 n. 2).

4 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 172-173. La penúltima construcción era normal en el latín literario de la Edad Media.

domingo, 19 de noviembre de 2017

GIORNATE DI STUDIO SU TEOFILO FOLENGO a cinquecento anni dalle prime Macaronee (Scuola Normale Superiore di Pisa, 23-24 novembre 2017)




Los próximos 23 y 24 de noviembre se celebrarán en la Scuola Normale Superiore de Pisa las Giornate di studio su Teofilo Folengo a cinquecento  anni dalle prime Macaronee, organizadas por el prof. Luca D'Onghia. Participaré como miembro de un grupo de investigación de la Universidad de Cádiz dirigido por el catedrático D. José María Maestre con una conferencia en italiano titulada L'influenza folenghiana nella poesia maccheronica spagnola, y posteriormente en una tabla redonda en la que presentaré, junto a Otello Fabris, presidente de la Associazione Internazionale di Studi Folenghiani "Merlin Cocai", de la que me honro formar parte, una asociación de investigación internacional sobre la macarronea europea y extraeuropea en colaboración con la Universidad de Cádiz. 
Me siento también emocionado por la posibilidad de conocer en persona a otros insignes folenguistas conferenciantes, cuya obra leí con avidez a mediados de los años 90 para intentar entender mejor el abigarrado mundo que se encontraba tras Folengo y sus macarroneas; especialistas, pues, como Mario Chiesa, estudioso y editor de Folengo, Massimo Zaggia, excepcional editor de las Macaronee minori que tanto influyeron en mi manera de editar los poemas macarrónicos españoles, Lucia Lazzerini e Ivano Paccagnella, estudiosos, respectivamente, de los sermones híbridos tardomedievales y de los poetas macarrónicos prefolenguianos, así como de su influencia en Merlín Cocayo, y al pisano Luca Curti, genial discernidor de que la verdadera diferencia entre Folengo y sus predecesores se encuentra en el deliberado juego de personas literarias macarrónicas creado por el autor mantuano.

sábado, 18 de julio de 2015

BALDO, Libro I, vv. 1-63




Introducción, y descripción del país de las Musas macarrónicas.



La fantasía1 a mí me vino más que fantástica
de la historia de Baldo2 cantar con grasientas3 Camenas,
ante la cuya fama altísona y nombre gallardo
tiembla la tierra, y de miedo se caga ahora el Infierno.
Antes, empero, vuestro favor invocar es preciso,                                 5
¡oh, las Musas fuente del macarrónico4 arte!
¿Acaso podrá del mar pasar mi góndola escollos,
si de vuestra ayuda no se ve protegida?
A mí ni Melpómene, ni Talía5 bobalicona,
ni Febo el guitarro rascando a mí me dicten de versos;                        10
pues cuando pienso en las dimensiones de mi barriga,
no del Parnaso la cháchara viene bien a mi gaita.
Sólo las Musas panzudas y las doctas hermanas,
Gosa, Comina, Maga, y Mafelina, Toña, Pedrala6
vengan la boca a llenar al poeta de macarrones7,                               15
y de polentas denle cinco u ocho bandejas.
Son las famosas diosas grasientas, ninfas untuosas,
cuya morada8, región y su territorio exclusivo
recóndito queda en cierto rincón remoto del mundo,
que aún no conoce de los españoles la carabela.                                 20
Magna álzase allá montaña hasta las botas de diosa Luna,
que si alguien compara con el Olimpo desmesurado,
colina tendrá que llamar al Olimpo mejor que montaña.
No del Cáucaso cuernos allí, ni el dorso marrueco9,
ni el monte Etna que sulfurosas llamas escupe,                                   25
ni allí la montaña de Bérgamo saca piedras redondas,
que ves girar en cuanto el molino muele la avena.
Nosotros allí de fresco, curado, y de semicurado
queso formados unos Alpes hemos pasado.
Creedme, porque lo juro, decir ni una sola mentira10                           30
podría, por los tesoros todos que esconde la tierra:
de allí a hondos valles corren ríos de brodio11,
que un lago de sopa producen, y un mar profundo de salsa.
Hechas aquí de relleno de tortas por miles ver puedes
ir y venir balsas, barcas, y bergantines veloces,                                  35
en los cuales las Musas manejan lazos y redes
de salchichas, en tripas de ternera cosidas,
pescando gnocchi, buñuelos y tomacelle12 doradas.
No es conocida13, empero, la tempestad en el lago,
que del cielo baña la bóveda con rudas olas;                                     40
no tan grande jaleo provocas, ¡oh, lago de Garda!
cuando los vientos aúllan en torno al hogar de Catulo14.
Costas hay allá de fresca y tierna manteca,
donde cien calderos llenan el cielo del humo
de casoncelli, de macarrones, y tagliatelle15.                                     45
Tales ninfas moran del alto monte la cima,
queso rallando sin pausa con ralladores calados.
Otras se ocupan de amasar tiernos gnocchi a mano,
que en masa compacta ruedan por entre el queso rallado,
y girando desde la cima del monte abajo,                                         50
vuélvense como cubas de las de gruesa panza.
¡Oh, cuán necesario resulta que den de sí las quijadas,
si alguien quiere llenarse la panza de tan grande gnocco!
Cortando otras la pasta, y unas cincuenta marmitas
llenar vieras de pappardelle16 y de grasientas lasagne.                        55
Y otras, si la sartén por el fuego harto vivo crepita,
de allí retiran los tizones y dan soplidos adentro,
pues del caldero por fuego tan grande desbórdase el brodio.
En suma, todas se ocupan de preparar su pitanza,
conque es posible ver humeantes mil chimeneas,                               60
y mil borbotean calderas de unas cadenas colgadas.
Aquí el mejor pescador fui del arte macarronesca,
aquí Mafelina de mí ha hecho un pancipoeta17.








Ilustración: xilografía aludida en nota 7 





1Phantasia mihi plus quam fantastica venit. La magna obra de Folengo se abre con una parodia de la protasis propia de la poesía épica grecorromana, compuesta de propositio (exposición del argumento) e invocatio a las Musas, presente también en la épica caballeresca como recuerda Mario Chiesa.
2Los 25 libros del poema contarán, efectivamente, las peripecias de Baldo, paladín neocarolingio, hijo natural de Baldovina, hija del rey de los francos, y de Guidón, caballero descendiente del legendario Reinaldo de Montalbán, uno de los doce Pares de Francia, desde su nacimiento hasta su particular descensus ad inferos. Recuérdese la libérrima adaptación del Baldus de la redacción Toscolanense que aparece en la primera parte del Quarto libro del esforçado cauallero Reynaldos de Montaluán, que trata de los grandes hechos del inuencible cauallero Baldo y las graciosas burlas de Cingar, sacado de las obras del Mago Palagrio en nuestro común castellano, (Sevilla, 01542) dentro de una casi desconocida serie caballeresca.
3Historiam Baldi grassis cantare Camoenis. La hipóbole, en expresión feliz de Ivano Paccagnella, se muestra elemento esencial de la parodia -que no irrisión- que ejecuta Folengo de sus modelos clásicos y caballerescos. De tal suerte rechaza a las gráciles Musas tradicionales para optar por otras de su cosecha, gruesas, bastas y llenas de pringue. Las Camenae eran el equivalente mitológico latino de las Musas griegas.
4El etymon del género procede del título de la obra de su iniciador, la Macaronea de Tifi Odasi (circa 01490), poema de unos 700 hexámetros, donde se cuenta de una macaronea secta paduana, dedicada al consumo desaforado de macaroni y a la frecuentación de putas de tres al cuarto.
5Musas, respectivamente, de la tragedia y de la comedia.
6"Los nombres de las Musas retoman nombres femeninos difundidos en Lombardía y especialmente en el territorio bresciano (L. Messedaglia, Vita e costume della Rinascenza in Merlin Cocai, pp. 48 y 91)" (Chiesa). A este autor recurrirán, como es de rigor, -y yo mismo hice cuando redactaba mi tesis doctoral- los edd. Faccioli y Chiesa para notas de realia concernientes a la vida popular coetánea a Folengo.
7Imbocare suum veniant macarone poêtam. Preferentemente en plural, los macaroni de Tifi o macarones de Folengo designaban -como indica Messedaglia-, no los maccheroni o macarrones napolitanos de hoy en día, pasta hueca o rellena de varias formas y tamaños, sino los gnocchi, de los que el propio Folengo da una receta al mismo tiempo que un programa poético en la Apologetica in sui excusationem de la redacción Toscolanense (01521). Como prueba definitiva de la indiferenciación de macaroni y gnocchi en Folengo, reproduce Luigi Messedaglia (o.c., p.176) una xilografia que aparece por primera vez en la red. T, donde Merlín aparece sentado sobre una cubeta, con una botella de vino en la zurda, y la diestra sobre el borde de una fuente llena de gruesos gnocchi: Zana, una de sus musas inspiradoras, le emboca un voluminoso gnocco, ensartado en un palito; Togna, otra musa macarrónica, toca la gaita.
8Del v. 18 al 63 se extiende una digresión en forma de descriptio del país de las Musas. Sobre este país de Cucaña “versión popular del mito humanista de la Edad de Oro (en España, La tierra de Jauja, según el paso de Lope de Rueda)” (cf. F. Márquez Villanueva, Fuentes litearias cervantinas, p. 291) y su identidad con el país de Bengodi descrito por Boccaccio, Decameron, VIII, 3: “et eravi una montagna tutta di formaggio parmigiano grattugiato, sopra la quale stavan genti che niuna altra cosa facevan che far maccheroni e raviuoli, e cuocergli in brodo di capponi, e poi gli gittavan quindi giú, e chi piú ne pigliava piú n'aveva” cf. L. Messedaglia, o.c., pp. 187 y 427-428 y G. Cocchiara, “Il paese di Cuccagna: l'evasione dalla realtà nella fantasia popolare”, Il paese di cuccagna e altri studi di folklore, Boringhieri, Torino, 01956.
9Non ibi Caucaseae cornae, non schena Marocchi. Referencias respectivas a los agudos picos de la cadena caucásica (Faccioli) y a la cadena del Atlas.
10Credite, quod giuro, neque solam dire bosiam. El macarronismo final de verso aparece en la macarronea de Juan de Vergara (ca. 01522) (Bald.),la primera española, y su añadido espurio (Spur.): Ac.pl.: bŭsīas Bald. 47, 55 ac.sing.: bŭsīam Spur. 17, tomado de la redacción Toscolanese. Este macarronismo ofrece una forma alternante: bŏsīa, la única presente en las macarroneas menores (cf. glosario ed. Zaggia s.v.), y la que predomina absolutamente en Baldus P(aganini) y T, salvo en una sola ocasión, Baldus T III 27: “vultis ego videam si vera est ista #busia#”, donde la variante es justificada en una glosa marginal: “ ‘busia’ et ‘bosia’, sicut ‘forca’ et ‘furca’, haec autoritas poetis conceditur ad maiorem carminum decorem”. Vergara ha optado por este hipermacarronismo por mor de una mayor expresividad. Este hecho puede asegurar también su dependencia textual de la red. T. El autor de Spur. toma esta lectura de Bald.
11Illic ad bassum currunt cava flumina brodae. Por su semejanza, traduzco el brodae folenguiano por el esp 'brodio' (sust.: “El caldo con algunos trozos de legumbres y sobras de la olla, que de ordinário se dá à los pobres en las porterías de los Monastérios y otras Comunidades. Viene del Italiano Brodo, que significa caldo. Algunos dicen Bódrio, pero se debe escribir Bródio por razón de su origen [...] También se toma vulgarmente por qualquier comida picada, y revuelta con otros ingredientes, quando no está bien guisada ni sazonada" (Diccionario de Autoridades. s.u. ‘brodio’). Dicho término es usado por Diego Sánchez en su Epístola Macarrónica (01533): Nam brodium primum ei datur qui est in cabecera (v. 47) y Quis poterit semper manus barbasque fricare / Per brodij grassam antiquam de tota semana? (vv. 55-56)

12Piscantes gnoccos, fritolas gialdasque tomaclas. Tomaclas (ac. pl.) (del lat. tomaculum) designa una "suerte de croquetas confeccionadas con hígado de cerdo y vísceras varias, huevos, queso y especies, sobre todo azafrán -de donde su color amarillo-, envueltas en redaño, y fritas" (Faccioli).
13Res tamen obscura est, quando lagus ille travaiat. La existencia de un calco ovidiano (OV. Met. 6, 319 -20: Res obscura quidem est ignobilitate uirorum, / mira tamen. Vidi praesens stagnumque locumque), me lleva a apartarme del sentido de las traducciones ofrecidas por Faccioli (Ma le faccende si mettono male quando quel lago è in tempesta) y Chiesa (È però una cosa tremenda quando quel lago è in tempesta).
14Quando cridant venti circum casamenta Catulli. El poeta Catulo poseía una villa en Sirmione, a la ribera del lago de Garda, en los Alpes italianos. Ciertas ruinas aún visibles son atribuidas tradicionalmente a tal villa.
15Plena casoncellis, macaronibus atque foiadis. Los casoncelli son un tipo de pasta rellena todavía común en Brescia (Faccioli), y la foiada es una especie de tagliatelle (Chiesa).
16Pampardis videas grassisque implere lasagnis. Pampardis, forma reducida de pappardelle o pampardelle, es un tipo de lasagna ancha (Faccioli).
17Hic me pancificum fecit Mafelina poëtam. El poeta se vuelve panzudo como las Musas bajo cuya advocación se coloca (cf v. 13). Se cierra así esta hipóbole programática, en la que el piadoso monje benedictino Teófilo Folengo, la primera persona macarrónica, en la afortunada expresión de Luca Curti, ofrece un retrato antifrástico de sí mismo gracias a su sosias macarrónico, Merlín Cocayo, la segunda persona macarrónica.  



sábado, 1 de septiembre de 2012

DIALECTO, REALISMO Y MUNDO POPULAR (II)



Han sido escasas las voces que se han alzado contra la idea de un Folengo cuya presunta defensa del dialecto le hace también defensor del mundo popular, sobre todo campesino. Giuseppe Billanovich llama la atención sobre la hostilidad anticampesina presente en la red. T1; a esto añade Paoli el tema de una omnipresente misoginia2. Por otro lado, Cesare Federico Goffis considera lugares comunes el discurso sobre la realidad aldeana y la concritud del lenguaje macarrónico: en el Baldus no hay una observación inmediata de lo real, como se ha dicho con demasiada frecuencia, sino la asunción de lo real en la creación de un irreal novísimo, donde los ideales abstractos de la ética caballeresca, que, lejos de ser parodiados, son continuamente exaltados, tienen como contrapunto la realidad del mundo campesino del que el autor saca el material que hace concreto su relato. Los personajes campesinos “son instrumentalizados para crear una contraparte, la urdimbre de avidez o de dolor, de estupidez, de fatiga o de alegría sobre el que se desarrolla la acción. Incluso Berto, protagonista del célebre idilio, tiene una función precisa en la vida de Baldo, y está limitado por su necesidad de desaparecer pronto”3. En nuestro país, Francisco Márquez Villanueva ha estudiado las relaciones existentes entre Folengo, Cervantes y la tradición caballeresca4. Afirma que ha sido la presencia de elementos cómicos en el Baldus la que ha llevado a muchos críticos italianos a concebirlo como parodia caballeresca. Márquez Villanueva, empero, acredita documentalmente que este elemento cómico esta presente hasta en las gestas medievales más puras5. Respecto a la actitud de Folengo hacia el mundo campesino, introduce un punto de vista inesperado al establecer un paralelismo entre las experiencias vitales de Folengo y Cervantes6:

[...] Es curioso cómo ambos [Folengo y Cervantes] coincidieron en verse relegados a actividades impropias, que los obligaron a vivir en roce diario con las artimañas y picardías de la gente campesina: Folengo, de cellelario o despensero de su convento de Brescia, y Cervantes en el no menos prosaico oficio de comisario fiscal. Pero uno sólo saca de la experiencia odio y desprecio al labrador, mientras que el otro (superando, además, la tradición literaria del rústico prelopista) aprende a amarlo y a divertirse con sus debilidades. Folengo termina así con Zambello y Cervantes con Sancho Panza.

Cualesquiera que sean las conclusiones, como se ve contradictorias, que se puedan extraer de las interpretaciones psicológicas de la obra y la sin duda intrincada personalidad de Folengo, es un hecho que la tradicional ‘sátira contra el villano’está presente en toda la obra folenguiana, y esto no vendrán a cambiarlo los añadidos de la red. C.

La concepción ‘realista’ y filodialectal del macarróneo recibió un nuevo e inusitado empuje con la aplicación que hicieron Segre, y sobre todo, Paccagnella de las metáforas reduccionistas de Bakhtin. Observa Paccagnella en los macarrónicos paduanos, de estirpe goliárdica, la búsqueda de una línea de realismo corporal y grotesco7, donde, frente a todo lo abstracto y elevado de la cultura oficial, adquiere carta de naturaleza el llamado “principio material y corporal”, propio del pueblo, que es el principio de la fiesta, del banquete y de la alegría8. Parafraseando a Bakhtin dice que el abajamiento, cuyo instrumento es la risa, es el principio artístico esencial del realismo grotesco de la poesía macarrónica9. La acción de abajar pone en contacto con los “bajos materiales y corporales” (le bas matériel et corporel), es decir, “con la vida de la parte inferior del cuerpo, la del vientre y de los órganos genitales, y por tanto con actos como la cópula, la concepción, el embarazo, el parto, la absorción de comida, la satisfacción de las necesidades naturales”10. Así, Paccagnella coloca el punto máximo de abajamiento (y, lingüístamente, el máximo recurso al componente dialectal) en la prolija presencia de términos de los campos semánticos sexuo-gastronómico y escatológico, y el clímax de lo grotesco en los retratos caricaturescos de personajes dominados por irrefrenables pulsiones sexuales y gástricas11. Define, pues, la producción macarrónica como de carácter erótico-convivial, donde la implicación sexo-comida, hambre biológica-libido es inmediata12. Estas teorías resultan de más difícil aplicación a la obra de fray Teófilo, carente de las salaces crudezas de los paduanos. Los críticos han incidido entonces en el tratamiento del tema alimenticio en las macarroneas folenguianas13. La recurrencia de este tema (musas cocineras que viven en un país de Jauja lleno de alimentos, prolijas descripciones de banquetes y recetas culinarias, el retrato del grassus poeta Merlín Cocayo, innumerables metáforas y comparaciones ‘comestibles’ a decir de Bakhtin, etc.) ha llevado a Emilio Faccioli a decir, un tanto hiperbólicamente, que en las Maccheronee de Teófilo Folengo la comida “se vuelve protagonista absoluto de una epopeya que describe por entero el ciclo de la actividad nutritiva, de la fase de la producción de la comida misma al momento de su comercio, confección, degustación, consumo, digestión y final evacuación”14 y que esta ‘Biblia del paladar’escrita por Merlín Cocayo es una “representación jocosa y triunfal de lo que Michail Bachtin ha definido como il basso materiale-corporeo15. No obstante, el propio Bakhtin, a pesar de afirmar que las imágenes de banquete representan un papel capital en Folengo, sólo les reconoce un carácter atenuado y limitado (affaibli et rétréci), por la predominancia del elemento estrechamente literario: “la alegría triunfante del banquete ha degenerado, no hay ningún universalismo auténtico, y el aspecto de utopía popular está igualmente casi ausente”16. En España, Francisco Márquez Villanueva analiza la morosa descripción de la preparación del banquete en la corte del rey de Francia que se lee en el libro primero del Baldus, tomándola como “esquema sugeridor” de los preparativos para los agasajos culinarios de las bodas de Camacho de la segunda parte del Quijote17:

Folengo nos sirve a lo largo de más de cien hexámetros (395-514) una monstruosa summa gastronómica que es sin duda uno de los fragmentos inolvidables de su largo poema. Late ahí un recuerdo de la soñada abundancia del país de Cucaña, versión popular del mito humanista de la Edad de Oro (en España, La tierra de Jauja, según el paso de Lope de Rueda). Pero su verdadero propósito no es el de reelaborar dicho tema ni el de enaltecer los placeres de la mesa, sino más bien el de ahitar al lector con la sugestión de tan gigantesco amontonamiento de comida. En el fondo estamos ante el sutil contrabando de un sermón contra la gula, predicado dentro de un espíritu cuaresmal y ajeno de toda alegría rabelesiana. Las repetidas notas de la suciedad y desorden que dominan el ajetreo culinario apuntan de un modo claro a producir una repulsión asqueada ante el desenfreno de la glotonería. Cervantes ha sentido el comprensible acicate de reelaborar un tema famoso y admirablemente resuelto por la tradición literaria de su época, pero el análisis de la fuente comienza a rendir su fruto cuando comprobamos la medida en que ésta deja de ser válida. Desinteresado en prédicas ni en fórmulas simplistas, Cervantes adelgaza la pluma para pintar un convite generoso hasta la exageración, pero concebido dentro del módulo “humano” de una simpática fiesta rústica [...] Cervantes no va, pues, tras ninguna moraleja disfrazada de gigantismo: la abundancia de su banquete se define como sanamente apetitosa sin otra finalidad ulterior. La faena culinaria se hace con eficacia, buen humor y pulcritud ejemplares por cocineros y cocineras, “todos limpios, todos diligentes y todos contentos”, serie adjetival que adquiere pleno relieve en cuanto signo de un contraste deliberado respecto a las notas esenciales del esquema sugeridor, en que todo era porquería, desorden y pescozones.

En estos mismos argumentos recaba agudamente Angela Piscini, quien reconoce puntos de contacto evidente entre el retrato macarrónico y la teoría bakhtiniana del realismo grotesco ejemplificada en Rabelais. No obstante, “las diferencias parecen evidentes: en primer lugar la imposibilidad de inserir los textos prefolenguianos en una literatura que extrae su espíritu del clima de la fiesta popular, del Carnaval, de la cultura alternativa al poder. Frente al repertorio de una “tradición ideológica de la risa” las macarroneas del  s. XV representan un momento débil, contradictorio, sólo superficialmente ligado al espíritu del Carnaval. Dice Bachtin: “La puissante tendance à l’ abondance et à l’universalité est présente dans chacune des images du boire et du manger [...] elle détermine la mise en forme de ces images, leur hyperbolisme positif, leur ton triomphal et joyeux”. Ciertamente el espíritu de la fiesta, el aspecto jocoso, creativo, que la figura del cuerpo grotesco asume en el carnaval bachtiniano está ausente de la macarronea cuatrocentista, como está ausente del Baldus. Las imágenes del cuerpo revelan en conjunto la voluntad de representar una degradación en acto: nada vital o vitalista las connota, sino la obsesión por lo deforme, lo obsceno y lo corrupto. No dan idea de la búsqueda de una orgánica plenitud, de una forma rica y total; ausente está, por ejemplo, toda la temática del banquete como restauración de las fuerzas, recompensa jocosa a la fatiga; ausente está también la imagen de la generación (ni siquiera a través del derroche sexual) que aparece solamente en la Macaronea Medicinalis (v. 930). A lo más, la indagación “anatómica” descubre la causa primera de la corrupción en la hiperbólica dimensión de la vida sexual. Así, leyendo el retrato de la “massara” en la Macaronea de Tifi o la descripción del ménage conyugal del poema de Bartolotti nos percatamos de que la obscenidad es tan complacida y minuciosa que destruye la compacta superficie corpórea para revelar el interno, secreto funcionamiento de un organismo en los umbrales de la putrefacción. En el cuerpo los detalles anatómicos son llevados a la luz, donde se muestran bullentes de vida animal, de insectos, de gusanos... allende el cuerpo aparece el cadaver, el esqueleto; más bien que a la imagen de la fiesta popular el pensamiento corre a la danza macabra, a ciertas frases misóginas de los tratados De contemptu mundi, a las medievales figuraciones de la muerte”18.








1 Cf. G. BILLANOVICH, Tra don Teofilo Folengo e Merlin Cocaio, Napoli 1948, pp. 77-78 cit. por L. CURTI, o.c., p. 151
2 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 123
3 Cf. C. F. GOFFIS, “La contestazione...”, p. 108
4 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., pp. 334-347
5 Cf. ib., p. 340. Añade Márquez que "los paradigmas de la literatura caballeresca son fundamentales, claramente reconocibles en Folengo, y hasta una situación que a primera vista se antoja estrafalaria, como el amparo del labrador Berto a la princesa Baldovina y a Baldo, reproduce exactamente la inicial de la gesta Macaire (s. XIII). Dichos paradigmas pueden servirle como vehículos de burlas, pero nunca representan el objetivo o blanco a que éstas apuntan [...] Esta exageración del Hectorior, el Orlandior y el Sansonior haría reír al humanista sazonado, pero no refleja sombra ni descrédito alguno sobre la figura y heroísmos de Baldo. A lo largo del poema la caballería sólo sufre, y aun así en grado mínimo, del general e inevitable baño de prosaísmo implícito en el juego culto del tratamiento macarrónico. El lector moderno se desconcierta por completo cuando, tras la lectura de los tres o cuatro primeros libros, advierte hallarse ante la paradoja de un poema que, aunque empedrado de caracajadas, trata a sus héroes con la mayor admiración, es decir, una experiencia similar a la de Cervantes con los paladines incongruos del Espejo de Caballerías. Folengo continúa al servicio del más arcaico ideal de caballería cristiana según su encarnación por el mismo Baldo, caballero sin miedo y sin tacha que camina en línea recta hacia la santidad, lo mismo que algunos de sus tatarabuelos literarios" (cf. o.c., pp. 344, 346).
6 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., p. 349
7 Cf. I. PACCAGNELLA, Le Macaronee..., p. 69
8 Cf. M. BAKHTINE, o.c., pp. 28-29
9 Cf. I. PACCAGNELLA, o.c., p. 75 y n. 20, donde cita a M. BAKHTINE, o.c., p. 20
10 Cf. M. BAKHTINE, o.c., p. 30.
11 Cf. I. PACCAGNELLA, o.c., pp. 78-79
12 Cf. ib., p. 81
13 Cf. M. JEANNERET, “Ma patrie est une citrouille. Thèmes alimentaires dans Rabelais et Folengo”, Études de lettres, 1984/2, pp. 25-44; IDEM, “Latin de cuisine et poésie macaronique”, Des mets et des mots. Banquets et propos de table à la Renaissance, Corti, Paris 1987, pp. 191-219; G. PARENTI, “Phantasia plus quam phantastica” e l’ispirazione del “Baldus”, F. GAVAZZENI-G. GORNI (edd.), Le tradizioni del testo. Studi di letteratura italiana offerti a Domenico De Robertis, Ricciardi, Milano-Napoli 1993, pp. 147-172. Para Michel Jeanneret, la comida es un centro de gravedad en el Baldus, concretamente bajo el signo de la cocina, (asociada tradicionalmente al experimentalismo y contaminación lingüística -recuérdense los conceptos de latín de cocina y sus variantes coquinaria latinitas, culinaria lingua, orationes popinariae-), en cuanto representa una intersección entre la naturaleza y el arte: el buen uso de la comida marca el punto de equilibrio ideal entre la pulsión natural y la sumisión a un orden. Lo alimenticio, pues, en Folengo, a pesar de ser un registro tradicionalmente vulgar para rebajar lo sublime al nivel de las necesidades materiales, no está reducido a esta función, sino que traza un programa que absorbe las oposiciones en búsqueda de una sabiduría totalizante donde se resumen lo alto y lo bajo.
14 Cf. E. FACCIOLI, “Le fonti letterarie della storia dell’alimentazione nel Basso Medioevo”, Archeologia medievale, VIII, 1981 (Problemi di storia dell’alimentazione nell’Italia medievale), p. 71
15 Cf. E. FACCIOLI, o.c., p. 71
16 Cf. M. BAKHTINE, o.c., p. 298
17 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., pp. 291-293
18 Cf. A. PISCINI, o.c., pp. 387-388