CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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sábado, 20 de diciembre de 2014

MACARRONEAS Y FAMA DE FOLENGO EN ESPAÑA EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX




En el setecientos italiano disminuye la producción macarrónica, quizás, como señala Momigliano, por la ya excesiva lejanía del Humanismo, y aumenta, por el contrario, el interés de la crítica por Folengo1. En España vemos que sucede justamente lo opuesto: frente a la relativa irregularidad de las composiciones de la anterior centuria, los poetas macarrónicos dieciochescos demuestran una mayor conciencia de las posibilidades estilísticas y expresivas de su macarroneo, sobre todo en el caso de la macarronea gaditana de Merlinus (= Merl.) y de la metrificatio inuectiualis (= metr.) de Tomás de Iriarte (1786), hecho que se traduce en una premeditada perfección formal y en evidentes referencias a la tradición folenguiana. Estas dos tendencias de perfeccionamiento y experimentación con el instrumento lingüístico macarrónico y de afán anticuarista alcanzarán su apogeo en la Pepinada (= Pep.) de Francisco Sánchez Barbero (1812), el último, y, sin duda, más folenguiano de los poemas macarrónicos españoles.

Resultan extremadamente notables por sus inusitadas conexiones con manifestaciones parateatrales barrocas como la mojiganga callejera la citada macarronea de Merlinus y la recitada en una mascarada sevillana de 1740 (= Priap.). Tal utilización del género macarrónico en la producción dramática vernácula sólo tenía un precedente parcial en los fragmentos de latinus grossus o 'latín de sacristía' que aparecen en las obras de Juan del Encina, Torres Naharro, Gil Vicente, Lope, Tirso de Molina y Quiñones de Benavente2. El epigrama canario de Quijada (= chifl.) es una típica composición de circunstancias. Mucho mayor interés presenta la macarronea de Iriarte, la única reproducida en las antologías decimonónicas de Genthe y Delepierre, que constituye una sátira ilustrada, admirable, sobre todo, por el proficuo trasunto que realiza el autor del juego de personas literarias folenguianas, tal como se presenta en la red. T.

Con la ya citada sátira política de Sánchez Barbero (1812) termina la producción macarrónica en España, y la memoria de Folengo casi se pierde en el siglo XIX3. La poesía macarrónica se cultiva, pues, durante tres siglos en nuestro país. La falta de estudios de conjunto sobre la creación macarrónica postfolenguiana en Europa o en cualquier país en particular, impide aventurarse en una comparación entre la macarronea española y la de naciones como Italia o Francia. Con todo, puede decirse que los poemas hispanos no desmerecen de los italianos o franceses recopilados por Genthe o Delepierre4, ni en invención, ni en variedad temática y estilística. Las dieciocho macarroneas que nos son conocidas en la actualidad son aptas, a pesar de su escaso número, para darnos una idea de conjunto de la evolución del género en nuestro país5.

Dentro de sus Esfuerzos del ingenio literario (1890) L. Mª. Carbonero y Sol dedica un capítulo a las "composiciones macarrónicas". El crítico comienza por pasar revista a las diversas y latas acepciones de la palabra macarrónico y a su etimología; acto seguido trata de la creación del género en Italia en la persona de Tifi degli Odassi, y de la obra de Teófilo Folengo, reproduciendo los juicios de G. Naudé y Charles Nodier6; versa también brevemente sobre los postfolenguianos italianos, franceses, y del resto de Europa; finalmente, reproduce la metrificatio inuectiualis en la ed. de 1805, y algunas composiciones híbridas francesas y españolas "en estilo macarrónico". La obra de Carbonero representa el primer intento en nuestro país de dar una visión de conjunto del género macarrónico y sus colaterales. Lamentablemente, su libro no será conocido por la crítica española posterior.







1 Cf. A. MOMIGLIANO, o.c., p. 203.
2 Cf. ELVEZIO CANONICA DE ROCHEMONTEIX, El poliglotismo en el teatro de Lope de Vega, ed. Reichenberger, Kassel 1991, pp. 12-30.
3 Cf. F. MÁRQUEZ, o.c., p. 282: "En 1856 don Cayetano Rossell creía que Merlinice era nombre propio (seguramente de alguna ninfa)".
4 Sobre la obra de estos dos eruditos cf. A. MOMIGLIANO, o.c., pp. 214-215, 216-219 y entrada entrelazada.
5 Más de la mitad se escriben en zona andaluza, concretamente, en Sevilla y su provincia (epist., Pach., Ignat., carm., PM1, PM2, Priap.), y en Cádiz (otios., Merl., Pep.).

domingo, 14 de diciembre de 2014

MACARRONEAS Y FAMA DE FOLENGO EN EL SIGLO XVII ESPAÑOL




Al pasar revista a los mediocres poetas macarrónicos del seiscientos italiano, Attilio Momigliano observaba que para ellos, "Folengo fue el creador, no sólo del lenguaje y del estilo macarrónico, sino también de una verdadera y propia tópica del arte macarrónica: calcos populacheros [...], frases vulgares, proverbios, impossibilia, nombres de las divinidades macarrónicas, cierres de cada composición, etc"1. Este 'clasicismo' macarrónico decadentista está del todo ausente de la macarronea española del siglo XVII, que se ve también afectada por la pleamar manierista que embarga a la literatura vernácula de la época. Esa "originalidad tumultuosa" de la España de los Siglos de Oro que alababa Curtius2, y que el erudito alemán radicaba en la supervivencia de la mezcla de géneros, de estilos y de tradiciones propia de la Edad Media latina, produce en torno a 1606 una obra como el emblema macarrónico otiositas vitanda (= otios.), hecho literario insólito y aislado en Europa, que rompe tanto con las normas de la emblemática como las del género macarrónico, para crear un poema concebido bajo la égida de un didactismo multiforme que rebasa los estrechos márgenes del canon emblemático establecido. Las otras tres breves composiciones conservadas de la primera mitad del siglo ilustran la culminación del proceso de normalización de la tradición macarrónica postfolenguiana en España. Así, López de Úbeda, entre los cincuenta esquemas métricos que emplea en el comienzo de cada uno de los números o capítulos de su Pícara Justina (1605) escribe unos "versos heroicos macarrónicos" (= Marq.), testimonio de la consolidación del género en nuestro país. El bachiller Pero Miguel nos ofrece el segundo caso de macarronea (= Ignat., cap. VI) escrita en dísticos elegíacos (1610), y en la correspondencia del ilustre humanista Rodrigo Caro se encuentra un poema macarrónico (1632 ca.), destacable por su carácter epistolar y privado (= carm.).

En el primer cuarto del siglo XVII sitúa Márquez Villanueva el momento de mayor fama de la poesía macarrónica. Prueba de esto es, para el crítico español, el inesperado elogio que hace de Folengo el adusto fray José de Sigüenza en su Historia de la Orden de San Gerónimo (1600):

Entre los poetas Latinos, se halla de uno (y no de otro que merezca nombre) que pareciéndole no podía ygualar en lo heroyco con Virgilio, ni en lo cómico o trágico llegar a Terencio o Séneca, ni en lo lírico a Oracio, y aunque más excelente fuesse, y su espíritu le prometiesse mucho, auían de ser éstos los primeros, acordó hazer camino nueuo; inuentó una poesía ridícula, que llamó Macarrónica; junto con ser assí, que tuuiesse tanto primor, tanta inuención e ingenio, que fuesse siempre príncipe y cabeça deste estilo, y assí le leyesen todos los buenos ingenios, y no le desechasen los no tales, y como él dixo: Me legat quisquis legit omnia. Y porque su estado y professión no parece admitía bien esta ocupación (era religioso, no diré su nombre pues él le calló) fingió un vocablo ridículo y llamóse Merlín Cocayo, que quadra bien con la superficie de la obra, como el otro que se llamó Ysopo; en sus poemas se descubre con singular artificio quanto bueno se puede dessear y coger en los más preciados poetas, assí como en cosas morales como en las de la naturaleza, y si huuiera de hazer aquí oficio de Crýtico mostrara la verdad desto, con el cotejo y contraposición de muchos lugares3.

Este texto es ilustrativo de cuánto seguía en vigor en España la concepción medieval de los auctores, todos igualmente buenos y fuera del tiempo y de la historia4: Folengo es presentado atemporalmente como un "poeta Latino" entre los nombres de Virgilio, Terencio, Séneca y Horacio, y se alaba de él sobre todo su singularidad, cifrada en términos de 'invención' e 'ingenio' al modo de Gracián, y la mezcla de lo mejor de los más preciados poetas (como representantes de géneros) que se encuentra en sus macarroneas. La comparación con Esopo es reveladora de cómo se valoraba el contenido didáctico y estético de tradición clásica que se veía bajo la superficie jocosa de la obra de Merlín. La mezcla de géneros y tradiciones que informan los Siglos de Oro llevó, pues, a que en España se acogiera prontamente a Folengo como un clásico menor. Situación muy distinta se daba en Italia, donde la crítica, casi toda aristotélica, ignoró el Baldus en su siglo, y le hizo objeto de escasas notas eruditas en el siguiente5.

Afirma Márquez Villanueva que la pleamar del conocimiento de Folengo en España viene representada por la publicación en 1615 de la Mosquea de José de Villaviciosa6. Esta obra se presenta en forma de nueve 'cantos' en octavas reales, y constituye una traducción libre y amplificada de la Moschaea T folenguiana, que pasa de 1242 versos a 8112 en la versión española. Ya en el prólogo al lector Villaviciosa alude a Folengo y a su paisano Virgilio, haciendo parodia del tópico del sobrepujamiento:

Quien disimular no sabe,
Dirá que hurté cual ladrón
Las gracias del macarrón,
Y al de su patria lo grave:
Pues demas que ellos sin llave
Dejaron y sin custodia
La razon de su prosodia,
Mírense los libros tales,
Y si se hallaren cabales,
Que canten la palinodia.

Y menciona expresamente a "Merlin" en la décima estrofa de dicho prólogo, y en la decimoquinta del tercer canto al "Cocayo Merlin" y a su "musa Comina macarrónica". Villaviciosa realiza su adaptación amplificando, normalmente, dos líneas de Folengo en dos o tres octavas, por medio de digresiones y adiciones sin importancia, tomadas en su mayoría de Virgilio y Ovidio; atenuó, asimismo, o suprimió algunas crudezas folenguianas e introdujo algunas alusiones locales7. La obra fue reimpresa en 1732 y 1777, sin duda, como indica Márquez, por representar una cima del clasicismo dentro del género de la poesía jocosa.

Suárez de Figueroa llama "donosísimo poeta" a Merlín Cocayo en El passagero (1617), y no faltan tampoco las referencias a Folengo en uno de los escritores mayores de la época como Lope de Vega, que llegó incluso a escribir macarronea8. En El laurel de Apolo (1630) cita a "Merlinice", probablemente en su calidad de autor de glosas jocosas en la red. T, dentro de una crítica a los poetas culteranos:

¿Quién hay que no perfile sus estancias
De un trilingüe escuadrón de extravagancias
Y como Merlinice,
No responda que Góngora lo dice,
Capítulo tercero de la esparza,
Donde pintó la garza?9

Francisco de Quevedo en su opúsculo La culta latiniparla (1624) menciona por dos veces la obra macarrónica folenguiana, la primera en el desarrollo del título: "Lleva un disparatario como vocabulario para interpretar y traducir las damas jerigonzas que parlan el Alcorán macarrónico, con el laberinto de las ocho palabras", y la segunda en la "Dedicatoria": "[...] y siendo las dama de más arte (de Antonio) que se ha visto, más merlincocaiana que Merlín [...]".

En La Gatomaquia (1634), silva VII, vv. 130-144 Lope trata de las mentiras de las poetas y alude al terrible castigo de los diablos barberos ideado por Merlín para aquéllos al final del Baldus de las redd. T, C y V:

... si se perdiese la mentira,
Se hallaría en poéticos papeles,
Como se ve en Homero, describiendo
A la casta Penélope, que admira,
Por los amantes necios y crueles,
Tejiendo y destejiendo,
Sin dejarla dormir, de puro casta;
Y lo contrario para ejemplo basta,
Haciendo deshonesta
Virgilio a Dido Elisa por Eneas,
Como le riñe Ausonio;
Aunque logró tan falso testimonio,
Menos las aguas que pasó leteas,
Donde escribió Merlín con cuáles iras
Castigan al poeta sus mentiras10.

En uno de los sonetos que Lope publicó bajo el nombre del licenciado Tomé de Burguillos justifica la humildad y rareza de su nuevo estilo cómico y burlesco, diciendo que sigue el ejemplo de Merlín Cocayo, quien, al no poder alcanzar las altas cimas de la poesía clásica, probó la poesía macarrónica:

Señor Lope, este mundo todo es temas,
Quantos en él son fratres, son orates;
Mis Musas andarán con alpargates,
Que los cothurnos son para supremas:
Gasten espliegos, gasten alhuzemas,
Perfúmenlas con ámbar los magnates;
Mi humor escriva siempre disparates,
Y buen provecho os hagan los poemas.
Merlín Cocayo vió que no podía
De los latinos ser el siempre augusto,
Y escriuió macarrónica poesía.
Lo mismo intento, no tomeis disgusto;
Que Iuana no estudiò philosophía,
Y no ay Mecenas como el propio gusto11.

Sin embargo, esto no obsta para que Lope tuviera a Folengo en una altísima estima, como se comprueba en su epístola A don Francisco de Herrera Maldonado, donde afirma que no puede aspirar a ser Merlín quien no ha sido antes Virgilio, afirmación que Eugenio Mele interpreta en el sentido de que sólo un verdadero poeta puede cultivar la poesía macarrónica:

Declárase quién sabe, y quién no sabe;
No emprenda ser Merlín, si no es Virgilio,
¿De que sirven las jarcias, si no hay nave?12

La obra macarrónica de Folengo fue puesta, como se ha señalado, en el Índice por Clemente VII en 159613. En tiempos de Felipe IV, el inquisidor español Antonio Zapata indicaba con una cierta precisión -y magnaminidad frente a la condena absoluta de la Inquisición romana- los cortes necesarios para que su lectura fuera permitida:

"Macarronicorum opus permittitur, si tamen Macarronice septima tota deleatur. = Et ex 24. In Tesiphone, post illa verba, Aconita Triacas, expungantur reliqua usque ad quid referam quantas. = Locos praeterea liberiores, qui quomodolibet in rerum sacrarum contemptum vergere possunt, docti piique Lectoris arbitrio delendos remittimus"14.

El título de la obra, Macarronicorum opus, nos indica que lo que tuvo Zapata bajo su vista es algún ejemplar de la red. T, que se confirma como la más divulgada e influyente en nuestro país. El inquisidor propone la supresión completa de Baldus T VII, novedad absoluta respecto a la red. P, y que contenía acerbas críticas a la proliferación interesada de frailes en detrimento de las verdaderas vocaciones, y burlescos y expresionistas retratos de eclesiásticos licenciosos e indignos como los pícaros frailes de la Motella y Prae Iacopinus, execrable párroco de Cipada y cómplice de Cíngar en la fechoría del falso cuchillo de San Bartolomé15. Del Baldus T XXV (aunque menciona erróneamente el lib. XXIV) Zapata indica la supresión de parte del discurso de la furia Tisífone ante sus congéneres infernales (vv. 12-50) en el que expone sus progresos en la lucha contra la Iglesia. Folengo usaba de este expediente (tal como se había servido del parlamento de Cíngar en Baldus T VII) para formular en estos versos reconvenciones reformistas a la corrupción del papado y del clero con evidente ardor sermonista:

Id pompae ambitio facit exercere papalis.
Cernite quam laceram cauiatam uertice porto,
Quam spernazzaui per diuisam hactenus Vrbem.
Maxima Pontificum libertas maxima rerum est
Pernicies, si quando meam intromittere caudam
Possum, ne sanctis meritis nutuque Columbae
Ad sublime sui culmen moueantur honoris.
Tunc nos felices, tunc ingrassamur ab illo
Armento pingui, quem iam Crucifixus ab Orci
Faucibus erripuit, persumque reduxit ouilli;
Ius caedit, rapiuntur opes, Templique supelex,
Ambitio superat, Virtus depressa tenetur,
Viuitur ex uoto, sceleri succumbit honestas,
Nostra fremit rabies, nosterque solutus ab Orco
Per sacra liuor edax et Erinnys templa uagatur.
Errumpunt irae uerbosaque iurgia, lites,
Insidiae, frendensque odium, mens dedita curae
Vlciscendi, et quam lethali uulnere iacto!
Per me rastra sinunt multi, paleaeque galerum,
Accedunt templo, saturantur pane doloris,
Atque sacerdoti libamina sacra ferenti
Obsequium toties prestant, totiesque ministr<i>
Votiuas caerae faculas altaria circum,
Donec defuncto domino succedere possint,
Debile sub uasto sed languet pondere corpus;
Nam torpore sui per me delubra patescunt
Semiruinatis muris, altaria squallent,
Vndique propatulas demittit aranea telas,
Puluere sordescit pauimentum, nudus et alto
Namque crucis ligno suus ille pependit Iesus,
Sic nullo tectas uelamine cernitis aras.
Iugera lata ferunt fruges, augentque quotannis
Diuitias, implent cellaria munere Bachi,
Grandia tum donis cereatibus hordea complent,
Non ut succurrant inopi, non pane carenti,
Non ut subueniant uiduis miseroque pupillo,
Non ut larga manus circum diuina monetam
Expendet, calicesque aeris transmutet in aurum:
Sideribus tantum cura est aequare palazzos16.

No tenemos constancia de actividad propiamente macarrónica en las academias poéticas del siglo XVII17. En un vejamen de en torno a 1640 Jerónimo de Cáncer Velasco alude jocosamente a la macarronea del Licenciado Lobera:

Apenas pasaron estos, cuando ví junto a mí al licenciado Lobera, y antes que yo le hablase palabra me dijo: "No extrañe vuesamerced el verme solo, porque nadie sigue el camino que yo sigo -¿Qué puesto lleva vuesamerced en esta ocasión", le pregunté? Y él me dijo que iba por espía doble a entrarse entre los poetas italianos y tomar noticia de todos: "Vuesamerced lleva un oficio muy peligroso, le respondí yo, y es imposible que dejen de conocelle y prendelle; y su mayor peligro es su macarronea, y la razón de esto la verá en esta redondilla:

Con la italiana nación
Arriesgado le confieso;
Que se la han de armar con queso
En viendo que es macarron"18.

Del último año del siglo (1700) conservamos una anónima macarronea, conmemorativa de la entrada en Sevilla de dos Grandes, que presenta las peculiaridades sobresalientes de presentar una doble redacción (= PM1 y PM2), y de representar la primera aplicación conocida del género macarrónico a la crónica costumbrista.








Ilustración: retrato de José de Villaviciosa, autor de la Mosquea.



1 Cf. A. MOMIGLIANO, "La critica...", p. 200.
2 Cf. E. R. CURTIUS, La littérature..., p. 470 (cap. XV).
3 Cf. Historia de la Orden de San Gerónimo, ed. de Juan Catalina García, Madrid 1909, II, p. 636 cit. por F. MÁRQUEZ, o.c., pp. 279-280. El me legat quisquis legit omnia que cita fr. José es parte del v. 5 ("Me legat amussim quisquis legit omnia, quisquis / scit quia fert aliquid lectio quaeque boni") del "Prohoemiunculum" a la Zanitonella T, luego suprimido en las siguientes redd. (cf. ed. Zaggia p. 57). La red. T se nos presenta como la red. que configura la imagen de Folengo en nuestro país. Sobre la comparación con Esopo cf. glosa autógrafa a otios. 313.
4 Cf. E. R. CURTIUS, o.c., pp. 418-421 (cap. XIV).
5 Cf. A. MOMIGLIANO, o.c., pp. 177-178: "Anche volendo ripudiare la vecchia ed unilaterale concezione di una rinascenza dominata con assoluta tirannide da gusti classici e da manie imitatrici, non si può non riconoscere che l'opera di Merlin Cocai non era certo in armonia con le tendenze più forti dell'ambiente. Ne derivò che le sue maccheronee furono lette con un'ammirazione istintiva ma non riflessa, in virtù dell'arte che si fa apprezzare anche da chi teoricamente sia traviato da pregiudizî: ma la critica, quasi tutta aristotelica, tacque, dimentica o impacciata; e nel suo secolo il Baldus non trovò nemmeno un critico titolato che lo degnasse di un serio esame. È notevole che nessuno lo ricordò per censurarlo: evidentemente quel poema era fuori del campo della critica [...] Venne la riforma catolica, e il libro aspramente anticlericale fu messo all'indice. Ma nel Seicento, che anche in questo piccolo particolare prelude lontanamente al romanticismo, ecco qua e là qualche critico bizzarro, vago di novità, erudito, accennare, al Baldus, e in Italia e fuori rinnovarsi la voga della poesia maccheronica".
6 Cf. F. MÁRQUEZ, o.c., p. 281.
7 Cf. J. P. WICKERSHAM CRAWFORD, "Teofilo Folengo's Moschaea and José de Villaviciosa's La Mosquea", Publications of the Modern Language Association of America, XXVII, 1912, pp. 78-79, 83.
8 Cf. A. TOMILLO - C. PÉREZ PASTOR, Proceso de Lope de Vega por libelos contra unos cómicos, Madrid, 1901 cit. por F. MÁRQUEZ, p. 278 n. 27: "No se conserva el texto de la sátira, que comenzaba con los versos: "Vidente Ordóñez amico / Et cantare pares et respondere parati" (p. 140). Pero se sabe por el proceso que "era toda ella una invectiva procaz y desvergonzada contra el dicho doctor Velázquez acusándole de insipiente, que como hijo de representante no debía ejercer la abogacía, y aconsejándole que no tenía necesidad de trabajar porque su hermana Elena ganaba para todos" (p. 141). Otro verso de la misma sátira rezaba: "Qui bonis verbis solet trunkare ropillas" (p. 54)".
9 Cit. por F. MÁRQUEZ, p. 277.
10 Cit. por EUGENIO MELE, "Lope de Vega, Merlin Cocai e Luciano", GSLI, CXII, 1938, p. 323.
11 Cit. por E. MELE, o.c., pp. 326-327.
12 Cf. ib., p. 327: "Nella Dorotea (ediz. DE CASTRO, A. IV, sc. III, p. 214), Julio, dopo aver letto il son. Burlesco contro il cultismo (Pullulando de culto, Claudio amigo), dice: "Yo he leído y considerado esta bizarra macarronica: ¡mal año para Merlin Cocayo!".
13 Véase entrada enlazada n. 16.
14 Cf. Novus Index librorum prohibitorum et expurgatorum; editus auctoritate et iussu Eminentmi ac Reverenmi D. ANTONII ZAPATA, p. 761 cit. por A. MOMIGLIANO, o.c., p. 187 n. 2, quien afirma tener bajo su vista un ejemplar sin fecha, pero que se deducía del contexto que no debió ser impreso antes de 1631.
15 Cf. Véase entrada enlazada nota 2.
16 "Hace pasar la ambición de la pompa papal estas cosas: / Ved en mi testa cuán lacerado el pelo que llevo, / que enmarañé por entre la Urbe hasta hoy enfrentada. / De los pontífices máximo arbitrio es el máximo germen / de perdición, si a veces meter la mano me es dado, / conque ni santas virtudes ni venia de la Paloma / de su honor a la cumbre sublime puedan llevarlos. / Entonces afortunados, entonces nos llena de grasa / el gordo rebaño que el Crucificado ya de infernales / fauces libró, y al redil devolvió su oveja perdida. / Fallan las leyes, roban riquezas y enseres del Templo; / vence Ambición, la Virtud en la cárcel presa se encuentra. / Viven del voto, la honradez al crimen sucumbe. / Nuestra rabia rechina, y nuestra librada del Orco / envidia voraz y Erinnis vagan por templos sagrados. / Iras se desencadenan, disputas prolijas y quejas, / intrigas, odio furioso, mente entregada a la idea / de asesinar, ¡y con cuán letal herida se cumple!. / Dejan muchos la azada por mí, y de paja el sombrero; / llegan al templo, del pan del dolor se llenan la panza, / y al sacerdote que porta la libación sacrosanta / tantas veces ofrecen servicio, tantas, acólitos, / de los altares en torno velitas votivas de cera, / hasta que puedan por fin suceder al amo difunto, / pero flaquea débil su cuerpo bajo gran peso; / por su desidia, de hecho, consigo que iglesias presenten / semiarruinados sus muros y altares desaliñados; / telas teje la araña doquiera a la vista de todos, / sucio de polvo el suelo, pues que desnudo y en alto / madero de cruz su Jesús venerable quedara colgado; / de tal manera, no veis cubiertas de lienzos las aras. / Amplias yugadas producen fruto y aumentan por años / su hacienda, llenan de don de Baco sus alacenas, / colman entonces de cereales sus vastos graneros, / no por socorrer al inope, al que de pan tiene falta, / no por ayudar a viudas, y al necesitado pupilo, / no por que pródiga mano un duro en cosas del culto / gaste, y convierta en oro los cálices hechos de bronce: / sólo es su afán igualar sus palacios con las estrellas". El texto macarrónico que ofrecemos es el de T3, al que se han incorporado las lecturas del errata-corrige de la red. T para este fragmento reproducidas por Zaggia, p. 587.
17 Sobre las tales cf. JOSÉ SÁNCHEZ, Academias literarias del Siglo de Oro español, Madrid 1961, y Mª SOLEDAD CARRASCO URGOITI, "Notas sobre el vejamen de Academia en la segunda mitad del siglo XVII", Revista Hispánica Moderna, XXXI, 1965, pp. 97-111. Bajo el título de "macarronea grossa" A. TORRES-ALCALÁ, "Verbi gratia": los escritores macarrónicos de España, Porrúa Turanzas, Madrid 1984 reproduce dos composiciones integradas en ediciones de Academias de la segunda mitad del siglo. Pero, a pesar de la presencia de macarronismos, son poemas escritos en un lenguaje híbrido no macarrónico y en esquema métrico vulgar (cf. Introd. Gen. I. 1); por otra parte, versos como "Et et lastima necarle", "numquam salieron de valde", del primer poema, o "Tole, tole de delante / tuam figuram, y piensa, / que estoy atemorizatus / tantum de mirarte cerca" del segundo, están muy lejos del Humanismo que se encuentra en la base de la auténtica macarronea, nombre que sí merece el poema citado de López de Úbeda, que Torres-Alcalá (p. 101) incluye, absurdamente, bajo el mismo epígrafe que los dos mencionados: "Si he agrupado este poema [i. e. Marq.] con los dos anteriores es porque falla en la métrica cuantitativa, que sólo imita de oído [!] y que está lejos de ajustarse a los cánones del macarrónico folenguiano".

18 Reproducido por J. SÁNCHEZ, o.c., pp. 94-95.

sábado, 22 de noviembre de 2014

ENTRE LOS AMIGOS DE MERLÍN COCAYO




Pasando una semana en el norte de Italia de viaje de novios con mi esposa, el presidente de la asociación Amici di Merlin Cocai (dedicada a la promoción de la obra y de la figura del Virgilio macarrónico, y de la que formo parte hace años), Otello Fabris, supo de mi paso por Verona, y me invitó a asistir a la asamblea general de la asociación que se celebraba en el monasterio de Campese, donde se halla la tumba de Teófilo Folengo, y la biblioteca de la asociación, recientemente engrandecida con la donación de la biblioteca del gran estudioso Carlo Cordié. Nos desplazamos desde Verona hasta allí gracias a la amabilidad de otro asociado, Silvano Bassi y su gentil esposa, Anna, quienes nos llevaron en su coche. Silvano es un apasionado de los libros antiguos, y pudimos hablar un poco sobre el antiquarista Torello Saraina, que ocupó mi memoria de licenciatura.
Llegamos a Campese, y pudimos admirar el emplazamiento, y la biblioteca folenguiana con que cuenta la asociación.







  

Acto seguido, asistimos a la asamblea, en la que pude expresar ante los socios mi gratitud, y mi emoción por comprobar que la asociación está muy viva, e integrada por personas con profundas inquietudes culturales, y dotadas de un amor hacia el autor mantuano y su obra, que a mí, desde la lejana España, donde soy el único en estudiar su obra, me reafirma en mis propósitos científicos, y en aliviar mi consiguiente soledad.
Posteriormente, nos trasladamos a la iglesia del monasterio, donde ejecuté un rito establecido desde 1994, y que consiste en la coronación del busto de Folengo que se halla junto a su lápida por parte del invitado de honor de la ocasión; en primer lugar, Otello nos presentó el lugar, cuyas vicisitudes y restauraciones yo conocía por la bibliografía, y recordó cómo el mayor biógrafo de Folengo, el difunto Giuseppe Billanovich, quien estableció la fecha exacta de la muerte del artista, podría haberse ahorrado todas sus investigaciones en este punto, si hubiese visitado Campese, que no se hallaba muy lejos de su lugar de trabajo. Cosas de los investigadores. Per ardua ad sidera. Me emocionó comprobar también in situ que sobrevive la inscripción dejada por un visitante español del siglo XVI o XVII, y de la que habla A. Momigliano en un viejo artículo.











Con posterioridad, nos dirigimos a Bassano del Grappa, sede de la asociación, donde se cumplió con un almuerzo de convivencia (que responde muy bien a la vertiente gastronómica de la asociación, que promociona también el conocimiento la cocina renacentista tan presente en la obra folenguiana), en el que Otello Fabris me impuso la insignia de oro de Socio Senior. En unas breves palabras, que ya me faltaban, abrumado por la emoción, expresé de nuevo mi gratitud, y mi admiración por ellos, que saben canalizar la vida cultural de su país a través de asociaciones privadas, con recursos ocasionales a patrocinadores, al contrario de lo que ocurre en España, donde estas iniciativas colectivas son más bien raras, por la mentalidad estatista que espera que sea el Estado, a través de subvenciones y su iniciativa el que anime la cultura del país.






sábado, 1 de noviembre de 2014

LA REDACCIÓN CIPADENSE DE LAS MACARRONEAS DE TEÓFILO FOLENGO




La tercera redacción de las macarroneas folenguianas apareció sin indicación de fecha, y el colofón reflejaba un lugar de impresión y un impresor obviamente ficticios: Cipadae apud magistrum Aquarium Lodolam1. El frontispicio de la príncipe, extremadamente sobrio respecto al de la red. precedente, ofrece un nuevo título, el contenido de la obra, que retoma en otro orden el de la red. T, y dos dísticos latinos en los que el autor entona una palinodia por su obra anterior y el presunto daño causado a terceros:

MACARONICORVM || POEMA. || [motivo ornamental en forma de trébol] || Baldus. | Zanitonella. | Moschaea. | Epigrammata. || Tam sibi dissimilis, tamq(ue) alter habetur ab illo | Merlino, vt primum nesciat autor opus: | causa recantandi fama est aliena, malorum | Iudicio, haud vatis simplice morsa ioco.

Desaparecen de esta redacción, junto con el copioso aparato de glosas, todas las chispeantes prosas macarrónicas introductorias de las redd. P y T2, que son sustituidas por un breve prefacio en prosa vulgar (Francesco Folengo alli lettori), firmado por el único laico de los hermanos Folengo, funcionario de los Gonzaga. En este prefacio se afirma que esta nueva versión sólo pretende responder a las críticas literarias y morales suscitadas por las anteriores redd., pues los intereses actuales del autor, que retoma de mala gana su obra, van por vías muy diferentes. Finalmente, Francesco Folengo advierte de que ha recibido el texto para imprenta en octubre de 15303.

Ya en la parte propiamente macarrónica las nuevas versiones aparecen en orden trastocado, precediendo ahora el Baldus a la Zanitonella. Tras los epigrammata figura, bajo aparente pseudónimo4, un postfacio en lengua vulgar (Nicolò Costanti altramenti lo Scorrucciato agli lettori), en la que se proclama la belleza, plurimorfismo y singularidad de la lengua macarrónica. Bajo esta carta de Costanti y antes del errata-corrige final, aparece en la princeps el severo busto clasicista de un poeta laureado, con la inscripción MERL. COC. F.5





El Baldus C es fruto de una metódica reelaboración formal y narrativa. De sus novedades estructurales y temáticas ha llamado especialmente la atención de la crítica el desarrollo del episodio de Berto Panada en el libro II, la biografía mítica de Merlín insertada al comienzo del libro XXII, y los cambios en el final del libro XXV, pasajes ambos reveladores de un cambio en la concepción del macarroneo en las dos últimas redacciones de las macarroneas folenguianas6. Tras el Baldus aparece la Zanitonella, reducida casi a la mitad (672 vv. frente a los 1283 de la T), y objeto de numerosos retoques formales, generalmente atentos a atenuar los efectos más abiertamente paródicos y a incrementar el decoro literario macarrónico7. En su nueva versión la Moschaea es objeto de una revisión bastante minuciosa, aunque sin alterar sustancialmente su fisonomía general, lo que la hace la obra macarrónica menos alterada en el paso de la red. T a la C8. Bajo el sobrio título de Epigrammata aparece desarrollado (32 epigramas -sin epístolas- en parte macarrónicos y en parte latinos, ya no ligados al Baldus) el Libellus de la red. T9. Las macarroneas de esta versión ostentan, en suma, una minuciosa labor de reelaboración formal, que hace de la red. C la fase más clasicista del macarroneo folenguiano, denominación que adquiere sentido si se la parangona con el gusto exuberante y excéntrico de la red. T10.

La red. C sólo conoce una edición sucesiva a la príncipe, impresa en Venecia por Pietro Boselli en 155511. Su fortuna editorial es más desgraciada, si cabe, que la de las redd. precedentes: ahogada en los siglos anteriores por el éxito de la red. T, lo ha sido a la vez en éste por la red. V. A ello han contribuido razones formales, como su íntima unidad con la redacción siguiente (piénsese que los impresores póstumos de la red. V tuvieron como antígrafo parcial un ejemplar de la red. C con correcciones autógrafas al margen, y esas interrumpidas por la muerte del autor, lo que llevó a Paoli a denominar a la V como Cipadensis altera12), y razones coyunturales, como la preferencia exclusivista por la red. V de la crítica del siglo XX. Dentro de su volumen de Macaronee minori Zaggia editó la Zanitonella, la Moschaea y los Epigrammata de esta redacción13. En 1993 apareció una reproducción facsímil (Macaronicorum Poema) del ejemplar conservado en la Biblioteca Comunale de Mantua (177. F. 41.) a cargo de la Associazione Amici di Merlin Cocai, con epílogo de Giorgio Bernardi Perini, y nota de Rodolfo Signorini.







1 Alessandro Luzio (1889) sostuvo que se publicó entre 1539 y 1540, ya que en la red. C se celebra como aún vivo a Federigo Gonzaga († junio de 1540), mientras que falta el elogio entusiasta de Isabella d'Este († febrero de 1539) presente en la red. T. Zaggia considera esto como argumento e silentio y fija la fecha de impresión en torno a 1535 basándose a las referencias internas a sucesos contemporáneos, y la de composición entre 1530 y 1535. Mario Chiesa, por el contrario, piensa que puede defenderse la datación de Luzio precisándola antes del 21 de agosto de 1539, fecha de la muerte de Francesco Folengo, autor del prefacio de la edición (cf. M. CHIESA, "Dubbi intorno alla Cipadense", Atti Convegno 1991, p. 461 n. 5). Por otra parte, la edición había sido atribuida desde el siglo XVII a Alessandro Paganino, pero Zaggia lo considera insostenible por razones bibliológicas y de cronología relativa, y la asigna, mediante el análisis de ciertos caracteres tipográficos y rasgos ornamentales, a Aurelio Pincio, que ya había sido impresor de L'Umanità del Figliuolo di Dio (cf. M. ZAGGIA, "Breve percorso...", pp. 94-95).
2 A. MOMIGLIANO, "Le quattro redazioni de la Zanitonella", GSLI, v. LXXIII (1919), p. 24, señala que la supresión de las glosas en las dos últimas redd. daba mayor unidad y seriedad a la obra, de modo que el lector no se distraía con apéndices, que, aunque breves y agudos, constituían otros tantos paréntesis nocivos a la impresión fudamental. Mario Pozzi aduce razones culturales: el triunfo entre 1525 y 1530 del riguroso clasicismo vulgar preconizado por Bembo, condenaba, con su nuevo concepto del decoro literario, el experimentalismo y el pluricentrismo de experiencias literarias anteriores como la macarronea. Así, la supresión de glosas y aparatos de autoexaltación respondía al designio de no presentarse más como un clásico, en reconocimento de la propia marginalidad respecto a la nueva literatura (cf. M. POZZI, "Le quattro redazioni...", pp. 40-47). Tal vez la supresión del cuerpo de glosas, frecuentemente burlescas, deba ponerse en relación con la revalorización de la segunda persona macarrónica plasmada en la fábula etiológica de Merlín Cocayo del libro XXII (cf. infra n. 6) y en el nuevo final del Baldus , donde se produce una identificación entre autor real y autor ficticio.
3 El prefacio y su contenido responde a claro propósito del autor, expuesto magistralmente por Zaggia: "La redacción Cipadense se presenta [...] como una obra perteneciente al pasado licenciada por un autor vuelto a intereses muy diferentes. Es evidente que se trata de una simulación, dado que el macarrónico fue para Folengo la pasión de toda una vida, pero es también relativamente fácil intuir las motivaciones personales de tal simulación: para un benedictino apenas reingresado en la Congregación debía ser embarazoso admitir su predilección por una actividad literaria cuanto menos jocosa, o sin más transgresiva, como la macarrónica; era mejor hacer creer que se trataba de una ocupación del pasado, es decir, del periodo transcurrido fuera de la Orden benedictina (1525-1530). La responsabilidad de la publicación, seguidamente, podía ser atribuida a un tercero, y para esto se prestaba el único laico entre los hermanos Folengo, además protegido por Federico Gonzaga, es decir, Francesco Folengo. Se entiende, ahora, porqué en la edición príncipe no aparece la fecha de publicación: era preferible dejar creer en una impresión inmediatamente posterior a 1530". Mario Chiesa, por el contrario, concede verosimilitud a las noticias que sitúan en 1530 el final de la composición de la red., pero la abundancia interna de referencias a hechos históricos posteriores a 1530, difícilmente entendibles como stop-press corrections, le hacen dudar de sus propios planteamientos en un post scriptum (cf. ID. "Dubbi...", pp. 459-469).
4 Zaggia no duda en considerarlo como un pseudónimo folenguiano (cf. ID. "Breve percorso...", p. 97. La carta es reproducida en la p. 98. Nosotros lo hacemos, parcialmente aquí). Chiesa, en cambio, apunta la posibilidad de que se trate de un personaje real, a pesar de no figurar en las listas de los Intronati de Siena, en concordancia con Curti (come mi pare abbia scritto Curti, cf. M. CHIESA, "Dubbi...", pp. 468-469), quien se limita a plantear la cuestión (cf. L. CURTI, "Vigaso Cocaio", p. 172: "Ma, ripeto, la lettera dello Scorrucciato pone, ad un editore critico del testo folenghiano, un problema sicuramente accesorio, che dovrà essere risolto 'in solido' con quello della valutazione della lettera (per alcuni, di mano dello stesso Folengo) nel corpo della redazione Cipadense").
5 Zaggia compara esta imagen con la de la xilografía de la red. T que representaba a Merlín con el botazzus en la mano y alimentado por sus musas, y concluye que "la Cipadense es un monumento clasicista que el poeta macarrónico se edifica a sí mismo" (cf. ID. "Breve percorso...", p. 99).
6 Sobre el episodio de Berto Panada (Baldus C II 179-554 y luego Baldus V II 131-500) y su origen en el Orlandino véase aquí. La novedosa fábula etiológica de Merlín, -en tercera persona- que se prolonga hasta el v. 154 del mismo libro, se inicia con una descripción del río Mincio, que tras circundar la ciudad de Mantua, fluye separando con su curso dos tierras tradicionalmente enfrentadas, la de Pietole y la de Cipada. Pietole se jactaba de haber engendrado a Virgilio, lo que escarnecía a Cipada, carente de poetas. Para remediar tal tacha el senado de ésta designa un embajador doctorado, que embarca para Eubea, donde es acogido solennemente. Prontamente es recibido en el Parnaso por Apolo, que escucha su embajada: ésta consistía en pedir para Cipada un poeta que con la fuerza de su canto supere no sólo a Virgilio sino también a Homero, de modo que no sean dignos de limpiarle el culo (qui nec sint digni sibi nettezare culamen). Apolo responde que Virgilio y Homero han acaparado todo su oro, sin dejar nada a sus seguidores, que, como Pontano, Sannazaro, Fracastoro, Vida y Marullo no han producido más que mera alquimia, y le propone al embajador que vaya al paradisíaco reino de las lasagnas, donde, al igual que él mismo toca la lira y danzan en torno las Camenas, el orondo Tifi toca la gaita acompañando la danza de sus hermanas, pues nadie destaca aún en ese nuevo arte, de modo que puede corresponder la macarrónica palma a Cipada. Tras un largo vagar el embajador llega a los montes donde se atan las viñas con salchichas y todos los árboles producen tortas y buñuelos. Allí es acogido con agrado por Tifi y sus hermanas, que le proporcionan la receta para conseguir un poeta tripífero (trippiferum... poetam), que sojuzge a Virgilio y Homero. El senado y el pueblo de Cipada eligen a un retoño de la clara estirpe de los Folengo, al que alimentar a sus espensas para que cante con la gaita las gestas de Cipada. Pero, milagrosamente, y de modo parejo a como se dice que un enjambre de de abejas alimentaba con miel a Platón, así una mirla (merla) negra cruzaba todos los días el Po llevando en su pico el alimento para el bebé, que recibió de este hecho el nombre de Merlín. Luego fue confiado a un docto preceptor, y tras curtirse en la prosa y en el verso, marcha con muchos compañeros a estudiar a Bolonia, y a escuchar las chanzas del filósofo Pietro Pomponazzi, pero Merlín prefiere entregarse al arte macarrónica en la que había sido introducido desde sus más tiernas uñas por su preceptor Cocayo. Desde el v. 133 al 154 se cuenta que sus primeras composiciones fueron la Moschaea y la Zanitonella, y que luego empezó a componer el Baldus, cuyo protagonista, y otros personajes del poema, le fueron inspirados por compañeros de estudio. Tales obras -se advierte- fueron compuestas cuando Merlín era estudiante, y "no, como brama la chusma, cuando frecuentaba los claustros de la gente de la capucha" (...non ut zentaia baiaffat / quando cucullatae pratigabat claustra brigatae). Aún no había acabado el Baldus cuando un gran tumulto le obligó a huir, y, acto seguido, cambió su modo de vida bajo una regla -religiosa- (sub arcta lege), dejando su obra inacabada, y dedicó sus horas a una mejor ocupación (Estos últimos versos faltan en la última redacción, donde pasaron, transformados, a la biografía folenguiana colocada en el prefacio de la edición, firmada por Vigaso Cocaio, que se presenta como el preceptor del joven Merlín. Tales datos alimentaron la llamada "leyenda autobiográfica" folenguiana. Cf. supra. III. 1. n.2. La etopeya pasó sin muchos más retoques a dicha redacción. Curti reproduce en dos columnas yuxtapuestas Baldus C XXII 105-156 y el equivalente Baldus V XXII 105-134 [cf. ID. "Vigaso Cocaio"..., pp. 134-136]).
7 Cf. ed. Zaggia, pp. 176-177.
8 Cf. ib., pp. 385-386.
9 Cf. ib., pp. 489-492.
10 Esta operación de reelaboración formal miraba, en opinión de Zaggia, "a atenuar muchas asperezas dialectales y extravagancias métricas, y a injertar consistentes dosis de integérrimo latín humanista; fragmentos enteros del Baldus y una buena mitad de los epigramas de la Cipadense discurren en un latín ebúrneo, humanísticamente correcto. Además, por la parte vulgar, en las elecciones gráficas, fonéticas y lexicales se reconocen con mucha evidencia también formas inopinadamente tomadas del lenguaje literario de base toscana (el mismo lenguaje que Folengo había adoptado, o intentado adoptar, en las obras italianas anteriormente publicadas)" (cf. ID. "Breve percorso...", p. 97). Laura Goggi Carotti observaba, en el paso de la T a la C-V, la existencia de variantes que buscan dan un ritmo más ágil al hexámetro, el predominio de un colorido de léxico vulgar dialectal (aunque también se dan pasos de léxico vulgar a otro más latino), y la capacidad de organizar la sintaxis y la narración en modo más complejo y compacto, de graduar la acción para obtener efectos de suspensión y de tensión narrativa, de renunciar a notas y detalles particulares que distraían la atención del lector (cf. EAD. "La rielaborazione degli episodi della Domus Phantasiae e della Zucca (Baldus, XXV)", Atti convegno 1977, pp. 186-208).
11 Una descripción de estas ediciones (C1 y C2) en ed. Zaggia pp. 588-890.
12 Cf. U. E. PAOLI, Il latino..., p. 229. Tal denominación fue recordada posteriormente (Bonora, Zaggia).

13 Zaggia empleó en su edición cuatro ejemplares de C1 -de los doce existentes-, de cuya colación no emergieron variantes. Curti presentaba a Mario Chiesa como futuro editor de las redd. C y V (cf. "Vigaso Cocaio", p. 130 n. 12).