CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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sábado, 1 de noviembre de 2014

LA REDACCIÓN CIPADENSE DE LAS MACARRONEAS DE TEÓFILO FOLENGO




La tercera redacción de las macarroneas folenguianas apareció sin indicación de fecha, y el colofón reflejaba un lugar de impresión y un impresor obviamente ficticios: Cipadae apud magistrum Aquarium Lodolam1. El frontispicio de la príncipe, extremadamente sobrio respecto al de la red. precedente, ofrece un nuevo título, el contenido de la obra, que retoma en otro orden el de la red. T, y dos dísticos latinos en los que el autor entona una palinodia por su obra anterior y el presunto daño causado a terceros:

MACARONICORVM || POEMA. || [motivo ornamental en forma de trébol] || Baldus. | Zanitonella. | Moschaea. | Epigrammata. || Tam sibi dissimilis, tamq(ue) alter habetur ab illo | Merlino, vt primum nesciat autor opus: | causa recantandi fama est aliena, malorum | Iudicio, haud vatis simplice morsa ioco.

Desaparecen de esta redacción, junto con el copioso aparato de glosas, todas las chispeantes prosas macarrónicas introductorias de las redd. P y T2, que son sustituidas por un breve prefacio en prosa vulgar (Francesco Folengo alli lettori), firmado por el único laico de los hermanos Folengo, funcionario de los Gonzaga. En este prefacio se afirma que esta nueva versión sólo pretende responder a las críticas literarias y morales suscitadas por las anteriores redd., pues los intereses actuales del autor, que retoma de mala gana su obra, van por vías muy diferentes. Finalmente, Francesco Folengo advierte de que ha recibido el texto para imprenta en octubre de 15303.

Ya en la parte propiamente macarrónica las nuevas versiones aparecen en orden trastocado, precediendo ahora el Baldus a la Zanitonella. Tras los epigrammata figura, bajo aparente pseudónimo4, un postfacio en lengua vulgar (Nicolò Costanti altramenti lo Scorrucciato agli lettori), en la que se proclama la belleza, plurimorfismo y singularidad de la lengua macarrónica. Bajo esta carta de Costanti y antes del errata-corrige final, aparece en la princeps el severo busto clasicista de un poeta laureado, con la inscripción MERL. COC. F.5





El Baldus C es fruto de una metódica reelaboración formal y narrativa. De sus novedades estructurales y temáticas ha llamado especialmente la atención de la crítica el desarrollo del episodio de Berto Panada en el libro II, la biografía mítica de Merlín insertada al comienzo del libro XXII, y los cambios en el final del libro XXV, pasajes ambos reveladores de un cambio en la concepción del macarroneo en las dos últimas redacciones de las macarroneas folenguianas6. Tras el Baldus aparece la Zanitonella, reducida casi a la mitad (672 vv. frente a los 1283 de la T), y objeto de numerosos retoques formales, generalmente atentos a atenuar los efectos más abiertamente paródicos y a incrementar el decoro literario macarrónico7. En su nueva versión la Moschaea es objeto de una revisión bastante minuciosa, aunque sin alterar sustancialmente su fisonomía general, lo que la hace la obra macarrónica menos alterada en el paso de la red. T a la C8. Bajo el sobrio título de Epigrammata aparece desarrollado (32 epigramas -sin epístolas- en parte macarrónicos y en parte latinos, ya no ligados al Baldus) el Libellus de la red. T9. Las macarroneas de esta versión ostentan, en suma, una minuciosa labor de reelaboración formal, que hace de la red. C la fase más clasicista del macarroneo folenguiano, denominación que adquiere sentido si se la parangona con el gusto exuberante y excéntrico de la red. T10.

La red. C sólo conoce una edición sucesiva a la príncipe, impresa en Venecia por Pietro Boselli en 155511. Su fortuna editorial es más desgraciada, si cabe, que la de las redd. precedentes: ahogada en los siglos anteriores por el éxito de la red. T, lo ha sido a la vez en éste por la red. V. A ello han contribuido razones formales, como su íntima unidad con la redacción siguiente (piénsese que los impresores póstumos de la red. V tuvieron como antígrafo parcial un ejemplar de la red. C con correcciones autógrafas al margen, y esas interrumpidas por la muerte del autor, lo que llevó a Paoli a denominar a la V como Cipadensis altera12), y razones coyunturales, como la preferencia exclusivista por la red. V de la crítica del siglo XX. Dentro de su volumen de Macaronee minori Zaggia editó la Zanitonella, la Moschaea y los Epigrammata de esta redacción13. En 1993 apareció una reproducción facsímil (Macaronicorum Poema) del ejemplar conservado en la Biblioteca Comunale de Mantua (177. F. 41.) a cargo de la Associazione Amici di Merlin Cocai, con epílogo de Giorgio Bernardi Perini, y nota de Rodolfo Signorini.







1 Alessandro Luzio (1889) sostuvo que se publicó entre 1539 y 1540, ya que en la red. C se celebra como aún vivo a Federigo Gonzaga († junio de 1540), mientras que falta el elogio entusiasta de Isabella d'Este († febrero de 1539) presente en la red. T. Zaggia considera esto como argumento e silentio y fija la fecha de impresión en torno a 1535 basándose a las referencias internas a sucesos contemporáneos, y la de composición entre 1530 y 1535. Mario Chiesa, por el contrario, piensa que puede defenderse la datación de Luzio precisándola antes del 21 de agosto de 1539, fecha de la muerte de Francesco Folengo, autor del prefacio de la edición (cf. M. CHIESA, "Dubbi intorno alla Cipadense", Atti Convegno 1991, p. 461 n. 5). Por otra parte, la edición había sido atribuida desde el siglo XVII a Alessandro Paganino, pero Zaggia lo considera insostenible por razones bibliológicas y de cronología relativa, y la asigna, mediante el análisis de ciertos caracteres tipográficos y rasgos ornamentales, a Aurelio Pincio, que ya había sido impresor de L'Umanità del Figliuolo di Dio (cf. M. ZAGGIA, "Breve percorso...", pp. 94-95).
2 A. MOMIGLIANO, "Le quattro redazioni de la Zanitonella", GSLI, v. LXXIII (1919), p. 24, señala que la supresión de las glosas en las dos últimas redd. daba mayor unidad y seriedad a la obra, de modo que el lector no se distraía con apéndices, que, aunque breves y agudos, constituían otros tantos paréntesis nocivos a la impresión fudamental. Mario Pozzi aduce razones culturales: el triunfo entre 1525 y 1530 del riguroso clasicismo vulgar preconizado por Bembo, condenaba, con su nuevo concepto del decoro literario, el experimentalismo y el pluricentrismo de experiencias literarias anteriores como la macarronea. Así, la supresión de glosas y aparatos de autoexaltación respondía al designio de no presentarse más como un clásico, en reconocimento de la propia marginalidad respecto a la nueva literatura (cf. M. POZZI, "Le quattro redazioni...", pp. 40-47). Tal vez la supresión del cuerpo de glosas, frecuentemente burlescas, deba ponerse en relación con la revalorización de la segunda persona macarrónica plasmada en la fábula etiológica de Merlín Cocayo del libro XXII (cf. infra n. 6) y en el nuevo final del Baldus , donde se produce una identificación entre autor real y autor ficticio.
3 El prefacio y su contenido responde a claro propósito del autor, expuesto magistralmente por Zaggia: "La redacción Cipadense se presenta [...] como una obra perteneciente al pasado licenciada por un autor vuelto a intereses muy diferentes. Es evidente que se trata de una simulación, dado que el macarrónico fue para Folengo la pasión de toda una vida, pero es también relativamente fácil intuir las motivaciones personales de tal simulación: para un benedictino apenas reingresado en la Congregación debía ser embarazoso admitir su predilección por una actividad literaria cuanto menos jocosa, o sin más transgresiva, como la macarrónica; era mejor hacer creer que se trataba de una ocupación del pasado, es decir, del periodo transcurrido fuera de la Orden benedictina (1525-1530). La responsabilidad de la publicación, seguidamente, podía ser atribuida a un tercero, y para esto se prestaba el único laico entre los hermanos Folengo, además protegido por Federico Gonzaga, es decir, Francesco Folengo. Se entiende, ahora, porqué en la edición príncipe no aparece la fecha de publicación: era preferible dejar creer en una impresión inmediatamente posterior a 1530". Mario Chiesa, por el contrario, concede verosimilitud a las noticias que sitúan en 1530 el final de la composición de la red., pero la abundancia interna de referencias a hechos históricos posteriores a 1530, difícilmente entendibles como stop-press corrections, le hacen dudar de sus propios planteamientos en un post scriptum (cf. ID. "Dubbi...", pp. 459-469).
4 Zaggia no duda en considerarlo como un pseudónimo folenguiano (cf. ID. "Breve percorso...", p. 97. La carta es reproducida en la p. 98. Nosotros lo hacemos, parcialmente aquí). Chiesa, en cambio, apunta la posibilidad de que se trate de un personaje real, a pesar de no figurar en las listas de los Intronati de Siena, en concordancia con Curti (come mi pare abbia scritto Curti, cf. M. CHIESA, "Dubbi...", pp. 468-469), quien se limita a plantear la cuestión (cf. L. CURTI, "Vigaso Cocaio", p. 172: "Ma, ripeto, la lettera dello Scorrucciato pone, ad un editore critico del testo folenghiano, un problema sicuramente accesorio, che dovrà essere risolto 'in solido' con quello della valutazione della lettera (per alcuni, di mano dello stesso Folengo) nel corpo della redazione Cipadense").
5 Zaggia compara esta imagen con la de la xilografía de la red. T que representaba a Merlín con el botazzus en la mano y alimentado por sus musas, y concluye que "la Cipadense es un monumento clasicista que el poeta macarrónico se edifica a sí mismo" (cf. ID. "Breve percorso...", p. 99).
6 Sobre el episodio de Berto Panada (Baldus C II 179-554 y luego Baldus V II 131-500) y su origen en el Orlandino véase aquí. La novedosa fábula etiológica de Merlín, -en tercera persona- que se prolonga hasta el v. 154 del mismo libro, se inicia con una descripción del río Mincio, que tras circundar la ciudad de Mantua, fluye separando con su curso dos tierras tradicionalmente enfrentadas, la de Pietole y la de Cipada. Pietole se jactaba de haber engendrado a Virgilio, lo que escarnecía a Cipada, carente de poetas. Para remediar tal tacha el senado de ésta designa un embajador doctorado, que embarca para Eubea, donde es acogido solennemente. Prontamente es recibido en el Parnaso por Apolo, que escucha su embajada: ésta consistía en pedir para Cipada un poeta que con la fuerza de su canto supere no sólo a Virgilio sino también a Homero, de modo que no sean dignos de limpiarle el culo (qui nec sint digni sibi nettezare culamen). Apolo responde que Virgilio y Homero han acaparado todo su oro, sin dejar nada a sus seguidores, que, como Pontano, Sannazaro, Fracastoro, Vida y Marullo no han producido más que mera alquimia, y le propone al embajador que vaya al paradisíaco reino de las lasagnas, donde, al igual que él mismo toca la lira y danzan en torno las Camenas, el orondo Tifi toca la gaita acompañando la danza de sus hermanas, pues nadie destaca aún en ese nuevo arte, de modo que puede corresponder la macarrónica palma a Cipada. Tras un largo vagar el embajador llega a los montes donde se atan las viñas con salchichas y todos los árboles producen tortas y buñuelos. Allí es acogido con agrado por Tifi y sus hermanas, que le proporcionan la receta para conseguir un poeta tripífero (trippiferum... poetam), que sojuzge a Virgilio y Homero. El senado y el pueblo de Cipada eligen a un retoño de la clara estirpe de los Folengo, al que alimentar a sus espensas para que cante con la gaita las gestas de Cipada. Pero, milagrosamente, y de modo parejo a como se dice que un enjambre de de abejas alimentaba con miel a Platón, así una mirla (merla) negra cruzaba todos los días el Po llevando en su pico el alimento para el bebé, que recibió de este hecho el nombre de Merlín. Luego fue confiado a un docto preceptor, y tras curtirse en la prosa y en el verso, marcha con muchos compañeros a estudiar a Bolonia, y a escuchar las chanzas del filósofo Pietro Pomponazzi, pero Merlín prefiere entregarse al arte macarrónica en la que había sido introducido desde sus más tiernas uñas por su preceptor Cocayo. Desde el v. 133 al 154 se cuenta que sus primeras composiciones fueron la Moschaea y la Zanitonella, y que luego empezó a componer el Baldus, cuyo protagonista, y otros personajes del poema, le fueron inspirados por compañeros de estudio. Tales obras -se advierte- fueron compuestas cuando Merlín era estudiante, y "no, como brama la chusma, cuando frecuentaba los claustros de la gente de la capucha" (...non ut zentaia baiaffat / quando cucullatae pratigabat claustra brigatae). Aún no había acabado el Baldus cuando un gran tumulto le obligó a huir, y, acto seguido, cambió su modo de vida bajo una regla -religiosa- (sub arcta lege), dejando su obra inacabada, y dedicó sus horas a una mejor ocupación (Estos últimos versos faltan en la última redacción, donde pasaron, transformados, a la biografía folenguiana colocada en el prefacio de la edición, firmada por Vigaso Cocaio, que se presenta como el preceptor del joven Merlín. Tales datos alimentaron la llamada "leyenda autobiográfica" folenguiana. Cf. supra. III. 1. n.2. La etopeya pasó sin muchos más retoques a dicha redacción. Curti reproduce en dos columnas yuxtapuestas Baldus C XXII 105-156 y el equivalente Baldus V XXII 105-134 [cf. ID. "Vigaso Cocaio"..., pp. 134-136]).
7 Cf. ed. Zaggia, pp. 176-177.
8 Cf. ib., pp. 385-386.
9 Cf. ib., pp. 489-492.
10 Esta operación de reelaboración formal miraba, en opinión de Zaggia, "a atenuar muchas asperezas dialectales y extravagancias métricas, y a injertar consistentes dosis de integérrimo latín humanista; fragmentos enteros del Baldus y una buena mitad de los epigramas de la Cipadense discurren en un latín ebúrneo, humanísticamente correcto. Además, por la parte vulgar, en las elecciones gráficas, fonéticas y lexicales se reconocen con mucha evidencia también formas inopinadamente tomadas del lenguaje literario de base toscana (el mismo lenguaje que Folengo había adoptado, o intentado adoptar, en las obras italianas anteriormente publicadas)" (cf. ID. "Breve percorso...", p. 97). Laura Goggi Carotti observaba, en el paso de la T a la C-V, la existencia de variantes que buscan dan un ritmo más ágil al hexámetro, el predominio de un colorido de léxico vulgar dialectal (aunque también se dan pasos de léxico vulgar a otro más latino), y la capacidad de organizar la sintaxis y la narración en modo más complejo y compacto, de graduar la acción para obtener efectos de suspensión y de tensión narrativa, de renunciar a notas y detalles particulares que distraían la atención del lector (cf. EAD. "La rielaborazione degli episodi della Domus Phantasiae e della Zucca (Baldus, XXV)", Atti convegno 1977, pp. 186-208).
11 Una descripción de estas ediciones (C1 y C2) en ed. Zaggia pp. 588-890.
12 Cf. U. E. PAOLI, Il latino..., p. 229. Tal denominación fue recordada posteriormente (Bonora, Zaggia).

13 Zaggia empleó en su edición cuatro ejemplares de C1 -de los doce existentes-, de cuya colación no emergieron variantes. Curti presentaba a Mario Chiesa como futuro editor de las redd. C y V (cf. "Vigaso Cocaio", p. 130 n. 12).

viernes, 11 de julio de 2014

LA REDACCIÓN TOSCOLANENSE DE LAS MACARRONEAS FOLENGUIANAS (II)




Dentro de las prosas introductivas ha atraído principalmente la atención de la crítica la Apologetica in sui excusationem, que ha servido para ilustrar diversas concepciones del lenguaje macarrónico. En este texto Folengo pretende responder a ciertas críticas que conllevó la anterior redacción, atento sobre todo a evitar que los lectores lleguen a confundir las dos personas macarrónicas, cuestión vital para todo macarronista, de suerte que concluyan que se hallan simplemente ante un mal poeta1. La primera persona macarrónica toma, pues, la palabra para pedirle al lector que se ría, pero que no se burle, y que lea la presente apologética antes de emitir un juicio negativo sobre la obra basado en la confusión arriba expresada:

Quisquis est, o tu qui meum hoc grassiloquum perlegendo uolumen ridere paras, ride, sed non irride, quia si dementer irridendo rides, alter Marguttus rideas irrisus. Verum quoniam experientia nos omnes esse medici uolumus, sic omnes aut interpretes, aut correctores librorum esse presumimus; audiant itaque huiusmodi correctores et faciles aliorum emendatores, et antequam me corrigant apologeticam istam legere dignentur2.

Estableciendo una analogía interesada con su etymon alimenticio, Folengo afirma que el arte macarrónica debe caracterizarse por su rudeza y falta de finura.

Ars ista poetica nuncupatur ars macaronica, a macaronibus deriuata; qui macarones sunt quoddam pulmentum farina, caseo, botiro compaginatum, grossum, rude et rusticanum; ideo macaronices nil nisi grassedinem, ruditatem et uocabulazzos debet in se continere3.

No obstante, de acuerdo con los preceptos retóricos que indican que debe emplearse un estilo distinto en las églogas, en las elegías y en la épica, el discurso macarrónico debe adaptarse, por ejemplo, al habla de los rústicos:

Sed quoniam aliud seruandum est in Eglogis, aliud in Elegiis, aliud in heroum gestis diuersimode necessarium est canere, verbi gratia, de rustico Zambello scribens dicam:
O codesella uides illas Tognazze fomennas?
Cur sic sberlucent?: stellis incago dauerum,
Nostrae someiant fomnae tot nempe padellae.
Iterum de barba Tognazzo:
Est verum quod nos o cara brigata chilò,
Venimus ut uobis faciamus scire casonem
Hoc parlandi genus rusticanum rusticis conuenit4.

El estilo debe, sin embargo, ser menos grueso cuando se aplica a tópoi de la tradición épica como descripciones de tempestades en el mar y batallas. Tocando lo sagrado, debe emplearse una buena latinidad aunque no tan elevada que cree un ruptura reactiva con el elemento vulgar y dialectal. El poeta se arroga, pues, el derecho de invocar a Talía, musa de la comedia, después de haber hecho lo propio con las musas macarrónicas.

Parlatio uero minus grossa tempestatibus maritimis, bellorum descriptionibus, et quibusuis rebus non rusticanis applicanda est. Si tamen in aliquibus locis succurrit loqui aut de Deo, aut de sanctis, indignum et uituperabile esset non uti latinitate aliqua, non tamen tam alta, quod uideatur lapis preciosus limo sepultus, et gemma porcis ante posita. Ideo post Musarum macaronicarum suffragia, quandoque Taliam inuocare ubi condecet uoluimus5.

Se defiende, acto seguido, el empleo de macarronismos de locución, puesto que por ser trasuntos de giros del vulgar resultan más macarrónicos, y más inteligibles por esa misma razón. Tampoco debe extrañar su empleo pues el macarroneo fue creado como vehículo de comicidad.

Mordebor tamen a multis, quod utor carminibus nimium incompetentibus, maxime, se cagat adossum, passare delaium, dicendo nientum, non erat anchoram, non erat appenam, et innumerabilia quae grossolaniter proferre debemus. Immo ueram macaronicen huiusmodi uocabula sapiunt, nam quo magis grossiliora sunt eo magis macaronicam adducunt elegantiam; et tanto plus intelligibilia, quanto grossolania. Vt quidem enim Macaron inuentum est? Dicimus: se cagat adossum; melius (fateor) dici potuerat timet, sed cur -inquam- fuit repertum Macaronicon? Causa utique ridendi, et non orandi, nam uulgariter dicimus: El si caga adosso di paura, quando quidem uulgare eloquium est macaronici poetae latinizare6.

Se deja, asimismo, claro que en la intención del autor está admitir en el híbrido macarrónico cualquier lenguaje o jerga que estime oportuno sin preocuparse demasiado de la inteligibilidad del resultado, pues para tales labores están los comentadores y traductores.

Sed dicet aliquis: "uocabula fingis, o Merline, quibus patria tua solet uti tantummodo, exempli gratia: doniare puellas, cimare, tracagnum, et cetera, quae tantum aut mantuanice aut bressanice possunt intelligi". Respondeo quod, ueluti non omnes aut grecum aut hebreum aut arabicum aut chaldeum aut denique latinum simul intelligunt, ita nil mirum si cuncti mantuanicum aut florentinicum aut bergamascum aut todescum aut sguizzarum aut scarpacinum aut spazzacaminum minime sciunt pariter intelligere. Vt quid ordinantur commentatores ac linguarum interpretes? Vt quid translatores? Proculdubio causa splanandi linguarum incognouentiam; ergo non fas est me ipsum auctorem interpretare7.

Finalmente, el autor responde a las críticas sobre su prosodia afirmando que la macarronea posee sus propias reglas, que se ilustran inmediatamente a continuación en la Normula macaronica de Sillabis8.



Ilustración: grabado de la red. T.





1 Cf. LUCA CURTI, "Sul macaronico", pp. 161-162. Cf. Opinión totalmente diferente es la de Mario Pozzi (cf. "Le quattro redazioni...", p. 38), para quien no estamos ante una verdadera apología, sino ante una parodia que no pretende responder a ninguna crítica.
2 "Quienquier seas, o tú, que te dispones a reir leyendo este mi volumen de grueso verbo, ríe, pero no te burles; porque si ríes burlándote sin tino, ríe como otro Margutte burlado. En verdad, puesto que con la experiencia todos queremos ser médicos, igualmente todos presumimos ser o intérpretes o correctores de libros. Escuchen, pues, tales correctores y fáciles críticos de los demás, y, antes de que me corrigan, dígnense leer esta apologética". Citamos el texto de la edición facsímil de 1994 a cargo de A. Nuovo, G. Bernardi Perini y R. Signorini. He usado también la ed. veneciana de Nicolò Bevilacqua de 1564 -clasificada en la ed. Zaggia p. 562 como T3-, que fue la utilizada por José López de Toro en su artículo sobre el primer poema macarrónico en España, según el ejemplar de la B. N. de Madrid 1-17629 -al que nos referiremos por comodidad como T3-. Resolvemos las abreviaturas, y modernizamos la puntuación señalando, además, las que consideramos erratas de impresión.
3 "Esta arte poética, se llama arte macarrónica, derivada de los macarrones; estos macarrones son cierta [quodam en T3] masa hecha de harina, queso y manteca [botir en T3], gruesa, ruda y rústica; por tanto, la macarronea no debe contener en sí nada a no ser grosura, rudeza y 'palabrones'". Sobre estos "macarrones" véase aquí.
4 "Pero ya que es necesario cantar de un modo en la églogas, de otro en las elegías y de otro en las gestas de los héroes, por ejemplo, escribiendo del rústico Zambelo diré: ¡Oh cojones, ¿ves, Tognazzo, las tías aquellas? / ¿por qué lucen de esa manera?; sí, me cago en el cielo, / nuestras mujeres parecen otros tantos bacines. Y de nuevo sobre el tío Tognazzo: Es verdad que nosotros aquí, ¡oh gente querida! / venimos para daros a conocer el motivo. Este género de discurso rústico conviene a los rústicos".
5 "Ciertamente, un habla menos gruesa debe aplicarse a las tempestades marinas, a las descripciones de batallas, y a cualquier asunto no rústico. No obstante, si en algunos lugares ocurre hablar de Dios o de los santos, indigno y [est en T3] vituperable sería no usar de alguna latinidad, no tan alta, empero, que parezca una piedra preciosa hundida en el fango, y una gema ofrecida a los cerdos. Por tanto, después de los sufragios de las Musas macarrónicas, quisimos, en ocasiones, invocar a Talía cuando condice". Bonora veía en este texto una indicación de la capacidad de adaptación del macarroneo en función de la vitalidad de sus elementos componentes.
6 "Muchos me morderán, sin embargo, porque empleo versos harto inconvenientes, especialmente se cagat adossum, passare delaium [delauim en T3 pero cf. Baldus T XXIII 217: passare delaium 'passare di là'], dicendo nientum, non erat anchoram, non erat appenam, e innumerables que debemos proferir de un modo grueso. Pero es que tales vocablos denotan la verdadera macarronea, pues cuanto más gruesos son, más elegancia macarrónica aportan, y son tanto más inteligibles, cuanto más vulgares. Pues, ciertamente, ¿para qué se inventó el macarrón? Decimos, se cagat adossum; mejor (lo confieso) podría haberse dicho timet, pero ¿por qué -digo- se halló el macarrónico? Sobre todo para hacer reír; así pues, se pone se cagat adossum para hacer reír, y no para hacernos entender -pues decimos en vulgar El si caga adosso di paura-, puesto que es facultad del poeta macarrónico [macaronicis en T3] latinizar el habla corriente". Lucia Lazzerini insistirá en este aspecto cómico del macarroneo.
7 "Pero dirá alguno: "juegas con palabras, Merlín, que sólo suele usar tu patria, por ejemplo, doniare puellas, cimare, tracagnum, etc., que solamente pueden comprenderse si se domina el mantuano o el bresciano". Respondo que, así como todos no entienden al tiempo el griego, o el hebreo, o el árabe, o el caldeo o el mismo latín, no debe sorprender si todo el mundo no alcanza a comprender igualmente el mantuano, o el florentino, o el bergamasco, o el alemán, o el suizo o las voces de los zapateros remendones o las de los deshollinadores. ¿Para qué se aprestan comentadores e intérpretes de lenguas?, ¿para qué traductores? Sin duda para subsanar el desconocimiento de las lenguas. Por tanto, no es lícito que yo, como autor, me interprete a mí mismo". En este texto veía Bonora una defensa de la dignidad de todas las lenguas, que le permitía situar en un plano de igualdad a todos los componentes del macarroneo. No obstante, la misma gradación cultural de estas lenguas hace dudar que Folengo les concediera la misma estimación. Recuérdese también la concepción de Segre sobre el papel directivo del latín en el macarroneo. Por otra parte, Mario Chiesa detectaba aquí una falsa despreocupación de Folengo por la comprensibilidad de su obra, plasmada en el empleo progresivo de una koiné dialectal suficientemente conocida y homogénea. A esto se podría añadir el hecho de que el aparato de glosas de las redd. P y T, obra del propio Folengo, aclara en muchas ocasiones el sentido de los macarronismos más oscuros.

8 Esta Normula es convenientemente ilustrada aquí.

viernes, 10 de enero de 2014

LA REDACCIÓN PAGANINI DE LAS MACARRONEAS FOLENGUIANAS (I)




En enero de 1517 aparecía en Venecia "in aedibus Alexandri Paganini", la primera redacción de las macarroneas folenguianas, titulada Liber macaronices, que contenía dos égloglas y un poema épico-caballeresco en diecisiete libros, el Baldus. Toma el nombre del de su editor, Alessandro Paganino (o Paganini). Éste, renombrado por su elegante colección de ediciones de mano de clásicos al modo aldino1, puso su confianza en el joven monje benedictino de veintiséis años2, al publicar su obra en formato semejante, carente de xilografías e impresa en caracteres cursivos ligeros y agraciados: no se trata ciertamente, como afirma Zaggia, de un librito popular, sino de "un cómodo librito de mano elegantísimo y curioso, que recuerda mucho una edición aldina"3. Estos rasgos editoriales, junto con la sobriedad del frontispicio (solamente Merlini Cocai poetae mantuani liber macaronices libri XVII non ante impressi), son indicios para Mario Pozzi de que el libro iba dirigido al mismo público de doctos al que Paganini destinaba sus ediciones de clásicos4. Frente a la circunstancial y modesta materialización impresa de la macarronea precedente, el mismo aspecto exterior del libro de Merlín Cocayo declaraba, pues, ambiciones artísticas muy elevadas5.

Si el aspecto exterior hacía pensar en la edición de un clásico, el contenido -apunta Pozzi - hacía pensar en un nuevo Virgilio6, a pesar del particularísimo lenguaje empleado. Efectivamente, como indica Zaggia: "el gran edificio del Baldus pretende emular directamente la Eneida, y la presencia en sus contornos de alguna égloga coadyuva a la imagen de un nuevo Virgilio; significativamente, el Liber macaronices se abre con un eco paródico del Títiro virgiliano (Tu solus Bigoline iacens stravacatus in umbra7) y concluye igual que la Eneida (Vitaque cum gemitu fugit indignata sub umbras; sólo que saliendo de escena no se encuentra el noble guerrero Turno sino la pérfida y sucia maga Culfora). Ni puede faltar la figura de un émulo de Servio, aquí un Acuario Lodola que antepone un arrogante Libellus de laudibus Merlini Cocai, y adorna el texto con un docto mas discreto aparato de glosas explicativas, impresas en sus márgenes exteriores"8.

En el prefacio epistolar de Acuario Lodola9 (Magistri Aquarii herbolatti in arte cristeriensci peritissimi ad illustrem dominum Passarinum comitem scarduarum libellus de laudibus Merlini Cocai), dirigido al ilustre señor Passarino, irónico "conde de las Chancletas" (comitem scarduarum), se narra, en una gustosísima prosa macarrónica, el descubrimiento fortuito de la obra de Merlín Cocayo, y se ponderan sus méritos literarios: el maestro Lodola, en compañía de otros colegas herboristas y sacamuelas (cauatores dentium) embarca para Armenia en busca de raíces y hierbas. La fuerza del viento, empero, les desvía a una isla deshabitada, donde desembarcan. El sofocante calor reinante les lleva a buscar refugio en una caverna, que se revela inmensa y en cuyo interior penetran caminando durante dos días, hasta encontrarse con once tumbas de mármol, sobre las que colgaba una tabla porfídica en la que se leía, inscrito en letras de oro, un epigrama latino de Merlín Cocayo:

Hos sculpsit tumulos Merlini dextra Cocai,
Texit magnanimos in quibus ipse uiros.
Hi phlegethonteas coelo donante per umbras
Lustrarunt, ac res quas retulere mihi
Scripsimus haeroico libros in quinque coturno:
De baratro sensi quidquid ab ore suo. (P iii, r.)10

"Estos túmulos de Merlín Cocayo son obra,
Donde él mismo enterró hombres de magno valor.
Éstos por sombras de Flegetonte, buen grado del cielo,
Fueron, y aquel vagar que me contaron a mí
Copiamos en cinco libros, calzando heroico coturno:
Supe de infierno no más que de sus bocas salió".

Tras demorarse en leer los epigramas de las tumbas, que resultan ser las del héroe Baldo y sus compañeros, los exploradores siente aumentar su curiosidad por el autor:

Quaerebamus aliquod indicium huius uatis et artificis Merlini Cocai, qui scripserat (ut sua testabantur carmina) quinque libros de diauolorum patria; post lungam querositatem et inuestigationem quendam magnum cassonem desotterauimus, quo securibus fracto, huius nostri laureati Cocai tesaurum atrouauimus, uidelicet, in arte macaronica doctissima uolumina, libros, librettos, libricolos, librazzos, et mille alios schartafacios. (P iiii, v.)

"buscábamos algún indicio de este poeta y artífice Merlín Cocayo, que había escrito (como atestiguaban sus versos) cinco libros titulados La patria de los diablos. Tras una larga búsqueda y pesquisa desenterramos una gran caja en la que hallamos, tras romperla con nuestras hachas, el tesoro de este nuestro laureado Cocayo, esto es, doctísimos volúmenes, libros, libritos, librillos, librazos y otros mil cartafacios en arte macarrónica".

Entre obras de diverso tenor encuentran los cinco libros sobre el infierno y uno sobre las gestas de Baldo. Estos tomos son guardados en una cajita, y se decide transportar el resto a la nave, pero un repentino terremoto les obliga a salir de la caverna dejando la caja mayor, y a embarcar en su nave; la isla, de pronto, se aparta de ellos doscientas millas, y se reproduce el terremoto y una tormenta si hacen ademán de desembarcar de nuevo. Al regresar a su tierra y abrir la cajita, Acuario Lodola encuentra sólo el libro de Baldo, que el autor dejó desgraciadamente inacabado y sin revisar.

En una segunda parte del Libellus de laudibus Lodola hace un encomio de los méritos literarios de Merlín Cocayo, parodiando el tópico del sobrepujamiento, pues el poeta macarrónico supera por su sabiduría y ciencia a Pitágoras, Platón y demás filósofos, a Lucano por sus símiles, a Virgilio por sus descripciones, por su sentenciosidad a Horacio, Juvenal y Terencio, y por sus conocimientos de astronomía a Euclides11. Acto seguido, el comentarista y editor defiende la filiación mantuana del poeta12, y explica el origen de su nombre:

Denotat etiam poeta noster fuisse de uillanis parentibus13, eo quod mater sua impregnata de se, dum cercaret cocaium14 botazzi, parturiuit illum, et sic casus nomen fecit; cur uocetur Merlinus15 significat eo quo merla auis sibi quotidie mangiamentum ferebat in cunis, quia mater sua, dum esset infans, semet anegauit in tinello uini, o grandis et nunquam audita desgratia! (P, y ii, v.).

"Da a entender también nuestro poeta que nació de padres campesinos, porque su madre, estando encinta de él, lo parió cuando buscaba el tapón (cocaium) de un barrilete, y de este incidente le vino el nombre; la razón de que se llame Merlín la explica con el hecho de que una mirla (merla) le llevaba cada día el alimento a su cuna, pues su madre, cuando era un bebé, se ahogó en una cuba de vino, ¡oh, grande y nunca oída desgracia!".

El editor cierra su epístola al conde de las Chancletas no sin antes advertir sobre la pulcritud prosódica de las macarroneas (et bene noster poeta seruat normam silabarum).




Ilustración: Frontispicio de la editio princeps de la redacción Paganini (1517)



1 Sobre su original e innovadora actividad editorial cf. A. NUOVO, Alessandro Paganino (1509-1538), Antenore, Padova 1990.
2 G. Billanovich (cf. "Spiritualità...", p. 38) señala que el sagaz tipógrafo y editor bresciano estaba ligado por una intensa familiaridad y frecuentes tratos comerciales con los monjes de Santa Eufemia, monasterio donde profesó Teófilo Folengo.
3 Cf. M. ZAGGIA, "Breve percorso...", p. 87.
4 Cf. MARIO POZZI, "Le quattro redazioni delle Macaronee di Teofilo Folengo e il loro contesto culturale", Atti Convegno 1991, p. 33.
5 Cf. M. ZAGGIA, o.c., p. 87.
6 Cf. M. POZZI, o.c., p. 34.
7 "Tú, Bigolino, solo y despatarrado a la sombra". Cf. VERG. Ecl. 1, 1 (Tityre, tu patulae recubans sub tegmine fagi, "Títiro, tú, al amparo de la ancha haya acostado" [trad. de A. García Calvo, Virgilio, Júcar, Madrid 1976, p. 117]), y 4 (...tu, Tityre, lentus in umbra, "...tú, Títiro, lento, a la sombra" [trad. ib.]). Observaba Ettore Bonora que, aparte de señalar que la red. P se abre y cierra con imitaciones virgilianas, "importa más advertir cómo algunos ecos virgilianos en la Paganini son revividos y transfigurados de manera que puedan encarrilar una situación poética nueva o sonar como geniales invenciones. En los otros poetas macarrónicos los calcos literarios quedaban más descubiertos y, a menudo, inútiles" (cf. Le Maccheronee..., p. 17). Así, podría decirse que el elemento dialectal y expresivo strauacatus, sustituto del
virgiliano recubans, adquiere un valor programático en la poética macarrónica folenguiana.
8 Cf. M. ZAGGIA, o.c., p. 87
9 El editor y comentarista de Cocayo es un "herbolattus", es decir, un charlatán de feria, buscador de raíces y simples, y experto en lavativas. Su nombre, parlante, es especular del del autor: Acuario contra Cocayo que alude al vino (cf. infra n. 37); Lodola ("alondra"), un pájaro que vuela alto, frente a la mirla (merla), de vuelo bajo y breve (cf. MARIO CHIESA, "Il Parnaso e la Zucca: la letteratura secondo il Folengo", Atti Convegno 1991, p. 54).
10 Citamos por el texto y la paginación de la reproducción facsímil de la editio princeps de 1517, concretamente del ejemplar 177. F. 44 de la Biblioteca Comunale de Mantua, impresa, al cuidado de la Azienda Servizi Municipalizzati de Brescia, en septiembre de 1991 por la Litografica Bagnolese de Brescia dentro del cuadro de las celebraciones nacionales con motivo del quinto centenario del nacimiento de Teófilo Folengo (1491-1991). Hemos adaptado la puntuación cuando nos ha parecido necesario, y hemos resuelto las frecuentes abreviaturas.
11 Como señala Bonora, el carácter de charlatán de Lodola llega a la imprudencia de comparar el exordio de la Eneida con el del Baldus (cf. P y i, v.: "O peritissimum, o eloquentissimum poetam, ecce quod principium assumpsit, et si comparandum est principio uirgiliano, ait enim Virgilius: Arma uirumque cano, Troiae qui primus ab oris / Italiam fato profugus Lauinaque uenit / Littora, multum ille terris iactatus et alto. Ecce quam magnificentiam noster Merlinus in principio ostentat: Fantasia mihi quaedam fantastica uenit, / Historiam Baldi grossis cantare Camaenis, / Altiuagam cuius famam nomenque gaiardum / Terra tremit baratrumque metu se cagat adossum), "pero en todo esto -continúa el crítico- no se lee tanto una imitación de estos textos ilustres cuanto la intención de acaparárselos para llevar la poesía macarrónica a dignidad aún no pensada. Antes que la parodia literaria, en Folengo se pone la exigencia de una asimilación de textos del clasicismo, para adaptarlos de la manera más convincente al gusto macarrónico" (cf. o.c., p. 16).
12 Cf. P y ii, r.: "Exierunt autem nonnulli pedagogi idioti, qui iam questionem mouerunt ipsum Cocaium non fuisse mantuanum; o grandis dificultas hoc scire!, cum ipse poeta testetur in sextadecima macaronice sic dicens: Nomine Cocaius dicor de sanguine Mantos, unde datur intellegi non tantum ipsum fuisse mantoanum, uerum etiam de genologia mulieris Mantos, quae maga dicitur aedificasse urbem suo nomine dictam Mantoam; sed ad maiorem probationem potest deprehendi in diuersis locis: quantum bene mores et costummos eiusdem ciuitatis depingit, et maxime in primis septem libris. Hos tamen in fronte uoluminis huius uersus anotatos tunc reperi, quos scribendos esse iudicauimus: ipse de seipso loquens ait: Si queris qui sim patria mantous, et annis / sub quibus imperii uixi, sub rege Gaioffo, / Cuius in arbitrio macaronica regna stetere. / Si nomen, Cocaius ego Merlinus apellor. / Cocaius nomen, titulus Merlinus, in agro / Dum mater pregnans Cocaium forte botazzi / Quaereret ammissum peperit me, nomen et istud / Sortior; utque scias Merlini significatum, / Quotidie ad cunas tulerat mihi merla bocatam, / Nam mea se in uino genitrix, me infante, negauit; / Cocaius uocor hinc, Merlinuor [sic] nominor illinc".
13 Con esta afirmación de origen, según Bonora, "Merlín Cocayo quería distinguirse precisamente de Tifi y de los otros [prefolenguianos], que habían sido por excelencia escritores de una tradición ciudadana, de envenenadas burlas y sátiras, afín a la de la que había nacido tanta novelística popular y literaria del siglo. La ambición del joven Folengo era otra: non tanto rivalizar con los clásicos cuanto valerse de su lección para aquilatar el lenguaje macarrónico sobre modelos literarios más complejos, precisamente los de la más refinada tradición clásica y humanística" (cf. o.c., p. 16). Posteriormente, el prof. Bernardi ha señalado en Folengo una voluntad precisa de asumir en una sustancial Vita Merlini ciertos rasgos estructurales y funcionales del episodio homólogo de la Vita Vergilii donaciana (cf. G. BERNARDI PERINI, “Vita di Merlino e vite virgiliane”, Quaderni folenghiani I (1995/96), 43-54 (esp. pp. 43-44).
14 Bruno Nardi señala su origen en el mantuanismo cocài, "tapón de la botella" (cf. Saggi sulla cultura veneta del quattro e cinquecento, a cura di Paolo Mazzantini, Antenore, Padova 1971, p. 121). Llama la atención G. Bernardi (cf. id., o.c., pp. 44-45) sobre el hecho de que la secuencia anagráficamente correcta es Cocaius Merlinus (cf. versos citados supra en n. 35).

15 Giovanni Parenti señala que Folengo utilizó en la fábula etiológica de Merlín, que identifica al poeta con el célebre mago y profeta de la leyenda artúrica, el episodio de Elías alimentado por los cuervos: "corvi quoque deferebant ei panem et carnes mane, similiter panem et carnes vesperi" (3 Reg., 17, 6). "La mirla es, por eso, un alotropo, seleccionado por su relevancia etimológica (y no sin sobreimpresión de las negras fúlicas [folaghe] del escudo familiar), del cuervo, el pájaro dotado de presciencia, y que era interpretado por la exégesis medieval, en la historia de Elías, como símbolo de la iluminación divina" (cf. "'Phantasia plus quam Phantastica' e l'ispirazione del 'Baldus'" en F. GAVAZZENI - G. GORNI, Le tradizioni del testo. Studi di letteratura italiana offerti a Domenico de Robertis, Ricciardi, Milano - Napoli, 1993, p. 167). Parenti hace referencia a la narración de la infancia de Merlín retomada, -y quizás reinterpretada por el propio Folengo- en el libro XXII de las redd. C y V, en las que desaparecen las referencias jocosas a las aficiones etílicas de la madre del poeta y su muerte, y, queda, por tanto, sin explicar el sentido del nombre Cocaius (cf. infra n. 105), que se dice tomado del del primer preceptor en el arte macarrónica del joven poeta. Sobre las fuentes de esta nueva versión cf. G. BERNARDI, o.c., pp. 50-53, para quien, finalmente, “la 'virgilianidad' de la fantástica biografía de Merlín acaba por sustanciar y legitimar su creación poética precisamente como universo alternativo y paralelo al de Virgilio” (p. 54).

viernes, 5 de octubre de 2012

EL VULGAR TOSCANO EN EL MACARRONEO



Menos estudiado incluso que el elemento dialectal ha sido el vulgar toscano localizable en el macarroneo. Difícilmente calibrable para quienes reducen el híbrido macarrónico a un problema de oposición estilístico-ideológica entre latín y dialecto, es prácticamente dejado pasar in silentio, reducido a un elemento menor de contrapunto paródico.

Sabido es que Pietro Bembo propuso en sus Prose della volgar lingua de 1525 el toscano literario de Petrarca (para la poesía) y Boccaccio (para la prosa) como solución, vencedora a la postre, a la ‘cuestión de la lengua vulgar’. El hecho de que el veneciano Bembo fuera al mismo tiempo el campeón reconocido del humanismo ciceroniano no debe parecer contradictorio, dice Luca Curti, ya que estamos en ambos casos ante la defensa de lenguas ‘muertas’: Petrarca y Boccaccio constituían modelos lingüísticamente homogéneos (frente al plurilingüísmo de Dante, que queda excluído del canon bembesco), pero, sobre todo, “prescritos, acabados, inmodificables”1. Esta normalización lingüística realizada sobre textos escritos tenía graves e inmediatas consecuencias: la propia lengua florentina (la viva, presente y futura) volvía a ser un dialecto, al igual que, y con mayor razón, todas las demás hablas italianas, independientemente del peso que tuvieran o hubiesen tenido.

Aparentemente, pues, el macarroneo (un latinus grossus relleno de vulgarismos y dialectalismos) se colocaba en una perspectiva diametralmente opuesta a la de Bembo, tanto en cuanto latinista ‘ciceroniano’ como en cuanto normativista ‘vulgar’. Mario Pozzi ha expresado claramente la idea del macarroneo folenguiano como fenómeno de resistencia a la normalización toscana: Folengo, reivindicador de todos los lenguajes en la Apologetica de la red. Toscolanense, consigue, gracias a la extrema ductilidad de su instrumento lingüístico, crear una auténtica “literatura latina moderna”2. Pero estos planteamientos difícilmente pueden dar cuenta de la producción vulgar de Folengo, y de hechos como el afán del grassus poeta por ingresar en la Accademia degli Intronati de Siena, donde buscaba, como dice Gianfranco Folena3, reconocimiento a su experiencia literaria toscana. Observa Curti por otra parte que la suerte del macarróneo quedaba ligada al resultado de la pugna entre latín y vulgar por la primacía como lengua de uso culto. La victoria final del vulgar literario privó de vitalidad a la literatura macarrónica y aisló a Folengo en su propia grandeza. Y es esta elección por un vulgar ‘alto’, ‘muerto’ y normalizado un indicio bastante claro de que la operación macarrónica no se realizaba contra la línea representada por Bembo: “Indiferentes (al menos en cuanto macarrónicos) a la cuestión de la lengua vulgar, nuestros autores se encontraban, aunque en posición excéntrica, sobre la línea latina de Bembo: línea derrotada, pero coherente con la que impuso, a su vez, a todos, desde el s. XVI en adelante, la imitación de la lengua trecentista de Petrarca y Boccaccio”4.

Bruno Migliorini ha rastreado palabras del toscano literario en las macarróneas folenguianas, algunas de ellas delatadas por fenómenos fonéticos extraños a los dialectos septentrionales o por glosas explicativas5. Más recientemente, Silvia Isella Brusamolino ha insistido en la necesidad de prestar más atención al componente vulgar de impronta literaria toscana, y a su función en los niveles fonéticos y gráficos del macarróneo6. Massimo Zaggia ha llamado, asimismo, la atención sobre la importante presencia de un componente lingüístico toscano al menos al nivel de las redd. C y V. Las palabras de admiración que emplea Folengo hacia la lengua toscana y su literatura7 obligan, según Zaggia, a replantearse la posición de Folengo hacia la línea toscanizante propuesta por Bembo en 1525 y pronto vencedora: "una posición que no parece sin más ni más polémica o alternativa, sino simplemente autónoma, como la de quien se siente sustancialmente fuera de ese cauce lingüístico y literario (el vínculo, en todo caso, es mayor con la producción en latín). La posición de Folengo parece más bien la de un irreductible individualista que se arroga el derecho de representar en solitario una lengua autónoma, formada por una sabia mezcla de latín y vulgar, este último acogido en diferentes variedades, y principalmente en la más acreditada literariamente"8.







1 Cf. L. CURTI, o.c., p. 143
2 Cf. M. POZZI, o.c., p. 214
3 Cf. G. FOLENA, “Il linguaggio del ‘Caos’”, Atti Convegno 1977, p. 240
4 Cf. L. CURTI, o.c., p. 167
5 Cf. B. MIGLIORINI, o.c., pp. 93-94
6 Cf. S. ISELLA BRUSAMOLINO, “Superficie grafica e strati linguistici nel Baldus del Folengo: un esempio”, Atti Convegno 1991, pp. 195-203
7 Zaggia reproduce una carta de Folengo situada al final de la red. C firmada con el pseudónimo de Nicolò Costanti, llamado -con apodo típico de académico literario- 'el Avinagrado (lo Scorrucciato)', y que reaparece retocada en la red. V atribuida a "Vigaso Cocaio", donde se expresa en este sentido. Transcribimos el fragmento en cuestión: "Era pur cosa sconvenevole ch'una opera così bella, così vaga, così piacevole, come è questa, si perdesse, e forse era maggior danno che se anticamente si fusse perduto Vergilio, o ne' nostri tempi Dante e 'l Petrarca; perché non altro d'haver perduto Vergilio ne seguiva che la perdita d'un buon poeta in una lingua, la quale rimaneva in molti altri, che ben la parlavano, e meglio vi scrivevano; così dico di questi scrittori de la lingua thosca, la quale non è però altro ch'una lingua sola, e da altri belli ingegni, come ogni dì si vede, con loro scritture adornata. Ma perdersi questo (o Dio, che danno incredibile!), si perdeva un bellissimo e ingegnosissimo autore di molte lingue insieme, perché in questa è tessuta la latina, intarsiata la toscana, messa a fregi quella de'macharoni; e che più, che la francese, la spagnola, la todesca e infino a quella de' furfanti vi può fare un fioretto e havervi il loco suo" (cf. M. ZAGGIA, "Breve percorso attraverso le quattro redazioni delle macaronee folenghiane", Atti Convegno 1991, p. 98).
8 Cf. M. ZAGGIA, o.c., p. 99.