CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298
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sábado, 5 de octubre de 2019

LAS MACARRONEAS DE LEPANTO




F. Gherardi y G. Coli, "Historia de la batalla de Lepanto"



1. Las justas poéticas de Salamanca en conmemoración de la victoria de Lepanto y el nacimiento del príncipe Fernando.

1. 1. Carácter y motivo.

En la biblioteca de la Real Academia de la Historia se conserva un ms. signado *E-65=9-27-3, copia de otro, el ms. D-206, que no se puede consultar por su mal estado1. Éste ms. contiene la miscelánea poética de Fr. Tomás Pinelo, del Orden Seráfico de San Francisco, oriundo de Portugal e hijo del Doctor Pinelo, profesor de Cánones en Salamanca2. En ella Pinelo describe unas justas celebradas en 1571 en Salamanca por la victoria de Lepanto y el nacimiento del príncipe Fernando.

Como señala José López de Toro en su obra Los poetas de Lepanto: “en el año 1571, tenían lugar dos acontecimientos de importancia excepcional para el pueblo español, la victoria de Lepanto3, lograda gracias al valor de don Juan de Austria el día 7 de octubre, y el nacimiento, en 4 de diciembre, del Príncipe don Fernando, hijo de Felipe II y de doña Juana de Austria, hija del Emperador Maximiliano. La Universidad de Salamanca, por medio de su Rector, don Diego de Castilla, quiso que nadie se le adelantase a festejar estas efemérides, y a toda prisa convocó un certamen literario, del cual nos ha dejado relación completa en su manuscrito Fr. Tomás Pinelo. Afortunadamente para nosotros, no sólo incluye en él las composiciones premiadas, sino que detalla minuciosamente las condiciones de los trabajos, la calidad y el número de los premios, la fecha de entrega de las composiciones, el lugar en donde habían de ser depositadas, y los componentes del jurado calificador”4.

Para López de Toro, el mérito principal de la Universidad salmanticense estuvo en que “hizo una aportación única en su género en la poética de Lepanto, como fueron las dos composiciones en estilo macarrónico –una de M. Martínez y otra de Juan Scribano (sic)- que se presentaron al último tema de la convocatoria”.

Dicho tema advertía que si “algún macarrón” quería “cantar con gruesas Camenas” la victoria del de Austria obtendría como premio la Disparatorum tabula de mille figuris5:

Et Macharon si fors grossis cantare Camoenis6 concupit Austriaci palmam, sibi praemia poscet Disparatorum tabulam de mille figuris.

El inmediato cierre de la convocatoria señalaba que todas las composiciones –latinas, españolas y macarrónicas- debían ser enviadas por duplicado, con el nombre del autor y sin él, a la casa de don Diego del Castillo la víspera de Santa Lucía, cuya festividad se celebra el 13 de diciembre7.

Además del rector actuarían como jueces nada menos que Fr. Luis de León y el M. Salinas8:

Carmina scripta binis exemplaribus altero auctoris nomine indicato, sine nomine altero, ad D. D. Diegui domum pridie D. Luciae mittantur.
Adjunxit sibi judices D. Diego doctiss. Magistros F. Ludovicum Leonem et M. Salinas.

2. Las macarroneas lepantinas.

Observa atinadamente F. Márquez Villanueva que “la afortunada conservación del códice de este certamen es testimonio firme de la reconocida popularidad de la poesía macarrónica en los medios universitarios, admitida a codearse oficialmente con el latín y el romance en esta clase de lides”9. A casi cuarenta años vista de la epístola del Dr. Sánchez, las macarroneas lepantinas son un precioso testimonio de la madurez alcanzada en el cultivo de tal tipo de composiciones, aparte de serlo de su popularidad. Nos ofrecen, además, la oportunidad excepcional de confrontar dos composiciones prácticamente isócronas y homotemáticas, no en la época de primeros tanteos de la macarronea española, como ocurría con Bald. y Spur., sino en una fase que podríamos clasificar de 'clasicismo' macarrónico. La comparación de ambos poemas permitirá comprobar la homologación de ciertos recursos del macarroneo literario que se volverán normativos, salvo excepciones, en la siguiente centuria.


______________________________________
1 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, Los poetas de Lepanto, Madrid 1950, p. 176 y J.F.ALCINA, Repertorio..., p. 112.
2 Cf. ib., pp. 176-177.
3 La importancia histórica de la victoria obtenida por la armada de la Liga Santa formada por España, Venecia, Génova y los Estados Pontificios a las órdenes de Juan de Austria sobre la escuadra otomana radica, más que en sus consecuencias militares inmediatas, en la confianza devuelta a los cristianos, y en el hecho de poner fin al mito de la imbatibilidad del imperio turco, que se había expandido por Occidente de modo casi imparable desde mediados del siglo anterior.
4 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., p. 178. Todos estos detalles son reproducidos y parafraseados en pp. 178-179.
5 López de Toro apunta la posibilidad de que esta obra fuera los disparates de Juan del Encina (cf. o.c., p. 179 n. 116).
6 Cf. ib., p. 180. La expresión “grossis cantare Camoenis” es un calco textual de la propositio del Baldus (cf. FOL. Baldus T I 1-2: “Phantasia mihi quaedam phantastica venit, / Historiam Baldi grossis cantare Camoenis”). Síntoma revelador e invitación, al mismo tiempo, a la emulación folenguiana.
7 Observa López de Toro que, dado que el príncipe don Fernando nació el 4 de diciembre, los aspirantes contaban con un “plazo perentorio de ocho días” (o.c., p. 179). Juan F. Alcina da erróneamente como fecha de celebración de la Justa el año 1574 (o.c. p. 72 y 112).
8 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., p. 179. F. Márquez Villanueva identifica este M. Salinas con el maestro Francisco Salinas (cf. Teofilo..., p. 275).

9 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., p. 275

sábado, 29 de agosto de 2015

LA TRADICIÓN TEXTUAL DE LA PRIMERA MACARRONEA ESPAÑOLA




1. Manuscritos.


1. El manuscrito 3662 de la B.N.

Ya se ha hablado en parte de este manuscrito al tratar del tema de la autoría. Adolfo Bonilla y San Martín lo describió en 1904: “Entre los manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva uno signado Mss-3.662 (antes M-170), que contiene interesantes documentos. Es un tomo en folio, de hermosa letra del siglo XVIII, y se titula Copia de varios versos para la Real Bibliotheca. Mide 312 x 212 milímetros, y consta de 50 hojas. Los originales deben parar en Toledo”1.

El f. 2 recoge una advertencia preliminar a la Callioperria, que ocupa los ff. 3-15v. El poema macarrónico Bald. se presenta en los ff. 18-20, con un número de 93 versos. El ms. contiene además una serie de composiciones latinas de Juan de Verzosa, Juan Páez de Castro y Álvar Gómez de Castro.

El texto de Bald. presenta el conocido uso de ‘v’ al principio de palabra, tanto en posición vocálica como consonántica, y en el uso de ‘u’, en interior de palabra, tanto en posición vocálica como consonántica, características del siglo XVI.

La subscripción “Pr. Cerro” colocada al pie del folio primero hace deducir a José López de Toro que el autor de esta “bella copia” fue Justo del Cerro, a quien Cotarelo describe como “calígrafo escribiente de ejecutorías, títulos de grandeza, hidalguía y certificaciones, de quien dice Palomares en su Arte nueva (1776), pág. 109, que ‘siendo ya hombre que toca en la edad quincuagenaria, se ha aplicado tan de veras al estudio de todo género de caracteres, con tan continuas vigilias, que puede esperar el público alguna obra que ilustre el nobilísimo arte de escribir’”2. Los buenos oficios del copista quedan en evidencia si se compara la copia de la Callioperria del ms. 3662 con la previa del ms. 18668-53, que permite identificar a aquélla como de la misma familia que ésta.

Sobre el título de la copia de Bald. figura, como ya se ha comentado, la siguiente anotación: “Poema Latino Macarronico sacado de copia del originl. de Juan de Vergara”. Pero una serie de lecturas corruptas desautoriza a prestar crédito a la posibilidad de que estemos ante el apógrafo de una copia directa y fiel del original. Piénsese, por ejemplo, en Coraius por Cocaius (v.3), que es, como sabemos, parte del pseudónimo (Merlinus Cocaius) con que Folengo publica las redd. P y T de sus macarroneas. No resulta verosímil pensar en un error de Vergara, así como tampoco resulta lógico que se equivocara en la transcripción de macarronismos folenguianos que manejaba sin duda de primera mano (cf. v.15.: specauit por spiccauit; v.30: papellas por padellas; v.55: eborante por sborante; v.89: scanbientos por scambiettos, sgarrafet por agraffaset). Otras lecturas son simplemente absurdas si se las concibe salidas de la pluma del autor (cf. v. 28: set testam por sed tetam; v. 32: cabellis por labellis; v.33: in incontris por in nostris; v.61: hecho stili por hec hostili; v.73: junctum por junctam; v.87: fallit por sallit).

Ejemplos como los anteriores, así como las variantes de las otras dos fuentes localizadas, nos llevan a suponer que el antígrafo de que parte el copista Justo del Cerro no es ciertamente el arquetipo del que derivaría toda la tradición textual, sino un ramal de uno de los tres hipotéticos subarquetipos que configuran el stemma codicum del texto.

1. 2. La fuente manuscrita de la edición de Paz y Meliá (1902).

A pesar del criterio precientífico de Paz y Melia de no hacer ninguna descripción de su fuente manuscrita, puede afirmarse que se basa en un apógrafo procedente de un subarquetipo distinto al de M2, a pesar del alto grado de coincidencia que presenta con éste frente al manuscrito 8625. Esta hipótesis se sustenta en los siguientes hechos:

  1. El editor presenta el poema macarrónico como anónimo, lo que no sería posible si hubiera conocido la clara atribución de autoría de M2.
  2. Paz presenta algunas lecturas propias (cf.aparato crítico: e, fbis, 3, 10, 13, 15, 20, 22, 30, 31, 33, 37, 38, 40, 42, 65, 72, 73, 75, 78, 80, 90). De ellas parecen preferibles a las del resto de fuentes sólo cuatro (cf. f.: CIRCVNSPECTO; v. 3: ipse; v.37: fortasse, v.73: junctam), que tienen un claro carácter de emendatio (piénsese que la primera y segunda coinciden con una corrección de López de Toro sobre M2 desconociendo la edición de Paz, y que la última de ellas coincide con una corrección de Juan Gil, desconocedor, igualmente, de la edición de Paz y Melia). Del resto algunas pueden explicarse como corrección ope ingenii de un amanuense o del editor moderno –aunque éste no diga nada al respecto, al igual que López de Toro en ocasiones- (cf. e, 10, 15, 22, 31, 33, 40, 42, 65, 72, 75, 78, 80, 90), y el resto como posible corrupción de la transmisión manuscrita o como errata de imprenta. Se deduce, en todo caso, que el editor moderno maneja un único manuscrito, pues cuando conoce otros recoge sus variantes como en el caso de su edición de la Pepinada de Francisco Sánchez Barbero.
  3. Paz presenta algunas lecturas coincidentes con las del manuscrito 8625 en contra de M2 (cf. ap.cr.: 27, 28, 32, 50, 54, 82). La hipótesis de que ambas fuentes hayan coincidido independientemente en una labor de emendatio podría ser razonable en todos los casos, menos para el de michi (v. 54) frente al mihi de M2.
  4. Paz presenta una glosa marginal a la voz latinum del v. 93 que no existe ni en M2 ni en el ms. 8625, y que es de una mano distinta a la del autor del poema.

1. 3. El manuscrito 8625 de la Biblioteca Nacional.

El poema macarrónico Bald. aparece también recogido en la Miscelánea de Álvar Gómez B.N. 8625 ff. 35-37, del siglo XVI. La portada del ms., que denominaremos a partir de ahora M1, presenta la siguiente anotación: “Gomecij Miscelanea tomo 4 tiene 141 folios”. M1 ha sido descrito por I. Pepe y Antonio Alvar. El poema macarrónico presenta un título distinto y reducido respecto a M2 y Paz: “Incerti authoris Macarronea. Ad dň Baldũ Zingar suus Capellanus”, y un número mayor de versos, 121. M1 omite los vv. 29, 44, 72, y 83 de M2 y Paz, e interpola 32 vv. tras el explicit de M2 y Paz.

El texto presenta una adhesión total al uso ramista en el caso de ‘u’ vocálica e inicial de palabra, y sólo parcial en caso de ‘i’. La grafía ‘j’ es escrupulosamente respetada en los macarronismos.

Es conocida la historia de M1 gracias a diversos estudios. El humanista Álvar Gómez de Castro, contemporáneo y amigo de Juan de Vergara, aunque más joven, dice en su testamento lo siguiente sobre sus misceláneas: “otros libros de mano diversos y mocedades mías, por quanto son cosas sin emendar y de poca importancia, si yo no lo hubiere hecho, quiero que se rompan o se quemen [...] y asimismo otros tres o quatro de cartas mensageras”. En 1928 San Román afirma que parte o casi todos estos manuscritos son, indudablemente, los cuatro de la Biblioteca Nacional: Obras misceláneas, cartas, oraciones, poesías..., signs. 7.896-7 y 8.624-5, y los seis de la del Escorial Adnotationes varii argumenti, o adversaria, signs. K.III.26-31. G. De Andrés ha establecida con claridad el camino recorrido por las misceláneas de la B.N., que pasaron sucesivamente por las manos de Diego de Castilla, y Juan de Castilla, de quien las adquirió el Conde-duque de Olivares, por cuyo pariente el marqués de Heliche llegaron a El Escorial, y de ahí a la B.N. La profesora italiana I. Pepe describe con detalle y ratifica el carácter de autógrafos de estos cuatro manuscritos, ya señalado por Simón Díaz en 1972. Con esto concuerda Alvar Esquerra, y ofrece una amplia relación del contenidos de todas ellas3.

El texto de M1 presenta un importante número de lecturas propias frente a M2 y Paz ( cf. ap.cr.: título, 1bis, 2, 3ter, 4bis, 5, 6, 12, 13, 15, 18, 19, 21bis, 22, 23, 25, 27, 28, 30, 32, 34, 35, 36ter, 37bis, 3, 40bis, 41ter, 42, 43, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 55, 57, 58, 61bis, 62, 63bis, 65, 66, 67, 68bis, 69, 71, 73, 74, 76, 78, 79, 80bis, 81bis, 82bis, 84bis, 89bis, 90, 91, 92, 93). Sólo en tres casos resulta preferible la lectura de M1 al del resto de fuentes (cf. v.21: agenis; v.40: quoniam; v.61: hec hostili), y en los dos últimos casos coincide con correcciones de Juan Gil –que no conocía M1- propuestas al texto de M2 editado por López de Toro. Este hecho presenta claramente estas lecturas propias correctas de M1 como emendationes, probable característica asimismo del resto de lecturas propias, que delatan, en la inmensa mayoría de casos, su carácter arbitrario.

Es posible que M1 haya sufrido un proceso de contaminatio. Hace pensar esto la anotación marginal al despedaçauit del v.15, donde se lee: alias spadagauit. Tal hecho demuestra la existencia de otros manuscritos, y la posibilidad de que algún copista haya tenido más de una copia a la vista, posiblemente de la misma familia, en algún momento de la cadena de transmisión textual, lo que podría dar razón en algún modo de las peculiaridades de M1.

2. Ediciones de Bald.

5. 2. 1. La edición de Paz y Meliá (1902).

Paz y Meliá publica Bald. en la segunda serie de sus Sales Españolas ó Agudezas del Ingenio Nacional, Madrid 1902, pp. 391-394. Esta segunda serie estaba constituida por dieciséis composiciones escritas entre los siglos XVI a XVIII. Al final del tomo incluía tres poemas macarrónicos, Bald., un poema dedicado a una visita del Almirante de Castilla a Cádiz (s. XVIII [cf. cap. VIII]), y la Pepinada de Sánchez Barbero (s.XIX [cf. cap. X]). De todos indica en su “Advertencia” p. XVI la fuente en que basa su edición menos en el caso de Bald. La única escueta noticia que da de su fuente se encuentra en la portada de su edición al poema, al que titula “Poesía Macarrónica dirigida à Baldo”. Bajo tal título puede leerse: “(Siglo XVI. –Bibl. Nac. –Mss.)”. Ignoramos si Paz fijó la época del ms. de la B.N. que maneja por datos deducidos del mismo, o del contenido del poema. En todo caso, se muestra muy seguro cuando ofrece la datación de los otros poemas macarrónicos que publica. Si realmente el manuscrito en que basa su edición es del siglo XVI no se trata de M2 ni, mucho menos, de M1. No deja de ser lamentable, aparte de llamativo, el hecho de que ninguna de las fuentes que utiliza para la edición de los poemas macarrónicos estén localizables en la actualidad en la B.N.

La edición de Paz no presenta numeración de versos ni aparatos de fuentes ni crítico, aunque puede sospecharse de la intervención del editor. Existe una única anotación al texto ya mencionada (cf. v.93 latinum: “Al margen: Así está en el original; parece dijo antes latino, y después enmendó el autor latinum.”). Coincide con particularidades gráficas de M2, aunque regulariza la ‘v’ en posición consonántica, y la suprime en posición vocálica, de acuerdo con el uso ramista. Aparecen resueltas todas las abreviaturas y ‘e’ caudadas que existen en M2. Se registran algunos cortes en el continuum de versos que no se dan ni en M2 ni en M1.

La obra de Paz conoce una segunda edición de Ramón Paz en la BAE, t. 176, Madrid 1964. Bald. viene reproducido en la p. 351. Es una edición descripta de la de Paz, que sólo difiere de ésta en añadir una errata (cf. ap.cr. v. 78).

2. 2. La edición de López de Toro (1961).

Sobre M2 realiza su edición López de Toro (pp. 407-410), quien por otra parte no da muestras de conocer ni M1 ni la edición de Paz y Meliá de 1902. López de Toro afirma realizar una “transcripción íntegra con las aclaraciones que hemos estimado necesarias en las notas correspondientes”, aunque en ocasiones realiza correcciones sobre el texto de M2 sin advertir de ello (cf. ap.cr. v. 3, 6, 28, 33, 37, 40, 66), y desliza algunos errores propios (cf. apr.cr. v. 16, 17, 26, 47, 51). La mayoría de sus correcciones son de sentido común, pero otras no resultan aceptables (cf. apr. cr. v. 6, 33, 40, 89)4.
López de Toro conserva los usos gráficos de M2, aunque resuelve casi sistemáticamente sus abreviaturas y ‘e’ caudadas.

Partiendo de esta edición realiza Juan Gil algunas correcciones en “Interpretaciones latinas”, Habis, 15, 1984, pp. 194-197 (cf. apr. cr. v. 30, 32, 34, 40, 50, 61, 72, 73, 87). Juan Gil resuelve con brillantez algunos de los puntos oscuros de la transmisión textual, coincidiendo independientemente, como se ha señalado, con algunas lecturas de M1.

También en 1984, Antonio Torres-Alcalá publica el poema en su monografía sobre la macarronea ibérica, pp.169-172. El editor advierte en nota que transcribe “el texto de Paz y Meliá, editado en Sales españolas (Madrid, 1870), 351 (sic), contrastado con el de López de Toro. Sólo apunto las diferencias más importantes entre ambos textos”. Torres-Alcalá reproduce la reedición de la BAE, adoptando, sin criterio aparente, algunas lecturas de la ed. de López (cf. v. 15: specauit; v. 28: tetam; v. 30: qui vix) y rechazando otras. Ciertamente, el editor no “apunta” nada sobre su particular contaminatio, ni sobre las restantes lecturas divergentes de López respecto a Paz. Torres-Alcalá se limita a comentar algunas diferencias respecto a los criterios de puntuación adoptados por López y Paz.

3. Conclusiones de la collatio de las fuentes manuscritas e impresas.

Contamos con tres fuentes manuscritas: M1 (siglo XVI), el ms. en que Paz basa su edición (¿siglo XVI?), y M2 (s.XVIII). Existe gran semejanza entre la tradición de M2 y Paz, frente a M1, fuertemente alterado e interpolado, y sospechoso de contaminatio con al menos otro ms., probablemente de su misma familia. La mayor parte de las variantes propias de M1 frente a M2 y Paz son rechazables, pero, por otra parte, cuando M1 coincide con M2 contra Paz siempre es preferible a éste (cf. apr. cr. vv. 10, 13, 20, 22, 30, 31, 33, 38, 42, 75, 90). Por otro lado, las coincidencias de M1 con Paz, ya señaladas arriba en 5. 1. 2. c resultan muy sospechosas de corrección ope ingenii, aceptable en general (cf. apr. cr. vv. 27, 32, 50, 82), en la que las dos fuentes pueden haber confluido independientemente. Caso éste que es patente en el v. 32: labellis, lectura que restituye Juan Gil contra el cabellis de M2, sin conocer ni M1 ni Paz.

Estos cuatro hechos nos hacen contar con un ms. antiguo, M1, aunque muy alterado respecto al arquetipo, con otro de relativa antigüedad y más fiel al arquetipo, el manejado por Paz, aunque sospechoso de haber sido variamente corregido por sus copistas y/o su editor moderno, y un tercer ms. más reciente, M2, pero que parece menos alterado por la transmisión textual que sus congéneres –no se olvide además que es el único que nos transmite la autoría del poema-. A pesar de sus corruptelas evidentes (cf. 1. 1), la tradición que encarna M2 resultar más fiel al arquetipo en todos los aspectos, positivos y negativos, pues estas mismas lecturas corruptas resultan más fáciles de identificar aquí para el editor en su labor de emendatio que en los otros mss. Ciertamente, la comunidad de errores en las tres fuentes (cf. apr. cr.: vv. 33, 87) debe remitir al arquetipo.

Ha sido necesario recurrir a la emendatio en una serie de ocasiones en Bald. (cf. vv. 6, 33, 34, 56, 72, 89) y en Spur. (cf. vv. 22, 29), emendatio que ha debido basarse en la collatio con la red. T de las macarroneas folenguianas a la hora de restituir la forma correcta de los macarronismos folenguianos empleados en Bald (cf. vv. 15, 30, 55, 89) y en Spur. (cf. vv. 4, 18).

Tras la preceptiva eliminatio codicum descriptorum podemos reconstruir el siguiente stemma de Bald.:



                                       ω



α                                      β                                      γ


¿--------------M1               Paz                                     (s. XVI)


                                                                            M2 (s. XVIII).







1 Cf. A. BONILLA, "Un manuscrito de la Biblioteca Nacional Matritense con versos de Juan de Vergara", Anales de la literatura española (1900-1904), Madrid 1904, p. 172. Citaremos el ms. como M2.
2 Cf. COTARELO, "Diccionario biográfico y bibliográfico de calígrafos españoles", Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Madrid 1913, v. I, p. 216 nº. 228.
3 Cf. Mª. C. VAQUERO SERRANO, El maestro Álvar Gómez: biografía y prosa inédita, Toledo 1993, pp. 47-48.

4 En su obra Los poetas de Lepanto, Madrid 1950 reproducía algunos fragmentos de Bald. (pp. 194-195), introduciendo algunas caprichosas variantes (cf. a: Caxconvivacium; v. 7: latinam por latinus; v. 12: Barrigo por barrizo; v. 28: annis por anquis (es el único caso en que señala anquis como lectura del ms.).

sábado, 7 de febrero de 2015

ELUCIDACIÓN DE LA AUTORÍA Y DATACIÓN DE LA MACARRONEA DE JUAN DE VERGARA





En el ms. 3662 de la B.N., f. 18, copiado en el siglo XVIII, se lee sobre el título del poema una anotación que reza: “Poema Latino Macarronico sacado de copia del origin.l de Juan de Vergara”. Este es el argumento de orden externo que permite atribuir la epístola macarrónica al humanista toledano, aparte del hecho secundario de que vaya colocada por el copista tras la Callioperria (ff. 3-15), que presenta como explicit otra anotación del mismo tenor y de la misma mano: “Sacose esta Copia por otra hecha por el origin.l que es todo de mano de Juan de Vergara”. Curiosamente, esta anotación no aparece en el otro manuscrito en que fue copiada la Callioperria, el ms. 18668-53 (s. XVII), que sin duda pertenece a la misma familia.

El primero en basar la autoría de Vergara en estas anotaciones es Adolfo Bonilla y San Martín, primero en “Clarorum Hispaniensium Epistolae ineditae”, Rev. Hisp., VIII, Paris 1901, pp. 187-188, y luego en “Un manuscrito de la Biblioteca Nacional Matritense con versos de Juan de Vergara”, Anales de la literatura española (años 1900-1904), Madrid 1904, pp. 172-174. Su fijación es aceptada sucesivamente por Eugenio Mele1, José López de Toro2, Juan Gil3, Antonio Torres-Alcalá4 y Juan Francisco Alcina5. No obstante, el primer editor de la epístola macarrónica, Antonio Paz y Melia, Sales Españolas ó Agudezas del Ingenio Nacional, (segunda serie), Madrid, 1902, pp. 391-394, hace el siguiente comentario: “La primera [composición del género llamado macarrónico]se escribió después de las Comunidades, probablemente por algún flamenco de la Casa del Emperador, á juzgar por el altanero desdén con que pinta á los desgarrapizados capitanes y soldados españoles”. Torres-Alcalá, que es el único que da muestras de conocer esta edición, considera esta afirmación como un error de Paz6. Pero ante este hecho sólo cabe exponer dos explicaciones: o bien Paz despreció sin más la anotación que indicaba la autoría de Vergara, lo que resulta harto difícil de entender, o bien su atribución de autoría y otras divergencias textuales respecto al ms. 3662 tienen su razón de ser en que Paz realiza su edición sobre una copia anónima distinta a la de dicho ms., que procede así de un arquetipo independiente.

Ciertamente de un arquetipo distinto procede la versión recogida en la miscelánea de Alvar Gómez, B.N. 8625, f. 35-37. La primera noticia sobre esta versión, anterior en el tiempo a la del ms. 3662, se debe a Antonio Alvar Esquerra7. Su título añade un nuevo elemento de confusión en la fijación de la autoría del poema: “Incerti authoris macarronea / Ad Dominum Baldum Zingar suus capellanus”. Pero el mismo carácter del texto, plagado de emendationes arbitrarias respecto al del ms. 3662 y cerrado por un añadido de 32 versos claramente espúreos, puede colocarlo al final de una cadena de circulación (y “evolución”) manuscrita, donde algunos eslabones han alterado libremente el texto y perdido conciencia de su origen. La reducción del título respecto al del ms. 3662 es un síntoma evidente de esta transformación despreocupada de un poema que parece haber circulado con cierta amplitud en su forma manuscrita. El hecho de que figure en una miscelánea de Alvar Gómez de Castro, gran amigo de Juan de Vergara8, no es argumento decisivo en contra, ya que este ms., según Antonio Alvar: “no parece, en su mayor parte, escrito por Alvar Gómez; la letra es muy clara y muy limpia con poquísimas correcciones”9.

Sea como fuere, debe señalarse que el único argumento objetivo que existe para atribuir la Callioperria y el Bald. a Juan de Vergara son las anotaciones del ms. 3662, ya que hemos constatado para la Callioperria la existencia de un ms. de la misma familia carente de la anotación, y para Bald. la existencia de dos arquetipos que no dan atribución de autor. No son estos, empero, argumentos de peso para rechazar la autoría de Juan de Vergara, dada la calidad del ms. 3662, y lo aventurado que sería atribuir al copista la invención caprichosa -e injustificada- de tal autoría.


El primero en adelantar una datación cronológica más o menos concreta de Bald. fue López de Toro: “La cronología, en su punto de arranque, no puede ser anterior a 1517 porque en el poema se nos habla de la sangre que corrió en Castilla a causa del levantamiento de los Comuneros. Si se tienen en cuenta las angustias que, como un cerco de hierro, rodearon a Vergara, durante su proceso y después de él, no hay posibilidad moral de admitir le quedaran arrestos para entretenimientos de esta naturaleza. Hay, por tanto, que suponer fuera compuesto el poema entre los años 1517 y aproximadamente 1532, que es precisamente el período de mayor agitación contra las rapiñas de los extranjeros residentes en España y los desmanes de los españoles extranjerizados que pretendían recoger pesca abundante en aquel río revuelto de la nación”10.

Juan Gil reduce considerablemente la cronología de López de Toro: “[...] queda fuera de toda duda, no obstante, que la composición nació al calor de la derrota de las Comunidades, y no en ese vago plazo (1517-1532) que proponía el primer editor, por no haber advertido que Vergara apostrofa a la Junta en v. 91-92:

Sed si non illam perdisses, Juncta, batallam,
O quot señores pro seruis, Juncta, teneres!

Este amargo desahogo sólo se comprende a raíz de la guerra civil [...]”11.

Por la mismas fechas, Antonio Torres-Alcalá ofrece una interpretación harto diferente. Afirma que en el período anterior a su tragedia Vergara, intelectual, serio y erudito, protegidos por los poderosos, no deja traslucir en sus escritos “el amargo estado de ánimo en que este poema fue compuesto”12. Por tanto, “lo último que de él se podía esperar es la amarga sátira de este poema, o la parodia de una lengua (el latín humanista) de la que él era el más genuino cultivador en España”13. Se aparta así de la propuesta cronológica de López de Toro dando un giro sorprendente:

“En primer lugar, no creo, como López de Toro, que sea respuesta a una supuesta carta (in responsione cujusdam epigrammatis nuper ad se missi a predicto circunspecto domino), porque el remitente de tal carta, que es, naturalmente, el mismo al que va dirigido el poema, es “Dominus Baldus”, también conocido como “Zingar” en las islas de “California” y expertísimo en el “arte de la Macarronea”, es decir, una convención paródica al estilo de el Baldus de Folengo, cuyo compañero en dicha obra es Zingar y en unas islas que son también paródicas, es decir, la California del Amadís. No existe, por lo tanto, tal carta, y hay que fijarse bien en este título, porque es, a mi juicio, lo único de intencionalidad estrictamente paródica que hay en el poema. El resto es más sátira que parodia. Tal carta a Vergara es, por lo tanto, un recurso literario (como más tarde sería “Cide Hamete” para Cervantes) para desahogar su espíritu amargado y desilusionado con los viciosos embates de la Inquisición, en cuyas cárceles (1533-1535) fue escrita. Y, así, una vez más, difiero con la opinión de López de Toro, según el cual:

Si se tiene en cuenta las angustias que, como cerco de hierro, rodearon a Vergara durante su proceso y después de él, no hay posibilidad moral de admitir le quedaran arrestos para entretenimientos de esa naturaleza.

Precisamente por tales premisas es por lo que me inclino a pensar que este poema fue escrito en la prisión o como consecuencia de ella, pero no antes. Sería plausible la opinión de este crítico si Vergara hubiera escrito dicho poema como entretenimiento o diversión, más que como desahogo de un alma torturada por la injusticia. Nada, sin embargo, hay en el poema que indique lo primero, porque todo él rebosa de una visión amarga de la vida del imperio. Hay, además, un factor en todo esto que es necesario ponderar y que constituye la clave del poema. La lóbrega visión de intriga política, miseria social e hipocresía que el poema presenta, puede muy bien ser el resultado de la condición de converso de Vergara, que sale a relucir durante su juicio, cuya sentencia contra él de que “hereticó y apostató”, a pesar de estar en nombre e posesion de christiano, adquiría matiz especial [...]”14.

La negación que hace Torres-Alcalá del carácter epistolar del poema resulta injustificada y está basada en una mala lectura de la dedicatoria. El crítico confunde destinatario y remitente en una sola persona. Evidentemente, “dominus Baldus” no puede ser “Zingar” al mismo tiempo, como una mínima observación gramatical de texto deja ver. “Zingar” (nom.) es el remitente de la epístola dirigida “al señor Baldo” (ad Dominum Baldum). “Dominus Baldus” no es conocido como “Zingar” en las islas de “California” sino Baldo. He aquí una traducción más correcta: “Al señor Baldo Caxconinacio / “maestro del arte macarrónica” / nombrado en las islas californias / Zingar, su capellán y picapedrero, / en respuesta de cierto epigrama / recién recibido de dicho circunspecto señor”. El título corresponde, pues, al menos desde el punto de vista formal, a una respuesta epistolar. Por otra parte, Torres-Alcalá afirma que el título responde a una convención paródica, aunque no explica qué es lo que se pretende parodiar.

Su afirmación de que el poema fue escrito durante su prisión o después de ella, choca con el carácter de actualidad que asumen los sucesos relacionados con las Comunidades que se refieren en el poema. Prueba de ello, aparte de la invocación a la Junta que menciona Juan Gil, es el constante empleo del pte. de indicativo –no ciertamente histórico- en el poema ¿Por qué además remitirse con tanta precisión a hechos ya tan alejados de las angustias carcelarias de Vergara? Según Torres-Alcalá es la condición de converso del autor lo que determina su visión negativa de la situación social y política. Es esta interpretación “progresista” la que lleva al crítico a construirse una imagen simplificadora del humanista “intelectual, serio y erudito”, del que lo último que se podía esperar era una parodia del latín humanista en forma de composición macarrónica. Aparte del hecho de que sea muy discutible el hecho de que el macarroneo sea una tal parodia, como se ha visto, tal imagen de humanista está en flagrante contradicción con la personalidad del mayor cultivador de la macarronea, el monje benedictino Teófilo Folengo, refinado humanista autor, como sabemos, de obras latinas y vulgares.

Si se acepta la atribución tradicional del poema a Juan de Vergara, se puede establecer con Márquez Villanueva y Juan Gil un término post quem en febrero de 1522, coincidente con el aplastamiento definitivo de la revuelta de las Comunidades. Más problemático resulta el problema del término ante quem.

Sabemos que Vergara estuvo fuera de España entre 1520 y 1522, precisamente el período de efervescencia de las Comunidades. Sabemos también que, apenas desembarcado en la Península con la Corte el 16 de julio de 1522, había venido a buscar en Alcalá un poco de descanso. Allí los complutenses le sondearon sobre la posibilidad de ocupar alguna de las cátedras dejadas vacantes por la muerte de Nebrija (2 de julio de 1522), tras fracasar las negociaciones para traer de Salamanca al Comendador Griego y a Hernando Alonso de Herrera15. Esto ocurrió a partir de la segunda quincena de julio, como se deduce de A. H. N., Universidad de Alcalá, lib. 3 f, fol. 112 rº, 14 de julio de 1522: poder al rector y consiliarios para asignar salario al Comendador Hernán Núñez y al Maestro Hernando de Herrera. En el verso del mismo folio se precisa que estos dos maestros residen en Salamanca y que se trata de hacerlos regresar a Alcalá16. Vergara no aceptó; sugirió, en cambio, para la cátedra de retórica el nombre de Luis Vives, encargándose él de transmitirle las ofertas de la Universidad. Estas gestiones las realiza ya Vergara en la Corte, en Valladolid, en septiembre de 1522, como se plasma en A. Bonilla, Clarorum..., pp. 73-74 (carta de Vergara a Vives, Valladolid, 6 de septiembre de 1522) y pp. 86-87 (mensaje de la Universidad a Vives)17. Vergara regresa a Alcalá durante el otoño de 1523, y puede pasar el invierno en estudioso retiro. El nuevo Arzobispo de Toledo, Don Alonso de Fonseca (31 de diciembre de 1523), reclama al humanista Vergara como secretario. Éste se resiste, pero una carta del rey lo llama a Burgos donde reside la Corte desde la primavera. Vergara parte para Burgos el 10 de marzo de 1524, y allí queda cogido18.

Es lógico pensar que, dado el carácter de contemporaneidad y actualidad con que se presentan los hechos expuestos en el poema (las reivindicaciones de méritos supuestos ante Carlos V por parte de ciertos grandes personajes en la sofocación de la revuelta de los comuneros), éste fuera compuesto en la fecha más cercana posible al fin del conflicto (3 de febrero de 1522), y sobre todo de la fecha del desembarco de la Corte de Carlos V en España (16 de julio de 1522), ya que a partir de este momento las demandas ante el rey debieron arreciar.

La actuación favorable de la mayor parte de la nobleza al partido real en el levantamiento comunero no fue desinteresada, como señala Joseph Pérez. Los Grandes no entraron en la lucha para defender el poder real, sino para salvar sus dominios, y tener una nueva oportunidad de enriquecerse. El rey, consciente del peligro de una posible alianza entre los Grandes y la Junta, movidos aquéllos por sus deseos de garantizar la integridad de sus dominios, “garantizó a la alta nobleza, indecisa a tomar partido por las posibles represalias de los rebeldes, la reparación de todos los gastos y quebrantos sufridos en sus propiedades, promesa que seguía siendo válida en caso de que se produjera un acuerdo entre la corona y los comuneros. Esta actitud sirvió para afirmar los lazos entre los nobles y el rey. Contribuyeron con el dinero necesario y aportaron soldados y armas para formar un ejército que finalmente se puso en marcha el 5 de diciembre [de 1520], después de haber retrasado el momento durante el mayor tiempo posible”19.Efectivamente, El Perdón otorgado por el Rey el 1 de noviembre de 1522 reservaba los derechos de la corona y de los particulares a obtener reparación e indemnización de los daños sufridos durante la revolución20. Hubo cientos de procesos de este tipo, lo cual significaba cantidades enormes21. Fueron, pues, proféticas las palabras de la Comunidad de Valladolid en carta al cardenal Adriano el 30 de enero de 1521: “[...] Verán vuestras señorías al presente por experiencia que los Grandes que ahora ajuntan gente en este disimulado servicio le contarán (sic) tanta suma de dineros que casi no basta a pagarlo con el resto de su reino, y verán que los pueblos, sirviendo lealmente, procurando acrecentamiento de su estado y corona real, se contentarán con que sus majestades conocerán que no quisieron sus propios intereses sino sólo el servicio común de su reino y rey”22.

Resulta, entonces, plausible situar la composición del poema entre el otoño-invierno de 1523 o en los dos primeros meses de 1524, antes de que agobiaran a Vergara sus múltiples ocupaciones como secretario del Primado, en una etapa de ociosidad que coincide con la plena actualidad de los sucesos aludidos en el poema. Existe otro argumento complementario de índole textual que puede reforzar esta tesis. En la composición de Vergara aparece, con relativa frecuencia, una serie de préstamos lingüísticos de las macarroneas folenguianas, que está practicamente ausente de las posteriores composiciones del género en España. Casi todos estos calcos textuales se encuentran, lo que resulta más sorprendente, en coincidencia de sede métrica con el original. Además, ciertos calcos con coincidencia de sede métrica aparecen una sola vez en las macarroneas folenguianas. Todo esto evidencia en Vergara un conocimiento directo de la obra de Folengo e inmediatamente anterior, sino simultáneo, a la composición del poema. Tales calcos podían proceder de la primera redacción de las macarróneas folenguianas, la llamada redacción Paganini (red. P), cuya editio princeps data de 1517, o bien de la segunda, la red. Toscolanense (red. T), cuya editio princeps está fechada el 5 de enero de 1521. Una serie de argumentos que ilustraremos en nuestro estudio del macarroneo y glosario nos demuestra que la redacción empleada por Vergara fue la T. Así, podemos afirmar que Vergara deja prácticamente la lectura de su tomo folenguiano para escribir su poema, o bien lo tiene delante para rebuscar en él los macarronismos que le han parecido más expresivos en su reciente lectura.





Ilustración: supuesto retrato de Juan de Vergara, vía internet.




1 Cf. E. MELE, “Lope de Vega, Merlin Cocaio e Luciano”, GSLI, CXII, 1938, p.325 n.3
2 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., p. 403. Casi diez años antes, el mismo López de Toro en su obra Los poetas de Lepanto, Madrid 1950 malentendía las notas de autoría de la Callioperria (a la que consideraba además poema macarrónico escrito bajo el nombre, real o ficticio, de Tricio Nugerio), y por extensión la de Bald (que da como anónimo), afirmando que el ms. 3662 era “copia de otro, escrito todo de mano de nuestro humanista Juan de Vergara, conforme a la advertencia del copista moderno” (p. 193), y que, por tanto, “la escritura de mano de Juan de Vergara no permite una atribución a este autor sin exponerse a cualquier paso en falso” (p. 195).
3 Cf. J. GIL, “Interpretaciones latinas”, Habis, 15, 1984, p. 194
4 Cf. A. TORRES-ALCALÁ, Verbi Gratia: los escritores macarrónicos en España, J. Porrúa Turanzas, Madrid 1984, p. 90
5 Cf. J. F. ALCINA, o.c., p. 133
6 Cf. A. TORRES-ALCALÁ, o.c., p. 113 n.100.
7 Cf. A. ALVAR, Acercamiento a la poesía de Alvar Gómez de Castro, I, Madrid, 1980, p. 351.
8 Cf. A. ALVAR, o.c., pp. 57-59
9 Cf. ib., p. 348
10 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., pp. 405-406. Corrige así su infundada afirmación de 1950 de que Bald. era contemporáneo de las macarroneas lepantinas de 1571 (cf. o.c., p. 194).
11 Cf. J. GIL, o.c., p. 195. Márquez Villanueva coincidía en considerarlo poco posterior a 1521 por la alusión a la batalla de Villalar (cf. o.c., p. 272).
12 Cf. A. TORRES-ALCALÁ, o.c., p. 90
13 Cf. ib., p. 91
14 Cf. A. TORRES-ALCALÁ, o.c., pp. 91-92
15 Cf. M. BATAILLON, o.c., p. 158
16 Cf. ib., p. 158 n.13
17 Cf. ib., p. 158 n. 14
18 Cf. ib., p. 160
19 Cf. J. PÉREZ, Los comuneros, Historia 16, Madrid 1989, p. 123
20 Cf. ib., p. 90
21 Cf. ib., p. 91

22 Cf. ib., p. 124

sábado, 24 de enero de 2015

CONTENIDO Y ESTRUCTURA DE LA MACARRONEA DE JUAN DE VERGARA




Como se deduce del título del ms. 3662 de la Biblioteca Nacional de Madrid, el poema constituye una epístola escrita en 93 hexámetros como respuesta a un presunto epigrama perdido firmado, también presuntamente, bajo la personalidad de Baldo, el célebre héroe folenguiano, y dirigido al propio autor (cf. Bald. e-f: “in responsione cuiusdam epigrammatis / nuper ad se missi a praedicto circunspecto domino”), quien escribe a su vez bajo el pseudónimo de Cíngar, el inseparable y pícaro compañero del Baldo macarrónico.

El autor responde a ciertas cuestiones planteadas por su corresponsal (cf. Bald. 1: “Altissimas dubdas dudum tua Musa tocauit”; ib. 8-9: “In demandis enim non te praestantior alter! / Attamen in cosis istis, quas, Balde, preguntas”) sobre la, en su opinión, confusa situación de la Corte (cf. Bald. 18-19: “Quod confusa tibi parescit curia Regis, / Diuersaeque artis diuersaque cuncta uidentur:”) tras el episodio revolucionario de las Comunidades de Castilla (julio de 1520-febrero de 1522).

El corresponsal debía expresar en su epigrama una sorpresa maliciosa e irónica ante el afán de recompensas que origina este suceso en el bando vencedor, especialmente entre los próceres del reino (cf. Bald. 20: “Pensiones unus, miraris forte, procurat; id. 24-25: “Miraris contentum nullum nullumque pagatum, / Maxime magnates regni grandesque señores”); todo lo cual parecía, aparentemente, escandalizarle (cf. Bald. 26: “Haec diuersa tuam disturbant ualde cabeçam”).

El autor, por su parte, no se engaña, al menos desde su punto de vista, sobre la personalidad y verdadera catadura de su corresponsal. Expresa por éste un evidente desprecio, que se manifiesta en diversas partes del poema. Ya en la misma dedicatoria hace referencia a la pericia macarrónica de su corresponsal, que se ve reconocida en las imaginarias islas Californias (Bald. a-c: “Ad Dominum Baldum Caxconinacium / Macarronicae artis peritissimum / in insulis Caliphornis cognominatum”); este tono se detecta también en la aplicación irónica del tópico del sobrepujamiento con que abre su epístola (cf. Bald. 2-3: “Totque tibi, Balde, dictarunt carmina Musae, / Quo cedent uates, cedet Cocaius et ipse”), y en los epítetos que le dedica, asimilándolo a un bebé balbuciente tras el resumen que hace del contenido de su epigrama (cf. Bald. 27-29: “O mamarron, mamarron! lac tibi becibus inest, / Non Musam sed tetam sapis, et paruulus infans / Parlas ut hermanus qui uix mamare reliquit”). De estos últimos versos puede deducirse el retrato de una persona joven, que el autor pinta como osada, y torpemente intrigante. Dicho personaje no debía estar exento de cierto poder e influencia, si puede disponer de agentes que satisfagan su malsana curiosidad sobre los medros ilícitos en la Corte (cf. Bald. 8-9: “Attamen in cosis istis, quas, Balde, preguntas, / Soluere uix poterunt tibi modo negotiantes”). El hecho de que adopte soberbiamente el sobrenombre del héroe Baldo -el apodo 'Caxconinacio' nos resulta ininteligible- también es una orientación en este sentido. Bald. d: “Zingar suus capellanus et picapedrerus”, recoge una expresión, “capellán y picapedrero”, que, según López de Toro, constituía “una jocosa fórmula de despedida, antiguamente usada entre gente eclesiástica –y de un modo especial entre seminaristas-”1, y que podría presentarnos al corresponsal como miembro del clero inferior en categoría al autor, lo que daría razón de la familiaridad irreverente con que lo trata. Todo queda, sin embargo, en el terreno de la mera hipótesis.

El corresponsal interroga al autor por ser buen conocedor del ambiente cortesano, y sin duda sabe de su ingenio agudo y su lengua suelta y acerada, como el propio autor reconoce (cf. Bald. 33: “Quanuis in nostris [labellis] Diablazus saepe parescit”). La “curiosidad” del correspondiente puede tener la intención oculta de comprometerle ante los “magnates regni grandesque señores”, lo que parece provocar la impaciencia del autor (cf. Bald. 13-14: “Enodabo nodos, quanuis cortare fuisset / Satius...”), que es consciente de este hecho (cf. Bald. 35-37: “Quod dicam hunc mamolum, nil dicas, deprecor, ipse, / Nanque mea multis creparent brachia pallis, / Et fortasse nostras faceret saltare budellas”). Rebate, empero, cualquier posible insinuación de aprovechamiento por su parte de la victoria imperial sobre las Comunidades, y considera justificado denunciar y poner freno a ciertas inmoralidades (cf. Bald. 39-41: “Omnia quae cernis merito iureque passamus, / Hispanis quoniam fas est dare frena superbis; / Nanque sumus lochi, phanpharrones atque maligni.”). Acto seguido, describe alusivamente la ambición inmerecida y ambigüedad de ciertos próceres de modo sin duda reconocible para su corresponsal.

Podemos establecer, pues, la siguente estructura de referencia para el poema:

I.Apelación al destinatario y motivo de la epístola (vv. 1-16).
I.1. Alabanza irónica del mérito literario del destinatario y de su habilidad en hacer preguntas mediante el empleo del tópico del sobrepujamiento (vv. 1-8)
I.2. Dificultades del corresponsal para obtener respuestas (vv. 9-10).
I. 3. Propósito del autor de responder a las preguntas del destinatario (vv. 11-14)
I.4. Digresión histórica sobre el nudo gordiano y el emblema de Isabel la Católica (vv. 14-16).

II. Planteamiento de las cuestiones del destinatario sobre la situación en la Corte tras la guerra de las Comunidades (vv. 17-37).
II. 1. Propósito de volver al tema de la epístola (v. 17).
II. 2. El estado de la corte según el destinatario (vv. 17-26).
II. 3. Invectivas del autor contra la bisoñez de su corresponsal (vv.27-32).
II. 4. Advertencias del autor al destinatario sobre lo comprometido de la situación en que lo coloca (vv. 33-37).

III. Respuesta del autor (vv. 38-93).
III. 1. Propósito de responder con verdad (v.38)
III. 2. Autoexcusa y apreciación negativa del carácter hispano (vv.39-41)
III. 3. Descripción de tipos humanos (vv. 42-93).
III. 3. 1. Delatores y calumniadores (vv. 42-47)
III. 3. 2. Mentirosos e intrigantes (vv. 48-93).
III. 3. 2. 1. Militares que alegan falsos méritos de guerra (vv.48-70).
III. 3. 2. 2. Prócer de dudosa filiación realista que pide dinero (vv. 71-77).
III. 3. 2. 3. Prócer que aduce sus gastos y méritos de guerra (vv. 78-79)
III. 3. 2. 4. Prócer intrigante dispuesto a servir a cualquier bando (vv. 80-93).





Ilustración: Calcograbado de la ejecución de los comuneros de Castilla Padilla, Bravo y Maldonado







1 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, "El primer poema macarrónico en España", Studia Philologica. Homenaje ofrecido a Dámaso Alonso, II, Madrid 1961, p. 407 n.12