CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 31 de marzo de 2012

LA CRÍTICA DE ETTORE PARATORE AL MODELO PAOLIANO (I)



La crítica lingüística más concreta a la aproximación de Paoli a una gramática del macarroneo fue realizada en 1977 por Ettore Paratore1. La visión paoliana del macarroneo folenguiano, dice Paratore, es la de un lenguaje asumido ya en inmutables formas categoriales. Paoli piensa que se expresa en formas clásicamente irreprensibles, de tono augústeo todo aquello que es dejado íntegramente al discurso latino, y fija incluso un uso constante de todos los términos macarrónicos, que se presentan así como modelo de un lenguaje fijo, definitivamente estabilizado como un idioma de uso corriente2.

Paratore quiere demostrar la inconsistencia de la teoría de un macarroneo inmutable en Folengo que atribuye a Paoli3. Para él, la mayor carencia del estudioso florentino está constituida por la falta de investigaciones e hipótesis sobre la formación del tan proteiforme lenguaje folenguiano. El inexistente análisis de los componentes dialectales del macarroneo impide la enunciación de cualquier principio seguro4.

Afirma que Paoli se ve desorientado por formas verbales en las que el uso latino se altera (reduat) o se acopla alegremente a la conjugación vulgar (sofriremus, faritis, uscirat); y el hecho de que se limite a definir como anómalas o erróneas formas de declinación como Iuppiteris, centas, quattribus, frigidibus, grossibus o formas de conjugación como sat por scit, fare por facere, y saritis por eritis evidencia que Paoli no se da cuenta que el “descabellado espíritu subvertidor” de Folengo no se detiene ni ante las formas latinas consagradas cuando el tono de la escena lo exige5. Así, Paoli, tras haber constatado que Folengo habitualmente evita el artículo, se ve obligado a registrar que comparece siempre en las formas modeladas en bloque sobre el vulgar: un aium, un altrum, un minimum.6

Critica también el concepto formal de “macarronismo ilógico”: formas como adossum y afattum no representarían más que la consagración de la forma adverbial vulgar; en troppus y praestus sólo se da la usual atribución de la desinencia latina a palabras o expresiones vulgares, mientras que en fin donec, pur tamen o cum tecum hay una juguetona yuxtaposición de forma latina a italiana (latinizada en un caso con cum), que expresa el mismo concepto7.







1 Cf. E. PARATORE, “Il maccheroneo folenghiano”, Atti Convegno 1977, pp. 37-61.
2 Paratore da una expresión acabada al reproche fundamental que se le ha hecho a Paoli. Para ello se apoya en las afirmaciones de Bruno Migliorini sobre la diversidad de los lenguajes macarrónicos, variables de autor a autor, incluso en el propio Folengo, donde la “gamma non è fissa, cristallizzata, ma sempre mobile, trovata lí per lí secondo le circostanze, con una elasticità di associazioni mentali che permette a Merlino di essere ora umanista, ora cantambanco” (B. MIGLIORINI, o.c., pp. 75, 88 cit. por E. BONORA, o.c., p. 39). Este logro de Paratore es reconocido por el maestro Bonora (cf. “Stato attuale degli studi folenghiani”, Atti Convegno 1980, pp. 13-14, 25). Éste observa en Paoli un excesivo rigor filológico al buscar “una norma en la lengua folenguiana que es difícil establecer” (p. 15); rigor que probablemente “deriva dalla sua incorreggibile natura di fiorentino, di studioso nativo della città dalla quale ci sono venute le regole grammaticali e la più severa disciplina linguistica” (p. 25).
3 Será sorprendente comprobar como el ilustre latinista Paratore critica a menudo a Paoli por cosas que éste no ha dicho, o con las que está completamente de acuerdo. Así, esta idea de un macarroneo “inmutable” está en franca contradicción con la descripción que hace Paoli del proceso evolutivo del macarroneo folenguiano a través de las cuatro redacciones de las Maccheronee en el sentido de un progresivo enmacarronamiento motivado por la búsqueda de una fusión cada vez más orgánica de los elementos que lo componen (Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 92-94, 220-234)
4 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 39-40. El escaso estudio del elemento vulgar en el macarróneo es una de las lacras de la crítica italiana, como se señala el propio Paratore. Parece, por otra parte, impropio tanto hablar de desinterés por determinar el origen del macarroneo como afirmar la imposibilidad de la enunciación de “cualquier principio seguro”, pues se ignora de tal suerte el carácter fundamentalmente sincrónico del estudio de Paoli, que le lleva a centrarse en la red. V para la descripción de lo que él entiende como norma lingüística y métrica del macarroneo folenguiano, mientras que en sus indagaciones diacrónicas abarca las cuatro redacciones. Paoli había elegido deliberadamente como objeto predominante de estudio el componente latino del macarroneo, y parece lógico pensar que una obra científica se juzgue por el éxito que consiga alcanzar en la consecución de los objetivos que se propone, no por los desiderata ajenos. De todas formas, un hecho constatable como el progresivo aumento del léxico macarrónico en detrimento del latino en la obra macarrónica de Folengo no se ve afectado por el hecho de que se llegue a determinar fehacientemente el origen de todos estos términos vulgares.
5 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 40. Paratore presenta como “desorientación” el hecho de que Paoli exponga ejemplos de los macarronismos clasificados por él como morfológicos, es decir, palabras latinas erradas que reproducen en tono de burla los dislates del latinus grossus (cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 146, 149, 151). La dramática incompatibilidad entre la interpretación del macarróneo en Paoli y en críticos como Momigliano, Bonora, y el propio Pararatore, que interpretan estos errores voluntarios como índice de una parodia del latín clásico y/o humanista, genera tensiones dialécticas de este tipo.
6 Paratore afirma (p. 40) que Paoli “se ve obligado” a reconocer algo que está sin embargo en su propia concepción del macarróneo, es decir, el que Folengo adapte su lenguaje al tono de la narración poética, subiéndolo o bajándolo gracias al hábil manejo de los elementos heterogéneos que conforman su macarróneo (cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 36, 168 y esp. p. 78, donde se afirma que Folengo emplea el artículo cuando desea bajar el nivel de su macarróneo, según lo requiera la situación) .
7 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 40


Imagen: El insigne latinista Ettore Paratore (1907-2000)

sábado, 24 de marzo de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (IX Y FIN): DIFERENCIAS ENTRE EL MACARRONEO FOLENGUIANO Y EL DE SUS PREDECESORES




Tras analizar el léxico macarrónico, Paoli cree poder establecer las características generales del macarroneo folenguiano en relación con el lenguaje de sus predecesores1:


La nota dominante del folenguiano es dada por la coexistencia de dos principios que, considerados en sí, son excluyentes: dar dignidad de lenguaje orgánico al macarroneo, manteniendo siempre exteriormente, más o menos, la pátina latina, y, por el contrario, evitar, en la medida de lo posible, los elementos que representan la latinidad regular. Sólo con una hábil atemperación de los dos criterios Folengo ha podido transformar en fusión lo que en los prefolenguianos era solamente yuxtaposición.
Contribuyen a dar constante colorido clásico al macarroneo folenguiano: 1) la observancia de la regularidad prosódica (v. Appendice II, p. 174ss); 2) el frecuente uso de neologismos latinos (v. p. 139) o macarrónicos (v. p. 143); 3) el cuidado en evitar los versos bilingües (v. p. 35), y en general las palabras que son de vulgar inalterado, sea siquiera recurriendo a artificios demasiado simples, como el usar faloium por “falò” y ancoram por “ancora” (v. p. 161ss); 4) el uso limitado del artículo (v. p. 158).
El poeta evita, por otra parte, el predominio del léxico latino sobre el macarrónico, excluyendo, al menos que el tono lo exija, versos o sucesiones de palabras de latín regular. De hecho, mientras que en los prefolenguianos predominan numéricamente las palabras de latín regular ( a las que da generalmente carácter macarrónico la prosodia errónea), en Folengo prevalecen las palabras léxicamente macarrónicas, no pudiendo ser elemento de macarronismo el error prosódico, que Folengo, como he dicho ya, y como he ampliamente documentado en el Appendice II, no admite.
Cuán consciente es la aplicación de los dos criterios excluyentes, es algo que se deduce del cotejo de las cuatro redacciones del Baldus (v. Appendice III, p. 220ss), donde son corregidos errores de prosodia pasados por alto en las redacciones precedentes, y se procede a su vez, con un afán constante, a la sustitución de palabras de latín regular por palabras léxicamente macarrónicas.
El lenguaje macarrónico de Folengo, como técnica, invierte así los criterios del prefolenguiano. Con los criterios adoptados Folengo ha hecho del macarroneo un lenguaje admirablemente orgánico, que se presta, con el hábil juego de elementos de naturaleza diversa, que coexisten sin elidirse, a elevar y a bajar el tono de la narración poética según lo requiera el argumento y el lenguaje lo consienta, y a dar a este lenguaje extravagante y compuesto la impronta de la excepcional personalidad del poeta.


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1 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 167-168.

sábado, 17 de marzo de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (VIII): PECULIARIDADES DEL LÉXICO FOLENGUIANO





Por otra parte, en la interferencia1 plurilingüe que supone el macarroneo, el proceso de transferencia de elementos lingüísticos de unos sistemas a otros se ve comprometido por ciertos elementos vulgares que carecen de correspondiente formal en el latín. Paoli los clasifica del modo siguiente:

1) Empleo del artículo en los prefolenguianos y Folengo.2 Tal uso representa una directa intromisión del vulgar en el macarróneo. Debe distinguirse, no obstante, el artículo determinado ‘il’, ‘lo’, ‘la’ del indeterminado ‘un’, ‘uno’, ‘una’ que tiene, si no por el sentido, sí por la forma, un precedente latino en unus ‘uno solo’.

Hay frecuentes ejemplos en los prefolenguianos de artículo determinado (TIFI, (con sustantivo indeclinado), 120: la terra; 134: la gola; (con sust. declinado) 375: la gulam; 437: la panzam), incluso precedido de preposición (BASSANO, I 3: a la porta).

En Folengo, por el contrario, sólo aparece excepcionalmente como una l protética (ital. ‘lo’, ‘l’’) dada como prefijo a palabras con vocal inicial (XVI 441: lescam ‘l’esca’), normalmente en expresiones calcadas del vulgar (XI 654: lunum et laltrum ‘l’uno e l’altro’: lat. utrumque). Corresponde, en la mayoría de los casos, a un designio de bajar el nivel del macarroneo cuando el argumento lo requiere.

Respecto al artículo indeterminado, ya los prefolenguianos habían notado que 'un', unus, resultaba menos extraño al latín si quedaba distanciado de su sustantivo (TIFI, 44: est unus in Padua notus speziale “c’é in Padova un noto speziale”). Folengo, como siempre, parte de la técnica de sus predecesores para perfeccionarla. Al traducir el artículo ‘uno’, evita el nominativo singular, e intenta darle a unus un realce formal que compense su superfluidad lógica, separándolo del sustantivo, y colocándolo regularmente en frontera de verso (I 291: mortaro sed pistat aquam Sinibaldus in uno “ma Sinibaldo pesta l’acqua in un mortaio”; II 25: unius ingrati nulla cagione vasalli “da un vassallo senza motivo ingrato”).

Incluso cuando unus precede inmediatamente al sustantivo, comenta Paoli que se llega siempre a descubrir la razón que asegura a ese artículo lo que llama su “diritto di cittadinanza nel latino” (I 173-174: in uno / gruppetto; II 404-405: unam / solam gratiolam).

Se observa un uso más libre del artículo cuando forma parte de una frase calcada del vulgar (IV 49: vitam non stimet un aium “non stimi un aglio la vita”; VII 357: alloquitur se stessum sicut un altrum “parla con se stesso come con un altro”).

2) latinización de palabras vulgares oxítonas.3 Nos encontramos aquí ante un grupo de palabras oxítonas que no pueden ser remitidas al tipo ciuitas, -atis, uirtus, -utis, de las que derivan los sustantivos oxítonos más comunes del vulgar, como ‘città’, ‘virtù’.

Así, si de ‘beltà’ se puede formar beltas, no es posible adaptar a un esquema de declinación latina sustantivos como ‘Salò’, ‘falò’, e incluso, si se da, el ‘be be’de los rebaños. Dejar tales palabras sin declinar iría contra el criterio general de Folengo de evitar los términos de puro vulgar renunciando incluso a una forma puramente superficial de latinización. El modo de resolver esta cuestión es bastante simple: se latiniza estas palabras con el sufijo –um o –ium (XIV 75: sunt ubi sex centum pegorae cridantque bebeum “vi sono seicento pecore e gridano ‘be be’”; V 83: nodavere lagum, tandem venere Saloium “passarono a nuoto il lago, e finalmente arrivano a Salò”; V 113: et fuit ad magnam campagnam grande faloium “e per la grande campagna fu un gran falò”.

3) ilogismos macarrónicos.4 La necesidad, según Paoli, de presentar como latinas palabras que no se prestaban a ser declinadas sugirió a Folengo el expediente de latinizar por medio de la desinencia –m o –um clases de palabras invariables, como adverbios y locuciones adverbiales (VI 13: acenam “a cena”; V 451: adossum “addosso”; XIV 259: assaium “assai”; VIII 16: maium “mai”; X 298: ladentrum “là dentro”; VI 515: tu tan trattum “tutt’a un tratto”)5.

Formaciones de este tipo, junto con los artículos determinados, son calificadas expresivamente por Paoli como un “folenghiano deteriore”. Para él, “questi illogici maccheronismi, più che voluti errori, sono monstruosità linguistiche, perchè non si limitano a dichiarar guerra alla normale morfologia grammaticale, ma sovvertono lo stesso spirito logico della grammatica, non rispettandone le categorie”6.








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1 Aunque Paoli emplea este término (cf. o.c., pp. 26-27: [...] Il latino maccheronico, nel suo senso più proprio, non è soltanto un linguaggio misto, ma contiene anche un certo numero di parole errate; inoltre non si limita a giustapporre elementi di natura linguistica diversa, ma li fonde. Nel latino maccheronico di qualsiasi tipo, latino e volgare interferiscono continuamente fra loro [...] mettendoci di fronte a una massa di parole nelle quali non si riesce sempre a stabilire dove una lingua finisca e dove cominci l’altra) su conceptualización se debe a Uriel Weinreich, quien en su libro Languages in contact (1953) estudiaba los problemas relacionados con el bilingüismo, y hablaba de interferencia para referirse a los fenómenos de desviación en las normas de cada lenguaje que presenta el habla de los bilingües. Los principios de Weinreich fueron utilizados posteriormente, como veremos, por otros estudiosos italianos como Paccagnella y Segre en su caracterización del macarroneo.
2 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 158-160
3 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 161-162
4 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 162-166
5 Paoli señala (p. 165) otro caso notable de “ilogismo macarrónico”, basado en la fusión de inconciliables expresiones de latín e italiano, en formaciones en las que a una palabra latina, que es la traducción regular de la correspondiente italiana, se antepone, como elemento integrante o como prefijo un elemento de la expresión italiana (Baldus V II 34: altandem [lat. tandem, ital. ‘alfine’]; ib. XVI 183: numquam maium [lat. numquam, ital. ‘non mai’]; VI 375: cum tecum [lat. tecum, ital. ‘con te’], etc.)
6 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 77. Paoli representa aquí algunos de los errores más típicos del logicismo gramatical, como el fundamental de considerar el lenguaje como un objeto de naturaleza lógica; mejor dicho, como producto del pensamiento lógico; así como el error de “colocar la “logicidad” (=semanticidad) en el “sistema”, en la lengua abstracta, por ej., atribuyendo determinados significados categoriales a determinadas “formas” y pretendiendo que a la misma forma corresponda siempre el mismo significado, o que el valor comprobado simplemente como el más frecuente sea el valor constante de la forma considerada. Es lo que ocurre cuando se pretende atribuir a una forma como blanco valor adjetivo, no en tales y cuales empleos, sino “en la lengua española”, o cuando se afirma que, si en un determinado empleo blanco es sustantivo, esto sería de algún modo “contrario a la lógica””(cf. E. COSERIU, “Logicismo y antilogicismo en la gramática”, o.c, pp. 238, 242). De este modo, Paoli incluye entre sus “macarronismos ilógicos” el frecuente uso folenguiano de sustantivar o adjetivar mediante desinencia latina grupos indeclinables de palabras, que en italiano o son sustantivados mediante el artículo, o son usados como adjetivos por su valor atributivo. Así, de expresiones como ‘l’Ite missa est’, ‘acqua da bere’ o ‘uomo da poco’, para las que Paoli se esfuerza en buscar una equivalencia latina conforme a la “lógica” gramatical, Folengo crea el sustantivo Itemisestum y los adjetivos de segunda y tercera declinación dapocus y dabever (p. 163).


sábado, 10 de marzo de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (VII): MACARRONISMO DE CALCO


  1. MACARRONISMO DE CALCO.1


Estos macarronismos, según Paoli, contribuyen no menos que los anteriores a dar variedad y fuerza expresiva al lenguaje macarrónico. Su rasgo esencial reside en su naturaleza de calcos: son expresiones que, aunque formadas de palabras de latín regular, representan una anomalía por estar forjadas sobre formas vulgares extrañas al latín.

Algunos de tales macarronismos, los más simples, tienen su raíz en el latín tardío o vulgar en formas que reflejan el habla del pueblo; otros, por el contrario, son calcados de expresiones populares muy alejadas del latín. Por ejemplo, si a longe, traducción literal de “da lungi”, está ya en el latín de la Vulgata, no podría buscarse en un léxico latino el correspondiente formal de pedes iacom iacom faciunt (XVII 129) “i piedi fanno giacomo-giacomo”2. En todo el macarróneo, señala Paoli, la parcela del léxico calcado es aquella donde la oscilación entre latín y vulgar presenta la máxima amplitud.

El acoplamiento de preposiciones con adverbios, del que existen ya testimonios en latín clásico y se vuelve usual en el tardío y particularmente en la Vulgata, por el doble influjo del habla popular y del griego (a longe, de foris, de retro, ex tunc, etc.), es muy frecuente en el macarroneo (TIFI, 649: a retro; FOLENGO, III 376: a longe; IV 136: ex inde; V 368: de retro); pero, una vez más, Folengo extiende esta libertad a expresiones más complejas y de tipo más característicamente vulgar, como en los adverbios sub et supra “sotto sopra” (I 258), perque hinc perque inde “e per di qua e per di là” (III 6), y así a construcciones sintácticas absolutamente extrañas al latín, como en el infinitivo regido por preposición (XII 174: res... ad credere dura “cosa difficile a credere”; XVIII 89: habeo... ad dicere “ho da dire”; XXII 165-166: nos... vocavit ad esse... soldatos “ci chiamò ad esser soldati”; II 180: exiguam propter fabricare fritaiam “per farsi una frittatina”).

Estas formas de macarroneo calcado, ya de por sí lejanas del latín clásico, apuntan a su vez el paso a traducciones literales, con aspecto más o menos latino, de modos de hablar o de expresiones proverbiales características y peculiares del vulgar italiano; por ejemplo, además del citado XVII 129: (pedes) iacom iacom faciunt, XIV 202: non cernit plus oltra sui quam culmina nasi “non vede più in là della punta del suo naso”; XXIV 242: mercadanti... fecerat aures “aveva fatto orecchi da mercadante”3, etc.

Abundando en estos macarronismos sintagmáticos o de calco, Paoli considera que la razón de que la poesía macarrónica haya alcanzado un desarrollo en Italia que no ha tenido en otros países reside en la influencia de los modos del habla vulgar que sustenta estos macarronismos. El vulgar es un directo descendiente del sermo plebeius latino, es un latín evolucionado; y por eso, el escritor macarrónico viene a reconstruir inconscientemente formas y modos de expresarse a través de los que el latín ha debido pasar necesariamente en el proceso que lleva al romance4.

A las macarroneas en lenguas no romances les falta, ciertamente, el continuo abastecimiento de posibilidades combinatorias que proporciona el sustrato vulgar, recreando el latín según los modos del habla vulgar y dialectal, y esto es, concluye Paoli, lo que le da vida y variedad al macarroneo italiano5.





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1 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 156-158.
2 Se trata de una expresión popular italiana todavía viva, empleada a propósito de las piernas cuando, por debilidad, parecen plegarse y crujir y hacer ‘Giacomo Giacomo’ (cf. T. FOLENGO, Baldus, ed. FACCIOLI, p.556 n.129)
3 Para más ejemplos de fraseología vulgar en lengua macarrónica cf. PAOLI, o.c., pp. 166-167.
4 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 50-52
5 Paoli trae a colación dos poemas macarrónicos, uno del polaco Jan Kochanowski, contemporáneo de Folengo (carmen macaronicum de eligendo uitae genere) y un poemita sobre pulgas (Floia) de un pseudónimo alemán, Griphaldus Knicknackius ex Flolandia. Paoli demuestra que pasa fácilmente estos textos macarrónicos a latín sustituyendo las palabras macarrónicas por sus equivalentes latinas (o.c. pp. 56-57). Sobre el último de los poemas citados cf. O. DELEPIERRE, o.c., pp. 181,185, 315-316 y G. SICHEL, “Aspetti maccheronici nella letteratura tedesca”, Atti Convegno 1977, p. 348.

sábado, 3 de marzo de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (VI): MACARRONISMO IRREGULAR



A.3) macarronismo irregular. Seguidamente, Paoli ilustra la existencia de un macarronismo, mixto de los dos anteriores, al que da el nombre de “irregular”. En ellos el error morfológico se presenta también en las palabras macarrónicas que se obtienen por un simple enmascaramiento de palabras vulgares. Tal sucede en algunos macarronismos en los que la desinencia adoptada no es conforme a la correspondencia normal entre declinación latina y terminación italiana. De modo análogo a como los monemas italianos “sermone” y “Tritone” derivan de sermo, –onis, Triton, -onis y “elegante” de elegans, -ntis, una simple latinización de “buffone” y de “galante” daría buffo (o buffon), -onis, galans, -ntis. Pero la anomalía gramatical aparece cuando encontramos, tanto en Folengo como en sus precursores, formas como buffonus y galantus. Estas palabras con doble marca macarrónica (palabras vulgares travestidas, desinencia latina irregular), alternando con otras cuya desinencia es regular, contribuyen a dar variedad al macarróneo. Ejemplos de declinación heteróclita en la misma palabra se encuentran en Tifi restringidos sólo al epónimo de su poema, que ora es de la tercera declinación (v. 638: macaronibus), ora, y con más frecuencia, de la segunda (vv. 387, 392, 455, 459: macaronos; v. 579: macaronorum); pero Folengo se sirve de ellos con mayor abundancia (VI 482: boschis; VI 142: boschibus; XVII 111: buffon; XXV 607: buffonus; XX 754: forzis; XX 155: forzibus)1.


En las palabras que acaban en –ns, -ntis, italiano “-nte”, Paoli enuncia una regla folenguiana, según la cual las formas de participio usadas en función verbal, siguen la tercera declinación (XXV 592: manum porgens “porgendo la mano”; II 164: sic parlans “così parlando”); si son adjetivos, o bien participios usados como atributo o predicativo la segunda (I 441: arte galanta “con bell’arte”; X 102: sufficientus ero “sarò bastante”; XI 285: aquae plena boientae “piena d’acqua bollente”); si son sustantivos, indistintamente una u otra (XX 470: fendentem “fendente”; XII 513: fendento). El sentido de tal “regla” es el de conciliar la máxima variación con la claridad de expresión, teniendo en cuenta que, por ejemplo, manum porgentus por manum porgens sería equívoco, mientras que no lo es aquae boientae.



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1 Bonora afirma que en la red. T estas formas se dan generalmente con palabras desconocidas al dialecto o para cuya formación no es necesario pensar en un equivalente dialectal: boschibus (Baldus T IV 226), en cuyo margen se lee que es usado “pro boschis causa sinopologiae”, tenorus (ib. III 138) que lleva al margen: “tenor et tenorus”, falconus (ib. XV 3), para el que se da no obstante la advertencia “falco et falconus” remiten a palabras que no son típicamente dialectales aunque no faltan en el dialecto (cf. o.c. p. 76). Este tipo de macarronismo está relacionado con uno de los medios más simples adoptados por Folengo para la creación de nuevas formas macarrónicas, la abolición de la desinencia, aparentemente sugerido por el dialecto (Baldus V XVI 591: nespol ‘nespolo’; ib. XI 569: gamber ‘gambero’; ib. XVII 111: buffon ‘buffone’), pero siempre aplicado de modo que se salve el mínimo de aparente latinidad que es conciliable con el carácter general del macarróneo. Así, la desinencia es omitida sólo en los casos en los que en el latín son posibles formas sin desinencia (nom. voc. sing. masc.; nom. voc. ac. sing. neutro) (cf. E. BONORA, o.c., p. 77 y U. E. PAOLI, o.c., pp. 160-161).

sábado, 25 de febrero de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (V): MACARRONISMO MORFOLÓGICO

A.2) macarronismo morfológico.1 En el uso de tales macarronismos, Folengo sigue muy de cerca la técnica de sus predecesores; la diferencia con ellos debe verse de un lado en el hecho de que tales formas, que dominan de un modo absoluto en los prefolenguianos, coexisten en Folengo con macarronismos de diversa índole; y por otro lado, en el hecho de que la impresión producida por el error morfológico se ve atenuada en un oído experimentado en la regularidad prosódica de las sílabas.

El procedimiento elegido, en general, es el mismo adoptado por los prefolenguianos. Consiste, de hecho, en el error gramatical voluntario:

a) en el uso erróneo del género (FOLENGO, IX 424: armas (=arma); I 24: cornae; XVII 118: cornos (=cornua); IV 118: pomos (=poma); XV 348: passu (ac. =passum); XII 338: pelagum (ac. =pelagus); TIFI, 683: saxos (=saxa))

Este uso erróneo del género se plasma también en la concordancia del sustantivo con el adjetivo (XX 225: altos pinos = altas pinos).

b) en el uso erróneo de las declinaciones (FOLENGO XXIII 130: Iuppiteris (=Iouis); XI 217: centas y centos (=centum); XX 623: totae (dat. =toti); XIII 252: quattribus (=quattuor); XII 292: grossibus (=grossis); TIFI, 31, 510: fratrorum (=fratrum); 447: vestam (=vestem)).

c) en el uso erróneo de las desinencias en la conjugación (FOLENGO, XXIV 352: redunt (=redeunt); XXIV 570: transiet (=transibit); I 4: tremat (=tremit); III 240: potebant (=poterant); I 427: trat (=trahit); I 579: exirunt (=exierunt); TIFI, 61: tremat; 665: fugire (=fugere).

d) en el uso erróneo de temas temporales (FOLENGO, XII 287: comprendivit (=comprehendit); XXII 43: gignerat (=genuerat); II 333: obstuperant (=obstupuerant); XVIII 114: tolserat (=pluscmpf. de tollo); XII 573: porxit (=porrexit).

e) en el uso activo de verbos deponentes (FOLENGO, XXII 266: godivit (=gavisus est); I 338: mirare (=mirari); I 360, XXV 351: loquebat (=loquebatur); III 505: morire; III 67: morivit; XI 202: moriat; XIII 363: moruisset (=mori; mortua est; moriatur; mortuus esset); V 301: sequebat; VII 214: sequivit (=sequebatur; secuta est).

f) en el uso erróneo de formas pasivas (FOLENGO, I 302: fitur (fit); VII 449: fiatur (=fiat); IV 11: facitur (=fit).

g) en el participio pasado de verbos intransitivos con sentido activo (XVIII 68: inde recessus).

h) en el uso personal de verbos impersonales (XIII 123: pudemus (=pudet nos))

i) en otras anomalías verbales como: XIV 13: sustollit (presente de tollo); VI 4: sat (=scit); VI 469: fare (=facere); XXII 147: saritis (=eritis).




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1 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 148-151.

sábado, 18 de febrero de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (IV): MACARRONISMO LEXICAL

            
          

Todo lo dicho, no obstante, no caracteriza plenamente el léxico macarrónico. Paoli subdivide para esto su concepto de macarronismo morfológico-lexical, en macarronismo lexical, por un lado, y macarronismo morfológico, por otro.

Como se ha expresado más arriba, las palabras que constituyen por sí mismas un elemento macarrónico pueden consistir o en el enmascaramiento latino más o menos superficial de una palabra vulgar o en un palabra latina errónea (por ej.: morivit o moruit por mortuus est). En las primeras el macarronismo tiene carácter lexical, en las segundas morfológico. Añade Paoli que en los macarronismos morfológicos el poeta procede en la dirección latino-vulgar (palabra latina que sufre la influencia del habla vulgar), y en los lexicales en sentido inverso (palabra vulgar latinizada)1.

A.1) Macarronismo lexical.2 En este grupo se incluyen tanto los macarronismos derivados de lexema vulgar pero con estructura de palabra latina (los neologismos latino-macarrónicos ya expuestos), como los enmascaramientos latinos superficiales de palabras vulgares (I 10: chitarinum “chitarrino”)3. Este simple enmascaramiento, junto con el error gramatical, representan la forma más elemental del macarroneo, en cuanto que reproduce con ánimo de burla los despropósitos del latinus grossus de los ignorantes. Para Paoli encarnan estas dos formas el aspecto más pueril del macarrónico. Con todo –añade el estudioso florentino- el enmascaramiento, y esto ya había sido comprendido por Tifi Odasi, adquiere un particular sabor de comicidad cuando la desinencia latina es aplicada a palabras que por su estructura no tienen un correspondiente formal en el latín; así, en particular, en las palabras derivadas. En latín, de hecho, las palabras derivadas se restringen, puede decirse, solamente a los diminutivos; por contra, el italiano, y más aún los dialectos italianos, hacen un uso muy lato de palabras derivadas. Por tanto, la latinización de una palabra derivada, fundiendo dos elementos de naturaleza diferente e irreconciliables, alcanza el efecto de una acertada extravagancia (TIFI, 473: librazo “libro” (literalmente “libraccio”); 414: buchetam “bocchina”; FOLENGO, I 308: cavallazzus “cavallaccio”; III 17: diavolettus “diavoletto”; I 277: pochettum “pochino”; II 194: sdegnosetta “sdegnosetta”).

Por la misma razón representan una forma más eficaz de macarroneo las palabras macarrónicas que latinizan un vocablo propio del dialecto4, sea que el dialecto aparezca sólo en una alteración de consonante o en una desfiguración debida a la pronunciación septentrional5 (TIFI, 681: brazzos “le braccia”; camisam “la camicia”; FOLENGO, I 7: scoios “scogli”; I 30: bosiam “bugia”; III 48: gradat “aggrada”), sea que se emplee un vocablo propio del dialecto (TIFI, 456: gratacasa “grattugia”; FOLENGO, XIII 406: gallone “fianco”; XVII 169: magones “stomachi”).

A los términos dialectales añade Folengo otros tomados de lenguas extranjeras6, del italiano más antiguo7, o inventados en un alarde de originalidad8. La mayor parte de las palabras de este último tipo sería incomprensible (y muchas de hecho lo son) si el poeta no hubiera asumido el papel de intérprete de sí mismo en las notas marginales que dispone en la red. T de mano de Acuario Lodola, ficticio descubridor y editor de la obra de Merlín Cocayo9.





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1 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 145
2 Cf. ib., pp. 145-148
3 Este sistema se complica cuando se trata de latinizar formas verbales italianas que no son el resultado de la mera evolución del latín. En estos casos, Folengo opta por conjugarlos como si existiese el correspondiente latino (por ejemplo, ammazabor ‘mi ammazzerò’; gittasset ‘avesse gitato’); solo raras veces recurre para las formas no compuestas a un simple enmascaramiento de la terminación vulgar (por ejemplo, sofriremus [XII 124] por ‘soffriremo’, en lugar del macarrónico normal sofribimus). Para otras peculiaridades del sistema morfológico verbal macarrónico cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 146-147 nn. 1-3
4 Cf. E. BONORA, o.c., esp. cap. II.5 ‘Trattamento del latino e del dialetto’ (pp. 72-79) y 6 ‘L’expressività cercata attraverso l’ampio registro lessicale’ (pp. 79-87). Folengo se había hecho la idea del dialecto como un vasto territorio lingüístico mal explorado y no apreciado por lo que valía. En su manejo del vocabulario representa así la más extrema posición de libertad en opinión de Bonora: “il suo fine era di allargare in maniera se non irrazionalmente infinita praticamente indefinita i confini del vocabolario, e se non fosse stato per la presenza di una fantasia geniale avvrebe sconvolto ogni regola al punto di dare nell’astruso e nell’incomprensibile” (p. 80).
5 Bonora descubre un designio cómico en Folengo consistente en imitar el habla del pueblerino ignorante que intenta volver italianas las voces del dialecto con irracionales inserciones o cambios de consonantes y con pretenciosos redoblamientos que al septentrional, que ignora el uso de las consonantes dobles, dan la ilusión de traducir en toscano o de exhibir refinamiento lingüístico: “covare” puede así dar lugar a cobasset (Baldus T VIII 240), somenzam “propaginem” (ib. XVII 121) rehace el campesino “somensa”; y son todos redoblamientos cómicamente pretenciosos smiccat (ib. XIV 239), de “smicar”, pistar, boffat (ib. XV 334) de “bofar”, soplar, biassant (ib. XVI 154) de “biasar”, etc. (cf. E. BONORA, o.c., pp. 77-78). Observa Paoli que fenómenos del macarroneo folenguiano como la simplificación de la consonante doble y la decapitación de la sílaba inicial, propios del dialecto septentrional, deben atribuirse a búsqueda de variedad cuando no hay una causa métrica que los justifique (cf. o.c., pp. 152-155).
6 Así se encuentran términos tomados del francés, del griego, del alemán, del español, del eslavo y del albanés (cf. E. BONORA, o.c., pp. 85-86 y U. E. PAOLI, o.c., p. 70).
7 Se trata de palabras arcaicas o poéticas del lenguaje literario e incluso del mantuano antiguo (cf. E. BONORA, o.c., p. 83 y U.E. PAOLI, o.c., p. 69)
8 Paoli ofrece ejemplos como coliquintida “tristeza”, disquistilare “tirar al aire”, y gregnapola “murciélago” (cf. o.c., p. 69). No obstante, Bruno Migliorini señala esta última forma como propia de la Lombardía oriental (cf. B. MIGLIORINI, “Sul linguaggio maccheronico del Folengo” Lingua d’oggi e di ieri, Sciascia, Caltanissetta-Roma 1973, artículo este aparecido ya en 1968 con el título de “Aspetti rusticani del linguaggio maccheronico del Folengo” en AA.VV. , Atti del Convegno sul tema: La poesia rusticana nel Rinascimento (Roma, 10-13 ottobre 1968), Roma 1969 (Accademia Nazionale dei Lincei, Problemi attuali di scienza e di cultura, 129). Más ejemplos de nomina ficticia en Bonora (pp. 88-90).También contribuyen a enriquecer el lenguaje macarrónico las onomatopeyas, que Folengo busca afanosamente (fricton fricton es el sonido de la guitarra, bebeum el balar de las ovejas, gnao gnao el maullido del gato, un “carmen trombisticon” forma el sonido de la trompeta [Baldus T XXII 144: “tarara ton tarara ton tarara ton taira”], etc.), contra la opinión de Quintiliano para el latín, y que le llevan incluso a la formación de nuevas palabras como tichitare (ib. II 252) que es el “percutere cum tich toch”, y su afín tichtochare (ib. XXI 539: “intus tichtochat pistatio mortariorum”) (cf. E. BONORA, o.c., pp. 43-47, 87-88; U. E. PAOLI, o.c., p. 71).
9 Estas glosas, ya presentes in nuce en la red. P, adquieren en la T el carácter de verdaderos microtextos en los que con frecuencia el poeta despliega sus dotes de socarrón en juegos de erudición ficticia y de inverosímil sutileza filológica.

sábado, 11 de febrero de 2012

POMILIONES, VARIUM POEMA, ET IANUS




He recibido, gracias a la amabilidad de Otello Fabris, presidente de la Asociación Amici di Merlin Cocai (de la que me honro en pertenecer) la última y cuidada edición facsímil costeada por dicha institución,  que data de 2011. La obra, editada por Giorgio Bernardi Perini, Otello Fabris y Roberto Stringa, reproduce un ejemplar, propiedad de éste último, reputado bibliófilo, del volumen misceláneo en prosa (los Pomiliones de Giambattista) y verso (el Varium Poema y el Ianus de Teófilo) publicado por los hermanos Folengo no antes de 1534, fecha de su reingreso en la orden benedictina, tras los tres años de vida eremítica pasados en la península de Sorrento impuestos como condición previa para la susodicha readmisión tras su abandono casi un decenio antes. Este librito tan bellamente editado cuenta, además, con el aliciente de un breve pero sustancioso epílogo a cargo de Giorgio Bernardi Perini en el que da cuenta de las circunstancias de creación de la obra, de las vicisitudes de su edición, y de las características de su contenido, así como de la sobrevivencia de los poemas folenguianos recogidos en ella en su posterior y nunca abandonada producción macarrónica.

viernes, 10 de febrero de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (III): MACARRONISMO MORFOLÓGICO-LEXICAL

Paoli expone dos modos de producción de macarronismos morfológico-lexicales. El modo más simple consiste en una contaminación gramatical, sea latinizando superficialmente una palabra vulgar, como en Spagnolorum “de los españoles”1, sea dando desinencia italiana a una forma latina como en tremare por tremere, o en paupera mulier por pauper mulier; el segundo, el más conspicuo para Paoli, pone en acto neologismos latinos que “podrían ser tomadas por verdaderas palabras latinas, si, a veces, bajo la solemne toga romana que el poeta ha hecho ponerse a estos extravagantes neologismos, no trasluciera su bufonesca naturaleza macarrónica”2. Son estas palabras como latramen “ladrido”, gyramen “giro”, suspiramentum “suspiro”, grandilitas “grandeza”, pigritatim “poco a poco”, sanguificare “ensangrentar”, fluctivagare “errar sobre las ondas”, que en ocasiones animan un contexto épico:

Hi tres compagni, quid sit colpire, maëstrant,
Qui sint mandritti, quae puntae, qui ve roversi.
Totum sanguificant pontum, terrentque diablos.
(Baldus V XVI 95-97)
(“Estos tres compañeros saben de golpes el arte,
saben reveses, golpes de punta y tornavirones.
Todo el mar ensangrientan, y aterrorizan diablos”)

Paoli distribuye los macarronismos morfológico-lexicales en clases según su grado de afinidad con el latín auténtico. Así, considera que, por ejemplo, pigritatim pertenece a una aristocracia distante de formas como panza “pancia” (panza) y fiaschettus “fiaschetto” (frasco)3. Esta “aristocracia” lexical es clasificada en tres tipos:

1) neoformaciones humanísticas regulares4. Son neologismos no menos regulares y lícitos que las palabras de estructura análoga que encontramos en los clásicos. Así, aparecen sustantivos como los mencionados suspiramentum5 (Baldus V VII 168, cf. PLAVT. Stich., 173: inanimentum), latramen (XXI 19, cf. LVCR. 8, 148: frustramen) y grandilitas (I 296, cf. APVL. Plat., 2, 4: disparilitas); adjetivos como denteus “dentado” (XXI 415, cf. PLAVT. Truc., 854: bliteus); diminutivos6, como furcinula (I 465, cf. PLAVT. Pers., 515: facula) de furca “horca”; adverbios como asinaliter7 “al modo de un asno” (XX 654, cf. HOR. ars 29: prodigialiter) o el citado pigritatim8(XX 575); y verbos como los citados sanguificare (XVI 97; cf. AVG. ciu. 14, 3: candificare) y fluctivagare (XVIII 220, cf. STAT. Theb., 1, 271: fluctiuagus).
Una parte extraordinariamente rica de neologismos en el léxico folenguiano está constituida por adjetivos compuestos: fraudifer “fraudulento” (XII 154, cf. OV. met. 5, 442: flammifer), echisonus “resonante” (I 254, cf. OV. met. 1, 732: luctisonus), merdipotens “mierdipotente (Júpiter)” (XX 641, cf. ENN. (en CIC. De diu., 2, 56, 116): bellipotentes sunt magis quam sapientipotentes).

2) neoformaciones latinas arbitrarias.9 De los neologismos anteriores, de los que ofrecen ejemplos todos los humanistas, se pasa a algunas formaciones arbitrarias que, sea por la anormalidad con que el sufijo se une al lexema, sea por una intención de caricatura que se descubre en su aspecto lexical, se encuentran en la línea divisoria entre latín humanístico y macarrónico, como el sustantivo citado gyramen (XIII 185), u otros como ventramen10“vientre” (I 51) o casamentum “casa” (I 42); adjetivos como splendifer11 “espléndido” (XV 356) y porcidus (XII 450; gens porcida “gente puerca”); diminutivos como fontanula “pequeña fuente” (XVII 9); adverbios como grossiliter “de modo sumario” (IX 483) y verbos como dispennare “deshojar” (XX 161).

Neoformaciones arbitrarias son también algunos comparativos como bellior (XIV 214) e infidior (IX 145); pero en general las formaciones anormales de comparativos y superlativos como, por ejemplo, primior (I 62), primius (XXII 27), contentissimus (X 95), malissima (XVII 144), si bien resultan de un lexema latino normal y un sufijo normal, y estén constituidos sin entremetimiento de elementos vulgares, deben ser considerados macarrónicos porque revelan la intención, que es la primera inspiradora del latín macarrónico, de usar formas aparentemente latinas, pero erróneas: magnior (VII 687) y magnius (XXIII 36), en lugar de maior, maius, y más aún, pessissima (XVIII 310), forma abreviada de pessimissima, son consideradas por Paoli macarronismos con el mismo derecho que monivit (III 327) y ungis (XXII 127) por monuit y unguibus.

3) neoformaciones latino-macarrónicas.12 Las palabras de este último tipo, a pesar de revelar en su lexema su naturaleza macarrónica, obtienen gracias a su sufijo la dignidad de la palabra latina. De este modo, encontraremos sustantivos como sofiamen 13“soffio” (soplo) (XIX 272), lusimentum “luce” (luz) (XXIII 182), dabenitas “probità” (honradez) (VII 681), el citado ammazzator (II 53), amorbatrix “che appesta” (XXIV 14) y grassedo “grasso” (XXII 310); adjetivos como bravosus “spavaldo” (petulante), bastabilis “sufficiente” (XXIV 511), sbercifluus “cisposo” (legañoso) (VII 181) y trippifer “panciuto” (panzudo) (XXII 103); adverbios como gaiarditer “gagliardamente” (I 362), manigolditer “da manigoldo” (al modo de un pícaro) (XIII 30) y squadratim “a squadre” (en grupos) (I 121); verbos como bagnificare “bagnare” (VIII 505), discaricare “scaricare” (descargar) (XIV 321), immantellare (XXIII 238: immatellati breviter: “con corti mantelli”), mattescere “diventar matti” (volverse locos) (I 562) y pochifacere “far poco conto di” (XVI 522).

Una formación macarrónica de especial comicidad se halla en el comparativo de un adjetivo vulgar con el sufijo –ior, que ya se encuentra en Tifi (v. 50: poltronior “più poltrone”). Folengo lo emplea abundantemente en adjetivos y adverbios: castronior “più stupido” (XII 394) y leggerius “più leggermente” (XXIV 236). Llega incluso más lejos al derivar el comparativo no de un adjetivo sino de un sustantivo, hecho que encuentra un precedente en Plauto (Poen. 991: Nullus me est hodie Poenus Poenior). Pero, como señala Paoli, el valor adjetival dado a Poenus atenúa la audacia de la construcción, mientras que Folengo extiende este uso a nombres propios14 (Ciceronior [VI 215], Sansonior [XI 21]) y, límite extremo de su originalidad, a comunes: cortellior (IX 211):

Inter cortellos non est cortellior isto!
(¡entre cuchillos ninguno es más cuchillo que aquéste!)

Los vocablos de estos tres últimos tipos representan por su singularidad y frecuencia el mayor título de originalidad del léxico folenguiano: en ellos ve Paoli la principal diferencia entre el lenguaje de Folengo y sus predecesores, en los que palabras de este tenor son extremadamente raras15.



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1 Bonora había señalado el designio de una deformación absurda en esta operación: “Il criterio della deformazione assurda ottenuta con l’aggiunta della terminazione latina alla parola volgare o dialettale stava tra le prime regole del maccheronico, e già con spiccata tendenza a prediligere tra i suffissi latini quelli che per la gravità stessa del suono segnano più forte il distacco tra i due elementi lessicali. Un conio del tipo di culamen è, per esempio, in Tifi Odasi, anzi nella comica accezione di plurale maiestaticum (v. 632: “ferratas bracas circum culamina ponit”) (p. 53).
2 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p.46
3 Cf. ib., p. 59
4 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 139-141. Ofrecemos de cada tipo una selección de términos significativos.
5 La amplificación cómica que sufre el lexema por obra del sufijo afecta a su significado originario, y así suspiramentum indica en Folengo algo más que un suspiro común (cf. E. BONORA, o.c., p.55-56).
6 Folengo apreciaba la gracia estilística y la vida que proporcionaban los diminutivos a sus “vocabulazzi” macarrónicos, y así los hace entrar en “costrutti di vivacissimo colore” (cf. E. BONORA, o.c., pp. 60-62). Sobre la revalorización humanística de los diminutivos cf. E. BONORA, o.c., p. 63; M. CHIESA, “La tradizione lingüística e letteraria cristiano-medievale nelle “macaronee”, Teofilo Folengo tra la cella e la piazza, Dell’Orso, Alessandria 1988, pp. 12-14).
7 Bonora señalaba que el uso del sufijo –ter en Folengo es bastante más frecuente que en latín (p. 59). Mario Chiesa lo subraya como rasgo del latín medieval (cf. M. CHIESA, o.c., pp. 11-12). Más ejemplos en Bonora (p. 59 n. 28), quien advierte de que se deforma con el sufijo –ter incluso los adverbios para los que se dan en latín una forma afín: dextriter (Baldus T IX 439), praestiter (ib. X 125), repentiter (ib. X 325), strictiter (ib. XX 401).
8 Éstas formas, más escasas, tienen un precedente inmediato en neologismos humanistas (cf. E. BONORA, o.c., p. 60 n.29).
9 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 141-143.
10 Estas formas en –amen son usadas en plural con intención retórica (cf. E. BONORA, o.c., p.54 n.22).
11 La formación de nuevos compuestos, tan bienquista a los humanistas, no sigue siempre en Folengo las pautas de una coherencia lógica, sino que muchas veces prima el placer de crear un contraste o un realce humorístico, como en el caso de esta palabra, sinónimo de splendidus. De igual modo, se llama groppiferus a un bastón no porque se lleve sobre las espaldas sino por que las golpea, por una premeditada confusión entre “fero” y “ferio” (Baldus T III 96); furcifer es el pícaro digno de la horca, no el que la lleva (ib. XVI 409); semiruisonus no tiene nada que ver con el sonido sino que es sinónimo de medio destruído, porque se trata de una “casazza ...semiruisonis circumcircata murais” (ib. XXIV 271-272). Con estas formaciones y aún incluso con otras más atrevidas, de imponente novedad como grossiloquus (ib. I 59), el adjetivo attritorigidae, referido a las glebas congeladas con el frío del invierno (ib. VII 155) y verbitrium, aplicado a la piedra filosofal porque “constans tribus ex verbis” (ib. XII 410) Folengo se aparta tanto de la tradición encarnada por Quintiliano, que no admitía en latín los compuestos formados por más de dos palabras (cf. Inst. or. I, v. 65-70), como de la tradición humanista, que evitaba crear disonancias o contrastes estridentes. Folengo desarrolla una idea de los medios y de los fines de la lengua opuesta a la de los clásicos latinos, no por una preconcebida intención caricaturesca, sino por una personal búsqueda de expresividad. (cf. E. BONORA, o.c., pp. 64-66).
12 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 143-145
13 Sobre el efecto cómico del sufijo –amen aplicado a palabras vulgares y dialectales cf. E. BONORA, o.c., p. 54 n.21
14 Existen algunos precedentes en el latín medieval (Arrigo de Settimello, De divers. Fortunae, II 7: “est Fortuna mihi serpente Neronior omni”), en el que aparecen también superlativos de nombres comunes como magistrissimus y discipulissimus (cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 144 y M. CHIESA, o.c., p. 12).
15 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 139