CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

domingo, 28 de agosto de 2016

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DEL BALDUS V: SORDELLO CONTRA LOS ESBIRROS (III, 489-567)




Baldo, después de haber dado muerte al esbirro Lanzarote, es capturado por los esbirros de la justicia en presencia de su madre, que muere de la impresión; en el camino topan con el caballero Sordello de Goito,trovador en lengua provenzal del siglo XIII, nacido en Goito, y también conocido por sus hazañas caballerescas, quien después de oír al niño ordena a los esbirros que lo liberen; éstos se niegan una primera vez, y Sordello dirige a los presentes una atrabiliaria arenga contra aquéllos, que hace que suelten a Baldo, quien pasa bajo la protección del noble mantuano.





 Mudo quedóse el noble oyendo al pequeñuelo,
e intuye que en el futuro un hombre será de los grandes.                  490
A los esbirros presto les dice1: "Gente no vese
bajo el manto del cielo que en estupidez os supere.
¿Qué vergüenza es ésta? ¡deprisa! ¿a quién hablo? ¡quitadle
estos nudos al niño, y no deciros la cosa
hagáis dos veces, o vais a ver de Sordello la ira!".                             495
Y el alguacil: "debemos obedecer al senado,
ni más ni menos hacemos de lo que nos han ordenado".
Mientras a alta voz se daban estas respuestas,
acude de hombres una gran multitud de doquiera.
Aquí Sordello, teniendo del propio honor deferencia,                         500
por no litigar con esbirros delante de tanta gente,
a algunos hombres de bien se dirige que allí se encontraban,
y con desdeñosa sonrisa decía tales palabras:
"Esbirros muertos de hambre, y de piojos comidos,
son de morir dignos en el seno materno, de modo                            505
que no devoren pan ni vino trasieguen en vano.
Suelen estos tramposos no atrapar a ninguno,
si no ven que aquél no ciñe espada ninguna;
de hecho, si alguno se planta, a desenvainar preparado,
al punto este hato de sinvergüenzas se da media vuelta,                   510
cual hacen los viles milanos cuando al halcón avizoran.
Mas si de noche por la ciudad va un desgraciado,
y lleva, como suele hacerse, una mínima lumbre,
¿qué hacen entonces estos ladrones y sacos de mierda?
Para que apague la luz uno de los esbirros envían,                            515
y de la mano del pobre quite a traición la linterna.
Hecho lo cual, la gentuza se lanza, y espadas de plomo
hacen resonar en sus carcomidos escudos.
Rodéanlo, lo desnudan, y las esposas le ponen.
A menos que el infeliz, afirmo, a menos que a aquéllos                     520
dispuesto esté a entregar los pocos reales que tiene,
entonces déjanlo ir desdichado y entristecido;
pues cuantas monedas había ganado de día y de noche,
con su trabajo arqueando2, o bien cardando la lana,
para sustento darse a sí mismo y su pobre familia,                           525
es obligado a darlas a un alguacil desalmado,
y a perder su capa, calzones y hasta su camisa.
De la autoridad sola culpa es y de todo el Palacio,
cuya misión consiste en mandar a la horca ladrones,
limpiar las calles de delincuentes, echar la canalla,                          530
y descuartizar bandoleros para que todos los vean,
movidos de afán de justicia, no del vientre y del oro.
¡Ay, sólo a pobres, a indigentes, y sin un duro
vemos llevar un collar de cáñamo hacia la horca!
Mas estos nuestros senadores y de la justicia ministros3                  535
se desinteresan porque, mientras chupan de bolsas,
mientras vacían bolsillos ajenos, y mientras segundan
el depravado comportamiento de sus servidores,
privan a la justicia de espada, y rompen balanzas,
se cagan en el derecho, y le enseñan el culo a las leyes.                 540
Cuánto mejor sufriría la pena de horca esta gente,
que a otros llevando a la pena de horca llámanse esbirros.
Es más, a estos perros permiso les dan de llevar una espada.
A todos vedado está al costado armas ceñirse;
armas el alguacil, y el corchete4 sólo las llevan,                             545
a más del mierda de tío al que toca hacer los embargos;
por eso los caballeros, y de noble sangre nacidos
sienten vergüenza de espadas ceñir en el tiempo que estamos,
porque la gente no los tome también por esbirros.
Si a un malhechor cualquiera van a arrestarlo dispuestos,               550
prenderlo no basta, sino que empiezan a desnudarlo.
Éste le quita la capa, aquél la gorra, y el otro
el sayo, como si sólo a ellos robar fuera lícito.
No hay impiedad en el mundo que a ésta en crueldad la supere.
Fueron, de hecho, creados para castigar el delito:                          555
éstos, en cambio, voraces, justicia mentando, enfullan
y matan hombres, y roban sus bienes su sangre vertiendo.
Muy al contrario actúa tal destrucción de los panes5,
cuando en las horas nocturnas la juventud ardorosa
va de acá para allá, bien por buscarse camorra,                             560
bien por cantar de mañana a sus enamoradas del alma:
cuando de lejos oyen tocar del laúd las cüerdas,
y escuchan el canto acordar al "fric, fric" de la cuerda segunda6,
y cuando ven a la luz mortecina brillar los lucientes
bien coseletes, o alabardas, o unas celadas,                                  565
rápido giran, escapan, y evitan a esos diablos,
entre dientes diciendo: "aquí de ganar no hay nada"".










Ilustración: Andrea della Robbia.


1El episodio de la captura de Baldo, y de la arenga de Sordello a los esbirros falta en la redacción Toscolanense, donde un caballero llamado Augusto encuentra a Baldo inmediatamente después de que este mate al esbirro Lanzarote, e impresionado, lo lleva consigo.
2Sacudir o ahuecar la lana con un arco de una o dos cuerdas.
3Alguacil o cualquiera de los oficiales inferiores que perseguía el delito.
4Agente de justicia que se encargaba de prender a los delincuentes.
5At per contrarium facit haec destructio panis. El abstracto macarrónico destructio significa la pluralidad común de los esbirros. E. Bonora veía en estos abstractos un elemento determinante de la creatividad lingüística macarrónica, al aunar el sentido amplificatorio que atribuía a los abstractos el latín, y la fuerte vena cómica de la fantasía dialectal, que tendía a captar de las cosas el aspecto material y sensible (cf. E. BONORA, Retorica e invenzione, p. 87: Dire, per esempio, di un ghiottone ribaldo che è una destructio panis viene ad essere definizione più forte, oltre che più pittoresca, dell'ovvio destructor panis, per la facoltà di accentrare in destructio l'immagine di un distrurre colto in tutta la sua pienezza, senza determinazioni di lugo o di tempo).

6Et frictum sotanellis iungere cantum. La corda sottana era la segunda cuerda del laúd (sus nombres eran Canto, Sottana, Mezzana, Tenore, Bordone, Basso); por otra parte el empleo de la onomatopeya es un rasgo destacado del macarroneo folenguiano.




sábado, 9 de julio de 2016

EL PEQUEÑO BALDO CONTRA EL ESBIRRO LANZAROTE (Baldus V, 3, 337-378)




El pequeño Baldo escapa de la banda de muchachos que lo persigue en Mantua tras descalabrar a su capitán, y da con el desgarbado esbirro Lanzarote.


 Había por caso oído la historia del chico cascado
cierto esbirro de esos que a gritos asustan a todos.
A éste el populacho lo llamó Lanzarote,
pero la gente avisada lo llamó Carajote.                              340
Aqueste tenía un aspecto y un cuerpo tan disparejo,
como fue del gigante Mambrino1 antaño la alfana2.
Mínima testa se alzaba sobre cargadas espaldas,
que suya no parecía, sino por alguien prestada;
tal bravuconazo, tal pelagatos y matasiete,                          345
que todo malinterpreta, y a todos mal considera,
busca camorra, echa mano a su espada, y la desenvaina,
mas siempre sale perdiendo, y queda descalabrado.
Éste, pues, a Baldo sigue, y siguiéndolo grita:
"¡Al ladronzuelo coged, que no escape esa carne de horca,    350
que poco ha la cabeza le ha roto al conde Gianorso!"
La gente que al paso salía por tan furibundos denuestos
se aterrorizaba, y se esfuerzan en atrapar al chiquillo.
Cógenlo rápido, pero más rápido escapa, y al modo
se escabulló de una anguila, que a nadie agarrar es posible. 355
El Lanzarote, empero, torna a seguirlo en su vuelo;
visto habrías creído un mastín tras la liebre ligera,
o mejor un borrico queriendo morder un cabrillo,
o bien un cojo buey atrapar esperando un ciervo.
Mas Baldo, ya de las puertas de la ciudad a distancia            360
de un tiro de piedra, su espadín prontamente enarbola,
sus pasos volviendo, y se avanza gallardo a aquel pataslargas.
Aquel zampabollos sobre el chiquillo vino a lanzarse,
como el enorme mastín acostumbra atacar a un perrito.
A Baldo de Orlandino3 la historia le viene a la mente,           365
envuelve su zurda en la capa, y con la diestra desnuda el
verdugo4, y clavándole prontamente su punta en barrena
en la mitad del ombligo, le atraviesa la panza.
He visto yo a veces un chopo largo y torcido,
que poco ha con su sombra funesta el grano agostara5,       370
talar por la base, y provocar un enorme destrozo,
y hacer retumbar cayendo todas las tierras en torno.
Así vino a tierra con su imponente masa el cuerpo
aquel, nacido para hartarse de pan solamente.
Pero apenas sacó su espadita Baldo del vientre,                  375
que hete que vio de lejos correr hacia él los esbirros;
dice pies para qué os quiero, y de nuevo se pira,
y por fin regresa de su madre a la casa.







1Qualis erat quondam Mambrini alfana gigantis. Mambrino era un rey de Asia, enemigo de Carlomagno; fue muerto por Reinaldo quien le arrebató su yelmo encantado, luego objeto de disputa en el Innamorato y en el Furioso (Chiesa). Es el famoso yelmo del episodio quijotesco.
2Caballo corpulento, alto y brioso. En la época era también epíteto de mujer larguirucha (Chiesa).
3Contada por el propio Folengo en su poema Orlandino, VII, 34 (Faccioli).
4Verdugum, et cazzans trivilatam concite puntam. El verdugo, estoque muy delgado de origen español, es un hispanismo en el verso folenguiano.

5Se creía que la sombra del chopo era nociva para las cosechas (Chiesa).

sábado, 11 de junio de 2016

SINTAXIS, PROSODIA Y MÉTRICA EN LA EPÍSTOLA MACARRÓNICA DEL DR. DIEGO SÁNCHEZ




Sintaxis macarrónica.

No hay extravagancias sintácticas reseñables en epist., salvo el faciens cacare del v. 106, que recuerda los usos folenguianos; pero su carácter aislado no asegura una influencia en este punto, sino que más bien está en consonancia con el tipo de latín empleado.

Prosodia macarrónica.

1. Rasgos generales.

El poema se atiene en general a las reglas de la prosodia romana, aunque se manejan con gran libertad las cantidades de las palabras latinas.

Se respetan las cantidades de las desinencias. Algunas de las excepciones estaban ya contempladas por la prosodia macarrónica folenguiana, como el adverbio breve iuxtă del v. 46, el imperativo breve properă del v. 115 (cf. glosa a Baldus T XVIII 112: nota quod omnia imperativa in ‘-a’ terminantia ultimam producunt, dico Latine, sed macaronice possunt abbreviari, aunque esta licencia es aplicada casi exclusivamente a macarronismos1), el abl. breve del gerundio macarrónico pasandŏ (93), y los macarronismos de calco en final de hexámetro cabŏ dĕ vela, y pocŏ dinero. Fuera de este grupo quedan los siguientes casos: virtutīs (21), ossŏ (53), los abl. breves repleta (33), tota (56), lana (64), mora (81), el nom. pertristīs (83), el ac.pl. largo ista (89), dicetūr (95) y proptēr (105).

2. Prosodia de las palabras latinas.

Se respetan las reglas prosódicas romanas, aunque hay gran libertad a la hora de establecer la cantidad de las sílabas a fines de mantener la urdimbre métrica del hexámetro. Hay 34 versos que presentan anomalías prosódicas (vv. 4, 5, 15, 21, 22, 25, 29, 32, 33, 34, 37, 39, 45, 47, 53, 54, 55, 56, 59, 63, 64, 71, 73, 76, 81, 83, 89, 91, 92, 105, 107, 109, 117, 119), que representan un 28,33% del total.

2. 1. Errores prosódicos.

Dada la frecuencia de estos errores, es posible pensar que el autor los presente como un rasgo macarrónico más, al modo de los prefolenguianos. Para salvar una escansión correcta, aparte de los lícitos alargamientos en arsis (cf. v. 7: mēdicinarum, v. 8: phīlosophus, v. 15: pēriculosos, v. 29: tormentā, v. 48: consēquenter, v. 50: carnē, v. 54: squalīdos, v. 61: noctē, v. 62: quaerītant, v. 68: iācet, v. 82: cītati, v. 90: sīne, littēris, v. 91: horcā, v. 104: nēcesse, v. 109: dicār, v. 117: iurīs, quāsi), hay que admitir alargamientos arbitrarios de sílabas breves (cf. v. 5: pēritus, v. 25: stūpens, v. 29: fāmes, v. 22, 39, 59: sīmul, v. 33: inquē, v. 37: sōlent, v. 34: gēlu, fūgare, v. 45: ōuantes, stātim, v. 55: mānus, v. 63: schōlaribus, v. 73: immīnente, v. 76: schōlaris, v. 91: mānet, v. 92: littēratus, v. 105: dīe, v. 107: cācent), y abreviación de sílabas largas (cf. v. 4: clămito, v. 15: perĭculosos, v. 22: mĭlitat, v. 25: tŏtus, v. 32: requĭrit, v. 35: ĕ, v. 47: prĭmum, v. 54: squălidos, v. 71: concathĕnare, v. 92: ĕuadit, v. 109: immŭnis, v. 119: vĕritates). Existen algunas infracciones a la ley de la posición (cf. v. 34: mĭsselli, v. 54: ĕt, v. 90: lĭtteris, v. 109: ĭmmunis, v. 117: căptiuo).

2. 2. Voces aparentemente latinas.

Dentro de esta categoría, en la que el origen vulgar permite la libertad prosódica, podemos incluir las siguientes voces: sepulturas (18), examinati (28), vapores (59), religionem (84), calles (101), sudorem (108), columna (113), audientia (115).

2. 3. Manipulación formal de voces latinas por motivos prosódicos.

De los tres posibles casos en discusión summere (v. 46), băchalarium (46), y săliti (57), la geminación del primero es innecesaria dado el carácter largo de la primera sílaba por naturaleza (cf. lat. sūmere), el segundo plantea problemas por una posible correspondencia vulgar de esta palabra del bajo latín (cf. glosario s.u. ‘bachalarius’), y el tercero es el único cuya presencia estaría justificada bajo este epígrafe (cf. lat. sālliti), aunque la presencia de formas como lĭtteris (90), nos indican que tal manipulación no es un objetivo en la composición del autor, y, desde luego, no señala una influencia folenguiana.

3. Prosodia de las palabras macarrónicas.

Se aplican las normas prosódicas latinas a las voces macarrónicas, con algunas excepciones marcadas por el carácter del acento vulgar (cf. infra 3. 6). Se afirman así tendencias que apuntan sólo timidamente en Spur., y es absoluta novedad de epist. la macarronización de los diptongos vulgares según las reglas prosódicas aplicadas a sus homólogos latinos (cf. infra 3. 8). La influencia folenguiana parece diluirse en una vaga autoridad de referencia prosódica.

De 134 macarronismos contabilizados sólo hay cuatro formas que se apartan tanto de las reglas prosódicas latinas como de las macarrónicas, lo que representa un 2,98% del total. Esto es indicio de la seguridad alcanzada en el manejo del instrumento lingüístico macarrónico.

3. 1. La ley de la penúltima.

El carácter directivo del acento de intensidad vulgar en la determinación de la cantidad de la penúltima sílaba queda roto sólo en una ocasión: cauallĕrus.

3. 2. Sílaba anceps en protonía.

Tenemos ejemplo en el par dīneris / dĭnero.

3. 3. La ley de la posición y alternancia entre consonantes dobles y simples.

Se localizan sólo dos infracciones a la ley prosódica latina de la posición (cf. pĭltrafae, gŏrdos). Existen, además, algunas infracciones que llamamos aparentes al representar el dígrafo un solo fonema como es el caso de ‘ll’,‘rr’ y ‘ch’ (cf. bărrancos –pero modōrrae-, atŏlladero, cĕrrajas, chancĭlleriae –pero escudīlla-, pĕcherum, mŏchachos –pero mācho-). Los tres contraejemplos puestos entre guiones demuestran el papel que desempeña el acento de intensidad vulgar en la determinación de la cantidad de la penúltima sílaba.

No hay en epist. alternancia entre consonantes dobles y simples prosódicamente motivada. El único ejemplo aducible de alternancia (pāssaui / pāsat, pāsando) no responde a este designio.

3. 4. Sílaba anceps delante de “muta cum liquida”.

Tenemos casos de aplicación a macarronismos en pŏbladas, pŏbreza, quădriles, pădronem, junto a quēbrantatus.

3. 5. Sílaba breve delante de ‘z’.

Esta licencia prosódica, ya localizada en Folengo, va contra el uso latino, que exige sílaba larga delante de ‘z’. Así, contamos en epist. con un expelŭzatus, junto al normativo cōzina.

3. 6. La regla de “vocalis ante vocalem corripitur”.

Esta regla se ve rota cuando el acento vulgar recae en esta posición (cf. frīo, golpēat, puterīas, chancillerīae).

3. 7. Consonantización de ‘i’ prevocálica.

El único ejemplo aducible, aunque dudoso, es caminantium.

3. 8. Tratamiento prosódico de los diptongos vulgares.

Los diptongos vulgares adquieren el mismo carácter prosódico que los diptongos latinos. Contamos, pues, con ejemplos para el diptongo ‘ie’ (audientia –aunque aquí podría hablarse tal vez de consonatización-, conocimientis, remiendi), para el dipt. ‘ue’ (callejuelas, puertos, recuerus), y para el dipt. ‘io’ (necius, prouisionem). El poeta, no obstante, rompe esta regla en tres ocasiones por necesidades métricas (cf. cicĭones, religĭonem, y el posible dipt. breve pescueçum -aunque podría hablarse quizás de consonantización de ‘u’ prevocálica-). La ruptura vulgar del diptongo es también reflejada, como en pĭōjos.

Métrica.

1. Características.

El poema consta de 120 hexámetros κατά στίχον. Se detectan algunas anomalías, como dos versos hipermétricos (cf. vv. 13, 18, 64), y cuatro versos hipométricos de cinco pies (cf. vv. 38, 52, 53, 108), que excluímos de nuestro análisis.

  1. Los cuatro primeros pies: distribución de dactilos y espondeos.




TIP.
TOTAL
Nº ORDEN epist.
Nº ORDEN VERG. Aen.
Nº ORDEN OV. met.
SSSS
29=25,66%
1
5
15
DSSS
25=22,12%
2
1
2
DDSS
11=9,73%
3
2
1
SDSS
8=7,07%
4
4
-
DSDS
7=6,19%
5
3
4
SSDS
7=6,19%
6
7
-
SDDS
5=4,42%
7
8
-
DSSD
5=4,42%
8
9
-
SDSD
4=3,53%
9
6
-
SSSD
3=2,65%
10
13
-
SSDD
3=2,65%
11
14
16
DDSD
2=1,76%
12
10
5
DDDS
2=1,76%
13
11
6
DSDD
2=1,76%
14
12
7

113





Destaca el predominio de una secuencia anómala respecto al modelo virgiliano predominante, que es, no obstante, el más imitado e impone su norma métrica en poemas no épicos como el presente.



b) Elisiones.


TIP.
TOTAL
1 A
-
1 T
2=18,18%
2 A
2=18,18%
2 T
2=18,18%
3 A
-
3 T
-
4 A
1=0,88%
4 T
1=0,88%
5 A
1=0,88%
5 T
2=18,18%
6 A
-
6 T
-

11





La elisión ocupa los lugares tradicionales. La primera tesis, segunda arsis y cuarta tesis tienen así más elisiones que las que encontramos en la primera arsis y sexta tesis, en este caso inexistentes. Existe, no obstante, elisión en quinta tesis.

Hemos localizado nueve casos de hiato (vv. 45, 49, 69, 74, 84, 95, 96, 100, 109). De ellos cuatro constituyen ecthlipsis con alargamiento de la vocal precedente (vv. 45, 49, 84, 100).


  1. Cesura y monosílabo ante cesura.



TIPOLOGÍAS
TOTALES
VERG.
PENTEMÍMERES
102=91,07%
110=98,21%
99,62%
TRIPLE A
8=7,14%
TRIPLE B
-
2=1,78%
0,38%
HEPTEMÍMERES
2=1,78%

112





Las cesuras más frecuentes son las mismas que las de Virgilio. El verso 120 presenta una única cesura triemímeres.






TIPOLOGÍAS
TOTALES
Lĕgĭs ex ||
7=31,38%
11=50%
Non de ||
4=18,18%
Ergō qui ||
6=27,27%
11=50%
Tendĭmŭs in ||
5=22,72%

22=18,33% sobre 120 vv.


Los dos tipos más usuales (monosílabo ante cesura precedido de otro monosílabo o de palabra pirriquia), se combinan en plan de igualdad con dos tipos anómalos como el espondeo o dáctilo precedente.


c) Estructura silábica y finales de hexámetro.




TIPOLOGÍA
TOTAL
VERG.
OV.
2+3
73=64,60%
32%
35,5%
3+2
14=12,38%
53,5%
55%
5
14=12,38%
-
-
1+4
10=8,84%
-
-
2+1+2
1=0,88%
11%
8%
2+2
1=0,88%
-
-

113





Es de notar, aparte la influencia de los modelos virgiliano y ovidiano, la frecuencia anormalmente alta de la cláusula pentasilábica. Hay un verso, el 80, que presenta un troqueo en quinto pie, a menos que se lo entienda arbitrariamente alargado por afectar a una palabra que se podría considerar aparentemente latina (papyro), formando así un hexámetro espondaico. No hay monosílabos finales.






1 Cf. ed. Zaggia, p. 648



Imagen: Libros de Actas Capitulares en el Archivo Municipal de Marchena (Sevilla)