CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 28 de mayo de 2016

EL MACARRONEO DE LA EPÍSTOLA MACARRÓNICA DEL DR. SÁNCHEZ




1. El léxico macarrónico.

1. 1. Macarronismos léxicos.

Constituyen el cuerpo básico del léxico macarrónico de epist. (124 de 135 macarronismos registrados). Un pequeño número pertenece a un acervo lexical arcaico (curtus, harone, mochachos) o anómalo (lota). Doctoramentum es el único posible ejemplo de manipulación de la voz vulgar de origen (i.e. ‘doctoramiento’) en el proceso de macarronización, más allá del simple añadido de sufijos y desinencias al lexema de la palabra española.

1. 2. Macarronismos morfológicos.

Pueden aducirse un ejemplo: se lee un horologius, que altera el género neutro del original lat. horologium. Tiene la importancia de ser el primero documentado en el desarrollo de la macarronea española. Parece deberse a razones métricas.

1. 3. Macarronismos heteróclitos.

Un apunte de este tipo se encuentra en el abl. pl. colchonis, en cuyo lugar se podría haber esperado una forma *colchonibus por la 3ª declinación, a la que sería más fácil de adscribir un sustantivo como colchón dado su plural colchones, ya documentado en Spur. 10.

1. 4. Macarronismos semánticos.

Pueden incluirse dentro de esta categoría audientia, calles, pupili, saltare, simam, tabernas.

1. 5. Macarronismos de locución o de calco.

Los dos ejemplos registrados (cabo de vela, per poco dinero) resultan casi citas directas del vulgar, por lo que su regularidad prosódica se relaja. Estamos, como advierte M. Zaggia, en los límites extremos de la gramática macarrónica1.

1. 6. Frecuencia de los macarronismos.

Los 37 versos que contienen un solo macarronismo (vv. 2, 4, 20, 25, 29, 32, 33, 42, 44, 48, 51, 53, 54, 62, 68, 73, 76, 77, 79, 80, 81, 82, 84, 86, 90, 91, 93, 94, 95, 96, 100, 108, 112, 113, 115, 119, 120) representan un 30,83% del total.

Los 42 versos que contienen más de un macarronismo (vv. 10, 11, 12, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 30, 34, 35, 36, 38, 39, 40, 41, 43, 47, 49, 50, 56, 58, 64, 65, 66, 67, 69, 70, 74, 75, 78, 88, 98, 99, 101, 102, 103, 109, 111, 116, 118) suponen un 35% del total.

Los 38 versos íntegramente latinos (vv. 1, 3, 5, 7, 8, 9, 13, 21, 22, 23, 24, 26, 27, 31, 37, 45, 46, 52, 55, 57, 59, 60, 61, 63, 71, 72, 83, 85, 87, 89, 92, 97, 104, 105, 106, 107, 114, 117) representan un 31,66% del conjunto total.

La distribución casi proporcional de las tres categorías llama la atención, fundamentalmente, sobre el elevado número de versos íntegramente latinos.

1. 7. Función estilística de los macarronismos.

La disposición predominante de los hexámetros latinos coincide con los momentos de tono más grave, como son los de queja ante la situación de injusticia que el doctor afirma sufrir (cf. vv. 1-9; vv. 21-28) o cuando refiere lo sacrificado de su oficio (cf. vv. 104-107); en otras ocasiones eclosionan en torno a un calco clásico (cf. vv. 37, 55, 61, 63, 71, 105, 114, 117 y ap. de fuentes correspondiente). Fuera del primer y segundo grupo enunciados, son básicamente neutros desde el punto de vista estilístico, excepto cuando resultan connotados por contraste irónico con el contexto macarrónico. Tal es el caso del v. 63 (haec est prima quies miseris scholaribus aeui), que con su armonía clásica parece anunciar un respiro a las desdichas de la vida escolar. Esta impresión se desvanece inmediatamente en el v. 64 (in colchonis factis non fina sed lana pelote), que devuelve brutalmente a la realidad de su miseria material (vv. 64-72).

La función de los macarronismos en epist. está en relación proporcional con la impresión que se pretende conseguir en el influyente destinatario de la carta. Recuérdese que el autor advierte que a pesar de ser una macarronea lo que escribe, no tiene un carácter jocoso y amable (cf. vv. 1-4), como aquellas con las que, quizás, Sánchez deleitó a Vargas en su época salmantina, situándose así en la tradición del médico "chocarrero", de la que será un ilustre exponente López de Úbeda con su Pícara Justina2. No hay, ciertamente, en esta obra un regusto filológico y preciosista en la creación y experimentación lingüística con los macarronismos, como se deduce del análisis del léxico macarrónico. El autor, por el contrario, emplea mayoritariamente una masa de voces que en su enmacarronamiento desinencial apenas se apartan de su forma originaria vulgar (arroyos, atolladero, barrancos, braços, bubosas, cabecera, cabo de vela, callejuelas, calles, camas, camisa, capa, cartas, caydas, cerrajas, ciciones, columna, costas, cozina, curta, chinches, choças, despensas, per poco dinero, etc), que resaltan así dramáticamente la materialidad de la realidad que se pretende evocar (quartos, tripas, sepulturas, horcas, sisas, pulgas, chinches, piojos, pobreza, horca, callejuelas, puterias, putas, bubosas, ciciones, mentiras), como puede observarse también en la adjetivación (sucias, caydas, sarnosa, frio, curta, raida).

A pesar del carácter práctico del texto, éste no está exento del cuidado formal, lo que, por otra parte, no debe considerarse paradójico. El autor emplea, así, aliteraciones efectistas combinadas con anáforas donde aprovecha las posibilidades que le ofrecen ambas lenguas (v. 14: “heu! Quot arroyos, quot rupes atque barrancos”). De esto son prueba las alternancias de formas latinas y sus correspondientes vulgares3 (cf. vv. 25-26: ...expeluzatus / horresco...; vv. 81-82: ...pagate / ...persoluere...). Hay que destacar la hábil disposición de los macarronismos, que son insertados en los contextos donde alcanzan mayor fuerza evocadora, connotados casi siempre negativamente. Véase el v. 73 (quoque magis doleas, iam imminente pobreza), construido hasta la cesura principal sobre un calco clásico, y que se cierra con un ablativo absoluto cuyo sujeto, que ocupa frontera versal, es un expresivo macarronismo, “pobreza”, que resume y anuncia el grueso de las desgracias de los condiscípulos del joven Diego Sánchez. Estas desventuras alcanzan su culminación y cierre lapidario en el verso 91 (sola horca manet, et desperatio sola), en el que convergen figuras como el quiasmo, cuya férrea arquitectura evoca el rigor de una sentencia, la epadaniplosis (sola...sola), que incide psicológicamente en el desamparo del infortunado estudiante, y el hysteron-proteron, que, trastocando el orden cronológico de las ideas, resalta el macarronismo “horca”, más efectivo aquí sin duda que su correspondiente latino “furca”.

Existen en epist. rasgos del conceptismo que eclosionará en la literatura vernácula hacia finales de siglo4. Véase un ejemplo de retruécano en los vv. 69-70 ([syndone] constructa ex stupa et lota sine jabone / quam magis induerant costurae et mille remiendi), donde se nos habla de una sábana que no ha recibido las marcas del jabón de sastre, sino la de las costuras y mil remiendos; de calambur (cf. v. 90: “extat praecipue ‘si necius’ aut sine litteris”); de derivación (cf. v. 101: “...calles et callejuelas”); y ejemplos de dilogía como en los vv. 111-112, en los que se juega con un doble sentido de adsunt, ‘acompañar’ y ‘asistir (como defensa)’: frente a la incomprensión del concejo al doctor sólo le ‘asisten’ una serie de enfermedades, que son el objeto de su labor; dilogía existe también en el v. 118 donde se juega con una doble acepción de pecho, ‘parte del cuerpo humano’ y ‘tributo’.

Es, finalmente, notable la ausencia total de macarronismos e, incluso, de calcos folenguianos. En poco menos de diez años, si Bald. fue escrito entre 1522 y 1524, la macarronea ha alcanzado plena independencia de su modelo italiano, y su código lingüístico, el macarroneo, es manejado con gran seguridad y conciencia de sus posibilidades expresivas.






1 Cf. ed. Zaggia, p. 649. Se citan ejemplos como fac bonă guardă (Mosch. T III 102).
2 Cf. cap. VI. 2. 1.
3 Cf. ed. Zaggia, pp. 671-672.

4 Cf. FERNANDO LÁZARO, "Sobre la dificultad conceptista" en ID., Estilo barroco y personalidad creadora, Anaya, Madrid 1966, p. 20.

sábado, 7 de mayo de 2016

LOS "MAYOS" DE MANTUA (BALDUS V, 3, 179-200)





 Llega la fecha en que Mantua toda se viste de fiesta:
el uno de mayo sonríe bajo un Apolo1 luciente.                            180
Todo hidalgo ordena delante de su palacio
plantar un enhiesto varal ornado de arbóreas frondas,
al que el pueblo a causa del mes el "mayo"2 lo llama.
Una turbamulta plebeya sigue a carros triunfales,
que por una parte u otra de la ciudad buey o vaca                       185
gruesa lleva, y camina cubierta de rosas variadas.
Tejido de hojas de naranjo se alza un baldaquino
de mirto, laurel, mejorana, romero sobre los carros.
Todo tipo de álamos, toda de verdeantes
olmos especie, de encinas, y de las yedras rampantes                 190
desparpajan sus cabelleras y cuádrigas ornan.
Obleas de pasta, y mil de dorado papel las cintas
que de hilos cuelgan, crujen del aire inquieto movidas.
En alto de este carro triunfal elevarse Cupido
alado se observa, niño cegato y sin pañales;                               195
él tira los dardos acá y allá de su dura ballesta.
Un grupo de muchachitas, cubierto en sus trenzas3 de flores,
llena sus cestos de huevos por toda la villa cantando.
Baldo también, mezclado con éstas al canto se apresta,
y de las ganancias exige su parte sin que nada falte.                   200









1Citado como dios del sol
2Árbol de mayo o mayo, elemento esencial de estas fiestas, probablemente importadas en Italia por los longobardos, en las que se mezclaron elementos de exaltación guerrera y de las celebraciones primaverales de la Maya romana (Faccioli).

3En mi traducción intento reproducir de algún modo el acusativo de relación presente en el verso (Turba puellarum trezzas redimita corollis), ya señalado por Paoli, así como su fuente en el primer verso de la Copa del Appendix Vergiliana (Copa, Surisca, caput Graia redimita mitella).

sábado, 23 de abril de 2016

CONFERENCIA SOBRE LA INFLUENCIA DE TEÓFILO FOLENGO EN LA LITERATURA ESPAÑOLA ANTE LA ASSOCIAZIONE INTERNAZIONALE PER GLI STUDI FOLENGHIANI "AMICI DI MERLIN COCAI"




En el marco de la XXV Rassegna 2015-2016 "Il Folengo dopo Merlino" organizada por la Associazione Internazionle per gli Studi Folenghiani "Amici di Merlin Cocai" y el Macaronicorum Ristoratorum Baxanensium Collegium, que se reúnen mensualmente en torno a aspectos literarios y gastronómicos de la cultura contemporánea de Teófilo Folengo, me desplacé con mi esposa a Bassano del Grappa (Vicenza) para impartir una conferencia sobre la influencia folenguiana en la literatura española el pasado domingo 17 de abril.
El encuentro se celebró en el Golf Club Colli Berici en Brendola, localidad de Vicenza cercana a Bassano del Grappa, residencia del presidente de la Asociación, el sr. Otello Fabris, de quien tuvimos el honor de ser huéspedes en su encantador B&B Casa Fabris.



Para después de la conferencia que pronuncié en italiano, y en la que no faltó un recuerdo para nuestro llorado Silvano Bassi de parte del prof. Maestre Maestre de Cadiz, estaba preparado un almuerzo temático sobre la cocina española en Italia entre los siglos XV y XVI confeccionado por dos grandes artistas de la cocina como se mostraron M. Santagiuliana y R. Stola.
Como aperitivo se sirvió un surtido de tapas y jamón de pata negra al corte regado con cava español, y luego, ya a la mesa, una "olla podrida" con vino tempranillo canario, y fue con rioja que se sirvió unos anadones al espeto, regado "more spagnolo gialdo brottamine" con lasagnette, cebollitas y Erbabuona. Posteriormente, se disfrutó de unos quesos de cabrales y Casín. Y fue el éxtasis en los postres con una crema catalana crujiente y un biancomangiare a la catalana, postre tradicional del que habla el propio Folengo en su Baldus, compuesto a base de leche, arroz, clavo, almenda y agua de rosas; todo ello acompañado de moscatel de Málaga.
Fue una inolvidable sobremesa en la que pude conversar con tantos amici di Merlin Cocai, y descubrir sus lazos con España.












Al día siguiente, nuestro querido Otello Fabris nos llevó a saludar al alcalde de Bassano del Grappa, al que Otello explicó el proyecto de crear un grupo de investigación europeo sobre lo macarrónico. Su concejal de cultura nos acompañó al Museo Civico, donde pudimos admirar la impresionante colección Chini de cerámica griega, y obras de Jacopo da Ponte y Antonio Canova. Nos fotografiamos asimismo junto a una restaurada a cargo de la Asociación.



Inigualable anfitrión, nos hizo una pequeña guía por su bellísima ciudad y nos agasajó en su casa, yendo todos posteriormente a Verona a hacer una visita a Anna, la viuda de nuestro querido y común amigo Silvano Bassi, al que prometí asistir a este encuentro de abril. Me traigo, en fin, el agridulce recuerdo de una amistad perdida apenas comenzada, la de Silvano, y la grata certidumbre de haber encontrado un amigo excepcional en la persona de Otello Fabris.





sábado, 2 de abril de 2016

NOS HA DEJADO SILVANO BASSI





Con un inmenso pesar he recibido la noticia de la muerte de mi muy querido por más que reciente amigo Silvano Bassi. Nos conocimos en Verona en la ocasión de mi viaje de luna de miel gracias a Otello Fabris, presidente de la Asociación Amici di Merlin Cocai, de la que Silvano era uno de sus miembros más destacados. Él, junto a su encantadora y discreta esposa Anna (en la fotografía), nos llevó a mi mujer y a mí a la sede de la asociación en Campese, donde se encuentra la tumba de Folengo, y donde tuve la sorpresa de mi vida al verme coronando el busto del poeta, y siendo agasajado como socio honorario. Su amabilidad conmigo me llevó a obsequiarle con un ejemplar de mi edición del De origine et amplitudine Civitatis Veronae. Desde ese momento, Silvano junto a Otello se desvivieron por organizar una presentación de la obra en la ciudad de Verona, que se materializó en septiembre del año pasado en la Biblioteca Pública junto a autoridades académicas y otros amigos. Además de este homenaje a mi labor filológica, Silvano y Anna se superaron a sí mismos como amables anfitriones llevándome a Mantua, la patria de Virgilio y del Vergilius maccaronicus, Teófilo Folengo. Me conmovió realmente la amabilidad sincera de estas personas, y su reconocimiento, algo que en España me ha faltado, a mi labor científica de divulgación de la obra de Saraina, primero, y la de la poesía macarrónica folenguiana y española.
Seguíamos en estrecho contacto desde entonces; a principios de febrero me llegó la noticia a través de Otello de que Silvano había contraído una grave enfermedad. Pude hablar por videoconferencia con él en febrero y aún a principios de marzo. Él fue el quien me comunicó el designio de la Asociación de nombrarme Delegado de relaciones internacionales, con el propósito de crear un grupo de investigación sobre la poesía macarrónica europea con miembros de diversas universidades. Aún se mostraba animoso en marzo a pesar de su terrible mal, y pensaba que gracias a los tratamientos médicos que recibía cada semana podría acudir al próximo encuentro de la Asociación a mediados de abril al que yo acudiré con mi mujer. Pero, ¡ay! ya no podrá ser. Iremos a Italia, mas ya no será lo mismo sin ese querido amigo, al que tanto debo, y que tanto me ha animado a continuar con mi trabajo sobre la poesía macarrónica, y a emprender una traducción rítmica en español de la obra folenguiana más importante y extensa, el Baldus.
Silvano era un hombre íntegro, modesto, generoso, un caballero chapado a la antigua, de gesto serio, en cuyos ojos brillaba, empero, el entusiasmo de un niño cuando hablaba de lo que le apasionaba, los libros antiguos y la obra de Teófilo Folengo, figura emblemática de la literatura italiana.

Ciao, caro amico, mi manquerai per sempre! ti prometto di restare fidele alla nostra comune passione.

sábado, 19 de marzo de 2016

RETRATO DE LA VIDA ESTUDIANTIL SALMANTINA EN LA EPÍSTOLA MACARRÓNICA DEL DR. SÁNCHEZ




Señala Richard L. Kagan que no resultaba caro matricularse en una universidad en los siglos XVI y XVII: "Se exigía el pago de una cuota, pero era tan pequeña -sólo 4 o 5 mrs. al año- que estaba al alcance de la mayoría de los que sabían leer y escribir. Sin embargo, los costes aumentaban rápidamente, cuando se trataba de vivir en una ciudad universitaria [...]"1. Las modalidades de alojamiento en la Salamanca del Quinientos eran diversas: algunos estudiantes -los menos- eran vecinos de la ciudad o tenían familiares o amigos en ella; otros vivían en conventos o colegios como miembros de alguna comunidad religiosa o seglar; otros se encontraban como pupilos bajo el techo y tutela de un graduado universitario, generalmente bachiller; otros moraban en casa alquilada en forma de "república de estudiantes" o "compañía", pagando "pro rata" y atendidos por sus criados o algún ama de gobierno contratada; otros se alojaban en posadas y mesones como camaristas estrictos, o en gobernaciones como camaristas por aposento y servicio (guiso de comida, lavado de ropa, arreglo y limpieza de aposentos, etc.); otros finalmente, alquilaban una casa individual para vivir con sus criados, ayo o ama de gobierno2.

El hecho de que Sánchez emplee dos veces la palabra pupilus (vv. 29, 39) en el sentido arriba expresado para referirse a sus compañeros (cf. glosario s. u. 'pupilus'), y que se presente como huésped de una casa regentada por un bachiller nos da a entender que el joven Sánchez se alojó en un pupilaje, cuyo carácter ha definido certeramente Rodríguez-San Pedro: "Desde 1538 la Universidad de Salamanca se preocupó de regular minuciosamente un tipo de hospedaje de estudiantes con carácter educativo-paternal, en el que a un bachiller se le confía la tutela de un cierto número de estudiantes que viven en su casa, con los cuales realiza funciones de padre y maestro, responsabilizándose de sus estudios, crianza, alimentación, religiosidad, moralidad y costumbres. A través del examen previo del solicitante de pupilaje, ciertos minuciosos estatutos y visitas anuales de supervisión, la Universidad realiza un estricto control de este tipo de hospedaje, y por ello de todas las esferas de la vida de sus ocupantes. Administrar, regir, corregir y gobernar serán las funciones asignadas al pupilero según un modelo del que el propio pupilero debe ser el ejemplo a los ojos de los estudiantes [...]"3. Señala Rodríguez-San Pedro que el número de los pupilajes existentes en Salamanca se movió siempre en torno a la quincena, y que los pupilos residentes en cada casa, con edades comprendidas entre los 15 y 23 años, no alcanzaba nunca la decena4. Era, pues, un tipo de hospedaje minoritario, que, a pesar de las diferentes categorías y precios de los pupilajes, estaba destinado a un grupo social de calidad y asentado económicamente5. La familia de Diego Sánchez pertenecía, así, a la minoría que podía permitirse tal gasto, y que comprendía a la nobleza, sobre todo a la gran clase de los hidalgos, a los funcionarios del gobierno, a los militares, a los profesionales liberales, a la pequeña pero rica clase mercantil, y a los miembros más ricos de la clase obrera6. El libertinaje y la violencia característicos de la vida estudiantil de antes de mediados del siglo XVII, así como la tutela ceñida del pupilaje y sus privilegiadas condiciones para dedicar tiempo al estudio desentendiéndose de las preocupaciones materiales hacían que muchos padres lo vieran como una inversión óptima7. Rodríguez-San Pedro concluye su estudio sobre los pupilajes salmantinos entre 1590 y 1630 indicando que el ambiente general, dentro de un amplio abanico de posibilidades, era sobrio, y que la alimentación, que representaba un alto porcentaje de los costes era la propia de un grupo asentado y privilegiado8.

No obstante, dentro del amplio espectro de posibilidades señalado había también lugar para la picaresca y el abuso. En los libros de Visitas de Pupilajes del Archivo Universitario de Salamanca se recogen quejas de pupilos sobre la escasez y mala calidad de la comida, la suciedad de las casas, el agua poca y turbia, la ropa mal lavada y la cicatería de los pupileros con las velas9. Por otra parte, los testimonios literarios concuerdan en ofrecer una visión negativa y caricaturesca de la vivencia pupilar: "Don Quijote hablará de la "estrecheza" de los pupilajes. El Guzmán de Alfarache de "la limitada y sutil ración" y de que "todo era tan limitado, tan poco y mal guisado como para estudiantes y en pupilaje". No mencionaremos los ayunos expresionistas del licenciado Cabra, pero sí aquella declaración del dr. Andrés Laguna sobre las numerosas lavativas de caldo de acelgas y mercuriales, aderezado de sal y orines para "los infelices vientres de aquellos pupilos infortunados, que jamás se vieron llenos sino de viandas pestilenciales"10.

"¡Ojalá loco y mudo me vuelva!" (v. 25: perturber grauiter stupens!) exclama el dr. Sánchez ante la tesitura de tener que recordar los lances de su vida de estudiante en Salamanca. Habla de sufrimientos, hambre y frío como característicos del pupilo (v. 29), así como de los engaños y sisas que debe soportar (v. 30). En medio de constantes disputas, la "sarnosa cuadrilla" y "furtivo linaje" debe apañárselas ratoneando en la despensa (vv. 31-32). Para huir del frío los pupilos deben refugiarse en la cocina en medio de un humo malsano (vv. 33-34), y a la hora de la comida, han de apresurarse para quedar lo más cerca posible del bachiller pupilero, el primero en ser servido, pues a los que quedan más lejos sólo les toca piltrafa y huesos (vv. 42-43). Hambre y suciedad es su compañía hasta la noche (vv. 54-60), en la que son comidos por pulgas, chinches y piojos bajo sábanas sucias y viejas que se rompen a las primeras de cambio (vv. 61-72). Pero el colmo de la desgracia acaece cuando se acaba el escaso dinero; entonces, uno, desengañado, entra en un convento; otro se marcha a Italia para culminar su infortunio; y otro, finalmente, desesperando ante la negativa paterna a socorrerle, se suicida (vv. 73-91). Sánchez considera, por tanto, como un mérito evidente haber podido sobrevivir, incluso físicamente, a tales y tantas penalidades en su camino al doctorado (vv. 92-94). La parte autobiográfica de epist. tiene como objeto el mostrar a su influyente destinatario la historia de un hombre que, partiendo de circunstancias desventajosas y hasta dramáticas, ha conseguido ascender en la escala académica y social, sin que le haya importado servirse para ello de artimañas picarescas -implícitas pero bien conocidas por el corresponsal-; y es ese mismo esfuerzo de medro social no siempre lícito el que basta para justificar, ante sí mismo y su corresponsal, su actuación contra el concejo local, que pretende menoscabar su nueva posición en la sociedad tan penosamente conseguida haciéndole pagar impuestos y privándole así de la característica básica de la nobleza (vv. 93-95). En consonancia con ello, el dr. Sánchez le pide a su antiguo condiscípulo que actúe en su favor ante instancias jurídicas superiores, recurriendo, si es preciso, a la mentira (vv. 118-120).

Su autobiografismo sitúa a epist. dentro de la moda testifical que, como afirma Lázaro Carreter11, se desarrolla en esta época en la literatura española, y de la que serán exponentes posteriores, en el formato autobiográfico, el "Cingar" del Baldo castellano12 (1542), y el Lazarillo (1554), aunque es con éste con el que epist. muestra mayores concomitancias -lo que no quiere decir que haya que suponer la menor influencia directa. El hispanista Bernhard König indicaba que el autor del Lazarillo había tomado su idea de contar la vida del protagonista en primera persona a un personaje más elevado en la escala social (al que se dirige genéricamente como Vuestra merced), del "Cingar" castellano, el único modelo con que podía contar en la literatura conocida del tiempo para confeccionar una biografía desde el nacimiento del personaje. Ésta era, en su opinión, una prueba decisiva para señalar la dependencia del Lazarillo del "Cingar", aunque advertía que en el Lazarillo la autobiografía tiene carácter epistolar, y en el "Cingar" carácter oral, como reminiscencia del contexto de narración oral que era propio de la primitiva épica (el Cíngar del Baldo hispano cuenta su vida a un grupo de caballeros oyentes)13. La macarronea de Sánchez tiene también forma epistolar, aunque el destinatario está bien identificado, claro está, por ser un personaje real, pero comparte con el del Lazarillo la preeminencia social sobre el escritor. El recuento de la vida de Sánchez no comienza, ciertamente, por el nacimiento ni por la infancia, aunque presenta un importante rasgo en común: las peripecias vitales del protagonista, contra lo que ocurre con "Cingar" y Guzmán de Alfarache, son consecuencia de las circunstancias externas, que llevan, tanto al dr. Sánchez como al pregonero de Toledo, a espabilar y asegurarse su sustento y una posición social honorable mediantes prácticas contrarias a la moral, que se plasman en el caso del Lazarillo en la forma de deshonra consentida. Lejos de avergonzarse de ellas, el real dr. Sánchez -pronto convertido en ejemplo literario mediante la transmisión manuscrita y la propia forma poética de su epístola-, y el imaginario Lazarillo se muestran orgullosos del rumbo que han dado a sus vidas venciendo incontables penalidades. Así se expresa claramente Lazarillo en su prólogo a petición de su corresponsal: "Y pues vuestra merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso, parecióme no tomarle por el medio, sino del principio, por que se tenga entera noticia de mi persona. Y también por que consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando salieron a buen puerto". Los corresponsales de ambos comparten, en fin, esta visión del mundo falta de escrúpulos morales, pues no tendría sentido, en tal caso, la sinceridad con que se les escribe; esto se hace más evidente en el caso de Francisco de Vargas, que no debería sentirse ofendido porque su amigo le pidiera una ayuda que fuera contra la verdad si era preciso.

Podemos concluir afirmando que la macarronea del dr. Sánchez se presenta como un curioso precedente -salvando las evidentes distancias-, de la técnica narrativa autobiográfica consagrada en la primera narración novelesca europea.



Ilustración: aula Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca (vía Internet)


1 Cf. R. L. KAGAN, o.c., p. 234.
2 Cf. A. M. CARABIAS, o.c., p. 308 y L. E. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO BEZARES, "Pupilajes, gobernaciones y casas de estudiantes en Salamanca (1590-1630)", Studia Historica, I, nº3, 1983, p. 201.
3 Cf. L. E. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, o.c., pp. 187-188. La necesidad de tal reglamentación minuciosa y severa fue, tal vez, propiciada por abusos como los que narra Sánchez en su epístola.
4 Cf. ib., pp. 188-190.
5 Cf. ib., p. 190.
6 Cf. R. L. KAGAN, o.c., pp. 236-237. Señala T. Santander que a partir de 1571 aumentó considerablemente el número de escolares procedentes de la diócesis de Jaén, que antes solían acudir a la Universidad de Baeza (cf. o.c., p. 58). Tal afluencia debía, por tanto, existir con anterioridad aunque en menor medida, de lo que es ejemplo el joven Diego Sánchez.
7 Cf. L. E. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, o.c., p. 190. El mismo autor cita un fragmento del Guzmán de Alfarache en que éste expone las razones por las que eligió un pupilaje para residir en Alcalá ("Con esto quedaba libre de todo género de cuidado. No me lo daba la comida ni el buscarla o proveerla, quedaba libre para sólo mi negocio y todo en todo"), a pesar del aparente incoveniente de tener que convivir con muchachos ("Híceme pupilo, teniendo por mejor tropellar con el qué dirán de ver a un jayán como yo, con tantas barbas como la mujer de Peñaranda, metido entre muchachos. Consolábame que también había entre nosotros algunos casi como yo y estábamos mezclados como garbanzos y chochos").
8 Cf. ib., p. 207.
9 Cf. ib., pp. 193-194. Kagan refiere abusos similares en pupilajes de Alcalá de Henares (cf. o.c., pp. 235-236).
10 Testimonios citados por Rodríguez-San Pedro, o.c., p. 193.
11 Cf. F. LÁZARO CARRETER, "¿Nueva luz...", p. 3.
12 Tal como fue versionado en Sevilla de forma anónima en 1542.

13 Cf. B. KÖNIG, "Margutte-Cingar...", pp. 303-304.

sábado, 5 de marzo de 2016

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO" DE TEÓFILO FOLENGO: Pueritia Baldi (Baldus V, 3, 1-85)



 Baldo1 del lío de fajas al fin sus brazos había
sacado, y desliado todas las vendas en torno,
llama a su madre 'mamá', y a Berto 'taita' le dice;
ya escapa, y no quiere en modo alguno aprender la manera
de andar con el castillejo2 o con la ayuda materna.                             5
Se va por su cuenta, y por un lado y por otro camina.
Pero mientras se esfuerza en correr con sus piernas mal firmes,
mientras cual pájaro quiere volar todavía sin plumas,
se cae a menudo, y cayendo chichones se lleva en la frente,
siendo preciso untar de albayalde3 sus ojos hinchados.                       10
Mas no verías de sus mejillas rodar ni un adarme
de lagrimitas, aunque el suelo bañe de sangre.
Más bien se levanta, y en pie nuevamente a correr se dispone.
Encuentra solo, sin que nadie le enseñe, un caballo,
sea caña hueca, o sea ramita de sauce,                                             15
o sea varita de sorgo, que el pueblo bálago llama.
Corre de acá para allá el diablillo; pararse no sabe.
No le place en el seno materno, ni en sus rodillas
sentarse, sólo le place una estaquilla ceñirse
como un estoque, y una caña blandir como lanza.                               20
Y ya, tal como le va saliendo, tajos, reveses,
mandobles con estocadas prueba, y toda la esgrima4.
Moscas persigue, fingiendo que hombres son y enemigos,
lagartos persigue que al sol se encuentran sobre los muros,
y siente una enorme alegría viendo las cercenadas                              25
colas de aquéllos moverse aún por un largo rato,
maldiciendo a padre y madre, según dice el vulgo.
Seis años tiene Baldo, dos veces seis tiene, dice
quien considera su fortaleza, quien su osamenta
tan robusta, su corpulencia tan desarrollada.                                      30
Espaldas buenas para las justas, piernas para los saltos
Marte le dió, y todo el porte del caballero e infante.
Ya espoleando una caña, se inclina y otra enristra,
que rompe en un muro, o clava de un pajar en el vientre;
ya un bastón, que corcel acababa de ser, toma en mano,                    35
e imaginándolo pica, atormenta a la gata y al perro.
¿Cómo diré cuál, o cuán resistente la piel de su cuerpo
resulta?¿o duro pellejo contra inclemencias del tiempo?
Ni la lluvia o tormenta, ni la borrasca de viento,
ni las gélidas nieves, ni los soles ardientes                                         40
pueden tanto cansarlo que quieto esté media hora.
Duerme donde le toca, y duerme más bien poquito
bien del henil bajo el porche, o de noche bajo el mismísimo
manto de las estrellas, y rara vez con su madre.
Por burla a veces la enrrabia cuando roba la rueca,                            45
fuego da a la estopa, y no piensa en su propio provecho,
pues su pobre madre le hila camisas al niño.
Cuando yace no más le agrada pluma que tierra;
en piedras fragua costillas, y sus carnes tiernitas
cambia en duros músculos sobre mármol tendido.                             50
Berto se desespera; desesperación que a la risa
mezclada le alegra, pues de calzones treinta almacenes
no bastarían ni treinta zapaterías al chicho.
Que sea otoño, invierno, verano o la primavera
no le preocupa más que si fuera piedra o árbol.                                 55
Cuando hambre tiene, engulle aquello que azar le depara,
esté cocido o no lo esté, o bien carne o cebolla;
bellotas, fresas, nueces, castañas, nísperos, moras,
manzanas, majuelas5, los agavanzos o las gabardas6
devora, que de avestruz su estómago acero absorbiera.                     60
Aquello que bebe es agua de charca o muerta de un foso,
o, cuando le toca, vino dulce o bien asperillo.
Berto tomado había una esposa, Dina de nombre,
que, pronto preñada, tuvo un hijo llamado Zambello.
Mas después de este parto, aún no acabara el año,                            65
que a Baldovina, como si fuese cuñada, una pena
enorme trajo, puesto que enferma vio el fin de sus días.
Berto así viudo quedó, a quien Baldo tenía
por padre, y por hermano a Zambello consideraba.
A veces le manda tras de la vaca, y tras de las cabras                        70
Berto ir con su hermano, y juntos frecuentan el pueblo;
mas tales trajines no casan con la progenie de Baldo;
no va tras las cabras, no le agrada la usanza villana,
conque temprano camina de Bianor7 a la urbe,
que tanto le gusta, que siempre busca en ella quedarse.                     75
A casa vuelve solo a menudo ya por la tarde,
y de cuando en cuando trae rotas cabeza y canillas.
El propio pilluelo, según la costumbre que tienen los chicos,
sea en batallas de piedras, o bien que sea en combates
de puños participando, al puesto primero aspiraba,                             80
y ambicionaba mostrarse el primero a todos los ojos.
Y no pienses que, peleando, el último fuera,
que desafiante en vanguardia con voz infantil gritos daba,
y cien pedradas en una sola finta esquivaba,
y cien cabezas quebraba en el turbión de enemigos.                           85








Ilustración: vía Silvano Bassi, insigne bibliófilo y folenguista



1Topamos aquí con una amplificatio de la pueritia Baldi descrita en la red. Toscolanense a comienzos del libro II. En esta última redacción, Folengo incide en la descripción de los primeros pasos del niño, mezclando ternura y rasgos de predestinación épica en la descripción del infante Baldo.
2Andandi aut lapsu carioli aut matris aiuto. Castillejo: "Carretón en que se pone a los niños para que aprendan a andar".
3Maccatosque oculos opus est smaltare biacca. El albayalde es el "Carbonato básico del plomode color blancoempleado en pintura y,antiguamenteen medicina y como cosmético." (RAE).
4Procuro hacer una traducción lo más acertada posible de los términos de la esgrima italiana empleados por Folengo en estos dos versos: Iamque, utcumque sapit, mandrittos manque roversos, / fendentes, punctas colposque exercitat omnes.
5Fruto del espino majuelo.
6Spinbozzos grataque culos. Términos sinónimos para designar el fruto del rosal silvestre.

7Citado aquí como fundado mítico de Mantua.

sábado, 13 de febrero de 2016

LOS ESTUDIOS DE MEDICINA EN EL SIGLO XVI Y EL CURSUS ACADÉMICO DEL DOCTOR DIEGO SÁNCHEZ




Quien deseara y tuviera posibilidades económicas, hacia el primer tercio del siglo XVI, para graduarse en medicina debía pasar una serie de pruebas y requisitos académicos. Era preciso, en primer lugar, superar una enseñanza secundaria que se llevaba a cabo en el "colegio" o "escuela de gramática", radicada en casi todos los municipios de más de 500 habitantes o en las facultades de gramática ligadas a las universidades. En tales escuelas la asignatura clave era la gramática latina, impartiéndose casi siempre por el texto escrito por Antonio de Nebrija a finales del siglo anterior. Tal formación latina no comenzaba normalmente antes de los ocho o nueve años, o al menos no antes de que el niño dominara los rudimentos básicos de la lectura y la escritura en la lengua materna, y su duración era de cuatro a seis años. La formación clerical, militar o vocacional llevaba, en numerosas ocasiones, a que el estudio del latín se iniciara en la adolescencia e incluso en la edad adulta. Esta larga, difícil y rigurosa educación, como señala Kagan, era obligatoria para los estudiantes que deseaban entrar en la Iglesia y proseguir estudios universitarios en una de las disciplinas superiores de abogacía, medicina, filosofía o teología1.

Una vez cumplidos estos estudios de Gramática y Latinidad, el aspirante a iniciar estudios universitarios debía realizar un examen previo acreditativo de haber superado los estudios elementales. Si lo superaba, podía acceder a las Facultades de Cánones, Leyes y Artes, pues para poder cursar Medicina o Teología, se exigía ser antes bachiller en la Facultad de Artes2. Para obtener tal grado eran necesarios tres cursos en Súmulas, Lógica Magna y Filosofía en dicha Facultad3. En Salamanca se exigía tener probados los cursos de Artes para poder cursar medicina, y tener el grado de bachiller en Artes para poder obtener el grado de bachiller en Medicina, estando terminantemente prohibido simultanear los estudios de Artes y Medicina4.

La constitución XVI de Martín V (1422) señalaba que para obtener el grado de bachiller en Medicina en Salamanca era preciso, como ya se ha dicho, ser bachiller en Artes, haber oído Medicina durante cuatro años o la mayor parte de ellos, y haber leído públicamente diez lecciones. El escolar, con dos testigos idóneos, tenía que acreditar ante el Rector sus cursos y lecciones. Hecha la probanza, el grado de bachiller lo confería un doctor o maestro, elegido por el escolar. La recepción del grado de bachiller tenía lugar en el General de la Facultad, después de responder públicamente sobre una determinada cuestión5. Este grado era el exigido para curar por el Tribunal del Protomedicato6 y bastaba para acceder a las cátedras.

La misma Constitución establecía que entre el grado de bachiller y la licenciatura en el Estudio salmantino tenían que mediar cuatro cursos de lectura y en cualquiera de dichos años realizar prácticas de Medicina durante cuatro meses. El bachiller aspirante a licenciado tenía que sustentar además públicamente varios actos, llamados repeticiones, presididos por el padrino. El grado de licenciado significaba tener licencia para hacerse doctor "quando quisiere e por bien tubiere". El grado de doctor era, pues, de pura ceremonia, y suponía gastos muy cuantiosos para el doctorando, que tenía que sufragar un costoso ceremonial, al alcance de muy pocos bolsillos, en el que figuraban banquetes, regalos y corridas de toros7.

Dentro del tono autobiográfico de epist., Diego Sánchez hace alusiones a su curriculum académico. Afirma, en primer lugar, haber salido "filósofo", "sofista" y "matemático" por la Universidad de Salamanca, lo que no es más que un modo perifrástico de referirse al grado de bachiller en Artes8 (vv. 8-9). Casi inmediatamente dice haber obtenido las insignias del doctorado en Lérida (v. 13). Hasta ahí nada anormal: podría sobreentenderse por obvia la obtención del grado de bachiller y licenciado en Medicina; el hecho de que marchara a Lérida para doctorarse puede explicarse por los cuantiosos gastos que suponía tal graduación en Salamanca. Tales traslados no resultaban, por otra parte, extraños en la época9. La sorpresa surge al consultar los datos existentes sobre Diego Sánchez en el Archivo Universitario de Salamanca. Entre los cinco escolares médicos con este nombre que recoge Teresa Santander en su recopilación10 (nn. 2896-2900), el único que puede necesariamente encajar con los datos del Archivo Municipal de Marchena es el número 2896 "SÁNCHEZ, Diego. Probó [20-IV-1532] todos sus cursos y lecciones en Medicina (Lib. 543 f. 8)"11. Resulta, con todo, inverosímil que se encontrara un año después en la villa sevillana ejerciendo la medicina con el título de doctor. Ciertamente, los cursos de lectura del licenciamiento eran fácilmente dispensados mediante un breve pontificio, pero aun así debía mediar el plazo de cuatro años exigido por las Constituciones12. Al hecho evidente de que no se mencione ningún grado de licenciamiento a nombre de Diego Sánchez en los libros de registros salmantinos debe anteponerse otro más revelador, y es que no figura en dichos libros que nuestro Diego Sánchez nº. 2896 obtuviera el grado de bachiller en Medicina en Salamanca. En tales casos, tras la preceptiva probanza de curso aparecía la fecha de consecución del grado y el nombre del doctor que lo otorgaba. Ejemplo de esto pueden ser los nn. 2901 "SÁNCHEZ, Francisco. Probó: 24-VII-[1535] todos sus cursos en Medicina y diez lecciones (Lib. 548 f. 130). Grado de Bachiller en Medicina: 28-VII-1535 con el Dr. Antonio de la Parra (Lib. 548 f. 130)" o el 2902 "SÁNCHEZ PUERTO CARRERO, Francisco: Natural de Alcántara. Probó: 21-VIII-[1538] todos sus cursos en Medicina y lecciones con un testimonio de Alcalá; grado de Bachiller en Medicina en Salamanca: 21-VIII-1538 con el Dr. Juan de Aguilera (Lib. 553 f. 100v)".

Pensamos que la situación de Sánchez es la misma a la que se aludió en el claustro pleno de la Universidad de Salamanca de 15 de febrero de 1560 en el que se propuso llevar a la Corte, entre otros asuntos, el de los que oían Cánones y Leyes al mismo tiempo "y en la Facultad de Medicina, adonde hay mas peligro, hacen lo mismo, oyen artes y medezina en un tiempo y hacen cursos de pratica y prueban en esta Universidad los cursos de artes y hazense bachilleres, y en el mismo tiempo prueban los cursos de medezina y pratica antel Provisor o Corregidor y vanse a otra Universidad a hazerse bachilleres en medezina, contra las Constituciones desta Universidad, porque no se le cuentan los cursos de medezina hasta que no son graduados en artes, y con esto se van a curar, no siendo dotos, ni pudiendo ser graduados [...]"13. Parece, así, evidente que Sánchez no pudo obtener el grado de bachiller en Salamanca por haber simultaneado los estudios de Artes con los de Medicina, y ésta es la razón de su marcha de la universidad salmantina. Otra cuestión es cómo consiguió el título de doctor.

Ya se ha señalado que los elevados costes de los títulos de las universidades de Alcalá, Salamanca y Valladolid llevaba a muchos a graduarse en una universidad "provincial" más barata14, a veces carente de cátedras de medicina: "Así, todos los años un cierto número de estudiantes superiores de Salamanca y Valladolid se trasladaba a Santiago de Compostela, universidad mucho más aislada. Y lo mismo sucedía en gran medida en Oñate. Esta universidad, además, convirtió en norma matricular a bachilleres de otras universidades un día y concederles títulos al siguiente. Y como parte sustancial de los ingresos de los profesores de Oñate provenía de las costas de graduación, siempre resultaba interesante tolerar estas prácticas. Hacia el siglo XVIII, se sabía que un cierto número de universidades entre ellas Oñate, Osuna, Irache y Almagro, vendía sus títulos"15. En la sinceridad implícita con que Diego Sánchez se dirige a su probable ex condiscípulo salta de su bachilleramiento en Artes a la búsqueda de las insignias del doctorado, motivo por el que se desplazó a Lérida. Parece indiscutible que, llegado allí, Sánchez presentó la probanza de sus cursos de medicina para graduarse en el Estudio leridano. Ignoramos cómo, pero sólo una práctica fraudulenta y fruto de la venalidad por parte de dicha universidad puede explicar la obtención del doctorado por parte de Sánchez en un plazo tan breve. Lérida era una de las universidades de la Corona de Aragón, junto con la de Huesca y Barcelona, fundada antes de 147416. Su Estudio de medicina le hacía la competencia al de Barcelona, y en ella se formaron médicos tan destacados como Pedro de Oleza y Rovira17. La razón de que allí recabara Sánchez, pudo, acaso, haberse dilucidado durante su época de estudiante salmantino: Hombre despierto, sin duda, y dotado de don de gentes, debió conseguir información satisfactoria al respecto entre los no pocos estudiantes catalano-aragoneses que se desplazaban a Salamanca para obtener el título de bachiller, y se incorporaban luego a las universidades de su tierra para obtener los grados superiores18. La falta de escrúpulos y el deseo de medrar presiden, pues, el cursus académico del joven Sánchez. La justificación de tal proceder se significa en la descripción que hace en epist. de su vida estudiantil en Salamanca.







Ilustración: placa sobre el dintel de la antigua facultad de medicina de la universidad de Salamanca



1 RICHARD L. KAGAN, Universidad y sociedad en la España moderna, Tecnos, 1981, pp. 74-75.
2 Cf. A. Mª. CARABIAS, o.c., p. 282. Utilizando estadísticas confeccionadas con datos de los registros de matrícula de la Universidad de Alcalá de 1550-51 en adelante, Kagan estudia la edad de los estudiantes quinientistas: "Los jóvenes menores de veinte años eran poco numerosos y los más comunes eran los de edades comprendidas entre los veinte y los treinta años, pero la edad mediana a la que los estudiantes se matriculaban por primera vez era de dieciocho años. [...] Las facultades profesionales superiores enseñaban a muchachos que eran algo mayores que los inscritos en artes, pero aquí también la edad mediana estaba en descenso. La edad mediana de los estudiantes de derecho canónico en Alcalá -desde los estudiantes de primer año hasta los de quinto- era de veinticuatro años en 1550, pero sólo de 18 en 1700, un salto de seis años en siglo y medio" (cf. o.c., p. 218).
3 Carabias Torres desgrana el plan de estudios de la facultad de artes salmantina, donde "se enseñaban solamente las ciencias filosóficas, de forma que el resto de las disciplinas que tradicionalmente componían el conjunto de las artes liberales se explicaban en cátedras independientes. Se leía a Pedro Hispano y sus "Summulae Logicales" en la cátedra de súmulas, texto tradicional que fue suplantado a lo largo del siglo XVI por los de Soto y Báñez, así como por los de Aristóteles, los propios para la enseñanza de la lógica. El catedrático de filosofía natural explicaba por los textos aristotélicos "De Coelo", "De Generatione", y "De anima" y por los de metafísica; el de filosofía moral la ética del estagirita, su política y su tratado de economía; en la cátedra de físicos, por la física aristotélica. Había también dos cátedras de prima de gramática, en las que se seguía a Laurencio Valla ("Elegantiae linguae latinae") y a un poeta latino que solía ser Séneca o Virgilio. Tres cátedras de griego, respectivamente para menores, medianos y mayores; y la controvertida cátedra de tres lenguas, dedicada al hebreo, caldeo y árabe, cuya enseñanza en Salamanca fue muy irregular. En la cátedra de astrología se explicaba la esfera armilar (instrumento astronómico habitual, que se describe como formado por varios arcos o anillos circulares de metal o madera que representan los de la esfera celeste y en cuyo centro se coloca una esfera más pequeña representando la tierra), la teoría de los planetas, el uso de las tablas astronómicas, el astrolabio, el almagesto de Ptolomeo y los epítomes de Copérnico [...] Por fin estaba la cátedra de música, en la que, según el plan de Covarrubias [1561], tenía que explicarse diariamente música práctica y especulativa" (cf. o.c., pp. 288-289).
4 Cf. TERESA SANTANDER RODRÍGUEZ, Escolares médicos en Salamanca (siglo XVI), Salamanca 1984, pp. 23-24.
5 Cf. ib., pp. 18-19, 23.
6 Esta institución creada por los Reyes Católicos en 1477 otorgaba la autorización necesaria para ejercer a los bachilleres médicos, por medio de la concesión de "cartas de examen, y aprobación y licencia", así como se ocupaba de la represión de quienes ejercían sin licencia. Sobre este tribunal y su evolución legal cf. L. S. GRANJEL, o.c., pp. 74-78.
7 Sobre los grados de licenciado y doctor y su ceremonial y gastos en Salamanca cf. T. SANTANDER, o.c., pp. 42-56. Mª Jesús Pérez Ibáñez (cf. El humanismo médico del siglo XVI en la Universidad de Salamanca, Universidad, Valladolid 1997, p. 39 n. 75) indica que de 6926 matriculados en Medicina en Salamanca a lo largo del siglo XVI sólo 1047 alcanzan el grado de Bachiller, el de Licenciado 116 y 40 el de Doctor.
8 Cf. supra n. 18.
9 Kagan (cf. o.c., p. 255) recoge el testimonio de Suárez de Figueroa, autor de principios del siglo XVII, que escribía: "El gasto de Salamanca en los grados es excesivo, y por eso los pobres huimos de él, nos vamos a lo barato". Ciertamente, "sólo unos cuantos conseguían los grados avanzados de licenciatura y doctorado. Su elevado coste era una de las razones para ello. En las universidades más pequeñas, una licenciatura o un doctorado en una de las facultades superiores costaba hasta 500 o 600 reales, debido a los gastos de matrícula y a los regalos, banquetes y desfiles que el graduado estaba obligado a ofrecer. Estos títulos costaban mucho más en Alcalá, Salamanca y Valladolid" (cf. ib., p. 245).
10 La obra citada de Santander "comprende una relación nominal de quienes durante el siglo XVI se matricularon, probaron sus cursos y se graduaron de Bachilleres, Licenciados y Doctores en la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca" (p. 11). La autora maneja, entre otra documentación, los libros de matrícula del Archivo Universitario salmantino, que remontan al curso 1546-47, y los libros de cursos y bachilleramientos, cuyo ejemplar más antiguo (lib. 541) conservado es del curso 1525-1527.
11 Cf. ib., p. 340. Los otros escolares con este nombre figuran como matriculados en medicina con posterioridad a 1552.
12 Cf. ib., p. 42.
13 Cit. por T. SANTANDER, o.c., p. 24.
14 Cf. supra n. 24.
15 Cf. R. L. KAGAN, o.c., p. 255.
16 Cf. ib., p. 107.
17 Cf. L. S. GRANJEL, o.c., pp. 20, 42.

18 V. DE LA FUENTE, Historia de las Universidades, II 145 (nota) cit. por T. SANTANDER, o.c., p. 58 n. 65 señalaba que los aragoneses de la cuenca del Ebro y las Comunidades propendían a ir a Alcalá, mientras que los del alto Aragón más bien a Salamanca.