CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 18 de abril de 2015

CARACTERÍSTICAS MÉTRICAS DE LA MACARRONEA DE JUAN DE VERGARA





El hexámetro de Bald. se atiene, en general, a las normas del clásico, igual que el folenguiano. No hay rastro de anomalías como versos holoespondaicos, holodactílicos o hipermétricos.


a) Los cuatro primeros pies: distribución de dáctilos y espondeos.


TIP.
TOTAL
Nº ORDEN Bald.
Nº ORDEN VERG. Aen.
Nº ORDEN OV. met.
DSSS
30=32,25%
1
1
2
SSSS
17=18,27%
2
5
15
DDSS
10=10,75%
3
2
1
DSDS
9=9,67%
4
3
4
SDSS
9=9,67%
5
4
-
SSDS
4=4,30%
6
7
-
DDDS
4=4,30%
7
6
6
SSSD
4=4,30%
8
13
-
SDSD
3=3,22%
9
11
-
SDDS
2=2,15%
10
8
-

DSSD
1=1,07%
11
9
3




Es de señalar la clara influencia de Virgilio, tanto en las series más frecuentes como en las que menos. El poeta mantuano, como es habitual, impone la norma métrica incluso en poemas no épicos.



b) Elisiones.



TIP.
TOTAL
1A
1=6,66%
1T
2=13,35%
2A
4=26,66%
2T
2=13,33%
3A
1=6,66%
3T
1=6,66%
4A
2=13,33%
4T
2=13,33%
5A
-
5T
-
6A
-
6T
-


Según la norma clásica, los lugares tradicionales de la elisión, en primera tesis, segunda arsis y cuarta tesis cobran especial preponderancia frente a la primera arsis y sexta tesis. Se cumple, por otra parte, la ausencia de elisión en la quinta tesis y sexta arsis. Zaggia señala que el uso de la sinalefa en las macarroneas menores de Folengo es regular. Se dan cinco casos de hiato (vv. 44, 45, 47, 48, 66). En cuatro de ellos se encuentra ecthlipsis, es decir, hiato despúes de –m final. En los versos 47 y 66 no se produce alargamiento de la sílaba final en –m, contra lo que ocurre en Folengo, en quien, por otro lado, son más bien escasos los casos de hiato.


c)Cesura y monosílabo ante cesura.


CUADRO I


TIPOLOGÍAS
TOTALES
VERG.
PENTEMÍMERES
91=97,84%

93=100%

99,62%
TRIPLE A
2=2,15%
TRIPLE B
-

-

0,38%
HEPTEMÍMERES
-





CUADRO II


TIPOLOGÍAS
TOTALES
Non te ||
7=25%

11=40,74%
Mĕtăt in ||
2=7,14%
Quod dic(am) hunc ||
2=7,14%
Solvĕrĕ vix ||
15=57,14%

16=59,25%
Quanvīs in ||
1=3,57%

27=29,03% sobre 93 vv.


Los resultados del cuadro I consagran un claro predominio de los patrones virgilianos. En el cuadro II destaca, por su anomalía, el predominio de la palabra dactílica ante monosílabo, cuando la norma clásica coloca palabra pirriquia u otro monosílabo ante el monosílabo ante cesura.



d) Estructura silábica y finales de hexámetros. El monosílabo final.

CUADRO I


TIPOLOGÍA
TOTAL
VERG.
OV.
2+3
56=60,21%
32%
35,5%
3+2
24=25,80%
53,5%
55%
2+1+2
10=10,75%
11%
8%
5
2=2,15%
-
-
3+1+1
1=1,07%
1%
0%
2+2
1=1,07%
0%
0%




CUADRO II




TIPOLOGÍAS


Nº VV.
Fas est
Ubiqu(e) est
TOTAL
VERGARA
93
1
-
1=1,07%
VERG.
14072
48
46
94=0,66%
OV.
22724
133
133
146=0,64%


Los resultados del cuadro I nos revelan la influencia de los dos poetas clásicos más imitados. Esta influencia se plasma también en las macarroneas menores folenguianas, donde el hexámetro suele cerrarse con un bisílabo o un trisílabo. Es también excepcional en Folengo la cláusula pentasilábica.

El único monosílabo en fin de verso que se da en Bald. es producto de calco. Estos finales, sobre todo precedidos de otro monosílabo, tienen una frecuencia más bien alta en Folengo.

sábado, 4 de abril de 2015

SINTAXIS, PROSODIA Y MÉTRICA EN LA MACARRONEA DE JUAN DE VERGARA





1. Sintaxis macarrónica.

Bald. no reproduce ninguno de los rasgos sobresalientes de la sintaxis folenguiana como el emblemático infinitivo con el verbo facere, el infinitivo regido por preposición (uso ya presente en la Vulgata y común en el latín medieval), y el quod con valor consecutivo. El faceret saltare del v. 37 es producto de calco textual.

2. Prosodia macarrónica.

2. 1. Rasgos generales.

En general, se respeta en Bald. las reglas generales de la prosodia clásica y macarrónica, aunque ciertamente con mayores libertades que en la red. T. El autor de Bald. parece sobre todo interesado en mantener la estructura rítmica típica del hexámetro (seis ictus y cesura pentemímera), y sacrifica a menudo con este propósito la observancia exacta de la cantidad silábica. Las anomalías prosódicas afectan a 35 versos (vv. 4, 7, 10, 12, 13, 15, 20, 22, 24, 28, 35, 37, 41, 42, 53, 58, 60, 62, 63, 65, 72, 73, 74, 77, 78, 79, 80, 81, 82, 83, 84, 85, 86, 87, 89), que suponen un 37,63% del total.

Es notable la regularidad prosódica de las desinencias de palabras latinas y macarrónicas. La mayor parte de estas excepciones eran ya tratadas en la Normula macaronica de syllabis de la red. T par. 5. Se encuentran así adverbios con final breve, tanto latinos (cf. v. 26: valdĕ –que es uno de los ejemplos recogidos en Normula par. 5, y que no necesitaría suponer una corrección en Baldĕ-; v. 65: duplĕ) como macarrónicos (v. 25: maximĕ). Esta regla se ve extendida, como en Folengo, no sólo a palabras invariables sino también al ablativo sing. del gerundio tanto latino (cf. v. 11: orandŏ; v.93: fingendŏ), como macarrónico (cf. v.38: trocandŏ), así como a los macarronismos de calco en final de hexámetro (v.23: in anquĭs agenis; v. 38: trocandŏ prŏ veris; v. 83: de capă caita). Las excepciones no justificadas por estas reglas son atquē (v.15), parlăs (v. 29), invitŏque (v.58), fuĭ (v.60), nĭ (v.72).

2. 2. Prosodia de las palabras latinas.

Se observa una regularidad prosódica general, que presenta ciertas excepciones, especialmente notables en el caso de la ruptura de la ley de la posición, prácticamente ausente en el modelo folenguiano tanto para las palabras latinas como macarrónicas.

2. 2. 1. Errores prosódicos.

No es posible establecer con claridad cuáles de estos lapsus prosódicos sean voluntarios y cuáles involuntarios. La constante regularidad prosódica observada en un poema latino de Vergara de corte burlesco como la Callioperria induce a atribuir un carácter voluntario a la mayoría de estos errores, que son producto de una consciente facilonería versificatoria, que dejaba sus huellas también en las redd. P y T de las macarróneas folenguianas.

Fuera del lícito alargamiento en arsis y por posición, se encuentran alargamientos de sílabas breves (cf. v. 7: lātinus; v.10: tībi; v.12: atquē; v.15: iūga; v.65: vādis; v. 80: iācens; v.84: sōlet; v. 87: fōrato), abreviación de sílabas largas (cf. v.1: altĭssimas –aunque también podría tomarse como macarronismo-; v.4: Helicŏn, Cithĕron; v.13: nŏdos; v. 48: Cĕsaris –aunque podría también entenderse como macarronizado-; v.53: dŭmĕtis –nótese que la escansión larga correcta sería fácilmente salvable sólo con suprimir el in precedente-; v. 58: invitŏque; v. 60: fuĭ; v. 72: nĭ; v. 85: dĕmisso; v. 86: immŏbilis), e infracciones a la ley de la posición (cf. v. 24: cŏntĕntum –pero podría tomarse como macarronismo-; v. 28: tetăm sapis; v. 37: nŏstras; v. 62: crūore; v. 63: prīorque; v. 73: iactăns; v. 74: sūis; v. 79: ĭn servitio; v. 86: velŭt firmiter).

Estos 28 “errores” prosódicos representan un 6, 22% de un total de 450 palabras latinas.

2. 2. 3. Vocablos aparentemente latinos.

En esta categoría quedan agrupados los macarronismos semánticos señalados en la entrada precedente, y otros como blasfemat, camiseas, capitaneos, capitaneus, manauit, maxime.

2. 2. 4. Manipulación formal de vocablos latinos por motivos prosódicos.

No hay ejemplos de esta manipulación en Bald. aplicada a palabras latinas. La geminación de pallis (v. 36) resulta innecesaria desde este punto de vista, ya que la palabra latina es de por sí larga.

2. 3. Prosodia de las palabras macarrónicas.

La influencia de la técnica folenguiana ha de ser evidentemente mayor en la prosodia de los macarronismos. Vergara se atiene, aunque en menor medida que Folengo, a las preceptivas clásicas, lo que consigue que su macarroneo se presente bajo un aspecto prosódico unitario y regular. No hay, por otra parte, huella de alguna de las libertades formales que se arroga Folengo y consagra en forma de reglas en su Normula, concretamente en las recogidas en los parr. 4, 8, 9, y es dudoso para lo concerniente al par. 7.

2. 3. 1. La ‘ley de la penúltima’.

En Folengo, es la posición del acento vulgar el que determina la “cantidad” de la penúltima sílaba del macarronismo. En Vergara, esta regla se rompe en ciertos paroxítonos vulgares que pasan a proparoxítonos por necesidad métrica: achaquiqum, agraffaset, assechabat, fortalezas, mamolum, obispatos, presidentem, renegat, susurrones.

2. 3. 2. Sílaba anceps en protonía.

Se da este fenómeno en parescit (con cambio de significado) y en señores. El par rēnegat / rĕnegat es análogo al folenguiano căneva / cāneva.

2. 3. 3. La ley de la posición y alternancia entre consonantes dobles y simples.

Contra la ley prosódica clásica y folenguiana, encontramos infracciones al alargamiento por posición (obispatos, phanpharrones, presidentem, soldatos, tetam). En algunas ocasiones, esta ruptura podría tener justificación cuando el dígrafo refleja un solo fonema (carreras, passamus, susurrones), como parece ocurrir en Folengo ante el dígrafo gn.

Es muy dudoso que Vergara, de acuerdo con Normula par. 7, emplee la simplificación o geminación de consonantes para señalar abreviación y alargamiento de sílabas respectivamente. El único ejemplo de posible simplificación (borachus), no tiene justificación prosódica. En cuanto a las geminaciones (attare, attent, pallis, sallit), la posición en arsis del sexto pie de pallis convierte en irrelevante la geminación por estos motivos. En el caso de attare, attent no encontramos en el poema un *ătare, que refute una justificación por usus scribendi del autor o por extravagancia formal. Esta extravagancia formal puede dar también razón de sallit, que, por otra parte, no conviene olvidar que quedaba oculto tras la lectura corrupta fallit.

Folengo basa su licencia en hechos lingüísticos extraños a nuestra lengua como la geminación de consonantes y su simplificación en los dialectos septentrionales italianos. Tal carácter, o su desconocimiento, puede apartar al autor macarrónico español de la aplicación de Normula par.7 a sus macarronismos.

2. 3. 4. Sílaba anceps ante “muta cum liquida”.

Este uso prosódico latino es aplicado también en Bald. 9 ante preguntas.

2. 3. 5. La regla de “vocalis ante vocalem corripitur”.

La no aplicación de esta regla si el acento tónico vulgar recae en tal vocal tiene un único ejemplo en Bald, y precisamente en un calco folenguiano, busias. El caso de spīare puede haberse motivado por el deseo de recalcar el hiato existente.

2. 3. 6. Consonantización de ‘i’ prevocálica.

El único ejemplo presente en Bald. es el del calco folenguiano scambiettos.

2. 3. 7. La sinícesis.

Un probable y único ejemplo de sinícesis presenta capitaneus.

Sobre un total de 128 macarronismos, aquellos que incumplen las normas prosódicas clásicas y folenguianas suponen un número de 14, es decir, un 10,93% del total.

2. 4. Métrica.

El poema consta de 93 hexámetros κατα στίχον.

2. 4. 1. Características.

El hexámetro de Bald. se atiene, en general, a las normas del clásico, igual que el folenguiano. No hay rastro de anomalías como versos holoespondaicos, holodactílicos o hipermétricos.

sábado, 7 de marzo de 2015

EL LÉXICO MACARRÓNICO EN LA MACARRONEA DE JUAN DE VERGARA





1. El léxico macarrónico1.

1. 1. Macarronismos léxicos.

El macarronismo léxico, recordamos, consiste en la latinización sufijal de una palabra vulgar, y junto con el error gramatical latino que representa el macarronismo morfológico, constituye la forma más elemental del macarroneo literario, en cuanto parodia de los despropósitos del latinus grossus. Estos macarronismos léxicos predominan ampliamente en Bald.: (agenis, agujeta, assechabat, batallam, baxando, blasfemat, bolvamus, burlas, cabeçam, cabis, calças, callet, callans, carreras, comunerum, contare, cortare, cosis, demandis, desonrras, ducatos, ducatis, exculpat, faxas, flamingos, fortalezas, gatus, gritos, gualdrapis, hermanus, jubonem, leuantans, mamam, mamare, manauit, mantillas, mentiras, metat, mirat, obispatos, oreja, pagas, pagasse, pagatum, pagatus, parescit, parlas, passamus, preguntas, presidentem, quexabor, ratonem, renegat, señores, soldatos, soldatum, susurrones, taitam, tetam, tocauit, tramat, tramauit, trocando, villas).

Dentro de este tipo, destaca por su efecto cómico la macarronización de una palabra derivada que no tiene correspondiente formal en latín (achaquiqum, barbaza, barrizo, culatis, mamarron, pañaletos).

Se detecta una tendencia aleatoria al empleo de un léxico marginal (garduñare, mamarron), que lleva a registrar algunos hapax: (achaquiqum, barrizo, mamolum). Es de resaltar el caso del macarronismo flamingos, que presenta un lexema no castellano, sino neerlandés, lo que no debe sorprender en Vergara, dado su conocimiento del país.

Ciertos macarronismos léxicos sufren una alteración gráfica que pretende dar una pátina clásica a los macarronismos (achaquiqum, anquis, borachus, capitaneos, capitaneus, capronis, lochi, pañaletos, phanpharrones, spiare), mantener una grafía vulgar característica (dubdas), o hipercaracterizar un término vulgar (attare, pallis, sallit).

No se da en Bald. la macarronización desinencial de palabras o sintagmas vulgares invariables, acompañada a veces de aglutinación, que constituye un rasgo llamativo del macarroneo folenguiano.

1. 2. Macarronismos morfológicos.

La presencia de macarronismos morfológicos en Bald., es decir, de palabras latinas deliberadamente erradas, es prácticamente inexistente. El abl. forato de Bald. 87 por el documentado foratu resulta un testimonio demasiado aislado que podría explicarse o por corrupción textual o por un proceso de asimilación a la segunda declinación que corrobora la tendencia diacrónica del sistema lingüístico latino, y del que quizás puedan existir ejemplos anteriores en el tiempo. La parodia de la insuficiencia lingüística del latinus grossus que puede estar en el origen de la creación macarrónica italiana, resulta evidentemente extraña como motivación a los émulos folenguianos extranjeros, humanistas seducidos por los aciertos de la primera persona macarrónica. Por otra parte, es posible afirmar que tales macarronismos morfológicos serían menos extraños si tras las macarroneas se ocultara un designio de parodiar el latín humanista, como se ha sostenido frecuentemente.

1. 3. Macarronismos heteróclitos o “irregulares”2.

No hay huella de ellos en Bald. Es de notar el caso de mamarron, construido sobre un calco textual folenguiano con el término macaron. En aquél se halla un caso de desinencia cero al asimilar el sustantivo al modelo de los de la 3ª declinación en –n. El problema de la discrepancia de acento entre sustantivo llano latino y español agudo es resuelta por la caida del ictus en última sílaba. En los otros macarronismos en los que podría plantearse esta cuestión se evitan los casos nom.-voc. sing. (capronis, jubonem, ratonem, señores, phanpharrones, susurrones), así como en los declinados según el modelo ns, -ntis (presidentem), donde el nom.-voc. singular *presidens se alejaría demasiado morfológicamente del vulgar ‘presidente’ (cf. lat. ‘praesidens’). Para casos parecidos como ‘buffone’ y ‘galante’ Folengo habilitaba audaces macarronismos heteróclitos como buffonus (junto a buffon) y galantus, que le permiten conservar el característico acento y morfología vulgar, más perentorio si cabe en los macarronismos españoles de acento agudo.

1. 4. Macarronismos semánticos.

Como tales pueden señalarse camiseas, cedent, cedet, demandat, habere, latinum, mandat, pensiones, procurat, sallit, saltare, villas, volvebam (cf. glosario para ‘villas’).

1. 5. Macarronismos de locución o de calco.

Encontramos dos ejemplos que reproducen expresiones vulgares y populares: se metat in culum linguam (v. 7), in anquis agenis (v. 23), trocando pro veris (v. 38) y de capa caita (v. 83) ‘de capa caída’. Paoli establecía la superioridad del macarroneo italiano sobre el de otros países, basándose en la posibilidad, extraña a otros macarroneos, de recrear el latín sobre los modos del habla vulgar y dialectal.

1. 6. Macarronismos folenguianos.

El aspecto más espectacular del léxico de Bald. es la presencia, casi siempre con coincidencia de sede métrica, de una serie de calcos textuales de las macarroneas folenguianas que validan plenamente la idea de J. F. Alcina de que la poesía macarrónica española es un género de derivación: agraffaset, becibus, budellas, creparent, gridans, padellas, sborante, scambiettos, spiccauit, (rumpere) testam, tif taf.

Algunos de ellos (agraffaset, budellas, busias, creparent, gridans, sborante, spiccauit, testam, tif taf) son relativamente frecuentes en la macarronea foleguiana, pero otros son extremadamente raros, al menos en la acepción usada (becibus, busias, padellas, scambiettos). Uno de ellos sólo puede encontrarse en la red. T (busias), no en la P, y otro sólo presenta coincidencia de sede métrica en aquella redacción (scambiettos). Este hecho nos asegura la dependencia de Bald. de esta redacción.

1. 7. Frecuencia de los macarronismos.

Es éste un elemento de primer orden para el estudio de la evolución de la macarronea española. Ettore Paratore en su artículo de 1977 establecía tres categorías: versos con un solo macarronismo en fin de verso, versos con varios macarronismos y versos íntegramente latinos3. Nosotros modificamos tal clasificación en la primera categoría, dando cabida a los versos en que ése único macarronismo pueda ocupar otras posiciones (recordemos el valor estilístico relevante que adoptan también los términos colocados al comienzo de verso y ante cesura).

En la primera categoría se encuadran 28 versos (vv. 6, 7, 8, 11, 12, 15, 17, 18, 24, 26, 28, 33, 35, 39, 43, 46, 48, 62, 65, 69, 74, 75, 79, 80, 87, 88, 91, 92) que representan un 30,10 % del total.

En la segunda 39 versos (vv. 1, 3, 5, 9, 13, 20, 21, 22, 23, 25, 27, 29, 30, 31, 32, 34, 36, 37, 38, 41, 42, 47, 49, 50, 51, 52, 55, 64, 71, 72, 76, 77, 78, 81, 82, 83, 84, 89, 93) que constituyen un 41,93 % del total.

En la tercera 26 versos (vv. 2, 4, 10, 14, 16, 19, 40, 44, 45, 53, 54, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 63, 66, 67, 68, 70, 73, 85, 86, 90) que suponen un 27,95 % del conjunto.

La deducción más notable que puede realizarse de esta estadística es la alta frecuencia de versos íntegramente latinos, común también a las primeras fases de la producción macarrónica folenguiana.

1. 8. Función estilística de los macarronismos.

Bonora, Paoli y Parattore han señalado la habilidad de Folengo para adaptar su macarroneo al tono cambiante de sus poemas. Cuando tal tono se eleva, sobre todo en las aventuras caballerescas de la segunda parte del Baldus, el componente latino pasa a primer plano, apareciendo incluso tiradas enteras de latín perfectamente regular; e igualmente, cuando el tono se abaja en un contexto rústico predominante, como el de la primera parte del Baldus, el componente vulgar o francamente dialectal predomina con fines claramente expresionistas. Mediante un sabio juego de equilibrios Folengo consigue que su heterogéneo lenguaje exprese, a su conveniencia, la majestuosidad lapidaria del latín o la vulgaridad connotativa del dialecto.

Tal esfuerzo estilístico se detecta en Bald. Los versos íntegramente latinos aparecen unas veces como renvíos a la tradición clásica, en forma de referencia mitológica o histórica (vv. 2, 4, 14, 16), o como parte de una comparación (vv. 53, 85, 86); otras veces, cuando el discurso alcanza un tono elevado, por su contenido de denuncia moral (vv. 19, 40, 44, 45, 73, 90). Relacionados con este segundo empleo, aunque con un carácter marcadamente irónico, son los versos latinos insertados en las palabras de protesta del soldado ante el césar Carlos por no ver recompensados sus imaginarios méritos (vv. 54, 56, 57, 58, 59, 60, 61, 63, 66, 67, 68, 70).

La elegante dispositio de elementos heterogéneos destaca sobre todo en los versos macarrónicos donde convergen diversos estilemas. Nótese así las aliteraciones del v.1 (Altissimas dubdas dudum tua Musa tocauit), animadas por la paronomasia del v. 3 (Quo cedent uates, cedet Cocaius et ipse) y 4 (Et callet caecus, caeco qui stamine tramat), que es reforzada por quiasmo en el v. 12 (Atque barrizo grosso grossaque Minerua), figura que se une también a la aliteración en el v. 24 (Miraris contentum nullum nullumque pagatum). Si una crítico italiana define el macarroneo como figura, como oxímoron lingüístico4, de mano de Vergara podríamos hablar de quiasmo estilístico y cultural, como delata el v.12, donde, bajo el amparo de una reminiscencia folenguiana (cf. Baldus T II 310: “Parma facit grossas scocias grossosque melones”), se disponen en antítesis la poderosa expresividad del ʿάπαξ español barrizo, y la referencia clásica de la crassa Minerua horaciana. Un modelo de construcción resulta el v. 26 (Haec diuersa tuam disturbant ualde cabeçam), con el posesivo resaltado ante cesura y el macarronismo en frontera versal, a lo que se une el efecto de expectación conseguido con la disyunción del sintagma nominal y la aliteración. Es notable la ruptura violenta conseguida con el vocativo macarrónico del verso siguiente, feliz hallazgo construido por analogía fónica con un calco textual folenguiano. La anáfora con el latino uix anima la enumeración macarrónica de los vv. 29-31, en línea con la idea de Segre de considerar al latín como elemento directivo del discurso macarrónico.

Destaca la habilidad del autor para insertar los calcos textuales en el molde del poema, tanto los clásicos (v. 46: #alter in alterius iactantes# mille desonrras), como los folenguianos. En estos se alcanza las mayores cotas de expresividad del poema. Véase el v. 27 ya comentado, u otros versos en los que se da la combinación de dos calcos folenguianos como el 55 y 89. Es marcadamente expresionista el v. 55, que recoge una inesperada onomatopeya, figura muy apreciada por Folengo, y sustituye las balotta que disparan las escopetas del hexámetro merliniano por el contundente ʿάπαξ folenguiano busias, las mentiras que con tanta desvergüenza divulgan los falsos servidores del rey. Otros versos parecen elaborados mediante el cruce de calcos clásicos y folenguianos, como los vv. 12, 27, 53, 55, 80.







Ilustración: Grabado de la red. Toscolanense en la edición facsímil de Amici di Merlin Cocai



1 La localización de cada macarronismo, su escansión y un eventual comentario se sitúa siempre en la correspondiente entrada del glosario de cada capítulo de mi tesis doctoral aún inédita.
2 "Macarronismo irregular" es el término que emplea Paoli, que nosotros preferimos sustituir por el de "heteróclito", carente de las connotaciones de logicismo gramatical del paoliano.
3 Cf. E. PARATORE, "Il maccheroneo folenghiano", Atti Convegno 1977, pp. 56-57.
4 Cf. A. PISCINI, "Per allegri segni", Filologia e critica, IV, 1979, p. 381.

sábado, 21 de febrero de 2015

EL CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO DE LA MACARRONEA DE JUAN DE VERGARA





Bald. está escrito al calor de la derrota de las Comunidades castellanas. Joseph Pérez ha ilustrado muy claramente el origen y características de la revuelta comunera: “La revolución de las Comunidades no fue fruto de una exaltación nacionalista ni de una oleada de xenofobia, producto del advenimiento de una dinastía extranjera. [...] El advenimiento de un soberano extranjero, la elección imperial y el anuncio de una política exterior, que parecía apartarse completamente de las orientaciones tradicionales, hicieron temer a los letrados y a las capas sociales medias que los intereses de Castilla iban a ser sacrificados [...] Maravall ha mostrado perfectamente el sentido de esta revolución política. Ante todo trataba de organizar un gobierno representativo, el gobierno de las clases medias, el gobierno de la burguesía, y esto en un país en el que la burguesía carecía de fuerza y estaba profundamente dividida. Esto explica las contradicciones y el fracaso del movimiento"1.

Respecto a la actitud del autor del poema hacia las Comunidades, Juan Gil y Antonio Torres-Alcalá creen percibir ciertas simpatías en Vergara. Contamos, empero, con un testimonio del propio humanista toledano, recogido por Bataillon, en su defensa contra las acusaciones de luteranismo: “Al principio, cuando Lutero solamente tocaba en la necesidad de la reformación de la Iglesia y en artículos concernentes corruptionem morum, todo el mundo lo aprobaba, y los que escriben contra él confiesan en sus libros que al principio se le aficionaron. Y casi lo mesmo acaeció en España en lo de la Comunidad: que al principio, cuando parecía que solamente se pretendía reformación de algunas cosas, todos la favorecían; mas después que la gente se comenzó a desvergonzar y desacatar, apartáronse los cuerdos y persiguiéronla”2.

Parece aludir aquí Vergara a las primeras pretensiones de la Junta comunera de reformas fiscales, y su posterior reivindicación de poderes legislativos que recortaran los reales. Vergara vive ese conflicto en el extranjero y sumido en la vida de la corte imperial. En general, la actitud de la Iglesia fue diversa en la revuelta comunera: el clero secular adoptó una actitud reservada, pero los frailes la favorecieron desde el primer momento. Posteriormente, muchos de estos frailes fueron el núcleo de los adversarios de Erasmo3.

El poema de Vergara nos confirma la muy temprana difusión y éxito en nuestro país de la obra de Folengo. A pesar de la dificultad de sus macarronismos dialectales, ese “diálogo subterráneo con los clásicos” presente en su obra, debió resultar sumamente atractivo para humanistas como Vergara, que devoraron en sus horas de ocio esta literatura “un poco desvaída”4, pero construida con rigor obsesivo.

Ya he incidido en la influencia en la obra de Vergara, de la red. Toscolanense (1521), que representa un momento clave dentro de la evolución de la macarronea folenguiana. Las modificaciones respecto a la red. anterior sólo son comparables a las presentes en la red. Cipadense respecto a la propia red. T. En palabras de Massimo Zaggia puede decirse que “a la fase juvenil de la Paganini, acerba y experimental, por más que ambiciosa, sucede con la Toscolanense una fase extremista, de macarrónico por así decir flameante; la sucesiva redacción Cipadense documentará [...] un repensamiento clasicista, y por fin la Vigaso Cocaio presentará una (incompleta) labor de sincretismo”5.

Este macaronico fiammeggiante de la red. T se caracteriza por un contraste deliberado y violento entre un componente marcadamente dialectal y el latino, así como por la presencia de ciertas extravagancias métricas exclusivas de esta red. No obstante, la red. T no traiciona la línea de evolución de las macarroneas folenguianas trazada por Paoli: en la red. T se reducen errores prosódico-métricos presentes en la red. P y se elimina léxico latino a favor del macarrónico. Prueba sintomática de esto es la reducción del número de versos enteramente latinos. Estos dos aspectos de limae labor continuarán en las sucesivas redd. C y V.

Partiendo de esta caracterización, pasaremos en próximas entradas  a estudiar la tipología del macarroneo del primer poema del género en España en relación con su modelo lingüístico, la susodicha red. T. Analizaremos el léxico macarrónico, y las peculiaridades sintácticas y prosódico-métricas de tipo macarrónico.









1 Cf. J. PÉREZ, o.c., pp. 177-179
2 Cf. M. BATAILLON, o.c., p. 454
3 Cf. J. PÉREZ, o.c., p. 134
4 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., p. 404
5 Cf. M. ZAGGIA, “Breve percorso attraverso le quattro redazioni delle Macaronee folenghiane”, Atti Convegno 1991, p. 91.