Insigne latinista y editor de textos macarrónicos, así como estudioso de su gramática y prosodia, Ugo Enrico Paoli publica en 1959 Il latino maccheronico, libro básico para la comprensión lingüística del macarroneo. En busca de adecuados criterios de edición, Paoli rechaza la para él idea preconcebida de los editores folenguianos anteriores de que el “latín macarrónico literario” sea el latín de la más absoluta libertad, en cuanto que es lenguaje desarrollado bajo la enseña del error voluntario. El macarrónico folenguiano, por contra, es un lenguaje sometido a leyes muy rigurosas (leggi rigorosissime), e incluso los prefolenguianos no están libres de cierta normatividad. Por ello, situado en una perspectiva fundamentalmente sincrónica, se esfuerza por delimitar con precisión los rasgos diferenciales del híbrido macarrónico, incidiendo en su componente latino.
Paoli parte de la premisa de que el macarroneo pertenece a los lenguajes híbridos en los que el hibridismo es voluntario y consciente. En el macarrónico, el hibridismo resulta una fórmula literaria producto de una convención de eruditos, lo que lo opone a creaciones espontáneas del pueblo como el jiddish y el papiamento.
El hibridismo voluntario en general, se puede materializar de diversas formas: o por simple traspaso en periodos o frases sucesivas de una lengua a la otra, o por la alternancia en un mismo periodo de formas tomadas de lenguas distintas, o finalmente por alteración de las palabras y de las construcciones de una lengua por influjo de otra.
Sobre la primera forma elencada, Paoli ofrece ejemplos tomados del propio Folengo, que presenta a los franceses hablando en francés, a los alemanes en alemán, a los albaneses en albanés, y a los campesinos en su propio lenguaje. Generalmente se limita a pocas palabras o a interjecciones:
‘Nondimenum habitus, facies, parlatio linguae,
Scilicet “oy, tam bien, ma foy”, similesque parolae
Esse foresteros signant, straniamque brigatam.’
(Baldus V II 285-287)
(‘La vestimenta, empero, el porte, y la lengua que escucho,
Como “oy, tam bien, ma foy”, y semejas palabras,
Me descubren que sois forasteros y gente extranjera.’)
La mera alternancia de lenguas, de la que se dan ejemplos de autores clásicos, no es macarrónico, si cada lengua conserva sus formas regulares. El macarroneo no se limita a yuxtaponer elementos de naturaleza lingüística diferente, sino que los funde, de tal modo que latín y vulgar interfieren continuamente entre sí. Las anomalías que se producen son resultado de un proceso que opera en dos direcciones, de resultas del cual el latín se italianiza, y el italiano se latiniza. El lector, pues, se ve ante una masa de palabras en las que no siempre acierta a distinguir donde acaba una lengua y donde empieza la otra.
Por otro lado, el macarroneo de Folengo y sus predecesores es un producto del Humanismo, rasgo que lo opone, por añadidura, a los poemas bilingües del medievo como los carmina Burana, que presuponen la literatura latina medieval, que en la historia del tardolatín representa lo inverso de la literatura humanística. La poesía latina medieval, conservando en la superficie el lenguaje latino, acepta las leyes métricas del vulgar, como acentos, rima y ritmos. En el latín humanista, por el contrario, revive la métrica y la prosodia clásica. El macarroneo, como se ha dicho, es un híbrido basado en el error, pero, como dice Coseriu, ningún error es sólo error, y el lenguaje de Tifi y Folengo nace de una voluntaria alteración del latín renacentista. Tanto es así, que cuando se encuentran en la obra de estos poetas versos sin contaminación de vulgar, podrían ser atribuidos, según Paoli, a cualquier poeta que estuviera en la línea de un Pontano o de un Fracastori:
‘Infidum arridet saepe imprudentibus aequor,
Mentiturque leves zephiros aquilone parato.
Hinc veniunt homines cupidi, quos plura videndi
Cura subit, seu forte deas in gurgite nantes,
Sive tridentiferi verrentes caerula currus.
Verum ubi subducto ventum est qua littore circum
Misceri aspiciunt coelum aequore, et aequora coelo,
En miseri avulso singultant viscere proni
Hinc atque hinc nautae, nigraque urgente vomuntur
Bile dapes, foedatque acidus Nereidas humor,
Unde indignantes venti tam audacter amicas
Commaculare suas genus hoc mortale, caducum
Atque procax, ne sic evadat crimen inultum
Concurrunt, sonituque ingenti obnixa profundo
Tergora subiiciunt pelago, totumque revellunt.
Heu stulti, quos nulla monet iactura priorum!
Tunc ea tempestas, ea tunc asperrima rerum
Debuerat facies animo spectarier ante,
Mox frustra insani vellent contingere portus’.
(Baldus V XIII 376-395)
Señala el mismo Paoli cómo ni el bilingüísmo de la poesía latina medieval ni parte de la técnica de sus predecesores parecían a Folengo aptas para cumplir el programa base de la macarronea, que era imitar con intención burlesca el latinus grossus de los ignorantes, y para alcanzar una íntima y genial convivencia entre elementos latinos y no latinos con el fin de llegar al máximo de expresividad. La consecución de esta fusión orgánica será el problema central de la poesía macarrónica en su expresión más depurada.
Se deduce de todo esto que no basta el hibridismo para dar el título de macarroneo a una mezcla de palabras latinas y no latinas, sino que es necesario que los elementos heterogéneos no estén simplemente alternados o yuxtapuestos, sino fusionados, como ríos que mezclan sus aguas. De tal fusión, dice Paoli, no puede nacer más que una anomalía, un esperpento lingüístico, un error, en suma, intencional y buscado a conciencia.
Hibridismo y error vienen, pues, a coincidir en una orgánica fusión de elementos lingüísticos. Un término folenguiano como ammazzator por “assassino” (asesino) es al mismo tiempo una forma híbrida y anormal: híbrida porque funde el tema del verbo italiano “ammazzare”, que en latín es interficere, con el sufijo latino –tor; anormal, porque en latín “assassino” se dice latro, sicarius, significando también interfector, que resulta más próximo a ammazzator, que, pese a cualquier analogía, resulta un “cuerpo extraño” al latín.