CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 11 de junio de 2016

SINTAXIS, PROSODIA Y MÉTRICA EN LA EPÍSTOLA MACARRÓNICA DEL DR. DIEGO SÁNCHEZ




Sintaxis macarrónica.

No hay extravagancias sintácticas reseñables en epist., salvo el faciens cacare del v. 106, que recuerda los usos folenguianos; pero su carácter aislado no asegura una influencia en este punto, sino que más bien está en consonancia con el tipo de latín empleado.

Prosodia macarrónica.

1. Rasgos generales.

El poema se atiene en general a las reglas de la prosodia romana, aunque se manejan con gran libertad las cantidades de las palabras latinas.

Se respetan las cantidades de las desinencias. Algunas de las excepciones estaban ya contempladas por la prosodia macarrónica folenguiana, como el adverbio breve iuxtă del v. 46, el imperativo breve properă del v. 115 (cf. glosa a Baldus T XVIII 112: nota quod omnia imperativa in ‘-a’ terminantia ultimam producunt, dico Latine, sed macaronice possunt abbreviari, aunque esta licencia es aplicada casi exclusivamente a macarronismos1), el abl. breve del gerundio macarrónico pasandŏ (93), y los macarronismos de calco en final de hexámetro cabŏ dĕ vela, y pocŏ dinero. Fuera de este grupo quedan los siguientes casos: virtutīs (21), ossŏ (53), los abl. breves repleta (33), tota (56), lana (64), mora (81), el nom. pertristīs (83), el ac.pl. largo ista (89), dicetūr (95) y proptēr (105).

2. Prosodia de las palabras latinas.

Se respetan las reglas prosódicas romanas, aunque hay gran libertad a la hora de establecer la cantidad de las sílabas a fines de mantener la urdimbre métrica del hexámetro. Hay 34 versos que presentan anomalías prosódicas (vv. 4, 5, 15, 21, 22, 25, 29, 32, 33, 34, 37, 39, 45, 47, 53, 54, 55, 56, 59, 63, 64, 71, 73, 76, 81, 83, 89, 91, 92, 105, 107, 109, 117, 119), que representan un 28,33% del total.

2. 1. Errores prosódicos.

Dada la frecuencia de estos errores, es posible pensar que el autor los presente como un rasgo macarrónico más, al modo de los prefolenguianos. Para salvar una escansión correcta, aparte de los lícitos alargamientos en arsis (cf. v. 7: mēdicinarum, v. 8: phīlosophus, v. 15: pēriculosos, v. 29: tormentā, v. 48: consēquenter, v. 50: carnē, v. 54: squalīdos, v. 61: noctē, v. 62: quaerītant, v. 68: iācet, v. 82: cītati, v. 90: sīne, littēris, v. 91: horcā, v. 104: nēcesse, v. 109: dicār, v. 117: iurīs, quāsi), hay que admitir alargamientos arbitrarios de sílabas breves (cf. v. 5: pēritus, v. 25: stūpens, v. 29: fāmes, v. 22, 39, 59: sīmul, v. 33: inquē, v. 37: sōlent, v. 34: gēlu, fūgare, v. 45: ōuantes, stātim, v. 55: mānus, v. 63: schōlaribus, v. 73: immīnente, v. 76: schōlaris, v. 91: mānet, v. 92: littēratus, v. 105: dīe, v. 107: cācent), y abreviación de sílabas largas (cf. v. 4: clămito, v. 15: perĭculosos, v. 22: mĭlitat, v. 25: tŏtus, v. 32: requĭrit, v. 35: ĕ, v. 47: prĭmum, v. 54: squălidos, v. 71: concathĕnare, v. 92: ĕuadit, v. 109: immŭnis, v. 119: vĕritates). Existen algunas infracciones a la ley de la posición (cf. v. 34: mĭsselli, v. 54: ĕt, v. 90: lĭtteris, v. 109: ĭmmunis, v. 117: căptiuo).

2. 2. Voces aparentemente latinas.

Dentro de esta categoría, en la que el origen vulgar permite la libertad prosódica, podemos incluir las siguientes voces: sepulturas (18), examinati (28), vapores (59), religionem (84), calles (101), sudorem (108), columna (113), audientia (115).

2. 3. Manipulación formal de voces latinas por motivos prosódicos.

De los tres posibles casos en discusión summere (v. 46), băchalarium (46), y săliti (57), la geminación del primero es innecesaria dado el carácter largo de la primera sílaba por naturaleza (cf. lat. sūmere), el segundo plantea problemas por una posible correspondencia vulgar de esta palabra del bajo latín (cf. glosario s.u. ‘bachalarius’), y el tercero es el único cuya presencia estaría justificada bajo este epígrafe (cf. lat. sālliti), aunque la presencia de formas como lĭtteris (90), nos indican que tal manipulación no es un objetivo en la composición del autor, y, desde luego, no señala una influencia folenguiana.

3. Prosodia de las palabras macarrónicas.

Se aplican las normas prosódicas latinas a las voces macarrónicas, con algunas excepciones marcadas por el carácter del acento vulgar (cf. infra 3. 6). Se afirman así tendencias que apuntan sólo timidamente en Spur., y es absoluta novedad de epist. la macarronización de los diptongos vulgares según las reglas prosódicas aplicadas a sus homólogos latinos (cf. infra 3. 8). La influencia folenguiana parece diluirse en una vaga autoridad de referencia prosódica.

De 134 macarronismos contabilizados sólo hay cuatro formas que se apartan tanto de las reglas prosódicas latinas como de las macarrónicas, lo que representa un 2,98% del total. Esto es indicio de la seguridad alcanzada en el manejo del instrumento lingüístico macarrónico.

3. 1. La ley de la penúltima.

El carácter directivo del acento de intensidad vulgar en la determinación de la cantidad de la penúltima sílaba queda roto sólo en una ocasión: cauallĕrus.

3. 2. Sílaba anceps en protonía.

Tenemos ejemplo en el par dīneris / dĭnero.

3. 3. La ley de la posición y alternancia entre consonantes dobles y simples.

Se localizan sólo dos infracciones a la ley prosódica latina de la posición (cf. pĭltrafae, gŏrdos). Existen, además, algunas infracciones que llamamos aparentes al representar el dígrafo un solo fonema como es el caso de ‘ll’,‘rr’ y ‘ch’ (cf. bărrancos –pero modōrrae-, atŏlladero, cĕrrajas, chancĭlleriae –pero escudīlla-, pĕcherum, mŏchachos –pero mācho-). Los tres contraejemplos puestos entre guiones demuestran el papel que desempeña el acento de intensidad vulgar en la determinación de la cantidad de la penúltima sílaba.

No hay en epist. alternancia entre consonantes dobles y simples prosódicamente motivada. El único ejemplo aducible de alternancia (pāssaui / pāsat, pāsando) no responde a este designio.

3. 4. Sílaba anceps delante de “muta cum liquida”.

Tenemos casos de aplicación a macarronismos en pŏbladas, pŏbreza, quădriles, pădronem, junto a quēbrantatus.

3. 5. Sílaba breve delante de ‘z’.

Esta licencia prosódica, ya localizada en Folengo, va contra el uso latino, que exige sílaba larga delante de ‘z’. Así, contamos en epist. con un expelŭzatus, junto al normativo cōzina.

3. 6. La regla de “vocalis ante vocalem corripitur”.

Esta regla se ve rota cuando el acento vulgar recae en esta posición (cf. frīo, golpēat, puterīas, chancillerīae).

3. 7. Consonantización de ‘i’ prevocálica.

El único ejemplo aducible, aunque dudoso, es caminantium.

3. 8. Tratamiento prosódico de los diptongos vulgares.

Los diptongos vulgares adquieren el mismo carácter prosódico que los diptongos latinos. Contamos, pues, con ejemplos para el diptongo ‘ie’ (audientia –aunque aquí podría hablarse tal vez de consonatización-, conocimientis, remiendi), para el dipt. ‘ue’ (callejuelas, puertos, recuerus), y para el dipt. ‘io’ (necius, prouisionem). El poeta, no obstante, rompe esta regla en tres ocasiones por necesidades métricas (cf. cicĭones, religĭonem, y el posible dipt. breve pescueçum -aunque podría hablarse quizás de consonantización de ‘u’ prevocálica-). La ruptura vulgar del diptongo es también reflejada, como en pĭōjos.

Métrica.

1. Características.

El poema consta de 120 hexámetros κατά στίχον. Se detectan algunas anomalías, como dos versos hipermétricos (cf. vv. 13, 18, 64), y cuatro versos hipométricos de cinco pies (cf. vv. 38, 52, 53, 108), que excluímos de nuestro análisis.

  1. Los cuatro primeros pies: distribución de dactilos y espondeos.




TIP.
TOTAL
Nº ORDEN epist.
Nº ORDEN VERG. Aen.
Nº ORDEN OV. met.
SSSS
29=25,66%
1
5
15
DSSS
25=22,12%
2
1
2
DDSS
11=9,73%
3
2
1
SDSS
8=7,07%
4
4
-
DSDS
7=6,19%
5
3
4
SSDS
7=6,19%
6
7
-
SDDS
5=4,42%
7
8
-
DSSD
5=4,42%
8
9
-
SDSD
4=3,53%
9
6
-
SSSD
3=2,65%
10
13
-
SSDD
3=2,65%
11
14
16
DDSD
2=1,76%
12
10
5
DDDS
2=1,76%
13
11
6
DSDD
2=1,76%
14
12
7

113





Destaca el predominio de una secuencia anómala respecto al modelo virgiliano predominante, que es, no obstante, el más imitado e impone su norma métrica en poemas no épicos como el presente.



b) Elisiones.


TIP.
TOTAL
1 A
-
1 T
2=18,18%
2 A
2=18,18%
2 T
2=18,18%
3 A
-
3 T
-
4 A
1=0,88%
4 T
1=0,88%
5 A
1=0,88%
5 T
2=18,18%
6 A
-
6 T
-

11





La elisión ocupa los lugares tradicionales. La primera tesis, segunda arsis y cuarta tesis tienen así más elisiones que las que encontramos en la primera arsis y sexta tesis, en este caso inexistentes. Existe, no obstante, elisión en quinta tesis.

Hemos localizado nueve casos de hiato (vv. 45, 49, 69, 74, 84, 95, 96, 100, 109). De ellos cuatro constituyen ecthlipsis con alargamiento de la vocal precedente (vv. 45, 49, 84, 100).


  1. Cesura y monosílabo ante cesura.



TIPOLOGÍAS
TOTALES
VERG.
PENTEMÍMERES
102=91,07%
110=98,21%
99,62%
TRIPLE A
8=7,14%
TRIPLE B
-
2=1,78%
0,38%
HEPTEMÍMERES
2=1,78%

112





Las cesuras más frecuentes son las mismas que las de Virgilio. El verso 120 presenta una única cesura triemímeres.






TIPOLOGÍAS
TOTALES
Lĕgĭs ex ||
7=31,38%
11=50%
Non de ||
4=18,18%
Ergō qui ||
6=27,27%
11=50%
Tendĭmŭs in ||
5=22,72%

22=18,33% sobre 120 vv.


Los dos tipos más usuales (monosílabo ante cesura precedido de otro monosílabo o de palabra pirriquia), se combinan en plan de igualdad con dos tipos anómalos como el espondeo o dáctilo precedente.


c) Estructura silábica y finales de hexámetro.




TIPOLOGÍA
TOTAL
VERG.
OV.
2+3
73=64,60%
32%
35,5%
3+2
14=12,38%
53,5%
55%
5
14=12,38%
-
-
1+4
10=8,84%
-
-
2+1+2
1=0,88%
11%
8%
2+2
1=0,88%
-
-

113





Es de notar, aparte la influencia de los modelos virgiliano y ovidiano, la frecuencia anormalmente alta de la cláusula pentasilábica. Hay un verso, el 80, que presenta un troqueo en quinto pie, a menos que se lo entienda arbitrariamente alargado por afectar a una palabra que se podría considerar aparentemente latina (papyro), formando así un hexámetro espondaico. No hay monosílabos finales.






1 Cf. ed. Zaggia, p. 648



Imagen: Libros de Actas Capitulares en el Archivo Municipal de Marchena (Sevilla)

sábado, 28 de mayo de 2016

EL MACARRONEO DE LA EPÍSTOLA MACARRÓNICA DEL DR. SÁNCHEZ




1. El léxico macarrónico.

1. 1. Macarronismos léxicos.

Constituyen el cuerpo básico del léxico macarrónico de epist. (124 de 135 macarronismos registrados). Un pequeño número pertenece a un acervo lexical arcaico (curtus, harone, mochachos) o anómalo (lota). Doctoramentum es el único posible ejemplo de manipulación de la voz vulgar de origen (i.e. ‘doctoramiento’) en el proceso de macarronización, más allá del simple añadido de sufijos y desinencias al lexema de la palabra española.

1. 2. Macarronismos morfológicos.

Pueden aducirse un ejemplo: se lee un horologius, que altera el género neutro del original lat. horologium. Tiene la importancia de ser el primero documentado en el desarrollo de la macarronea española. Parece deberse a razones métricas.

1. 3. Macarronismos heteróclitos.

Un apunte de este tipo se encuentra en el abl. pl. colchonis, en cuyo lugar se podría haber esperado una forma *colchonibus por la 3ª declinación, a la que sería más fácil de adscribir un sustantivo como colchón dado su plural colchones, ya documentado en Spur. 10.

1. 4. Macarronismos semánticos.

Pueden incluirse dentro de esta categoría audientia, calles, pupili, saltare, simam, tabernas.

1. 5. Macarronismos de locución o de calco.

Los dos ejemplos registrados (cabo de vela, per poco dinero) resultan casi citas directas del vulgar, por lo que su regularidad prosódica se relaja. Estamos, como advierte M. Zaggia, en los límites extremos de la gramática macarrónica1.

1. 6. Frecuencia de los macarronismos.

Los 37 versos que contienen un solo macarronismo (vv. 2, 4, 20, 25, 29, 32, 33, 42, 44, 48, 51, 53, 54, 62, 68, 73, 76, 77, 79, 80, 81, 82, 84, 86, 90, 91, 93, 94, 95, 96, 100, 108, 112, 113, 115, 119, 120) representan un 30,83% del total.

Los 42 versos que contienen más de un macarronismo (vv. 10, 11, 12, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 30, 34, 35, 36, 38, 39, 40, 41, 43, 47, 49, 50, 56, 58, 64, 65, 66, 67, 69, 70, 74, 75, 78, 88, 98, 99, 101, 102, 103, 109, 111, 116, 118) suponen un 35% del total.

Los 38 versos íntegramente latinos (vv. 1, 3, 5, 7, 8, 9, 13, 21, 22, 23, 24, 26, 27, 31, 37, 45, 46, 52, 55, 57, 59, 60, 61, 63, 71, 72, 83, 85, 87, 89, 92, 97, 104, 105, 106, 107, 114, 117) representan un 31,66% del conjunto total.

La distribución casi proporcional de las tres categorías llama la atención, fundamentalmente, sobre el elevado número de versos íntegramente latinos.

1. 7. Función estilística de los macarronismos.

La disposición predominante de los hexámetros latinos coincide con los momentos de tono más grave, como son los de queja ante la situación de injusticia que el doctor afirma sufrir (cf. vv. 1-9; vv. 21-28) o cuando refiere lo sacrificado de su oficio (cf. vv. 104-107); en otras ocasiones eclosionan en torno a un calco clásico (cf. vv. 37, 55, 61, 63, 71, 105, 114, 117 y ap. de fuentes correspondiente). Fuera del primer y segundo grupo enunciados, son básicamente neutros desde el punto de vista estilístico, excepto cuando resultan connotados por contraste irónico con el contexto macarrónico. Tal es el caso del v. 63 (haec est prima quies miseris scholaribus aeui), que con su armonía clásica parece anunciar un respiro a las desdichas de la vida escolar. Esta impresión se desvanece inmediatamente en el v. 64 (in colchonis factis non fina sed lana pelote), que devuelve brutalmente a la realidad de su miseria material (vv. 64-72).

La función de los macarronismos en epist. está en relación proporcional con la impresión que se pretende conseguir en el influyente destinatario de la carta. Recuérdese que el autor advierte que a pesar de ser una macarronea lo que escribe, no tiene un carácter jocoso y amable (cf. vv. 1-4), como aquellas con las que, quizás, Sánchez deleitó a Vargas en su época salmantina, situándose así en la tradición del médico "chocarrero", de la que será un ilustre exponente López de Úbeda con su Pícara Justina2. No hay, ciertamente, en esta obra un regusto filológico y preciosista en la creación y experimentación lingüística con los macarronismos, como se deduce del análisis del léxico macarrónico. El autor, por el contrario, emplea mayoritariamente una masa de voces que en su enmacarronamiento desinencial apenas se apartan de su forma originaria vulgar (arroyos, atolladero, barrancos, braços, bubosas, cabecera, cabo de vela, callejuelas, calles, camas, camisa, capa, cartas, caydas, cerrajas, ciciones, columna, costas, cozina, curta, chinches, choças, despensas, per poco dinero, etc), que resaltan así dramáticamente la materialidad de la realidad que se pretende evocar (quartos, tripas, sepulturas, horcas, sisas, pulgas, chinches, piojos, pobreza, horca, callejuelas, puterias, putas, bubosas, ciciones, mentiras), como puede observarse también en la adjetivación (sucias, caydas, sarnosa, frio, curta, raida).

A pesar del carácter práctico del texto, éste no está exento del cuidado formal, lo que, por otra parte, no debe considerarse paradójico. El autor emplea, así, aliteraciones efectistas combinadas con anáforas donde aprovecha las posibilidades que le ofrecen ambas lenguas (v. 14: “heu! Quot arroyos, quot rupes atque barrancos”). De esto son prueba las alternancias de formas latinas y sus correspondientes vulgares3 (cf. vv. 25-26: ...expeluzatus / horresco...; vv. 81-82: ...pagate / ...persoluere...). Hay que destacar la hábil disposición de los macarronismos, que son insertados en los contextos donde alcanzan mayor fuerza evocadora, connotados casi siempre negativamente. Véase el v. 73 (quoque magis doleas, iam imminente pobreza), construido hasta la cesura principal sobre un calco clásico, y que se cierra con un ablativo absoluto cuyo sujeto, que ocupa frontera versal, es un expresivo macarronismo, “pobreza”, que resume y anuncia el grueso de las desgracias de los condiscípulos del joven Diego Sánchez. Estas desventuras alcanzan su culminación y cierre lapidario en el verso 91 (sola horca manet, et desperatio sola), en el que convergen figuras como el quiasmo, cuya férrea arquitectura evoca el rigor de una sentencia, la epadaniplosis (sola...sola), que incide psicológicamente en el desamparo del infortunado estudiante, y el hysteron-proteron, que, trastocando el orden cronológico de las ideas, resalta el macarronismo “horca”, más efectivo aquí sin duda que su correspondiente latino “furca”.

Existen en epist. rasgos del conceptismo que eclosionará en la literatura vernácula hacia finales de siglo4. Véase un ejemplo de retruécano en los vv. 69-70 ([syndone] constructa ex stupa et lota sine jabone / quam magis induerant costurae et mille remiendi), donde se nos habla de una sábana que no ha recibido las marcas del jabón de sastre, sino la de las costuras y mil remiendos; de calambur (cf. v. 90: “extat praecipue ‘si necius’ aut sine litteris”); de derivación (cf. v. 101: “...calles et callejuelas”); y ejemplos de dilogía como en los vv. 111-112, en los que se juega con un doble sentido de adsunt, ‘acompañar’ y ‘asistir (como defensa)’: frente a la incomprensión del concejo al doctor sólo le ‘asisten’ una serie de enfermedades, que son el objeto de su labor; dilogía existe también en el v. 118 donde se juega con una doble acepción de pecho, ‘parte del cuerpo humano’ y ‘tributo’.

Es, finalmente, notable la ausencia total de macarronismos e, incluso, de calcos folenguianos. En poco menos de diez años, si Bald. fue escrito entre 1522 y 1524, la macarronea ha alcanzado plena independencia de su modelo italiano, y su código lingüístico, el macarroneo, es manejado con gran seguridad y conciencia de sus posibilidades expresivas.






1 Cf. ed. Zaggia, p. 649. Se citan ejemplos como fac bonă guardă (Mosch. T III 102).
2 Cf. cap. VI. 2. 1.
3 Cf. ed. Zaggia, pp. 671-672.

4 Cf. FERNANDO LÁZARO, "Sobre la dificultad conceptista" en ID., Estilo barroco y personalidad creadora, Anaya, Madrid 1966, p. 20.

sábado, 7 de mayo de 2016

LOS "MAYOS" DE MANTUA (BALDUS V, 3, 179-200)





 Llega la fecha en que Mantua toda se viste de fiesta:
el uno de mayo sonríe bajo un Apolo1 luciente.                            180
Todo hidalgo ordena delante de su palacio
plantar un enhiesto varal ornado de arbóreas frondas,
al que el pueblo a causa del mes el "mayo"2 lo llama.
Una turbamulta plebeya sigue a carros triunfales,
que por una parte u otra de la ciudad buey o vaca                       185
gruesa lleva, y camina cubierta de rosas variadas.
Tejido de hojas de naranjo se alza un baldaquino
de mirto, laurel, mejorana, romero sobre los carros.
Todo tipo de álamos, toda de verdeantes
olmos especie, de encinas, y de las yedras rampantes                 190
desparpajan sus cabelleras y cuádrigas ornan.
Obleas de pasta, y mil de dorado papel las cintas
que de hilos cuelgan, crujen del aire inquieto movidas.
En alto de este carro triunfal elevarse Cupido
alado se observa, niño cegato y sin pañales;                               195
él tira los dardos acá y allá de su dura ballesta.
Un grupo de muchachitas, cubierto en sus trenzas3 de flores,
llena sus cestos de huevos por toda la villa cantando.
Baldo también, mezclado con éstas al canto se apresta,
y de las ganancias exige su parte sin que nada falte.                   200









1Citado como dios del sol
2Árbol de mayo o mayo, elemento esencial de estas fiestas, probablemente importadas en Italia por los longobardos, en las que se mezclaron elementos de exaltación guerrera y de las celebraciones primaverales de la Maya romana (Faccioli).

3En mi traducción intento reproducir de algún modo el acusativo de relación presente en el verso (Turba puellarum trezzas redimita corollis), ya señalado por Paoli, así como su fuente en el primer verso de la Copa del Appendix Vergiliana (Copa, Surisca, caput Graia redimita mitella).