CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 22 de noviembre de 2014

ENTRE LOS AMIGOS DE MERLÍN COCAYO




Pasando una semana en el norte de Italia de viaje de novios con mi esposa, el presidente de la asociación Amici di Merlin Cocai (dedicada a la promoción de la obra y de la figura del Virgilio macarrónico, y de la que formo parte hace años), Otello Fabris, supo de mi paso por Verona, y me invitó a asistir a la asamblea general de la asociación que se celebraba en el monasterio de Campese, donde se halla la tumba de Teófilo Folengo, y la biblioteca de la asociación, recientemente engrandecida con la donación de la biblioteca del gran estudioso Carlo Cordié. Nos desplazamos desde Verona hasta allí gracias a la amabilidad de otro asociado, Silvano Bassi y su gentil esposa, Anna, quienes nos llevaron en su coche. Silvano es un apasionado de los libros antiguos, y pudimos hablar un poco sobre el antiquarista Torello Saraina, que ocupó mi memoria de licenciatura.
Llegamos a Campese, y pudimos admirar el emplazamiento, y la biblioteca folenguiana con que cuenta la asociación.







  

Acto seguido, asistimos a la asamblea, en la que pude expresar ante los socios mi gratitud, y mi emoción por comprobar que la asociación está muy viva, e integrada por personas con profundas inquietudes culturales, y dotadas de un amor hacia el autor mantuano y su obra, que a mí, desde la lejana España, donde soy el único en estudiar su obra, me reafirma en mis propósitos científicos, y en aliviar mi consiguiente soledad.
Posteriormente, nos trasladamos a la iglesia del monasterio, donde ejecuté un rito establecido desde 1994, y que consiste en la coronación del busto de Folengo que se halla junto a su lápida por parte del invitado de honor de la ocasión; en primer lugar, Otello nos presentó el lugar, cuyas vicisitudes y restauraciones yo conocía por la bibliografía, y recordó cómo el mayor biógrafo de Folengo, el difunto Giuseppe Billanovich, quien estableció la fecha exacta de la muerte del artista, podría haberse ahorrado todas sus investigaciones en este punto, si hubiese visitado Campese, que no se hallaba muy lejos de su lugar de trabajo. Cosas de los investigadores. Per ardua ad sidera. Me emocionó comprobar también in situ que sobrevive la inscripción dejada por un visitante español del siglo XVI o XVII, y de la que habla A. Momigliano en un viejo artículo.











Con posterioridad, nos dirigimos a Bassano del Grappa, sede de la asociación, donde se cumplió con un almuerzo de convivencia (que responde muy bien a la vertiente gastronómica de la asociación, que promociona también el conocimiento la cocina renacentista tan presente en la obra folenguiana), en el que Otello Fabris me impuso la insignia de oro de Socio Senior. En unas breves palabras, que ya me faltaban, abrumado por la emoción, expresé de nuevo mi gratitud, y mi admiración por ellos, que saben canalizar la vida cultural de su país a través de asociaciones privadas, con recursos ocasionales a patrocinadores, al contrario de lo que ocurre en España, donde estas iniciativas colectivas son más bien raras, por la mentalidad estatista que espera que sea el Estado, a través de subvenciones y su iniciativa el que anime la cultura del país.






sábado, 1 de noviembre de 2014

LA REDACCIÓN CIPADENSE DE LAS MACARRONEAS DE TEÓFILO FOLENGO




La tercera redacción de las macarroneas folenguianas apareció sin indicación de fecha, y el colofón reflejaba un lugar de impresión y un impresor obviamente ficticios: Cipadae apud magistrum Aquarium Lodolam1. El frontispicio de la príncipe, extremadamente sobrio respecto al de la red. precedente, ofrece un nuevo título, el contenido de la obra, que retoma en otro orden el de la red. T, y dos dísticos latinos en los que el autor entona una palinodia por su obra anterior y el presunto daño causado a terceros:

MACARONICORVM || POEMA. || [motivo ornamental en forma de trébol] || Baldus. | Zanitonella. | Moschaea. | Epigrammata. || Tam sibi dissimilis, tamq(ue) alter habetur ab illo | Merlino, vt primum nesciat autor opus: | causa recantandi fama est aliena, malorum | Iudicio, haud vatis simplice morsa ioco.

Desaparecen de esta redacción, junto con el copioso aparato de glosas, todas las chispeantes prosas macarrónicas introductorias de las redd. P y T2, que son sustituidas por un breve prefacio en prosa vulgar (Francesco Folengo alli lettori), firmado por el único laico de los hermanos Folengo, funcionario de los Gonzaga. En este prefacio se afirma que esta nueva versión sólo pretende responder a las críticas literarias y morales suscitadas por las anteriores redd., pues los intereses actuales del autor, que retoma de mala gana su obra, van por vías muy diferentes. Finalmente, Francesco Folengo advierte de que ha recibido el texto para imprenta en octubre de 15303.

Ya en la parte propiamente macarrónica las nuevas versiones aparecen en orden trastocado, precediendo ahora el Baldus a la Zanitonella. Tras los epigrammata figura, bajo aparente pseudónimo4, un postfacio en lengua vulgar (Nicolò Costanti altramenti lo Scorrucciato agli lettori), en la que se proclama la belleza, plurimorfismo y singularidad de la lengua macarrónica. Bajo esta carta de Costanti y antes del errata-corrige final, aparece en la princeps el severo busto clasicista de un poeta laureado, con la inscripción MERL. COC. F.5





El Baldus C es fruto de una metódica reelaboración formal y narrativa. De sus novedades estructurales y temáticas ha llamado especialmente la atención de la crítica el desarrollo del episodio de Berto Panada en el libro II, la biografía mítica de Merlín insertada al comienzo del libro XXII, y los cambios en el final del libro XXV, pasajes ambos reveladores de un cambio en la concepción del macarroneo en las dos últimas redacciones de las macarroneas folenguianas6. Tras el Baldus aparece la Zanitonella, reducida casi a la mitad (672 vv. frente a los 1283 de la T), y objeto de numerosos retoques formales, generalmente atentos a atenuar los efectos más abiertamente paródicos y a incrementar el decoro literario macarrónico7. En su nueva versión la Moschaea es objeto de una revisión bastante minuciosa, aunque sin alterar sustancialmente su fisonomía general, lo que la hace la obra macarrónica menos alterada en el paso de la red. T a la C8. Bajo el sobrio título de Epigrammata aparece desarrollado (32 epigramas -sin epístolas- en parte macarrónicos y en parte latinos, ya no ligados al Baldus) el Libellus de la red. T9. Las macarroneas de esta versión ostentan, en suma, una minuciosa labor de reelaboración formal, que hace de la red. C la fase más clasicista del macarroneo folenguiano, denominación que adquiere sentido si se la parangona con el gusto exuberante y excéntrico de la red. T10.

La red. C sólo conoce una edición sucesiva a la príncipe, impresa en Venecia por Pietro Boselli en 155511. Su fortuna editorial es más desgraciada, si cabe, que la de las redd. precedentes: ahogada en los siglos anteriores por el éxito de la red. T, lo ha sido a la vez en éste por la red. V. A ello han contribuido razones formales, como su íntima unidad con la redacción siguiente (piénsese que los impresores póstumos de la red. V tuvieron como antígrafo parcial un ejemplar de la red. C con correcciones autógrafas al margen, y esas interrumpidas por la muerte del autor, lo que llevó a Paoli a denominar a la V como Cipadensis altera12), y razones coyunturales, como la preferencia exclusivista por la red. V de la crítica del siglo XX. Dentro de su volumen de Macaronee minori Zaggia editó la Zanitonella, la Moschaea y los Epigrammata de esta redacción13. En 1993 apareció una reproducción facsímil (Macaronicorum Poema) del ejemplar conservado en la Biblioteca Comunale de Mantua (177. F. 41.) a cargo de la Associazione Amici di Merlin Cocai, con epílogo de Giorgio Bernardi Perini, y nota de Rodolfo Signorini.







1 Alessandro Luzio (1889) sostuvo que se publicó entre 1539 y 1540, ya que en la red. C se celebra como aún vivo a Federigo Gonzaga († junio de 1540), mientras que falta el elogio entusiasta de Isabella d'Este († febrero de 1539) presente en la red. T. Zaggia considera esto como argumento e silentio y fija la fecha de impresión en torno a 1535 basándose a las referencias internas a sucesos contemporáneos, y la de composición entre 1530 y 1535. Mario Chiesa, por el contrario, piensa que puede defenderse la datación de Luzio precisándola antes del 21 de agosto de 1539, fecha de la muerte de Francesco Folengo, autor del prefacio de la edición (cf. M. CHIESA, "Dubbi intorno alla Cipadense", Atti Convegno 1991, p. 461 n. 5). Por otra parte, la edición había sido atribuida desde el siglo XVII a Alessandro Paganino, pero Zaggia lo considera insostenible por razones bibliológicas y de cronología relativa, y la asigna, mediante el análisis de ciertos caracteres tipográficos y rasgos ornamentales, a Aurelio Pincio, que ya había sido impresor de L'Umanità del Figliuolo di Dio (cf. M. ZAGGIA, "Breve percorso...", pp. 94-95).
2 A. MOMIGLIANO, "Le quattro redazioni de la Zanitonella", GSLI, v. LXXIII (1919), p. 24, señala que la supresión de las glosas en las dos últimas redd. daba mayor unidad y seriedad a la obra, de modo que el lector no se distraía con apéndices, que, aunque breves y agudos, constituían otros tantos paréntesis nocivos a la impresión fudamental. Mario Pozzi aduce razones culturales: el triunfo entre 1525 y 1530 del riguroso clasicismo vulgar preconizado por Bembo, condenaba, con su nuevo concepto del decoro literario, el experimentalismo y el pluricentrismo de experiencias literarias anteriores como la macarronea. Así, la supresión de glosas y aparatos de autoexaltación respondía al designio de no presentarse más como un clásico, en reconocimento de la propia marginalidad respecto a la nueva literatura (cf. M. POZZI, "Le quattro redazioni...", pp. 40-47). Tal vez la supresión del cuerpo de glosas, frecuentemente burlescas, deba ponerse en relación con la revalorización de la segunda persona macarrónica plasmada en la fábula etiológica de Merlín Cocayo del libro XXII (cf. infra n. 6) y en el nuevo final del Baldus , donde se produce una identificación entre autor real y autor ficticio.
3 El prefacio y su contenido responde a claro propósito del autor, expuesto magistralmente por Zaggia: "La redacción Cipadense se presenta [...] como una obra perteneciente al pasado licenciada por un autor vuelto a intereses muy diferentes. Es evidente que se trata de una simulación, dado que el macarrónico fue para Folengo la pasión de toda una vida, pero es también relativamente fácil intuir las motivaciones personales de tal simulación: para un benedictino apenas reingresado en la Congregación debía ser embarazoso admitir su predilección por una actividad literaria cuanto menos jocosa, o sin más transgresiva, como la macarrónica; era mejor hacer creer que se trataba de una ocupación del pasado, es decir, del periodo transcurrido fuera de la Orden benedictina (1525-1530). La responsabilidad de la publicación, seguidamente, podía ser atribuida a un tercero, y para esto se prestaba el único laico entre los hermanos Folengo, además protegido por Federico Gonzaga, es decir, Francesco Folengo. Se entiende, ahora, porqué en la edición príncipe no aparece la fecha de publicación: era preferible dejar creer en una impresión inmediatamente posterior a 1530". Mario Chiesa, por el contrario, concede verosimilitud a las noticias que sitúan en 1530 el final de la composición de la red., pero la abundancia interna de referencias a hechos históricos posteriores a 1530, difícilmente entendibles como stop-press corrections, le hacen dudar de sus propios planteamientos en un post scriptum (cf. ID. "Dubbi...", pp. 459-469).
4 Zaggia no duda en considerarlo como un pseudónimo folenguiano (cf. ID. "Breve percorso...", p. 97. La carta es reproducida en la p. 98. Nosotros lo hacemos, parcialmente aquí). Chiesa, en cambio, apunta la posibilidad de que se trate de un personaje real, a pesar de no figurar en las listas de los Intronati de Siena, en concordancia con Curti (come mi pare abbia scritto Curti, cf. M. CHIESA, "Dubbi...", pp. 468-469), quien se limita a plantear la cuestión (cf. L. CURTI, "Vigaso Cocaio", p. 172: "Ma, ripeto, la lettera dello Scorrucciato pone, ad un editore critico del testo folenghiano, un problema sicuramente accesorio, che dovrà essere risolto 'in solido' con quello della valutazione della lettera (per alcuni, di mano dello stesso Folengo) nel corpo della redazione Cipadense").
5 Zaggia compara esta imagen con la de la xilografía de la red. T que representaba a Merlín con el botazzus en la mano y alimentado por sus musas, y concluye que "la Cipadense es un monumento clasicista que el poeta macarrónico se edifica a sí mismo" (cf. ID. "Breve percorso...", p. 99).
6 Sobre el episodio de Berto Panada (Baldus C II 179-554 y luego Baldus V II 131-500) y su origen en el Orlandino véase aquí. La novedosa fábula etiológica de Merlín, -en tercera persona- que se prolonga hasta el v. 154 del mismo libro, se inicia con una descripción del río Mincio, que tras circundar la ciudad de Mantua, fluye separando con su curso dos tierras tradicionalmente enfrentadas, la de Pietole y la de Cipada. Pietole se jactaba de haber engendrado a Virgilio, lo que escarnecía a Cipada, carente de poetas. Para remediar tal tacha el senado de ésta designa un embajador doctorado, que embarca para Eubea, donde es acogido solennemente. Prontamente es recibido en el Parnaso por Apolo, que escucha su embajada: ésta consistía en pedir para Cipada un poeta que con la fuerza de su canto supere no sólo a Virgilio sino también a Homero, de modo que no sean dignos de limpiarle el culo (qui nec sint digni sibi nettezare culamen). Apolo responde que Virgilio y Homero han acaparado todo su oro, sin dejar nada a sus seguidores, que, como Pontano, Sannazaro, Fracastoro, Vida y Marullo no han producido más que mera alquimia, y le propone al embajador que vaya al paradisíaco reino de las lasagnas, donde, al igual que él mismo toca la lira y danzan en torno las Camenas, el orondo Tifi toca la gaita acompañando la danza de sus hermanas, pues nadie destaca aún en ese nuevo arte, de modo que puede corresponder la macarrónica palma a Cipada. Tras un largo vagar el embajador llega a los montes donde se atan las viñas con salchichas y todos los árboles producen tortas y buñuelos. Allí es acogido con agrado por Tifi y sus hermanas, que le proporcionan la receta para conseguir un poeta tripífero (trippiferum... poetam), que sojuzge a Virgilio y Homero. El senado y el pueblo de Cipada eligen a un retoño de la clara estirpe de los Folengo, al que alimentar a sus espensas para que cante con la gaita las gestas de Cipada. Pero, milagrosamente, y de modo parejo a como se dice que un enjambre de de abejas alimentaba con miel a Platón, así una mirla (merla) negra cruzaba todos los días el Po llevando en su pico el alimento para el bebé, que recibió de este hecho el nombre de Merlín. Luego fue confiado a un docto preceptor, y tras curtirse en la prosa y en el verso, marcha con muchos compañeros a estudiar a Bolonia, y a escuchar las chanzas del filósofo Pietro Pomponazzi, pero Merlín prefiere entregarse al arte macarrónica en la que había sido introducido desde sus más tiernas uñas por su preceptor Cocayo. Desde el v. 133 al 154 se cuenta que sus primeras composiciones fueron la Moschaea y la Zanitonella, y que luego empezó a componer el Baldus, cuyo protagonista, y otros personajes del poema, le fueron inspirados por compañeros de estudio. Tales obras -se advierte- fueron compuestas cuando Merlín era estudiante, y "no, como brama la chusma, cuando frecuentaba los claustros de la gente de la capucha" (...non ut zentaia baiaffat / quando cucullatae pratigabat claustra brigatae). Aún no había acabado el Baldus cuando un gran tumulto le obligó a huir, y, acto seguido, cambió su modo de vida bajo una regla -religiosa- (sub arcta lege), dejando su obra inacabada, y dedicó sus horas a una mejor ocupación (Estos últimos versos faltan en la última redacción, donde pasaron, transformados, a la biografía folenguiana colocada en el prefacio de la edición, firmada por Vigaso Cocaio, que se presenta como el preceptor del joven Merlín. Tales datos alimentaron la llamada "leyenda autobiográfica" folenguiana. Cf. supra. III. 1. n.2. La etopeya pasó sin muchos más retoques a dicha redacción. Curti reproduce en dos columnas yuxtapuestas Baldus C XXII 105-156 y el equivalente Baldus V XXII 105-134 [cf. ID. "Vigaso Cocaio"..., pp. 134-136]).
7 Cf. ed. Zaggia, pp. 176-177.
8 Cf. ib., pp. 385-386.
9 Cf. ib., pp. 489-492.
10 Esta operación de reelaboración formal miraba, en opinión de Zaggia, "a atenuar muchas asperezas dialectales y extravagancias métricas, y a injertar consistentes dosis de integérrimo latín humanista; fragmentos enteros del Baldus y una buena mitad de los epigramas de la Cipadense discurren en un latín ebúrneo, humanísticamente correcto. Además, por la parte vulgar, en las elecciones gráficas, fonéticas y lexicales se reconocen con mucha evidencia también formas inopinadamente tomadas del lenguaje literario de base toscana (el mismo lenguaje que Folengo había adoptado, o intentado adoptar, en las obras italianas anteriormente publicadas)" (cf. ID. "Breve percorso...", p. 97). Laura Goggi Carotti observaba, en el paso de la T a la C-V, la existencia de variantes que buscan dan un ritmo más ágil al hexámetro, el predominio de un colorido de léxico vulgar dialectal (aunque también se dan pasos de léxico vulgar a otro más latino), y la capacidad de organizar la sintaxis y la narración en modo más complejo y compacto, de graduar la acción para obtener efectos de suspensión y de tensión narrativa, de renunciar a notas y detalles particulares que distraían la atención del lector (cf. EAD. "La rielaborazione degli episodi della Domus Phantasiae e della Zucca (Baldus, XXV)", Atti convegno 1977, pp. 186-208).
11 Una descripción de estas ediciones (C1 y C2) en ed. Zaggia pp. 588-890.
12 Cf. U. E. PAOLI, Il latino..., p. 229. Tal denominación fue recordada posteriormente (Bonora, Zaggia).

13 Zaggia empleó en su edición cuatro ejemplares de C1 -de los doce existentes-, de cuya colación no emergieron variantes. Curti presentaba a Mario Chiesa como futuro editor de las redd. C y V (cf. "Vigaso Cocaio", p. 130 n. 12).

sábado, 4 de octubre de 2014

LA REDACCIÓN TOSCOLANENSE DE LAS MACARRONEAS FOLENGUIANAS (V)




Ha llamado notablemente la atención de la crítica folenguiana el profuso cuerpo de glosas al texto, rasgo inconfundible de esta redacción. Estas glosas, ya presentes in nuce en la red. P, aparecen en esta segunda, como indica Isella Brusamolino, estructuradas con autonomía de microtextos1. Ettore Bonora dedicaba un apartado de su monografía sobre las macarroneas folenguianas al estudio de tales glosas. El crítico relaciona su desarrollo con la conciencia de las múltiples posibilidades del lenguaje macarrónico: "enriqueciendo mucho las notas marginales, Folengo no sólo ofrecía al lector el más precioso instrumento para la lectura no fácil de sus textos, sino que, haciéndose comentador de sí mismo, ponía más al descubierto las tendencias diversas, y, no obstante, convergentes de su vena de escritor: del juego intelectual e ingenioso a la intuición de un fondo expresivo más virginal y potente"2. A continuación establece Bonora una tipología: las glosas son, a veces, defensas del estilo, y, sobre todo, de sus licencias prosódicas, o constituyen explicaciones de formaciones lingüísticas. Las glosas, sobre todo en este último tipo, se presentan como una prolongación de la comicidad del texto. Este rasgo se observa palmariamente en las que reconstruyen etimologías ficticias, como la de castigalatro "cáñamo" (cf. Baldus T IV 240: "canevazzus latine; castigalatro macaronice: ex ipso enim fiunt soghetti quibus ladri castigantur"), en las que presentan falsos reclamos a autoridades inventadas o clásicas, cristianas, árabes y humanistas (cf. Baldus T IV 229: "Nota, ut ait Servius, quod gens differt a brigata, nam gens intelligitur de maribus et foeminis simul, brigata vero tantum de masculis, quasi gens bragata, quae portat bragas. A in i vertitur, testatur etiam Diodorus"), y en las que acumulan sinónimos cómicamente transfigurados (cf. Baldus T IV 265: "reverentia latine; inchinus graece; cortesia caldee; bonavita hebraice; bombracton diabolice")3. Tal aparato de glosas permitirá a Bonora descubrir en Folengo una vocación de filólogo4.

Zaggia caracteriza la red. T como una fase transgresiva y extremista, de macarrónico 'flameante': "el autor amplifica enormemente cualquier punta de contenido y de estilo, inserta digresiones de todo tipo a lo largo del hilo narrativo del poema, introduce más incisivamente en la objetividad relativamente desapegada de la narración los humores y resentimientos y las ideas de su propia personalidad, y, sobre todo, centrifuga y extremiza en todas direcciones los recursos expresivos del macarrónico (luego muy atenuados en las sucesivas redacciones)"5. Silvia Isella consiente en definir la red. T como 'experimental' desde un punto de vista lingüístico, pues Folengo pone a prueba en ella todos sus recursos, profundizando en las ricas potencialidades expresivas del dialecto6.

Esta segunda redacción fue la más conocida, leída y editada hasta el siglo XX, a pesar, como resalta Zaggia, de su pequeño formato editorial y de haber pasado al Índice7. A la editio princeps de 1521 siguieron 8 ediciones, aparecidas entre 1522 y 1692, todas ellas descriptae de la primera8. Las llamadas edd. Teranza (1768-1771) y Portioli (1882-1883), primeras tentativas de una labor editorial sobre las macarroneas folenguianas, ostentan gravísimos defectos, como su carácter contaminatorio y la supresión del aparato de glosas9. A partir de De Sanctis, y sobre todo de los estudios de Alessandro Luzio (1889), quedó relegada, en la consideración de la crítica, como fase intermedia en una evolución que hace de la cuarta y última redacción, la Vigaso Cocaio, la más madura y, consiguientemente, la preferida por la crítica de nuestro siglo10. Esta es la razón de su relegamiento editorial, subsanado en parte con la edición crítica de la Zanitonella, la Moschaea y el Libellus epistolarum et epigrammatum por parte de Massimo Zaggia, cuya labor como editor constituye uno de los logros fundamentales de la filología folenguiana11.





1 cf. S. ISELLA, "Superficie grafica...", p. 196.
2 Cf. E. BONORA, o.c., p. 48
3 cf. ib., pp. 48-53.
4 cf. E. BONORA, "Il mondo contadino...", p. 76. Lazzerini sitúa las glosas en una tradición escolar (cf. "Aux origines...", p. 26), y señala que el uso de notarios y abogados de glosar con frases del vulgar las fórmulas de los documentos legales, que genera un uso burlesco, constituye el antecedente más remoto de las (pseudo)glosas de sermones y macarroneas (cf. "Da quell'arzillo pulpito...", p. 121). Silvia Isella incide en sus implicaciones lingüísticas: "sea esa reflexión [de las glosas] auténtica o, la mayor parte de las veces, paródica, revela, en todo caso, una conciencia muy sensible a las contraposiciones más "fuertes" de códigos lingüísticos diversos, e incluso a oposiciones más difuminadas, pero no menos significativas en el orden de la fonética y el léxico. [...] Se dan casos de oposiciones lexicales (tomadas de campos lingüísticos contiguos, dialectales principalmente, pero disimulados bajo nombres de lenguas 'otras') del tipo: 1) brenta chaldaice, zerla hebraice, mastellus arabice, soium latine; 2) truffare: decipere. Soiare, calefare, trepare, berteggiare, bertonare, tosare; 3) tortelli graece, casoncelli latine, rafiol hebraice -donde el juego sinonímico es una suerte de catálogo de 'possibilia' dentro de los que Folengo realiza su elección, a menudo exclusiva, y otras veces variable de zona a zona del texto. Y se dan, en cuanto a las oposiciones fonéticas, casos del tipo: lasenam mantuanice, sieam bressanice (variantes diatópicas del lat. AXILLA dentro del código dialecto) o la que opone el toscano al lat. y / o dialecto: chetus florentine quietus, giuro scribitur toscaniter, zuro macaroniter, iuro latiniter; megium toscaniter, medium latine; primaias Florentini dicunt primas sicut et denaium, notaium, rasoium; fonzus macaronice, fungus latine; giusum, zosum, deorsum sintéticamente alineados en su triple oposición" (cf. "Superficie grafica...", p. 196).
5 Cf. M. ZAGGIA, "Breve percorso...", p. 90.
6 Cf. S. ISELLA, "Superficie grafica...", pp. 195-196.
7 Cf. M. ZAGGIA, o.c., p. 90. Prueba de ello es su presencia en todas las grandes bibliotecas italianas y europeas. Sobre su inclusión en el índice de 1596 nisi repurgatum fuerit, y en los sucesivos hasta 1900 cf. A. MOMIGLIANO, "La critica...", p. 186 n. 2. Para explicar las razones de su éxito la crítica ha adelantado razones a veces contradictorias. Así, Alessandro Luzio (cf. Maccheronee, II, p. 370 cit. por F. Márquez, o.c., p. 316 n. 71) atribuye la preferencia por esta red. a un carácter más inocuo, en su opinión, desde el punto de vista religioso. Con este juicio viene a coincidir Carlo Cordié (cf. "Il linguaggio...", p. 72 n.1), quien explica su fama por "su vivacidad y una menor gravedad de apuntes satíricos". Por el contrario, Ettore Bonora dará cuenta de la predilección de los lectores por la red. T con "las divagaciones y entretenimientos que en la edición del '21 se mostraban de manera más descubierta no sólo en las alusiones a menudo recurrentes a la historia religiosa y civil del siglo XVI, sino en la lengua misma, que, menos acoplada, y anotada con chispeantes glosas marginales, descubría además intenciones parodizantes y caricaturescas" (cf. Le Maccheronee..., pp. 96-97). Más recientemente, Lucia Lazzerini (cf. "Merlin Cocai in Provenza (echi folenghiani in Antonio Arena)", Atti Convegno 1991, pp. 373-377) ha caracterizado la red. T como "la más agitada por inquietudes religiosas, por fermentos polémicos y tentaciones heterodoxas, luego enromadas o suprimidas" (p. 376), lo que explica su rápido éxito europeo en el círculo cosmopolita de los intelectuales de inspiración evangélica, a comenzar, probablemente, por el propio Erasmo, en cuyos colloquia descubre Lazzerini influencias de tal redacción.
8 Cf. ed. Zaggia, p. 562, donde se las numera de T2 a T9.
9 Cf. ed. Zaggia, p. 563.
10 Cf. L. CURTI, "Vigaso Cocaio"..., p. 119. Bernardi Perini señaló cómo la revaloración de la Vigaso Cocaio, sustancial conquista crítica, se convirtió en un factor paradójicamente negativo en la edición de textos folenguianos, al haber enterrado editorialmente a las otras redd., en particular la Toscolanense, que había dominado, prepotentemente pero no sin motivo, de los siglos XVI a XIX (cf. "Folengo edito e inedito...", p. 78). Zaggia, (cf. "Breve percorso...", pp. 91-92) tras restar validez a la perspectiva de estudiar las diversas redd. con el fin de elegir la más lograda, sin intentar reconocer en ellas las diversas poéticas operantes cada vez, y sus resultados artísticos, niega que el artista de la red. T sea inferior al de las sucesivas: "es simplemente, o mejor, radicalmente diferente, es un escritor que tiene una idea del macarrónico mucho más exuberante, transgresiva y extremista de la que la reemplazará más tarde [...] Personalmente, diré que el Folengo de la Toscolanense me parece el Folengo más potentemente original e interesante, y creo que un conocimiento del Folengo sin la Toscolanese es un conocimiento menos que mediano".

11 Zaggia basa su edición crítica en la colación de 25 ejemplares de la editio princeps, clasificados de Tia a Tiz. El errata-corrige del fascículo 2M permite al editor organizar los ejemplares en cuatro familias (de la a a la d), organizadas de menor a mayor corrección textual (el estudio de las tablas de variantes y correspondencias que ofrece Zaggia entre las familias y los ejemplares que las representan, nos permite deducir que T3 es descripta del ejemplar clasificado como Tix (Biblioteca Angelica de Roma [signatura Rari I. I. I]), perteneciente a la familia a y dotado del fascículo 2M [cf. A. NUOVO, "L'edizione...", pp. 392, 396], aunque en T3 sólo se reproduce del fasc. 2M la Tabula Facetiarum). Zaggia distingue, asimismo, dos fases en la edición del texto y en la intervención del autor en la imprensión. En una primera fase, Paganino inicia la impresión basándose en una copia suministrada por el marqués de Mantua -de lo que da cuenta el propio impresor en su carta del fasc. 2M y que ha sido sobradamente documentado-. Con este antígrafo no autorizado se imprimen la Zan. y los trece primeros libros del Baldus. De su gran incorrección es testimonio el errata-corrige. En una segunda fase, Folengo remite al impresor el manuscrito autógrafo, retoca su obra y redacta el errata-corrige no sólo con las correcciones al texto, sino también con glosas y variantes de autor. Zaggia divide esta segunda fase en dos partes: una primera (2a), en que la revisión del autor se produce después de la impresión (hasta Baldus T XXV 558, la última corrección del errata-corrige), y otra (2b), en la que la revisión se produce durante la impresión, y que le permite a Folengo introducir variantes en los folios en curso de impresión (cf. ed. Zaggia, pp. 563-588).

domingo, 21 de septiembre de 2014

MI NUEVO ARTÍCULO EN "QUADERNI FOLENGHIANI" 8



He recibido recientemente el nº 8 de Quaderni Folenghiani gracias a la amabilidad de su codirector Andrea Canova; en él se incluye un artículo mío sobre la influencia de las glosas de la redacción Toscolanense de las macarroneas folenguianas en la macarronea de Francisco Pacheco (1565), con la noticia del descubrimiento de un nuevo manuscrito de la obra, sito en la biblioteca de la Hispanic Society of America en Nueva York, y que, en mi opinión, viene a coincidir con el desaparecido de la biblioteca de la Real Academia de la Historia de Madrid.
Este número constituye el primero de una nueva serie, publicada en Vecchiarelli, dotada de una dirección tripartita, la del benemérito Giorgio Bernardi Perini, que tuvo a bien incluirme en el Comité Científico de la revista junto a insignes folenguistas como Mario Chiesa, Luca Curti, Massimo Zaggia y otros, y la sangre nueva que representan Andrea Canova y Paolo Procaccioli. Muchas gracias a todos ellos por el honor que me hacen.

sábado, 6 de septiembre de 2014

LA REDACCIÓN TOSCOLANENSE DE LAS MACARRONEAS FOLENGUIANAS (IV)




Un nuevo designio caracteriza también al Baldus T, que, como se ha dicho, dobla el número de versos de la anterior redacción. Los diecisiete libros del Baldus P, "resumen pensado y escrito velozmente" en palabras de Billanovich1, aparecen desarrollados en esta nueva versión en veintidós libros, en un texto articulado, con numerosas digresiones, amplificaciones, adición de nuevos episodios y cambios de lugar2. Los tres últimos libros, inéditos, completan, a su manera, el proyecto literario del De patria diabolorum recogido en las Laudes Merlini de la red. P3. El libro XXIII se abre con un exordio de tipo épico: a modo de propositio, el poeta expresa temor a que su navecita naufrague en las procelosas aguas del Infierno, e invoca acto seguido a la musa Mafelina para que le ayude en el difícil trance. Ya en la narratio, Baldo y sus compañeros, tras destruir el reino de Culfora, descienden, en busca del Infierno, durante siete días por una corriente de agua hasta llegar a una campiña agitada por el viento y las cenizas. Después de atravesar un bosque tenebroso, donde comienzan a oír un enorme rumor de batir de palmas y ayes lastimeros, llegan a una enorme puerta abierta sobre la que figura una inscripción: Regia Luciferi dicor, bandita tenetur / chors hic, intrandi datur omnibus ampla potestas ("Reino de Lucifer soy llamado, se halla bendita / gente aquí, de entrar a todos se da amplia licencia"). Fracasso, riendo, propone entrar, diciendo que quizás no puedan regresar4. Hallan inmediatamente la taberna de Griffarosto, en la que éste obliga a los precitos a comer inmundicias. Ante la pretensión de hacer lo mismo con los recién llegados, Baldo reduce a puñetazos a este diablo, y marchan de seguido a orillas del Aqueronte donde miles de almas esperan ser embarcadas por Caronte. Yendo a aliviar el vientre, Cíngar encuentra un joven viviente exánime, al que reanima, ante la fetidez de las aguas, con su orín. Éste resulta ser Cingarino, uno de los hijos de Baldo, que, tras ser repudiado por su madre Berta, nuevamente casada, partió con su hermano Marcelino a recorrer el mundo en busca de su padre; llegados finalmente al Infierno, Caronte aceptó pasar primero a Marcelino, pero no volvió a por Cingarino. Éste y Cíngar, se unen a Baldo, quien increpa al divisado Caronte para que los pase al otro lado, pero éste no le oye por el estruendo que provocan las almas circunstantes (XXIII). El diablo barquero se niega a pasarles y da media vuelta; entonces, Fracasso, de un salto, cruza el río, revolea a Caronte, y usa su barca para transportar a sus amigos. En la otra orilla, encuentran a Marcelino perseguido por la furia Megera; ésta se introduce entre los compañeros de Baldo y hace que se enfrenten entre ellos. Baldo, incapaz de calmarlos, persigue a la furia un largo trecho, hasta llegar a un tétrico palacio, donde encuentra reunido un horrendo senado, presidido por la Ambición, flanqueada de la Discordia, la Impiedad, el Luto, el Miedo, la Rabia, la Injuria y el Estupro (XXIV). En dicho senado, las Euménides disputan sobre sus méritos: Tisífone, orgullosa, se atribuye la corrupción papal y la decadencia de la Iglesia; Alecto afirma la superioridad de su maldad por haber parido dos hijos, Gibilino y Gelfo, que azotan, con sus discordias, las ciudades de Italia, con la excepción de Mantua y Cipada; Megera, finalmente, dice haber enfrentado a Cipada en las personas de los compañeros de Baldo. Sin poder soportarlo, Baldo irrumpe, espada en mano, en el senado, que se desvanece en el acto. Acto seguido, se le aparece el benéfico mago Serraffo que trae a sus compañeros, a los que ha logrado apaciguar. Todos juntos, después, prosiguen su camino; Cíngar, mientras contaba a Falquetto el libro sexto de la Eneida, pierde el habla y su mente comienza a divagar sin sentido, hecho que ocurre de continuo a todos los expedicionarios menos a Baldo, quien desespera al observar, además, que la tierra desaparece bajo sus pies y que flotan en el aire. De tal suerte llegan a la mansión de la Fantasía (domus Phantasiae), donde habitan las reglas gramaticales, los argumentos de la dialéctica, las bobadas sofistas y las mentiras de los poetas. Estas fantasías asaltan como moscas el cerebro de los amigos, que empiezan a disputar al modo escolástico. Repentinamente, todo cesa, y vuelven, medio transtornados, al lugar donde comenzó el desvarío, transformado ahora en un fragante y músico prado, lleno de hermosas damas, que incitan a Baldo y sus compañeros. Pero de pronto el lugar ameno se transforma en un desolado paisaje infernal donde son atormentadas las almas de los lujuriosos. Deseosos de salir, los precitos les informan que deben buscar para ello al juez Minos. Tras domar a porrazos a Cérbero, los compañeros entran en una gruta, en la que encuentran un bufón, que les guía hasta una gigantesca calabaza (zucca) donde hallan las almas de lógicos enloquecidos, de filósofos y de poetas mendaces, a los que tres mil diablos les arrancan cada día tantos dientes cuantas mentiras escribieron. El autor entona entonces unas Vergilij Laudes, en las que se afirma la superioridad de éste -y de Dante y Petrarca- sobre una serie de autores modernos, latinos y vulgares, como Spagnoli, Pontano, Sannazaro, Marullo, Bembo, Tebaldeo, Panfilo Sasso y Serafino Aquilano; la obra se cierra con una conclusio que expone el destino del propio Merlín Cocayo:

Nec Merlinus ego, laus, gloria, fama Cipadae,
Quamuis fautrices habui Tognamque Gosamque,
Quamuis impleui totum macaronibus orbem,
Quamuis promerui Baldi cantare bataias,
Non tamen altiloquis Tiphi Caroloque futuris
Par ero, nec dignus sibi descalzare stiuallos.
Non tamen hanc zuccam potui schifare decentem,
In qua me tantos opus est perdere dentes,
Quantos Roma uiros nunc optinet inclita sanctos,
Relligiosorum mores quot habentur honesti,
Quot ve forum iusta doctores lege gubernant,
Quot diuas habitat matronas integra Pallas,
Denique quot sanctae gentes urbesque Romagnae,
Aut Lombardiae, Toscanae, aut totius orbis.
Tange peroptatum, nauis mea straccula, portum;
Tange, quod ammisi longinqua per aequora remos;
Immo probos uitae mores, breue tempus, et annos
Scripsimus; ad ueniam propero si scripsimus ulla
Forsitan auditu male consona, parcite, quaeso;
Et iam confectus senio, terraeque recuruus
Corpore destituor, vitae quoque caedo, ualete5.
(Baldus T XXV 586-606).

Dentro de la tradición de la Batracomiomachia pseudo-homérica se sitúa la Moschaea6, obrita inédita que en esta su primera versión alcanza los 1242 versos en forma de dísticos elegíacos, distribuidos en tres libros precedidos de un prólogo latino también en dísticos elegíacos. El poemita heroicocómico, o mejor 'zooépico' como lo denomina Zaggia7, narra la cruenta guerra librada entre las moscas y las hormigas con sus respectivos aliados, siempre dentro del ámbito entomológico; alternan las proezas de los campeadores de los dos bandos, hasta la conclusión de la obra con la caída de Moschaea, la capital de las moscas, y la victoria de las hormigas.

La comicidad de la obra radica en la aplicación de la ilustre panoplia retórica de la tradición épica al universo microscópico de los insectos; por otra parte, el macarroneo de Moschaea, más convencional, no está basado en el sustrato rústico-dialectal tan presente en la Zanitonella y en parte del Baldus. La parodia en la Moschaea tiene el carácter de homenaje a una gloriosa tradición, y de lusus virtuosista realizado sobre modelos de autoridad indiscutible8.

La obra obtuvo un enorme éxito hasta el siglo XIX, debido a su (relativa) convencionalidad, superando en estimación al propio Baldus. Prueba de ellos son numerosas traducciones y reelaboraciones9, como la Mosquea del español José de Villaviciosa (1615), basada en la versión de la red. T, como demostraremos más adelante10.

El Libellus epistolarum et epigrammatum ad varias personas directarum está concebido como un apéndice del Baldus, uso característico de la tradición literaria caballeresca, como lo atestigua el mismo prólogo de la primera parte del Quijote. Consta de tres epístolas y de siete epigramas, todos en dísticos elegíacos, que contienen referencias al Baldus y a sus personajes11.








1 Cit. por S. ISELLA BRUSAMOLINO, "Superficie grafica e strati linguistici nel Baldus del Folengo: un esempio", Atti Convegno 1991, p. 195.
2 Ofrecemos a continuación una correspondencia esquemática y general de los libros del Baldus P con los del Baldus T. Entre paréntesis se sitúa el libro correspondiente de la red. T, y entre corchetes los episodios totalmente inéditos de dicha redacción: I (II) - II (II) - III (III) - IV (IV) - V (V [+ burla y humillación de Tognazzo por parte de Cíngar, quien le hace creer que lo ama Berta, vv. 1-496] 497-636, VI 1-225 [+ nueva estafa de Cíngar a Zambelo, disfrazado de judío, vv. 226-541] [+ VII Los desaprensivos frailes de Motella engañan a Zambelo, robándole su vaca Quiarina, de la que no dejan ni los huesos. Vida y costumbres del disoluto cura Jacopino, cómplice de Cíngar]) - VI (VIII, IX 1-167) - VII (IX 168-499) - VIII (X) - IX (XI, XII 1-304 [+ llegada a una islita donde encuentran a Manto como guardiana de la tumba de Federico Gonzaga, vv. 305-504]) - X (XIII, XIV) - XI (XV) - XII (XVI) - XIII (XVII) - XIV (XVIII) - XV (XIX, XX 1-353) - XVI (XX 354-724) - XVII (XX 725-889, XXI [ + crecimiento desmesurado de la nariz de Cíngar, subsanado por el mago Serraffo, vv. 80-233 ] [ + encuentro con Luca Filipo, falso tabernero del Cielo, arruinado por la falta de clientes, vv. 405-492; los compañeros de Baldo desaparecen, y éste penetra en el palacio de Culfora donde descubre las siniestras ocupaciones de innumerables brujas, vv. 493-663; Culfora convierte en animales a los compañeros de Baldo, a los que devuelve a su forma original finalmente Serraffo, vv. 664-806] XII).
3 La idea inicial de cinco libros queda reducida a tres en las Laudes Merlini T, donde desaparece también el título De patria diabolorum (cf. T3 p. 13: "Huius nostri vatis Merlini aliquod querebamus indicium, qui de stancijs diabolorum quinque libros composuerat"; ib. p. 14: "Ego itaque propriam ad patriam retornatus, non audebam formidine quadam aperire capsulam illam, qua Baldense poema, et tres libros de inferno posueram, simul cum Moschaea et Zanitonella"). Rabelais menciona dos veces en su obra el De patria diabolorum como obra de Merlín Cocayo. Sobre la reconocida influencia de Folengo en Rabelais y su bibliografía cf. C. CORDIÉ, "Sulla fortuna di Teofilo Folengo in Francia e in particolare sull'"Histoire maccaronique de Merlin Coccaie, prototype de Rablais"", Atti Convegno 1977, pp. 304-305, y más recientemente L. LAZZERINI, "Aux origines...", pp. 27-30, "Da quell'arzillo pulpito...", pp. 121-126, y M. JEANNERET, "Ma patrie est une citrouille...",y "Latin de cuisine..." passim. Marcel Tetel (cf. "Rabelais et Folengo. De patria Diabolorum", en J. CÉARD -J. C. MARGOLIN (edd.), Rabelais en son demi-millénaire. Actes du Colloque international de Tours (24-29 septembre 1986), Droz, Genève 1988 ("Travaux d'Humanisme et Renaissance, CCXXV = "Études Rabelaisiennes", XXI), pp. 208-311), que no parece conocer la red. P, piensa que el título De patria diabolorum es una invención de Rabelais para referirse a la obra de Folengo. Dichas citas rabelesianas parecen confirmar, al contrario, la suposición de E. Bonora de que Rabelais conoció dicha redacción (cf. Le Maccheronee..., p. 37).
4 La parodia dantesca -parodia reverencial- no puede ser más evidente, cf.: Inf. III, 1-10, 22-30: "POR MÍ SE VA A LA CIUDAD DOLIENTE, / POR MÍ SE VA AL ETERNAL DOLOR, / POR MÍ SE VA CON LA PERDIDA GENTE. / FUE LA JUSTICIA QUIEN MOVIÓ A MI AUTOR. / EL DIVINO PODER SE UNIÓ AL CREARME / CON EL SUMO SABER Y EL PRIMO AMOR. / EN EDAD SÓLO PUEDE AVENTAJARME / LO ETERNO, MAS ETERNAMENTE DURO. / PERDED TODA ESPERANZA AL TRASPASARME". / Estas palabras de color oscuro / vi escritas en lo alto de una puerta / [...] / Llantos, suspiros y ayes escuché / resonando en el aire sin estrellas / y por eso a llorar allí empecé. / Distintas lenguas, hórridas querellas, / palabras de dolor, de airado acento, / voces altas y roncas y, con ellas, / un manotear, formaban un violento / tumulto, en aquel céfiro manchado, / como de arena que levanta el viento" (de la trad. excepcional de Ángel Crespo). Sobre la presencia de Dante en la obra folenguiana y su bibliografía cf. E. FACCIOLI, "Dante nel Folengo", Atti Convegno 1977, pp. 136-143 y C. F. GOFFIS, "Il dantismo eterodosso del Baldus", en AA. VV. Miscellanea di studi danteschi in memoria di Silvio Pasquazi, 2 vol., Federico & Ardia, Napoli 1993, vol. I, pp. 407-422. Faccioli observa que Dante es tenido como enseña de una posición plurilingüista y como modelo básico para la narración de una bajada a los infiernos con un relativo repertorio onomástico e iconográfico, y préstamos como las invectivas contra la corrupción del clero, la condenación de las luchas fraticidas de la Italia de su tiempo y otros apuntes menores o incidentales; a esta influencia dantesca se sobrepone, no obstante, la continuidad del discurso caballeresco, con su mentalidad agonal y sus motivos hiperbólicos y bufos, que no puede hacer de Baldo un peregrino del espíritu, como el Dante de la Commedia. Goffis, por su parte, expone las diferencias entre los dos modelos infernales: "El infierno de Folengo no es didascálico, como el de Dante, sino operativo: no lugar de justicia, sino de preparación de los hechizos y tentaciones; es patria diabolorum. No resulta visitado por un peregrino con fines de edificación: por el contrario, es agredido por personajes dotados de particular carisma para destruirlo. La ultratumba, como lugar de punición, es apenas bosquejado, y el infierno queda como un elemento inserto en la sociedad humana: trascendental, pero, en cierto modo, imagen deformada de nuestra vida religiosa" (p. 413).
5 "Ni yo Merlín, galardón, orgullo y prez de Cipada, / aunque a Togna y a Gosa tuve como fautoras, / aunque todo el orbe llené de mis macarrones, / aunque tuve el honor de cantar las batallas de Baldo, / no, empero, a los altilocuentes Tifi y Carolo futuros / par seré, ni digno de descalzarles las botas, / no, empero, pude escapar de tal calabaza debida, / en la cual me es preciso ya perder tantos dientes, / cuantos santos varones estan ya en la ínclita Roma, / cuantas costumbres repútanse honestas en los religiosos, / cuantos doctores otorgan justicia con leyes fundadas, / cuantas divinas matronas habita la íntegra Palas, / cuantos [quod en T3], en fin, santos pueblos y urbes de la Romaña, / de Lombardía, de la Toscana, o de todo el orbe. / Toca el puerto añorado, barquita mía agotada, / toca, porque perdí los remos en mares lejanos; / sí, de la vida las buenas costumbres, lo breve y sus años / hemos escrito: pido disculpas si algo escribimos / mal sonante al oído quizás; perdonad, os lo ruego. / Ya llegádome ha la vejez, y encorvado hacia tierra / pierdo el vigor de mi cuerpo, y adiós, pues mi vida se acaba". Tras reconocer implícitamente su inferioridad respecto al Virgilio de las laudes (ya en Baldus T III 500-503 se colocaba como campeón de la leuitas frente a Virgilio como campeón de la grauitas: "Mantua Vergilio gaudet, Verona Catullo, / Danthe suo florens urbs Tusca, Cipada Cocaio. / Dicor ego superans alios leuitate poetas, / Vt Maro medesimos superat grauitate poetas".), Merlín se presenta, irónicamente, como precedente de Tifi Odassi y de un no bien precisado Carolo (sobre su presunta identificación con el Corrado de la Tosontea cf. I. PACCAGNELLA, "Le macaronee a Padova...", p. 268 y "Le Macaronee padovane...", p. 34), y como inferior a ellos. El poeta acaba su itinerario en la zucca de los diablos dentistas, aunque la comparación que establece el número de dientes que debe perder es claramente antifrástica, y expresa indulgencia hacia sí mismo y su ars macaronica, al tiempo que ataca diversos estamentos sociales.
6 Sobre sus precedentes literarios y fuentes cf. ed. Zaggia pp. 297-302
7 cf. ib. p. 297.
8 Cf. ib. pp. 302-303
9 cf. ib. p. 303
10 En las entradas que dedicaré a la macarronea española.

11 cf. ib. pp. 463-464



viernes, 1 de agosto de 2014

LA REDACCIÓN TOSCOLANENSE DE LAS MACARRONEAS FOLENGUIANAS (III)




El contenido de la Zanitonella puede deducirse de lo que se decía en el frontispicio: Zanitonella, quae de amore Tonelli erga Zaninam tractat. El título mismo, que remite, por una parte, al modelo clásico de la Protesilaodamia (Protesilao + Laodamia) o de la Sirenocirca (Sirena + Circe) del neotérico Levio, y por otra, al ambiente rústico y dialectal en los nombres de los pastores protagonistas, Tonello y Zan(n)nina, expresa bien la bifrontalidad lingüística y literaria de la obra, y su absoluta singularidad1.

Afirma Zaggia que en la Zanitonella existe una representación satírica y despreciativa de la figura humana del aldeano, de acuerdo con una mentalidad (y una literatura), bien difundida en los siglos anteriores, y que veía inevitablemente en el campesino un ser despreciable, odioso y ridículo. Es, ciertamente, el rechazo a plantear una visión idílica del mundo campesino de su entorno, lo que permite a Folengo ofrecer una representación (a ratos) tan ajustada e incisiva de ese mismo mundo, pues en dicho autor realismo y parodia no son factores antitéticos sino colaborantes2.

Ni siquiera conlleva un ennoblecimiento del campesino el tema amoroso, pues, en sus manos, éste se degrada desde el punto de vista psicológico y formal: "Se evidencia de tal modo la intención más general de la obrita, que es la de presentar una parodia de la literatura amorosa de tono elevado. Pero adviértase también que la parodia misma es una operación exquisitamente literaria, que debe entenderse sobre todo como un acto de emulación y de virtuosismo: alterando paródicamente los lugares comunes de la literatura amorosa según los modos propios (e inéditos, para este sector literario) del macarrónico, la Zanitonella viene a constituir una obra literaria absolutamente singular, capaz de suscitar curiosidad, solaz y admiración"3.

La obra consta de trece 'sonolegías'4 (composiciones II, III, IV, V, VII, VIII, IX, XI, XII, XV, XVII, XVIII, XIX), encuadrables en el género lírico; y de siete églogas (composiciones VI, X, XIII, XIV, XVI, XXI, XXII), obviamente pertenecientes al género bucólico. Desde el punto de vista de la conjunción estructural, las sonolegías y las églogas aparecen mezcladas desde un punto de vista bastante uniforme, con un cierto gusto por la variatio5.

La Zanitonella se abre con un prohoemiunculum latino (vv. 1-8), que responde al tópico de la captatio beneuolentiae, y se cierra con una strambotolegia6 in excusationem huius Zanitonellae (vv. 925-932), también latina, que proclama de modo tópico la inmortalidad de la obrita. Entre la apertura y el cierre se desarrolla el discurso amoroso de Tonello con un cierto orden: tras una serie de efusiones líricas y costumbristas (vv. 1-413), llega el rechazo frontal de parte de la propia Zanina (égloga tercera, vv. 414-573), y el paso de la tentación del suicidio (vv. 574-663) a reflexiones sobre el amor (égloga quinta, vv. 664-882), que concluyen en un progresivo distanciamiento de Zanina y en una conclusión pesimista sobre la condición humana del enamorado (vv. 911-924). Al final de esta última sonolegía figura como nota: hic finit amor et insania Tonelli, y a continuación: qui mox Thomasinam sumpsit uxorem. Esta frase constituye un preanuncio del apéndice que aparece tras la strambotolegia, constituido por las églogas sexta y séptima (vv. 933-1116, 1117-1283), que retoman, en orden inverso, las dos églogas de la red. P, objeto de una profunda reelaboración7.








1 Cf. ed. Zaggia p. 50
2 cf. ib. pp. 51-52
3 cf. ib. pp. 51-52. Interpretaciones anteriores sobre la Zanitonella son recordadas por MARCO A. TREVES DE' BONFIGLI, "Ancora due restauri folenghiani", Civiltà mantovana, XI, 1977, p. 33.
4 Sobre esta invención métrica folenguiana véase aquí.
5 cf. ed. Zaggia. p. 52
6 véase aquí.
7 Cf. ed. Zaggia p. 55.