CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 12 de mayo de 2012

CESARE SEGRE Y EL CONCEPTO DE DIGLOSIA



Cesare Segre enriquece las ideas de Paccagnella con la utilización del concepto sociolingüista de “diglosia”. Establece en un famoso artículo1 una tipología del macarrónico entendido en un sentido muy lato. Fija, así, en seis puntos un repertorio de tipos y autores: hasta el siglo XV, expresionismo basado en el dialecto más el toscano; dialecto como género o como registro, ambos típicos del Véneto; insertos dialectales en el toscano con fines miméticos; entre los siglos XV y XVI, cuando “el juego se realiza entre tres elementos: latín, toscano y dialectos”, toscano literario que se empina hacia el latín; latin que se “abaja” hacia el vulgar (el macarrónico propiamente dicho) y lengua literaria que se “abaja” a niveles inferiores2.

De acuerdo con la posición de Paccagnella de distinguir los textos híbridos de los macarrónicos recurriendo al concepto de interferencia3, Segre afirma que son posibles ulteriores precisiones debidas a la definición de “diglosia” dada por los sociolingüistas: “Se habla de diglosia cuando una comunidad recurre además de al lenguaje o lenguajes estándar, a una lengua fuertemente codificada, empleándola sólo para usos escritos o formales, nunca para la conversación ordinaria”4. Dice Segre que para la Italia del trescientos al cuatrocientos, con el latín más codificado (gramatica,5 de hecho) y más prestigioso, con el toscano literario ya vuelto paradigma y el dialecto local, se podría así hablar de triglosia. Esto resulta en una situación bastante anómala, si se advierte que frente a la lengua de uso, el dialecto, se hallan dos lenguas especiales de la literatura y la conversación culta: el latín y el toscano, aquélla más prestigiosa, hasta la inversión de las posiciones en ventaja de ésta6.

Señala Segre que en la diglosia (o en la triglosia) sucede que los niveles y registros altos son cubiertos por la lengua “superior” y los niveles y registros “medios” y “bajos” por la inferior, como si el espectro de la tonalidad estuviese distribuido sobre dos columnas, carentes una de la parte inferior, y la otra de la superior. Es en esta situación en la que se desarrollan los casos de mezcolanza. Se insertan en un contexto de lengua superior elementos de la inferior, cuando la primera necesita referirse a objetos y situaciones propias de la cotidianeidad. Esto se verifica cada vez que los portadores de la lengua “superior” deben tener particulares relaciones comunicativas con los portadores de la lengua “inferior” sin recurrir a esta última lengua: registros de declaraciones, actas notariales, sermones, etc.7

Las cosas, matiza Segre, se desarrollan de un modo muy diferente en literatura. En principio, toda lengua literaria debería ya contener los códigos internos que producen una mayor o menor solemnidad de estilo: el del estilo sublime, del estilo medio, y el del estilo humilde. Así, la lengua literaria, puesta al nivel más alto de la variedad estilística de una lengua, refleja en sí, con medios propios, toda la gama estilística de la lengua misma, con sus referencias a los contenidos, y, por tanto, a los contextos. Cuando hay una circulación social y cultural perfecta, -señala Segre- la lengua literaria continúa asimilando y codificando en sus niveles internos las formaciones lingüísticas de los diversos niveles y registros del uso social, así como éstos son alimentados por las elaboraciones de la lengua literaria8.

A tales condiciones se avecinaba bastante la Toscana, pero no la Padania, como se ha indicado ya. Para Segre, la labor de los macarrónicos paduanos fue la de engastar la columna de los niveles superiores del latín con la de los niveles inferiores, los del dialecto, fundiendo dos extremos lingüísticos, históricos, estilísticos y funcionales9. Se trata, de hecho, de dos estructuras lingüísticas separadas del todo (a diferencia de las del toscano y del dialecto); perteneciente una a quince siglos antes (dado que el fondo es virgiliano), la otra a la contemporaneidad; la primera de estilo sublime, la otra de estilo bajo; la primera exclusivamente escrita, la segunda exclusivamente hablada e informal, al menos en las variantes usadas10.

Considera Segre evidente que los macarrónicos han invertido la operación realizada por el medievo latino y vulgar: “En vez de promover el estilo humilde para representar contenidos sublimes, ellos han plegado el estilo sublime a representar contenidos humildes. En vez de conferir al sermo rusticus (en nuestro caso, el dialecto) la dignidad de las altas expresiones literarias, lo han recogido tal cual, imponiéndole travestismos gramaticales de inevitable efecto cómico. La violencia del destrozo estilístico se manifiesta como revolución del lenguaje: el choque de tonos como colisión de estructuras lingüísticas. Los impulsos hacia arriba y hacia abajo coexisten también en cada palabra, realizando las interferencias que son las células constitutivas del macarrónico”11.

Esta mezcla –afirma Segre- debe ser comprensible, disfrutable y eficaz. A esto sirven las normas impuestas por los macarrónicos en el empleo de su material bilingüe. Estas normas, ya estudiadas por Paoli, Migliorini, Bonora y Chiesa, dan en conjunto al latín la función de continente y al dialecto la de contenido. La adición a términos vulgares de partículas o desinencias latinas, su inserción en los armoniosos módulos del hexámetro o del pentámetro continúa renovando la comicidad del contraste entre lenguas, estilo y argumentos12.

Esta tentativa de redefinir las características del macarrónico, lleva a Segre a enfatizar un elemento que cree consustancial al macarroneo, y que es un impulso concurrente hacia los extremos de la gama estilística: “Los macarrónicos tienden a elegir en el vulgar y en los dialectos las palabras más expresivas. Pero con frecuencia es suficiente la naturaleza netamente vulgar de un término para que ése “funcione” en el contexto. En suma, el dialecto está tan claramente connotado en su totalidad, que no resultan igualmente connotados todos sus términos. Por eso mismo, la búsqueda de connotaciones es mayor propiamente en el latín, y en dirección diametralmente opuesta, la de lo sublime, como se ve en las alusiones folenguianas a Virgilio. Los extremos estilísticos son, pues, también extremos cronológicos, si es verdad que el latín más vulgarizante del medievo ha sido rechazado por poco reactivo a un empeño expresionista”13.

Lo que caracteriza a los macarrónicos –concluye Segre- no es ya el aproximar dos o más estratos lingüísticos (lengua, dialecto, etc.), sino utilizar los contrastes históricos y tonales internos a los estratos; mantener los estratos en una perspectiva diacrónica, proyectando en su interior el contraste externo entre ellos; establecer un equilibrio perpetuamente inestable, aunque con reglas para su inestabilidad; crear con frecuencia neologismos, instituyendo líneas ficticias de desarrollo temporal y lingüístico. La revolución de las jerarquías tonales viene por tanto realizada concomitantemente sobre la polaridad lengua-dialecto, y sobre la polaridad lengua antigua-lengua moderna, así como sobre otra polaridad menos macroscópica: dialecto-dialecto (de regiones diferentes), lengua literaria-lenguas especiales (científica, filosófica, etc.), etc14.





Imagen: el profesor Cesare Segre


1 Cf. C. SEGRE, “La tradizione macaronica da Folengo a Gadda (e oltre)”, Atti Convegno 1977, pp. 62-74
2 Cf. ib., pp. 62-63
3 Cf. ib., p. 65
4 Cf. ib., pp. 65-66
5 Recuerda Curtius cómo a partir de los siglos XII y XIII, que marcan el apogeo de la poesía y la ciencia latinas, el latín recibe también el nombre de grammatica, “lengua artística inventada por sabios, una lengua inmutable” (cf. E. R. CURTIUS, La littérature européenne et le Moyen Âge latin, Presses universitaires de France, 1991 [1956], p. 66).
6 Cf. C. SEGRE, o.c., p. 66
7 Cf. ib., p. 66.
8 Cf. ib., p. 66
9 Cf. C. SEGRE, o.c., pp. 66-67. C. F. Goffis expresó su oposición a la identificación en esta diglosia de los niveles “superiores” con el latín, y de los “medios” e “inferiores” con los del dialecto, en la idea de que en poesía cada lenguaje posee su propio “sublime” adecuado a cada contexto: “È facile accorgersi che in poesia non esistono registri precostituiti: il latino sarà lingua nobile nella storia della civiltà, non nell’atto poetico, dove migliore è il lessema o il sintagma che consente il risultato estetico. Soltanto con l’esame del Baldus si determina che cosa si debba intendere di volta in volta per livelli e registri “superiori”, “medi” e “bassi”, in rapporto alla poesia, non corrispondenti esattamente ad una scala di valori curiali, ecclesiastici, sociali. Il macaronico è lingua d’arte, personale ed esclusiva, non utilizzable per rapporti di società: al livello massimo della sua espressività ci può stare il sentimento cavalleresco, oppure il grido dell’anima plebea sofferente, oppure l’atto di coscienza e l’ardore religioso. Chi ha detto che in tutti questi casi la componente lingüística con cui si tocca la vetta dell’espressione poetica, la più adeguata alle varie forme di sublime (che può addiritura essere orrido) sia la componente latina? Ogni linguaggio, insomma, senza riferimento al prestigio di cui gode presso un certo publico, ha un proprio “sublime”, quando perfettamente risponde al gusto che anima il testo per cui viene eletto” (cf. o.c., pp. 139-140)
10 Cf. C. SEGRE, o.c., p. 67. La polaridad extrema histórica y cultural en que se sitúan latín y dialecto en el macarroneo es una muestra de la aplicación que hace Segre del principio de “abajamiento” bakhtiniano. Identificando la cultura “oficial”, abstracta y sublimadora con lo elevado y la cultura cómica popular con lo bajo, crea Bakhtin una metáfora espacial que le permite hablar de “movimientos” de arriba abajo, de efectos materialistas derivados de su identificación de esa parte baja opuesta a la elevada con “los bajos materiales y corporales”, es decir, con el bajo vientre corporal, lugar donde se realizan todas las operaciones (digestión, fecundación, etc.) relacionadas con la renovación material de la vida. Esta imaginería, brillante pero simplificadora, le permite a Bakhtin, sin mucho empacho, presentarnos a Rabelais como un materialista histórico ante litteram (cf. o.c., p. 363: “Pour la majorité de ces philosophes de la Renaissance [Pic de la Mirandole, Pomponazzi, Porta, Patricius, Bruno, Campanella, Paracelse, etc.], l’astrologie et la “magie naturelle” jouent un rôle plus ou moins grand. Or, Rabelais ne prenait ni l’une ni l’autre au sérieux. Il confrontait et reliait les phénomènes dissociés et terriblement éloignés les uns des autres par la hiérarchie médiévale, il les détrônait et les rénovait sur le plan matériel et corporel, sans avoir recours à la “sympathie” ni à la “concordance” astrologique. Rabelais est un matérialiste conséquent. Mais il ne prend la matière que sous sa forme corporelle. Pour lui, le corps est la forme la plus parfaite de l’organisation de la matière, partant, la clè donnant accès à toute la matière. Celle dont est fait l’univers dévoile dans le corps humain sa véritable nature et toutes ses possibilités supérieures: dans le corps humain, la matière devient créatrice, productrice, appelée à vaincre tout le cosmos, à organiser toute la matière cosmique; dans l’homme, la matière prend un caractère historique”). Pero los problemas surgen en la aplicación del principio del abajamiento al análisis lingüístico y estilístico del macarroneo. Así, frente al equilibrado concepto de “fusión orgánica” de elementos heterogéneos, el modelo del crítico soviético impone una bipolarización jerárquica casi insalvable de los elementos en cuestión (latín = cultura “oficial” sublimadora versus dialecto = cultura popular materializadora), que resulta claramente insuficiente cuando se confronta con la complejidad del fenómeno macarrónico en su desarrollo diacrónico. De tal modo, puede decirse que el latín macarrónico, incluso el prefolenguiano, no se nutre exclusivamente del acervo virgiliano, y que las variantes dialectales empleadas distan de ser exclusivamente habladas e informales sino también procedentes de la literatura dialectal como ha demostrado M. Chiesa (cf. “Del “rozzo parlar”” y “Sulla letteratura “alla bulesca””, o.c., pp. 146-156, 157-167). Tal teoría no da cuenta satisfactoria de la presencia en el macarroneo de otros elementos lingüísticos como el toscano literario y los préstamos de lenguas extranjeras. La razón de su éxito debe buscarse en la nueva pujanza que ha proporcionado a la vieja interpretación del macarroneo como parodia anticlasicista y antihumanista (cf. el aplauso a I. Paccagnella de E. BONORA, “Stato attuale degli studi folenghiani”, Atti Convegno 1980, pp. 30-31).
11 Cf. C. SEGRE, o.c., p. 67. Sobre la naturaleza de tales “impulsos hacia arriba y hacia abajo” cf. nota anterior.
12 Cf. C. SEGRE, o.c., pp. 67-68
13 Cf. ib., p. 68. La idea del macarroneo como resultado de un intento polemista de contraste y colisión entre dos estructuras lingüísticas totalmente opuestas desde el punto de vista cronológico y estilístico, choca con la intepretación de Bonora y Chiesa, que consideran que el poeta macarrónico emplea cualquier elemento lingüístico (el latín en toda su amplia gama histórico-cultural, el toscano, los dialectos, jergas, extranjerismos, neologismos) que le permita alcanza una mayor expresividad en el sentido de lo cómico. Por otra parte, Chiesa señalará en Folengo el limitado empleo de las jergas, lo que de acuerdo con la interpretación de Segre podría haber contribuído a reforzar ese combativo contraste entre estructuras (cf. M. CHIESA, “Cingar sciebat zaratanare”, o.c., pp. 113-124). Folengo, por el contrario, evitará estos extremismos y en las redacciones sucesivas de su obra empleará términos de una koiné dialectal suficientemente conocida. De difícil explicación en la teoría de Segre son también los “macarronismos morfológicos” de Paoli si éstos pueden identificarse con el “latín más vulgarizante del medievo” del que habla Segre, así como el predominio de uno u otro elemento lingüístico según lo exija el tono del discurso y la temática.
14 Cf. C. SEGRE, o.c., p. 69

sábado, 5 de mayo de 2012

LA RÉPLICA DE IVANO PACCAGNELLA: INTERFERENCIA Y ABAJAMIENTO EN EL MACARRONEO



La tesis de Lazzerini de situar los sermones híbridos como precedente directo del macarroneo literario es contestada un par de años más tarde por Ivano Paccagnella, en un renombrable artículo1 donde se muestra la influencia combinada de la obra de Uriel Weinreich2 y Mikhail Bakhtin3, fundamentalmente de la mano de sus respectivos conceptos de linguistic interference4 y rabaissement5 abbassamento en italiano-.

Como señala Angela Piscini6, U. Weinreich elabora el concepto de interferencia examinando casos particulares de comunicación lingüística en zonas de bilingüísmo (regiones fronterizas, grupos de inmigración, etc.); Paccagnella transfiere este concepto al análisis del lenguaje literario7 con fin de separar la “simple mezcolanza superficial” (representada por los carmina burana, los sermones híbridos estudiados por Lucia Lazzerini y el latín italianizado de las lecciones universitarias) del auténtico lenguaje macarrónico de Tifi y sus coterráneos, resultado de una interferencia bilingüe (latín y dialecto, un vulgar paduano con diversos niveles de variedad de uso), con todas las consecuencias de desviación de las normas, simultáneamente, de las lenguas que entran en contacto8. Señala Paccagnella el carácter limitado e irreflexivo del hibridismo de los sermones, y las diferencias reales de lengua, estilo y de conciencia de lengua y de estilo respecto al macarrónico prefolenguiano y folenguiano9. La diferencia fundamental radica en el uso de un enmacarronamiento inconsciente y, por lo demás, limitado a casos esporádicos, manifestados solamente en el nivel lexical, nunca al mismo tiempo en el lexical, morfológico, sintáctico y métrico como sucede en la poesía macarrónica10. Por el contrario, “el macarrónico no es un caso de simple mezcolanza superficial. Es posible definir este latín como el resultado de un contacto y de una interferencia bilingüe: de latín conserva sólo las apariencias morfológicas superficiales, mientras que las estructuras lexicales y sintácticas son tomadas del dialecto. Es la parodia (en sentido etimológico) del latín clásico, un lenguaje híbrido, calcado sobre formas vulgares, con aplicación de las normas morfológicas y métricas del latín aúreo al fondo lexical dialectal. La interferencia, la desviación de la norma de las lenguas entre las que sucede el contacto, tiene como consecuencia el reordenamiento de los modelos lingüísticos ofrecidos por el latín de seguido a la introducción de elementos extraños a él, en el campo de la morfología, pero sobre todo en el de la sintaxis y el léxico. El grado del contraste está determinado también por la semejanza tipológica entre los sistemas lingüísticos en acto, por lo que el contacto es a menudo capaz de mostrar la interferencia como una fórmula automática de conversión11”.

Frente al macarroneo que nace como un juego intelectual consciente de fusión orgánica y choque de la tradición dialectal y la del latín humanista, en vistas a producir un abajamiento estilístico o hipóbole, por el que el latín queda relegado a elemento de parodia secundario12, en los sermones híbridos no hay macarroneo sino amalgama latino-vulgar, sin fusión orgánica: falta el enmascaramiento latino de las palabras vulgares. Nos hallamos ante insertos yuxtapositivos a las palabras latinas, conservando cada lengua su propia individualidad; y falta, sobre todo la intención paródica que se encuentra en la base de las macarróneas13, y que Paccagnella define con palabras de Bonora como “caricatura artificial del latín y reivindicación violenta de la materia dialectal”14. Se debe, por tanto, hablar de tendencia al macarronismo más que de estructura macarrónica verdadera y cierta, “aunque esta línea de tendencia está ya bien definida”15.


Imagen: El profesor Ivano Paccagnella


1 Cf. I. PACCAGNELLA, “Mescidanza e macaronismo: dall’ibridismo delle prediche all’interferenza delle macaronee”, GSLI, vol. 150, 1973, pp. 363-381. Paccagnella centra siempre su estudio en los poetas macarrónicos prefolenguianos de Padua.
2 Cf. U. WEINREICH, Languages in contact. Findings and Problems, Mouton, The Hague 1963 (reimp.). Utilizamos la edición empleada por Paccagnella. Cf. también n. 66 del presente capítulo.
3 Cf. M. BAKHTINE, L’œuvre de François Rabelais et la culture populaire au Moyen Âge et sous la Renaissance, Gallimard, Paris 1970. Utilizamos la citada traducción francesa del original ruso de 1965 empleada por Paccagnella. La transcripción del nombre del influyente estudioso ruso puede variar según aparezca en la bibliografía anglosajona (Mikhail Bakhtin) y en la española por derivación (cf. F. Márquez Villanueva, A. Torres-Alcalá), en la francesa (Mikhaïl Bakhtine) o en la italiana (Michail Bachtin) (Con posterioridad a la redacción de estas líneas apareció una traducción española de la obra con una nueva transcripción cf. Mijail Bajtin, La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. En el contexto de François Rabelais, traducción de Julio Forcat y César Condoy, ed. Alianza, Madrid 2003). Según éste, la obra de Rabelais, el más difícil de los autores clásicos, está unida a las fuentes populares, que han determinado el conjunto de su sistema de imágenes así como su concepción artística. Las claves de interpretación de este sistema de imágenes se han perdido tras cuatro siglos de pensamiento ideológico de la Europa burguesa. Así pues, una comprensión total de su obra exige una incursión profunda en la milenaria cultura cómica popular, cultura enfrentada en la Edad Media y en el Renacimiento a la cultura oficial, al tono serio, religioso y feudal, y de la que Rabelais ha sido el destacado portavoz en la literatura.
4 Cf. U. WEINREICH, o.c., p. 1: “[...] Those instances of deviation from the norms of either language which occurs in the speech of bilinguals as a result of their familiarity with more than one language i.e. as a result of language contact, will be referred to as INTERFERENCE phenomena”. Las implicaciones de la aplicación de este concepto al estudio del macarroneo serán ilustradas en la exposición de las teorías de Paccagnella y Segre.
5 Este concepto está indisolublemente unido en Bakhtin al de “realismo grotesco” (réalisme grotesque), concebido como el sistema de imágenes de la cultura cómica popular (cf supra n. 124). En éste, presenta un carácter profundamente positivo el llamado “principio material y corporal” (principe matériel et corporel), que resulta ser el principio de la fiesta y de la alegría, principio entendido como universal y propio del conjunto del pueblo: “el portavoz del principio material y corporal no es aquí ni el ser biológico aislado, ni el individuo burgués egoísta, sino el pueblo, un pueblo que en su evolución crece y se renueva eternamente. Esta es la razón de que todo el elemento corporal sea tan magnífico, exagerado, infinito. Esta exageración reviste un carácter positivo, afirmativo. El centro capital de todas estas imágenes de la vida corporal es material, es la fertilidad, el crecimiento, la sobreabundancia. Todas las manifestaciones de la vida material y corporal y todos los bienes materiales no se atribuyen, repitámoslo, a un ser biológico aislado o a un individuo “económico” privado y egoísta, sino a una especie de cuerpo popular, colectivo, genérico [...] La abundancia y la universalidad determinan a su vez el específico carácter juguetón, de fiesta (y no de la vida cotidiana) de todas las imágenes que tienen relación con la vida material y corporal” (p. 28). El rabaissement (que traduciremos con un cervantino “abajamiento”, dadas las connotaciones negativas que sugiere el normativo “degradación”, y teniendo en cuenta la metáfora espacial y jerárquica que evoca el término original), es presentado como el rasgo característico del realismo grotesco, y consiste en “la transferencia de todo lo que es elevado, espiritual, ideal y abstracto al plano material y corporal, el de la tierra y el cuerpo en su indisoluble unidad”. Tal operación queda confiada a la “risa popular”, asociada de siempre a “los bajos materiales y corporales” (le bas matériel et corporel), pues la risa “abaja y materializa” (p. 29). El concepto de “abajamiento” será determinante en la caracterización del macarroneo en Paccagnella y en parte de la obra de Cesare Segre.
6 Cf. A. PISCINI, ““Per allegri segni”: in margine ad alcune recenti edizioni di testi macaronici prefolenghiani”, Filologia e critica, IV, 1979, p. 372
7 En la obra de Weinreich sólo encontramos referencias tangenciales al fenómeno macarrónico (p. 60: “The desire for comic effects may also motivates lexical mixture” y n. 109, p. 68).
8 Cf. U. WEINREICH, o.c., p. 1 y p. 67: “It may be noted that, from the structural point of view, interference is to be expected in BOTH languages that are in contact”.
9 Cf. I. PACCAGNELLA, o.c., p. 377
10 Cf. ib., p. 369
11 Cf. ib., p. 377 y U. WEINREICH, o.c., p. 2: “From the point of view of the bilingual, the origin of a similarity between two languages –whether it is the result of a common heritage or a convergent development- is irrelevant. A particular type of relationship, however, which occurs frequently among genetically related systems is that which can be stated as an automatic conversion formula”.
12 Cf. I. PACCAGNELLA, o.c., p. 379-380. Este concepto de “hipóbole” es un trasunto a nivel estilístico del concepto de “abajamiento” aplicado a la lengua, en el sentido de una inversión consciente de las relaciones jerárquicas de orden cultural entre lenguas que Paccagnella atribuye a los prefolenguianos paduanos.
13 Cf. ib., p. 381
14 Cf. E. BONORA, o.c., p. 38 cit. por I. PACCAGNELLA, o.c., p. 363
15 Cf. I. PACCAGNELLA, o.c., p. 381

sábado, 28 de abril de 2012

LUCIA LAZZERINI Y LOS SERMONES HÍBRIDOS TARDO-MEDIEVALES (II)



Testimonios de mezcolanzas no reducibles a motivos estructurales se encuentran en los sermones escritos en forma deliberadamente híbrida por famosos predicadores como Barletta, Cherubino de Spoleto y Valeriano dae Soncino1, autores en los que “el macarrónico, o, sea como fuere, la mezcolanza acusada parecen esencialmente prerrogativa de la predicación moral y de su fuerte componente cómico-satírico”2. Tomamos de Lazzerini un ejemplo de Soncino, donde se observa su habilidad en el manejo y paso de una lengua a otra por mor de una mayor expresividad3:

O quot peccata tunc dischoperientur que nunc cohoperta sunt. O quot reperientur mali qui nunc reputantur sancti. Et ideo tu hypocritone, grataceli, bala-in-Cristo, sangion dal collo torto, manzasancti, qui nunc ab extra sanctus videris et tamen es unus ribaldus, expecta quia veniet tempus judicii universalis in quo non poteris te abscondere. Tunc videbitur vita tua qualis fuerit, tunc apparebunt peccata tua et ribaldarie tue. (c. 76 r.)

Una vez admitida la intencionalidad del hibridismo en los escritores de sermones, Lazzerini señala la estrecha relación existente entre la poesía macarrónica y los sermones macarrónicos tardo-medievales: “Contemporáneo a los ejemplos más significativos de sermones híbridos es otro caso de desviación de la normalidad: la poesía macarrónica. Según la opinión común, el carácter paródico y satírico, el espíritu goliárdico y el expresionismo violento que la marcan justifican ampliamente la elección de ese lenguaje anormal. Pero un hecho importante emergerá de estas investigaciones: el hecho de que un discurso profundo sobre la poesía macarrónica no puede prescindir del fenómeno, bajo muchos aspectos análogo y germinado en un ámbito cultural afín, de los sermones macarrónicos tardo-medievales, que constituyen un manantial léxico y estilístico bien presente a los prefolenguianos y al mismo Merlín Cocayo”.4 Por ello, subraya las relaciones existentes entre el ambiente universitario, del que surgen los prefolenguianos, y el ambiente eclesiástico, que “eran otra cosa muy distinta que dos mundos distintos e impermeables entre sí: en la compenetración que los caracteriza se percibe, por el contrario, la perpetuación de la antigua tradición de los clerici uagantes5. Similar, por ejemplo, es el sermo cotidianus de las predicaciones y el de las lecciones universitarias, como puede verse en las reportationes de Pietro Pomponazzi, célebre profesor de medicina y filosofía natural en las universidades de Padua y Bologna6; aduce también Lazzerini la tradición universitaria tardo-medieval de las uesperiae, especie de farsas goliárdico-clericales, a la que pertenece un texto macarronizante como la Repetitio Zanini coqui del parmesano Ugolino de Pisanis (representada en Pavía en 1435)7. Predicadores macarrónicos como Valeriano de Soncino, Barletta y Bernardino de Feltre estudian en las universidades del norte de Italia en la segunda mitad del siglo XIV8.

En sus conclusiones sobre el problema de los sermones híbridos y sus relaciones con el macarroneo literario Lazzerini sienta la base de que “el lenguaje macarrónico, insertándose en la plurisecular tradición del sermo humilis de la literatura cristiana, asume en un cierto momento caracteres institucionales y se convierte en una verdadera y propia ‘lengua especial’ de los sermones, que en tal forma son escritos, difundidos y leídos”9.

Los sermones macarrónicos acabaron desapareciendo ante la presión del vulgar y de la Contrareforma, “pero la tradición de lengua, de estilo, de cultura representada por nuestros textos, que conservaba tan tenazmente la herencia de la latinidad cristiano-medieval, no se perdió en la nada: alcanzada la plena madurez (una madurez que ya anunciaba la decadencia) encontró ésta en la obra de Folengo su máxima expresión. Fray Teófilo mira esta tradición con el ojo crítico del humanista, y la hace objeto de parodia y sátira: la mira, empero, desde el interior, porque también él está embebido de ella: conoce perfectamente su vitalidad, su eficacia expresiva y la utiliza a fondo”10.

No es la base común de latinus grossus lo que induce a Lazzerini a ver en estos sermones un antecedente seguro de la poesía macarrónica, pues el Küchenlatein aparece con frecuencia en textos no literarios11, “pero la copresencia de los estilos, la coexistencia de macaronica verba, y de elaboración retórica son prerrogativa de los sermones”12. Señala la autora italiana parecidas variaciones estilísticas repentinas en los sermones y en Folengo13, así como concordancias temáticas14. Nos recuerda también el hecho de que Folengo mencione en su Baldus a Barletta y a Roberto de Lecce15; sugiere incluso una influencia de la red. T en Valeriano de Soncino16 y posibles contactos personales y afinidades nacidas del ambiente macarrónico de la Universidad de Bolonia17: “En Bolonia, como en Padua o en Pavía, el etymon de la literatura macarrónica está en la simbiosis clérico-goliárdica, que en contacto con la experiencia humanística, mas obviamente en polémica con los valedores de la ‘norma’ sea latina o vulgar, adquiere plena conciencia de sus recursos potenciales”18.

Para Lazzerini resulta ya evidente que “la ecuación estilo macarrónico = espíritu de revuelta (en sentido antimedieval, antidogmático, anticatólico) es solamente una arbitraria simplificación de una realidad bastante más compleja y articulada19. La elección premeditada de este estilo como vehículo de parodia y de sátira violenta había madurado en el seno del sermo humilis de la tradición latino-cristiana a través de los estímulos debidos a la constante tensión dialéctica con la cultura ‘externa’. Indudablemente ha habido, en un cierto momento, lo que con Sklovskij podremos definir como “variación funcional”: ésta se ha verificado en el momento en el que el macarrónico, no elevado todavía al rango de ‘forma literaria’ reconocida, ha recibido su consagración oficial de manos de Merlín Cocayo, que del humus cultural y lingüístico de los sermones derivó una parte notable de su inspiración. El macarrónico humanista perfeccionado por él se reveló como un experimento irrepetible [...]; no obstante, asumió la función de inserir en lo vivo de la cultura renacentista el antipurismo y el expresionismo dialectal de la más genuina tradición medieval”20.




1 Cf. ib., p. 236
2 Cf. ib., p. 237
3 Cf. ib., pp. 239-240. Se cita de la cuaresma contenida en el cod. A III 18 de la Biblioteca Universitaria de Génova, indicado con la sigla Q
4 Cf. L. LAZZERINI, o.c., p. 248
5 Cf. ib., p. 257
6 Cf. ib., p. 254-256, que cita algunos fragmentos (“Nicolettus, qui legebat Padue, emebat perdices, capones et multa bona. Unde ipse erat malus homo, et pro uno quadrante perdidisset hominem, et nullum habebat pro amico. Unde, eundo ad predicam, accepit illud verbum ‘attende tibi’ suo modo, scilicet: attende tibi, idest sguazza et triumpha” [cf. B. NARDI, “Le opere inedite del Pomponazzi”, II, GCFI, a. XXX (1951) p. 117]). Merlín Cocayo llegará a declararse díscolo discípulo de éste (cf. Baldus V XXII 129-132: “Dum Pomponazzus legit ergo Perettus, et omnes / voltat Aristotelis magnos sotosora librazzos,/ carmina Merlinus secum macaronica pensat/ et giurat nihil hac festivius arte trovari”), aunque tal cosa no constituye más que parte de la propia leyenda elaborada por Folengo sobre su sosias macarrónico, puesta en evidencia por las investigaciones biográficas de G. Billanovich (cf. B. MIGLIORINI, o.c., p. 76).
7 Cf. L. LAZZERINI, o.c., pp. 257-258
8 Cf. L. LAZZERINI, o.c., pp. 261-262
9 Cf. ib., p. 327
10 Cf. ib., p. 328
11 Cf. ib., p. 328 n.1 cita aquí el polémico verso del Baldus V II 11: “scribere vadit adhuc macaronica verba nodarus”
12 Cf. ib., p. 328
13 Cf. ib., pp. 328-329
14 Cf. ib., pp. 329-332. Temas comunes a los sermones y a Folengo son la invectiva contra las viejas alcahuetas, las lamentaciones sobre el miserable estado de las iglesias, la polémica contra los altos prelados, el lamento recurrente sobre la injusticia dominante, y la valoración doméstica de la mujer.
15 Cf. L. LAZZERINI, o.c., p. 331, que cita Baldus V XXII 316-319: “Sunt illic oleo caldaria plena boiento, / ut Bariletta docet predichis, fraterque Robertus; / frizere padellis quis ranas posse vetabit, / anguillasque illas ad arostum ponere speto?”
16 Cf. ib., pp. 332-333
17 Cf. ib., pp. 333-334
18 Cf. ib., p. 334
19 Lazzerini había señalado como “gli scherzi “su’ motti del Vangelo”, la “parodia della confessione”, la “satira de’ frati” in cui il De Sanctis vedeva estrinsecarsi lo spirito beffardamente corrosivo d’un Merlino fustigatore dei residui della cultura medievale, non costituirono certo motivo di scandalo, per il semplice fatto che, come abbiamo constatato, erano da tempo nel repertorio dei fratres” (p. 333).
20 Cf. L. LAZZERINI, o.c., pp. 338-339

sábado, 21 de abril de 2012

LUCIA LAZZERINI Y LOS SERMONES HÍBRIDOS TARDO-MEDIEVALES (I)



A principios de los años setenta se inicia en Italia un debate sobre el origen del macarroneo que ha aportado decisivas contribuciones a la definición del lenguaje macarrónico en su conjunto.

Lucia Lazzerini publica en 1971 un fundamental y muy documentado trabajo sobre la tradición de sermones híbridos desarrollada en Francia y en el norte de Italia a fines de la Edad Media y comienzos del Renacimiento1. Señala Lazzerini que “el proceso que ha conducido al hibridismo ha sido más lento en Italia que en Francia, resolviéndose sustancialmente en una penetración de vulgarismos fácilmente asimilables por el latín medieval, lengua viva y en continua evolución, en mutua, fecunda relación con el vulgar que se desarrollaba paralelamente”2, pero la receptividad del latín mostró ser muy reducida en Francia, mientras que casi ilimitada en Italia. El latín, por otra parte, seguía siendo, aún en el siglo XV, instrumento de comunicación de los más famosos predicadores3. Sitúa Lazzerini la razón de tal hibridismo en necesidades expresivas surgidas en los sermones más marcadamente realístico-satíricos4, destinados a un público “al que sólo las sensaciones fuertes pueden conmover”5. En tales sermones llega al extremo la tendencia al realismo y a la mezcolanza de estilos endémica en la literatura cristiana6: los predicadores renuncian conscientemente a las subtilitates escolásticas y a la exquisitez del ornatus, justificando el empleo de un latinus grossus en nombre de la adhesión a los cánones de la sancta rusticitas.7 Una profesión explícita de rusticitas puede encontrarse en el predicador Bernardino da Feltre8:

Dicit ille: -Expectabam aliquid scientificum, aliquid subtile, tu dicis pur cosse da femine etc. –Et ita volo dicere, et volo ire a la grossa: da poi che etiam in peccatis itur a la grossa, non conveniunt peccata grossa et predicationes subtiles (I 250, 26-29); volo dicere quel che bisogna, volo loqui a la grossa per esser ben inteso (I 143, 2)

El hibridismo sigue vías diferentes en Francia e Italia: “en Francia se podrán así encontrar ejemplos de latinus grossus e incluso macarronismos reales y auténticos, pero en los casos más significativos se tendrá ante todo alternancia de las dos lenguas (aunque sea, como veremos, una alternancia estudiada hasta el manierismo): mientras que en Italia el hibridismo, en sus manifestaciones más avanzadas, asume una apariencia decididamente macarrónica”9.

Lazzerini establece dos modalidades básicas de mezcolanza: habla en primer lugar de una mezcolanza orgánica donde “el uso de dos o más lenguas diferentes es reconducible dentro de confines estructurales bien precisos”10, como en el caso de muchos carmina Burana, en que se verifica una regular alternancia de versos latinos y vulgares; y en segundo lugar, de una mezcolanza inorgánica, en la que “la mezcla se realiza de un modo totalmente irracional: latín y vulgar trasvasan continuamente el uno al otro, llegando con frecuencia a la fusión completa, es decir, a la producción de palabras realmente macarrónicas”11. Ambos tipos se hallan presentes en los sermones. Dentro del primero, contamos con sermones donde fragmentos en latín van seguidos de un comentario en vulgar y viceversa, y también con sermones latinos repletos de proverbios o versos en vulgar que deben ser considerados como citas12. Lazzerini aporta un ejemplo de mezcolanza orgánica tomado del predicador español Sancho Porta, que reproducimos parcialmente, en el que “latín y español se alternan regularmente en las diversas partes ocupando las propias ‘zonas de competencia’’’13:

[...] tripliciter venit Christus ad templum anime.
Primo quando d’ella quiere expedir toda creatura terrenal [...];
Secundo quando la faze recollegir en devoción mental [...];
Tertio quando ally faze consumir peccado, vicio y todo mal. (c. III v.)

Testimonios de mezcolanzas no reducibles a motivos estructurales se encuentran en los sermones escritos en forma deliberadamente híbrida por famosos predicadores como Barletta, Cherubino da Spoleto y Valeriano da Soncino14, autores en los que “el macarrónico, o, sea como fuere, la mezcolanza acusada parecen esencialmente prerrogativa de la predicación moral y de su fuerte componente cómico-satírico”15. Tomamos de Lazzerini un ejemplo de Soncino, donde se observa su habilidad en el manejo y paso de una lengua a otra por mor de una mayor expresividad16:

O quot peccata tunc dischoperientur que nunc cohoperta sunt. O quot reperientur mali qui nunc reputantur sancti. Et ideo tu hypocritone, grataceli, bala-in-Cristo, sangion dal collo torto, manzasancti, qui nunc ab extra sanctus videris et tamen es unus ribaldus, expecta quia veniet tempus judicii universalis in quo non poteris te abscondere. Tunc videbitur vita tua qualis fuerit, tunc apparebunt peccata tua et ribaldarie tue. (c. 76 r.)





Imagen: san Bernardino de Siena.





1 Cf. L. LAZZERINI, ‘“Per latinos grossos...’. Studio sui sermoni mescidati”, Studi di filologia italiana, 29, 1971, pp. 219-339.
2 Cf. L. LAZZERINI, o.c., p. 227
3 Cf. ib., p. 229
4 Cf. ib., p. 229, 237
5 Cf. ib., p. 250
6 Cf. ib., p. 249
7 Cf. ib., p. 253. Tal ideal sitúa la dignidad en el contenido, no en la forma, ya que “per latinos grossos parlaverunt apostolos”, como reza un solecista verso macarrónico del cremonense Fossa, que Lazzerini utiliza para dar título a su trabajo (cf. p. 254 nn.1-2).
8 Cf. ib., p. 253-254
9 Cf. ib., p. 229
10 Cf. L. LAZZERINI, o.c., p. 230
11 Cf. ib., p. 230
12 Cf. ib., p. 230
13 Cf. ib., p. 231. El ejemplo está tomado de SANCTIVS DE PORTA, Sermones festivitatum annualium beatiss. Virg. Marie, typis Joannis Joffre, Valencia 1512.
14 Cf. ib., p. 236
15 Cf. ib., p. 237
16 Cf. ib., pp. 239-240. Se cita de la cuaresma contenida en el cod. A III 18 de la Biblioteca Universitaria de Génova, indicado con la sigla Q

sábado, 7 de abril de 2012

LA CRÍTICA DE ETTORE PARATORE AL MODELO PAOLIANO (II)



Es, por otra parte, el intento de enunciar leyes generales sobre el macarroneo folenguiano el que lleva a Paoli a creer que latín y macarrónico se alternan casi sistemáticamente en formas constantemente equilibradas y a hablar de fusión de elementos heterogéneos, a pesar de reconocer luego que en el Baldus hay trozos en los que prevalece el latín1.

Considera Paratore “piuttosto ermetica” la distinción paoliana entre macarronismo morfológico-lexical y macarronismo de locución2, y errónea la idea de descubrir la grandeza de Folengo en el desarrollo superlativo del primer tipo, exasperando la tendencia del latín a los neologismos3, mientras que se define el segundo tipo como “folenghiano deteriore”4.

Las humoradas del tipo dattornum, todannum le parecen a Paratore el vértice del desenfreno lingüístico de Cocayo, cosa que acaba siendo reconocida por el propio Paoli5.

Si se acepta, dice Paratore, la tesis de que todos los recursos léxicos macarrónicos tienen el fin único de plasmar un lenguaje siempre más incisivo, viene a caer del todo la distinción de Paoli entre macarronismo morfológico-lexical y macarronismo de locución; y lo que se afirma con prepotencia es la desbordante libertad y variedad del discurso folenguiano, siempre atento a adaptar el resultado expresivo al constante cambio de color de los sucesos y estados de ánimo6.

Para desmontar lo que él considera axioma de Paoli sobre la constitución fija del macarróneo folengiano, Paratore ofrece una serie de variaciones léxicas tomadas del Baldus.7 En ellas el uso constante de un término latino correcto o macarrónico se ve desmentido por la presencia de variantes macarrónicas o latinas respectivamente8. Llega así a una serie de conclusiones9:

Cómo es lógico recabar de este minucioso análisis, la comprobada variabilidad caprichosa del discurso folengiano, que parece traicionar una siempre renovada veleidad de medrosa imitación en mil modos del discurso de molde clásico, acaba por denunciar cuánto persiste en la conciencia lingüística del autor la tendencia del macarroneo anterior a él, es decir, la de crear un lenguaje que, aun concediendo a veces la primacía a la inspiración épica o trágica sin más, miraba a la parodia, a la caricatura de los grandes poetas latinos transmitidos por la cultura y la escuela. El presupuesto de encontrar y magnificar en Folengo la creación de un lenguaje original, sólidamente constituido, a mil millas de distancia de las aventurosas tentativas de sus predecesores, sobre la base de la impresión suscitada por la opulenta persuasividad de su arte, ha acabado por crear un equívoco que ha hecho perder realmente de vista la característca esencial de ese lenguaje, es decir, el poder sin precedentes de llevar a la cima los procedimientos caricaturescos con la más desorientadora riqueza y variedad de medios, desencadenando las coloraciones macarrónicas cada vez que era necesario animar y hacer más impetuoso el desarrollo expresivo. Es necesario partir del principio de que el verso latino, el verso virgiliano constituye para Folengo la norma de base [...] Por eso no debe sorprender que en el intento de subvertir una vez tras otra con los medios más adecuados la solemnidad consagrada del verso heroico él hubiera hecho flèche de tout bois, recurriendo a todas las contrastantes sugestiones que en cada ocasión le venían a los labios.







1 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 41, que hace referencia a U. E. PAOLI, o.c., pp. 42, 80. Paratore intenta de nuevo presentar como contradictorios fenómenos que en la exposición de Paoli son perfectamente compatibles. De este modo, el hecho de que se defina el macarroneo como una fusión orgánica de elementos heterogéneos, no obsta a que uno de los elementos predomine, incluso absolutamente, según lo exiga el tono de la narración. Así, este lenguaje “si adatta al argomento e all’ambiente, sempre conservando il suo carattere fondamentale di linguaggio solidamente costituito. Il maccheroneo, che sa, quando occorra, raggiungere la dignità epica, in bocca a bassa gente diventa sguaiato e plebeo; ed è questo che il poeta vuole” (cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 85-86). La concepción puramente subjetiva e individual del macarroneo en críticos como Paratore acaba siendo más rígida que la del ‘rigorista’ Paoli, pues se le conceden al poeta macarrónico, paradójicamente, menos posibilidades creativas de manejo autónomo de su lenguaje. Tal teoría de un lenguaje “cuya esencia está propiamente en su hacerse” (cf. M. CHIESA, “Un’antologia folenghiana”, o.c., p. 129) se torna puramente mecanicista y termina por prescindir del factor autor como dueño consciente de su creación. Chiesa niega que Folengo tuviera un designio definido a la hora de reelaborar su obra macarrónica, en el sentido de tender a una forma ideal perfecta e inmutable, extraña a la poesía macarrónica, como aspira a ser por esa época el toscano. Esta lengua, que no es per grammaticam, “obliga”, pues, a Folengo a cambiar necesariamente su obra, pues en el cambio, y sólo en éste, está su esencia (p. 130). Folengo es presentado así como sometido a un furor inspirador de trasnochadas connotaciones, como un grafómano irreflexivo que carece de verdadero control sobre su lenguaje; lenguaje que por ende no es per grammaticam, lo que contradice abierta y absurdamente, como veremos, su carácter de metalenguaje.
2 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 41, quien no da ninguna explicación de porqué considera “más bien hermética” tal distinción paoliana.
3 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 41 quien hace referencia a U. E. PAOLI, o.c. pp. 60-61. Éste último lo que dice en realidad es que “ciò che individua il latino del Folengo, di fronte allo scialbo maccheroneo dei Prefolenghiani è lo sviluppo che egli è riuscito a dare al maccheronismo morfologico-lessicale” (p. 60), pues los macarronismos de locución “[...] non meno dei maccheronismi morfologici [...] servono a dare al linguaggio maccheronico varietà e potenza di espressione [...]” (p. 63).
4 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 41 quien hace referencia a U. E. PAOLI, o.c., pp. 76-78. Lo que llama realmente Paoli “folenghiano deteriore” son palabras invariables que son latinizadas mediante desinencia, así como el empleo del artículo determinado.
5 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 41 que hace referencia a U. E. PAOLI, o.c., pp. 84-86
6 Con estos planteamientos Paratore (p. 44) comienza a acercarse peligrosamente a las posiciones idealistas de Croce, quien consideraba a la lengua en un aspecto puramente subjetivo, negándole toda objetividad como sistema. El error fundamental de Paratore y otros radica en pensar que la extrema ductilidad y variedad del macarroneo como instrumento artístico es incompatible con una caracterización gramatical como sistema lingüístico. Pero el macarroneo dista de ser una creación puramente individual, sino que se nos presenta como un metalenguaje, formado por varios sistemas interrelacionados (latín y lenguas derivadas) e interferentes, en el que la libertad del artista no se manifiesta sólo en la explotación de los recursos potenciales que le ofrece el sistema, como en una lengua natural, sino en la dosificación de la interferencia entre los sistemas que emplea, que será tanto más lograda cuanto más afines sean éstos. Será, en este punto, oportuno recordar lo que dice a este respecto Eugenio Coseriu: “En su actividad lingüística, el individuo conoce o no conoce la norma y tiene mayor o menor conciencia del sistema. Al no conocer la norma, se guía por el sistema, pudiendo estar o no estar de acuerdo con la norma (creación analógica); conociéndola, puede repetirla dentro de límites más o menos modestos de expresividad o rechazarla deliberadamente e ir más allá de ella, aprovechando las posibilidades que le pone a disposición el sistema. Los grandes creadores de la lengua –como Dante, Quevedo, Cervantes, Góngora, Shakespeare, Puskin- rompen conscientemente la norma (que es algo como el “gusto de la época” en el arte) y, sobre todo, utilizan y realizan en el grado más alto las posibilidades del sistema: no es una paradoja, ni una frase hecha, decir que un gran poeta “ha utilizado todas las posibilidades que le ofrecía la lengua”. En este sentido podemos repetir con Humboldt y Croce que, en realidad, no aprendemos una lengua, sino que aprendemos a crear en una lengua, es decir que aprendemos las normas que guían la creación en una lengua, aprendemos a conocer las directivas, las flechas indicadoras del sistema y los elementos que el sistema nos proporciona como moldes para nuestra expresión inédita” (cf. E. COSERIU, “Sistema, norma y habla”, o.c., pp. 99-100). No hay, pues, creación poética fuera de un sistema lingüístico, sólo silencio. La idea de Migliorini de que existen tantas lenguas macarrónicas como autores macarrónicos es un argumento que se vuelve contra los que defienden que el macarroneo no es un lenguaje “fijado en formas inmutables”, o lo que es lo mismo para ellos, no sometible a los esquemas formales de aquel hablar sobre el hablar que es la gramática. La diferencia fundamental entre estas lenguas macarrónicas está, aparte de en los sistemas de elección, en el grado de competencia que tiene cada autor en el manejo de esos sistemas, y de las tradiciones culturales y literarias que implican, como bien vio Bonora. Es el sumo grado de competencia en el manejo de sistemas ya dados lo que hace del genio lingüístico y filológico que es ante todo Folengo un hecho irrepetible. Vuelve a adquirir sentido aquí la aguda observación de artista de Charles Nodier sobre la impresión que produce el macarroneo: lengua de creación individual, pero que sin embargo se entiende sin esfuerzo porque está compuesta de los materiales de la lengua materna. El macarroneo adquiere sentido sólo por referencia a éstos y sin ellos sería una materia informe.
7 Cf. E. PARATORE, o.c., pp. 44-47
8 Es nuevamente errónea, y no puede hallarse en su obra, la idea de que Paoli afirme que exista un uso constante de los elementos lexicales, ni siquiera e silentio (cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 152). Paratore, que reprocha a Paoli no conocer la historia del texto (p. 38) utiliza como él la red. V, pero sin llevar a cabo la labor diacrónica de análisis de las cuatro redacciones que permite dar a Paoli razones de la alteración sistemática del material léxico macarrónico, adaptada a la situación narrativa. Hecho éste del que no da cuenta Paratore, quien se limita a registrar variantes descontextualizadas.
9 Cf. E. PARATORE, o.c., pp. 48-49. Es de notar en este punto la opinión de C. F. GOFFIS, “Il macaronico folenghiano fra arte e contestazione”, Maia, XLV, 1992, p. 137, quien dice respecto a Paratore que “la sua rivendicazione della libera creatività folenghiana segna un limite alla normatività del Paoli, non ne distrugge la prospettiva”, aunque unas páginas después se sitúa en planteamientos similares a los de Paratore: “È stato osservato che il macaronico, nonostante le normulae del suo autore, non muove verso un’ipotesi finale di grammatica e sintassi, precostituita con forme ideali. Il macaronico non ammette platonismi; è una continua invenzione personale, priva di parametri [...]” (p. 142).

sábado, 31 de marzo de 2012

LA CRÍTICA DE ETTORE PARATORE AL MODELO PAOLIANO (I)



La crítica lingüística más concreta a la aproximación de Paoli a una gramática del macarroneo fue realizada en 1977 por Ettore Paratore1. La visión paoliana del macarroneo folenguiano, dice Paratore, es la de un lenguaje asumido ya en inmutables formas categoriales. Paoli piensa que se expresa en formas clásicamente irreprensibles, de tono augústeo todo aquello que es dejado íntegramente al discurso latino, y fija incluso un uso constante de todos los términos macarrónicos, que se presentan así como modelo de un lenguaje fijo, definitivamente estabilizado como un idioma de uso corriente2.

Paratore quiere demostrar la inconsistencia de la teoría de un macarroneo inmutable en Folengo que atribuye a Paoli3. Para él, la mayor carencia del estudioso florentino está constituida por la falta de investigaciones e hipótesis sobre la formación del tan proteiforme lenguaje folenguiano. El inexistente análisis de los componentes dialectales del macarroneo impide la enunciación de cualquier principio seguro4.

Afirma que Paoli se ve desorientado por formas verbales en las que el uso latino se altera (reduat) o se acopla alegremente a la conjugación vulgar (sofriremus, faritis, uscirat); y el hecho de que se limite a definir como anómalas o erróneas formas de declinación como Iuppiteris, centas, quattribus, frigidibus, grossibus o formas de conjugación como sat por scit, fare por facere, y saritis por eritis evidencia que Paoli no se da cuenta que el “descabellado espíritu subvertidor” de Folengo no se detiene ni ante las formas latinas consagradas cuando el tono de la escena lo exige5. Así, Paoli, tras haber constatado que Folengo habitualmente evita el artículo, se ve obligado a registrar que comparece siempre en las formas modeladas en bloque sobre el vulgar: un aium, un altrum, un minimum.6

Critica también el concepto formal de “macarronismo ilógico”: formas como adossum y afattum no representarían más que la consagración de la forma adverbial vulgar; en troppus y praestus sólo se da la usual atribución de la desinencia latina a palabras o expresiones vulgares, mientras que en fin donec, pur tamen o cum tecum hay una juguetona yuxtaposición de forma latina a italiana (latinizada en un caso con cum), que expresa el mismo concepto7.







1 Cf. E. PARATORE, “Il maccheroneo folenghiano”, Atti Convegno 1977, pp. 37-61.
2 Paratore da una expresión acabada al reproche fundamental que se le ha hecho a Paoli. Para ello se apoya en las afirmaciones de Bruno Migliorini sobre la diversidad de los lenguajes macarrónicos, variables de autor a autor, incluso en el propio Folengo, donde la “gamma non è fissa, cristallizzata, ma sempre mobile, trovata lí per lí secondo le circostanze, con una elasticità di associazioni mentali che permette a Merlino di essere ora umanista, ora cantambanco” (B. MIGLIORINI, o.c., pp. 75, 88 cit. por E. BONORA, o.c., p. 39). Este logro de Paratore es reconocido por el maestro Bonora (cf. “Stato attuale degli studi folenghiani”, Atti Convegno 1980, pp. 13-14, 25). Éste observa en Paoli un excesivo rigor filológico al buscar “una norma en la lengua folenguiana que es difícil establecer” (p. 15); rigor que probablemente “deriva dalla sua incorreggibile natura di fiorentino, di studioso nativo della città dalla quale ci sono venute le regole grammaticali e la più severa disciplina linguistica” (p. 25).
3 Será sorprendente comprobar como el ilustre latinista Paratore critica a menudo a Paoli por cosas que éste no ha dicho, o con las que está completamente de acuerdo. Así, esta idea de un macarroneo “inmutable” está en franca contradicción con la descripción que hace Paoli del proceso evolutivo del macarroneo folenguiano a través de las cuatro redacciones de las Maccheronee en el sentido de un progresivo enmacarronamiento motivado por la búsqueda de una fusión cada vez más orgánica de los elementos que lo componen (Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 92-94, 220-234)
4 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 39-40. El escaso estudio del elemento vulgar en el macarróneo es una de las lacras de la crítica italiana, como se señala el propio Paratore. Parece, por otra parte, impropio tanto hablar de desinterés por determinar el origen del macarroneo como afirmar la imposibilidad de la enunciación de “cualquier principio seguro”, pues se ignora de tal suerte el carácter fundamentalmente sincrónico del estudio de Paoli, que le lleva a centrarse en la red. V para la descripción de lo que él entiende como norma lingüística y métrica del macarroneo folenguiano, mientras que en sus indagaciones diacrónicas abarca las cuatro redacciones. Paoli había elegido deliberadamente como objeto predominante de estudio el componente latino del macarroneo, y parece lógico pensar que una obra científica se juzgue por el éxito que consiga alcanzar en la consecución de los objetivos que se propone, no por los desiderata ajenos. De todas formas, un hecho constatable como el progresivo aumento del léxico macarrónico en detrimento del latino en la obra macarrónica de Folengo no se ve afectado por el hecho de que se llegue a determinar fehacientemente el origen de todos estos términos vulgares.
5 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 40. Paratore presenta como “desorientación” el hecho de que Paoli exponga ejemplos de los macarronismos clasificados por él como morfológicos, es decir, palabras latinas erradas que reproducen en tono de burla los dislates del latinus grossus (cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 146, 149, 151). La dramática incompatibilidad entre la interpretación del macarróneo en Paoli y en críticos como Momigliano, Bonora, y el propio Pararatore, que interpretan estos errores voluntarios como índice de una parodia del latín clásico y/o humanista, genera tensiones dialécticas de este tipo.
6 Paratore afirma (p. 40) que Paoli “se ve obligado” a reconocer algo que está sin embargo en su propia concepción del macarróneo, es decir, el que Folengo adapte su lenguaje al tono de la narración poética, subiéndolo o bajándolo gracias al hábil manejo de los elementos heterogéneos que conforman su macarróneo (cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 36, 168 y esp. p. 78, donde se afirma que Folengo emplea el artículo cuando desea bajar el nivel de su macarróneo, según lo requiera la situación) .
7 Cf. E. PARATORE, o.c., p. 40


Imagen: El insigne latinista Ettore Paratore (1907-2000)

sábado, 24 de marzo de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (IX Y FIN): DIFERENCIAS ENTRE EL MACARRONEO FOLENGUIANO Y EL DE SUS PREDECESORES




Tras analizar el léxico macarrónico, Paoli cree poder establecer las características generales del macarroneo folenguiano en relación con el lenguaje de sus predecesores1:


La nota dominante del folenguiano es dada por la coexistencia de dos principios que, considerados en sí, son excluyentes: dar dignidad de lenguaje orgánico al macarroneo, manteniendo siempre exteriormente, más o menos, la pátina latina, y, por el contrario, evitar, en la medida de lo posible, los elementos que representan la latinidad regular. Sólo con una hábil atemperación de los dos criterios Folengo ha podido transformar en fusión lo que en los prefolenguianos era solamente yuxtaposición.
Contribuyen a dar constante colorido clásico al macarroneo folenguiano: 1) la observancia de la regularidad prosódica (v. Appendice II, p. 174ss); 2) el frecuente uso de neologismos latinos (v. p. 139) o macarrónicos (v. p. 143); 3) el cuidado en evitar los versos bilingües (v. p. 35), y en general las palabras que son de vulgar inalterado, sea siquiera recurriendo a artificios demasiado simples, como el usar faloium por “falò” y ancoram por “ancora” (v. p. 161ss); 4) el uso limitado del artículo (v. p. 158).
El poeta evita, por otra parte, el predominio del léxico latino sobre el macarrónico, excluyendo, al menos que el tono lo exija, versos o sucesiones de palabras de latín regular. De hecho, mientras que en los prefolenguianos predominan numéricamente las palabras de latín regular ( a las que da generalmente carácter macarrónico la prosodia errónea), en Folengo prevalecen las palabras léxicamente macarrónicas, no pudiendo ser elemento de macarronismo el error prosódico, que Folengo, como he dicho ya, y como he ampliamente documentado en el Appendice II, no admite.
Cuán consciente es la aplicación de los dos criterios excluyentes, es algo que se deduce del cotejo de las cuatro redacciones del Baldus (v. Appendice III, p. 220ss), donde son corregidos errores de prosodia pasados por alto en las redacciones precedentes, y se procede a su vez, con un afán constante, a la sustitución de palabras de latín regular por palabras léxicamente macarrónicas.
El lenguaje macarrónico de Folengo, como técnica, invierte así los criterios del prefolenguiano. Con los criterios adoptados Folengo ha hecho del macarroneo un lenguaje admirablemente orgánico, que se presta, con el hábil juego de elementos de naturaleza diversa, que coexisten sin elidirse, a elevar y a bajar el tono de la narración poética según lo requiera el argumento y el lenguaje lo consienta, y a dar a este lenguaje extravagante y compuesto la impronta de la excepcional personalidad del poeta.


___________________

1 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 167-168.