CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 20 de febrero de 2021

FRAGMENTOS DE MI TRADUCCIÓN DE "BALDO" DE MERLÍN COCAYO: De la tempestad que se precipita sobre la nave, tras rescatar Baldo a Cíngar de las aguas, donde lo habían arrojado los vengativos pastores (Baldus V 12, 459-585)

 




Apenas lo había sacado mojado y la ropa escurriendo,

que repentina llega la legión de los vientos.                        460

Bora primero, con quien se enfurece el rápido Ostro;

luego Libeccio, que casas y chimeneas derrumba,

vuela elevando nubes de polvo y briznas al cielo,

y aún empeora por el intenso soplo del Greco,

que en su espalda doblada carga de agua montañas.          465

Estruendo provoca Siroco, y desata cordones al culo1:

retumban los astros, tiembla el orbe, vacila el Olimpo.

Pestífero2 Ostro entenebrece aguas y cielo,

y el embravecido mar levanta aquellas montañas,

que suelen bañar las estrellas que cubren el cielo superno, 470

mientras del mar los carneros van paciendo entre olas.

Ya el clamor de los hombres bate etéreos abismos,

y puede oírse un enorme crujido de cuerdas, y todo

el ponto muestra lívidos rostros, de muerte colores.

Vuelan tétricas nubes, por negros diablos movidas,            475

y sólo rayos flamígeros iluminan el cielo;

después de tal fulgor, Sirocco se tira unos pedos,

y luego lanza y esparce procelosos granizos.

La Tramontana su cabellera y fríos cabellos

suelta, y como lunática marcha entre las ondas.                480

En arriar las velas en vano se esfuerzan marinos,

pues la violencia brutal de los vientos se opone a su empeño:

ya tiene la palma el Ostro feroz, ya Borra le gana,

ruge el piélago, y con sus olas salpica los astros.

Con muerte horrible la tempestad amenaza a los nautas,   485

quienes, sin esperanza, votos elevan al cielo,

al tiempo que hieren sus pechos dándose fuertes puñadas.

Miedo ninguno entonces tiene Baldo de muerte,

corre de acá para allá exhortando a unos y a otros,

sirve al capitán, al contramaestre, y a los marineros,        490

a todos apremia, gira el timón, y lo endereza,

y fuerzas no ahorra, manda aquí, y allí presta ayuda.

Anima a los cobardes con sus palabras de ánimo.

Suelta y tira de jarcias, del timonel a las órdenes.

Si no puede soltarlas, rómpelas entre sus manos.           495

La tempestad inminente siembra la ruina en la nave;

nada, empero, en la cabeza, ya gorro o sombrero,

lleva Baldo, y dice que nada eso le importa;

con tal que todos se salven, acepta él mismo ahogarse.

Bóreas, ya victorioso, botó a los otros bien lejos,            500

muge cual buey y él solo ensucia el mundo de niebla;

su ímpetu al cielo levanta montañas de agua salada,

y de lo más hondo descubre las infernales mansiones.

Desesperada gime la nave, ya derreganda

se rinde a la tempestad, su enemiga, y piedad le reclama. 505

Grita el capitán: "¡arriad, arriad esta vela!

Harto mojada pesa en exceso, el mástil abajo

vendrá, y las olas a éste lo partirán por su medio."

Pronto al patrón se apresta a obedecer todo el mundo,

pero no pueden soltar las cuerdas entreligadas,              510

y así por el viento mayúsculo caen todos de bruces.

Presto una alabarda agarra Baldo con tino,

nueve gruesas cuerdas desmocha con un fendiente,

y, rotas las pastecas, las velas se vienen abajo.

Solo en un rincón, estaba Cíngar temblando,                  515

y temiendo morir, por las patas abajo empieza a cagarse.

Entonces ni de limas sordas su juego, ni entonces

le aprovechan ganzúas, ni de ladrón sus tenazas,

ni entonces el arte de simia, ni de la zorra la astucia:

doquiera urge la muerte, doquiera cruel amenaza.          520

Votos sin cuento eleva aquél a todos los santos:

Jura, y si no que un rayo le parta, querer por entero

el mundo recorrer descalzo vestido de saco;

quiere a san Danés3 visitarlo en Agrignano4,

que hoy todavía vive en la gruta de vasta montaña,       525

y de sus ojos pestañas llegan hasta las rodillas.

Irá a ver los zuecos que antaño Ascensión5 empleaba,

que los portugueses han encontrado en Taprobana6;

y en su honor hará decir diez misas a frailes,

y a éstos también una vela tan grande y de tanto peso  530

quiere ofrecer, igual que de grande y de tanto peso

el mástil es de la nave, si escapa de este peligro.

Se acusa a sí mismo de haber robado en muchos negocios,

de haber desquiciado puertas, y desgallinado polleras7.

Mas si de tantas penalidades ahora resulta                   535

sano y salvo, ser desea un nuevo Macario8,

otro Pablo eremita9, y promete, del santo Sepulcro

tras la visitación, llevar una vida de pobre.

Mientras Cíngar tal piensa en su corazón agitado,

hete que enorme montaña de agua rompiendo se abate, 540

que, la alta gavia cubriendo, pasa estrepitosa,

y no pocas llevóse consigo personas al agua.

Baldo a pie firme aguantó como una viejísima encina,

mientras Cíngar creyó entonces que estaba perdido,

y por fortuna a una viga se había agarrado.                   545

Arrecia aún más el cruel temporal por las rápidas ondas,

y ya no se sabe qué derrota lleve la nave,

a qué playas sea guiada, o a qué territorios:

ya con su pecho toca, alzada, los pies de la luna,

ya con su cala de los diablos toca los cuernos.              550

El timonel, tembloroso, perdió el control de la nave,

por eso, abatido, grita: "¡gente, nos vamos a pique!

Iremos a cenar en tres horas con los difuntos;

queda, empero, de esperanza una miaja,

si de mercancía tantos fardos se tiran del barco.          555

¡Venga! ¿a qué esperáis?, ¡la vida mejor que los bienes!

¡todo lo harto pesado dese a los peces!, y, ¡vamos!,

de Orlando tened el coraje, ¡tirad por la borda bagajes!"

Todos entonces asienten, y a su salvación insegura

prudentes atienden, dando al mar lo que más peso tiene: 560

cofres llenos de terciopelos, llenos de raso,

tejidos de púrpura, granas, paños finos, alfombras,

todo al mar precipitan: lo que de morir en la hora

tanto se estima cuanto la nieve en tiempo de invierno.

Callados los mercaderes están, y parecen estatuas.    565

"¡Ay!, ¿para quién -dicen- estas riquezas hemos ganado?

¡ay!, ¿en qué fruslerías nuestro tiempo gastamos?"

Entre tales lamentos, llenos de mísero miedo,

vense obligados a dar al mar sus fardos preciosos,

pues más que cien mil tesoros grata resulta la vida.   570

El timonel repite su aviso: "Os lo advierto:

lo que tenéis de más pesado, todos descarten,

todos den al goloso abismo lo que les pesa."

A estas palabras oídos dio cierto hombre presente,

que consigo ningún bagaje, pobre, tenía;                  575

junto a éste estaba su propia esposa, a la que no

ganaba ninguna en ser fea y mala contra el marido.

La coge en brazos de improviso, y en tiro gallardo

la tira lejos diciendo: "¡vete, hez del diablo!,

vete, que carga más pesada yo no la tengo!"            580

Ésta, llevada de aquí para allá, del mar por las yeguas,

boca abajo queda, y, ahogada, se hunde.

¡Váyanse así cuantas feas son, y están majaretas!

¡Ay!, ¿qué he dicho?; lo oyó Mafelina, y ya mayor tiempo

no quiere conmigo hablar; no obstante, la calmaremos. 585


________________

1cf. supra vv. 357-361

2cf. supra vv. 350-354

3Señala Chiesa que es personaje de Aspramonte, Morgante, Innamorato, y Furioso, y protagonista del Libro delle battaglie del Danese, una de las lecturas del Baldo niño (cf. III 104).

4Localidad desconocida.

5Ad zocolos ibit, quos olim Ascensa ferebat. "La Sensa es en el Véneto, y en particular en Venecia, la fiesta de la Ascensión de Cristo al cielo. Para Cíngar se convierte en una santa" (Chiesa en n.)

6Nombre dado por los geógrafos antiguos a una isla identificada con la de Ceilán, descubierta por los portugueses en 1505. Recuerda, asimismo, Chiesa que estas alusiones sustituyen a las respectivas de la redacción Toscolanense (XII 84-87) a Santiago de Compostela y Loreto.

7Sgardinasse casas et sgallinasse polaros. He intentado en lo posible reproducir las aliteraciones del verso.

8cf. X 51

9Señala Chiesa que se trata de Pablo de Tebas, primer eremita cristiano (230 ca. - 340 ca.)


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