CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 18 de febrero de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (IV): MACARRONISMO LEXICAL

            
          

Todo lo dicho, no obstante, no caracteriza plenamente el léxico macarrónico. Paoli subdivide para esto su concepto de macarronismo morfológico-lexical, en macarronismo lexical, por un lado, y macarronismo morfológico, por otro.

Como se ha expresado más arriba, las palabras que constituyen por sí mismas un elemento macarrónico pueden consistir o en el enmascaramiento latino más o menos superficial de una palabra vulgar o en un palabra latina errónea (por ej.: morivit o moruit por mortuus est). En las primeras el macarronismo tiene carácter lexical, en las segundas morfológico. Añade Paoli que en los macarronismos morfológicos el poeta procede en la dirección latino-vulgar (palabra latina que sufre la influencia del habla vulgar), y en los lexicales en sentido inverso (palabra vulgar latinizada)1.

A.1) Macarronismo lexical.2 En este grupo se incluyen tanto los macarronismos derivados de lexema vulgar pero con estructura de palabra latina (los neologismos latino-macarrónicos ya expuestos), como los enmascaramientos latinos superficiales de palabras vulgares (I 10: chitarinum “chitarrino”)3. Este simple enmascaramiento, junto con el error gramatical, representan la forma más elemental del macarroneo, en cuanto que reproduce con ánimo de burla los despropósitos del latinus grossus de los ignorantes. Para Paoli encarnan estas dos formas el aspecto más pueril del macarrónico. Con todo –añade el estudioso florentino- el enmascaramiento, y esto ya había sido comprendido por Tifi Odasi, adquiere un particular sabor de comicidad cuando la desinencia latina es aplicada a palabras que por su estructura no tienen un correspondiente formal en el latín; así, en particular, en las palabras derivadas. En latín, de hecho, las palabras derivadas se restringen, puede decirse, solamente a los diminutivos; por contra, el italiano, y más aún los dialectos italianos, hacen un uso muy lato de palabras derivadas. Por tanto, la latinización de una palabra derivada, fundiendo dos elementos de naturaleza diferente e irreconciliables, alcanza el efecto de una acertada extravagancia (TIFI, 473: librazo “libro” (literalmente “libraccio”); 414: buchetam “bocchina”; FOLENGO, I 308: cavallazzus “cavallaccio”; III 17: diavolettus “diavoletto”; I 277: pochettum “pochino”; II 194: sdegnosetta “sdegnosetta”).

Por la misma razón representan una forma más eficaz de macarroneo las palabras macarrónicas que latinizan un vocablo propio del dialecto4, sea que el dialecto aparezca sólo en una alteración de consonante o en una desfiguración debida a la pronunciación septentrional5 (TIFI, 681: brazzos “le braccia”; camisam “la camicia”; FOLENGO, I 7: scoios “scogli”; I 30: bosiam “bugia”; III 48: gradat “aggrada”), sea que se emplee un vocablo propio del dialecto (TIFI, 456: gratacasa “grattugia”; FOLENGO, XIII 406: gallone “fianco”; XVII 169: magones “stomachi”).

A los términos dialectales añade Folengo otros tomados de lenguas extranjeras6, del italiano más antiguo7, o inventados en un alarde de originalidad8. La mayor parte de las palabras de este último tipo sería incomprensible (y muchas de hecho lo son) si el poeta no hubiera asumido el papel de intérprete de sí mismo en las notas marginales que dispone en la red. T de mano de Acuario Lodola, ficticio descubridor y editor de la obra de Merlín Cocayo9.





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1 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 145
2 Cf. ib., pp. 145-148
3 Este sistema se complica cuando se trata de latinizar formas verbales italianas que no son el resultado de la mera evolución del latín. En estos casos, Folengo opta por conjugarlos como si existiese el correspondiente latino (por ejemplo, ammazabor ‘mi ammazzerò’; gittasset ‘avesse gitato’); solo raras veces recurre para las formas no compuestas a un simple enmascaramiento de la terminación vulgar (por ejemplo, sofriremus [XII 124] por ‘soffriremo’, en lugar del macarrónico normal sofribimus). Para otras peculiaridades del sistema morfológico verbal macarrónico cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 146-147 nn. 1-3
4 Cf. E. BONORA, o.c., esp. cap. II.5 ‘Trattamento del latino e del dialetto’ (pp. 72-79) y 6 ‘L’expressività cercata attraverso l’ampio registro lessicale’ (pp. 79-87). Folengo se había hecho la idea del dialecto como un vasto territorio lingüístico mal explorado y no apreciado por lo que valía. En su manejo del vocabulario representa así la más extrema posición de libertad en opinión de Bonora: “il suo fine era di allargare in maniera se non irrazionalmente infinita praticamente indefinita i confini del vocabolario, e se non fosse stato per la presenza di una fantasia geniale avvrebe sconvolto ogni regola al punto di dare nell’astruso e nell’incomprensibile” (p. 80).
5 Bonora descubre un designio cómico en Folengo consistente en imitar el habla del pueblerino ignorante que intenta volver italianas las voces del dialecto con irracionales inserciones o cambios de consonantes y con pretenciosos redoblamientos que al septentrional, que ignora el uso de las consonantes dobles, dan la ilusión de traducir en toscano o de exhibir refinamiento lingüístico: “covare” puede así dar lugar a cobasset (Baldus T VIII 240), somenzam “propaginem” (ib. XVII 121) rehace el campesino “somensa”; y son todos redoblamientos cómicamente pretenciosos smiccat (ib. XIV 239), de “smicar”, pistar, boffat (ib. XV 334) de “bofar”, soplar, biassant (ib. XVI 154) de “biasar”, etc. (cf. E. BONORA, o.c., pp. 77-78). Observa Paoli que fenómenos del macarroneo folenguiano como la simplificación de la consonante doble y la decapitación de la sílaba inicial, propios del dialecto septentrional, deben atribuirse a búsqueda de variedad cuando no hay una causa métrica que los justifique (cf. o.c., pp. 152-155).
6 Así se encuentran términos tomados del francés, del griego, del alemán, del español, del eslavo y del albanés (cf. E. BONORA, o.c., pp. 85-86 y U. E. PAOLI, o.c., p. 70).
7 Se trata de palabras arcaicas o poéticas del lenguaje literario e incluso del mantuano antiguo (cf. E. BONORA, o.c., p. 83 y U.E. PAOLI, o.c., p. 69)
8 Paoli ofrece ejemplos como coliquintida “tristeza”, disquistilare “tirar al aire”, y gregnapola “murciélago” (cf. o.c., p. 69). No obstante, Bruno Migliorini señala esta última forma como propia de la Lombardía oriental (cf. B. MIGLIORINI, “Sul linguaggio maccheronico del Folengo” Lingua d’oggi e di ieri, Sciascia, Caltanissetta-Roma 1973, artículo este aparecido ya en 1968 con el título de “Aspetti rusticani del linguaggio maccheronico del Folengo” en AA.VV. , Atti del Convegno sul tema: La poesia rusticana nel Rinascimento (Roma, 10-13 ottobre 1968), Roma 1969 (Accademia Nazionale dei Lincei, Problemi attuali di scienza e di cultura, 129). Más ejemplos de nomina ficticia en Bonora (pp. 88-90).También contribuyen a enriquecer el lenguaje macarrónico las onomatopeyas, que Folengo busca afanosamente (fricton fricton es el sonido de la guitarra, bebeum el balar de las ovejas, gnao gnao el maullido del gato, un “carmen trombisticon” forma el sonido de la trompeta [Baldus T XXII 144: “tarara ton tarara ton tarara ton taira”], etc.), contra la opinión de Quintiliano para el latín, y que le llevan incluso a la formación de nuevas palabras como tichitare (ib. II 252) que es el “percutere cum tich toch”, y su afín tichtochare (ib. XXI 539: “intus tichtochat pistatio mortariorum”) (cf. E. BONORA, o.c., pp. 43-47, 87-88; U. E. PAOLI, o.c., p. 71).
9 Estas glosas, ya presentes in nuce en la red. P, adquieren en la T el carácter de verdaderos microtextos en los que con frecuencia el poeta despliega sus dotes de socarrón en juegos de erudición ficticia y de inverosímil sutileza filológica.

sábado, 11 de febrero de 2012

POMILIONES, VARIUM POEMA, ET IANUS




He recibido, gracias a la amabilidad de Otello Fabris, presidente de la Asociación Amici di Merlin Cocai (de la que me honro en pertenecer) la última y cuidada edición facsímil costeada por dicha institución,  que data de 2011. La obra, editada por Giorgio Bernardi Perini, Otello Fabris y Roberto Stringa, reproduce un ejemplar, propiedad de éste último, reputado bibliófilo, del volumen misceláneo en prosa (los Pomiliones de Giambattista) y verso (el Varium Poema y el Ianus de Teófilo) publicado por los hermanos Folengo no antes de 1534, fecha de su reingreso en la orden benedictina, tras los tres años de vida eremítica pasados en la península de Sorrento impuestos como condición previa para la susodicha readmisión tras su abandono casi un decenio antes. Este librito tan bellamente editado cuenta, además, con el aliciente de un breve pero sustancioso epílogo a cargo de Giorgio Bernardi Perini en el que da cuenta de las circunstancias de creación de la obra, de las vicisitudes de su edición, y de las características de su contenido, así como de la sobrevivencia de los poemas folenguianos recogidos en ella en su posterior y nunca abandonada producción macarrónica.

viernes, 10 de febrero de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (III): MACARRONISMO MORFOLÓGICO-LEXICAL

Paoli expone dos modos de producción de macarronismos morfológico-lexicales. El modo más simple consiste en una contaminación gramatical, sea latinizando superficialmente una palabra vulgar, como en Spagnolorum “de los españoles”1, sea dando desinencia italiana a una forma latina como en tremare por tremere, o en paupera mulier por pauper mulier; el segundo, el más conspicuo para Paoli, pone en acto neologismos latinos que “podrían ser tomadas por verdaderas palabras latinas, si, a veces, bajo la solemne toga romana que el poeta ha hecho ponerse a estos extravagantes neologismos, no trasluciera su bufonesca naturaleza macarrónica”2. Son estas palabras como latramen “ladrido”, gyramen “giro”, suspiramentum “suspiro”, grandilitas “grandeza”, pigritatim “poco a poco”, sanguificare “ensangrentar”, fluctivagare “errar sobre las ondas”, que en ocasiones animan un contexto épico:

Hi tres compagni, quid sit colpire, maëstrant,
Qui sint mandritti, quae puntae, qui ve roversi.
Totum sanguificant pontum, terrentque diablos.
(Baldus V XVI 95-97)
(“Estos tres compañeros saben de golpes el arte,
saben reveses, golpes de punta y tornavirones.
Todo el mar ensangrientan, y aterrorizan diablos”)

Paoli distribuye los macarronismos morfológico-lexicales en clases según su grado de afinidad con el latín auténtico. Así, considera que, por ejemplo, pigritatim pertenece a una aristocracia distante de formas como panza “pancia” (panza) y fiaschettus “fiaschetto” (frasco)3. Esta “aristocracia” lexical es clasificada en tres tipos:

1) neoformaciones humanísticas regulares4. Son neologismos no menos regulares y lícitos que las palabras de estructura análoga que encontramos en los clásicos. Así, aparecen sustantivos como los mencionados suspiramentum5 (Baldus V VII 168, cf. PLAVT. Stich., 173: inanimentum), latramen (XXI 19, cf. LVCR. 8, 148: frustramen) y grandilitas (I 296, cf. APVL. Plat., 2, 4: disparilitas); adjetivos como denteus “dentado” (XXI 415, cf. PLAVT. Truc., 854: bliteus); diminutivos6, como furcinula (I 465, cf. PLAVT. Pers., 515: facula) de furca “horca”; adverbios como asinaliter7 “al modo de un asno” (XX 654, cf. HOR. ars 29: prodigialiter) o el citado pigritatim8(XX 575); y verbos como los citados sanguificare (XVI 97; cf. AVG. ciu. 14, 3: candificare) y fluctivagare (XVIII 220, cf. STAT. Theb., 1, 271: fluctiuagus).
Una parte extraordinariamente rica de neologismos en el léxico folenguiano está constituida por adjetivos compuestos: fraudifer “fraudulento” (XII 154, cf. OV. met. 5, 442: flammifer), echisonus “resonante” (I 254, cf. OV. met. 1, 732: luctisonus), merdipotens “mierdipotente (Júpiter)” (XX 641, cf. ENN. (en CIC. De diu., 2, 56, 116): bellipotentes sunt magis quam sapientipotentes).

2) neoformaciones latinas arbitrarias.9 De los neologismos anteriores, de los que ofrecen ejemplos todos los humanistas, se pasa a algunas formaciones arbitrarias que, sea por la anormalidad con que el sufijo se une al lexema, sea por una intención de caricatura que se descubre en su aspecto lexical, se encuentran en la línea divisoria entre latín humanístico y macarrónico, como el sustantivo citado gyramen (XIII 185), u otros como ventramen10“vientre” (I 51) o casamentum “casa” (I 42); adjetivos como splendifer11 “espléndido” (XV 356) y porcidus (XII 450; gens porcida “gente puerca”); diminutivos como fontanula “pequeña fuente” (XVII 9); adverbios como grossiliter “de modo sumario” (IX 483) y verbos como dispennare “deshojar” (XX 161).

Neoformaciones arbitrarias son también algunos comparativos como bellior (XIV 214) e infidior (IX 145); pero en general las formaciones anormales de comparativos y superlativos como, por ejemplo, primior (I 62), primius (XXII 27), contentissimus (X 95), malissima (XVII 144), si bien resultan de un lexema latino normal y un sufijo normal, y estén constituidos sin entremetimiento de elementos vulgares, deben ser considerados macarrónicos porque revelan la intención, que es la primera inspiradora del latín macarrónico, de usar formas aparentemente latinas, pero erróneas: magnior (VII 687) y magnius (XXIII 36), en lugar de maior, maius, y más aún, pessissima (XVIII 310), forma abreviada de pessimissima, son consideradas por Paoli macarronismos con el mismo derecho que monivit (III 327) y ungis (XXII 127) por monuit y unguibus.

3) neoformaciones latino-macarrónicas.12 Las palabras de este último tipo, a pesar de revelar en su lexema su naturaleza macarrónica, obtienen gracias a su sufijo la dignidad de la palabra latina. De este modo, encontraremos sustantivos como sofiamen 13“soffio” (soplo) (XIX 272), lusimentum “luce” (luz) (XXIII 182), dabenitas “probità” (honradez) (VII 681), el citado ammazzator (II 53), amorbatrix “che appesta” (XXIV 14) y grassedo “grasso” (XXII 310); adjetivos como bravosus “spavaldo” (petulante), bastabilis “sufficiente” (XXIV 511), sbercifluus “cisposo” (legañoso) (VII 181) y trippifer “panciuto” (panzudo) (XXII 103); adverbios como gaiarditer “gagliardamente” (I 362), manigolditer “da manigoldo” (al modo de un pícaro) (XIII 30) y squadratim “a squadre” (en grupos) (I 121); verbos como bagnificare “bagnare” (VIII 505), discaricare “scaricare” (descargar) (XIV 321), immantellare (XXIII 238: immatellati breviter: “con corti mantelli”), mattescere “diventar matti” (volverse locos) (I 562) y pochifacere “far poco conto di” (XVI 522).

Una formación macarrónica de especial comicidad se halla en el comparativo de un adjetivo vulgar con el sufijo –ior, que ya se encuentra en Tifi (v. 50: poltronior “più poltrone”). Folengo lo emplea abundantemente en adjetivos y adverbios: castronior “più stupido” (XII 394) y leggerius “più leggermente” (XXIV 236). Llega incluso más lejos al derivar el comparativo no de un adjetivo sino de un sustantivo, hecho que encuentra un precedente en Plauto (Poen. 991: Nullus me est hodie Poenus Poenior). Pero, como señala Paoli, el valor adjetival dado a Poenus atenúa la audacia de la construcción, mientras que Folengo extiende este uso a nombres propios14 (Ciceronior [VI 215], Sansonior [XI 21]) y, límite extremo de su originalidad, a comunes: cortellior (IX 211):

Inter cortellos non est cortellior isto!
(¡entre cuchillos ninguno es más cuchillo que aquéste!)

Los vocablos de estos tres últimos tipos representan por su singularidad y frecuencia el mayor título de originalidad del léxico folenguiano: en ellos ve Paoli la principal diferencia entre el lenguaje de Folengo y sus predecesores, en los que palabras de este tenor son extremadamente raras15.



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1 Bonora había señalado el designio de una deformación absurda en esta operación: “Il criterio della deformazione assurda ottenuta con l’aggiunta della terminazione latina alla parola volgare o dialettale stava tra le prime regole del maccheronico, e già con spiccata tendenza a prediligere tra i suffissi latini quelli che per la gravità stessa del suono segnano più forte il distacco tra i due elementi lessicali. Un conio del tipo di culamen è, per esempio, in Tifi Odasi, anzi nella comica accezione di plurale maiestaticum (v. 632: “ferratas bracas circum culamina ponit”) (p. 53).
2 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p.46
3 Cf. ib., p. 59
4 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 139-141. Ofrecemos de cada tipo una selección de términos significativos.
5 La amplificación cómica que sufre el lexema por obra del sufijo afecta a su significado originario, y así suspiramentum indica en Folengo algo más que un suspiro común (cf. E. BONORA, o.c., p.55-56).
6 Folengo apreciaba la gracia estilística y la vida que proporcionaban los diminutivos a sus “vocabulazzi” macarrónicos, y así los hace entrar en “costrutti di vivacissimo colore” (cf. E. BONORA, o.c., pp. 60-62). Sobre la revalorización humanística de los diminutivos cf. E. BONORA, o.c., p. 63; M. CHIESA, “La tradizione lingüística e letteraria cristiano-medievale nelle “macaronee”, Teofilo Folengo tra la cella e la piazza, Dell’Orso, Alessandria 1988, pp. 12-14).
7 Bonora señalaba que el uso del sufijo –ter en Folengo es bastante más frecuente que en latín (p. 59). Mario Chiesa lo subraya como rasgo del latín medieval (cf. M. CHIESA, o.c., pp. 11-12). Más ejemplos en Bonora (p. 59 n. 28), quien advierte de que se deforma con el sufijo –ter incluso los adverbios para los que se dan en latín una forma afín: dextriter (Baldus T IX 439), praestiter (ib. X 125), repentiter (ib. X 325), strictiter (ib. XX 401).
8 Éstas formas, más escasas, tienen un precedente inmediato en neologismos humanistas (cf. E. BONORA, o.c., p. 60 n.29).
9 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 141-143.
10 Estas formas en –amen son usadas en plural con intención retórica (cf. E. BONORA, o.c., p.54 n.22).
11 La formación de nuevos compuestos, tan bienquista a los humanistas, no sigue siempre en Folengo las pautas de una coherencia lógica, sino que muchas veces prima el placer de crear un contraste o un realce humorístico, como en el caso de esta palabra, sinónimo de splendidus. De igual modo, se llama groppiferus a un bastón no porque se lleve sobre las espaldas sino por que las golpea, por una premeditada confusión entre “fero” y “ferio” (Baldus T III 96); furcifer es el pícaro digno de la horca, no el que la lleva (ib. XVI 409); semiruisonus no tiene nada que ver con el sonido sino que es sinónimo de medio destruído, porque se trata de una “casazza ...semiruisonis circumcircata murais” (ib. XXIV 271-272). Con estas formaciones y aún incluso con otras más atrevidas, de imponente novedad como grossiloquus (ib. I 59), el adjetivo attritorigidae, referido a las glebas congeladas con el frío del invierno (ib. VII 155) y verbitrium, aplicado a la piedra filosofal porque “constans tribus ex verbis” (ib. XII 410) Folengo se aparta tanto de la tradición encarnada por Quintiliano, que no admitía en latín los compuestos formados por más de dos palabras (cf. Inst. or. I, v. 65-70), como de la tradición humanista, que evitaba crear disonancias o contrastes estridentes. Folengo desarrolla una idea de los medios y de los fines de la lengua opuesta a la de los clásicos latinos, no por una preconcebida intención caricaturesca, sino por una personal búsqueda de expresividad. (cf. E. BONORA, o.c., pp. 64-66).
12 Cf. U. E. PAOLI, o.c., pp. 143-145
13 Sobre el efecto cómico del sufijo –amen aplicado a palabras vulgares y dialectales cf. E. BONORA, o.c., p. 54 n.21
14 Existen algunos precedentes en el latín medieval (Arrigo de Settimello, De divers. Fortunae, II 7: “est Fortuna mihi serpente Neronior omni”), en el que aparecen también superlativos de nombres comunes como magistrissimus y discipulissimus (cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 144 y M. CHIESA, o.c., p. 12).
15 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 139

sábado, 28 de enero de 2012

NUEVO ARTÍCULO PUBLICADO




Calamus Renascens, Revista de Humanismo y Tradición Clásica, publica en su nº 11, pp. 49-60, mi último artículo titulado "El poema macarrónico de Juan Méndez Nieto y su homenaje a la primera macarronea española". En este artículo estudio una macarronea que descubrí no hace mucho gracias al Dr. D. Juan Gil Fernández, obra de un médico de origen portugués que compuso este poemita de circunstancias en 11 dísticos elegíacos macarrónicos poco antes de 1552 en su época de estudiante en Salamanca, constituyéndose así como la tercera macarronea conocida en España tras el poema inaugural de Juan de Vergara (circa 1522), y la epístola macarrónica del también galeno salmantino Diego Sánchez (1533), todas tres transidas de espíritu goliárdico universitario. Ofrezco una breve nota bio-bibliográfica sobre su autor, la elucidación del lugar y fecha de composición de la obra, estudio de su transmisión y ediciones, así como una edición crítica, exposición de su estructura y contenido, y la constatación y estudio de un calco textual con coincidencia de sedes metrica de la citada macarronea de Juan de Vergara.

sábado, 21 de enero de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE U. E. PAOLI (II): TIPOLOGÍA DE LOS MACARRONISMOS

Paoli distingue tres modos en la operación de esta fusión, que pueden afectar a una sola palabras o a varias, y que tiene como resultado nuevos elementos léxicos y sintagmáticos, a los que llama “macarronismos” (maccheronismi). Estos son los siguientes1:

1) macarronismo morfológico-lexical (maccheronismo morfologico-lessicale). Se trata de una forma que deriva del latín regular por su lexema o por su componente morfemático, o incluso por los dos. Ejemplo de esto es el ammazzator citado, y un monema como cercabat, forma intermedia entre el quaerebat latino y el “cercava” italiano.

2) macarronismo de locución o de calco2 (maccheronismo di locuzione o di calco). Un grupo de palabras adscritas por su morfología al latín regular aparecen combinadas de un modo contrario a la sintaxis latina. Es el caso de un propter non perdere tempus de Tifi (v. 419).

3) macarronismo semántico3 (maccheronismo semantico). Consiste en utilizar una palabra latina, que en latín tiene un sentido y en italiano otro, con el significado vulgar en un contexto aparentemente latino como es el de la macarronea. Tal es el uso que se hace del latín casa “cabaña” empleada en el sentido vulgar de “casa”, para el que existe el término latino domus.

De estos tres tipos de macarronismos el último es el menos válido para caracterizar el macarróneo, dice Paoli, ya que la impropiedad semántica resulta la más extendida, por ser la menos advertida, y es en la que han caído escritores neolatinos sin la menor intención macarrónica. Es el desarrollo de los dos primeros tipos el que sirve a Folengo para distanciarse de sus predecesores y alcanzar “quel prodigioso e personalissimo mezzo di espressione che è il maccheroneo folenghiano”4.




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1 Cf. ib., p. 43
2 Esta segunda denominación es la que utiliza Paoli en su Appendice I : “Il latino dei Prefolenghiani e del Folengo” (pp. 156), donde amplía los tipos (pp.156-158), que son descritos siempre a nivel de sintagma, y no al de simple monema, como el tipo anterior.
3 Cf. ib., p. 43, 155-156
4 Cf. ib., p. 45

sábado, 14 de enero de 2012

EL LATÍN MACARRÓNICO DE UGO ENRICO PAOLI (I): NATURALEZA DEL HÍBRIDO MACARRÓNICO





Insigne latinista y editor de textos macarrónicos, así como estudioso de su gramática y prosodia, Ugo Enrico Paoli publica en 1959 Il latino maccheronico, libro básico para la comprensión lingüística del macarroneo1. En busca de adecuados criterios de edición, Paoli rechaza la para él idea preconcebida de los editores folenguianos anteriores de que el “latín macarrónico literario” sea el latín de la más absoluta libertad, en cuanto que es lenguaje desarrollado bajo la enseña del error voluntario. El macarrónico folenguiano, por contra, es un lenguaje sometido a leyes muy rigurosas (leggi rigorosissime), e incluso los prefolenguianos no están libres de cierta normatividad2. Por ello, situado en una perspectiva fundamentalmente sincrónica, se esfuerza por delimitar con precisión los rasgos diferenciales del híbrido macarrónico, incidiendo en su componente latino.

Paoli parte de la premisa de que el macarroneo pertenece a los lenguajes híbridos en los que el hibridismo es voluntario y consciente3. En el macarrónico, el hibridismo resulta una fórmula literaria producto de una convención de eruditos, lo que lo opone a creaciones espontáneas del pueblo como el jiddish y el papiamento4.

El hibridismo voluntario en general, se puede materializar de diversas formas: o por simple traspaso en periodos o frases sucesivas de una lengua a la otra, o por la alternancia en un mismo periodo de formas tomadas de lenguas distintas, o finalmente por alteración de las palabras y de las construcciones de una lengua por influjo de otra5.

Sobre la primera forma elencada, Paoli ofrece ejemplos tomados del propio Folengo, que presenta a los franceses hablando en francés, a los alemanes en alemán, a los albaneses en albanés, y a los campesinos en su propio lenguaje. Generalmente se limita a pocas palabras o a interjecciones6:

‘Nondimenum habitus, facies, parlatio linguae,
Scilicet “oy, tam bien, ma foy”, similesque parolae
Esse foresteros signant, straniamque brigatam.’
(Baldus V II 285-287)

(‘La vestimenta, empero, el porte, y la lengua que escucho,
Como “oy, tam bien, ma foy”, y semejas palabras,
Me descubren que sois forasteros y gente extranjera.’)

La mera alternancia de lenguas, de la que se dan ejemplos de autores clásicos7, no es macarrónico, si cada lengua conserva sus formas regulares. El macarroneo no se limita a yuxtaponer elementos de naturaleza lingüística diferente, sino que los funde, de tal modo que latín y vulgar interfieren continuamente entre sí. Las anomalías que se producen son resultado de un proceso que opera en dos direcciones, de resultas del cual el latín se italianiza, y el italiano se latiniza. El lector, pues, se ve ante una masa de palabras en las que no siempre acierta a distinguir donde acaba una lengua y donde empieza la otra8.

Por otro lado, el macarroneo de Folengo y sus predecesores es un producto del Humanismo, rasgo que lo opone, por añadidura, a los poemas bilingües del medievo como los carmina Burana, que presuponen la literatura latina medieval, que en la historia del tardolatín representa lo inverso de la literatura humanística. La poesía latina medieval, conservando en la superficie el lenguaje latino, acepta las leyes métricas del vulgar, como acentos, rima y ritmos. En el latín humanista, por el contrario, revive la métrica y la prosodia clásica. El macarroneo, como se ha dicho, es un híbrido basado en el error, pero, como dice Coseriu9, ningún error es sólo error, y el lenguaje de Tifi y Folengo nace de una voluntaria alteración del latín renacentista. Tanto es así, que cuando se encuentran en la obra de estos poetas versos sin contaminación de vulgar, podrían ser atribuidos, según Paoli, a cualquier poeta que estuviera en la línea de un Pontano o de un Fracastori:

Infidum arridet saepe imprudentibus aequor,
Mentiturque leves zephiros aquilone parato.
Hinc veniunt homines cupidi, quos plura videndi
Cura subit, seu forte deas in gurgite nantes,
Sive tridentiferi verrentes caerula currus.
Verum ubi subducto ventum est qua littore circum
Misceri aspiciunt coelum aequore, et aequora coelo,
En miseri avulso singultant viscere proni
Hinc atque hinc nautae, nigraque urgente vomuntur
Bile dapes, foedatque acidus Nereidas humor,
Unde indignantes venti tam audacter amicas
Commaculare suas genus hoc mortale, caducum
Atque procax, ne sic evadat crimen inultum
Concurrunt, sonituque ingenti obnixa profundo
Tergora subiiciunt pelago, totumque revellunt.
Heu stulti, quos nulla monet iactura priorum!
Tunc ea tempestas, ea tunc asperrima rerum
Debuerat facies animo spectarier ante,
Mox frustra insani vellent contingere portus’.
(Baldus V XIII 376-395)

Señala el mismo Paoli cómo ni el bilingüísmo de la poesía latina medieval ni parte de la técnica de sus predecesores10 parecían a Folengo aptas para cumplir el programa base de la macarronea, que era imitar con intención burlesca el latinus grossus de los ignorantes, y para alcanzar una íntima y genial convivencia entre elementos latinos y no latinos con el fin de llegar al máximo de expresividad. La consecución de esta fusión orgánica será el problema central de la poesía macarrónica en su expresión más depurada11.

Se deduce de todo esto que no basta el hibridismo para dar el título de macarroneo a una mezcla de palabras latinas y no latinas, sino que es necesario que los elementos heterogéneos no estén simplemente alternados o yuxtapuestos, sino fusionados, como ríos que mezclan sus aguas. De tal fusión, dice Paoli, no puede nacer más que una anomalía, un esperpento lingüístico, un error, en suma, intencional y buscado a conciencia12.

Hibridismo y error vienen, pues, a coincidir en una orgánica fusión de elementos lingüísticos. Un término folenguiano como ammazzator por “assassino” (asesino) es al mismo tiempo una forma híbrida y anormal: híbrida porque funde el tema del verbo italiano “ammazzare”, que en latín es interficere, con el sufijo latino –tor; anormal, porque en latín “assassino” se dice latro, sicarius, significando también interfector, que resulta más próximo a ammazzator, que, pese a cualquier analogía, resulta un “cuerpo extraño” al latín13.



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1 Cf. U.E. PAOLI, Il latino maccheronico, le Monnier, Firenze 1959 (Bibliotechina del Saggiatore, 13). Este libro se divide en dos partes: la primera, compuesta por quince capítulos (pp.1-134) de tenor ensayístico, ofrece un recorrido lingüístico e histórico por el lenguaje macarrónico; la segunda, formada por cuatro apéndices (pp. 137-256) supone la culminación de sus estudios sobre morfología, sintaxis y prosodia y métrica macarrónica presentes fundamentalmente en una antología suya anterior de textos folenguianos (cf. T. FOLENGO, Il “Baldus” e le altre opere latine e volgari. Passi scelti e commentati da Ugo Enrico Paoli, le Monnier, Firenze 19411, 19532 (citamos por la segunda edición).
2 Cf. U. E. PAOLI, Il latino..., p. VI. Tal postura le sitúa en las antípodas del subjetivismo croceano, predominante en la crítica de su época. Ésta rechazó bien pronto la propuesta paoliana de descripción sistemática de la norma lingüística y métrica del macarroneo en nombre de la irreductible libertad creadora del autor macarrónico, de suerte que, con contadas excepciones en el terreno de la métrica (G. Bernardi Perini, M. Zaggia), la línea de investigación que representaba Paoli se extinguió con él hasta la actualidad. El rechazo de la gramática del macarroneo (e incluso de la posibilidad de su existencia) apuntada por Paoli como condición previa a la labor de edición crítica ha contribuido, según G. Bernardi Perini, al marasmo editorial folenguiano: cierta falta de "excepticismo metodológico" en Paoli no obsta para reconocer que “il suo lavoro abbia finalmente procurato le chiavi buone a decifrare le norme sostanziali della lingua di Merlin Cocai” (cf. G. BERNARDI PERINI, “Folengo edito e inedito. Situazione e prospettive”, Atti Convegno 1977, p. 78). No mucho después, Bonora atribuyó la postura irenista de Bernardi Perini a "qualche irrigidimento dovuto alla sua pratica della filologia classica" (cf. E. BONORA, "Stato attuale degli studi folenghiani", Atti convegno 1980, p. 29). Tal situación nos lleva a demorarnos en la descripción del aparato conceptual paoliano como base principal de nuestro estudio lingüístico del macarroneo español.
3 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 21.
4 Cf. ib., pp. 22-23
5 Cf. ib., p. 23
6 Cf. ib., p.25
7 IVV. 6, 194-195; MART. 10, 68, 5-6; 10, 29, 3 (cf. U.E. PAOLI, o.c., p. 26).
8 Cf. ib., pp.26-27
9 Cf. E. COSERIU, “Logicismo y antilogicismo en la gramática”, Teoría..., p. 235
10 Se refiere Paoli (p.36) al no escaso empleo en los prefolenguianos de versos cuya primera parte está toda en latín, y la segunda en italiano (Tifi, v.120: “ad finem missae oculis guardate la terra”), mientras que Folengo usa este recurso sólo cuando reproduce el discurso de un personaje o hace hablar al vulgo (Baldus V VII 341: “day, day” cridabant “hay, hay, que cosa da rider”).
11 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p. 35. Ya Bonora había señalado en 1956 (p. 38-39) la falta de una auténtica síntesis en el macarroneo de los prefolenguianos y la superioridad en este aspecto del folenguiano: “[...] l’ampiezza strutturale delle Maccheronee fin nella prima redazione, mentre per sé giustificava certe cadute e contradizioni, consentiva di sperimentare un più complicato impasto linguistico per cui il maccheronico si contraponeva insieme al latino, al volgare e allo stesso dialetto, come vero linguaggio e non più soltanto come gioco bizzarro o spiritoso” (p. 40)
12 Cf. U. E. PAOLI, o.c., p.41
13 Cf. ib., p. 42

sábado, 7 de enero de 2012

ETTORE BONORA Y LAS TRADICIONES LINGÜÍSTICAS PRESENTES EN EL MACARRONEO FOLENGUIANO



En tal clima intelectual Ettore Bonora publica en 1958 un artículo fundamental sobre la técnica de hibridación de las tradiciones culturales y lingüísticas presentes en el macarroneo folenguiano1. Aceptando la idea croceana de que la lengua de Folengo es un hecho completamente individual, Bonora disiente del crítico Enrico Giaccomo Parodi2 en que sea producto de un subjetivismo anárquico e incomunicable, sino de “un poeta que hacía un uso original y puede decirse que extremista de las tradiciones literarias y lingüísticas que le proponía la cultura de su tiempo”3. Folengo llegó al extremo de quererlas fundir y recomponer en una lengua nueva, que buscaba una fuerte expresividad de carácter cómico.

Para Bonora, el macarroneo folenguiano resulta muy distinto del de sus antecesores por su finura artística y su complejidad cultural, y a través de las prefaciones y cartas de las cuatro redacciones de la obra macarrónica de Folengo, reconstruye las líneas maestras de su poética4.

La defensa de la dignidad de todas las lenguas, que Bonora deduce de un texto de la Apologetica in sui excusationem de la red. T5, constituye el presupuesto básico del hibridismo macarrónico, entendido como composición original que alcanza expresividad gracias a la vitalidad de los elementos que la forman. Ésta misma es la que permite que el macarroneo se gradúe desde la nobleza del latín a la vulgaridad dialectal para adaptarse a la rica y mudable sustancia de la realidad representada en el Baldus y la Zanitonella.6

Según Bonora, Folengo no se limita, como sus precursores, a usar el material dialectal como elemento polémico contra las tradiciones doctas como el ciceronismo y el petrarquismo, que ponían a la lengua en peligro de esclerotizarse por el respeto a los modelos indiscutibles que proponían. Los dialectos septentrionales son una continua fuente de inspiración expresionista para Folengo; pero el sútil juego de ironía que preside su particular fusión de tradiciones le lleva a hacer un uso reflexivo del dialecto ennobleciéndolo según el modelo del latín y del vulgar de uso literario7.

En la lengua de Folengo hay muy poco lugar para lo gratuito y la improvisación, como decía Bonora que dejaría ver la reconstrucción de la gramática, la sintaxis y el léxico macarrónico, siempre que no se cometa el error de privilegiar cualquiera de sus componentes lingüísticos como normativo, ya que todos ellos coadyuvan a la invención macarrónica. La lengua macarrónica es totalmente individual del mismo modo que cualquier otra lengua poética8.

Es fundamental entender, dice Bonora, que las tradiciones lingüísticas que se encuentran en el macarrónico folenguiano conviven de forma armoniosa debido a que siempre nos encontramos con latín y formas neolatinas, de modo que puede decirse que la invención lingüística de Folengo tiene coherencia estilística en cuanto posee una fundamental coherencia histórica. Bonora aduce como ejemplo de la convergencia de tradiciones lingüísticas una serie de abstractos macarrónicos (fractio ossorum; sofiatio supra panadam)9que aúnan el sentido amplificatorio que atribuía a los abstractos el latín clásico, la naturaleza con que los tomaba el vulgar literario según el modelo del latín medieval, y la fuerte vena cómica de la fantasía dialectal, que tendía a captar de las cosas el aspecto material y sensible, y de por sí ajena a las abstracciones. Así, concluye Bonora, la fuerza expresiva de la palabra folenguiana “está en estrecha relación con las tradiciones lingüísticas verdaderamente presentes en su conciencia artística”10.





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1 Cf. E. BONORA, “Ancora sulla lingua del Folengo. L’incontro di tradizioni linguistiche nel maccheronico folenghiano”, GSLI, vol. CXXXV, fasc.I (1958) pp. 41-50. Este artículo fue recogido, con otros del autor, cuyo magisterio sobre las nuevas generaciones de folenguistas es indiscutible, en un volumen recopilatorio titulado Retorica e invenzione. Studi sulla letteratura italiana del Rinascimento, Rizzoli, Milano 1968, pp. 81-89 con el título reducido de “L’incontro di tradizioni linguistiche nel maccheronico folenghiano”, por el que citamos. Tal artículo debe entenderse como una feliz apostilla a su libro Le Maccheronee di Teofilo Folengo, N. Pozza, Venezia 1956, “bella e fondamentale opera”, como dice Miklós Fogarasi (cf. V. BRANCA, C. GRIGGIO, M. y E. PECORARO, G. PIZZAMIGLIO, E. SEQUI (edd.), “Lingua e dialetti nel maccheronico folenghiano”, Il Rinascimento. Aspetti e problemi attuali. Atti del X Congresso dell’Associazione Internazionale per gli studi di lingua e letteratura italiana. Belgrado, 17-21 aprile 1979, Olschki, Firenze 1982, p. 396), en la que se proponía ofrecer sustancialmente una presentación filológica y estética de la creación poética folenguiana, y definía el macarroneo como una caricatura artificiosa del latín, caracterizada por la reivindicación violenta de la materia dialectal (cf. Le Maccheronee..., p.38).
2 cf. E.G. PARODI, Poeti antichi e moderni, Sansoni, Firenze 1923, pp. 196-197 cit. por E. BONORA, L’incontro..., p.83.
3 cf. E.BONORA, o.c., pp. 83-84
4 Cf. ib., pp.81-83.
5 Cf. ib., pp. 81-82. Se reproduce un texto en el que Merlín Cocayo responde a las críticas de un hipotético lector sobre su uso de palabras mantuanas o brescianas incomprensibles para otros. Merlín dice que al igual que todos no entienden el griego o el hebreo no debe extrañar que no se entiendan estos dialectos: “[...] dicet aliquis: Vocabula fingis, o Merline, quibus patria tua solet uti tantummodo; exempli gratia: “doniare puellas”, “cimare”, “tracagnum”, et cetera, quae tantum aut mantuanice aut bressanice possunt intellegi. Respondeo quod veluti non omnes aut graecum aut hebraeum aut arabicum aut chaldaeum aut denique latinum simul intelligunt, ita nil mirum si cuncti mantuanicum aut florentinicum aut bergamascum aut todescum aut sguizzarum aut scarpacinum aut spazzacaminum minime sciunt pariter intelligere. Ut quid ordinantur commentatores ac linguarum interpretes? Ut quid translatores? Proculdubio causa splanandi linguarum incognoventiam”. Bonora relaciona este texto con un juicio del filósofo Pomponazzi, contemporáneo de Folengo y famoso por sus lecciones universitarias híbridas, donde sí se afirma expresamente la identidad de valor de todas las lenguas (cf. ib., p. 82 n.1). Esta afirmación e silentio deducida de tal texto (“con tono paradossalmente polemico” decía en su libro de 1956 [p.80]) le sirve a Bonora para situar en un mismo plano de igualdad a todos los componentes del macarroneo.
6 Cf. ib., p. 82: “[...] nella stessa Apologetica lo scrittore, dopo aver citato esempi del “parlandi genus rusticanum” tolti dal Baldus, osservava che “parlatio vero minus grossa tempestatibus maritimis, bellorum descriptionibus et quibusvis rebus, non rusticanis applicanda est”, e soggiungeva: “si ...in aliquibus locis succurrit loqui de Deo aut de Sanctis, indignum et vituperabile esset non uti latinitate aliqua, non tamen tam alta, quod videatur lapis preciosus limo sepultus et gemma porcis ante posita”.”
7 Cf. ib., p. 84
8 Cf. ib., p.88
9 Para E. BONORA, o.c., pp.86-87 los abstractos y compuestos son elementos determinantes en la creatividad lingüística macarrónica: “[...]Tra i molti esempi que offre il vasto lessico maccheronico, meglio adatti a spiegare la natura della fantasia folenghiana sono forse i composti e gli astratti, formati con suffissi non estranei all’uso latino ma applicati in modo che la parola risulti d’una latinità fittizia. Questi composti e questi astratti, che ricorrono frequentemente nel lessico maccheronico, sono significativi anche perché rappresentano volute infrazioni alle norme del latino classico, e perciò denotano la presenza di una retorica di nuovo stampo. Ma mentre con i composti (codaius, ranisonus, sconficus, longipes, ecc.) il Folengo, contravvenendo al consiglio di Quintiliano che li considerava propri del greco e non del latino, ritrovava strumenti del linguaggio comico dei quali già s’era servito intenzionalmente Plauto, con gli astratti dei tipi di boimentum, striccamen, pensatio, strachedo, ecc. metteva forse a più dura prova la retorica classica. Otteneva infatti quell’idea d’amplificazione e di sostenutezza che in genere, aveva motivato il cauto uso dell’astratto negli scrittori latini; ma fedele prima di tutto al suo gusto delle cose, più che concrete, corpose, il nostro poeta non faceva mai degli astratti quello che essi erano stato all’origine –nel latino delle scuole medievali- e che non cessano d’essere nemmeno por la coscienza di noi moderni: parole che riducono la realtà fenomenica a dato concettuale; in essi anzi riusciva a fissare con la maggiore concentrazione possibile l’elemento attivo del nome: l’elemento verbale. Dire, per esempio, di un ghiottone ribaldo che è una destructio panis viene ad essere definizione più forte, oltre che più pittoresca, dell’ovvio destructor panis, per la facoltà di accentrare in destructio l’immagine di un distrurre colto in tutta la sua pienezza, senza determinazioni di luogo o di tempo”.
10 Cf. ib., p. 89