CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

sábado, 29 de agosto de 2015

LA TRADICIÓN TEXTUAL DE LA PRIMERA MACARRONEA ESPAÑOLA




1. Manuscritos.


1. El manuscrito 3662 de la B.N.

Ya se ha hablado en parte de este manuscrito al tratar del tema de la autoría. Adolfo Bonilla y San Martín lo describió en 1904: “Entre los manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva uno signado Mss-3.662 (antes M-170), que contiene interesantes documentos. Es un tomo en folio, de hermosa letra del siglo XVIII, y se titula Copia de varios versos para la Real Bibliotheca. Mide 312 x 212 milímetros, y consta de 50 hojas. Los originales deben parar en Toledo”1.

El f. 2 recoge una advertencia preliminar a la Callioperria, que ocupa los ff. 3-15v. El poema macarrónico Bald. se presenta en los ff. 18-20, con un número de 93 versos. El ms. contiene además una serie de composiciones latinas de Juan de Verzosa, Juan Páez de Castro y Álvar Gómez de Castro.

El texto de Bald. presenta el conocido uso de ‘v’ al principio de palabra, tanto en posición vocálica como consonántica, y en el uso de ‘u’, en interior de palabra, tanto en posición vocálica como consonántica, características del siglo XVI.

La subscripción “Pr. Cerro” colocada al pie del folio primero hace deducir a José López de Toro que el autor de esta “bella copia” fue Justo del Cerro, a quien Cotarelo describe como “calígrafo escribiente de ejecutorías, títulos de grandeza, hidalguía y certificaciones, de quien dice Palomares en su Arte nueva (1776), pág. 109, que ‘siendo ya hombre que toca en la edad quincuagenaria, se ha aplicado tan de veras al estudio de todo género de caracteres, con tan continuas vigilias, que puede esperar el público alguna obra que ilustre el nobilísimo arte de escribir’”2. Los buenos oficios del copista quedan en evidencia si se compara la copia de la Callioperria del ms. 3662 con la previa del ms. 18668-53, que permite identificar a aquélla como de la misma familia que ésta.

Sobre el título de la copia de Bald. figura, como ya se ha comentado, la siguiente anotación: “Poema Latino Macarronico sacado de copia del originl. de Juan de Vergara”. Pero una serie de lecturas corruptas desautoriza a prestar crédito a la posibilidad de que estemos ante el apógrafo de una copia directa y fiel del original. Piénsese, por ejemplo, en Coraius por Cocaius (v.3), que es, como sabemos, parte del pseudónimo (Merlinus Cocaius) con que Folengo publica las redd. P y T de sus macarroneas. No resulta verosímil pensar en un error de Vergara, así como tampoco resulta lógico que se equivocara en la transcripción de macarronismos folenguianos que manejaba sin duda de primera mano (cf. v.15.: specauit por spiccauit; v.30: papellas por padellas; v.55: eborante por sborante; v.89: scanbientos por scambiettos, sgarrafet por agraffaset). Otras lecturas son simplemente absurdas si se las concibe salidas de la pluma del autor (cf. v. 28: set testam por sed tetam; v. 32: cabellis por labellis; v.33: in incontris por in nostris; v.61: hecho stili por hec hostili; v.73: junctum por junctam; v.87: fallit por sallit).

Ejemplos como los anteriores, así como las variantes de las otras dos fuentes localizadas, nos llevan a suponer que el antígrafo de que parte el copista Justo del Cerro no es ciertamente el arquetipo del que derivaría toda la tradición textual, sino un ramal de uno de los tres hipotéticos subarquetipos que configuran el stemma codicum del texto.

1. 2. La fuente manuscrita de la edición de Paz y Meliá (1902).

A pesar del criterio precientífico de Paz y Melia de no hacer ninguna descripción de su fuente manuscrita, puede afirmarse que se basa en un apógrafo procedente de un subarquetipo distinto al de M2, a pesar del alto grado de coincidencia que presenta con éste frente al manuscrito 8625. Esta hipótesis se sustenta en los siguientes hechos:

  1. El editor presenta el poema macarrónico como anónimo, lo que no sería posible si hubiera conocido la clara atribución de autoría de M2.
  2. Paz presenta algunas lecturas propias (cf.aparato crítico: e, fbis, 3, 10, 13, 15, 20, 22, 30, 31, 33, 37, 38, 40, 42, 65, 72, 73, 75, 78, 80, 90). De ellas parecen preferibles a las del resto de fuentes sólo cuatro (cf. f.: CIRCVNSPECTO; v. 3: ipse; v.37: fortasse, v.73: junctam), que tienen un claro carácter de emendatio (piénsese que la primera y segunda coinciden con una corrección de López de Toro sobre M2 desconociendo la edición de Paz, y que la última de ellas coincide con una corrección de Juan Gil, desconocedor, igualmente, de la edición de Paz y Melia). Del resto algunas pueden explicarse como corrección ope ingenii de un amanuense o del editor moderno –aunque éste no diga nada al respecto, al igual que López de Toro en ocasiones- (cf. e, 10, 15, 22, 31, 33, 40, 42, 65, 72, 75, 78, 80, 90), y el resto como posible corrupción de la transmisión manuscrita o como errata de imprenta. Se deduce, en todo caso, que el editor moderno maneja un único manuscrito, pues cuando conoce otros recoge sus variantes como en el caso de su edición de la Pepinada de Francisco Sánchez Barbero.
  3. Paz presenta algunas lecturas coincidentes con las del manuscrito 8625 en contra de M2 (cf. ap.cr.: 27, 28, 32, 50, 54, 82). La hipótesis de que ambas fuentes hayan coincidido independientemente en una labor de emendatio podría ser razonable en todos los casos, menos para el de michi (v. 54) frente al mihi de M2.
  4. Paz presenta una glosa marginal a la voz latinum del v. 93 que no existe ni en M2 ni en el ms. 8625, y que es de una mano distinta a la del autor del poema.

1. 3. El manuscrito 8625 de la Biblioteca Nacional.

El poema macarrónico Bald. aparece también recogido en la Miscelánea de Álvar Gómez B.N. 8625 ff. 35-37, del siglo XVI. La portada del ms., que denominaremos a partir de ahora M1, presenta la siguiente anotación: “Gomecij Miscelanea tomo 4 tiene 141 folios”. M1 ha sido descrito por I. Pepe y Antonio Alvar. El poema macarrónico presenta un título distinto y reducido respecto a M2 y Paz: “Incerti authoris Macarronea. Ad dň Baldũ Zingar suus Capellanus”, y un número mayor de versos, 121. M1 omite los vv. 29, 44, 72, y 83 de M2 y Paz, e interpola 32 vv. tras el explicit de M2 y Paz.

El texto presenta una adhesión total al uso ramista en el caso de ‘u’ vocálica e inicial de palabra, y sólo parcial en caso de ‘i’. La grafía ‘j’ es escrupulosamente respetada en los macarronismos.

Es conocida la historia de M1 gracias a diversos estudios. El humanista Álvar Gómez de Castro, contemporáneo y amigo de Juan de Vergara, aunque más joven, dice en su testamento lo siguiente sobre sus misceláneas: “otros libros de mano diversos y mocedades mías, por quanto son cosas sin emendar y de poca importancia, si yo no lo hubiere hecho, quiero que se rompan o se quemen [...] y asimismo otros tres o quatro de cartas mensageras”. En 1928 San Román afirma que parte o casi todos estos manuscritos son, indudablemente, los cuatro de la Biblioteca Nacional: Obras misceláneas, cartas, oraciones, poesías..., signs. 7.896-7 y 8.624-5, y los seis de la del Escorial Adnotationes varii argumenti, o adversaria, signs. K.III.26-31. G. De Andrés ha establecida con claridad el camino recorrido por las misceláneas de la B.N., que pasaron sucesivamente por las manos de Diego de Castilla, y Juan de Castilla, de quien las adquirió el Conde-duque de Olivares, por cuyo pariente el marqués de Heliche llegaron a El Escorial, y de ahí a la B.N. La profesora italiana I. Pepe describe con detalle y ratifica el carácter de autógrafos de estos cuatro manuscritos, ya señalado por Simón Díaz en 1972. Con esto concuerda Alvar Esquerra, y ofrece una amplia relación del contenidos de todas ellas3.

El texto de M1 presenta un importante número de lecturas propias frente a M2 y Paz ( cf. ap.cr.: título, 1bis, 2, 3ter, 4bis, 5, 6, 12, 13, 15, 18, 19, 21bis, 22, 23, 25, 27, 28, 30, 32, 34, 35, 36ter, 37bis, 3, 40bis, 41ter, 42, 43, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 55, 57, 58, 61bis, 62, 63bis, 65, 66, 67, 68bis, 69, 71, 73, 74, 76, 78, 79, 80bis, 81bis, 82bis, 84bis, 89bis, 90, 91, 92, 93). Sólo en tres casos resulta preferible la lectura de M1 al del resto de fuentes (cf. v.21: agenis; v.40: quoniam; v.61: hec hostili), y en los dos últimos casos coincide con correcciones de Juan Gil –que no conocía M1- propuestas al texto de M2 editado por López de Toro. Este hecho presenta claramente estas lecturas propias correctas de M1 como emendationes, probable característica asimismo del resto de lecturas propias, que delatan, en la inmensa mayoría de casos, su carácter arbitrario.

Es posible que M1 haya sufrido un proceso de contaminatio. Hace pensar esto la anotación marginal al despedaçauit del v.15, donde se lee: alias spadagauit. Tal hecho demuestra la existencia de otros manuscritos, y la posibilidad de que algún copista haya tenido más de una copia a la vista, posiblemente de la misma familia, en algún momento de la cadena de transmisión textual, lo que podría dar razón en algún modo de las peculiaridades de M1.

2. Ediciones de Bald.

5. 2. 1. La edición de Paz y Meliá (1902).

Paz y Meliá publica Bald. en la segunda serie de sus Sales Españolas ó Agudezas del Ingenio Nacional, Madrid 1902, pp. 391-394. Esta segunda serie estaba constituida por dieciséis composiciones escritas entre los siglos XVI a XVIII. Al final del tomo incluía tres poemas macarrónicos, Bald., un poema dedicado a una visita del Almirante de Castilla a Cádiz (s. XVIII [cf. cap. VIII]), y la Pepinada de Sánchez Barbero (s.XIX [cf. cap. X]). De todos indica en su “Advertencia” p. XVI la fuente en que basa su edición menos en el caso de Bald. La única escueta noticia que da de su fuente se encuentra en la portada de su edición al poema, al que titula “Poesía Macarrónica dirigida à Baldo”. Bajo tal título puede leerse: “(Siglo XVI. –Bibl. Nac. –Mss.)”. Ignoramos si Paz fijó la época del ms. de la B.N. que maneja por datos deducidos del mismo, o del contenido del poema. En todo caso, se muestra muy seguro cuando ofrece la datación de los otros poemas macarrónicos que publica. Si realmente el manuscrito en que basa su edición es del siglo XVI no se trata de M2 ni, mucho menos, de M1. No deja de ser lamentable, aparte de llamativo, el hecho de que ninguna de las fuentes que utiliza para la edición de los poemas macarrónicos estén localizables en la actualidad en la B.N.

La edición de Paz no presenta numeración de versos ni aparatos de fuentes ni crítico, aunque puede sospecharse de la intervención del editor. Existe una única anotación al texto ya mencionada (cf. v.93 latinum: “Al margen: Así está en el original; parece dijo antes latino, y después enmendó el autor latinum.”). Coincide con particularidades gráficas de M2, aunque regulariza la ‘v’ en posición consonántica, y la suprime en posición vocálica, de acuerdo con el uso ramista. Aparecen resueltas todas las abreviaturas y ‘e’ caudadas que existen en M2. Se registran algunos cortes en el continuum de versos que no se dan ni en M2 ni en M1.

La obra de Paz conoce una segunda edición de Ramón Paz en la BAE, t. 176, Madrid 1964. Bald. viene reproducido en la p. 351. Es una edición descripta de la de Paz, que sólo difiere de ésta en añadir una errata (cf. ap.cr. v. 78).

2. 2. La edición de López de Toro (1961).

Sobre M2 realiza su edición López de Toro (pp. 407-410), quien por otra parte no da muestras de conocer ni M1 ni la edición de Paz y Meliá de 1902. López de Toro afirma realizar una “transcripción íntegra con las aclaraciones que hemos estimado necesarias en las notas correspondientes”, aunque en ocasiones realiza correcciones sobre el texto de M2 sin advertir de ello (cf. ap.cr. v. 3, 6, 28, 33, 37, 40, 66), y desliza algunos errores propios (cf. apr.cr. v. 16, 17, 26, 47, 51). La mayoría de sus correcciones son de sentido común, pero otras no resultan aceptables (cf. apr. cr. v. 6, 33, 40, 89)4.
López de Toro conserva los usos gráficos de M2, aunque resuelve casi sistemáticamente sus abreviaturas y ‘e’ caudadas.

Partiendo de esta edición realiza Juan Gil algunas correcciones en “Interpretaciones latinas”, Habis, 15, 1984, pp. 194-197 (cf. apr. cr. v. 30, 32, 34, 40, 50, 61, 72, 73, 87). Juan Gil resuelve con brillantez algunos de los puntos oscuros de la transmisión textual, coincidiendo independientemente, como se ha señalado, con algunas lecturas de M1.

También en 1984, Antonio Torres-Alcalá publica el poema en su monografía sobre la macarronea ibérica, pp.169-172. El editor advierte en nota que transcribe “el texto de Paz y Meliá, editado en Sales españolas (Madrid, 1870), 351 (sic), contrastado con el de López de Toro. Sólo apunto las diferencias más importantes entre ambos textos”. Torres-Alcalá reproduce la reedición de la BAE, adoptando, sin criterio aparente, algunas lecturas de la ed. de López (cf. v. 15: specauit; v. 28: tetam; v. 30: qui vix) y rechazando otras. Ciertamente, el editor no “apunta” nada sobre su particular contaminatio, ni sobre las restantes lecturas divergentes de López respecto a Paz. Torres-Alcalá se limita a comentar algunas diferencias respecto a los criterios de puntuación adoptados por López y Paz.

3. Conclusiones de la collatio de las fuentes manuscritas e impresas.

Contamos con tres fuentes manuscritas: M1 (siglo XVI), el ms. en que Paz basa su edición (¿siglo XVI?), y M2 (s.XVIII). Existe gran semejanza entre la tradición de M2 y Paz, frente a M1, fuertemente alterado e interpolado, y sospechoso de contaminatio con al menos otro ms., probablemente de su misma familia. La mayor parte de las variantes propias de M1 frente a M2 y Paz son rechazables, pero, por otra parte, cuando M1 coincide con M2 contra Paz siempre es preferible a éste (cf. apr. cr. vv. 10, 13, 20, 22, 30, 31, 33, 38, 42, 75, 90). Por otro lado, las coincidencias de M1 con Paz, ya señaladas arriba en 5. 1. 2. c resultan muy sospechosas de corrección ope ingenii, aceptable en general (cf. apr. cr. vv. 27, 32, 50, 82), en la que las dos fuentes pueden haber confluido independientemente. Caso éste que es patente en el v. 32: labellis, lectura que restituye Juan Gil contra el cabellis de M2, sin conocer ni M1 ni Paz.

Estos cuatro hechos nos hacen contar con un ms. antiguo, M1, aunque muy alterado respecto al arquetipo, con otro de relativa antigüedad y más fiel al arquetipo, el manejado por Paz, aunque sospechoso de haber sido variamente corregido por sus copistas y/o su editor moderno, y un tercer ms. más reciente, M2, pero que parece menos alterado por la transmisión textual que sus congéneres –no se olvide además que es el único que nos transmite la autoría del poema-. A pesar de sus corruptelas evidentes (cf. 1. 1), la tradición que encarna M2 resultar más fiel al arquetipo en todos los aspectos, positivos y negativos, pues estas mismas lecturas corruptas resultan más fáciles de identificar aquí para el editor en su labor de emendatio que en los otros mss. Ciertamente, la comunidad de errores en las tres fuentes (cf. apr. cr.: vv. 33, 87) debe remitir al arquetipo.

Ha sido necesario recurrir a la emendatio en una serie de ocasiones en Bald. (cf. vv. 6, 33, 34, 56, 72, 89) y en Spur. (cf. vv. 22, 29), emendatio que ha debido basarse en la collatio con la red. T de las macarroneas folenguianas a la hora de restituir la forma correcta de los macarronismos folenguianos empleados en Bald (cf. vv. 15, 30, 55, 89) y en Spur. (cf. vv. 4, 18).

Tras la preceptiva eliminatio codicum descriptorum podemos reconstruir el siguiente stemma de Bald.:



                                       ω



α                                      β                                      γ


¿--------------M1               Paz                                     (s. XVI)


                                                                            M2 (s. XVIII).







1 Cf. A. BONILLA, "Un manuscrito de la Biblioteca Nacional Matritense con versos de Juan de Vergara", Anales de la literatura española (1900-1904), Madrid 1904, p. 172. Citaremos el ms. como M2.
2 Cf. COTARELO, "Diccionario biográfico y bibliográfico de calígrafos españoles", Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, Madrid 1913, v. I, p. 216 nº. 228.
3 Cf. Mª. C. VAQUERO SERRANO, El maestro Álvar Gómez: biografía y prosa inédita, Toledo 1993, pp. 47-48.

4 En su obra Los poetas de Lepanto, Madrid 1950 reproducía algunos fragmentos de Bald. (pp. 194-195), introduciendo algunas caprichosas variantes (cf. a: Caxconvivacium; v. 7: latinam por latinus; v. 12: Barrigo por barrizo; v. 28: annis por anquis (es el único caso en que señala anquis como lectura del ms.).

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