CARMINA MACARONICA SELECTA

"Quid contentandum nisi contentamus amigos? / Hoc mihi servitium facias, tu deinde comanda, / nam, giandussa mihi veniat in culmine nasi, / ni pro te posthac Paradisos mille refudem", Baldus, V, 9, 295-298

domingo, 27 de octubre de 2019

LA INFLUENCIA DE FOLENGO EN LAS MACARRONEAS DE LEPANTO




F. Gherardi y G. Coli, "La historia de la batalla de Lepanto"





3. La influencia de Folengo en la estructura de los poemas macarrónicos sobre Lepanto.

Como ya ha sido notado1, en la convocatoria de la justa se hacía una expresa referencia a la obra macarrónica de Folengo, concretamente a la propositio del Baldus. Decíamos que esto suponía un síntoma revelador y una invitación a la emulación folenguiana: es, ciertamente, un síntoma claro de la popularidad con que contaban las macarroneas folenguianas entre la élite intelectual de la época, y una incitación a inspirarse en tal modelo. De igual suerte que en muchas ocasiones la estructura de las obras neolatinas responde a la influencia de los clásicos2, los poetas lepantinos (sobre todo Martínez) van a tomar de la obra del macarrónico mantuano elementos determinantes para comprender su estructura temática.

Los poetas de Salamanca debían ajustarse a la composición de una macarronea de pequeña extensión (el tiempo apremiaba) y de tono épico, ya que las bases les invitaban a cantar en macarrones la victoria de Juan de Austria (grossis cantare Camoenis Austriaci palmam). Los modelos macarrónicos de carácter épico a los que podían recurrir eran el Baldus y la Moschaea, ésta aparecida por primera vez en la red. Toscolanense, que es, como veremos, la empleada por estos poetas. Contra lo que pudiera deducirse del calco del Baldus recogido en la convocatoria, la obra más imitada es la Moschaea. Justifica esto una serie de factores, que son también los que dan cuenta del mayor favor que gozó entre el público frente al Baldus, como son su reducida extensión (1140 vv. distribuidos en tres libros frente a los más de 12000 vv. del Baldus en 25 libros), su carácter más convencionalmente épico3 (cuya parodia, por tanto, era más apreciable para los humanistas), y el menor extremismo lingüístico de sus macarronismos, respecto a lo que ocurre, por ejemplo, en parte del Baldus y en las composiciones pastoriles de la Zanitonella,4 cuya huella es casi nula en las macarroneas hispanas. Contribuye a ello también la misma temática de Mosch., que consiste en la narración de la guerra entre dos bandos, el de las moscas y las hormigas, finalmente vencedoras5.

No falta, por supuesto, la influencia de los clásicos, que era también un sustrato común a las macarroneas merlinianas. En nuestro aparato de fuentes se registran calcos de Virgilio y Ovidio, los autores más estudiados, pero también de poetas épicos menores como Lucano, Valerio Flaco, Estacio y Silio Itálico; así como de otros autores como Lucrecio, Tibulo, Horacio, Propercio, Marcial, Manilio y Juvenal, fruto de la inevitable mezcla de géneros6 que caracteriza la literatura latina del Renacimiento.

3. 1. La macarronea de M. Martínez y la escena infernal del libro tercero de la Moschaea en la redacción Toscolanense.

La narratio de la obra de Martínez (que identificaremos a partir de ahora como mach.) está inspirada en un episodio de Mosch. T III (vv. 119-156), que falta en las sucesivas redd. C y V de Mosch.7 Siendo éste el rasgo más espectacular de influencia folenguiana en mach., no resulta ser el único.

En el exordio de mach. (vv. 1-9). aparecen condensados algunos elementos del de la Mosch., que es bastante más extenso (I 1-42)8. La propositio de Mosch (vv. 1-24) se abre al modo tradicional señalando la intención del poeta de cantar la descomunal guerra de moscas y hormigas, que tiene como consecuencia que el sol se ponga, que la tierra tiemble y que el Olimpo exprese su temor de modo escatológico. Huye la luna. Hay señales en el mar y en cielo. Todo el orbe se ve afectado por el conflicto:

Grandia muscarum formicarumque canamus
Proelia, crudeles Marte stigante brigas.
Scurus Apollo suos abscondit alhora cavallos,
Non potuit tantum namque patire malum.
Omnis per circum tellus sbattuta tremavit
Parva super caelos nec cagarola fuit.
Pocum mancavit quin mortus ab axe tomaret
Iuppiter: Herculeum valde gridabat opem.
Pro bombardarum scappavit luna rebombo
Excusamque Iovi fecit abire foras.
Aequora tunc etiam sbigotentia signa dederunt
Atque spaventosas summa tulere faces:
Quattuor ad partes mundi brusare cometas
Vidimus et longas discaviare codas.
Muscarum clamor, pulicorum stractio, trumbae,
Tamburri summos sbigotivere polos.
(Mosch. T I 1-6).

La contraposición irónica de la entidad de los combatientes y las consecuencias hiperbólicas de su enfrentamiento, está evidentemente ausente en la propositio de mach., que coincide, no obstante, en la parodia del artificio retórico épico, y en la presentación exagerada de las consecuencias del lance de Lepanto en el Infierno9:

Infernas acies atque spantosa canamus
Regna Diablorum subito tremefacta tumultu,
Horrendas mortes despedazaque membra
Et sedem turbas properantes ire profundam;
(mach. 1-4).

En Mosch. T I 17-24 hay una aplicación, obviamente paródica, del tópico del sobrepujamiento. Los poetas antiguos deben cesar en su charlatanería: la escabechina de Troya no tiene comparación con la inmensa matanza de pulgas, chinches y mosquitos, que tiñe de sangre las lucientes estrellas:

Cessent antiqui veteres sbaiafare bataias,
Namque talis numquam guerra veduta fuit.
Grandis erat, fateor, Troia cascante macellus,
Quando cavallazzum gens oselata tulit;
Aequiparare tamen sed quis praesumpserit istis,
In quibus, heu, quanta stirps pulicina ruit?
Innumeri pulices, cimices, culices perierunt,
Sanguine pro quorum sidera rossa micant.

Los poetas lepantinos, menos ambiciosos en sus planteamientos artísticos que el orgulloso y burlón Virgilio macarrónico que se esconde tras la ficción de Merlín Cocayo, no emplean este tópico en sus breves composiciones.

En Mosch. T I 25-42 (cf. red. C-V I 15-18) se plasma otro topos de los exordios literarios: la invocación a las Musas10. No obstante, Folengo “da un vuelco a ese tópos (como en el Baldus, en sus cuatro redacciones) rechazando con desdén las Musas tradicionales a favor de sus nuevas y grasientas Musas macarrónicas [...]; en ciertos prefolenguianos (Tifi Odasi, Tosontea, etc.), por el contrario, las Musas tradicionales habían sido sustituídas por meretrices”11. El poeta se pregunta qué Musa podrá prestarle ayuda en su canto. Inopinadamente, Clío, Musa de la historia y especialmente de la épica, a la que el vate presenta como protectora de Virgilio, se ve violentamente despreciada:

Quae dabit altorium mihi guerras Musa canenti?
Blanditias sperno, perfida Clio, tuas;
Te schioppare quidem video, ni tradis aiuttum,
Attamen incago teque tuasque lyras;
Vade in maloram atque tuo succurre Maroni,
Canzones quoniam recte petezzo tuas.
(vv. 25-30).

Merlín prefiere invocar a Togna, una de las Musas macarrónicas ya inspiradoras del Baldus, como la única capaz de prestarle ayuda. Si Togna toca su gaita12, la barquita del poeta, impulsada por el siroco, navegará allende las aguas de Caribdis13. Pide también que acudan deprisa Comina y demás poetisas y diosas (i.e. Musas) macarrónicas, para que unjan levemente sus labios de manteca fresca, con intención de que su voz pueda salir fuera más fácilmente. Finalmente, les solicita una chuleta asada y vino, la bebida digna de sus versos:

Tu mihi sola placens poteris dare, Togna, socorsum
Strictaque sub cubito det tua piva sonum;
Si mea schionfabis gaiardo vela sirocco,
Vltra Caribdiacas cimba nodavit aquas.
Tu quoque sis praesens veniasque in pressa, Comina,
Vosque, poëtissae macronicesque deae:
Vngite quantillum fresco mea labra botiro,
Per quem ladinior vox queat ire foras;
Salsigeram toltam persutto ferte brasolam,
Quae super ardentes sit bene tosta brasas;
Post hanc de caneva Bachi spinate vasellum:
Haec est carminibus digna bevanda meis.
(vv. 31-42)

Martínez emula en su invocatio el rechazo folenguiano de las Musas tradicionales, aunque eliminando sus crudezas verbales. Omite asimismo las referencias onomásticas y físicas de estas Musas y los rasgos de humor culinario, que constituyen parte destacada de la comicidad macarrónica originaria. El autor español se ciñe estrechamente a reproducir el núcleo de la parodia del artificio retórico épico realizada por Folengo (la anteposición de las Musas macarrónicas a las clásicas, que no deja de ser por otra parte una nueva manifestación del topos del sobrepujamiento), rechazando de modo aparentemente paradójico los elementos que se apartan demasiado claramente del molde genérico tradicional, y resultan más propiamente folenguianos:

Tantorum memora o Musa malorum
Macharronaea, precor, stragos tu dicere sola,
Tu disparates confusaque bella referre
Sola potes; nostris praesens tu versibus adsis,
Et repete ex alto mihi prima exordia rerum.
(mach. 5-9)

Estamos, en verdad, ya muy lejos del pedante empleo de macarronismos folenguianos que caracteriza los primeros escarceos de la poesía macarrónica española en Bald. y Spur. El afán de novedad y la insuficiencia inconfesada en el manejo de un extraño y novísimo lenguaje poético –el macarroneo- que da razón de este fenómeno, queda ya muy lejos para estos humanistas del último tercio del siglo XVI. Así, vemos cómo las macarroneas merlinianas quedan sometidas aquí sin esfuerzo a las reglas del latín de laboratorio14 de los humanistas. Folengo es uno de los modelos elegidos para imitar por los autores macarrónicos hispanos, pero no ciertamente el único ni el más importante, debido al inevitable fenómeno de la mezcla de géneros15 que surge del mismo carácter de la formación latina del humanista, y, sobre todo, a que estos poetas se ciñen estrechamente a la tradición clásica transmitida. Estas composiciones macarrónicas, igual que las neolatinas, son una fusión de elementos de diversa índole, en la que lo retórico prima sobre el contenido16. No obstante, la huella folenguiana, ya prácticamente diluida en la personalísima –aunque no exenta de la influencia de los clásicos- epístola del Dr. Sánchez en un vago marco de referencia formal, se patentiza en estos poemas de corte épico, paradójicamente, por las mismas exigencias del latín de laboratorio humanista, que vive necesariamente de la imitación de sus modelos17. La influencia de Folengo, en forma de tópica consolidada, ya no volverá a ser tan marcada en la historia de la macarronea española.

Señalamos que la narratio de mach. estaba inspirada en un episodio de Mosch. T. En dicha narratio se cuenta la irrupción inesperada en el infierno de una enorme masa de turcos caídos en la batalla de Lepanto. En Mosch. T III 119-156 se desarrolla una escena infernal a modo de digresión: los ruidosos preparativos de la guerra entre las moscas y las hormigas junto a sus respectivos aliados, llegan a oídos de Plutón, príncipe de los infiernos, que parece frotarse las manos de satisfacción, haciendo por fin honor a su nombre de “el rico”:

Terra coverta tremit squadronibus, aethera nutant,
Audiit Inferni talia bella pater.
Talia bella pater baratri praesensit et inquit:
“Nunc ego contentus, nunc ego ricus ero”.
(vv. 119-122)

Llama de seguido a Vulcano, su tamborilero, y le ordena que diga al canoso Caronte18 que debe hacer guardia durante seis días, y que cuente con el auxilio de las herramientas del propio Vulcano si su ligera barca tiene algún agujero. Le ofrece asimismo la ayuda del diablo Graficano19. Vulcano no se hace de rogar, y reúne a todos los diablos para deliberar en el palacio de Plutón, a órdenes suyas:

Vulcanum clamat, qui zoppegando venivit
Et dixit: “Quidnam rex mihi Pluto iubet?”.
“I, cito –respondet-, canutum avisa Charontem,
qui per sex giornos evigilare velit
et videat si forte levis sua barca foratur,
cui tua suffragium nempe tenaia dabit.
Si lamentatur non tantam posse fadigam,
Dic quod ego mittam nunc Graficanis opem.
Post haec portabis cunctis mea iussa diablis,
Quod ad pallazzum fac properare meum”.
Ergo Vulcanus non rem bis dicere fecit,
Tamburri sonitu per loca caeca tonat.
Plutonis cito fiunt attria plena diablis,
Ac ibi consilios instituere suos.
(vv. 123-136)

Plutón manda barrer las estancias infernales, que deben albergar a tanta cantidad de gente:

Pluto iubet cunctas baratri scopare masones,
Sub quibus albergum tanta brigata capit.
(vv. 137-138)

Se produce la masiva y ansiada llegada de almas, que son acogidas por una serie de seres infernales y diablos. El cornudo Minosso despeja sus antros, donde la torpe pasión arrastra las almas de las pulgas, y Cérbero20 abre ladrando sus mandíbulas lanzallamas, a las que se precipitan la turba golosa de las moscas:

Corniger extemplo sua spaciat antra Minossus:
Hic animas pulicum foeda libido rapit.
Cerberus ignivomas aperit latrando ganassas,
Ad quas muscarum turba gulosa ruit.
(vv. 139-140)

Los diablos Sathanaso, Draganizza, Malabranca, Cagnazzo, Astaroth y Belial21 abren sus grutas y sus torturas a las hormigas, mosquitos, tábanos, hormigas leones, chinches y piojos respectivamente:

Formicas niger expectat Sathanasus avaras,
Optima spazzatur concava foppa quibus.
Sed muscolinis aperit Draganizza cavernas,
Qui circa buttas imbriagare solent.
Sanguine viventes optat Malabranca tavanos,
Non cessant morsu qui stimulare boves.
Stantes ad stradam Cagnazzus mirmiliones
Allicit et grottas collocat intra suas.
Foetentes cimicos guastantes tecta, letiras
Astaroth in bronzo valde bulire facit.
Sacrilegos avidosque caput violare pedocchios
Sollicita miseros Belial ungue terit.
(vv. 141-154)

Tales fueron las penas, concluye Merlín, establecidas por los diablos para esas míseras almas, en cuya espera observan las guerras inminentes:

Sic miseris almis poenas statuere diabli,
Quas expectantes bella futura vident.
(vv. 155-156)

Martínez mantiene el núcleo temático del modelo folenguiano (i.e. el infierno súbitamente atestado de almas de combatientes), pero introduce una serie de modificaciones por razones de conveniencia narrativa e ideológica. Así, el autor nos presenta un infierno de sabor más propiamente hispano, donde las entidades infernales clásicas y dantescas son sustituidas por otras más castizas como Bercebú, Mahoma22 y Pedro Botero. En mach. se introduce, además, el factor sorpresa, de gran efecto estilístico: frente al previsor y avisado Plutón de Mosch., que prepara su reino para la turbamulta que se le avecina, encontramos en la macarronea lepantina un pasivo y atónito Bercebú, desbordado por los acontecimientos (mach. 22-24), y la cómica queja de un Pedro Botello, cuya caldera no pueda dar cabida a tal contingente de almas (mach. 20-22). Mahoma reconoce a los suyos y les interroga sobre las causas de su desgracia (mach. 24-28). El silencio forzoso que guardan las almas recuerda un episodio del libro final de Baldus T, en el que los compañeros e hijos del campeón, en pleno infierno, pierden inesperadamente la facultad de hablar junto con la de razonar adecuadamente:

At Baldus liber labris ac ora solutus
Inter compagnos infesta silentia uidit,
Dumque suos natos loquitur, responsa petebat,
Sed facti elingues nil respondere ualebant
(Baldus T XXV 201-204)

Las almas son atormentadas por los diablos (mach. 35-37), al igual que en Mosch. Martínez se recrea en describir sus mutilaciones (mach. 38-44), señal de los terribles combates librados. Estos destrozos físicos son también descritos de forma hiperbólica en Mosch., donde se nos dice que la violencia de los combates llega a tal punto que en la mesa de los dioses, servida por Ganímedes, vienen a caer miembros amputados:

Dumque accumbebant epulis Ganimede ministro,
Ecce super mensam plurima membra cadunt:
Vel brazzus ragni, vel gamba cruenta pedocchi,
Vel cor moschini, vel pulicisque caput.
(Mosch. T III 481-484)

La respuesta a Mahoma se nos dice que la da un alma que conservara entera la lengua, y que parecía la primera entre éstas:

Sic est orsa loqui cui manserat integra lingua,
Atque animas inter princeps est visa fuisse
(mach. 46-47)

Esto trae a la memoria otra escena del Baldus T, la de la taberna infernal: Mientras Baldo pone fuera de combate a puñetazos al poco hospitalario tabernero del infierno, el centauro Vimmazzo, uno de los compañeros de Baldo, pregunta a las almas presentes porqué acuden a esa taberna a comer manjares estomacantes. Le responde con amargo llanto la más destacada de todas:

Interea Vimmazzus eas interrogat umbras,
Cur ueniant illam sic albergare tauernam,
Atque uenenosas glutiens stomacaliter escas.
Cui maior alijs planctu respondet amaro:
(Baldus T XXIII 172-175).

De ahí en adelante los calcos folenguianos presentes en mach. son tomados de las escenas guerreras de Mosch. El alma que narra a Mahoma el enfrentamiento naval de Lepanto (mach. 64-80), comienza señalando que su artillería de nada sirvió:

O Mahoma, nihil nostra artilleria valebat

Este verso recuerda la parte final del discurso del mensajero que anuncia al rey de las moscas, Sangraleón, (tras señalarle que el Tártaro se ve atestado de su gente) el ataque por sorpresa del rey de las hormigas. Éste ha liquidado a siete mil moscas, ha quemado las naves, y capturado y posiblemente ahorcado a Arañífuga, general de las moscas. La artillería de las moscas no funcionó, anegada en leche, y la misma mosca mensajero sufrió cinco heridas de muerte:

Implentur populo Tartara cuncta tuo,
Implentur populo cui nullum mittis aiuttum,
Implentur populo quem prigolare sinis.
Rex formicarum –vix, heu, tibi dicere possum-,
Rex formicarum teque tuosque ruit:
Septem mille quidem longo certamine muscas
Fudit et in portu miscuit igne rates;
Ragnifugam nostrum caporalem carcere trusit,
Quem supra furcam colla tirasse puto.
Artelaria nihil potuit sboccare balottas,
In medio quoniam lacte negata fuit.
En ego mortales accepi quinque feritas,
Pro quibus en fuso sanguine vita fugit.
(Mosch. T I 148-160)

El alma portavoz en mach. describe el efecto en los ánimos del estruendo de las escopetas y las bombardas, y cómo el humo no dejaba ver el mar y el cielo:

Escopetarum bombardarumque bramidus,
Llamarada ingens, horrenda tonitrua mentes
Turbaverant, absconderat aequora et aethera fumus
(mach. 66-68)

Efecto similar producen las bombardas en las primeras escaramuzas entre moscas y hormigas:

Implent horrisono bombardae nubila ‘tuf taf’
Et faciunt fummo sidera nigra suo.
(Mosch. T III 113-114)

El empleo del lusitanismo cagafogo (mach. 69) parece sugerido por el macarronismo cagafocus, que Folengo emplea para designar a la luciérnaga (cf. glosario s.u. ‘cagafogo’):

Limpyrides Graeci vocitant, sed nos cagafocos,
Nam parent scura nocte cagare focum
(Mosch. T II 155-156)

Por otra parte, en la actitud cobarde de los turcos que se despojan de su ropa y se arrojan al agua para salvar su vida nadando (mach. 76-78) parece haber un cruce de referencias de Mosch. y Bald. En Mosch. T II 241-308 se describe una tempestad en el mar23, de la que es víctima la armada de Sangraleón. En un momento dado, los marineros no obedecen las órdenes de los pilotos, y cada cual busca el modo de salir con bien: hay quien agarra una tabla, un banco o un cabio; también hay quien se quita la ropa dispuesto a nadar:

Iamque marinari patronum sibila temnunt,
Quisque aliqua scampum quaerit ut arte suum:
Qui brancat tabulam, qui scannum quive travellum,
Qui despoiata veste nodare parat
(Mosch. T II 267-270)

En Baldus T XV se describe una batalla naval. La nave que conduce a Baldo, Cingar y Leonardo es atacada por tres galeras piratas al mando del feroz Lirono. Baldo y sus amigos saltan a la nave capitana que les aborda. Lirono, a su vez, lo hace a la nave atacada donde produce una terrible matanza. La tripulación le da la espalda para no verle en acción, y da coces24 nadando en el mar:

Sic Lironus agit scapolantes intra schiauones,
Qui mage garlettos uertunt quam cernere zuffam
Lironis repetantque maris nodando per undas.
(Baldus T XXV 106-108)

El infierno de mach. está construído con elementos clásicos, folenguianos y dantescos25. Martínez maneja sus modelos con el fin de presentar una ridiculización completa del enemigo político y religioso derrotado.

3. 2. La huella folenguiana en el poema de Escribano.

La presencia del macarrónico italiano en la obra de Escribano (a la que llamaremos desde ahora scrib.) resulta casi anecdótica. En este sentido debe señalarse la comparación entre turcos y moscas en el verso final del exordio (scrib. 7). Las moscas son el bando perdedor en la guerra descrita en Mosch., y quizás estuviera en la intención de Escribano el hacer esta referencia literaria. El autor de scrib. pretende construir un poema de corte más encomiástico y laudatorio hacia don Juan de Austria y la victoria de Lepanto, ajustándose así a lo exigido en la convocatoria, pero dejando poco lugar al elemento cómico, que Martínez colocaba, no obstante, en primer plano26.



________________________________________________
1 La expresión “grossis cantare Camoenis” es un calco textual de la propositio del Baldus (cf. FOL. Baldus T I 1-2: “Phantasia mihi quaedam phantastica venit, / Historiam Baldi grossis cantare Camoenis”). Síntoma revelador e invitación, al mismo tiempo, a la emulación folenguiana.

2 Cf. J. M. MAESTRE MAESTRE, El humanismo alcañizano del siglo XVI, Cádiz 1990, pp. 20-31, donde analiza la influencia de la cuarta égloga de Virgilio en la macroestructura del carmen in natali serenissimi Philippi de Sobrarias.
3 Márquez Villanueva reconocía en el Baldus mucha destilación de literatura: “no sólo la materia caballeresca medieval, sino también la Eneida, Dante y la novísima épica culta, asimilado todo ello no a la manera abierta del poeta, sino a base de la más rígida disciplina escolar” (cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., p. 343). Aunque, por otra parte, Zaggia señala influencias en la Moschaea del Orlando inamorato de Boiardo y del Mambriano de Francesco Cieco (cf. ed. Zaggia pp. 300-301).
4 Cf. ed. Zaggia, p. 302.
5 En el poema de Escribano se compara a los turcos con las moscas (v. 7).
6 El Dr. Maestre apunta certeramente las causas de este fenómeno: “[...] los humanistas en su período de formación estudiaban distintos autores que habían escrito en géneros diferentes. En su codex excerptorius iban apuntando las diversas iuncturae y puntual información que sacaban de su paciente y atenta lectura de los escritores clásicos leídos. Era lógico, por tanto, que a la hora de componer su poesía ésta no se viera libre del mencionado período de formación y aflorasen materiales que en su momento estaban bien diferenciados por los tres officia del orador clásico (docere, delectare, mouere). Y era lógico, por otra parte, que los materiales utilizados para la construcción del nuevo edificio saliesen, en su mayoría, de los autores más leídos y estudiados: Virgilio y Ovidio, en poesía, y Cicerón en la prosa” (cf. J. M. MAESTRE MAESTRE, o.c., p. 353).
7 Cf. ed. Zaggia p. 361. No es necesario resaltar que este hecho asegura por sí solo la dependencia de Martínez de la red. T.
8 El exordio de las siguientes redacciones es más reducido (cf. red. C-V I 1-18).
9 Debe insistirse en el común trasfondo épico clásico de ambos poemas (cf. aparato de fuentes de mach.).
10 La acotación invocat advertía del fenómeno. El libro primero de Mosch. T así como todo el precedente Baldus T estaba articulado en secciones nominales, presididas en ocasiones por el nombre de una Musa macarrónica (cf. ed. Zaggia p. 315).
11 cf. ed. Zaggia p. 315.
12 La gaita de Togna es contrapuesta a la lira de Clío, como instrumento característico de la poesía macarrónica. La elección del nombre ‘Togna’ no es casual, sino que responde a su connotación despreciativa, en el sentido de ‘boba’ (cf. ed. Zaggia p. 316).
13 Sobre la metáfora de la barquita aplicada a la obra literaria cf. ed. Zaggia, p. 316.
14 Sobre este concepto cf. J. M. MAESTRE MAESTRE, “Poesías varias” del alcañizano Domingo Andrés, Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, 1987, pp. XLVI-LXXVI.
15 Cf. n. 6
16 cf. J. M. MAESTRE MAESTRE, El humanismo..., p. 353.
17 Las msmas características del aprendizaje del latín (ya señaladas en n. 6) obligaban a que el latín que se escribiera reflejara necesariamente el mundo clásico. El Dr. Maestre, retomando la comparación establecida por Coseriu sobre la libertad que tiene un pintor ante un cuadro, señala que al escritor renacentista “no sólo le vienen impuestas las dimensiones de la tela y los colores que ha de utilizar, sino también sus posibles combinaciones e incluso el trazado mismo de la obra” (o.c., p. 21 con bibliografía).
18 Caronte es un genio del mundo infernal, cuya misión es pasar las almas a través de los pantanos del Aqueronte hasta la orilla opuesta del río de los muertos (cf. VERG. En., 299, 332).. Dante lo presenta como un demonio (cf. Inf. III 82-120).
19 El nombre de este diablo procede del Graffiacane dantesco (Inf. XXI 122 y XXII 34). Cf. ed. Zaggia p. 362.
20 Como señala Zaggia “tanto Minosso (en latín Mīnos, pero aquí Mĭnossus) como Cérbero pertenecen ya a la tradición predantesca, pero en este caso es probable una directa dependencia de Dante, particularmente por la conexión de Minosso con los libidinosos, y de Cérbero con los golosos” (p. 363). Dante hacía también figurar como demonio a Minos, mitológico rey de Creta que aparece en la Eneida como juez de los muertos, pero sin caracteres monstruosos (cf. VI 432-433).
21 Los nombres del segundo, tercer y cuarto diablo son de procedencia dantesca, y los de los dos últimos figuran en la Biblia (cf. ed. Zaggia p. 363).
22 Mahoma aparece en Inf. XXVIII 22ss. donde sufre el castigo de otros herejes mutilado constantemente por la espada de un demonio.
23 Se trata de un topos canónico de la épica clásica sobre todo a través el ejemplo virgiliano, Aen. I 34-156, y V 8-34 (también se halla presente en la Odisea, en Ovidio, y en el poema caballeresco italiano, cuya influencia se detecta en el pasaje folenguiano a decir de Zaggia (p. 350).
24 Repetant es macarronismo procedente de voz dialectal, distinto, pues, del lat. repetere.
25 En el diálogo entre Mahoma y el alma resuena el eco del que Dante sostiene con Virgilio en su descenso por los sucesivos círculos del infierno. Así, en mach. 81-82, cuando Mahoma pregunta al alma portavoz sobre la identidad de un alma sin cabeza que destaca entre las otras, parece recordarse Inf. XXVIII 118-120, donde Dante encuentra, entre los compañeros de sufrimiento de Mahoma, un busto sin cabeza: “Yo he visto, es cierto, y creo ver ahora / un busto sin cabeza que marchaba / entre los otros de la grey que llora” (trad. de Ángel Crespo).
26 Para posibles influencias léxicas en scrib. cf. glosario s.u. ‘bombus’ y ‘famisolare’.

sábado, 19 de octubre de 2019

LAS MACARRONEAS DE LEPANTO: La macarronea de Juan Escribano




F. Gherardi y G. Coli, "Historia de la batalla de Lepanto"




2. 2. La macarronea de Juan Escribano.

Figura registrada en los ff. 189v.-190v. del ms. E-65. El copista original, Fr. Tomás Pinelo, se presenta como discípulo del autor: “De ead. re carmina confecta / a doctissimo magistro meo Joan. / Scribonio”. El poema consta de 50 hexámetros κατά στίχον.

2. 2. 1. Autoría.

Juan Escribano fue Regente de griego en el Colegio Trilingüe de la Universidad de Salamanca desde 1559, y se sabe que era vicerrector de dicho Colegio en 15661. Ben Rekers nos da la noticia de su procesamiento por la Inquisición de Valladolid en enero de 1575, en la época en que se va condensando en España la oposición a Arias Montano y la Políglota2. Tras pasar un año en las cárceles del Santo Oficio de la Inquisición de Valladolid, fue liberado sin pena infamante alguna3.

No parece que haya que dudar que el Juan Escribano autor de la macarronea que estudiamos es el profesor de griego arriba mencionado, tal como se puede concluir del título de un epigrama del propio Escribano que Pinelo incluye en su miscelánea poética copiada en el ms. E-65: “Epigr. 30 doctissimi mei praeceptoris Joannis Scribonii linguae Graecae eximii Professoris”, f. 1974.

Juan F. Alcina en su Repertorio registra tres composiciones de Juan Escribano5:

-Poema a Francisco Salinas, reproducido en Schott, p. 569.
-Poema macarrónico para las justas de Salamanca, 15746
-“Epig. 30. doctissimi mei praeceptoris Joannis Scribonii linguae Graecae eximii Professoris”, inc. “Vt radiis lustrat terras et lumine Titan”, B.A.H., ms. *E-65, f. 197.
A esta lista hay que añadir un soneto castellano incluído en el mismo ms. E-65, f. 187r.-188v. , que Juan Escribano presentó a la justa poética de 1571 en su sección de canciones españolas –con libertad de metro- a la victoria de Lepanto7. Pinelo lo recoje como “Soneto 6º. de mi Mº. Juan Escrivano”, y reza así:

El encogido invierno y congelado
Saca el verano alegre y placentero:
El obscuro nublado y aguacero
Hace el sereno sol mas deseado:
El mar con tempestad alborotado
Hace apacible el puerto al marinero
Mas dulce es la salud al que primero
Con luenga enfermedad fue fatigado.
España que con guerras y con muertes
Con casos desastrados afligida
Estabas tanto tiempo y sin consuelo
Agora mejor gozas las dos suertes
Mejores y mas raras que en la vida
A tierra concedió jamas el Cielo.

2. 2. 2. Contenido y estructura.

Como señala Márquez Villanueva, “el otro autor, Juan Scribonio o Escribano, describió de forma mucho más convencional la partida de la flota, arenga de don Juan y la inevitable carnicería de turcos”8. El poema, que tiene casi la mitad de extensión que el primero, se construye también según el modelo épico y se abre con una invocación a la Musa, que debe contarle al poeta los quebrantos sufridos por la secta mahometana a manos de Juan de Austria (vv. 1-7).

La narratio nos sitúa ante la partida de la flota (vv. 8-10). El almirante don Juan de Austria dirige una arenga a sus hombres en la que recuerda los agravios padecidos a causa de los turcos, y les exhorta a destruirlos en esa hora suprema (vv. 8-30). La escuadra, enardecida, ataca a los turcos (vv. 31-39), y se consuma la derrota de éstos (vv. 40-46). El poeta se congratula por la victoria y el augurio de hegemonía mundial de la casa de Austria (vv. 47-50).





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1 Cf. L. GIL FERNÁNDEZ, Panorama social del Humanismo español (1500-1800), Tecnos, Madrid 1997, 2ªed., p. 59, 379.
2 Rekers reproduce un fragmento de una carta a Arias Montano de uno de sus defensores salmantinos, Pedro Salinas, de fecha 29 de enero de 1575, en la que le comunicaba que la situación se iba volviendo cada día más tensa y que un profesor de griego, Juan Escribano, había sido encarcelado sin que nadie supiera por qué, pues se trataba de un hombre de buena reputación: “[...] Entre tanto, no quiero dejar de hacer saber a v. m. que esta semana envió aquí la Inquisición de Valladolid por un profesor de lengua griega, llamado Juan Escribano, al parecer de todos muy buen cristiano y de los que bien entienden, uno de los que mejor saben en España todas tres lenguas y las artes liberales y filosofía y el que mejores y más exquisitos libros tenía. No sabemos el mal si está en él o en los acusadores” (cf. B. REKERS, Benito Arias Montano, Taurus, Madrid 1973, p. 83 –Juan F. Alcina en su Repertorio indica la p. 59 tal vez citando por la edición original de Londres de 1972-). Recientemente, el conocimiento de la figura de Juan Escribano, nacido en torno a 1533 en Salamanca, ha sido ampliamente reforzado gracias al trabajo del Dr. D. FRANCISCO JAVIER RUBIO MUÑOZ, profesor en la Universidad de Salamanca, y autor de una biografía del profesor de griego ( La convulsa vida de un humanista olvidado. Juan Escribano, profesor de griego en la Universidad de Salamanca (1533-1590). Salamanca, Centro de Estudios Salmantinos, 2017 [Premio Villar y Macías]), y de sendos artículos sobre su proceso inquistorial (“La Inquisición en tiempos de Fray Luis de León. El proceso contra el bachiller Juan Escribano, regente de griego en el Colegio Trilingüe de la Universidad de Salamanca (1575-1576)”, Cuadernos de Historia Moderna, vol. 42, Núm. 1 (2017), pp. 107-127) y su vida en el Colegio Trilingüe (“La vida en el Colegio Trilingüe a través del bachiller Juan Escribano, catedrático de griego de la Universidad de Salamanca en la segunda mitad del siglo XVI”, CIAN-Revista de Historia de las Universidades, 20/2 (2017), pp. 335-358 - DOI: https://doi.org/10.20318/cian.2017.3945). Agradezco infinitamente al prof. Rubio Muñoz que se haya puesto en contacto conmigo para darme a conocer sus investigaciones.
3 Cf. L. GIL FERNÁNDEZ, o.c., pp. 380, 410.
4 Cf. J. F. ALCINA, o.c., p. 166. Pinelo se presenta además como discípulo del Brocense, y señala su estancia en el Colegio Trilingüe de Salamanca (p. 165).
5 Cf. ib., p. 72.
6 Observa López de Toro que, dado que el príncipe don Fernando nació el 4 de diciembre, los aspirantes contaban con un “plazo perentorio de ocho días” (o.c., p. 179). Juan F. Alcina da erróneamente como fecha de celebración de la Justa el año 1574 (o.c. p. 72 y 112).
7 cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., pp. 180-181.

8 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., p. 275



sábado, 12 de octubre de 2019

LAS MACARRONEAS DE LEPANTO: La macarronea de M. Martínez.




F. Gherardi y G. Coli, "Historia de la batalla de Lepanto"





2. 1. La macarronea de M. Martínez.

El primero de los poemas macarrónicos recogido por Pinelo presenta el título de “In Excellentiss. Princip. D. D. Joan. / Austriaci victoria Macharon. / M. Martinez lusit.”, ocupa los ff. 187v.-189v. del citado ms. E-65 y consta de 97 hexámetros κατά στίχον.

2. 1. 1. Autoría.

Sobre el nombre “M. Martínez” que figura en el título se han vertido algunas opiniones. López de Toro dice que los autores de las macarroneas lepantinas no están identificados, y sugiere la posibilidad de que sean nombres supuestos1, de acuerdo con su desafortunada lectura del ms. 3662 de la B.N2. Por otra parte, y con mayor fundamento, apuntan autorías diferentes Francisco Márquez Villanueva y J. F. Alcina. Márquez Villanueva adelanta, con reservas, la hipótesis de que se trate del catedrático Martín Martínez de Cantalapiedra:

Ignoramos si se trataría, tal vez, de Martín Martínez de Cantalapiedra, el gran biblista procesado al mismo tiempo que fray Luis de León. No parece actividad muy propia para tan austero catedrático, pero él era ciertamente el Maestro3 Martínez conocido de todos en Salamanca aquellos días4.

Podría contribuir a sustentar esta teoría la posibilidad de que la ‘M’. que precede a ‘Martínez’ no sea abreviatura de ‘maestro’ en el ms. E-65. De hecho, en el f. 187r., inmediatamente antes de la macarronea de Martínez que empieza en el f. 188v., Pinelo emplea la abreviatura ‘Mº’ para ‘maestro’, como puede verse en los títulos de los dos sonetos ahí recopilados: “Soneto 5º. del Mº. D. Joan de Almeyda” y “Soneto 6º. de mi Mº. Juan Escrivano5”.

Nicolás Antonio nos informa de que Martín Martinez, nacido en la localidad de Cantalapiedra, perteneciente a la diócesis de Salamanca, y maestro en Teología Sagrada, fue el primer intérprete trilingüe de la Biblia en la Universidad de Salamanca después de trescientos años de su fundación6. Bataillon destaca en él “rasgos de espíritu crítico y antiescolástico”7, y lo sitúa en el grupo de hebraístas afectados por el proceso de la Inquisición iniciado en 1572 a raíz de la revisión de la llamada “Biblia del Vatablo”8. Martínez y sus colegas Gaspar de Grajal y Fr. Luis de León “fueron cruelmente afligidos en su libertad y en su honra”9.

Martínez escribió tres obras de carácter técnico10:

-Institutiones in linguam sanctam, Parisiis, apud Iacobum Bogandum, sub insigni D. Christophesi e regione gymnasij Camaracensium, 1548, 8º., 114 p. y 1h. blanca.
-Idem, Salmanticae, Matias Gastius, 1571, 8º.
-Hypotyposeon Theologicarum sive regularum ad intelligendas Scripturas divinas libri decem, Salmanticae, apud Gast., 1565, fol.11
-Institutiones linguarum Hebraicae et Chaldaicae, Salmanticae, apud Gast., 1571, 8º.

No obstante, J. F. Alcina no comparte la atribución de autoría de Márquez Villanueva, y señala esta macarronea lacónicamente como obra "del portugués Martínez" (p. 133), sin remitir a ninguna otra entrada de su Repertorio. Parece, no obstante, verosímil identificar este personaje con "Francisco Martins, el conocido "Maestro Martínez" de los libros de visitas de cátedras en la Universidad de Salamanca a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI, un personaje cuya relevancia no ha sido estudiada dentro del contexto de los humanistas salmantinos, oscurecida su figura por la de su compañero de docencia, Francisco Sánchez de las Brozas "El Brocense" y los demás "gramáticos" que les acompañaban"12. La popularidad indicada por Ruiz Fidalgo del catedrático portugués como "Maestro Martínez" contradice abiertamente la afirmación hecha en este sentido sobre Martínez de Cantalapiedra por Márquez Villanueva.

Sus datos biográficos son escasos. Los más seguros provienen del análisis de los "Libros de Cursos y Bachilleramientos", los "Libros de Visitas de Cátedras" y los "Libros de Claustros" del Archivo de la Universidad de Salamanca13:

Por ellos sabemos que Martins era originario "loci Sancti Petri de Rioseco in Lusitania diocesis Lamecensis". En cuanto a la su fecha de nacimiento nos es ignorada y solamente por deducción podemos aproximarnos a ella: nos consta que fue colegial del Colegio Trilingüe en los cursos de 1552 a 1555 y como tal colegial obtuvo su Bachilleramiento en Artes el día 4 de julio 1555. Si suponemos que este título lo adquirió con unos 20 años de edad, podemos deducir que tuvo que nacer alrededor de 1535 y a su fallecimiento en 1596 tendría más de 60 años. Esta fecha de su muerte está certificada en los libros universitarios, puesto que en los libros de claustros aparece asistiendo al claustro de 15 de julio de 1596 y el 19 de octubre el Rector Enrique Pimentel mandó publicar el decreto de convocatoria de oposición a la cátedra de Prima de Gramática14 que había ostentado nuestro personaje, por haber fallecido. En el libro de "Provisiones de Cátedras" figura con fecha 5 de diciembre el siguiente asiento: "probeyose la Cátedra de prima de gramática por muerte del maestro Martínez al maestro Balthasar de Cespedes".

Su vida profesional está marcada por dos rasgos fundamentales: la buena fama con que contaba entre el alumnado y el carácter polémico de sus relaciones con el Claustro, debido en gran medida a la lucha sostenida junto a su colega el Brocense por eliminar de sus clases el anticuado Arte de Antonio de Nebrija, que era el libro de texto obligatorio en los reinos de Castilla, y por poder emplear los propios textos de gramática15. Martínez publicó en 1575 una Grammaticae artis integra institutio, que conoció dos versiones y diversas ediciones16.

Aparte de la identificación del "Maestro Martínez" con el gramático portugués, existe un argumento de índole textual que puede inclinar la balanza claramente del lado de la autoría señalada por J. F. Alcina. Y es que en el v. 69 aparece un lusitanismo, cagafogo, meridianamente presentado como tal (lusitanorum), cuyo empleo puede haberle sido sugerido al autor por un semihomónimo folenguiano, cagafocus ("luciérnaga"), que debe haber impresionado al portugués Martínez por su semejanza con un vocablo de su lengua materna, y que ha aprovechado para hacer, al mismo tiempo, un guiño al lector de las macarroneas de Folengo e introducir un rasgo de patriotismo lingüístico (cf. glosario s.u. 'cagafogo').

2. 1. 2. Contenido y estructura temática.

La macarronea adopta la estructura formal de un poema épico17. La propositio que abre convencionalmente la composición (vv. 1-4) nos informa de que el tema de la pieza es la turbación producida en el Infierno por la llegada de un enorme e inesperado contingente de almas despedazadas. El poeta invoca a una Musa inusual, la Musa macharronaea, como la única capaz de ampararle en el canto de tales estragos y “disparates” (vv. 5-9).

La narratio empieza por presentarnos un retrato del infierno, presidido por Bercebú y Mahoma (vv. 10-15). La rutina infernal se ve súbitamente alterada por la irrupción de una barahúnda de almas que atesta el reino subterráneo (vv. 16-24). Mahoma reconoce en éstas a los suyos y las interroga sobre la causa de su desgracia (vv. 24-28). Las ánimas, mutiladas y temerosas, no aciertan a responder y son objeto de la burla de los diablos (29-44). Finalmente, una de ellas toma la palabra, e indica a Mahoma que tal desastre lo ha causado la escuadra española (vv. 45-52). Se inicia entonces un turno de preguntas y respuestas entre Mahoma y el alma, en el que ésta narra el desarrollo de la batalla y el estado en que comparecen los caídos. El descubrimiento entre éstos del Bajá, muerto a manos de Juan de Austria, provoca un inmenso pesar en el infierno (vv. 53-92). Entretanto la noticia de la victoria llega a Salamanca, cuyo regocijo se pinta (vv. 93-97).



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1 cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., p. 195
2 véase lo dicho aquí.
3 Recuérdese que en Salamanca el título de maestro (en teología o artes) equivalía al de doctor (en derecho o medicina). (cf. ANA Mª. CARABIAS TORRES, Colegios Mayores: centros de poder, Salamanca 1986, vol. I, p. 298).
4 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., p. 275 n. 21. El estudioso español se hace eco del prejuicio que considera labor impropia de eruditos el cultivo de la macarrónea (tal como hace Torres-Alcalá respecto a Juan de Vergara), cuando es precisamente en ambiente universitario, el Studium de Padua, donde cobró carta de naturaleza. Fueron, por ende, personas de formación universitaria humanística sus genuinos cultivadores. Como ya se ha señalado, la poesía macarrónica no nace de una carencia lingüística latina, sino del deseo de parodiar la insuficiencia lingüística del latinus grossus, eso sí, desde las cotas de una suficiencia humanística. Vuelve a la mente reiteradamente la figura del austero monje benedictino Folengo, empeñado en crear una osada autobiografía macarrónica que oculte la realidad de su morigerada vida.
5 Es el mismo Juan Escribano autor de la segunda macarrónea lepantina: “De ead. re carmina confecta / a doctissimo magistro meo Joan./ Scribonio”.
6 Cf. N. ANTONIO, Bibliotheca Hispana Nova, Visor, Madrid 1996, T. II, s.u. ‘Martinus Martinez’.
7 Cf. M. BATAILLON, o.c., p. 734.
8 Esta Biblia (cf. M. BATAILLON, o.c., p. 741) fue sometida a revisión por una comisión de teólogos de Salamanca en 1569 tras haber sido prohibida en 1559. Este examen estuvo en el origen de un sonado proceso inquisitorial: “[...]en el seno de la comisión encargada de la revisión, el espíritu científico de los hebraístas había chocado contra la hostilidad conservadora de León de Castro, discípulo y sucesor de Comendador Griego. Castro, que sabía griego pero no hebreo, defendía intrépidamente la versión de los Setenta y la Vulgata contra Gaspar de Grajal, catedrático de Biblia, Martín Martínez de Cantalapiedra, catedrático de hebreo, y Luis de León, catedrático de teología y humanista trilingüe. Éstos, en varias ocasiones, habían sostenido que se podían aducir nuevas interpretaciones de la Escritura, las cuales no iban contra las interpretaciones antiguas de los santos, sino que se añadían a ellas. Recurrían al texto hebreo como a la fuente más pura. Pero varios de ellos eran de origen judío. Nada más tentador que acusarlos de parcialidad judaica. Era fácil, sobre todo, oponerles el espíritu del Concilio Tridentino, la obligación de dejar intacta la autoridad de la Vulgata y de la tradición católica. Tal fue la base principal del proceso entablado por la Inquisición contra estos tres hombres, honra y prez de la Universidad de Salamanca” (cf. M. BATAILLON, o.c., pp. 741-742).
9 Cf. M. BATAILLON, o.c., p. 742. Parece ironía del destino el encontrar a Fr. Luis de León y Martín Martínez, juez y posible parte respectivamente en la Justa poética de diciembre de 1571, envueltos como procesados casi de seguido en una causa inquisitorial. Sobre el proceso de Martínez, que pasó cinco años en los calabozos de la Inquisición cf. MIGUEL DE LA PINTA LLORENTE, Proceso criminal contra el hebraísta salmantino Martín Martínez de Cantalapiedra, Madrid (C.S.I.C.), 1946.
10 Cf. A. PALAU Y DULCET, Manual del Librero Hispanoamericano, T. VIII pp. 270-271. Palau toma la tercera y cuarta referencia de Nicolás Antonio.
11 Nicolás Antonio refiere que esta obra fue incluida en el Índice trentino. De ella cita Bataillon (o.c., p. 761) una invectiva contra los ignorantes y analfabetos en materia de lenguas: “Juzgan reprobable y estiman completamente inútil su estudio y el trabajo de consultar los originales, alegando, como pretexto, que los libros de los hebreos se hallan corrompidos y mútilos, cuando en realidad dicen esto para cubrir su propia holgazanería e ignorancia: en lo cual imitan a aquella vulpeja de que habla Esopo, que, teniendo la cola cortada, exhortaba a las demás raposas a que se cortaran la cola como cosa inútil y que para nada servía”
12 cf. LORENZO RUIZ FIDALGO, "El Maestro Francisco Martins, y las ediciones de su Arte de la Grammatica", en SONSOLES CELESTINO ANGULO (coord.), De libros y bibliotecas. Homenaje a Rocío Caracuel, Univ. de Sevilla, 1995, p. 321.
13 cf. L. RUIZ FIDALGO, o.c., p. 322
14 Martinez consiguió esta Cátedra el 16 de junio de 1589. Anteriormente, había adquirido el grado de Maestro en Artes en la Universidad de Burgo de Osma (cf. L. RUIZ FIDALGO, o.c., p. 322).
15 Cf. ib., pp. 322-323.
16 Una completa descripción de estas versiones y ediciones puede verse en L. RUIZ FIDALGO, o.c., pp. 324-331.
17 Tal estructura es la prototípica de los poemas épicos, con propositio seguida de narratio.


sábado, 5 de octubre de 2019

LAS MACARRONEAS DE LEPANTO




F. Gherardi y G. Coli, "Historia de la batalla de Lepanto"



1. Las justas poéticas de Salamanca en conmemoración de la victoria de Lepanto y el nacimiento del príncipe Fernando.

1. 1. Carácter y motivo.

En la biblioteca de la Real Academia de la Historia se conserva un ms. signado *E-65=9-27-3, copia de otro, el ms. D-206, que no se puede consultar por su mal estado1. Éste ms. contiene la miscelánea poética de Fr. Tomás Pinelo, del Orden Seráfico de San Francisco, oriundo de Portugal e hijo del Doctor Pinelo, profesor de Cánones en Salamanca2. En ella Pinelo describe unas justas celebradas en 1571 en Salamanca por la victoria de Lepanto y el nacimiento del príncipe Fernando.

Como señala José López de Toro en su obra Los poetas de Lepanto: “en el año 1571, tenían lugar dos acontecimientos de importancia excepcional para el pueblo español, la victoria de Lepanto3, lograda gracias al valor de don Juan de Austria el día 7 de octubre, y el nacimiento, en 4 de diciembre, del Príncipe don Fernando, hijo de Felipe II y de doña Juana de Austria, hija del Emperador Maximiliano. La Universidad de Salamanca, por medio de su Rector, don Diego de Castilla, quiso que nadie se le adelantase a festejar estas efemérides, y a toda prisa convocó un certamen literario, del cual nos ha dejado relación completa en su manuscrito Fr. Tomás Pinelo. Afortunadamente para nosotros, no sólo incluye en él las composiciones premiadas, sino que detalla minuciosamente las condiciones de los trabajos, la calidad y el número de los premios, la fecha de entrega de las composiciones, el lugar en donde habían de ser depositadas, y los componentes del jurado calificador”4.

Para López de Toro, el mérito principal de la Universidad salmanticense estuvo en que “hizo una aportación única en su género en la poética de Lepanto, como fueron las dos composiciones en estilo macarrónico –una de M. Martínez y otra de Juan Scribano (sic)- que se presentaron al último tema de la convocatoria”.

Dicho tema advertía que si “algún macarrón” quería “cantar con gruesas Camenas” la victoria del de Austria obtendría como premio la Disparatorum tabula de mille figuris5:

Et Macharon si fors grossis cantare Camoenis6 concupit Austriaci palmam, sibi praemia poscet Disparatorum tabulam de mille figuris.

El inmediato cierre de la convocatoria señalaba que todas las composiciones –latinas, españolas y macarrónicas- debían ser enviadas por duplicado, con el nombre del autor y sin él, a la casa de don Diego del Castillo la víspera de Santa Lucía, cuya festividad se celebra el 13 de diciembre7.

Además del rector actuarían como jueces nada menos que Fr. Luis de León y el M. Salinas8:

Carmina scripta binis exemplaribus altero auctoris nomine indicato, sine nomine altero, ad D. D. Diegui domum pridie D. Luciae mittantur.
Adjunxit sibi judices D. Diego doctiss. Magistros F. Ludovicum Leonem et M. Salinas.

2. Las macarroneas lepantinas.

Observa atinadamente F. Márquez Villanueva que “la afortunada conservación del códice de este certamen es testimonio firme de la reconocida popularidad de la poesía macarrónica en los medios universitarios, admitida a codearse oficialmente con el latín y el romance en esta clase de lides”9. A casi cuarenta años vista de la epístola del Dr. Sánchez, las macarroneas lepantinas son un precioso testimonio de la madurez alcanzada en el cultivo de tal tipo de composiciones, aparte de serlo de su popularidad. Nos ofrecen, además, la oportunidad excepcional de confrontar dos composiciones prácticamente isócronas y homotemáticas, no en la época de primeros tanteos de la macarronea española, como ocurría con Bald. y Spur., sino en una fase que podríamos clasificar de 'clasicismo' macarrónico. La comparación de ambos poemas permitirá comprobar la homologación de ciertos recursos del macarroneo literario que se volverán normativos, salvo excepciones, en la siguiente centuria.


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1 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, Los poetas de Lepanto, Madrid 1950, p. 176 y J.F.ALCINA, Repertorio..., p. 112.
2 Cf. ib., pp. 176-177.
3 La importancia histórica de la victoria obtenida por la armada de la Liga Santa formada por España, Venecia, Génova y los Estados Pontificios a las órdenes de Juan de Austria sobre la escuadra otomana radica, más que en sus consecuencias militares inmediatas, en la confianza devuelta a los cristianos, y en el hecho de poner fin al mito de la imbatibilidad del imperio turco, que se había expandido por Occidente de modo casi imparable desde mediados del siglo anterior.
4 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., p. 178. Todos estos detalles son reproducidos y parafraseados en pp. 178-179.
5 López de Toro apunta la posibilidad de que esta obra fuera los disparates de Juan del Encina (cf. o.c., p. 179 n. 116).
6 Cf. ib., p. 180. La expresión “grossis cantare Camoenis” es un calco textual de la propositio del Baldus (cf. FOL. Baldus T I 1-2: “Phantasia mihi quaedam phantastica venit, / Historiam Baldi grossis cantare Camoenis”). Síntoma revelador e invitación, al mismo tiempo, a la emulación folenguiana.
7 Observa López de Toro que, dado que el príncipe don Fernando nació el 4 de diciembre, los aspirantes contaban con un “plazo perentorio de ocho días” (o.c., p. 179). Juan F. Alcina da erróneamente como fecha de celebración de la Justa el año 1574 (o.c. p. 72 y 112).
8 Cf. J. LÓPEZ DE TORO, o.c., p. 179. F. Márquez Villanueva identifica este M. Salinas con el maestro Francisco Salinas (cf. Teofilo..., p. 275).

9 Cf. F. MÁRQUEZ VILLANUEVA, o.c., p. 275