Ya caminaron cinco jornadas por entre las sombras,
hasta que al fin encontraron las lindes de la caverna.
No es posible poder llevar más lejos pisadas,
Pues queda cerrada la vía por muro desmesurado.
Inadmisible paréceles el darse la vuelta, 5
y revertir el camino hecho con tanta fatiga.
Quedan pues indecisos, como pasar acostumbra,
cuando hormigas que marchan formando fila extendida
sobre un viejo nogal o bien encima de un muro
van y vienen besos dándose con frecuencia; 10
Mas si en mitad de la hilera perpendicular una línea
se traza al carbón, en ese punto hacen un alto
las negras escuadras y todo el ejército se amontona.
Al fin una piedra siente Baldo bajo sus pies,
y ordena alzarla; tal empresa es otorgada a Fracasso, 15
quien fácilmente, plantando firme los pies en el suelo,
levántala, y descubre debajo un pozo profundo.
Aguzan oídos, si algún sonido viene del fondo:
se escucha el fragor del agua que cae por entre las rocas;
nada pueden ver en el foso harto profundo.
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Cíngar piensa al punto en descender a lo bajo;
se aferra con manos y pies a las rocas de la caverna,
y a la postre se halla llegando a lo más hondo.
Aquí encuentra un undoso lago, y oye por negras
las oquedades del monte canal de agua corriente. 25
Entonces allí llama a voces a los compañeros de arriba:
“¡Eh -grita-, amigos, del precipicio bajad por la rampa”.
Apenas oído, atan de espadas los tahalíes
junto con el ronzal y las cinchas del asno en nudos,
y por cuerda pareja descienden uno por uno; 30
primero de ellos el asno fue, y luego Boccalo,
todos al fin con Cíngar se encuentran en baja la parte.
Baldo con su rutilante fulgor una balsa revela;
su yelmo, en efecto, do brilla el rubí, la noche repele.
Este lago se alarga en una cuenca anchurosa, 35
de donde nace un enorme río, no habiendo ninguno
más grande en el mundo, aunque midas todos los ríos.
Por la orilla y el borde del terraplén los amigos
a ir comenzaron, siguiendo el curso bajo del río.
Hete que ven a lo lejos un viejo en medio del agua, 40
viejo cuyo pecho cubre larguísima barba,
sentado sobre el largo lomo de un cocodrilo,
al que siguen por ende otros tres cocodrilos,
que llevan bellas ninfas sobre su dorso espacioso.
Viendo aquel viejo una luz a lo lejos, y un grupo de gente 45
marchar animosos, mientras llevan escudos y espadas:
“¿Qué nueva es ésta? –dice-; quiero saber el motivo”.
Luego a Baldo le habla así con voz pretenciosa:
“¿A dónde, loco, tus pies?¿qué treinta pares de mengues
os guían por costas del Nilo?¡presto volved vuestros pasos! 50
¡Mira cuál y cuánta audacia conduce a bribones!”
Baldo responde: “Del alto cielo hemos caído,
vamos andando al infierno; muéstranos el camino”.
Y el viejo dice: “Cosa fácil es el descenso,
mas emprender el regreso supone sudar la camisa. 55
Te dolerá, empero, ir por nuestros senderos,
y si no te apresuras presto a darte la vuelta,
me da que a vosotros os tocará un gran infortunio.
¿Y profanar la sagrada tierra vosotros, zurullos?
Retroceded, por lo tanto, y rehaced vuestra senda, 60
bribones que sois, a los bastonazos acostumbrados.
¿A quiénes les hablo pues?¿acaso queréis que lo diga
una tercera vez? ¡asnos, puercos, gente piojosa!”
Todo esto tolera Baldo, y a broma se toma
al viejo chocho, quien de flema andaba sobrado. 65
En cambio, Fracaso no se retiene más dentro su ira,
Y sacudiendo la testa, grita: “¿acaso dios tú eres?
¿acaso dioses cornudos en estas grutas habitan?
Archidiablo eres más bien, del infierno carroña”.
A éste el viejo con tono más moderado responde: 70
“La diosa Gélfora[1]
diome de este río el reino,
y estas aguas me sometió por un tiempo eterno.
Llámase Nilo, que al mar siete henchidos torrentes
envía, y dónde tengan éstos su nacimiento
ni Aristóteles, ni Platón, ni sus pares lo saben, 75
quienes llenaron sus libros de innumerables patrañas.
Vosotros, sólo con mente perversa y sentir retorcido,
habéis encontrado sus fuentes, a dioses del cielo escondidas,
y habéis hollado con pies mortales divinas riberas.
A mi servicio este cortejo de diosas galanas, 80
y dios supremo del río Nilo hízome Gélfora,
que en fondo del mar colocó dilatados sus reinos,
y repartió en suerte a guerreros y a sus vasallos
ríos, charcas, lagos, fuentes, canales, arroyos;
y de entre la cuenta de dioses recibo el nombre de Ruffo. 85
Así pues, en tanto que dios y lleno de lo divino,
decreto, ordeno, mando, excomulgo, resuelvo y promulgo,
bajo la pena de mi maldición y la pena de horca,
poned pies en polvorosa, tomad las de Villadiego.
¿Y a quiénes mando esto?¡marchaos presto, bellacos!” 90
Baldo dice: “Dios eres quizás de mierdosa letrina;
si, como graznas, estás protegido siendo divino,
a tus bagasas y a ti protege del exterminio”.
Así diciendo, se inclina y coge una piedra del suelo,
que lanza y rompe la testa del cocodrilo en el agua. 95
Ruffo a nado en vano bracea mientras se ahoga;
fuera tiene el hocico cual rana en el pantano.
Empieza a batir las palmas el grupo de las muchachas,
y sobre los cocodrilos escapan puestos en fuga.
Pero ya había entrado Fracasso en medio del río, 100
y al Ruffo aquel rompiole el cuello igual que a un pollo.
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